Traducción del segundo relato de The High Republic de la revista Star Wars Insider

Traducido por Mariana Paola Gutiérrez Escatena
Corregido por Mario Tormo Tavira

Segunda parte del relato canon exclusivo de la revista Star Wars Insider, que nos trae la conclusión de la historia de Joss y Pikka que no vimos en la novela de The High Republic Light of the Jedi. Escrito también por Charles Soule este relato en dos partes es un complemento perfecto al superventas de la nueva era de la saga. Si os perdisteis la primera parte, podéis leer la traducción que os ofrecimos en exclusiva aquí.

Previamente:
Habiendo conseguido detener un problema catastrófico, que amenazaba con destruir la Estación Starlight antes de que pudiera comenzar su esperanzadora misión, los ingenieros Joss y Pikka Adren acabaron luchando salvando vidas frente a una nueva y mortal amenaza para la paz en la República. Los Nihil.


Starlight:
VAMOS JUNTOS
(Segunda parte)

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana….


Pikka Adren observó la habitación, sintiendo la reconfortante presencia de su marido justo detrás de ella. Joss, por una vez, estaba callado, lo cual era bueno, teniendo en cuenta quienes esperaban en la mesa. No tenían pinta de ser el tipo de personas con las que charlar un tato.

Ella y Joss ya habían estado en esta estación antes. La Estación Starlight, la enorme instalación construida en el Borde Exterior como una de las Grandes Obras de la Canciller Lina Soh, emblema de la República Galáctica. Pero desde la última vez que estuvieron aquí, el camino que ella y su marido habían tomado les había llevado a lugares increíbles, y habían hecho cosas que ella aún no podía creer que hubieran logrado, o incluso sobrevivido. Como resultado, ahora se encontraban en una elegante sala de conferencias, convocados a una especie de reunión informativa con una buena parte de los más altos dirigentes de la República. La propia Canciller Soh estaba sentada a la cabeza de la mesa, acompañada a su derecha por una mujer rubia vestida con túnicas blancas y doradas: la Maestra Jedi Avar Kriss, el miembro de más alto rango de su Orden destinado a Starlight.

Pikka conocía a la maestra Kriss de una batalla espacial en la que ambos habían participado recientemente. ¡Una batalla espacial! ¿Qué terribles pecados había cometido en una vida anterior para encontrarse luchando en una batalla espacial? Ella y Joss eran básicamente trabajadores de la construcción de alto nivel. Habían ayudado a completar el Faro Starlight, de hecho.

En realidad, no tenía a nadie a quien culpar mas que a sí misma. Ella y Joss se habían ofrecido como voluntarios para luchar en la batalla de Kur. Al recordar la sensación de aquella batalla (el caos, la intensidad, el miedo), Pikka sintió temblores y se obligó a recuperar la calma. Sea cual sea la razón por la que ella y su marido habían sido convocados, ella y Joss habían querido ayudar. Eso era todo.

A la izquierda de la canciller, un oficial de alto rango de la Coalición de Defensa de la República llamado Almirante Pevel Kronara, de pelo plateado y uniforme gris y azul, y Pikka también lo conocía un poco. Un buen soldado de carrera, sencillo y enormemente competente.

El resto de los asientos estaban ocupados por una combinación de oficiales del gobierno y de la coalición; conocía al senador Izzet Noor, pero los demás eran nuevos para ella. Sin embargo, había un montón de esos uniformes grises y azules de la RDC. Pikka frunció un poco el ceño. Demasiados guerreros para una galaxia supuestamente en paz.

“Bienvenidos”, dijo la Canciller Soh. “Por favor, siéntense. Queremos terminar con los informes lo antes posible”.

Joss y Pikka entraron, sacaron dos sillas y se sentaron. El mensaje que habían recibido, de uno de los ayudantes de Kronara, era vago, y sólo indicaba que se solicitaba su presencia para ayudar a elaborar un informe posterior a la batalla de Kur. Aunque Pikka no tenía mucho interés en revivir aquellos momentos, comprendía la importancia de transmitir sus impresiones sobre el combate.

Pero ella y su marido se habían imaginado una entrevista rápida con un funcionario del CDR, no una audiencia con algunas de las personas más importantes de la galaxia. Esto parecía una especie de interrogatorio, ¡o un juicio! Ella estaba agotada y Joss también. Ninguno de los dos había dormido bien desde Kur, y quizá se habían excedido en la ceremonia de inauguración de la Estación Starlight la noche anterior. Se sentía como una sombra, apenas presente, su insustancialidad subrayada por el brillo de todos los demás en la sala.

“Pues… buenos días”. Dijo Joss. “Si hubiera sabido que esta sería una ocasión formal, me habría lavado los dientes. ¿De qué se trata exactamente?”

Pikka hizo una mueca.

Avar Kriss sonrió.

“Lo entiendo”, dijo. “Yo también estuve despierta hasta tarde anoche. Menuda fiesta. Sé que esto no es lo que ninguno de nosotros quiere hacer esta mañana, pero no tardaremos mucho. Los dos fuisteis fundamentales para ayudar a derrotar a los Nihil en Kur. Tenemos algunas preguntas sobre cómo lo hicisteis”.

Pikka intercambió una mirada con su marido, y luego volvió a mirar a la Jedi y se encogió de hombros.

“Sólo intentamos mantenernos vivos”, dijo. “No hay mucho más que añadir”.

“No estoy de acuerdo”, dijo el almirante Kronara. “Pilotasteis uno de nuestros Longbeams, como parte de la flota de la Coalición de Defensa de la República, reunida para enfrentarse a un grupo de merodeadores del Borde Exterior llamados Nihil”.

“Ayudasteis a hacer justicia por las miles de millones de vidas inocentes cercenadas por sus salvajes ataques”, añadió la canciller Soh de forma sombría, aunque con cierto todo de aprobación, sobre lo adecuado de las consecuencias.

“Así es”, aceptó Kronara.

Pulsó un botón en la mesa y un droide de comunicaciones flotante proyectó una imagen bidimensional. Era un poco tosca, más gráfica que realista, pero Pikka reconoció inmediatamente lo que mostraba.

A su lado, Joss gruñó. Él también lo había reconocido.

La Nebulosa de Kur. Y en una zona no muy lejana a su centro, un vasto conjunto de naves de guerra representadas con símbolos de colores brillantes. Las fuerzas de la República en verde: varios cruceros de la RDC, incluida la nave insignia del almirante Kronara, el elegante Tercer Horizonte de clase Emisario, junto con una amplia dotación de naves de ataque más pequeñas, los Longbeam de tamaño medio y los cazas Incom Z-28 Skywing de un solo piloto. El crucero Jedi Ataraxia, y su propio despliegue de los pequeños y ágiles Vectores, cada uno con un piloto Jedi al timón, todos en azul. Y los Nihil, en rojo, con sus feas naves cubiertas de pinchos, cada una de ellas con tres relámpagos brillantes en el casco. Las naves Nihil eran como dientes rotos en una mandíbula enferma.

Ella y Joss también estaban en alguna parte de ese batiburrillo. Uno de esos Longbeam era el suyo, el Aurora III, con Pikka navegando y manejando los sistemas de armas y Joss en el asiento del piloto. Volando, luchando, intentando desesperadamente mantenerse con vida.

Pikka apretó su mano temblorosa. Podía sentir los controles de las armas bajo sus dedos, ver los objetivos Nihil en su pantalla. Su cabina inundada por la luz verde de la nebulosa, sin saber si estarían vivos diez segundos después. Podía oír a Joss, gritando…

***

“Por la luz… ¿qué están haciendo?” gritó Joss.

Mirando desde la cabina del Longbeam pudo ver una de las naves Nihil, una cosa grande y voluminosa. Pensó que tal vez fuera un carguero de residuos reconvertido, y esa sospecha se vio reforzada cuando la nave abrió su compartimento de carga y liberó un horrible mar de lodo a su paso.

Otro Longbeam y dos Skywings iban tras una nave Nihil, todos moviéndose a tal velocidad que no tuvieron oportunidad de esquivarlo. Volaron directamente hacia la nube de asquerosa suciedad marrón grisácea, que se incendió a causa de los motores, y las tres naves de la República se convirtieron en bolas de fuego.

Qué manera tan horrible, repugnante y deshonrosa de morir. Y esa tampoco era la peor táctica que los Nihil estaban usando.

Los Nihil luchaban como bestias, como animales acorralados, intentando todo lo que podían para destruir, para matar. Utilizaban cañones láser, misiles y torpedos, pero eso era sólo el principio. Algunas de sus naves expulsaban gas radiactivo de sus reactores, envenenando a los pilotos que tenían la mala suerte de atravesarlo.

Otras, fuertemente blindadas, intentaban embestir de manera activa y deliberada a las naves de la República.

Joss recibió comunicaciones de otros pilotos de la flota llenos de pánico. Ninguno de ellos era un cobarde, ni mucho menos, pero nadie había luchado nunca contra algo así.

Un torpedo de protones salió del arsenal del Longbeam y un pequeño y feo caza Nihil desapareció. “¡Buen tiro, Pikka!” gritó Joss.

Su mujer no contestó. Se mantuvo concentrada en la tarea que tenía entre manos. Eso era bueno. Ambos necesitaban hacerlo. Él volaba, ella elegía los objetivos. Y estaba funcionando. Mientras Joss miraba su pantalla táctica, tenía la sensación de que los Nihil estaban perdiendo, lenta aunque innegablemente. La disciplina y el entrenamiento del RDC estaban superando la voluntad de los Nihil de luchar sucio.

Algo sucedió.

Los iconos rojos que representaban a las fuerzas Nihil comenzaron a parpadear, desapareciendo y reapareciendo. Joss golpeó el puño contra la consola, pensando que tal vez había un cortocircuito (nada como un buen golpe para arreglar un cable mal asentado), pero nada cambió, excepto que ahora las naves de la República y de los Jedi comenzaron a desaparecer de la pantalla.

No era tan dramático cuando eran pequeños iconos en una pantalla, pero… Joss miró hacia arriba. Pudo ver lo que estaba sucediendo con sus propios ojos, y fue horroroso. Increíble. Las naves Nihil realizaban lo que parecían micro-saltos a través del hiperespacio, pequeños saltos que las hacían imposibles de apuntar, desapareciendo y reapareciendo a cortas distancias. Y, a su alrededor, las explosiones que estallaban en la negrura del espacio, mientras gente buena moría tratando de hacer lo correcto.

***

Pikka miró la proyección que había sobre la mesa de conferencias, recordando el horror de aquel momento, al darse cuenta de que su enemigo era capaz de algo que ellos no, y no tenían forma de combatirlo.


“Todavía no sabemos cómo lo hicieron los Nihil”, dijo el almirante Kronara, “pero sabemos que la táctica fue devastadora en el lugar de batalla. Sólo los Jedi parecían capaces de luchar eficazmente contra ellos, a través de sus reflejos y velocidad mejorados.”

“A través de la Fuerza”, dijo Avar.

Kronara asintió con fuerza en señal de reconocimiento, y luego se volvió hacia Pikka y Joss.

“Me he expresado mal”, dijo el almirante.

“Los Jedi no eran los únicos pilotos que parecían capaces de contrarrestar los micro-saltos de los Nihil”.

Señaló hacia el final de la mesa, directamente a ellos.

“Vosotros también lo lograsteis. Vuestro Longbeam fue capaz de reaccionar y maniobrar con una precisión y velocidad superiores a las del resto de nuestra flota. Donde otros perecieron, vosotros dos sobrevivisteis. Necesitamos saber cómo lo hicisteis”.

Pikka tragó saliva. Miró a su marido.

“¿Puedes creer que simplemente somos así de buenos?” dijo Joss.

“Probablemente no”, dijo Kronara.

“Tal vez usamos la Fuerza”, dijo.

“En cierto modo, todos los seres vivos utilizan la Fuerza”, dijo Avar. “Pero no. No la usasteis”.

La canciller Soh habló, las primeras palabras que dijo desde que les dio la bienvenida.

“Joss, Pikka. Necesitamos saber qué habéis hecho. ¿Fue suerte, o algo que podamos replicar? Algo que podría salvar otras vidas en posibles combates futuros”.

“Pero los Nihil han desaparecido. Todas sus naves fueron destruidas en la batalla.”

“Sí”, dijo la canciller. “Lo sé. Aún así. Complacednos”.

Pikka miró a Joss. Se encogió de hombros.

“Díselo”, dijo.

***

Joss miró las caras tensas, serias y con el ceño fruncido que estaban sentadas alrededor de la mesa. Los únicos que parecían relajados eran la canciller y el mago del espacio, lo cual tenía sentido: eran los más poderosos de la sala. Suspiró. Estaban atrapados.

“Hemos hackeado los sistemas de seguridad del código operativo del Longbeam”, dijo. “Bueno, en realidad…”

Señaló con el pulgar a Pikka.

“… ella lo hizo.”

“Muchas gracias”, murmuró su esposa.

“Hackear equipos militares de la República conlleva duras penas”, dijo uno de los oficiales del RDC.

“¿Más alto que morir?” Respondió Joss acalorado. “Pikka y yo somos expertos. Así nos ganamos la vida. Desciframos sistemas y pensamos en formas de mejorarlos. Tanto si se trata de una estación espacial como de una nave estelar, a los dos nos gusta saber cómo funcionan las cosas. No íbamos a llevar uno de vuestros Longbeams a una batalla si no sabíamos lo que podía hacer”.

Miró a Pikka, asintió con la cabeza para que continuara.

“Así que, sí. Hackeé el código de operaciones. Eso es todo. No cambié nada”.

“Bueno…” dijo Joss.

Pikka lo fulminó con la mirada y luego respiró profundamente. Miró la pantalla de batalla, recordando.

***

“¡Desacopla los propulsores!” Le gritó Joss.

“¿Qué?” Pikka frunció el ceño.

“¡Eso que encontraste en el código!” dijo mientras la nave se sacudía bruscamente, probablemente evitando, por poco, una ardiente y agonizante muerte.

Entendió lo que quería decir. Cuando accedió al código del Longbeam en el Tercer Horizonte, antes de que lo sacaran, había visto que todos sus propulsores estaban controlados por ordenador, conectados entre sí para asegurar una maniobra suave. Pero era posible, con varios elegantes atajos, desvincularlos. De modo que cada propulsor pudiera funcionar de forma independiente, bajo control manual.

Pikka introdujo los comandos, y de repente el control de la nave resultó… más sencillo. Más maniobrable.

“Muy bien”, oyó decir a Joss.

“Esto funciona. Veamos que es lo que puede hacer realmente este trasto”.

El Longbeam se movió de nuevo, esquivando, zigzagueando por el espacio. Se notaba distinto, vivo, de una manera distinta que antes.

Joss gruñó en señal de aprobación, y luego voló, y Pikka luchó, y a su alrededor, las naves Nihil explotaban, y de alguna manera, increiblemente, sobrevivieron.

***

“¡Esos sistemas están conectados para evitar el sobreesfuerzo de la estructura del Longbeam! Podría haberse partido”, dijo otro oficial del RDC.

Joss puso los ojos en blanco. Abrió la boca para contestar, pero Pikka se adelantó.

“No con Joss al timón”, dijo sencillamente, escueta y segura.

“Tengo bastante idea de lo que puede soportar una nave”, dijo Joss.

Se hizo el silencio en la mesa mientras los asistentes reflexionaban.

“Por que…” decía el Almirante Kronara, “hackeasteis nuestra nave para salvar nuestra nave”.

Joss asintió.

“Supongo que sí”.

El almirante miró a la canciller.

“Gracias a los dos”, dijo la mujer más poderosa de la galaxia. “Pueden marcharse”.

***

Pueden marcharse“, dijo Joss, imitando perfectamente el tono de la canciller mientras deambulaba por su habitación temporal “¿Qué demonios fue eso? ¡Les estábamos haciendo un favor luchando en esa batalla! No somos soldados. Simplemente estábamos tratando de ayudar. Desde el desastre del Legacy Run hasta Kur, todo lo que hemos hecho es intentar ayudar. ¡Y ahora nos tratan como criminales!”

“No pasa nada”, dijo Pikka. “No importa. Se acabó, y no parece que vayan a hacernos nada por hackear el Longbeam”.

“Pffff”, dijo Joss. “No puedo creer que nos hayamos levantado temprano para esto. De hecho, nos hemos saltado el desayuno…”

Se levantó.

“Vamos a comer. Me muero de hambre, y ya sabes lo buena que es la comida en Starlight. Vayamos a una cantina, y luego buscamos un transporte de vuelta a Coruscant para hacer ese pequeño viaje que tenemos planeado, ¿te parece?”

Pikka se desperezó y se frotó los ojos, tratando de encontrar un poco de energía.

“Vale Joss”, dijo. “Me vendría bien una taza de café”.

Sonó el timbre de su puerta, y ambos miraron en esa dirección. Frunciendo el ceño, Joss pulsó el mando de control. La puerta se abrió y apareció el almirante Kronara.

“¿Puedo entrar?” Dijo. “No tardaré mucho”.

“¿Nos va a meter en el calabozo?” dijo Joss. “Una advertencia, no me va bien en las jaulas”.

“Estoy seguro de que eso es cierto”, dijo el almirante. “No. Tengo una oferta para vosotros”.

“Déjalo entrar, Joss”, dijo Pikka, y su marido se hizo a un lado.

La puerta se cerró detrás de Kronara, y comenzó a hablar.

“Voy a hacerlo sencillo”, dijo. “No estamos seguros de que los Nihil que destruimos en Kur representen la totalidad de su organización. Tenemos que estar seguros. La Canciller Soh ha autorizado al RDC a poner en marcha un grupo de trabajo especial para dar caza a cualquier Nihil que pueda estar por ahí. Encontrar su base de operaciones, aprender más de ellos, erradicarlos si podemos”.

“Vale…” Dijo Pikka.

“Me gustaría que vosotros dos formarais parte de ese grupo de trabajo”.

Joss resopló, incrédulo.

“Somos contratistas”, dijo. “Chapuzas mecánicos. ¿A qué se refiere?”

“Sois innovadores y brillantes. Los dos improvisasteis estrategias para salvar vidas durante el desastre del Legacy Run, y luego encontrasteis una forma, sobre la marcha, de sobrevivir a tácticas enemigas completamente nuevas durante la batalla de Kur. Si estáis dispuestos, contamos con los dos. Parecéis el tipo de personas a las que les gusta ayudar, y esto es lo que os ofrezco. La República os necesita. ¿Estáis dispuestos?”

Pikka respondió, sin dudarlo, “No”.

Tanto Joss como el almirante la miraron, sorprendidos.

“Mi marido y yo teníamos planeadas unas vacaciones para cuando termináramos nuestro trabajo de construcción en esta estación, y luego nos vimos envueltos en todo este asunto de los Nihil, y desde entonces no hemos parado. Nos merecemos un descanso”. Se cruzó de brazos.

“Así que queremos nuestras dos semanas en Amfar. Sol, arena y nada de peleas, Pero después de eso, creo que podemos hacer lo que nos pide”.

“¿Podemos?” Dijo Joss.

“¿No crees?” dijo Pikka, mirándolo.

Joss se lo pensó.

“Sí”, dijo. “Supongo que sí”.

El almirante Kronara asintió, y se dirigió a la puerta.

“Nos vemos en dos semanas”, dijo. “Hay mucho que hacer”.

La puerta se cerró tras el almirante y Joss se volvió hacia Pikka.

“¿Qué crees que significa eso?”, dijo mostrándose un poco sorprendido. “¿En qué nos has metido?”

Ella se le acercó a y lo rodeó con sus brazos. Sus manos apenas se tocaban en la parte baja de su espalda.

“No lo sé Joss”, dijo Pikka, mirándole.

“Pero dondequiera que vayamos”, sonrió, “iremos juntos”.


En el próximo número de Star Wars Insider, el 201, habrá otro relato exclusivo de The High Republic. La primera parte de First Duty (Primera Obligación), escrito por Cavan Scott. Lo tendréis, como siempre, traducido al Castellano, a los pocos días de ser publicado en La Biblioteca del Templo Jedi.

Un comentario el “Traducción del segundo relato de The High Republic de la revista Star Wars Insider

  1. Pingback: Primera Tarea (Primera Parte). Traducción exclusiva del nuevo relato de La Alta República | La Biblioteca del Templo Jedi

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