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  • De las batallas espaciales a StageCraft: Las leyendas de ILM hablan de medio siglo de magia cinematográfica

    De las batallas espaciales a StageCraft: Las leyendas de ILM hablan de medio siglo de magia cinematográfica

    Traducido por Jose Alabau Casaña

    ¡Hola bibliotecarios! Os traemos la traducción de este interesantísimo artículo de Kristin Baver (presentadora de This Week! in Star Wars y autora de Skywalker: Una familia en guerra, así como de la nueva edición del Año a año) sobre los primeros años de ILM, que sirve de introducción a la serie documental Light & Magic, estrenada hace poco en Disney+. Como complemento, os dejamos el enlace a este artículo sobre la trayectoria de Phil Tippett, uno de los nombres claves de esa época, y a este otro sobre StageCraft, la última tecnología desarrollada para la creación de los efectos visuales de las series de Star Wars.

    Los protagonistas del nuevo documental Light & Magic, que ya se puede ver en Disney+, nos hablan de las innovaciones que ayudaron a dar forma a la historia del cine moderno.

    Durante casi 50 años, Industrial Light & Magic ha sido un campo de pruebas para la imaginación, reuniendo a personas de diversas disciplinas, pero con ideas en común, para innovar en el arte de los efectos visuales en el cine.

    En sus inicios, ILM era un lugar para crear lo imposible, donde el ingenio era recompensado con resultados, la aclamación de la crítica y éxitos de taquilla que inspirarían a la siguiente generación de creadores.

    «Es algo que nunca podría volver a suceder», dice el director y artista de efectos visuales Joe Johnston a StarWars.com. «Se juntaron todos estos elementos diferentes, ¡algunos de los cuales tuvieron que ser creados sobre la marcha! No existían, como el control de movimiento. Y se juntaron todas estas personas, que aunque la mayoría no había trabajado antes en el cine, tenían unas habilidades y unos talentos muy específicos. Fue una asombrosa conjunción que se dio en ese momento que nunca podrá volver a repetirse. Y todos tuvimos la suerte de formar parte de ello».

    Dennis Murren mirando un modelo de bombardero TIE

    Por cada éxito, siempre surgía un nuevo problema que había que resolver para seguir evolucionando, y los pioneros de ILM nunca se dieron por vencidos. «Sólo mantengo la curiosidad y, cuando termino una película, intento ver el trabajo que he hecho ya ha quedado obsoleto», añade Dennis Muren, supervisor de efectos visuales durante mucho tiempo y ahora director creativo consultor en ILM. «Lo digo en serio. No significa que no te guste. Pero, ¿hay otro lugar al que podría haber ido que me satisfaga más a mí y al público? Hay que investigar y ser curioso».

    Para celebrar el lanzamiento de Light & Magic, la nueva serie documental de Disney+ dirigida por Lawrence Kasdan, que recorre la historia de ILM desde su génesis en la primera película de Star Wars hasta sus últimos avances con la tecnología StageCraft de ILM, visitamos el Rancho Skywalker, donde nos reunimos con algunas de las brillantes mentes que ayudaron a convertir a ILM y Skywalker Sound en lo que son hoy.

    El equipo con una mesa llena de modelos de ala-X

    «SE ENCENDIÓ UNA LUZ»

    Johnston, Muren, Phil Tippett y Ben Burtt fueron algunos de los pioneros de los efectos visuales y el diseño de sonido contratados en la temporada de formación de ILM y Skywalker Sound.

    «Creo que fui el undécimo empleado contratado», recuerda Johnston, que atribuye la escasez de personal a que buscaban gente que pudiera trabajar en varias cosas a la vez, desde el storyboard hasta la creación de maquetas. «Cuando Grant McCune, en el taller de maquetas, me preguntó si podía pintar esto, le dije que sí. Nunca había pintado una maqueta así, pero vas descubriendo cosas sobre la marcha, te equivocas y luego aprendes de los errores».

    Ben Burtt tras las cámaras de El Imperio contraataca

    Aunque acabaría convirtiéndose en el principal diseñador de sonido de la trilogía original de La guerra de las galaxias y de muchos otros proyectos de Skywalker Sound, Burtt ya formaba parte de Lucasfilm en aquellos primeros tiempos. La industria estaba recién creada, por lo que la mayoría de las personas contratadas en aquel momento no tenían experiencia en el trabajo de un largometraje tradicional. «No se trataba de veteranos de Hollywood que tuvieran una forma de hacer las cosas», dice Burtt. «Eran todos jóvenes con ideas nuevas, que venían de diferentes entornos para trabajar en una película en la que iban a aprender mucho sobre la marcha. Y se les pidió que inventaran cosas y pensaran fuera de lo convencional. El caso es que, para empezar, todos estaban ya fuera de lo convencional».

    Muren contrató a Tippett —ambos llegarían a ganar el Oscar a los mejores efectos visuales— durante la producción de Una nueva esperanza. «Tuvimos mucho cuidado con quién contratábamos. Conocía a mucha gente, pero solo confiaba en aquellos que sabía que podían hacer el trabajo. Y creo que eso ocurrió en muchos departamentos».

    «De diferentes disciplinas», añade Tippett. «Un montón de chicos que no eran cineastas en absoluto».

    Ambos habían trabajado ya en Cascade Pictures, donde Tippett había conseguido su primer trabajo siendo un adolescente. Pero se conocieron cuando Muren le mostraba la bobina de efectos especiales de su película The Equinox: Journey into the Supernatural. «Me quedé prendado de aquello», cuenta Tippett a Muren. «Tenía algo que mostrar que era realmente impresionante».

    Phil Tippett con una marioneta stop-motion de un tauntaun.
    Phil Tippett con una marioneta de stop-motion AT-AT.

    De adolescente, Tippett estaba fascinado con averiguar cómo había hecho Ray Harryhausen sus epopeyas en stop-motion. «Tendría unos 14 años cuando salieron las versiones en 8 mm de las películas de Harryhausen. Conseguí una de esas pequeñas cosas de juguete que podías comprar en una tienda de bromas y que tenía 10 segundos de un clip de Laurel y Hardy, y lo reconfiguré con un par de carretes de cinta que de alguna manera arreglé con lápices», recuerda Tippett. Pude revisarlas fotograma a fotograma y ver lo que ocurría en cada uno de ellos, y luego pose a pose. Hacías todo lo que podías para formarte. Los referentes eran especialmente importantes.»

    Tippett formaba parte del equipo que trabajaba en la secuencia original de la cantina, pero su don para esculpir seres de otro mundo y darles vida mediante marionetas de stop-motion le llevó al taller de criaturas desde el principio. Todavía recuerda la reunión oficial de contratación. «Jon Berg y yo fuimos a nuestra entrevista con George [Lucas] para hablar de dinero. El padre de Jon tenía abejas y, sin que Jon lo supiera, era alérgico a ellas y una le había picado en la cara. Así que se parecía a Quasimodo y fuimos a la entrevista, ya sabes, para hacer monstruos», dice Tippett riendo.

    En colaboración con Muren y el equipo de ILM, Tippett y el equipo de animación tomarían el sistema de cámara Dykstraflex que había hecho de las peleas en el espacio una ilusión creíble para hacer que los tauntauns corrieran por las llanuras nevadas en El Imperio Contraataca. «Me costó mucho tiempo aprender a mover una nave espacial y conseguir que pareciera que estaba volando de verdad», dice Muren. «Bueno, Phil estaba de visita un día y…»

    Un equipo de stop-motion coloca las maquetas del AT-AT en el rodaje de El Imperio Contraataca.

    «Fue como si se encendiera una luz», añade Tippett, terminando la frase de Muren. «Los animadores de stop-motion habían estado intentando hacer desenfoques con sus personajes y nada funcionaba. Y era bastante evidente». Bautizado como «go-motion», el equipo fusionó ese modelo con el sistema de control de movimiento. «Fue un salto enorme, que pasó a ser algo mucho más sofisticado cuando lo usamos para El dragón del lago de fuego y El retorno del Jedi«.

    «Intentábamos hacer algo diferente, ¿sabes?», añade Muren. «Podríamos haber hecho el mismo stop-motion. Podríamos haber hecho todo tipo de cosas para intentar desenfocar con vaselina en la lente, pero ILM siempre ha intentado ir al siguiente paso para hacer lo mejor.»

    ANIMACIÓN POR ORDENADOR

    Ed Catmull, cofundador de Pixar, empezó queriendo dedicarse a la animación, inspirado por su amor a la película de Disney Pinocho, antes de llegar a la conclusión de que no era un artista lo suficientemente bueno para lograr su objetivo. De manera fortuita, cuando llegó a la Universidad de Utah en los 70, se decantó por las ciencias de la computación, en una época en la que el potencial de la realidad aumentada y la narración de realidad virtual apenas estaba comenzando. «Lo cambió todo», dice sobre el descubrimiento de la combinación del arte con la tecnología. «Eso básicamente me reorientó».

    George Lucas tras la cámara

    Tras su graduación, Catmull trabajó en el Instituto Tecnológico de Nueva York durante un breve periodo de tiempo. «El problema era que el tipo que financiaba el programa creía que los informáticos iban a sustituir a los artistas. Ese no era el enfoque correcto», dice. Por suerte, George Lucas se había interesado por las posibilidades tecnológicas de los gráficos animados generados por ordenador. «George se convirtió en la única persona con credibilidad en toda la industria cinematográfica que pensaba que esto iba a ser importante y estaba dispuesto a financiarlo», recuerda Catmull. «Me hizo una oferta y la acepté de inmediato. Así que empezamos a crear un grupo, la División Informática de Lucasfilm».

    Juntos crearían la base de la tecnología RenderMan, que más tarde ayudaría a lanzar los Estudios de Animación Pixar y las películas animadas por ordenador de ahí en adelante. «ILM estaba formado por gente que era la mejor del mundo en los procesos químicos mecánicos ópticos. Era realmente increíble. Pero lo mejor de todo es que se concentraban en lo que necesitaban conseguir en la película, no en cómo funcionaban las máquinas», dice Catmull. «Eran neutrales respecto a los ordenadores; no se oponían a ellos».

    Detrás de las cámaras del diseño de sonido de El Imperio Contraataca

    El ambiente en ILM era una combinación de entusiasmo sin límites y de una tremenda presión. «Era una época muy animada», dice Burtt. «ILM era un lugar donde todo el mundo iba en pantalón corto; era como una comunidad de playa. Era definitivamente informal. De hecho, al principio me sorprendió un poco… Pero en el fondo siempre había un poco de estrés porque había que alcanzar un objetivo enorme y la tecnología para hacerlo se estaba inventando día a día.»

    «Fuimos mejorando en lo que hacíamos. Lo descubriamos, teníamos un proceso», añade Johnston. «Al principio, era sólo experimentación. Pero nunca supimos realmente cómo iba a ser la película, ¿sabes? Ni siquiera vimos [La guerra de las galaxias] completa hasta el estreno. Habíamos visto un corte aproximado sin efectos visuales».

    Johnston se marchó en 1985, con planes para viajar con todo el dinero que había ahorrado durante su trabajo en ILM durante una década. «Nunca quise dedicarme a la industria del cine», dice. «Era diseñador industrial cuando conseguí el puesto de trabajo en ILM». Pero Lucas tenía otras ideas. «Cuando me fui, le dije a George [Lucas] que estaba harto. ‘¡No quiero ver otro efecto visual!’ Iba a viajar y me dijo: ‘¿No prefieres ir a la escuela de cine?’. Y lo recuerdo claramente. Le dije: ‘George, me siento como si hubiera estado en la escuela de cine durante 10 años’». Con una beca para pagar sus estudios en la Universidad del Sur de California, Johnston aceptó la oferta de Lucas, que lanzó su carrera ayudándole a conseguir el puesto de director de Cariño, he encogido a los niños, entre otras películas, muchas de las cuales incluirían efectos visuales creados por ILM.

    Doug Chiang creando arte digital

    «NO HAY QUE TENER MIEDO AL FUTURO»

    Los cimientos educativos de ILM continuaron en la siguiente generación de cineastas que pasaron por las puertas de la casa de efectos visuales.

    Para muchos de ellos, La guerra de las galaxias y otras películas de ILM habían impulsado su interés por el cine. «La película en sí me cautivó», dice Doug Chiang, actual vicepresidente y director creativo ejecutivo del departamento de arte de Lucasfilm. Creó este mundo de una manera tan envolvente que realmente quería aprender más sobre él y experimentarlo». Luego, al año siguiente, cuando se estrenó el documental The Making of Star Wars en la televisión, me transformó por completo».

    Chiang estudió cine en la Universidad de California, en Los Ángeles, y se vio impulsado a encontrar un camino hacia ILM y Lucasfilm en el condado de Marin. Pero incluso con la formación formal en cine, no había un camino fácil para el joven artista y diseñador. «Fue realmente difícil. Me fijé en todos los demás, en lo que veía en los documentales -Ralph McQuarrie y Joe Johnston- y no había un camino muy definido. Todo había sido fortuito».

    Por suerte para Chiang, mientras trabajaba en producción en Los Ángeles, consiguió una oferta para un proyecto de tres semanas como artista en ILM. «Era un proyecto realmente corto, pero era mi oportunidad, mi pie en la puerta. Recuerdo que cuando me enteré, lo empaqué todo, salí de mi apartamento y conduje hacia el norte, con la esperanza de que esas tres semanas me llevaran a algo más. No tenía ninguna garantía de que fuera a estar en ILM durante más tiempo, pero tenía que hacerlo porque era la oportunidad de cumplir mi sueño.»

    Diseñando una galaxia: trabajando en conceptos para droides de combate en 1995.

    El encuentro con las leyendas de ILM cambió la vida de este joven artista que tanto había estudiado su trabajo. «Recuerdo mi primer día caminando por ILM», dice. «Había un pasillo en el que se colocaban todos los storyboards y donde se celebraban las reuniones. Pasé por la recepción para ir al departamento de arte y Dennis Muren pasó por allí. Y, por supuesto, le conocía porque había visto su foto cientos de veces, pero verle en persona fue alucinante. Y luego Lorne Peterson y Ken Ralston. Me sentí como si estuviera en Oz o en algún lugar de fantasía de mi imaginación donde todos mis héroes de la infancia estaban allí en persona».

    John Goodson tuvo una experiencia similar. Los efectos visuales de Star Trek y Perdidos en el espacio le cautivaron por primera vez cuando era niño. A los tres años, recuerda haber visto el aterrizaje de la nave Júpiter 2, a toda pantalla, una secuencia aparentemente imposible. «Me fascinó mucho. Decía: ‘Si abro el televisor, puedo sacar esta cosa’». Ver La guerra de las galaxias unos años más tarde hizo que su fascinación se centrara más. «Empecé a escribir cartas a Lucasfilm», dice, pidiendo trabajo. «Y me respondían: ‘No nos escribas más. Tu carta está archivada’».

    El modelista John Goodson con una maqueta de Tatooine.

    Pero Goodson acabó consiguiendo un puesto en el taller de maquetas en 1988 -más tarde se encontraría con sus cartas archivadas en el almacén de la empresa- antes de aterrizar en el departamento de gráficos por ordenador.

    Era una época de grandes avances tecnológicos, una bendición para la producción digital que, hay que reconocerlo, era desalentadora para los que trabajaban en efectos más prácticos y les preocupaba que su oficio estuviera a punto de extinguirse, irónicamente como resultado de los logros de los efectos visuales creados para dar vida a los dinosaurios de Parque Jurásico. «El taller de maquetas sabía que eso estaba ocurriendo», dice Goodson. «Esa película tenía una sola miniatura: un Ford Explorer aplastado. Y esa era la única maqueta».

    Pero Lucas, siempre mirando más allá, no vio más que potencial. «Le pregunté a George si íbamos a deshacernos del taller de maquetas y me dijo: ‘No tengas miedo del futuro’», recuerda Goodson.

    En unos pocos años, a principios de la década de 1990, la industria dio un asombroso salto adelante, empezando por el estreno de Terminator II en 1991, con impresionantes efectos de ILM, seguido por el acuerdo de Pixar para hacer Toy Story, y culminando con el éxito de la rompedora Parque Jurásico. «Parque Jurásico tenía unos siete minutos de animación de dinosaurios. Fue tan impactante que la mayoría de la gente pensó que estaba lleno de ellos», dice Catmull. Los gráficos por ordenador pasaron de «Es completamente irrelevante» a «¡Lo ha cambiado todo!». Sin embargo, los que estaban dentro del negocio sabían que, en realidad, era la culminación de 20 años de avances y desarrollo de los ordenadores, que por fin estaban a la altura de la imaginación de los cineastas y sus equipos.

    Deborah Chow dirigiendo dentro del Volumen.

    «ESE ESPÍRITU REBELDE COMPARTIDO»

    En los años siguientes, ILM ha seguido superando los límites. Cada nuevo logro se ha construido sobre las innovaciones de los pioneros que vinieron antes, utilizando el éxito anterior como marco para el futuro. Sin embargo, las nuevas tecnologías no han sustituido a las técnicas clásicas, sino que sólo han servido para mejorarlas.

    Goodson sigue haciendo modelos para Lucasfilm e ILM, y recientemente ha trabajado en la Razor Crest y el crucero ligero de Moff Gideon para The Mandalorian. «Para mí, de nuevo, es una especie de círculo completo», dice Goodson. Y Tippett sigue contribuyendo a la magia práctica de la animación stop-motion, dando vida recientemente la grúa de carga móvil en la segunda temporada de The Mandalorian, así como al monje b’omarr en El libro de Boba Fett.

    La Razor Crest en el interior del volumen.

    ILM se ha expandido hasta abarcar cinco estudios en todo el mundo. Cuando Janet Lewin comenzó su carrera en la empresa hace casi 30 años como trabajadora temporal en el departamento de compras, ILM tenía 130 empleados en el edificio Kerner de San Rafael. «Ahora tenemos más de 3.000», dice. «Creo que es realmente inspirador mirar hacia atrás en nuestro legado y darse cuenta del impacto que estos increíbles genios -muchos de los cuales todavía trabajan en ILM- han tenido en las películas y en los iconos que han creado». Tanto Lewin, ahora Vicepresidenta Senior de Efectos Visuales de Lucasfilm y Directora General de Industrial Light & Magic, como Lynwen Brennan, Directora General y Vicepresidenta Ejecutiva de Lucasfilm, cuentan con las películas de ILM entre su inspiración para entrar en el negocio. A Lewin le animó ver Terminator II. «Las primeras películas de mi infancia –La guerra de las galaxias y E.T.– fueron las que despertaron mi amor por el cine, pero no me hicieron querer entrar en la industria ni pensar que fuera posible al crecer en Gales», añade Brennan. «La película que realmente lo hizo por mí y me hizo pensar ‘tengo que trabajar en ILM algún día’ fue Parque Jurásico«.

    Más recientemente, el desarrollo de la tecnología StageCraft de ILM ha permitido la creación de efectos visuales como nunca antes. «En Lucasfilm e ILM nuestro mantra es que la historia lo impulsa todo», dice Lewin. «Nunca invertimos en tecnología si no es para apoyar la visión de un cineasta. Uno de los aspectos más interesantes de StageCraft y de ILM es que no se trata de la herramienta. Es la gente; es el oficio».

    «Tienen ese espíritu rebelde compartido», añade Brennan.

    Y el objetivo no es simplemente impresionar al público; los efectos visuales sólo funcionan si están al servicio de la historia, añade Johnston. «Siempre busqué algo que no tuviera tantos efectos visuales porque quería probarme a mí mismo de que podía contar una historia que no necesitara efectos visuales para ayudarla. Pero, ya sabes, los efectos visuales son sólo una herramienta que te ayuda a contar la historia. Porque puedes poner cualquier cosa que quieras en la pantalla, pero eso no significa que debas hacerlo. Todo lo que pasa por ese objetivo tiene que estar al servicio de la historia».

    Primer plano en la Razor Crest.
    Más imágenes del rodaje en la Razor Crest.

    Para The Mandalorian, Jon Favreau ideó una serie de acción en vivo de Star Wars con en la que se pudieran visitar los planetas de las películas y que al mismo tiempo cumpliera las limitaciones de presupuesto y calendario de un programa de televisión. «Me encantan esos momentos en los que estás en una habitación diciendo: ‘Bueno, ¿cómo demonios vamos a hacer eso? Pero con la plena confianza de que lo resolveremos», dice Brennan. «ILM StageCraft es un gran ejemplo. Nos apuntamos a hacerlo en un plazo determinado sin tener ninguna idea de si podíamos hacerlo. Y, ya sabes, tienes esa euforia de saber que lo has conseguido».

    Lewin aún recuerda el momento con viveza. ILM había construido un volumen minúsculo, para probar lo que finalmente se convertiría en la plataforma StageCraft a menor escala, un escenario envuelto por pantallas LED con imágenes de alta resolución desde un estudio. Trajeron el traje de metal brillante para Din Djarin para ver si la solución teórica funcionaba. «Y los reflejos, el realismo, la luz interactiva», dice Lewin. Como ha dicho el supervisor de efectos especiales Richard Bluff, el director de cine ganador del Oscar James Cameron vino a echar un vistazo y no podía creer lo que veían sus ojos. «Si pudimos engañar a Jim Cameron, sabíamos que teníamos algo», dice Lewin.


    Esperamos que os haya resultado interesante este artículo, que os recordamos podéis visitar aquí en su fuente original. ¡Que la lectura os acompañe!

  • Traducción exclusiva del relato Star Wars The High Republic: Errores del Pasado Parte 2

    Traducción exclusiva del relato Star Wars The High Republic: Errores del Pasado Parte 2

    Traducido por Mario Tormo

    Segunda parte del relato escrito por Cavan Scott y que forma parte de la antología Starlight. Aparecido únicamente en la Star Wars Insider 206 en inglés. Os traemos la traducción al Castellano de esta historia protagonizada por la Administradora Velko Jahen y el Maestro Jedi Sskeer.


    Anteriormente:

    Mientras la República lidera el contraataque a los Nihil, las pérfidas consecuencias provocadas por los anarquistas galácticos tienen un alcance cada vez mayor. Tras llegar a la Baliza Starlight bajo la apariencia de un comerciante, las filiaciones de Vane Sarpo, un antiguo amigo y aliado de Velko Jahen, pronto quedan al descubierto…

    Starlight:
    Errores del Pasado
    (Parte Dos)

    Starlight Beacon había cambiado mucho en muy poco tiempo. Cuando llegó por primera vez, la Administradora Velko Jahen se sorprendió por la atmósfera, todos muy seguros de sí mismos y tranquilos entre un gran bullicio. Y luego estaba la emoción. Lo podías sentir en el ambiente. La Baliza fue un nuevo comienzo, tanto para la frontera galáctica como para una veterana hastiada en busca de un nuevo propósito en la vida. ¿Ahora? Ahora era diferente. Todo eso fue antes de Valo. Todo eso fue antes de que los Jedi tuvieran como tarea acabar con los Nihil. Fue antes de que los pabellones de la torre de seguridad se llenaran de Nihil capturados como parte de la Operación: Contraataque.

    Ahora estaba de pie frente a una celda, mirando a un hombre junto con el que había luchado en Soika. Un hombre al que había, si no amado, querido profundamente. Un hombre que era su prisionero. Ella misma lo había encarcelado. Le había puesto las esposas en las muñecas después de descubrir que estaba usando Starlight para hacer llevar armas a los Nihil. Y una pregunta le quemaba.

    — ¿Por qué?

    Vane Sarpo estaba sentado de espaldas a ella detrás del campo de energía. Su asistente Clune estaba enroscado como una pequeña bola naranja, la reacción instintiva de todos los peasles en momentos de gran peligro. El pequeño insectoide no se había desenrrollado ni una sola vez desde que encontraron los blásteres de contrabando.

    — Necesito saberlo, Vane. ¿Por qué hacerlo? ¿Qué te ofrecieron?

    El vuman tatuado no respondió. Pero los Nihil del resto de celdas, sin duda, sí que tenían mucho que decir, abucheando y gritando. Un Wookie particularmente flacucho le dijo a Velko, sin un ápice de duda, lo que le haría si los campos de energía fallaran. Velko no estaba preocupada. El guardia de la puerta del bloque tenía su bastón aturdidor y ella su bláster. Se había asegurado de estar armada. La visita no estaba exactamente autorizada, estaba segura de que la Jefe de Seguridad Ghal Tarpfen tendría mucho que objetar al respecto, pero Velko no iba a darle la oportunidad de hacerlo.

    Aun así, Vane permaneció en silencio. Nada de esto tenía sentido para Velko. La idea de que podría haberse unido voluntariamente a los Nihil era demasiado terrible para comprender. Vane había caminado por el filo de varias líneas rojas a lo largo de los años, especialmente cuando sirvieron juntos en Soika, ella como miembro de la Fuerza de Liberación y él como mercenario, pero estaba malditamente segura de que él no era un anarquista.

    — Te están pagando, ¿se trata de eso? –Ninguna respuesta–. ¿Les debes dinero? –Aún nada–. En nombre del vacío, Vane, háblame.

    Finalmente alguien dijo algo, pero no fue el prisionero.

    — Administradora Jahen.

    Velko maldijo por lo bajo cuando escuchó los pesados pasos detrás de ella. Se giró y vió la imponente forma del Maestro Jedi Sskeer caminando hacia ella, con su única mano sana apoyada en la empuñadura de su sable de luz.

    — Esto –siseó el trandoshano–, es bastante… Irregular.

    Estaba alterado, se dio cuenta inmediatamente. Algo más que había cambiado desde que llegó a Starlight. Antes creía que los Jedi eran incapaces de sentir emociones, un planteamiento completamente erróneo. El Jedi que había conocido tenía sentimientos tan profundos como cualquier otro individuo. Simplemente se les daba mejor controlarlos. A la mayoría al menos. Sskeer parecía tener más dificultades que el resto para ello, y en cuanto a la mariscal Avar Kriss…

    — Maestro Jedi –empezó a decir alejando sus pensamientos–. Simplemente pensé que…

    — Pensó que podría usar su historia personal para presionar al prisionero.

    Las plateadas mejillas de Velko ardían.

    — No, no iba a ser así.

    — Por supuesto que sí –dijo una voz tras ella. Por fin Vane había decidido hablar. Todavía les daba la espalda, pero su voz tenía un tono que no había escuchado nunca antes–. Yo hubiera hecho lo mismo, pero estás perdiendo el tiempo Vel.

    Ella no podía aceptar eso.

    — Podemos ayudarte Vane, si tú nos ayudas a nosotros.

    — Si os ayudo, ¿cómo? –Estaba de pie ahora–. ¿Revelando los secretos de los Nihil? ¿Y qué harías entonces? ¿Administradora? ¿Protegerme como los Jotas protegieron Valo? Sois un chiste, tú y tus amigos Jedi –sus ojos iban de uno a otro–. Miraos, con vuestras mejores galas. Túnicas doradas y cuellos almidonados. Acabaréis quemados. Lo sabéis, ¿no? Todo esto se derrumbará sobre vuestras cabezas. No podéis ayudarme, ¡porque el problema sois vosotros!

    Por todos lados, los Nihil encarcelados gritaron en apoyo a la perorata de Vane. El wookiee sacudía sobre su cabeza sus largos y peludos brazos. ¿En qué había estado pensando Velko? Esto estaba siendo inútil. Vane… Vane no era el hombre que ella recordaba. El hombre que había sido. Y si quería pudrirse en una cárcel de la República, que así fuera. Tenía trabajo que hacer. Trabajo importante. El trabajo de ayudar a que caigan más hombres como él.

    Giró sobre sus talones marchando hacia el guardia de la puerta. Pero se detuvo al darse cuenta de que Sskeer no la acompañaba. Estaba de pie, inmóvil, frente a la celda de Vane.

    — ¿Maestro Sskeer? –Inquirió, pero ni así se movía–. Master Sskeer, ¿viene?

    — Algo no va bien –dijo, ignorando la pregunta, sin apartar sus entrecerrados ojos anaranjados del rostro de Vane–. Siento ira.

    — ¡Ja! –Ladró Vane, alzando los brazos haciendo una pantomima–. No mentían sobre ti, ¿verdad Jedi? El lagarto es capaz de percibir que estoy enojado. Y yo pensando que no era más que un estúpido dewback.

    — Deberíamos marcharnos –le dijo Velko al trandoshano.

    — Al fin lo capta –resopló Vane–. Denle a la chica una medalla para su colección. Adelante. Largaos. Me ponéis malo, todos. Malo del estómago.

    — Percibo algo más que ira –continuó Sskeer. Sus palabras sonaban extrañamente doloridas –. Siento vergüenza. Siento… Miedo.

    Había algo en la forma en la que el Jedi hablaba que hizo que Velko sintiera un escalofrío, las emociones que describía le eran demasiado familiares. Pero los Jedi no sentían miedo, ¿verdad? Sin embargo, Sskeer tenía razón. Vane tenía miedo, podía verlo en sus ojos, pero ¿de qué? ¿De ser encarcelado por sus crímenes? De las consecuencias si traicionaba a los Nihil. No. Era de algo más. De alguien más.

    Los ojos de Vane se posaron en Clune y se abrieron como platos. El peasle se estaba balanceando sobre su caparazón, preparándose para desplegarse.

    El sable de Sskeer se encendió.

    — Apaga el campo de energía –le ordenó al guardia de la puerta.

    Vane alzó sus brazos, con las palmas de las manos hacia el sable celeste.

    — No. No hagas eso. Vete. Por favor, vete.

    — No lo pediré otra vez –bramó Sskeer.

    Velko volvió a mirar al aterrorizado guardia, quien obviamente se preguntaba si debía o no obedecer al Jedi. Fue entonces cuando un rayo de luz brotó del interior de la celda de Vane.

    Todo sucedió muy rápido. Velko se dio la vuelta y sus ojos se abrieron como platos cuando se dio cuenta de que el brillo emanaba del propio Vane Sarpo. Los tatuajes de su rostro brillaban como si fueran relámpagos intermitentes.

    –El campo –gritó Sskeer. Sus fosas nasales aleteaban mientras el bloque se llenaba de un nauseabundo olor a carne quemada y ozono carbonizado–. ¡Ahora!

    — No –gritó Velko, entrecerrando los ojos por el resplandor–. Aisle el bloque. Cierre toda la torre –ordenó.

    El guardia se lanzó hacia los controles a la vez que una luz tan brillante como un sol emanaba de la celda de Vane. La ráfaga procedía del propio Vane.

    Velko gritó, cubriéndose los ojos con una mano, pero el daño ya estaba hecho. Solo podía rezar para que los efectos fueran solo temporales, que no se hubiera quedado ciega porque su antiguo amante había… ¿qué? ¿Explotado? Le zumbaban los oídos, pero aún podía percibir el crepitar del bastón aturdidor del guardia de seguridad y el silbido del sable de luz de Sskeer. Solo una cosa llamaba la atención por su ausencia: el zumbido de los campos de energía que mantenían a raya a los prisioneros.

    Parpadeó furiosamente. Sacó su bláster y disparó algunos tiros hacia las formas borrosas que corrían hacia ella. Nihil cayendo al suelo. Apuntó y disparó sin ver, confiando en su entrenamiento, escuchando los gruñidos y golpes de un enemigo caído antes de volverse contra el siguiente. Era solo cuestión de tiempo antes de que se le acabara la suerte. Un Nihil evitaba su disparo. El bláster se le cayó de la mano. Lo escuchó deslizarse y arremetió a ciegas. Su puño solo encontró aire. El Nihil no tuvo problemas para dar con la mandíbula de Velko, añadiendo una supernova centelleante de colores imposibles a su ya confusa visión. Cayó y se abalanzaron sobre ella, sin importar lo fuerte que golpeara y pateara. La arrastraron sobre sus rodillas, con los brazos por detrás. Una voz áspera en su oído diciendo que dejase de forcejear. Como si tuviera otra opción. Pero incluso cuando su visión se aclaró lentamente, con los ojos llorosos, una sonrisa se extendió por sus labios partidos. Sskeer los sacaría de esto. Sskeer era un Jedi. Sskeer tenía un sable de luz.

    Un sable que ya no escuchaba.

    Sskeer cayó sobre la cubierta a su derecha, inmovilizado en el suelo por la peluda wookiee que obviamente era más fuerte de lo que parecía. Pero esto aún no había terminado. Sskeer usaría la Fuerza. Se desharía del Nihil sobre su espalda con tanta facilidad como si se quitase la capa.

    En cualquier momento.

    En cualquier…

    — Bueno, quizá tengamos un problema.

    Ecabulléndose frente a ellos vieron las diminutas patas de un peasle deslizándose por el suelo. Un peasle que sostenía el bastón aturdidor del guardia.

    — ¿Clune? –Jadeó Velko aturdida.

    — Qué tal –dijo el pequeño insectoide–. No hemos tenido oportunidad de charlar antes, ¿verdad?

    — Antes te has enrollado como una bola –le recordó ella.

    — Como un cobarde –añadió Sskeer.

    Clune sacudió su cabeza segmentada.

    — Vaya un prejuicio, y viniendo precisamente, de entre todos los seres posibles, de un Jedi –el peasle se deslizó hacia Sskeer, pinchándolo con el bastón aturdidor que crepitó con energía. El trandoshano rugió de dolor, pero Clune solo chasqueó la lengua–. No me importa decirlo, estoy un poco decepcionado. Parece de lo más indigno.

    — ¿El guardia? –preguntó Velko, estirando el cuello para mirar alrededor–. ¿Dónde está?

    — Oh, está muerto –le informó Clune–. Bastante, bastante muerto. Pero no ha sido antes de que lograra cerrar las puertas, esas que nuestro estallido de iones no consiguió derribar, eso es.

    Todavía luchando contra el Nihil que la sujetaba con fuerza, Velko se giró para mirar dentro de la celda de Vane. El vuman estaba tendido boca abajo, hilillos de humo emanaban desde la parte oculta de su cara.

    — Los tatuajes de Vane –graznó.

    — Ahora veo que fue algo inteligente –dijo Clune, con su voz llena de un estridente orgullo–. Entrelazados con filamentos de iones, ¿no lo sabías? Preparados para ser detonados en cualquier momento, gracias a esto –hizo tintinear el brazalete de control que colgaba holgadamente alrededor de una de sus muchas muñecas.

    — ¿Cómo? –preguntó Velko.

    Una sonrisa se dibujó en el rostro segmentado del Peasle.

    — Es muy realmente difícil desplegar un peasle una vez que se han convertido en una bola.

    — ¿Y qué hay de los escáneres de seguridad? –dijo Sskeer.

    — Son prácticamente inútiles –confirmó Clune–. La quitina de peasle es tan efectiva bloquando tanto los barridos de sensores como las sospechas sobre un… ¿Cómo dijiste Jedi? ¿Un cobarde?

    — Fascinante –dijo Velko con los dientes apretados–, pero no es a lo que me refería. ¿Cómo persuadiste a Vane para que lo hiciera? Para tatuarse la piel. ¿Para atacar Starlight?

    Clune se echó a reír, un ligero sonido de gorjeo.

    — Realmente no tenía otra opción. Te dije que los tatuajes eran ingeniosos. No solo ocultaron una carga de iones; podían causar un dolor insoportable si no hacía lo que le dijese. Debo admitir que me impresionó la forma en que intentó que te fueras. Todos esos gritos y demás. Debe haberse preocupado mucho por ti, intentando evitar que te vieses involucrada en todo…–el Peasle blandió el aturdidor describiendo un círculo que abarcó todo el bloque de celdas–. En todo esto. Quizás lo subestimé. No es que importe. Los filamentos eran de un solo uso. Esperaba detonarlos en medio de la noche.

    — Pero te obligué a usarlo –bramó Sskeer.

    — Y tanto, lo que nos lleva de vuelta a nuestro problema. En todo momento la idea era escaparse.

    — Y ahora estás atrapado –dijo Velko permitiéndose una sonrisa amarga.

    — Todos lo estamos, querida. Incluida tú, todo porque ordenaste el aislamiento. Ahora no tenemos comunicadores ni manera de escapar.

    — Pero tenemos esto –un Nihil amani de cabeza ancha pasó frente a Sskeer y Velko, sosteniendo con su flacucho brazo un arma muy familiar.

    — Ah sí –dijo Clune cogiendo la empuñadura–. El sable de luz del Jedi.

    — No te atrevas a… –gruñó Sskeer intentando, sin éxito, salir de debajo de la wookiee.

    — No te atrevas a… ¿Qué? –cuestionó Clune– ¿Hacer esto?

    Velko torció el gesto cuando el peasle golpeó a Sskeer en la cara con su propio guardamanos.

    — ¿O esto?

    La hoja azul se brotó majestuosamente de la empuñadura, reflejando su luz en los ojos de Clune. En todo momento, Sskeer luchaba por ponerse de pie, pero lo mantuvieron inmovilizado en el suelo.

    — Esto es lo que va a pasar –dijo Clune, moviendo lentamente la hoja para que estuviera peligrosamente cerca de la cara de Velko–. Vamos a negociar por tu vida. O permiten que nos vayamos todos, o empezarás a perder extremidades –Se rió antes de mirar de nuevo a Sskeer–. Más extremidades en algunos casos.

    — No –dijo Velko tranquilamente.

    — ¿Y cómo es eso?

    Miró a Clune directamente a sus ojos negros.

    — No me importa lo que me hagas, no te ayudaré, y tampoco lo harán los Jedi. Serás capturado, y devuelto a tu celda, sin oportunidad de escapar.

    — ¿Así pues? –Preguntó el Peasle, acercando aún más la hoja brillante. No desprendía calor, pero eso no detendría la quemadura en cuanto el campo de contención tocara su piel. Velko entrecerró los ojos, preparándose para el dolor… Dolor que no llegó nunca.

    Un disparo de bláser salió de la nada, haciendo que Clune girara sobre sí misma. El sable encendido voló de su mano. El segundo disparo la golpeó de lleno en la espalda y cayó. El bastón aturdidor del guardia muerto resonó en el suelo.

    Velko no miró para ver quién había disparado. No tuvo tiempo. Echó la cabeza hacia atrás bruscamente, golpeando la mandíbula del Nihil que la sostenía. Se tambalearon hacia atrás, perdiendo el control y ella se abalanzó, agarrando el aturdidor y haciéndolo girar para clavarlo con fuerza en el costado de la wookiee. La peluda Nihil gritó cuando los voltios fluyeron libremente a través de su cuerpo. Sskeer finalmente pudo liberarse. El sable estuvo en su mano en cuestión de segundos. Velko y el Jedi estaban hombro con hombro, con las armas desenfundadas y listos para castigar a cualquier Nihil que se atreviera a atacar.

    Pero ninguno de ellos se movió siquiera. Tal vez fue la doble amenaza del sable y el bastón aturdidor, o el hecho de que los Nihil habían perdido la ventaja. Lo más probable es que tuviera algo que ver con el desintegrador que Vane Sarpo sostenía en la mano, listo para disparar en cualquier momento. Velko no tenía ni idea de si Vane había caído sobre su arma por accidente, o si la había tapado a propósito con su cuerpo mientras recuperaba fuerzas. Pero no importaba. No ahora que sonreía secamente, con la cara gravemente quemada.

    — Clune tenía razón –jadeó. Sus ojos brillaban por el dolor–. Nadie piensa nunca en registrar al cobarde.

    ***

    Los guardias llegaron minutos después, junto con la antiguo padawan de Sskeer, Keeve Trennis, quien parecía que nunca andaba lejos su maestro. Vane fue transferido a un ala segura en el centro médico, sus quemaduras curadas y cualquier rastro de los tatuajes de Nihil eliminados de su rostro. El propio Sskeer insistió en vigilar la habitación, pero Velko tenía la ligera sospecha de que estaba más preocupado por proteger a Vane de las represalias de los Nihil que por el hecho de que el vuman huyera.

    — Lo siento –dijo Vane desde su cama.

    — ¿Porque te pillaron? –dijo ella, intentando no sonreir–. Aunque creo que esa fue siempre la intención.

    Se encogió de hombros.

    — Es difícil saltarse un bloqueo de seguridad Nihil cuando te quedas parado en la bahía del hangar.

    — Podrías haber confiado en mí, ¿sabes? Podrías haberme dicho lo que estaba pasando, cuando estuvimos en el bar.

    — ¿Podría? –Le tocó la mejilla, estremeciéndose ligeramente.

    — No era dolor de muelas –dijo, recordándolo haciendo una mueca en ese momento–. Fue una advertencia.

    El asintió.

    — Clune me recuerda que tengo que volver a mi trabajo. Lo cual deberías hacer tú también –dijo desplegando esa sonrisa exasperante–. Especialmente si vas a conseguir que me perdonen.

    — Ya está arreglado, pero no fue cosa mía –hizo un gesto con la cabeza a Sskeer que estaba en la puerta de pie de espaldas a ellos.

    — ¿El viejo dewback tiene corazón?

    — El viejo dewback también tiene un oído excelente –rugió el trandoshano sin moverse.

    — Entonces, gracias –le dijo Vane, antes de volver a mirar a Velko–. A los dos.

    — Paso luego a verte –dijo Velko, dirigiéndose a la puerta–. No te vayas a ningún lado, ¿me oyes?

    — Haré lo que pueda –Vane estaba empezando a sonar más como él mismo, aunque la duda se deslizó a través de su voz cuando gritó– ¿Vel?

    Se detuvo, mirándolo erguido en la cama.

    — ¿Eres realmente feliz aquí? ¿Con todo lo que está pasando? ¿Con los Nihil, los Jedi y …?

    Ella se había encogido de hombros ante la pregunta la última vez que él la había hecho, sentados en el Unity’s. Esta vez ni siquiera dudó, incluso después de todo lo que había sucedido en las últimas horas. Precisamente por lo que había sucedido. ¿Y qué si la vida en el Faro se había vuelto más difícil? Starlight estaba aquí para ofrecer esperanza, para proteger, para evitar que cosas como Valo volvieran a suceder.

    Al igual que ella.

    — Sí –dijo ella, sintiéndolo de todo corazón–. No me gustaría estaría en ningún otro lugar.

    FIN


    Si quieres leer los anteriores relatos puedes hacerlo aquí:

  • Transcripción del relato de The High Republic: Templo de la Oscuridad, del videojuego Tales from the Galaxy’s Edge

    Transcripción del relato de The High Republic: Templo de la Oscuridad, del videojuego Tales from the Galaxy’s Edge

    Escrito por Mario Tormo

    Os traemos esta adaptación exclusiva del cuento Canon incluido en el juego para la plataforma de realidad virtual Oculus Quest. Esta aventura situada en la Alta República nos pone en la piel de la Padawan Ady Sun’Zee, quien recibe la visita del maestro Yoda tras un trágico suceso relacionado con un artefacto Sith. Disfruta de este relato en formato texto, con capturas del juego y en Español, en esta edición exclusiva para La Biblioteca del Templo Jedi.

    Ady Sun’Zee es una joven Padawan Jedi. Ady junto con su maestra Sylwin y otros investigadores Jedi estaban haciendo expediciones para estudiar artefactos antiguos. En una de esas expediciones activan accidentalmente una reliquia Sith que causa estragos a través de sus mentes. Ady fue la única superviviente de ese tormento. La historia tiene lugar justo tras eso

    John D. Nguyen, el Diseñador Principal de Tales from the Galaxy’s Edge

    El relato comienza cuando completas la misión Bocadillo de Seezelslak. Entonces el propio azumel te contará el relato.


    Templo de la Oscuridad

    (Temple of Darkness)

    Seezelslak: Hace tiempo, cuando este lugar no era más que un centro de conexión en una ruta hiperespacial, ya sabes, mucho antes de la Guerra de los Clones, los Jedi construyeron un templo no muy lejos de aquí. Era un lugar donde investigaban cosas, pero no del tipo que se investigan con probetas y mecheros. Esto era mucho más pesado: artefactos oscuros y eso…

    Seezelslak: Bien, un día, una Caballero Jedi y su Padawan, Ady Sun’Zee, encontraron una de estas reliquias. La llevaron al templo y, bueno, resulta que no era una de esas reliquias bonitas y benévolas. Se metió en sus cuerpos, hizo que se volvieran completamente locas y las enfrentó entre sí.

    Seezelslak: Ady estaba a punto de sucumbir ante la oscuridad…

    [Fundido a negro]

    Templo de la Oscuridad

    Ady (susurros): Ríndete, Ady. Deja que entre… Recibe la fuerza que necesitas.

    [Vemos el artefacto Sith]

    Seezelslak: En caso de que te lo estés preguntando, las voces oscuras nunca presagian algo bueno. Por fortuna, a la maestra de Ady aún le quedaban fuerzas.

    Sylwin: ¡Resiste, Ady! ¡Tienes que dar la alerta al Consejo! ¡La baliza de emergencia, ahora!

    [El artefacto está desencadenándose. Oímos ruidos de láser y gemidos]

    Ady: ¡¿Maestra Sylwin?!

    Seezelslak: Ady tuvo que dar todo de sí para alcanzar la baliza de emergencia. Pero luego, sin su maestra.. bueno… Hay cosas que nadie tendría que hacer solo.

    [Fundido a negro. Aparecemos en un templo Jedi de planta octogonal]

    Ady: Lindos demlins…

    [Aparecen demlins con los ojos rojos que empiezan a atacar]

    Ady: No hay otra opción, parece que les ocurre algo…

    Encender el sable de luz

    [Encendemos el sable de luz y empezamos a defendernos con la espada]

    Yoda: Padawan Ady Sun’Zee.

    [Aparece Yoda ayudando con el último demlin que sale de una abertura siniestra de una de las paredes del templo]

    Ady: ¡Maestro Yoda!

    Yoda: Tu llamada de emergencia el Consejo recibió.

    Ady: ¿Tan rápido? La acabo de enviar.

    Yoda: Tres días desde que la enviaste han pasado.

    Ady: No, no, yo…

    Yoda: Mmm…

    Ady: No puedo pensar con claridad…

    Yoda: Concéntrate, Padawan. Recuerda que puedes…

    Ady: Espere… sí… la maestra Sylwin… Encontramos una reliquia…

    Yoda: Una antigua piedra rúnica de los sith. Su descubrimiento tu maestra al Consejo envió.

    Ady: Pensamos que era segura, pero entonces, algo… Se ha ido. No puedo sentirlo.

    Yoda: No. Perdido el templo está.

    Ady: Es… escuché susurros… Pero eran de mi voz.

    Yoda: Agarrada todavía el lado oscuro te tiene. El miedo domina tu pensar. Entrenada para esto estás, Padawan.

    Ady: Por supuesto. Tengo que concentrarme.

    Yoda: Ahora… La reliquia contendré.

    Ady: Maestro Yoda, ahora que está aquí… quizás podamos contenerla juntos. Quiero ayudar.

    Yoda: Por muchas cosas has pasado. Aquí te quedarás.

    Ady: Como desee.

    [El maestro Yoda eleva con la Fuerza una de las losas que bloquean una de las paredes del templo y desaparece por debajo de ella adentrándose en la siguiente sala]

    Ady: ¡Maestro Yoda! Por favor, ¡tenga cuidado!

    [Del agujero que había salido el último demlin se desprenden varios escombros dejando la pared fragmentada]

    Ady: No puedo quedarme… Ese lugar es muy peligroso. Tengo que ayudarlo. Debe haber otra forma de entrar.

    [Con la Fuerza desprendemos el resto de escombros para poder internarnos en el templo a través de la pared semiderruida]

    Ady (susurros): Recibe su poder.

    [Tenemos que ir pasando entre ruinas y cortando extrañas raíces negras y rojas con la espada hasta llegar a un gran pasillo]

    Ady: Puedo sentir la reliquia desde aquí… Me llama.

    [Entramos en un pasillo circular donde por las ventanas podemos ver que es de noche]

    Ady: ¿Maestro Yoda?

    Ady (susurros): Recibe la fuerza que necesitas.

    [Llegamos a una sala amplia, con unas escaleras que conducen a un hall principal rodeado de columnas y con una enorme estatua de un Jedi encapuchado presidiendo el centro de la habitación]

    Ady: ¿El sistema cree que hubo una brecha de seguridad? Pero yo tengo permiso para estar aquí…

    [Se despliegan droides de seguridad a la vez que empiezan a aparecer demlins poseídos]

    Ady: Los demlins están entrando por las puertas de esos palcos.

    [Nos defendemos los demlins con la ayuda de los droides de seguridad que disparan rayos láser contra las criaturas]

    Ady: Si destruyo las puertas de los palcos, detendré a los demlins… Puedo usar la Fuerza para destrozar las puertas de esos palcos.

    Ady: Parece que soy un buen sistema de seguridad…

    [Tras acabar con los demlins se abre una puerta que conduce a otro pasillo]

    Ady: ¿Maestro Yoda?

    [La puerta se cierra detrás de nosotros]

    Ady (susurros): Escucha tus miedos.

    [Recorremos el pasillo y llegamos a una sala alargada con un expositor al fondo]

    Ady: La piedra rúnica…

    Ady (susurros): Recibe su poder.

    [Nos acercamos al artefacto y abrimos la esfera contenedora]

    Ady: ¡¿Qué…?! Esa cosa… los mató a todos. A todos, menos a…

    Sylwin: ¿Ady?

    Ady: ¿Maestra Sylwin?

    [Se escuchan gritos y espadas láser. Del artefacto empiezan a brotar las mismas raíces rojas y negras que tuvimos que cortar antes]

    Sylwin: ¿Por qué, Ady? ¿Por qué lo hiciste?

    Ady: ¿Hacer qué? Ya casi llego.

    [Debemos desandar el camino cortando nuevamente raíces hasta llegar a otra sala donde la runa Sith sí que está dentro del artefacto. Lo cogemos con la mano]

    Sylwin: Oh, Ady… Ya es muy tarde. Ahora nunca serás una Jedi. No fuiste lo suficientemente fuerte. Pero… te perdono…

    Ady: ¿Perdonarme?

    Sylwin: Sí, Ady… Por lo que me hiciste.

    Ady: ¡No, jamás haría algo así! ¡Es mentira!

    [Usando nuestra espada para deshacernos de las ramas que ha desencadenado el artefacto, encontramos el cadáver de un Jedi encapuchado tendido bocabajo en el suelo]

    [Tras esto llegamos a otra sala alargada donde al fondo, sobre una plataforma circular central escalonada encontramos al Maestro Yoda]

    Ady: ¡Maestro Yoda! ¿Qué… qué es este lugar? No reconozco esta habitación…

    Yoda: Ven Padawan. Más cerca… Respuestas tengo.

    Ady: Maestro Yoda, no puedo recordar qué sucedió aquí. No recuerdo qué hice… qué pude haber hecho.

    Yoda: Vivir para siempre bajo la sombra de tus actos deberás…

    Ady: ¿Por qué dice eso?

    Yoda: Sus vidas les arrebataste. Sin piedad. Sin vacilación.

    Ady: No, es imposible. No le creo. No fui yo. ¡Este lugar está maldito!

    Yoda: Sí, aquí solo muerte ahora hay. Y te sigue.

    [El suelo empieza a derruirse y unos demlins aparecen entre las baldosas que van desapareciendo, atrapando al maestro Yodo y llevándoselo con ellos a las profundidades]

    Ady: ¡¿Qué le ocurre a mi sable de luz?! ¿Por qué no se activa? Vamos…

    [Toda la habitación se torna de color rojo y empiezan a aparecer demlins por todos lados]

    Ady: ¡Aaaah! ¡Lo mataron!

    [Vamos matando a todos los demlins que aparecen]

    Ady: ¡Los destruiré a todos! ¡Pelea! Es la única forma.

    Ady (susurros): Escucha tus miedos. La ira te purificará. Puede curarte. Deja que entre…

    Yoda: Padawan, concéntrate. Encuentra calma, paciencia y equilibrio, Padawan. Tu arma, necesaria no es. Conocimiento, defensa, Ady. Nunca atacar. Al miedo entregarte no debes. Hacia el camino oscuro te llevará. Poderosa la ira es. Dejar que te controle no debes. Tu arma guarda, Padawan. Ady… permite que tu fuerza la paz sea.

    [Guardamos la espada. En el lugar que antes ocupaba Yoda se alza un expositor. Dejamos nuestra arma en él y se funde la negro la imagen]

    [Aparecemos en una sala similar donde el maestro Yoda está intentando contener el poder desatado de la runa Sith]

    Yoda: ¡Rápido, Padawan! ¡Detenerla juntos podemos! ¡Detenerla debemos!

    [Usando la Fuerza conseguimos junto al maestro contener dentro del artefacto el poder Sith desatado]

    Yoda: Contenida la oscuridad está.

    [Fundido a blanco y volvemos a la sala inicial del Templo. Yoda sella la pared por la que desapareció inicialmente y se dirige a nosotros]

    Yoda: Quita toda la culpa de tu mente, Padawan. Los actos que temes que verdad sean, engaños del lado oscuro en realidad son.

    Ady: Pero… aún queda oscuridad en mí. Puedo sentirla.

    Yoda: La oscuridad en todos está. El poder de resistir, de elegir la luz: la esencia de un Jedi esa es. Orgullosa de ti tu maestra estaría. Una excelente Caballero Jedi serás.

    Ady: ¿Yo? Pero…

    Yoda: Mucha fuerza demostraste hoy. Lista para las pruebas estás.

    Ady: ¿Yo? Pero…

    Yoda: Mucha fuerza demostraste hoy. Lista para las pruebas estás.

    Ady: Gracias, maestro. No lo decepcionaré.

    [Fundido a negro y volvemos la cantina]

    Seezelslak: Se dice que Ady escondió las llaves del templo en alguna parte de Batuu tras encerrar la reliquia. Me pregunto si estarán por ahí, en algún lado… Bonita historia, ¿eh? La verdad es que me alivia no ser un Jedi. Sí, tienen un montón de habilidades muy útiles y peinados increíbles, pero en cuanto tuviera el primer problema, dejaría que la ira se apoderara de mí. Y antes de que pudiera darme cuenta, ¡tendría la mitad del cuerpo con partes de droides! ¡Y no es nada fácil encontrar un casco para seis ojos! Je, je, je. De hecho es imposible. Ya busqué. Muy bien, eso es todo por ahora, pero no te preocupes: todavía me quedan algunas historias bajo la manda. Je, je, je. ¡Puede que hasta te cuente cómo le fue a Ady en sus pruebas!


    Notas

    Si perdemos en la escena en la que luchamos contra los demlins y Yoda nos está guiando para que no nos dejemos llevar por el Lado Oscuro obtendremos este final, narrado por Seezelslak:

    Ady estaba luchando contra los demlins, pero, al final, la oscuridad se apoderó de ella. No sé cuándo tomó ese giro, pero parece que los demlins fueron los verdaderos héroes de la historia.

    Si queremos podemos volver a la historia y completar los desafíos propuestos:

    Aclaraciones: Transcripción directa del propio videojuego. La traducción está marcada como Españo México. No se ha corregido nada por lo que se respetan también las posibles faltas o incorrecciones. Se han añadido explicaciones o descripciones entre corchetes. Los diálogos van precedidos por el hablante de manera original. Los rótulos o carteles están también transcritos.

    Enlaces

  • Nuevo relato de The High Republic: Errores del Pasado (Parte Uno). Traducción exclusiva.

    Nuevo relato de The High Republic: Errores del Pasado (Parte Uno). Traducción exclusiva.

    Traducido por Mario Tormo

    Anteriormente:

    La galaxia se tambalea tras el devastador ataque de los Nihil en la Feria a la República en Valo. El caos reina a medida que los anárquicos maleantes hacen notar su presencia en sistemas a lo largo y ancho del espacio. Mientras tanto la Baliza Starlight siente la llamada del deber para ser el centro neurálgico de la misión de contraataque coordinada de la República….


    Starlight:
    Errores del Pasado
    (Parte Uno)

    Velko Jahen dejó escapar un largo suspiro mientras cerraba el canal de comunicación con el centro de control principal de la Baliza Starlight. Acababa de supervisar otro despliegue (el tercero del día) de Vectores Jedi, los elegantes cazas acoplados a los hipermarcos triangulares que les permiten dar el salto a la velocidad de la luz. La deriva, comandada por el Jedi froziano Nooranbakarakana, iba a toda velocidad a ayudar a la mariscal Kriss, que en ese momento estaba inmersa en una batalla contra asaltantes Nihil en el sistema Magaveene.

    La vida no había sido precisamente tranquila desde que Velko fue destinada a la Baliza, pero los últimos meses habían rozado el caos. La Operación Contraataque era la respuesta oficial a la atrocidad de Valo, donde los Nihil habían arrasado la Feria de la República. Starlight era el núcleo de la acción, siendo la plataforma de despegue de docenas de misiones para sacar a los Nihil de dondequiera que se escondieran. Los días de Velko, así como la mayoría de sus noches, consistían en coordinar diversos ataques, actuando en gran medida como enlace entre los Jedi y las distintas fuerzas de la República. Había prosperado al principio, ya que las intensas emociones vividas en la estación le recordaban su anterior vida en las trincheras de Soika, pero ahora la adrenalina empezaba a agotarse. En este momento tenía cansados hasta los huesos.

    Velko comprobó su cronómetro. Pasarían otras cuatro horas antes de que pudiera desplomarse sobre su litera. Tal vez podría tomar un café rápido en el vestíbulo antes de que llegara la siguiente crisis. Pero la vibración de su comunicador le indicó que eso no iba a suceder.

    — Aquí Jahen –dijo, tratando de apartar el cansancio de su voz mientras respondía la llamada.

    — Administradora, ¿está ocupada?

    Velko trató de suspirar sin que se percibiera al escuchar a Ghal Tarpfen, la Jefa de Seguridad de la República en la Baliza. Vaya pregunta para empezar. ¿Quién no estaba ocupado estos días?

    — ¿Qué necesita jefa?

    — Hay una… pelea en la bahía del hangar cuatro.

    — ¿Una «pelea»?

    — ¿Puede pasarse por aquí? ¿Ahora mismo?

    Velko se pellizcó el puente de la nariz. Un dolor de cabeza se estaba formando detrás sus ojos.

    — ¿Es que nadie es capaz de…

    La mon cala no la dejó terminar.

    — Iría yo, pero estoy procesando a los prisioneros Nihil traídos por el Escuadrón Firebird.

    — ¿Cómo va eso?

    — Bien –respondió Tarpfen–. Sólo llevo dos docenas de retraso, lo cual es mejor que ayer. Lo último que me hace falta es ir hasta la bahía cuatro…

    — Cuando pase por la siguiente sección.

    — Todo tuyo. Diría por favor pero… –Velko no pudo evitar sonreír.

    — Pero te provocaría un sarpullido.

    — Eso y el ormachek a la parrilla. Así que ¿podrías?

    La relación de Velko con Ghal había sido difícil al principio, pero ambas habían ido estrechando lazos últimamente, unidas por la crisis desatada tras Valo. Aún no diría que son amigas, pero se están acercando a ese punto.

    — Estoy de camino –dijo, dirigiéndose hacia las puertas–. Pero me debes una.

    ***

    Vaya que si le debía una Tarpfen…

    La «pelea» resultó ser una discusión entre un navegante espacial visitante y un trandoshano muy particular. Se supone que los Jedi deben mantener la calma y el control en todo momento, pero no había dudas de la cara de indignación que mostraba el rostro verde del maestro Sskeer. Cuando Velko lo divisó, el corpulento trandoshano estaba abriendo de cuajo las tapas de unos contenedores de carga con su único brazo. El otro (aunque ya estaba volviendo a crecer) lo había perdido en una batalla antes de que Velko llegara a Starlight. Sskeer era conocido por ser una fuerza bruta con la que tener cuidado en el mejor de los casos. Pero la situación empeoró mucho más, ya que Velko reconoció no sólo la nave ante la que el trandoshano se alzaba, sino también al comerciante con el que estaba discutiendo.

    — ¿Vane?

    La última vez que había visto a Vane Sarpo, el vuman estaba cubierto de barro procedente de los campos de batalla de Soikan, con un bláster de repetición 599 en las manos y una herida que sangraba profusamente encima del ojo izquierdo. Ahora solo quedaba la silueta de una cicatriz en su frente, y su sucio uniforme de combate había sido reemplazado por una lujosa camisa de seda que combinaba perfectamente con el color de los tatuajes azul eléctrico que cubrían su rostro, el elaborado patrón de líneas y símbolos había crecido considerablemente desde la última vez que se habían encontrado.

    — ¡Velko! –Exclamó Vane. Sus oscuros ojos se iluminaron cuando la vio–. Velko Jahen. En nombre de Vuma, ¿qué estás haciendo aquí?

    — Pensé que el uniforme daría una pista –dijo cruzando los brazos.

    — Te sienta realmente bien –dijo mirándola de arriba abajo. Todavía quedaba algo del viejo carisma de Sarpo, aunque muchos (incluido Dagni, el confidente más cercano de Velko en la Fuerza de Liberación) lo consideraban más zalamero que encantador.

    — ¿Conoces a este … individuo? –Siseó Sskeer, su voz silbaba aún más de lo habitual.

    — Por supuesto –contestó Vane con una sonrisa descarada sin dejarla responder–. Somos antiguos…

    — Amigos –Velko interrumpió rápidamente ya que no quería descubrir qué secretos estaba Vane a punto de revelar frente a los Jedi.

    — Más que eso, diría yo –dijo Vane frunciendo los labios.

    — Combatimos juntos –explicó, ignorándolo–. Durante la guerra civil en mi mundo natal.

    Sskeer examinó al vuman con desconfianza.

    — Él no es Soikan.

    — Y tú eres una persona muy observadora… Quiero decir, lagarto… Es decir… ¿Cómo te llamo?

    — Jedi –retumbó la respuesta.

    Vane rió entre dientes, completamente ajeno a la frustración de Sskeer o la incomodidad de Velko.

    — Supongo que era un… Soldado de fortuna.

    Uno de los labios de Sskeer se curvó mostrando una hilera de dientes afilados.

    — Un mercenario.

    — Pero ya no –le contestó Vane–. Ahora soy un humilde comerciante, junto con Crune, que está allí –asintió con la cabeza a una peasle notablemente nerviosa que estaba haciendo todo lo posible para sellar las cajas que Sskeer había estado investigando. Velko no podía culpar a la pequeña insectoide por estar asustada. Los peasles eran seres tímidos en su mayor parte, propensos a enrollarse como una bola a la primera señal de problemas. Y un maestro Jedi descontento definitivamente contaba como un problema.

    — ¿Qué son? –Dijo Velko, metiendo la mano en la caja más cercana y extrayendo una pequeña estatuilla de plástico.

    — Son un insulto –le informó Sskeer, luciendo como si no pudiera decidir entre aplastar el ofensivo artefacto o lanzarlo por la esclusa de aire más cercana.

    — Son arte –dijo Vane, acercándose para quitarle la estatua de las manos a Velko. Ella la apartó bruscamente, dándole la vuelta. La figura era de una mujer con cabello largo y rubio que sostenía en alto una espada resplandeciente, con una túnica ondeando detrás de ella de la manera más melodramática posible.

    — ¿Se supone que es…?

    — La maestra Jedi Avar Kriss –dijo Vane con orgullo–. La mismsíma Heroína de Hetzal. ¿No son geniales? Las he conseguido directamente del escultor snivviano más talentoso de Cadomai Prime. En serio, el tipo es un genio. Basta con verlas.

    Rebuscó en la caja y sacó un modelo de nave espacial que le resultaba familiar y casi cómicamente erróneo.

    — ¿Un Vector Jedi? –Dijo Velko.

    — Totalmente.

    — Un Vector Jedi con seis alas.

    Vane miró extrañado sus productos.

    — ¿Cuántas se supone que deben tener?

    — No importa si tienen cuatro, seis o setecientas –gruñó Sskeer–. No se van a vender en esta estación.

    — ¿Pero por qué? –Preguntó Vane, abriendo los brazos abarcando todo el hangar–. Mira este lugar. Aquí viene gente de todo el Borde Exterior, ¿y qué buscan?

    — Ayuda –le respondió el trandoshano.

    — Error –Sarpo llegó incluso a señalar a Sskeer en medio de su pecho de barril–. Para veros a todos vosotros. ¡Ver a los Jedi! Y qué mejor que llevarse un recuerdo de su viaje. De hecho estoy seguro, mi dientudo amigo, que podría hacer rápidamente una estatua tuya. La gente se volvería loca por ella. En serio, volarían de los estantes.

    El corazón de Velko se hundió aún más cuando Vane miró el muñón vendado de Sskeer.

    — ¿Le digo que le ponga un brazo o dos?

    ¡Por las estrellas vivas! ¿En qué estaba pensando?

    Velko se interpuso entre ellos cuando el trandoshano dio un peligroso paso hacia el comerciante.

    — Maestro Sskeer. Déjeme ocuparme de esto.

    El Jedi realmente gruñó desde lo más profundo de su garganta.

    — No quiero ver esas cosas en ninguna de las tiendas de ninguno de los vestíbulos. No deben venderse en Starlight ni en ningún otro lugar.

    — Bien –dijo Vane detrás de ella–. Lo entiendo. No habrá estatuas –hubo entonces una pausa y un susurro, aunque en realidad Velko no quiso darse la vuelta–. Pero, ¿qué tal una taza de recuerdo?

    ***

    «¿Qué tal una taza de recuerdo?»

    Velko miró el objeto de cerámica barato sobre la mesa frente a ella, una imagen asimétrica de la Baliza Starlight representada bocabajo.

    Vane tomó un trago de cerveza.

    — Valió la pena intentarlo. ¿Qué le pasa a ese tipo de todos modos? Yo creía que los Jedi eran uno con el universo –Vane ilustró su punto de vista moviendo sus largos dedos frente a su cara–. Pensé que me iba a arrancar los brazos.

    — Cuanto menos menciones los brazos, mejor –enfatizó Velko, frotándose la nuca–. Sskeer es… Un caso especial. Bajo toda esa bravuconería él está…

    — ¿Si?

    Sacudió la cabeza, mirando hacia el techo abovedado.

    — En realidad no tengo ni idea. ¿Cascarrabias? ¿Irritado?

    — ¿Porculer..

    — ¿Otra ronda? –Velko se sobresaltó ante la repentina interrupción del droide camarero que se había acercado a ellos.

    — Para mí no –dijo, antes de agregar rápidamente–. Y tampoco para él. No nos vamos a quedar.

    Vane soltó aire mientras el camarero continuaba hacia la mesa de al lado.

    — Aguafiestas.

    — Tienes suerte de que no te haya ordenado salir de la estación inmediatamente.

    — ¿Y perderte el placer de mi compañía? –Vane le ofreció su mejor sonrisa. La misma sonrisa que la había metido en todo tipo de problemas en el pasado–. No harías eso, no después de todo este tiempo.

    Ella trató de no devolverle la sonrisa. Era bueno verlo, y aún mejor detenerse a tomar el descanso que se había estado prometiendo a sí misma durante al menos tres ciclos de trabajo. Habían venido a Unity, el bar con bebida de grifo favorito de Velko en la estación, un bullicioso abrevadero a los pies de la torre del comerciante. La enfermera Okana le había descubierto el lugar poco después de la llegada de Velko, y era una buena alternativa a los bares frecuentados por el personal de la República, lo que significaba que podían relajarse sin preocuparse por el trabajo. Al menos esa era la idea. Habían pasado semanas desde que Velko probó por primera vez lo que se había convertido rápidamente en su bebida favorita, un Cohete Teralov aderezado con olap fresco de los bio-jardines de la estación. Una bebida ciertamente extravagante que Vane ahora contemplaba con cierta diversión.

    — ¿Qué diría tu escuadrón si te vieran con eso?

    Velko tomó otro sorbo.

    — Probablemente me acusarían de deserción. Los mejores de Soikan solo toman ron gagic.

    La forma en que la miraba la hizo sonrojarse de nuevo.

    — ¿Eres feliz aquí Vel?

    Asintió.

    — Por supuesto.

    — Pareces cansada.

    — Y tú estás más colorido que nunca –dijo, señalando las líneas azules en su rostro–. Pensé que no te ibas a hacer más tatuajes.

    Su sonrisa vaciló por un segundo mientras se frotaba la mejilla estampada.

    — Ya sabes como soy. Siempre me gusta destacar entre la multitud.

    Ella estaba a punto de preguntarle si se encontraba bien, pero él centró la conversación en ella.

    — De todos los lugares posibles, me sorprende verte en este. Usando ese uniforme, jugando a ser una diplomática con los Jedi.

    — Estoy haciendo mucho más que eso.

    — No lo dudo, pero… Después de todo por lo que pasamos en los campos de Dionas, ¿no prefieres descubrir la galaxia en lugar de estar encerrada en un único lugar?

    De primeras Velko no supo qué decir, pero una vez comenzó a responder, las palabras no paraban de brotar.

    — La sensación es que esto es relevante, ya sabes, el trabajo que estamos haciendo aquí, especialmente tras Valo. La gente busca ayuda en Starlight, no solo por los Jedi, sino porque ofrecemos certeza en una galaxia cada vez más incierta. Bien sabes lo que hay ahí fuera en este momento Vane. La gente está asustada, realmente asustada, por primera vez en años.

    — Lo pillo pero, ¿por qué tú Vel? ¿Es realmente lo que tú quieres…

    Paró bruscamente, haciendo una mueca de dolor, y se llevó la mano a la frente.

    — ¿Vane?

    Forzó una sonrisa avergonzada.

    — Lo siento… –dijo frotándose la sien–. Dolor de cabeza. Debe ser la luz de aquí. Ha pasado tiempo desde que estuve en un lugar como este…

    Velko frunció el ceño. Siempre sabía cuándo Vane no decía la verdad… O cuándo estaba distraído. Mientras hablaba sus ojos se posaron en su hombro, mirando intensamente algo (o alguien) detrás de ella.

    Se volvió para ver a una impresionante zeltron sentada en la barra junto a un enorme houk casi tan imponente como Sskeer. La zeltron estaba mirando hacia atrás.

    Velko dejó su bebida, sacudiendo la cabeza. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida? El vestuario de Vane podía haber cambiado, pero sus hábitos obviamente no… Ni sus ojos curiosos. Si has sido jugador, serás siempre jugador.

    Se puso de pie y se atusó la túnica de un tirón fuerte.

    — Debería haberte dejado con Sskeer. Me largaría si fuera tú.

    Su atención volvió hacia ella.

    — ¿Perdona?

    — Tu nave…

    — La Corazón de Rapscallion.

    — Creo que te vas a encontrar con que tu permiso de atraque acaba de caducar.

    — ¿Estás de broma?

    — Debería llevarte solamente treinta minutos desembarcar. Veinte si te das prisa.

    — ¿Cómo? Espera… ¡Vel!

    Pero Velko ya se estaba marchando.

    — Así es la Administradora Jahen –dijo bruscamente cuando las puertas del Unity se abrieron y salió furiosa.

    ***

    Velko necesitó la mayor parte de los veinte minutos que le había dado a Vane para calmarse, y luego sólo un par de segundos para sumirse en la vergüenza. ¿En qué había estado pensando? ¿Revocar los privilegios de atraque del tipo sólo porque había mirando a una hermosa zeltron? Vane siempre había sido un mujeriego, incluso cuando estaban en primera línea. Entonces no le había importado. Incluso le parecía bien. Lo último que hubiera necesitado era una relación en medio de una zona de guerra, por lo que su informal, sin ataduras, fuera-lo-que-fuera, le había venido bien. Entonces, ¿por qué reaccionaba tan mal ahora? Debía estar más exhausta de lo que pensaba.

    Afortunadamente los registros mostraban que la Corazón de Rapscallion aún no se había ido. Lo mínimo que podía hacer era disculparse. Pero cuando regresó a la bahía 4 del hangar Vane Sarpo no estaba solo. Podría haberse esperado encontrárselo con la zeltron, pero no al houk que estaba husmeando dentro de una de las cajas. Pero eso fue hasta que vio a Velko abriéndose paso a través de las naves atracadas, y cerró la tapa de golpe. El ruido repentino sorprendió tanto a Clune que de inmediato se hizo una bola.

    — ¡Velko! –Exclamó Vane quizá demasiado fuerte, levantando las manos como para alejarla–. Me voy. Lo prometo. Yo solo…

    Sus palabras se apagaron y Velko sintió un nudo en el estómago, un instinto en el que había aprendido a confiar no solo con respecto a Vane, sino con cualquiera que no estuviera diciendo la verdad.

    — Abre la caja –ordenó bruscamente.

    — No es necesario –dijo Vane–. Este amigo mío tan solo estaba mirando para ver si podía quitarme algo del merchandising de encima, pero como señaló tu amigo Sskeer, es basura.

    — Sí –murmuró el houk, haciendo como que se daba prisa–. Un montón de basura antigua.

    Algo no encajaba. Velko se abalanzó sobre la caja más cercana y quitó la tapa.

    — Vel, ¡no!

    Y ahora houk estaba prácticamente corriendo, pero ¿por qué motivo? ¿Una caja de mercancía Jedi cutre? Eso no tenía ningún sentido… A menos que…

    Velko metió la mano en la caja y cogió la bandeja superior de estatuillas. Se desprendió fácilmente, revelando más baratijas debajo. Tiró la bandeja a un lado y los adornos de plástico repiquetearon en la cubierta mientras alcanzaba la siguiente tanda. Esta vez Vane no intentó detenerla. En cambio, cogió a Clune y corrió hacia la rampa de la Rapscallion. Velko jadeó cuando vio lo que se escondía debajo de los recuerdos.

    — ¡Vane! ¡Detente ahí!

    Vane no hizo caso mientras subía por la rampa. Con un gruñido de esfuerzo, Velko tiró la bandeja y las estatuillas baratas volaron por todas partes, aterrizando a los pies de Vane. El vuman tropezó y al caer Clune rodó de sus manos. Velko lo alcanzó en un instante, retorciendo su brazo para que no pudiera escapar.

    — ¿Qué has hecho? –Bufó ella mientras él forcejeaba.

    — Más de lo que cualquiera de nosotros hubiera esperado –siseó una voz desde atrás.

    Era Sskeer, con el sable de luz encendido mientras conducía a houk, ahora esposado, hacia ellos, con Ghal Tarpfen a su lado.

    — Sskeer hizo algunas averiguaciones –dijo la mon cala mientras Velko ayudaba a Vane a ponerse de pie–. Resulta que el CDR lleva un tiempo con la Corazón de Rapscallion en el punto de mira.

    — Puedo explicarlo –dijo Vane, que ya no intentaba librarse de la sujeción de Velko.

    — ¿Sí? –Dijo Velko, empujándolo hacia la caja abierta–. Tal vez puedas empezar con esto.

    Lo empujó dentro del contenedor, por lo que se vio obligado a mirar hacia los estantes de blásters que habían estado escondidos debajo de los suvenires.

    — Eso es sencillo –siseó Sskeer, echando a Vane una mirada fulminante–. Tu amigo ha estado haciendo contrabando de armas… Para los Nihil.

    CONTINUARÁ…


    Hasta aquí esta primera parte del nuevo relato escrito por Cavan Scott. En el siguiente número, la Star Wars Insider 206, tendremos la resolución de esta aventura en la que Sskeer y Velko Jahen han descubierto que un antiguo amigo de la última parece ser un contrabandista de armas para nada más y nada menos que… ¡los Nihil! Si quieres leer los anteriores relatos puedes hacerlo aquí:

  • Traducción exclusiva del nuevo relato de la serie The High Republic: Starlight – “Peligro Oculto” (Parte 2)

    Traducción exclusiva del nuevo relato de la serie The High Republic: Starlight – “Peligro Oculto” (Parte 2)

    Traducción por Mario Tormo

    Segunda y última parte de la tercera historia de la serie antológica Starlight, que cuenta sucesos ambientados en la estación espacial de la Alta República que no se han visto en ningún otro libro o cómic. Justina Ireland remata el relato con una estremecedora revelación. Si no habéis leído la primera parte podéis hacerlo aquí.

    Starlight:
    PELIGRO OCULTO
    (Parte dos)

    Anteriormente:

    La violencia era lo último que se podía esperar de los reputados científicos reunidos en la Baliza Starlight para la conferencia anual de la Alianza Agrícola Galáctica, y aun así Velko Jahen y Ghal Tarpfen habían tenido que intervenir para detener una pelea brutal. Y justo después se habían encontrado con un desastre aún mayor…


    Velko Jahen, administradora de la Baliza Starlight, corría por el vestíbulo detrás de Ghal Tarpfen, jefa de seguridad de Starlight. La mon calamari llevaba un ritmo brutal.

    –Todas las unidades, repito, todas las unidades, por favor diríjanse al comedor. Se están produciendo disturbios –la voz de la Maestra Jedi Estala Maru, a través del comunicador de Velko, permanecía calmada e inalterable. Eso era buena señal, ya que Velko estaba suficientemente alterada por los dos.

    Velko irrumpió en el comedor unos segundos después que Ghal, deteniéndose en seco. Cuando el Maestro Maru dijo «disturbios», Velko realmente no había entendido lo que quería decir con eso. Esperaba encontrar gente destrozando pantallas y saqueando cosas. Pero la escena que tenía frente a ella se parecía más a una pelea que a unos disturbios: una mujer devaroniana golpeando a un hombre czerialan antes de ser atacada por la espalda por un humano. Un mirialano, en una silla flotante, gritaba de rabia mientras se dirigía hacia un desafortunado ugnaught, que logró apartarse del camino momentos antes de ser golpeado, y la silla flotante se estrelló contra la pared.

    La gente estaba peleándose por todos lados en la sala. Y no eran unos cualquiera, estos eran los científicos que se habían reunido en la Baliza Starlight para la conferencia de la Alianza Agrícola Galáctica.

    –¿Sigue pensando que pueda ser ‘de mala educación’ disparar a nuestros invitados? –Preguntó Ghal secamente.

    Momentos antes, habían tenido que detener una pelea en el vestíbulo principal, y Velko se había horrorizado al ver que Ghal disparaba a los combatientes. No con un disparo láser a máxima potencia, sino con un rayo paralizante diseñado precisamente para esas situaciones. En retrospectiva, había sido una manera rápida de poner orden en el caos.

    –No, creo que quizás sea nuestra mejor opción. ¿A menos que tenga otra idea?

    –¿Quizás podríamos servir de ayuda? –dijo una voz suave.

    Velko se volvió encontrándose a media docena de Jedi detrás de ella. Reconoció a pocos, pero no le sorprendió. Los Jedi siempre iban y venían, y tratar de seguirles la pista a todos ellos en Starlight en un momento dado era como intentar contar estrellas en el hiperespacio.

    –Administradora Velko –dijo el más cercano, dando un paso adelante. Reconoció al humano de piel oscura: Gil Jaretto, un Maestro Jedi de visita desde Dubraib, un planeta acuático en la frontera–. ¿Quizás sería mejor dejarnos que nos hiciéramos cargo de este asunto?

    –Siempre y cuando puedan contener a los científicos sin que nadie resulte herido –dijo Velko.

    Gil inclinó la cabeza en señal de respeto y el grupo de Jedi dio un paso adelante, con las manos levantadas hacia el grupo en el comedor. Durante un instante la refriega continuó hasta que todos quedaron congelados, con expresiones relajadas.

    –Oh, gracias a las estrellas… –comenzó a decir Velko, antes de que la pelea estallara una vez más, los Jedi fruncieron el ceño por el esfuerzo mientras trataban de calmar a los combatientes de nuevo.

    Ghal hizo un ruido de burla y se encogió de hombros.

    –Creo que esa nave ha partido ya –dijo, señalando la gigantesca pelea más allá del umbral–. Así que no, Jedi, esto es algo de lo que nos podemos ocupar nosotros. ¡Ochosiete!

    Un droide de seguridad, uno que había aparecido mientras los Jedi reaccionaban, avanzó pesadamente.

    –Inicia la represión de multitudes no letal –ordenó Ghal.

    –Desplegando la supresión de multitudes –respondió el droide y de su pecho surgió una válvula lanzando espuma, formando un arco en dirección al comedor–. Treinta segundos hasta la supresión total.

    –Corten la filtración de aire en el comedor –ordenó Ghal a través del comunicador de su oído. Al grupo que se apiñaba en la puerta les dijo–: Tenemos que dar un paso atrás.

    Velko vio fugazmente la espuma expandiéndose por toda la sala, un aroma floral le hizo cosquillas en la nariz, antes de que las puertas se cerraran. Sonrió tensamente a los Jedi, quienes asintieron con reconocimiento, y un incómodo silencio se cernió sobre el grupo hasta que pasó el tiempo necesario.

    Las puertas se abrieron nuevamente, revelando a casi un centenar de científicos agrícolas de diferentes especies completamente cubiertos de espuma y durmiendo profundamente.

    –Maestro Gil, muchas gracias por su ayuda. ¿Podrían usted y al resto de los Jedi patrullar los corredores para comprobar que no haya mas brotes violentos? Ghal y yo podemos ocuparnos de lo de aquí con el equipo médico –murmuró Velko, ignorando la mirada triunfal que le ofrecía la mon cala.

    –Por supuesto, administradora Jahen –el Jedi se alejó y Velko suspiró.

    –Necesitamos que examinen a cada una de estas personas. No es así como se comportan los científicos civilizados. Algo causó esto. Algo deliberado.

    –¿No crees que todo un grupo de científicos hayan acabado peleándose discutiendo por la mejor manera de regar una cosecha de khema? –murmuró Ghal sarcásticamente.

    –No –respondió Velko–. Y tenemos que averiguar qué ha sido antes de que alguien acabe causándose la muerte.

    ***

    –He tomado muestras de aproximadamente la mitad de los alborotadores –afirmó el doctor Gino’le, el anacondan a cargo del centro médico, agitando sus brazos protésicos de metal con agitación–. Cada una de las lecturas es completamente normal.

    –¿Nada inusual? –Preguntó Ghal.– Resulta extraño.

    Habiendo sospechado de algún tipo de toxina, transmitida por el aire o absorbida a través de alimentos o líquidos, Ghal había asignado equipos médicos para realizar barridos de sensores en los transbordadores en los que habían llegado los científicos, en las habitaciones que se les habían asignado y en todos los lugares donde los miembros de la Alianza Agrícola se habían reunido. Pero no se había encontrado nada, salvo los restos de somnífero de la espuma que el droide de seguridad había dispersado.

    –Solo puedo suponer que cualquier cosa a la que estuvieron expuestos, si es que lo estuvieron, tiene una vida media muy corta, y se descompone rápidamente en el sistema circulatorio. Incluso algunos de mis pacientes con metabolismos más lentos han vuelto a lecturas normales. Por lo que me temo que no puedo ofrecerle una buena explicación.

    –Frustrante –gruñó Ghal.

    El doctor Gino’le le dedicó una sonrisa a Ghal.

    –La buena noticia es que los dos a los que aturdió están ahora despiertos. Puede interrogarlos, si lo desea.

    El ithoriano y el amani descansaban en pabellones separados del centro médico, aislados por si se daba otro incidente violento, y sujetos mediante correas a sus camas. Velko y Ghal no tenían tiempo que perder, por lo que se separaron: Velko habló con el amani mientras Ghal lo hacía con el ithoriano. Si las agresiones se extendían por toda la estación, no se sabía qué podría pasar. Velko había vivido la mayor parte de su vida luchando en una guerra sin fin, y sabía lo rápido que podía romperse la paz. No dejaría que el caos reinara en Starlight.

    –¿Qué me ha pasado? ¿Por qué estoy retenido? –gruñó el amani cuando Velko entró en la habitación.

    Su piel verde amarillenta relucía con una pátina viscosa, sus largos brazos y manos tremendamente grandes estaban sujetos a su costado. La punta de su cola se movía con irritación.

    –Estuvo en una pelea –dijo Velko–. ¿No se acuerda?

    –No recuerdo nada –respondió el Amani confundido.

    –Soy la administradora Velko Jahen. Trabajo aquí en Starlight y estoy a cargo de supervisar la conferencia agrícola. ¿Cree que juntos podríamos averiguar qué le sucedió?

    –Eso sería lo ideal, administradora. Soy el doctor Prot Xan, biólogo de la Academia Hyko en Hosnian Prime. Esto es muy inusual.

    –Estoy de acuerdo –dijo Velko, ofreciéndole al amani una sonrisa con la esperanza de que disipara la tensión que ya arrastraba la conversación–. ¿Puede contarme qué recuerda?

    –Yomo y yo habíamos cerrado con llave nuestras dependencias e íbamos de camino a cenar cuando decidimos hacer un recorrido por los jardines de al lado del vestíbulo principal. Estábamos caminando, luego Yomo dijo algo… No estoy seguro de qué, si le soy honesto. Simplemente me sentí molesto y luego enfadado, y lo siguiente que recuerdo es despertarme aquí.

    –¿En qué jardines se encontraban? ¿Fueron los jardines de exposición o el jardín de meditación? ¿Recuerda haber visto a algún Jedi? –Ambos eran impresionantes, pero solo dos de muchos, las plantas complementan a los depuradores de atmósfera para mantener fresco el aire de Starlight. Los Jedi tendían a frecuentar el jardín de meditación, más tranquilo.

    –Ningún Jedi, pero recuerdo algo. Yomo quería encontrar la propuesta de la profesora Glenna Kip, una versión híbrida de johta, una que se suponía que era más resistente y más fácil de cultivar, especialmente creada para climas áridos. Creo que la encontramos, aunque ahora no estoy seguro. Había una flor, en una serie de enredaderas, con un aroma que me recordaba a mi hogar y las cacerías –el doctor Xan se reclinó, cerró los ojos y respiró de manera constante–. Ahhh, qué tiempos tan maravillosos eran.

    El Doctor Xan se enderezó, con sus brillantes ojos negros de amani puestos en alerta repentinamente.

    –¿Dijo que estuve en una pelea? ¿Quién era el otro combatiente?

    –Un ithoriano. Creo que era tu amigo, ¿Yomo?

    –¿Yomo? ¡Oh cielos! Sí, Yomo es ithoriano, pero es mi amigo más antiguo. Fuimos juntos a la universidad. Él fue quien me convenció para orientar mi interés en la biología molecular hacia la agricultura. Oh cielos, oh cielos. ¡Esto está completamente fuera de lugar para Yomo! Es un científico brillante, no de los que se meten en peleas.

    Velko le hizo al doctor algunas preguntas más, pero no descubrió nada concluyente, su angustia eclipsó sus respuestas. Tratando de no mostrar su frustración, dio las gracias al amani y se dirigió al vestíbulo del centro médico, donde encontró a Ghal esperando.

    –Pues ha sido una pérdida de tiempo –dijo Ghal con un sonido burbujeante que Velko tomó como el equivalente mon calamari a un suspiro.

    –Quizá no. ¿El doctor Yomo recordó algo más allá de las enredaderas en flor y una visita a los jardines?

    Ghal negó con la cabeza.

    –No, por lo cual no nos sirve para nada. ¿Una planta? ¿Cómo puede una planta causar todo esto?

    –No estoy segura, pero tal vez haya algo en la planta. Un parásito, por así decirlo. Había una niña humana con una planta extraña. Creo que podría estar involucrada de alguna manera.

    Ghal se encogió de hombros.

    –Quizá. Vayamos a comprobarlo.

    Ghal y Velko recorrieron tres jardines diferentes antes de encontrar las enredaderas en flor que el Doctor Xan había mencionado. Estaban enrolladas alrededor de varios de los árboles y plantas circundantes y parecían fuera de lugar, y aun así Velko las reconoció.

    –Justo como pensaba. Necesitamos encontrar a la chica que trajo esa planta ayer. La vi en las escaleras de mantenimiento.

    –¿Te has estado relajando de nuevo con tu rutina de ejercicios? –Preguntó Ghal, y Velko se encogió de hombros.

    –He estado ocupada.

    Ghal estudió pensativamente las retorcidas enredaderas.

    –No soy una experta en plantas de superficie pero, ¿no es eso un crecimiento considerable en solo unas pocas horas?

    –Un crecimiento sin precedentes. Me preocupaba que se tratasea de un Drengir, pero el hecho de que hayamos estado aquí parados unos minutos y no haya intentado comernos me ha hecho descartar esa idea.

    Velko se acercó cautelosamente a una de las enredaderas. No se retorcía, no como el Drengir que había visto, pero parecía activa.

    –Cuidado –gritó Ghal, aparentemente desde muy lejos.

    Un aroma cítrico amaderado le hizo cosquillas a Velko en la nariz. Parpadeó una y otra vez. La planta que tenía ante ella cambió y se transformó, tomando de repente una forma monstruosa.

    –¡Drengir! –jadeó, cogiendo su bláster. Pero el arma había desaparecido, no llevaba nada consigo.

    Otro parpadeo y Velko ya no estaba en la Baliza Starlight. En cambio, estaba de vuelta en Soika, su pelotón avanzaba sobre algunas defensas de la colina mientras el fuego de bláster llovía a su alrededor.

    –¡Velko! Deja de estar ahí parada y sube la maldita colina para que podamos acabar con ese ese cañón pesado.

    Velko se volvió y vio a la capitana adjunta Aila Gris gritándole justo antes de que un rayo láser diera en el blanco. Aila salió despedida un metro hacia atrás, muriendo antes de que su cuerpo golpeara el suelo.

    –No, no, no.

    Velko entró en pánico tirándose de los pelos. ¿Cómo había vuelto aquí? ¿No había hecho todo lo posible para alejarse lo máximo de este lugar? Tenía que salir de allí y, como tantos otros malos recuerdos de Thyrsus, la única salida era campo a través.

    Velko lanzó un puñetazo al combatiente más cercano. Pero el hombre no cayó. En cambio, rugió y se lanzó sobre ella. Velko se agachó, lista para el ataque. Mataría a cualquiera que se interpusiera en su camino.

    El hombre cargó contra ella, pero cuando ella le lanzó una patada, él la agarró del pie y la hizo girar, arrojándola contra una columna. Velko se puso de pie, enojada y confundida. ¿Por qué había una columna en el campo de batalla?

    El hombre se desvaneció, y tan rápido como había entrado en la pesadilla, Velko se vio de nuevo en los jardines. Ghal estaba a su lado, comprobando con cautela que su mandíbula no estuviera rota. Su expresión, que era generalmente de molestia, mostraba, de alguna manera, desconcierto.

    –Impresionante, administradora Jahen. No pensaba que lo tuviera dentro.

    Velko parpadeó de nuevo. Una voz, tal vez Rodor Keen, dijo:

    –Todavía está un poco confundida. ¿Puedes golpearla una vez más?

    Una niebla cayó sobre Velko, fresca y relajante. Y su confusión se desvaneció.

    –¿Estoy en Starlight?

    –Lo está –Rodor Keen dio un paso adelante, con una amable sonrisa en su rostro.

    Detrás de Rodor había una extraña mujer de piel verde recorrida por líneas plateadas. Recordaba levemente a un reptil. Su cabeza iba envuelta en un turbante y su bata de laboratorio estaba salpicada de diferentes componentes multicolor.

    –¿Qué pasó? Estaba luchando contra un Drengir y un instante después estaba de vuelta en Soika… –Velko se calló, su cabeza latía con fuerza–. ¿Estaba todo en mi cabeza?

    –Una alucinación, me temo. Causada por la floración del johto. Mis disculpas, se supone que no iba a florecer aquí, aún estaba trabajando en esa, ah, poco deseable propiedad –dijo la extraña mujer.

    Rodor se aclaró la garganta:

    –Velko, esta es la profesora Glenna Kip. Ella es la científica que creó este híbrido. La agresividad que hemos estado experimentando es un efecto secundario de su cruce de la flor johto con una cepa menos violenta de Drengir.

    –¿Está hablando en serio? –Preguntó Velko con su rabia incrementándose más aún, esta vez focalizada en un objetivo real.

    –Eso mismo he dicho yo –murmuró Ghal, lanzando a la profesora una mirada asesina.

    –El regreso de los Drengir me recordó a un proyecto similar que emprendí hace tiempo, aunque diría que la última vez el resultado no fue tan… Fructífero –la profesora intentó esbozar una sonrisa–. La República cree que la resistencia que muestran los Drengir podría ser útil para sembrar cultivos en algunos de los planetas menos fértiles de la frontera. Sin mencionar el valor de saber más sobre los Drengir en caso de que surjan nuevos desafíos en el futuro.

    –Tuvimos un motín en el comedor –dijo Velko con voz firme.

    –Sí, y le ofrezco mis disculpas por eso –dijo la profesora Kip con una ligera reverencia–. ¿Avon?

    Era la pequeña niña humana, con piel de un intenso color marrón, que Velko reconoció como con la que se topó en lo que ahora parecía una vida pasada.

    –Avon, ¿todavía tienes ese bloque de sal que te di?

    –Sí, profesora Kip –dijo la niña con una sonrisa, sacándolo del bolsillo.

    Kip enterró la sal en la maceta e inmediatamente las flores comenzaron a marchitarse y morir. En menos de un minuto toda la planta se había secado, dejando nada más que hojas muertas y ramitas marrones.

    –Es increíblemente difícil cultivar johto más allá de la atmósfera de su planeta de origen, y la sal tiene un efecto inmediato en él. Le pasé la lista de componentes del compuesto neutralizante a sus ingenieros ambientales, por lo que no debería haber más efectos nocivos provocados por las flores.

    Velko no podía estar de acuerdo con la profesora. Todavía se sentía temblorosa y de mal humor por haber revivido el recuerdo del asalto a Qunatos. Pasaría algún tiempo antes de que se sintiera algo parecido a lo normal.

    –Si hibridó muestras de Drengir con un cultivo existente, ¿qué impedirá que otros hagan lo mismo? —Preguntó Ghal–. Ya es suficientemente duro cuando infectan a los vivos, ¿ahora tenemos que preocuparnos de que se siembren ellos mismos?

    –Oh, no, eso no sucederá –dijo la profesora Kip con un gesto de desdén–. He intentado crear semillas a partir de los Drengir, y ha resultado completamente imposible. No se pueden sembrar en ningún lado. Limitar su propagación es una de las cosas que la Alianza ha tratado conjuntamente, y nuestros datos indican que nunca, nunca se siembran a sí mismos.

    Velko no estaba convencida, pero tenía un fuerte dolor de cabeza y el último lugar en el cual quería estar era cerca de plantas o expertos en ellas.

    Ghal le dio una fuerte palmada en el hombro a Velko.

    –Venga. Tiene pinta de que le vendría bien tomarse algo, y no estoy hablando de té tarine.

    –¿Qué pasa con la Alianza Agrícola Galáctica? –gritó Rodor a Ghal y Velko mientras se alejaban–. ¡Apenas se han instalado!

    –Le diré a la profesora Qwasa que le busque si tiene alguna pregunta –respondió Velko.

    –Realmente quiero que me enseñe ese puñetazo de nuevo, cuando esté lista –le confesó Ghal.

    Velko hizo una mueca de dolor.

    –Lamento mucho eso –dijo.

    –No lo sienta –se rió Ghal con un extraño resoplido de su garganta–. Es la primera vez que me ha caído bien.

    FIN.


    En el próximo número de la revista Insider tendremos un relato completamente nuevo llamado Past Mistakes y escrito por Cavan Scottt. Si queréis leer los relatos anteriores tenéis los enlaces a continuación:

  • Religiones de la Fuerza

    Religiones de la Fuerza

    Traducido por Némesis

    Star Wars Inside Intel es una característica de StarWars.com en la que Emily Shkoukani, miembro de Lucasfilm Story Group, tiene el trabajo de saber todo lo posible sobre nuestra querida Galaxia muy, muy lejana. En ella, explora hechos oscuros sobre la historia y la continuidad de Star Wars. En esta entrega, Emily explora las diversas religiones de la Fuerza…

    Cuando se estrenó Star Wars: Una Nueva Esperanza allá por el año 1977, el público conocía de antemano el tema de las naves estelares y el género de la fantasía. Pero el concepto que introdujeron nuevo y que pilló de imprevisto fue «La Fuerza«. Durante la película, el viejo Ben Kenobi nos explicó mejor este nuevo concepto, lo definió como: «Un campo de energía creado por todos los seres vivos. Nos rodea, penetra en nosotros y une a la galaxia». Sin embargo, lo que no se explica a menudo es que después de todas estas décadas de historias, hay religiones de la Fuerza.

    Las diversas religiones de la Fuerza están comúnmente (pero no exclusivamente) relacionadas con el «lado» del cual esté alineado una persona. La Fuerza tiene un lado luminoso (a veces llamado Ashla), que representa el bien; un lado oscuro (a veces llamado Bogan), que representa el mal; y un lado medio (Bendu) que representa el equilibrio. A pesar de todos estos términos, estas no fueron las únicas palabras que describieron a la Fuerza y sus facetas. A medida que se formaron las religiones dedicadas a la Fuerza, se formaron varias lingüísticas con ella.

    Las Religiones de la Fuerza son dogmas devotos de la Fuerza. Los ejemplos más comunes de religiones de la Fuerza son los Jedi y los Sith, donde los Jedi siguen el lado luminoso de la Fuerza y los Sith siguen el lado oscuro. Los dos son contrarios, de ahí su larga enemistad. Sin embargo, es esencial comprender que solo porque alguien esté alineado con la Luz no significa automáticamente que sea un Jedi, y solo porque alguien esté alineado con la Oscuridad no significa que sea un Sith. Hay una gran cantidad de religiones de la Fuerza en la galaxia de Star Wars, tanto para usuarios de la Fuerza como para quienes no la usan, y algunas incluso son irreligiosas.

    Como se dijo anteriormente, las religiones a menudo vienen con su propia lingüística con respecto a «la Fuerza». Las Hermanas de la Noche de Dathomir se refirieron a la Fuerza como «magia» y la usaron para producir hechizos y encantamientos que les permitían resucitar a los muertos, terraformar a su alrededor y ocultarse. Se bastaron del lado oscuro para lograr tales habilidades. Los Zeffo llamaron a la Fuerza el «Viento de la vida» y dejaron que su voluntad los guiara mientras construían extravagantes templos y tumbas con gran cantidad de acertijos para guardar sus preciados secretos y reliquias. Originalmente, los Zeffo se basaron en el lado de la luz mientras prosperaban en la galaxia, pero finalmente sucumbieron a las tentaciones del lado oscuro, lo que provocó su extinción.

    Y luego están los usuarios irreligiosos de la Fuerza que no siguieron ningún dogma. El viaje de Ahsoka Tano como usuaria de la Fuerza es el mejor ejemplo de esto. Aunque fue criada en la Orden Jedi y mantuvo sus creencias durante gran parte de su vida, perdió la fe en la religión después de que la Orden la acusara injustamente de un crimen que no cometió. Aunque el error se corrigió más tarde, Ahsoka tomó la decisión de abandonar la Orden. Pero, esto no la hacía menos usuaria de la Fuerza; eso era algo que ella llevaba de forma innata. En cambio, ahora dependía de ella hacer con la Fuerza lo mejor que le pareciera, forjando su propio camino en lugar de seguir el código de la Orden Jedi (aunque debido a que fue criada como Jedi, sus prácticas todavía la influenciaban mucho).

    Mientras que Ahsoka estaba alineada con el lado luminoso de la Fuerza pero iba por libre, Kylo Ren estaba alineado con el lado oscuro y tampoco seguía ninguna religión. El viaje de Kylo comenzó de manera similar al de Ahsoka, fue criado como un Jedi hasta que fue manipulado para que se volviera hacia el lado oscuro. Kylo también forjó su propio camino con la Fuerza, sin estar influenciado por la «Regla de Dos» de Darth Bane y otros decretos dogmáticos.

    Sin embargo, la devoción a la Fuerza no era exclusiva de los usuarios de la Fuerza. Había religiones compuestas por personas incapaces de utilizar dicha energía mística que unía a la galaxia, pero aún así creían y predicaban su poder. Tanto los Guardianes de los Whills como los Discípulos de los Whills fueron ejemplos de este tipo de religiones. Los Guardianes de los Whills eran personas que creían en la Fuerza e intentaban sentir su voluntad, a pesar de que no necesariamente podían usarla (como los Jedi). Chirrut Îmwe era un Guardián de los Whills que se dedicó a proteger lugares sagrados como el Templo del Kyber de Jedha a través de la Fuerza que lo rodeaba. Si bien Chirrut era devoto de la Fuerza, era incapaz de usarla, que era lo que lo separaba de los usuarios de la Fuerza. A diferencia de los Guardianes, los Discípulos de los Whills simplemente escucharon lo que creían que era la voluntad de la Fuerza, pero no actuaron en consecuencia.

    Las religiones de la Fuerza son muy diversas y la naturaleza de la Fuerza podría interpretarse de muchas formas diferentes. Incluso las Hermanas de la Noche y los Sith, que usaban el lado oscuro de la Fuerza, tenían usos muy diferentes. Los Zeffo se vieron obligados a construir bóvedas y los Jedi se vieron obligados a mantener la paz. Existe una gran cantidad de ideologías para este campo de energía mística.

    Como dirían los Jedi, «Que la Fuerza te acompañe».

    ¡Gracias por leer!

    Fuente: Star Wars Inside Intel: Religions of the Force

  • Traducción exclusiva del nuevo relato de la serie The High Republic: Starlight – «Peligro Oculto» (Parte 1)

    Traducción exclusiva del nuevo relato de la serie The High Republic: Starlight – «Peligro Oculto» (Parte 1)

    Traducción por Mario Tormo

    Nueva historia centrada en lo que sucede en la Baliza Starlight mientras nuestros héroes se encuentran en sus respectivas misiones. En esta ocasión vemos lo que sucede tras el ataque Drengir que pudimos leer en los cómics de Marvel y En la Osucridad. Escrita por Justina Ireland, esta historia tiene como protagonistas a Velko Jahen y Ghal Tarpfen, a quienes conocimos en el anterior relato Starlight: Primera Tarea (parte uno y parte dos).

    Starlight:
    PELIGRO OCULTO
    (Parte uno)

    Anteriormente:

    El recuerdo del reciente ataque Drengir en la Baliza Starlight aún pesa demasiado en la memoria de su tripulación. Mientras tanto, la estación espacial se prepara para albergar la conferencia anual de la Alianza Agrícola Galáctica…


    Velko Jahen y Ghal Tarpfen iban corriendo por el pasillo que salía del centro de seguridad de la Baliza Starlight en dirección al ascensor más cercano, Ghal presionó el botón que los llevaría al vestíbulo principal con una brutalidad que enmascaraba su angustia interior.

    —¿Crees que llegaremos a tiempo de evitar que se hagan daño uno al otro? —Se preguntaba Velko en voz alta.

    —Sólo podemos esperar que así sea —dijo Ghal.

    En cuanto las puertas se abrieron, salieron del transporte y se toparon con una muchedumbre de diferentes seres.

    Mientras se abrían paso a través del griterío de la multitud, Velko se esforzaba por descubrir el motivo por el cual las cosas se habían torcido tanto, tan rápido…

    ***

    Un Día Antes

    Todo estaba mal.

    Velko miró la pancarta que colgaba sobre el conjunto principal de ascensores que daban servicio a las bahías de acoplamiento principales del Faro Starlight y suspiró. «¡Bienvenida sea la Alianza Agrícola!» proclamaba la tira de tela, con los caracteres en aurabesh bordados en letras verdes brillantes sobre un fondo color marfil.

    —Pensé que nos habíamos decidido por el azul —dijo Velko, frunciendo el ceño, mientras comprobaba en su datapad la solicitud del pedido para la pancarta.

    —¿Azul? No, ustedes querían verde —el creador de la pancarta, un neimoidiano que era bien conocido por sus hermosos tapices y cortinas, miraba a Velko con el ceño fruncido. El evidente disgusto era palpable—. El controlador Rodor Keen dijo verde, por las plantas. Ergo os hice una hermosa pancarta verde.

    —No todas las plantas son verdes —murmuró Velko.

    Pero la pancarta estaba muy bien hecha, era majestuosa y grandiosa sin ser excesiva ¿Qué importaba que Rodor Keen hubiera cambiado sus meticulosos planes una vez más? Está claro, él es el jefe de operaciones de la República, responsable de la Baliza Starlight, pero ¿no podría al menos dejar que ella se encargara de la decoración sin entrometerse? Ah, bueno, al menos esta vez no había sido el Jedi Estala Maru.

    —Está bien ¿Qué pasa con la mantelería y demás para la cena formal?

    —Todo en orden, mi señora, todo en orden —el neimoidiano señaló el grupo de ascensores—. Puedo irme y terminar de colgar los tapices, ¿no?

    —Sí, sí, gracias. Dijo Velko, prestando medianamente atención mientras se alejaba para ocuparse de otras tareas.

    Todavía tenía una docena de asuntos menores de los que ocuparse antes de que llegaran los delegados. Pero lo más importante era la seguridad para el evento, y eso requeriría una visita al centro administrativo.

    Durante los próximos días, la Alianza Agrícola Galáctica celebra su reunión anual en la Baliza Starlight. Después de la destrucción acaecida en el sistema Hetzal y el consiguiente trastorno para las rutas hiperespaciales, esta reunión anual será el primer gran evento que albergará Starlight, solo superado por su ceremonia de inauguración. También será el primer encuentro de la Alianza Agrícola que da la bienvenida a miembros de toda la galaxia, y no solo a los pocos que habitualmente hacían el viaje a Coruscant, donde siempre se celebraba. Con la gente de la frontera preocupada por la seguridad de toda la galaxia, especialmente con la Feria de la República cada vez más cerca, la presión por garantizar que el evento transcurriera sin problemas era enorme. ¿Quién hubiera pensado que tanta gente estaría tan comprometida para mantener felices a un grupo de científicos? Se preguntaba Velko. Aunque no para ella, en Thyrsus, la agricultura siempre había sido considerada como una ocupación llevada a cabo solo por aquellos que eran demasiado cobardes como para defenderse. De hecho, en los últimos días, a Velko se le había hecho ver que no todos los sistemas encontraban la guerra más edificante que el cultivo, y ahora estaba tan decidida como todos los demás a asegurarse de que este evento fuera un éxito. Y eso comenzaba por una seguridad inmejorable.

    Velko se dirigió a la oficina de seguridad, optando por las escaleras de mantenimiento en lugar del ascensor. Últimamente había estado relajada respecto a su forma física, y parecía una buena manera de darse también unos momentos a solas para pensar. Últimamente demasiada gente la reconocía como la persona que se encargaba de que las cosas se llevaran a cabo en la Baliza Starlight, o al menos tenía contacto directo con aquellos que podían hacerlo, y a menudo se encontraba interpelada por alguien que le preguntaba por qué no se servía un determinado plato en el comedor, o por qué las luces se atenuaban en un momento concreto, y muchas otras quejas menores por el camino. Algunos días era difícil hacer algo, especialmente cuando todos parecían olvidar que vivir juntos en la Baliza Starlight significaba tener en cuenta las necesidades de muchas especies diferentes.

    Pero estaba mejorando mucho en el manejo de las demandas y en explicar a los exasperados funcionarios y visitantes de la República por qué no podía atender ciertas solicitudes especiales.

    Después de los primeros dos tramos de escaleras, los muslos de Velko empezaron a arder, y comenzó a correr, disfrutando de la sensación de los músculos trabajando en sus piernas. Cuando pasó por la puerta del quinto piso, se detuvo al toparse con una niña humana de piel morena gruñendo por el peso de una maceta gigante de enredaderas en flor.

    No había nada en la maceta que debiese alarmar a Velko. No era raro ver a los jardineros reorganizar las plantas que estaban diseminadas por varios lugares de la estación, pero había algo en estas enredaderas que le recordaba a los drengir. Era ridículo, por supuesto, ya que la planta de la maceta no se estaba comiendo a la chica ni estaba tratando de atacar a nadie, pero todo el mundo estaba preocupado desde que hubo aquella plaga de criaturas en Starlight, no hace tanto tiempo. Y Velko no era una excepción.

    —Oye, no deberías haber vuelto aquí —jadeó Velko, sintiéndose sin aliento más de lo debido teniendo en cuenta que había sido una subida tan corta. Realmente tenía que empezar a sacar tiempo para hacer ejercicio.

    —Oh, mi mentor me dijo que se suponía que debía llevar estas plantas al comedor y que tenía que hacerlo en unos veinte minutos para asegurarme de que las flores no se marchitaran. Esta es una planta muy frágil, y la humedad ambiental en la Baliza Starlight es aproximadamente del cuarenta y cinco por ciento, que es demasiado baja, pero el jardín de arriba se mantiene a un ochenta y cinco por ciento de humedad, lo que es mucho más aceptable. Además, todos los ascensores estaban ocupados y me preocupaba no llegar a tiempo.

    Velko parpadeó mientras la chica continuaba charlando y levantó una mano para interrumpir su cháchara.

    —En realidad eso no explica cómo volviste aquí.

    —¡Oh, cortocircuité la cerradura! —dijo la chica—. Las cerraduras estándar de la República tienden a usar una equivalencia trenzada del cifrado de Gratton, y el algoritmo de Maben se establece en un pulso de cuatro tiempos. Es extraño, ¿verdad?, que tantas cerraduras gubernamentales en toda la galaxia respondan exactamente a los mismos patrones de datos. De todos modos, no tengo mucho tiempo para explicarlo, pero estaré encantada de enseñártelo más tarde si quieres.

    Velko tuvo la extraña sensación de estar cayendo desde una gran altura.

    —Lo siento pero, ¿tú quién eres? —Velko se cruzó de brazos mientras la irritación se iba apoderando de ella, y olfateó, consciente del aroma picante de las flores en la maceta que sostenía la niña. Le hizo cosquillas en las fosas nasales.

    La puerta frente a la chica se abrió deslizándose, apareciendo un droide niñera de color rosa dorado al otro lado.

    —Bueno, Avon, parece que tus cálculos fueron incorrectos porque de hecho te gané. Incluso fui a buscarte al invernadero, donde esta planta debería estar en los próximos ocho minutos. Y me debes una lata de aceite de canuda para mis juntas.

    —Avon Starros —dijo la chica con una gran sonrisa, ignorando al droide y respondiendo a Velko—. Estoy aquí con la Alianza Agrícola Galáctica para el simposio previsto. ¡Tengo que irme, pero me aseguraré de usar los ascensores a partir de ahora! —dijo la chica, levantando la maceta y corriendo tras su droide, quien mantuvo una charla constante con la chica mientras las dos se iban.

    Curioso.

    Velko salió por la puerta inmediatamente después de la pareja, pero no había rastro ni de la chica ni de su droide.

    Encogiéndose de hombros ante el extraño encuentro, Velko centró su atención una vez más en prepararse para la llegada del resto de la Alianza Agrícola.

    ***

    Un día después, tras varias rondas de discusiones (o «desacuerdos vocales», como Rodor prefiría llamarlos), todo estaba en su lugar. Cada elemento de Starlight parecía tener un poco más de brillo, y los dormitorios se habían reservado y preparado para más de cien de los botánicos, expertos agrícolas y biólogos más importantes de la galaxia. La comida para tantos invitados extra estaba encargada y preparada con especial cuidado para satisfacer los particulares gustos y aversiones de cada una de las especies. Había carnes y verduras para las formas de vida basadas en el carbono, varias sopas e infusiones vigorizantes para las formas de vida no basadas en el carbono, y suficiente vino como para una gran cantidad de tabernas. Los científicos estarían bien alimentados y descansados, y algunos de ellos posiblemente estarían algo más que ligeramente embriagados.

    Pero eso era absolutamente perfecto, porque habían aprendido mucho sobre seguridad después del incidente con el embajador Ceeril. No habría sorpresas. Se habían tenido en cuenta todos los tratados históricos y conflictos.

    La Baliza Starlight estaba preparada.

    Velko se detuvo en la bahía de atraque y esperó a que las naves comenzaran a llegar. Habían convencido a la Alianza para coordinar sus viajes de manera que el centenar de científicos llegara en cinco naves: una desde Coruscant, otra desde Chandrila y tres desde cada extremo de la galaxia, específicamente desde los planetas Onderon, Ord Mantell y Raxus. Los científicos estarían irritados y de mal humor después de sus viajes, la mayoría de la gente generalmente lo estaba, así que Velko planeaba saludarlos y asignarlos a sus dormitorios rápidamente para que pudieran relajarse antes de la gran cena esa noche.

    Nada podía salir mal.

    ***

    Horas más tarde, después de sonreír, hacer una reverencia y saludar a ciento seis científicos agrícolas, Velko caminó hasta el centro administrativo encontrándose a la jefa de seguridad de Starlight, la Jefa Ghal Tarpfen, observando los monitores que iban mostrando alternativamente diferentes imágenes de la Baliza Starlight: las bahías del hangar, el comedor, el jardín de meditación, el vestíbulo, y así sucesivamente. Las imágenes pasaban tan rápidamente que hicieron que Velko se sintiera un poco mareada.

    —Me sorprende que puedas hacer un seguimiento de todo lo que está sucediendo —bromeó Velko.

    Tarpfen, una mon calamari sin una pizca de humor, tomó un sorbo de una taza con un líquido verdoso y no dijo nada durante un largo rato.

    —¿Me estás controlando? Porque son solamente un puñado de científicos —dijo finalmente—. Lo más emocionante que han hecho es caminar por los jardines de meditación oliendo las flores. Que por cierto, todas están floreciendo, tal como querías.

    —Ah, tendré que darle las gracias a Castor por ocuparse de eso.

    Velko había pensado que estaría bien hacer florecer los jardines para la visita de los científicos, ya que todos eran biólogos y horticultores y cosas por el estilo. Las personas que amaban las plantas seguramente les encantaban las flores, y sería una tarea sencilla para el jardinero. Dado que los jardines de Starlight ya estaban en un horario artificial, no habría sido un gran problema, pero era estupendo saber que habían logrado hacerlo. Unas flores bonitas ocupaban una posición menor en la lista de prioridades cuando había cien personas a las que mantener a salvo, alimentadas y alojadas, pero era un buen detalle de todos modos.

    Un sonido como de timbre captó la atención de Velko, y frunció el ceño ante una de las pantallas de más abajo cuando comenzó a parpadear.

    —¿Qué está pasando ahí?

    Tarpfen se inclinó hacia delante y dejó a un lado su taza de té tarine.

    —Parece que un droide cámara detectó una infracción en esta área. Los droides están programados para reconocer más de tres mil tipos diferentes de infracciones agresivas.

    —¿Agresivas…? —Empezó a decir Velko, pero no tuvo la oportunidad de terminar.

    En la pantalla, un macho ithoriano se abalanzó sobre un amani, quien respondió moviendo la cola y golpeando al ithoriano.

    —¡Tarpfen!

    —Estoy en ello —dijo la mon calamari, poniéndose en pie y siguiendo a Velko que salía corriendo por la puerta.

    ***

    La pelea había comenzado en el vestíbulo principal, no lejos de los jardines, y cuando Velko y Tarpfen aparecieron por uno de los ascensores cercanos, el ithoriano y el amani estaban enzarzados en un combate en toda regla. Ninguno de los dos decía una palabra. En su lugar, se siseaban y chasqueaban el uno al otro, emitiendo unos sonidos guturales tan feroces como violentos.

    Una multitud se había congregado para ver la pelea, y atravesar el gentío se hacía lento. Tarpfen no vaciló. Sacó su bláster y disparó dos tiros dirigidos a los luchadores, derribándolos a ambos.

    —No te preocupes. Sólo los he aturdido —exclamó, en respuesta a la expresión de sorpresa de Velko.

    —Lo sé, pero ¿disparar a nuestros invitados? —Velko negó con la cabeza—. Eso nunca es una respuesta adecuada.

    Aun así, el fuego láser había dispersado a la multitud más rápidamente que los gritos y empujones, aunque Velko no estaba impresionada por la impulsiva decisión de Tarpfen de disparar contra dos seres en medio del vestíbulo.

    —¿Preferirías que los hubiera dejado machacarse el uno al otro hasta convertirse en pasta de proteína? —Preguntó la jefa Tarpfen con voz plana.

    Velko respiró hondo y suspiró, pero tan pronto como abrió la boca para indicarles a los droides de seguridad que llevaran a los dos luchadores al centro médico, una fornida siniteen de piel amarilla opaca y el ceño fruncido la interrumpió.

    —¿Qué significa esto? —preguntó la mujer, con las venas de las crestas de su gran cabeza palpitando con evidente disgusto—. ¿Cómo se atreve a ponerse a disparar indiscriminadamente contra mis colegas?

    —Estos individuos se estaban peleando —comenzó a decir Tarpfen, pero Velko se interpuso entre las dos mujeres y le hizo una pequeña reverencia a la siniteen.

    —Mis disculpas, pero la Jefa Tarpfen tiene razón. Soy la administradora Velko, ¿puedo ayudarla de alguna manera?

    —Ah, Velko, la persona que estaba buscando. Soy la profesora Sh’nar Qwasba, la actual presidenta de la Alianza Agrícola Galáctica. Me temo que acabo de llegar y no he tenido la oportunidad de ponerme en contacto con usted antes. Estaba convencida, hasta ahora, de que la acogida en Starlight estaba siendo excepcional, pero luego mi asistente me dijo que mis colegas estaban peleándose en el vestíbulo.

    —Sí, es por eso por lo que han sido, um, reducidos. Vamos a hacer que los lleven al centro médico.

    —Y luego serán detenidos hasta que comprendan que la Baliza Starlight tiene una política de tolerancia cero con las peleas —intervino Tarpfen.

    —Andar disparando a civiles quizá sea algo extremo, ¿no? —Dijo Sh’nar con aplomo y expresión de disgusto.

    Velko estaba de acuerdo, Tarpfen debería haber mostrado más moderación, pero cualquiera de los dos podría haber matado al otro si la jefa no hubiera intervenido.

    —Fue la mejor elección en ese momento —dijo la mon calamari, parpadeando.

    —¿No es para eso para lo que sirven los droides de seguridad? —Preguntó Sh’nar, cruzando los brazos.

    —Los droides no siempre son los mejores evaluando situaciones que cambian rápidamente, no sé si me entiende —dijo la jefa Tarpfen—. Fue mucho mejor para sus colegas recibir un disparo aturdidor.

    Los droides médicos, y mas personal, llegaron al lugar de los hechos para atender a los luchadores heridos. Lo que incluyó a Okana, a quien Velko saludó con la mano. La médica ovissiana verde pareció estar muy interesada en la discusión entre la jefa Tarpfen y la profesora Qwasba, pero centró su atención en los heridos cuando los subieron a las camillas.

    —Profesora, ¿quizá querría acompañarnos al centro médico? Una vez que se reconozca a los dos infractores, les tomaremos declaración y los pondremos a su disposición —aseguró Velko a Sh’nar—. Estoy segura de que sea lo que sea lo que los llevó a pelearse fue un pequeño desacuerdo, ya que dijo que son viejos amigos.

    Antes de que Velko pudiera añadir algo más, la jefa Tarpfen levantó la mano hacia el comunicador que llevaba alrededor de la sien. Sin decir una palabra y apenas asintiendo a Velko, Tarpfen salió a correr hacia el ascensor más cercano.

    —¿Y a dónde va? —preguntó la profesora Qwasba, desconcertada.

    Velko no respondió. Estaba escuchando la misma alerta del maestro Estala Maru por su auricular.

    —Todos los Jedi y personal de seguridad, diríjanse al comedor inmediatamente. Disturbios en curso. Esto es una emergencia.

    El estómago de Velko se encogió de miedo mientras corría tras Tarpfen, recordando a la chica que había estado transportando las extrañas enredaderas a aquel lugar. Plantas que le habían recordado a… ¡los Drengir!

    CONTINUARÁ…


    En el próximo número de la revista Insider veremos desatarse la violencia en la Baliza Starlight, con la Parte 2 de «Peligro Oculto», escrita por Justina Ireland. Si queréis leer los relato anteriores tenéis los enlaces a continuación:

  • Primer extracto de Out of the Shadows, la nueva novela juvenil de The High Republic

    Primer extracto de Out of the Shadows, la nueva novela juvenil de The High Republic

    Traducción por Mario Tormo

    Por fin podemos leer unas páginas de la novela escrita por Justina Ireland y que forma parte de la segunda ola de libros de La Alta República. Seguiremos los pasos de Vernestra Rwoh, a quien conocimos en Una Prueba de Valor y a la que hemos visto también en la serie de cómics de Marvel. En este extracto vemos como la joven Caballero Jedi tendrá una visión en medio del hiperespacio.


    El zumbido del hiperimpulsor encendiéndose en la pequeña nave apartó a Vernestra de sus pensamientos, y se sorprendió al encontrar a Imri mirándola con preocupación. Vernestra frunció el ceño. «¿Sucede algo?» Sacudió la cabeza. «Es simplemente una sensación. Pero no sé qué es. No me hagas caso», dijo, recostándose en su silla y cerrando los ojos mientras su respiración se iba haciendo cada vez más profunda desde que empezó a meditar. O a echarse una siesta. Vernestra no estaba segura de cuál de las dos.

    La nave dio varios golpes y traqueteos, y luego el azul del hiperespacio fluyó a través de las ventanas de la cabina. Vernestra bostezó una vez, luego dos, y lo siguiente que supo…

    Estaba en el desierto, en un planeta que nunca había visto antes. Caminó hacia adelante en un estado de ensueño, todo a su alrededor era un poco confuso e irreal.

    Oh, no, pensó, disparándose su alarma interna. Está ocurriendo otra vez.

    Vernestra era lo suficientemente consciente del momento como para saber que estaba teniendo otra de sus visiones hiperespaciales, que no había tenido desde que se convirtió en una Caballero Jedi, pero era completamente incapaz de salir de la ensoñación. Se vio arrastrada, por lo que finalmente se relajó y dejó que la visión le mostrara lo que quería.

    La arena roja del desierto dio paso a matorrales y un pequeño canal con un fino hilo de musgo azul que crecía denso en su parte más baja. Vernestra caminó a lo largo de la parte superior del risco hacia una pequeña ciudad que consistía en un puñado de edificios desvencijados. Al final del solitario camino que atravesaba la ciudad había un templo Jedi. La insignia de la Orden pintada en la fachada era lo único del entorno que Vernestra reconocía.

    Hubo disparos de blásters y la gente chilló. Un grupo de canallas disparó indiscriminadamente contra los edificios, sin encontrar oposición.

    “¡Por ​​el Strike! ¡Por la Tempestad! ¡Por la Tormenta! » gritaron. Un Jedi de piel azul salió del templo, con su sable de luz encendido y listo para la batalla.

    Alguien la estaba llamando.

    Vernestra caminaba como un fantasma, alejándose de la batalla que se libraba en la calle e internándose en las sombras de una casa de huéspedes. Una familia de ugnaughts estaban acurrucados en una habitación en la parte de atrás, con los ojos puestos en algo que había sobre la mesa.

    «¡Te dije que era una mala idea robarle a los Nihil!» le gritó la mujer al hombre. «Nos has sentenciado a muerte a todos».

    “El viejo Jedi lo arreglará”, dijo el hombre, incluso mientras se estremecía con el sonido de cada disparo de bláster. Depositado sobre una bandeja encima de la mesa había un cubo. Parecía un holocrón, pero en el exterior tenía glifos que Vernestra no reconocía, garabatos y barras en tonos negros y plateados.

    Tómalo. Encuéntrame. Tengo algo para ti, dijo una voz que Vernestra no reconoció y que definitivamente no era la suya.

    En el sueño, Vernestra intentaba alcanzar el cubo, para descubrir los secretos que contenía, por tener la oportunidad de responder la llamada…

    Imri Cantaros

    «¡Vern! Oye, ¿estás despierta?»

    Vernestra se irguió sobresaltada y parpadeó cuando los últimos retazos del sueño… ¿visión? se desvanecían. Imri estaba inclinado sobre ella y dio un paso atrás cuando Vernestra se enderezó.

    «Yo… Debo haberme quedado dormida», dijo Vernestra, frotándose los ojos y con el corazón latiendo con fuerza por la mentira. «¿Estamos todavía en el hiperespacio?»

    «No, acabamos de salir, y ahora nos dirigimos al siguiente punto de salto. ¿Estás bien?» preguntó Imri, ofreciéndole a Vernestra una mirada que contenía una docena de preguntas más.

    «Estoy genial, todo bien». Odiaba la forma en la que era sacada de su cuerpo, la falta de control mientras era trasladada de una parte de la escena a la siguiente. Pero Vernestra todavía quería tomarse un tiempo para analizar lo que había visto, meditar sobre ello y analizarlo por partes como hace con cada problema. Antes, cuando todavía era una padawan, tener uno de sus ataques la dejaba sintiéndose asustada y conmocionada, como si de alguna manera estuviera haciendo un mal uso de la Fuerza.

    Ahora Vernestra se preguntaba por qué estaba sucediendo de nuevo.

    Las visiones no eran infrecuentes para quienes estaban profundamente conectados con la Fuerza, pero el vaticinio no era un regalo; más bien, muchos usuarios de la Fuerza, lo veían como una maldición que soportar. Vernestra no era propensa al vaticinio. Esos usuarios de la Fuerza generalmente eran descubiertos muy pronto, y ninguna de sus divagaciones mentales anteriores se había hecho realidad, por lo que la visión debe ser algo completamente diferente. ¿Alguien estaba tratando de acercarse a ella? ¿Estaba viendo cosas que estaban sucediendo en ese momento? Pero, ¿cómo y por qué ahora?

    Imri, siempre sensible, fruncía el ceño mientras las dudas asaltaban a Vernestra. La miró preocupado y abrió la boca para hablar. Pero todo lo que estaba a punto de decir quedó cortado cuando la unidad de comunicaciones comenzó a pitar.

    «¿Qué sucede?» Preguntó Vernestra, levantándose y alejándose por igual tanto de la preocupación de Imri como de la persistente extrañeza de la visión.

    “Parece que el templo de Tiikae ha enviado una solicitud de ayuda. Informan de varios atacantes Nihil saqueando y amenazando a la población local».

    «¿Cómo de lejos está?» Preguntó Imri, acercándose por detrás de Vernestra. Podía sentir las preguntas que él quería hacerle, pero por ahora lo dejaría para más adelante. Este no era el momento para reflexionar sobre sus habilidades incontrolables.

    «No muy lejos», dijo Reath, frunciendo su pálida ceja por la preocupación. «Deberíamos ayudar».

    «De acuerdo», dijo Cohmac. “Reath, actualiza nuestra ruta. Vern e Imri, ¿puedo comprometeros como superior para ahorrar tiempo? Por el mensaje, parece como si el ataque acabara de comenzar».

    “Por supuesto, maestro Cohmac. Haremos lo que podamos. Vamos,» le dijo Vernestra a Imri. «Cuanto antes podamos detener a estos Nihil, mayores serán las posibilidades de que no haya demasiadas víctimas».

    «Yo también iré», dijo Reath mientras terminaba de introducir el nuevo destino. Desabrochó el cinturón de seguridad de su asiento. «La nave sólo necesita un piloto para aterrizar».

    «Una vez que estemos en el centro de la batalla, abriré la rampa de carga», dijo el Maestro Cohmac. «Parece que voy a sacar a dar una vuelta este elegante conjunto».

    Vernestra asintió y los tres Jedi corrieron hacia la rampa de carga. Dejó a un lado lo extraño de su visión para ponerse con ella más tarde y centró toda su atención en la batalla que tenía por delante.

    Era hora de recordarle a los Nihil que los Jedi no tolerarán su violencia.

    Vernestra entregó comunicadores a Imri y Reath para que se los pusieran en las orejas antes de colocarse el suyo. Después de una rápida comprobación de las comunicaciones para asegurarse de que podía escuchar no solo a Imri y Reath, sino también al Maestro Cohmac, cogió su sable de luz y respiró hondo, centrándose en la Fuerza. Vernestra no estaba muy preocupada por Reath, sabía que era lo suficientemente capaz, pero se volvió hacia Imri.

    «¿Crees que lo tienes controlado?» le preguntó. Imri era un luchador competente, pero aun así Vernestra tendía a preocuparse por él. Le preocupaba que cada batalla dejara más huella en Imri de la que debería. No era un cobarde, pero le faltaba el fuego de los Jedi como al maestro trandoshano Sskeer.

    Imri sacó su sable de luz de la funda y se la pasó de una mano a otra, girando la empuñadura para flexibilizar su muñeca. «Vamos a hacernos cargo de esos Nihil».

    Reath asintió y cambió de postura, pero no dijo nada.

    La puerta del muelle de carga se abrió lentamente y todos miraron el paisaje bajo ellos. El maestro Cohmac mantuvo la nave a unos diez metros del suelo. Estaban sobre una ciudad en medio de un desierto. Las cubiertas se curvaban formando cúpulas pintadas de vivos colores, y debajo de ellos estaba la plaza del mercado con una fuente y varios combatientes. Llovían disparos de bláster desde las ventanas hacia abajo y volaban en horizontal desde las puertas, y en medio del caos, un Jedi solitario con los ropajes de templo color marfil rechazando disparos de bláster con su sable de luz verde brillante difuminado mientras se movía. Parecía estar luchando completamente solo.

    El aroma caluroso y la arena bronceada hicieron que Vernestra parpadeara estúpidamente durante un largo momento. Conocía este lugar, aunque lo había visto desde un punto de vista diferente la última vez.

    La ciudad era la que acababa de ver en su visión.

    Out of the Shadows se publica en Estados Unidos el próximo 27 de Julio de 2021.

    Fuente: Nerdist

  • Segundo Extracto de The High Republic: Carrera a Torre Crashpoint

    Segundo Extracto de The High Republic: Carrera a Torre Crashpoint

    Traducción por Mario Tormo

    Os traemos la traducción exclusiva del segundo extracto de la novela de Daniel José Older, perteneciente a la segunda ola de material que está a punto de llegar como parte de la primera fase de La Alta República. Este sería el segundo adelanto si no tenemos en cuenta el que aparece al final del libro Un prueba de valor. Si queréis leer el anterior extracto lo tenéis disponible aquí.

    Aunque la padawan Lula Talisola ha estudiado arropada por maestro Jedi Yoda, luchando a su lado contra su propia porción de tiranos, aún lidia con los principios Jedi. Con esta descripción nos introducen este extracto en la web de Star Wars. Carrera a Torre Crashpoint, la inminente nueva novela juvenil de la Alta República escrita por Daniel José Older tendrá a la padawan Lula, a su maestro Kantam Sy y a su amiga sensible a la fuerza Zeen viajando de vuelta al hogar de ésta última, Trimant IV, para saber más sobre el ataque Nihil que pudimos leer en el primer arco de los cómics The High Republic Adventures (tenéis reseñas de esos números #1 y #2). El libro sale en Estados Unidos el 29 de Junio.


    El Maestro Jedi Kantam Sy caminaba de un lado a otro de la cubierta del Star Hopper mientras PZ1-3 se aproximaba cada vez más a Trymant IV. Sy era alto y delgado, con pómulos afilados y un impresionante moño. Parecía mayor de la edad que realmente tenía, y en parte era porque solía caminar sorprendentemente lento, como forma de meditación. Pero Lula había visto al Maestro Sy en acción, y ese comportamiento amable y relajado desaparecía en cuanto había vidas en juego.

    Kantam Sy
    El Star Hopper

    Lula y Zeen se sentaron en sus puestos. Era extraño ser los dos únicos jóvenes en el Hopper. El puente normalmente estaba plagado de risas y parloteo, Farzala haciendo bromas y Qort explicando algo complicado mientras los demás chismorreaban o intercambiaban consejos. Pero todos los demás estaban luchando contra un ejército de criaturas de plantas carnívoras llamadas Drengir, y sólo quedaban Zeen y Lula.

    Las estrellas brillaban en la oscuridad en el exterior de la cúpula transparente que cubría todo el nivel superior del Hopper. Lula y sus amigos a veces iban allí de madrugada con sus sacos de dormir y se acostaban boca arriba, viendo pasar la galaxia.

    “Atentos, atentos”, dijo el Maestro Sy, ya preparado para la acción. «Aterrizaremos en un momento. La última vez que estuvimos aquí las cosas fueron muy diferentes, por supuesto. Tuvimos algunos enfrentamientos… ”

    «Casi mueren un montón de ciudadanos», agregó Lula amablemente.

    «¡E hice un nueva amiga!» Dijo Sy, mostrando una triunfal sonrisa a Zeen. “Ahora estamos aquí por una razón muy específica, y es para seguir una pista de la Jedi Vernestra Rwoh. Dejo que ella os cuente».

    Una pequeña imagen azul de una chica, no mucho mayor que Lula, apareció parpadeando en el holograma. ¿Esa era Vernestra Rwoh? Tenía un rostro esbelto y amable y el cabello largo y liso. Llevaba el ropaje tradicional del templo, sencillo y ornamentado, y estaba de pie con la espalda muy erguida. Pero, ¿cómo podía ser tan joven? Un punzante emoción se despertó dentro de Lula, y trató de apaciguarla. Envidia. Ciertamente una sensación muy poco típica de un Jedi. Arrugó la nariz por el esfuerzo de controlar sus emociones.

    Desde que tenía memoria, Lula Talisola había estado decidida a ser la Jedi más grande de todos los tiempos. Sabía que esta ambición no era propia de un Jedi, esta tampoco, pero supuso que iba a tener tiempo para conseguir mantenerla bajo control entre todos sus otros entrenamientos. Y de todos modos, si entrenaba lo suficiente y sobresalía en todas las habilidades posibles, no tendría que preocuparse por convertirse en la mejor ¡Sería la mejor!

    Así que estudió, entrenó y meditó, al menos, el doble que todos los demás padawans que conocía. Se mantuvo en la primera posición de su clan. Supuso que iba por el buen camino, por regla general. Aunque conocer a Zeen, ver lo que podía hacer con la Fuerza, incluso sin entrenamiento, sí que había embajonado a Lula al principio. Pero Zeen se había convertido rápidamente en una de sus mejores amigas, y Lula descubrió que no debía preocuparse pensando en la asombrosa Jedi en la que Zeen podría haberse convertido, si se hubiera criado en la Orden Jedi en lugar de haber estado ocultando su sensibilidad a la Fuerza. No cuando se estaban divirtiendo tanto juntas.

    ¡Pero Vernestra ya se había convertido en una auténtica Caballero Jedi y era muy joven!¿Quién era esta chica?

    Un fuerte empujón de Zeen sacó a Lula de su maraña de aturullamiento mental.

    «¡Ay! ¿Qué?» Susurró.

    «Lo estás haciendo otra vez», le respondió Zeen.

    «¿Haciendo qué?»

    «¡Pensar demasiado en algo y no prestar atención a lo que sucede a tu alrededor!»

    Lula estaba muy molesta porque su amiga tenía razón. «¿Cómo lo sabes?»

    «Estás rechinando los dientes».

    «Y así», explicaba Vernestra, «examiné más a fondo los archivos del desastre de Trymant IV y descubrí la historia de vuestro grupo y Zeen Mrala». Asintió con la cabeza hacia Zeen, quien le respondió con un tímido saludo. “Los asaltantes Nihil con los que entraste en contacto podrían tener algo que ver con los que me enfrenté en Wevo. Por lo que tengo entendido, su ataque a Trymant IV no siguió sus habituales patrones de asalto».

    Zeen Mrala y Krix Kamerat en Trimant IV

    Pasaron unos instantes incómodos; la joven Jedi miraba directamente a Zeen. Lula se dio cuenta de que estaba esperando a que Zeen dijera algo. Pero los zarcillos de la cabeza de Zeen apuntaban directamente hacia abajo, se habían tensado y su ceño estaba fruncido. Todo el lío con Krix y todo lo que había sucedido desde entonces era demasiado como para profundizar en ello, especialmente con una Jedi desconocida y a través de un holograma parpadeante.

    «¿Es, eh, cierto», dijo Vernestra, con una voz repentinamente suave e insegura, «que uno de tus amigos más cercanos se escapó con los asaltantes enmascarados?»

    Zeen asintió, con la cara completamente enfurruñada.

    «Creemos que el anciano que los Nihil rescataron de la Emergencia en Trymant IV…»

    «Anciano Tromak», dijo Zeen.

    «Sí.» Vernestra parecía solemne. “Creemos que podría haber tenido algún tipo de conocimiento ancestral que los Nihil andaban buscando… El maestro Yoda fue a investigarlo, creemos…»

    «¿Todavía no sabéis nada de él?» Preguntó Lula, tratando de no parecer demasiado preocupada. Lula pensaba que el Maestro Yoda era el mejor Jedi que había conocido la galaxia, y había estado con ella y los otros padawans durante la mayoría de sus aventuras en el Star Hopper. Nada había sido lo mismo sin él alrededor, pero siempre había creído que volvería.

    «Nada», dijo Vernestra. «Pero mientras tanto debemos seguir investigando». Se volvió hacia el Maestro Sy y asintió respetuosamente. “Esperamos que tú y tus padawans podáis investigar por nosotros, maestro Sy. Y con la ayuda de Zeen, tal vez podáis obtener algunas respuestas de los ancianos que no se llevaron los Nihil».

    «Lo haremos lo mejor que podamos», dijo el Maestro Sy. «¿Verdad, Zeen?»

    «Sí, Maestro Sy.»

    “Estoy seguro de que ya sabeis”, dijo Vernestra, “que estos asaltantes son despiadados, impredecibles y extremadamente peligrosos. No creemos que quede ninguno aún en el sistema Trymant, aunque eso no significa que no puedan volver».

    “Lo sabemos,” dijo el Maestro Sy, quizás con un toque de orgullo en su voz. «Mis padawans ya se han enfrentado a ellos varias veces».

    «Entrando en el sistema Trymant», anunció PZ1-3 desde el asiento del piloto.

    Vernestra asintió con la cabeza hacia Sy, luego se volvió hacia Lula y Zeen. «Que la Fuerza os acompañe a todos». Y desapareció.

    «Oh, queridos», dijo PZ1-3, y todos lo miraron. El droide se giró en su asiento y fijó sus brillantes ojos en Zeen. «Escuchamos informes de que el desastre había causado graves daños a la ecología del planeta, pero no teníamos idea del alcance de ese asalto».

    «¿Qué?» Gritó Zeen, corriendo hacia la ventana frontal. Jadeó, con una mano en el hombro de PZ1-3.

    Lula estaba justo detrás de ella. Trymant IV había sido un planeta de bosques frondosos, con sus ciudades encajadas entre árboles altísimos y lagos gigantescos; redes enteras de ríos se habían extendido a lo largo de la superficie, brillantes venas azules que se podían ver desde varios kilómetros de altura.

    Ahora no parecía nada más que un polvoriento desierto rojo.


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  • Segundo extracto traducido de The Rising Storm, la nueva novela de The High Republic de Cavan Scott

    Segundo extracto traducido de The Rising Storm, la nueva novela de The High Republic de Cavan Scott

    Traducción Mariana Paola Gutiérrez Escatena
    Corrección por Mario Tormo

    Estimados bibliotecarios os dejamos aquí esta traducción exclusiva del nuevo extracto de The Rising Strom de Cavan Scott que saldrá a la luz el 29 de junio de este año. Esperamos que lo disfruteis, la verdad es que es un pequeño adelanto muy revelador. Podéis leer el anterior extracto aquí.

    Elzar Mann es un hombre consumido por una visión que no puede comprender del todo. El dolor y el sufrimiento, los rostros de sus amigos más queridos y de personas que aún no conoce, se arremolinan a su alrededor. Pero, ¿qué significa esto?

    Los gritos nunca habían abandonado a Elzar Mann. Habían pasado muchos meses desde la ceremonia de inauguración del Faro Starligth, desde que estuvo junto a sus compañeros Jedi. Desde que estuvo junto a Avar Kriss.

    Los ojos de la galaxia estaban puestos en ellos, con sus galas de templo, y el maldito cuello de la camisa que le picaba mientras escuchaba los discursos y frases trilladas, primero de la canciller Lina Soh, líder de la República Galáctica, y luego de Avar. Su Avar. La heroína de Hetzal.

    El Faro era su compromiso con la galaxia, había dicho Avar. Era su pacto. Todavía podía escuchar sus palabras.

    Siempre que os sintáis solos… siempre que la oscuridad aceche… sabed que la Fuerza estará con vosotros. Sabed que estamos con vosotros… Por la luz y la vida.

    Por la luz y la vida.

    Pero eso no impidió que la oscuridad se cerniese más tarde ese mismo día. Una ola de dolor y sufrimiento, una visión del futuro demasiado terrible como para comprenderla. Se había tambaleado, agarrado a una barandilla, y la nariz le había empezado a sangrar, mientras la presión en su cabeza amenazaba con partirle el cráneo en dos.

    Lo que había visto lo había perseguido desde entonces. Le había consumido.

    Jedi muriendo uno por uno, atrapados por una retorcida e impenetrable nube. Stellan. Avar. Todos los que había conocido en el pasado y todos los que conocería en los días venideros. Rostros, tanto familiares como extraños, desgarrados.

    Y los gritos.

    Los gritos eran lo peor.

    Había pasado el resto de la velada aturdido, dejándose llevar, no del todo presente, con el eco de lo que había visto… lo que había oído… grabado a fuego en su mente. Había habido errores, unas cuantas copas de más de Kattadan rosado en la recepción, Avar reclamando ese baile que había mencionado, Elzar acercándose con demasiada impaciencia, demasiado públicamente.

    Todavía podía sentir la mano de ella en su pecho, empujándolo hacia atrás.

    «El ¿Qué estás haciendo?»

    Habían discutido, en privado, con su cabeza todavía dando vueltas.

    «Ya no somos padawans».

    Habían pasado meses desde que la volvió a ver, y cuando lo hizo, el ambiente era tan frío como un amanecer en Vandor. Avar había cambiado con él. Estaba más distante. Preocupada por sus nuevos deberes como mariscal del Faro Starlight.

    O quizás era él quien estaba preocupado. Elzar había meditado sobre la visión día y noche desde la inauguración. Debería haber ido a ver a Avar, para disculparse y pedirle consejo, o si no a ella, a Stellan Gios, su amigo más antiguo, pero Stellan tenía sus propias obligaciones. Ahora era miembro del Consejo, responsable de guiar a la Orden en su conjunto. No tendría tiempo. Además, pedir ayuda no era el estilo de Elzar. Elzar Mann era del tipo que resuelve los problemas, no del que los plantea. Él encontraba soluciones. Respuestas. Nuevas formas de conseguir hacer un trabajo. Así que Elzar hizo lo que siempre había hecho: Tratar de resolver el problema solo.

    Primero había consultado los Archivos del Gran Templo, estudiando detenidamente los innumerables archivos de texto y holocrones de la colección, llegando incluso a intentar descifrar los misterios del Códice Ga’Garen, el antiguo grimorio cuyo texto había confundido a los lingüistas durante miles de años.

    Incluso entonces, sentado en los Archivos, bajo la atenta mirada de las estatuas de los Perdidos, Elzar había oído los gritos en las profundidades de su mente, había visto los rostros de los asesinados en cada reflejo o padawan que pasaba.

    El Códice lo había traído aquí, a Ashla, la luna principal de Tython. Los antiguos habían llamado a esta franja de tierra la Isla del Retiro, que era exactamente lo que necesitaba si quería comprender plenamente lo que había visto. Necesitaba soledad, concentración. La gota que colmó el vaso fue recibir un mensaje del antiguo Maestro de Stellan, la estimada Rana Kant, felicitándolo por su ascenso a Maestro Jedi. Además, el Consejo tenía un destino para él; iba a ser mariscal del puesto de avanzada Jedi en Valo, en el límite del sector Rseik.

    ¿Él? ¿Un mariscal? ¿Cómo podían estar tan ciegos? ¿No podían ver que no estaba preparado? ¿No podían ver lo preocupado que estaba?

    Elzar caminó hacia el océano, sintiendo la cálida arena bajo sus pies, despojándose de su túnica exterior a medida que se acercaba al agua. Sí, esto era mejor. Aquí era donde finalmente vería la verdad. Donde finalmente entendería. No se detuvo en la orilla, sino que se adentró con decisión entre las olas. Hasta las rodillas. Hasta la cintura. Pronto estuvo nadando hacia el mar, deteniéndose sólo cuando ya no podía ver tierra. Giró lentamente, flotando en el agua, rodeado sólo por el mar y la propia Fuerza.

    Era el momento.

    Elzar respiró hondo y se impulsó bajo las olas, con los ojos cerrados, con el agua entrando en sus oídos y bloqueando cualquier otro sonido.

    Muéstrame.

    Guíame.

    Dame las respuestas que busco.

    No hubo nada. Ninguna revelación. Ninguna respuesta.

    Se impulsó con los pies hacia arriba, llenando de aire sus pulmones antes de volver a sumergirse.

    Estoy aquí.

    Quiero aprender.

    Necesito entender.

    Nada cambió.

    ¿Dónde estaban las respuestas que se le habían prometido? ¿Dónde estaba el conocimiento?

    Repitió el ritual, tomando aire, volviendo a sumergirse, dejando que el océano lo tragara entero. Una y otra vez, y…

    Fue como dar con una bolsa de aire. De repente no se hundía, estaba corriendo, con sus compañeros Jedi a su lado mientras las pesadillas les pisaban los talones. No estaban en el agua, sino en la niebla. Espesa. Ácida. Impenetrable. Nada tenía sentido. Ni el caos, ni el pánico.

    Ni el miedo.

    Abrió la boca para gritar y le cayó agua de un mar lejano, de un mundo diferente, de un tiempo diferente.

    ¿Qué es esto?

    ¿Dónde está esto?

    ¡Háblame!

    Y la Fuerza habló con tal fortaleza que Elzar acabó en un remolino, con sus ojos escociéndole por el destello de imágenes pasando por delante de ellos como un rayo púrpura.

    Avar.

    Stellan.

    Un tholothiano… ¿Indeera Stokes? No, faltaba uno de sus zarcillos, una cara desconocida desfigurada por la rabia.

    Huesos astillados.

    Piel resquebrajándose.

    Ojos nublados, sin poder ver.

    Y los gritos. Los gritos eran más fuertes que nunca. Más duros que nunca. Y su grito fue el más fuerte de todos.

    ¿Dónde?

    ¿Dónde?

    ¿DÓNDE?

    Los hombros de Elzar se agitaron mientras sus pulmones escupían el agua de mar. Estaba de vuelta en la orilla de Ashla, con la sal secándose en su piel, calcinada por el sol abrasador. Miró a su alrededor, con los ojos todavía borrosos, tratando de enfocar y ver la dorada arena que se extendía a ambos lados de él, Y wingmaws volando en círculos sobre el cielo, listos para arrancarle la carne de los huesos. Pero aún no estaba muerto. Ninguno de ellos lo estaba.

    Se incorporó y se tambaleó hacia su Vector, recogiendo su túnica mientras avanzaba. Necesitaba alejarse de Ashla. Necesitaba dejar el Núcleo. La Fuerza había hablado. Ya había respondido a su pregunta, sólo tenía que haber escuchado.

    Un nombre, un planeta, donde por fin podría arreglar las cosas.

    Valo.


    Star Wars: The High Republic: The Rising Storm está escrita por Cavan Scott y se publica el 29 de Junio en Estados Unidos. Si queréis conocer más detalles de esta novela podéis consultar los siguientes enlaces: