Traducción exclusiva del relato Star Wars The High Republic: Errores del Pasado Parte 2

Traducido por Mario Tormo

Segunda parte del relato escrito por Cavan Scott y que forma parte de la antología Starlight. Aparecido únicamente en la Star Wars Insider 206 en inglés. Os traemos la traducción al Castellano de esta historia protagonizada por la Administradora Velko Jahen y el Maestro Jedi Sskeer.


Anteriormente:

Mientras la República lidera el contraataque a los Nihil, las pérfidas consecuencias provocadas por los anarquistas galácticos tienen un alcance cada vez mayor. Tras llegar a la Baliza Starlight bajo la apariencia de un comerciante, las filiaciones de Vane Sarpo, un antiguo amigo y aliado de Velko Jahen, pronto quedan al descubierto…

Starlight:
Errores del Pasado
(Parte Dos)

Starlight Beacon había cambiado mucho en muy poco tiempo. Cuando llegó por primera vez, la Administradora Velko Jahen se sorprendió por la atmósfera, todos muy seguros de sí mismos y tranquilos entre un gran bullicio. Y luego estaba la emoción. Lo podías sentir en el ambiente. La Baliza fue un nuevo comienzo, tanto para la frontera galáctica como para una veterana hastiada en busca de un nuevo propósito en la vida. ¿Ahora? Ahora era diferente. Todo eso fue antes de Valo. Todo eso fue antes de que los Jedi tuvieran como tarea acabar con los Nihil. Fue antes de que los pabellones de la torre de seguridad se llenaran de Nihil capturados como parte de la Operación: Contraataque.

Ahora estaba de pie frente a una celda, mirando a un hombre junto con el que había luchado en Soika. Un hombre al que había, si no amado, querido profundamente. Un hombre que era su prisionero. Ella misma lo había encarcelado. Le había puesto las esposas en las muñecas después de descubrir que estaba usando Starlight para hacer llevar armas a los Nihil. Y una pregunta le quemaba.

— ¿Por qué?

Vane Sarpo estaba sentado de espaldas a ella detrás del campo de energía. Su asistente Clune estaba enroscado como una pequeña bola naranja, la reacción instintiva de todos los peasles en momentos de gran peligro. El pequeño insectoide no se había desenrrollado ni una sola vez desde que encontraron los blásteres de contrabando.

— Necesito saberlo, Vane. ¿Por qué hacerlo? ¿Qué te ofrecieron?

El vuman tatuado no respondió. Pero los Nihil del resto de celdas, sin duda, sí que tenían mucho que decir, abucheando y gritando. Un Wookie particularmente flacucho le dijo a Velko, sin un ápice de duda, lo que le haría si los campos de energía fallaran. Velko no estaba preocupada. El guardia de la puerta del bloque tenía su bastón aturdidor y ella su bláster. Se había asegurado de estar armada. La visita no estaba exactamente autorizada, estaba segura de que la Jefe de Seguridad Ghal Tarpfen tendría mucho que objetar al respecto, pero Velko no iba a darle la oportunidad de hacerlo.

Aun así, Vane permaneció en silencio. Nada de esto tenía sentido para Velko. La idea de que podría haberse unido voluntariamente a los Nihil era demasiado terrible para comprender. Vane había caminado por el filo de varias líneas rojas a lo largo de los años, especialmente cuando sirvieron juntos en Soika, ella como miembro de la Fuerza de Liberación y él como mercenario, pero estaba malditamente segura de que él no era un anarquista.

— Te están pagando, ¿se trata de eso? –Ninguna respuesta–. ¿Les debes dinero? –Aún nada–. En nombre del vacío, Vane, háblame.

Finalmente alguien dijo algo, pero no fue el prisionero.

— Administradora Jahen.

Velko maldijo por lo bajo cuando escuchó los pesados pasos detrás de ella. Se giró y vió la imponente forma del Maestro Jedi Sskeer caminando hacia ella, con su única mano sana apoyada en la empuñadura de su sable de luz.

— Esto –siseó el trandoshano–, es bastante… Irregular.

Estaba alterado, se dio cuenta inmediatamente. Algo más que había cambiado desde que llegó a Starlight. Antes creía que los Jedi eran incapaces de sentir emociones, un planteamiento completamente erróneo. El Jedi que había conocido tenía sentimientos tan profundos como cualquier otro individuo. Simplemente se les daba mejor controlarlos. A la mayoría al menos. Sskeer parecía tener más dificultades que el resto para ello, y en cuanto a la mariscal Avar Kriss…

— Maestro Jedi –empezó a decir alejando sus pensamientos–. Simplemente pensé que…

— Pensó que podría usar su historia personal para presionar al prisionero.

Las plateadas mejillas de Velko ardían.

— No, no iba a ser así.

— Por supuesto que sí –dijo una voz tras ella. Por fin Vane había decidido hablar. Todavía les daba la espalda, pero su voz tenía un tono que no había escuchado nunca antes–. Yo hubiera hecho lo mismo, pero estás perdiendo el tiempo Vel.

Ella no podía aceptar eso.

— Podemos ayudarte Vane, si tú nos ayudas a nosotros.

— Si os ayudo, ¿cómo? –Estaba de pie ahora–. ¿Revelando los secretos de los Nihil? ¿Y qué harías entonces? ¿Administradora? ¿Protegerme como los Jotas protegieron Valo? Sois un chiste, tú y tus amigos Jedi –sus ojos iban de uno a otro–. Miraos, con vuestras mejores galas. Túnicas doradas y cuellos almidonados. Acabaréis quemados. Lo sabéis, ¿no? Todo esto se derrumbará sobre vuestras cabezas. No podéis ayudarme, ¡porque el problema sois vosotros!

Por todos lados, los Nihil encarcelados gritaron en apoyo a la perorata de Vane. El wookiee sacudía sobre su cabeza sus largos y peludos brazos. ¿En qué había estado pensando Velko? Esto estaba siendo inútil. Vane… Vane no era el hombre que ella recordaba. El hombre que había sido. Y si quería pudrirse en una cárcel de la República, que así fuera. Tenía trabajo que hacer. Trabajo importante. El trabajo de ayudar a que caigan más hombres como él.

Giró sobre sus talones marchando hacia el guardia de la puerta. Pero se detuvo al darse cuenta de que Sskeer no la acompañaba. Estaba de pie, inmóvil, frente a la celda de Vane.

— ¿Maestro Sskeer? –Inquirió, pero ni así se movía–. Master Sskeer, ¿viene?

— Algo no va bien –dijo, ignorando la pregunta, sin apartar sus entrecerrados ojos anaranjados del rostro de Vane–. Siento ira.

— ¡Ja! –Ladró Vane, alzando los brazos haciendo una pantomima–. No mentían sobre ti, ¿verdad Jedi? El lagarto es capaz de percibir que estoy enojado. Y yo pensando que no era más que un estúpido dewback.

— Deberíamos marcharnos –le dijo Velko al trandoshano.

— Al fin lo capta –resopló Vane–. Denle a la chica una medalla para su colección. Adelante. Largaos. Me ponéis malo, todos. Malo del estómago.

— Percibo algo más que ira –continuó Sskeer. Sus palabras sonaban extrañamente doloridas –. Siento vergüenza. Siento… Miedo.

Había algo en la forma en la que el Jedi hablaba que hizo que Velko sintiera un escalofrío, las emociones que describía le eran demasiado familiares. Pero los Jedi no sentían miedo, ¿verdad? Sin embargo, Sskeer tenía razón. Vane tenía miedo, podía verlo en sus ojos, pero ¿de qué? ¿De ser encarcelado por sus crímenes? De las consecuencias si traicionaba a los Nihil. No. Era de algo más. De alguien más.

Los ojos de Vane se posaron en Clune y se abrieron como platos. El peasle se estaba balanceando sobre su caparazón, preparándose para desplegarse.

El sable de Sskeer se encendió.

— Apaga el campo de energía –le ordenó al guardia de la puerta.

Vane alzó sus brazos, con las palmas de las manos hacia el sable celeste.

— No. No hagas eso. Vete. Por favor, vete.

— No lo pediré otra vez –bramó Sskeer.

Velko volvió a mirar al aterrorizado guardia, quien obviamente se preguntaba si debía o no obedecer al Jedi. Fue entonces cuando un rayo de luz brotó del interior de la celda de Vane.

Todo sucedió muy rápido. Velko se dio la vuelta y sus ojos se abrieron como platos cuando se dio cuenta de que el brillo emanaba del propio Vane Sarpo. Los tatuajes de su rostro brillaban como si fueran relámpagos intermitentes.

–El campo –gritó Sskeer. Sus fosas nasales aleteaban mientras el bloque se llenaba de un nauseabundo olor a carne quemada y ozono carbonizado–. ¡Ahora!

— No –gritó Velko, entrecerrando los ojos por el resplandor–. Aisle el bloque. Cierre toda la torre –ordenó.

El guardia se lanzó hacia los controles a la vez que una luz tan brillante como un sol emanaba de la celda de Vane. La ráfaga procedía del propio Vane.

Velko gritó, cubriéndose los ojos con una mano, pero el daño ya estaba hecho. Solo podía rezar para que los efectos fueran solo temporales, que no se hubiera quedado ciega porque su antiguo amante había… ¿qué? ¿Explotado? Le zumbaban los oídos, pero aún podía percibir el crepitar del bastón aturdidor del guardia de seguridad y el silbido del sable de luz de Sskeer. Solo una cosa llamaba la atención por su ausencia: el zumbido de los campos de energía que mantenían a raya a los prisioneros.

Parpadeó furiosamente. Sacó su bláster y disparó algunos tiros hacia las formas borrosas que corrían hacia ella. Nihil cayendo al suelo. Apuntó y disparó sin ver, confiando en su entrenamiento, escuchando los gruñidos y golpes de un enemigo caído antes de volverse contra el siguiente. Era solo cuestión de tiempo antes de que se le acabara la suerte. Un Nihil evitaba su disparo. El bláster se le cayó de la mano. Lo escuchó deslizarse y arremetió a ciegas. Su puño solo encontró aire. El Nihil no tuvo problemas para dar con la mandíbula de Velko, añadiendo una supernova centelleante de colores imposibles a su ya confusa visión. Cayó y se abalanzaron sobre ella, sin importar lo fuerte que golpeara y pateara. La arrastraron sobre sus rodillas, con los brazos por detrás. Una voz áspera en su oído diciendo que dejase de forcejear. Como si tuviera otra opción. Pero incluso cuando su visión se aclaró lentamente, con los ojos llorosos, una sonrisa se extendió por sus labios partidos. Sskeer los sacaría de esto. Sskeer era un Jedi. Sskeer tenía un sable de luz.

Un sable que ya no escuchaba.

Sskeer cayó sobre la cubierta a su derecha, inmovilizado en el suelo por la peluda wookiee que obviamente era más fuerte de lo que parecía. Pero esto aún no había terminado. Sskeer usaría la Fuerza. Se desharía del Nihil sobre su espalda con tanta facilidad como si se quitase la capa.

En cualquier momento.

En cualquier…

— Bueno, quizá tengamos un problema.

Ecabulléndose frente a ellos vieron las diminutas patas de un peasle deslizándose por el suelo. Un peasle que sostenía el bastón aturdidor del guardia.

— ¿Clune? –Jadeó Velko aturdida.

— Qué tal –dijo el pequeño insectoide–. No hemos tenido oportunidad de charlar antes, ¿verdad?

— Antes te has enrollado como una bola –le recordó ella.

— Como un cobarde –añadió Sskeer.

Clune sacudió su cabeza segmentada.

— Vaya un prejuicio, y viniendo precisamente, de entre todos los seres posibles, de un Jedi –el peasle se deslizó hacia Sskeer, pinchándolo con el bastón aturdidor que crepitó con energía. El trandoshano rugió de dolor, pero Clune solo chasqueó la lengua–. No me importa decirlo, estoy un poco decepcionado. Parece de lo más indigno.

— ¿El guardia? –preguntó Velko, estirando el cuello para mirar alrededor–. ¿Dónde está?

— Oh, está muerto –le informó Clune–. Bastante, bastante muerto. Pero no ha sido antes de que lograra cerrar las puertas, esas que nuestro estallido de iones no consiguió derribar, eso es.

Todavía luchando contra el Nihil que la sujetaba con fuerza, Velko se giró para mirar dentro de la celda de Vane. El vuman estaba tendido boca abajo, hilillos de humo emanaban desde la parte oculta de su cara.

— Los tatuajes de Vane –graznó.

— Ahora veo que fue algo inteligente –dijo Clune, con su voz llena de un estridente orgullo–. Entrelazados con filamentos de iones, ¿no lo sabías? Preparados para ser detonados en cualquier momento, gracias a esto –hizo tintinear el brazalete de control que colgaba holgadamente alrededor de una de sus muchas muñecas.

— ¿Cómo? –preguntó Velko.

Una sonrisa se dibujó en el rostro segmentado del Peasle.

— Es muy realmente difícil desplegar un peasle una vez que se han convertido en una bola.

— ¿Y qué hay de los escáneres de seguridad? –dijo Sskeer.

— Son prácticamente inútiles –confirmó Clune–. La quitina de peasle es tan efectiva bloquando tanto los barridos de sensores como las sospechas sobre un… ¿Cómo dijiste Jedi? ¿Un cobarde?

— Fascinante –dijo Velko con los dientes apretados–, pero no es a lo que me refería. ¿Cómo persuadiste a Vane para que lo hiciera? Para tatuarse la piel. ¿Para atacar Starlight?

Clune se echó a reír, un ligero sonido de gorjeo.

— Realmente no tenía otra opción. Te dije que los tatuajes eran ingeniosos. No solo ocultaron una carga de iones; podían causar un dolor insoportable si no hacía lo que le dijese. Debo admitir que me impresionó la forma en que intentó que te fueras. Todos esos gritos y demás. Debe haberse preocupado mucho por ti, intentando evitar que te vieses involucrada en todo…–el Peasle blandió el aturdidor describiendo un círculo que abarcó todo el bloque de celdas–. En todo esto. Quizás lo subestimé. No es que importe. Los filamentos eran de un solo uso. Esperaba detonarlos en medio de la noche.

— Pero te obligué a usarlo –bramó Sskeer.

— Y tanto, lo que nos lleva de vuelta a nuestro problema. En todo momento la idea era escaparse.

— Y ahora estás atrapado –dijo Velko permitiéndose una sonrisa amarga.

— Todos lo estamos, querida. Incluida tú, todo porque ordenaste el aislamiento. Ahora no tenemos comunicadores ni manera de escapar.

— Pero tenemos esto –un Nihil amani de cabeza ancha pasó frente a Sskeer y Velko, sosteniendo con su flacucho brazo un arma muy familiar.

— Ah sí –dijo Clune cogiendo la empuñadura–. El sable de luz del Jedi.

— No te atrevas a… –gruñó Sskeer intentando, sin éxito, salir de debajo de la wookiee.

— No te atrevas a… ¿Qué? –cuestionó Clune– ¿Hacer esto?

Velko torció el gesto cuando el peasle golpeó a Sskeer en la cara con su propio guardamanos.

— ¿O esto?

La hoja azul se brotó majestuosamente de la empuñadura, reflejando su luz en los ojos de Clune. En todo momento, Sskeer luchaba por ponerse de pie, pero lo mantuvieron inmovilizado en el suelo.

— Esto es lo que va a pasar –dijo Clune, moviendo lentamente la hoja para que estuviera peligrosamente cerca de la cara de Velko–. Vamos a negociar por tu vida. O permiten que nos vayamos todos, o empezarás a perder extremidades –Se rió antes de mirar de nuevo a Sskeer–. Más extremidades en algunos casos.

— No –dijo Velko tranquilamente.

— ¿Y cómo es eso?

Miró a Clune directamente a sus ojos negros.

— No me importa lo que me hagas, no te ayudaré, y tampoco lo harán los Jedi. Serás capturado, y devuelto a tu celda, sin oportunidad de escapar.

— ¿Así pues? –Preguntó el Peasle, acercando aún más la hoja brillante. No desprendía calor, pero eso no detendría la quemadura en cuanto el campo de contención tocara su piel. Velko entrecerró los ojos, preparándose para el dolor… Dolor que no llegó nunca.

Un disparo de bláser salió de la nada, haciendo que Clune girara sobre sí misma. El sable encendido voló de su mano. El segundo disparo la golpeó de lleno en la espalda y cayó. El bastón aturdidor del guardia muerto resonó en el suelo.

Velko no miró para ver quién había disparado. No tuvo tiempo. Echó la cabeza hacia atrás bruscamente, golpeando la mandíbula del Nihil que la sostenía. Se tambalearon hacia atrás, perdiendo el control y ella se abalanzó, agarrando el aturdidor y haciéndolo girar para clavarlo con fuerza en el costado de la wookiee. La peluda Nihil gritó cuando los voltios fluyeron libremente a través de su cuerpo. Sskeer finalmente pudo liberarse. El sable estuvo en su mano en cuestión de segundos. Velko y el Jedi estaban hombro con hombro, con las armas desenfundadas y listos para castigar a cualquier Nihil que se atreviera a atacar.

Pero ninguno de ellos se movió siquiera. Tal vez fue la doble amenaza del sable y el bastón aturdidor, o el hecho de que los Nihil habían perdido la ventaja. Lo más probable es que tuviera algo que ver con el desintegrador que Vane Sarpo sostenía en la mano, listo para disparar en cualquier momento. Velko no tenía ni idea de si Vane había caído sobre su arma por accidente, o si la había tapado a propósito con su cuerpo mientras recuperaba fuerzas. Pero no importaba. No ahora que sonreía secamente, con la cara gravemente quemada.

— Clune tenía razón –jadeó. Sus ojos brillaban por el dolor–. Nadie piensa nunca en registrar al cobarde.

***

Los guardias llegaron minutos después, junto con la antiguo padawan de Sskeer, Keeve Trennis, quien parecía que nunca andaba lejos su maestro. Vane fue transferido a un ala segura en el centro médico, sus quemaduras curadas y cualquier rastro de los tatuajes de Nihil eliminados de su rostro. El propio Sskeer insistió en vigilar la habitación, pero Velko tenía la ligera sospecha de que estaba más preocupado por proteger a Vane de las represalias de los Nihil que por el hecho de que el vuman huyera.

— Lo siento –dijo Vane desde su cama.

— ¿Porque te pillaron? –dijo ella, intentando no sonreir–. Aunque creo que esa fue siempre la intención.

Se encogió de hombros.

— Es difícil saltarse un bloqueo de seguridad Nihil cuando te quedas parado en la bahía del hangar.

— Podrías haber confiado en mí, ¿sabes? Podrías haberme dicho lo que estaba pasando, cuando estuvimos en el bar.

— ¿Podría? –Le tocó la mejilla, estremeciéndose ligeramente.

— No era dolor de muelas –dijo, recordándolo haciendo una mueca en ese momento–. Fue una advertencia.

El asintió.

— Clune me recuerda que tengo que volver a mi trabajo. Lo cual deberías hacer tú también –dijo desplegando esa sonrisa exasperante–. Especialmente si vas a conseguir que me perdonen.

— Ya está arreglado, pero no fue cosa mía –hizo un gesto con la cabeza a Sskeer que estaba en la puerta de pie de espaldas a ellos.

— ¿El viejo dewback tiene corazón?

— El viejo dewback también tiene un oído excelente –rugió el trandoshano sin moverse.

— Entonces, gracias –le dijo Vane, antes de volver a mirar a Velko–. A los dos.

— Paso luego a verte –dijo Velko, dirigiéndose a la puerta–. No te vayas a ningún lado, ¿me oyes?

— Haré lo que pueda –Vane estaba empezando a sonar más como él mismo, aunque la duda se deslizó a través de su voz cuando gritó– ¿Vel?

Se detuvo, mirándolo erguido en la cama.

— ¿Eres realmente feliz aquí? ¿Con todo lo que está pasando? ¿Con los Nihil, los Jedi y …?

Ella se había encogido de hombros ante la pregunta la última vez que él la había hecho, sentados en el Unity’s. Esta vez ni siquiera dudó, incluso después de todo lo que había sucedido en las últimas horas. Precisamente por lo que había sucedido. ¿Y qué si la vida en el Faro se había vuelto más difícil? Starlight estaba aquí para ofrecer esperanza, para proteger, para evitar que cosas como Valo volvieran a suceder.

Al igual que ella.

— Sí –dijo ella, sintiéndolo de todo corazón–. No me gustaría estaría en ningún otro lugar.

FIN


Si quieres leer los anteriores relatos puedes hacerlo aquí:

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