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  • Nuevo relato de The High Republic: Errores del Pasado (Parte Uno). Traducción exclusiva.

    Nuevo relato de The High Republic: Errores del Pasado (Parte Uno). Traducción exclusiva.

    Traducido por Mario Tormo

    Anteriormente:

    La galaxia se tambalea tras el devastador ataque de los Nihil en la Feria a la República en Valo. El caos reina a medida que los anárquicos maleantes hacen notar su presencia en sistemas a lo largo y ancho del espacio. Mientras tanto la Baliza Starlight siente la llamada del deber para ser el centro neurálgico de la misión de contraataque coordinada de la República….


    Starlight:
    Errores del Pasado
    (Parte Uno)

    Velko Jahen dejó escapar un largo suspiro mientras cerraba el canal de comunicación con el centro de control principal de la Baliza Starlight. Acababa de supervisar otro despliegue (el tercero del día) de Vectores Jedi, los elegantes cazas acoplados a los hipermarcos triangulares que les permiten dar el salto a la velocidad de la luz. La deriva, comandada por el Jedi froziano Nooranbakarakana, iba a toda velocidad a ayudar a la mariscal Kriss, que en ese momento estaba inmersa en una batalla contra asaltantes Nihil en el sistema Magaveene.

    La vida no había sido precisamente tranquila desde que Velko fue destinada a la Baliza, pero los últimos meses habían rozado el caos. La Operación Contraataque era la respuesta oficial a la atrocidad de Valo, donde los Nihil habían arrasado la Feria de la República. Starlight era el núcleo de la acción, siendo la plataforma de despegue de docenas de misiones para sacar a los Nihil de dondequiera que se escondieran. Los días de Velko, así como la mayoría de sus noches, consistían en coordinar diversos ataques, actuando en gran medida como enlace entre los Jedi y las distintas fuerzas de la República. Había prosperado al principio, ya que las intensas emociones vividas en la estación le recordaban su anterior vida en las trincheras de Soika, pero ahora la adrenalina empezaba a agotarse. En este momento tenía cansados hasta los huesos.

    Velko comprobó su cronómetro. Pasarían otras cuatro horas antes de que pudiera desplomarse sobre su litera. Tal vez podría tomar un café rápido en el vestíbulo antes de que llegara la siguiente crisis. Pero la vibración de su comunicador le indicó que eso no iba a suceder.

    — Aquí Jahen –dijo, tratando de apartar el cansancio de su voz mientras respondía la llamada.

    — Administradora, ¿está ocupada?

    Velko trató de suspirar sin que se percibiera al escuchar a Ghal Tarpfen, la Jefa de Seguridad de la República en la Baliza. Vaya pregunta para empezar. ¿Quién no estaba ocupado estos días?

    — ¿Qué necesita jefa?

    — Hay una… pelea en la bahía del hangar cuatro.

    — ¿Una «pelea»?

    — ¿Puede pasarse por aquí? ¿Ahora mismo?

    Velko se pellizcó el puente de la nariz. Un dolor de cabeza se estaba formando detrás sus ojos.

    — ¿Es que nadie es capaz de…

    La mon cala no la dejó terminar.

    — Iría yo, pero estoy procesando a los prisioneros Nihil traídos por el Escuadrón Firebird.

    — ¿Cómo va eso?

    — Bien –respondió Tarpfen–. Sólo llevo dos docenas de retraso, lo cual es mejor que ayer. Lo último que me hace falta es ir hasta la bahía cuatro…

    — Cuando pase por la siguiente sección.

    — Todo tuyo. Diría por favor pero… –Velko no pudo evitar sonreír.

    — Pero te provocaría un sarpullido.

    — Eso y el ormachek a la parrilla. Así que ¿podrías?

    La relación de Velko con Ghal había sido difícil al principio, pero ambas habían ido estrechando lazos últimamente, unidas por la crisis desatada tras Valo. Aún no diría que son amigas, pero se están acercando a ese punto.

    — Estoy de camino –dijo, dirigiéndose hacia las puertas–. Pero me debes una.

    ***

    Vaya que si le debía una Tarpfen…

    La «pelea» resultó ser una discusión entre un navegante espacial visitante y un trandoshano muy particular. Se supone que los Jedi deben mantener la calma y el control en todo momento, pero no había dudas de la cara de indignación que mostraba el rostro verde del maestro Sskeer. Cuando Velko lo divisó, el corpulento trandoshano estaba abriendo de cuajo las tapas de unos contenedores de carga con su único brazo. El otro (aunque ya estaba volviendo a crecer) lo había perdido en una batalla antes de que Velko llegara a Starlight. Sskeer era conocido por ser una fuerza bruta con la que tener cuidado en el mejor de los casos. Pero la situación empeoró mucho más, ya que Velko reconoció no sólo la nave ante la que el trandoshano se alzaba, sino también al comerciante con el que estaba discutiendo.

    — ¿Vane?

    La última vez que había visto a Vane Sarpo, el vuman estaba cubierto de barro procedente de los campos de batalla de Soikan, con un bláster de repetición 599 en las manos y una herida que sangraba profusamente encima del ojo izquierdo. Ahora solo quedaba la silueta de una cicatriz en su frente, y su sucio uniforme de combate había sido reemplazado por una lujosa camisa de seda que combinaba perfectamente con el color de los tatuajes azul eléctrico que cubrían su rostro, el elaborado patrón de líneas y símbolos había crecido considerablemente desde la última vez que se habían encontrado.

    — ¡Velko! –Exclamó Vane. Sus oscuros ojos se iluminaron cuando la vio–. Velko Jahen. En nombre de Vuma, ¿qué estás haciendo aquí?

    — Pensé que el uniforme daría una pista –dijo cruzando los brazos.

    — Te sienta realmente bien –dijo mirándola de arriba abajo. Todavía quedaba algo del viejo carisma de Sarpo, aunque muchos (incluido Dagni, el confidente más cercano de Velko en la Fuerza de Liberación) lo consideraban más zalamero que encantador.

    — ¿Conoces a este … individuo? –Siseó Sskeer, su voz silbaba aún más de lo habitual.

    — Por supuesto –contestó Vane con una sonrisa descarada sin dejarla responder–. Somos antiguos…

    — Amigos –Velko interrumpió rápidamente ya que no quería descubrir qué secretos estaba Vane a punto de revelar frente a los Jedi.

    — Más que eso, diría yo –dijo Vane frunciendo los labios.

    — Combatimos juntos –explicó, ignorándolo–. Durante la guerra civil en mi mundo natal.

    Sskeer examinó al vuman con desconfianza.

    — Él no es Soikan.

    — Y tú eres una persona muy observadora… Quiero decir, lagarto… Es decir… ¿Cómo te llamo?

    — Jedi –retumbó la respuesta.

    Vane rió entre dientes, completamente ajeno a la frustración de Sskeer o la incomodidad de Velko.

    — Supongo que era un… Soldado de fortuna.

    Uno de los labios de Sskeer se curvó mostrando una hilera de dientes afilados.

    — Un mercenario.

    — Pero ya no –le contestó Vane–. Ahora soy un humilde comerciante, junto con Crune, que está allí –asintió con la cabeza a una peasle notablemente nerviosa que estaba haciendo todo lo posible para sellar las cajas que Sskeer había estado investigando. Velko no podía culpar a la pequeña insectoide por estar asustada. Los peasles eran seres tímidos en su mayor parte, propensos a enrollarse como una bola a la primera señal de problemas. Y un maestro Jedi descontento definitivamente contaba como un problema.

    — ¿Qué son? –Dijo Velko, metiendo la mano en la caja más cercana y extrayendo una pequeña estatuilla de plástico.

    — Son un insulto –le informó Sskeer, luciendo como si no pudiera decidir entre aplastar el ofensivo artefacto o lanzarlo por la esclusa de aire más cercana.

    — Son arte –dijo Vane, acercándose para quitarle la estatua de las manos a Velko. Ella la apartó bruscamente, dándole la vuelta. La figura era de una mujer con cabello largo y rubio que sostenía en alto una espada resplandeciente, con una túnica ondeando detrás de ella de la manera más melodramática posible.

    — ¿Se supone que es…?

    — La maestra Jedi Avar Kriss –dijo Vane con orgullo–. La mismsíma Heroína de Hetzal. ¿No son geniales? Las he conseguido directamente del escultor snivviano más talentoso de Cadomai Prime. En serio, el tipo es un genio. Basta con verlas.

    Rebuscó en la caja y sacó un modelo de nave espacial que le resultaba familiar y casi cómicamente erróneo.

    — ¿Un Vector Jedi? –Dijo Velko.

    — Totalmente.

    — Un Vector Jedi con seis alas.

    Vane miró extrañado sus productos.

    — ¿Cuántas se supone que deben tener?

    — No importa si tienen cuatro, seis o setecientas –gruñó Sskeer–. No se van a vender en esta estación.

    — ¿Pero por qué? –Preguntó Vane, abriendo los brazos abarcando todo el hangar–. Mira este lugar. Aquí viene gente de todo el Borde Exterior, ¿y qué buscan?

    — Ayuda –le respondió el trandoshano.

    — Error –Sarpo llegó incluso a señalar a Sskeer en medio de su pecho de barril–. Para veros a todos vosotros. ¡Ver a los Jedi! Y qué mejor que llevarse un recuerdo de su viaje. De hecho estoy seguro, mi dientudo amigo, que podría hacer rápidamente una estatua tuya. La gente se volvería loca por ella. En serio, volarían de los estantes.

    El corazón de Velko se hundió aún más cuando Vane miró el muñón vendado de Sskeer.

    — ¿Le digo que le ponga un brazo o dos?

    ¡Por las estrellas vivas! ¿En qué estaba pensando?

    Velko se interpuso entre ellos cuando el trandoshano dio un peligroso paso hacia el comerciante.

    — Maestro Sskeer. Déjeme ocuparme de esto.

    El Jedi realmente gruñó desde lo más profundo de su garganta.

    — No quiero ver esas cosas en ninguna de las tiendas de ninguno de los vestíbulos. No deben venderse en Starlight ni en ningún otro lugar.

    — Bien –dijo Vane detrás de ella–. Lo entiendo. No habrá estatuas –hubo entonces una pausa y un susurro, aunque en realidad Velko no quiso darse la vuelta–. Pero, ¿qué tal una taza de recuerdo?

    ***

    «¿Qué tal una taza de recuerdo?»

    Velko miró el objeto de cerámica barato sobre la mesa frente a ella, una imagen asimétrica de la Baliza Starlight representada bocabajo.

    Vane tomó un trago de cerveza.

    — Valió la pena intentarlo. ¿Qué le pasa a ese tipo de todos modos? Yo creía que los Jedi eran uno con el universo –Vane ilustró su punto de vista moviendo sus largos dedos frente a su cara–. Pensé que me iba a arrancar los brazos.

    — Cuanto menos menciones los brazos, mejor –enfatizó Velko, frotándose la nuca–. Sskeer es… Un caso especial. Bajo toda esa bravuconería él está…

    — ¿Si?

    Sacudió la cabeza, mirando hacia el techo abovedado.

    — En realidad no tengo ni idea. ¿Cascarrabias? ¿Irritado?

    — ¿Porculer..

    — ¿Otra ronda? –Velko se sobresaltó ante la repentina interrupción del droide camarero que se había acercado a ellos.

    — Para mí no –dijo, antes de agregar rápidamente–. Y tampoco para él. No nos vamos a quedar.

    Vane soltó aire mientras el camarero continuaba hacia la mesa de al lado.

    — Aguafiestas.

    — Tienes suerte de que no te haya ordenado salir de la estación inmediatamente.

    — ¿Y perderte el placer de mi compañía? –Vane le ofreció su mejor sonrisa. La misma sonrisa que la había metido en todo tipo de problemas en el pasado–. No harías eso, no después de todo este tiempo.

    Ella trató de no devolverle la sonrisa. Era bueno verlo, y aún mejor detenerse a tomar el descanso que se había estado prometiendo a sí misma durante al menos tres ciclos de trabajo. Habían venido a Unity, el bar con bebida de grifo favorito de Velko en la estación, un bullicioso abrevadero a los pies de la torre del comerciante. La enfermera Okana le había descubierto el lugar poco después de la llegada de Velko, y era una buena alternativa a los bares frecuentados por el personal de la República, lo que significaba que podían relajarse sin preocuparse por el trabajo. Al menos esa era la idea. Habían pasado semanas desde que Velko probó por primera vez lo que se había convertido rápidamente en su bebida favorita, un Cohete Teralov aderezado con olap fresco de los bio-jardines de la estación. Una bebida ciertamente extravagante que Vane ahora contemplaba con cierta diversión.

    — ¿Qué diría tu escuadrón si te vieran con eso?

    Velko tomó otro sorbo.

    — Probablemente me acusarían de deserción. Los mejores de Soikan solo toman ron gagic.

    La forma en que la miraba la hizo sonrojarse de nuevo.

    — ¿Eres feliz aquí Vel?

    Asintió.

    — Por supuesto.

    — Pareces cansada.

    — Y tú estás más colorido que nunca –dijo, señalando las líneas azules en su rostro–. Pensé que no te ibas a hacer más tatuajes.

    Su sonrisa vaciló por un segundo mientras se frotaba la mejilla estampada.

    — Ya sabes como soy. Siempre me gusta destacar entre la multitud.

    Ella estaba a punto de preguntarle si se encontraba bien, pero él centró la conversación en ella.

    — De todos los lugares posibles, me sorprende verte en este. Usando ese uniforme, jugando a ser una diplomática con los Jedi.

    — Estoy haciendo mucho más que eso.

    — No lo dudo, pero… Después de todo por lo que pasamos en los campos de Dionas, ¿no prefieres descubrir la galaxia en lugar de estar encerrada en un único lugar?

    De primeras Velko no supo qué decir, pero una vez comenzó a responder, las palabras no paraban de brotar.

    — La sensación es que esto es relevante, ya sabes, el trabajo que estamos haciendo aquí, especialmente tras Valo. La gente busca ayuda en Starlight, no solo por los Jedi, sino porque ofrecemos certeza en una galaxia cada vez más incierta. Bien sabes lo que hay ahí fuera en este momento Vane. La gente está asustada, realmente asustada, por primera vez en años.

    — Lo pillo pero, ¿por qué tú Vel? ¿Es realmente lo que tú quieres…

    Paró bruscamente, haciendo una mueca de dolor, y se llevó la mano a la frente.

    — ¿Vane?

    Forzó una sonrisa avergonzada.

    — Lo siento… –dijo frotándose la sien–. Dolor de cabeza. Debe ser la luz de aquí. Ha pasado tiempo desde que estuve en un lugar como este…

    Velko frunció el ceño. Siempre sabía cuándo Vane no decía la verdad… O cuándo estaba distraído. Mientras hablaba sus ojos se posaron en su hombro, mirando intensamente algo (o alguien) detrás de ella.

    Se volvió para ver a una impresionante zeltron sentada en la barra junto a un enorme houk casi tan imponente como Sskeer. La zeltron estaba mirando hacia atrás.

    Velko dejó su bebida, sacudiendo la cabeza. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida? El vestuario de Vane podía haber cambiado, pero sus hábitos obviamente no… Ni sus ojos curiosos. Si has sido jugador, serás siempre jugador.

    Se puso de pie y se atusó la túnica de un tirón fuerte.

    — Debería haberte dejado con Sskeer. Me largaría si fuera tú.

    Su atención volvió hacia ella.

    — ¿Perdona?

    — Tu nave…

    — La Corazón de Rapscallion.

    — Creo que te vas a encontrar con que tu permiso de atraque acaba de caducar.

    — ¿Estás de broma?

    — Debería llevarte solamente treinta minutos desembarcar. Veinte si te das prisa.

    — ¿Cómo? Espera… ¡Vel!

    Pero Velko ya se estaba marchando.

    — Así es la Administradora Jahen –dijo bruscamente cuando las puertas del Unity se abrieron y salió furiosa.

    ***

    Velko necesitó la mayor parte de los veinte minutos que le había dado a Vane para calmarse, y luego sólo un par de segundos para sumirse en la vergüenza. ¿En qué había estado pensando? ¿Revocar los privilegios de atraque del tipo sólo porque había mirando a una hermosa zeltron? Vane siempre había sido un mujeriego, incluso cuando estaban en primera línea. Entonces no le había importado. Incluso le parecía bien. Lo último que hubiera necesitado era una relación en medio de una zona de guerra, por lo que su informal, sin ataduras, fuera-lo-que-fuera, le había venido bien. Entonces, ¿por qué reaccionaba tan mal ahora? Debía estar más exhausta de lo que pensaba.

    Afortunadamente los registros mostraban que la Corazón de Rapscallion aún no se había ido. Lo mínimo que podía hacer era disculparse. Pero cuando regresó a la bahía 4 del hangar Vane Sarpo no estaba solo. Podría haberse esperado encontrárselo con la zeltron, pero no al houk que estaba husmeando dentro de una de las cajas. Pero eso fue hasta que vio a Velko abriéndose paso a través de las naves atracadas, y cerró la tapa de golpe. El ruido repentino sorprendió tanto a Clune que de inmediato se hizo una bola.

    — ¡Velko! –Exclamó Vane quizá demasiado fuerte, levantando las manos como para alejarla–. Me voy. Lo prometo. Yo solo…

    Sus palabras se apagaron y Velko sintió un nudo en el estómago, un instinto en el que había aprendido a confiar no solo con respecto a Vane, sino con cualquiera que no estuviera diciendo la verdad.

    — Abre la caja –ordenó bruscamente.

    — No es necesario –dijo Vane–. Este amigo mío tan solo estaba mirando para ver si podía quitarme algo del merchandising de encima, pero como señaló tu amigo Sskeer, es basura.

    — Sí –murmuró el houk, haciendo como que se daba prisa–. Un montón de basura antigua.

    Algo no encajaba. Velko se abalanzó sobre la caja más cercana y quitó la tapa.

    — Vel, ¡no!

    Y ahora houk estaba prácticamente corriendo, pero ¿por qué motivo? ¿Una caja de mercancía Jedi cutre? Eso no tenía ningún sentido… A menos que…

    Velko metió la mano en la caja y cogió la bandeja superior de estatuillas. Se desprendió fácilmente, revelando más baratijas debajo. Tiró la bandeja a un lado y los adornos de plástico repiquetearon en la cubierta mientras alcanzaba la siguiente tanda. Esta vez Vane no intentó detenerla. En cambio, cogió a Clune y corrió hacia la rampa de la Rapscallion. Velko jadeó cuando vio lo que se escondía debajo de los recuerdos.

    — ¡Vane! ¡Detente ahí!

    Vane no hizo caso mientras subía por la rampa. Con un gruñido de esfuerzo, Velko tiró la bandeja y las estatuillas baratas volaron por todas partes, aterrizando a los pies de Vane. El vuman tropezó y al caer Clune rodó de sus manos. Velko lo alcanzó en un instante, retorciendo su brazo para que no pudiera escapar.

    — ¿Qué has hecho? –Bufó ella mientras él forcejeaba.

    — Más de lo que cualquiera de nosotros hubiera esperado –siseó una voz desde atrás.

    Era Sskeer, con el sable de luz encendido mientras conducía a houk, ahora esposado, hacia ellos, con Ghal Tarpfen a su lado.

    — Sskeer hizo algunas averiguaciones –dijo la mon cala mientras Velko ayudaba a Vane a ponerse de pie–. Resulta que el CDR lleva un tiempo con la Corazón de Rapscallion en el punto de mira.

    — Puedo explicarlo –dijo Vane, que ya no intentaba librarse de la sujeción de Velko.

    — ¿Sí? –Dijo Velko, empujándolo hacia la caja abierta–. Tal vez puedas empezar con esto.

    Lo empujó dentro del contenedor, por lo que se vio obligado a mirar hacia los estantes de blásters que habían estado escondidos debajo de los suvenires.

    — Eso es sencillo –siseó Sskeer, echando a Vane una mirada fulminante–. Tu amigo ha estado haciendo contrabando de armas… Para los Nihil.

    CONTINUARÁ…


    Hasta aquí esta primera parte del nuevo relato escrito por Cavan Scott. En el siguiente número, la Star Wars Insider 206, tendremos la resolución de esta aventura en la que Sskeer y Velko Jahen han descubierto que un antiguo amigo de la última parece ser un contrabandista de armas para nada más y nada menos que… ¡los Nihil! Si quieres leer los anteriores relatos puedes hacerlo aquí:

  • Star Wars The High Republic: Conoce a Rhil Dairo

    Star Wars The High Republic: Conoce a Rhil Dairo

    Por Gorka Salgado

    Rhil Dairo no es un reportero cualquiera. Su dedicación a registrar información para dejar las cosas claras la inspiró a obtener un implante cibernético para mantenerse conectada a su fiel droide T-9. En la asignación de cubrir la Feria de la República en Valo, codo con codo con personas como Stellan Gios, miembro del Consejo Jedi, y la canciller Lina Soh, convirtió un artículo para GoNet en una convincente cobertura de primera mano de la devastación que siguió.

    «Siempre me ha fascinado cómo funcionarían las noticias en una galaxia, muy lejana, desde las transmisiones controladas por el estado del Imperio hasta un servicio de noticias más abierto en los tiempos de la República», dice el autor Cavan Scott, quien presentó por primera vez el personaje de su novela, Star Wars The High Republic: The Rising Storm. “Un evento como la Feria de la República me dio la oportunidad de explorar eso más a fondo. Como una de las Grandes Obras de Lina Soh, la Feria obviamente habría sido un circo mediático y también me dio la oportunidad de ver cómo el público ve a los Jedi en este punto de la historia galáctica, incluido, por supuesto, el chico del cartel del Alto Consejo. Stellan Gios».

    StarWars.com se complace en compartir el primer vistazo al arte conceptual del personaje de la novela más vendida de Scott, que forma parte de la segunda ola de historias en la Fase I de The High Republic.

    Scott tenía una visión clara en mente mientras escribía al redactor de noticias. “Rhil es un reportero serio, que hará todo lo posible para llegar a la historia real”, dice Scott. «Y lo más importante es que se preocupa profundamente no solo por los eventos que está cubriendo, sino también por la gente atrapada en la locura del ataque de los Nihil a Valo».

    Para crear el aspecto de Dairo, el artista MinJi Yoon fue influenciado por otro héroe de Star Wars mejorado cibernéticamente: Lobot del Imperio Contraataca. «Cuando diseñé a Rhil, le di atuendos muy funcionales para que pudiera moverse en el campo con facilidad, luego agregué algunos de los elementos más decorativos de la era de la Alta República en el borde de su chaleco, pantalones y cinturón», dice Yoon. «Su implante cibernético está inspirado en Lobot de la trilogía original, pero con una pantalla que puede proyectarse sobre su ojo cuando sea necesario».

    Para el droide omnipresente de Dairo, una extensión de todo lo que ve, Yoon buscó inspiración en la tecnología terrestre. «Para el VT-9, hice referencia a partes de viejas videocámaras como la lente grande y la luz de grabación, que se combinaron con la tecnología de los droides de Star Wars existentes».

    De hecho, Star Wars en sí ha sido una influencia para Yoon desde que era una niña y las películas de la precuela fueron una parte integral de su decisión de seguir una carrera en la ilustración. “Vi la trilogía de la precuela tantas veces con mi hermano cuando éramos niños y luego decidí dedicarme al arte conceptual debido al arte de esas películas”, dice ella. Aun así, no podía haber imaginado que alguna vez estaría trabajando en personajes de la galaxia muy, muy lejana. «Nunca pensé que llegaría a contribuir al mundo de Star Wars «, admite, «¡así que la oportunidad de diseñar para la Alta República es un sueño de la infancia hecho realidad!»

    Enlace original en StarWars.com

  • Reseña y curiosidades del cómic Star Wars Adventures #11

    Reseña y curiosidades del cómic Star Wars Adventures #11

    Escrito por Mario Tormo

    ¡Rogue Squadron! ¡Sí! El escuadrón mas famoso de todos está de regreso con una aventura que los va a llevar hasta un lugar muy conocido por los fans de The High Republic… Y además tenemos una historia muy divertida en la barcaza de Jabba, ¿qué mas se puede pedir? Sigue leyendo para conocer todos los detalles del último número de la fantástica serie editada por IDW.

    • Portada A y RI: Francesco Francavilla (AUG210559)
    • Portada B: Nick Brokenshire (AUG210560)
    • Título: Squad Goals, Part One
      • Guión: Cavan Scott
      • Dibujo: Manuel Bracchi
      • Color: Bracardi Curry
    • Título: Tales of Villainy: Done Dirty 
      • Guión: Anne Toole
      • Dibujo y color: Nick Brokenshire
    • Fecha: 20 Octubre 2021 (USA)
    • Idioma: Inglés
    • Editorial: IDW Publishing
    • Páginas: 32 (grapa)
    • Precio: 3.99 $

    Historias (con spoilers)

    • Squad Goals, Part One

    El Rogue Squadron se encuentra en Taris con la misión de escoltar al Blade Squadron que bombardeará un astillero imperial. La misión se completa con éxito, pero la novata Ibti Myrak fue demasiado impulsiva y los puso a todos en peligro.

    En la siguiente misión, liberar de un ataque pirata de draedrans a un crucero Rebelde en el sistema Cilpar, Ibti vuelve a tomar la iniciativa y acaba en una emboscada. Si no es por sus compañeros no lo contaría.

    El líder del escuadrón, Luke Skywalker le comunica en la siguiente misión, un ataque sufrido por Lyle Kullan en Lonisa City, Valo, debe quedarse en la nave Hogar Uno catalogando registros de mensajes mientras el resto del escuadrón acuden para ayudar a Rogue Four.

    • Tales of Villainy: Done Dirty

    Ree-Yees, encargado de cuidar a Buboicullaar en la barcaza de Jabba, está a punto de ser arrojado por la borda porque ha perdido la pista de la mascota rana-perro del hutt.

    Convence a Jabba de que le de una segunda oportunidad y que lo va a encontrar. Después de limpiar y rebuscar por todos los rincones del transporte, encuentra al pequeño Bubo reunido con su dueño en la cubierta. Final feliz después de una angustiosa búsqueda.

    Opinión

    • Squad Goals, Part One

    Nuevo Escuadrón Pícaro, nuevos Rojo Dos, Cuatro y Cinco… Lo primero nada más abrir el cómic es Rogue Squadron y ya estábamos saltando de gozo. Vuelvo atrás y veo que está escrito por el gran Cavan Scott y entonces sé que va a ser una maravilla. Los que se estén perdiendo esta maravillosa serie de Aventuras se arrepentirán algún día. En esta primera parte tenemos una sencilla y emocionante historia con una novata con muchas ganas de comerse el mundo. Cavan disfrutando y haciéndonos disfrutar. Parecía que el escritor ya había dado el salto a los productos «grandes» pero es que se ve que aquí se disfruta y nosotros con ello.

    Esta imagen la publicó Bracchi el 11 de Junio

    Manuel Bracchi va pasito a pasito en este universo galáctico. Después de debutar con una pequeña historia de Tales from Wild Space de las que acompañaban a la principal en el primer volumen de Star Wars Adventures, y tras alguna portada y echar una mano con el High Republic Adventures #5, ahora tiene la oportunidad de dibujar la historia principal que da comienzo en este número y que acabará en el siguiente. Parece que la imagen que publicó en su cuenta de Facebook a principios de Junio, la podéis ver sobre estas líneas, debería ser una prueba previa para la historia.

    El estilo es muy bueno y se nota la evolución, sobre todo con el primer trabajo para la saga. Están muy cuidadas las caras, los trazos finos para los detalles y los gruesos para perfilar a los personajes, las naves… Una maravilla del artista italiano.

    Mención especial a Francesco Francavilla y su portada que nos sumerge directamente dentro de la cabina del propio Luke Skywalker.

    • Tales of Villainy: Done Dirty

    Anne Toole regresa al universo Star Wars después de su relato para la antología From a Certain Point of View de El Imperio Contraataca. Con una divertida historia que bien podría estar enmarcada en el mismo periodo que la mencionada nos devuelve al canon a la pequeña rana-perro Bubo y nos muestra además que el hutt tiene en su barcaza a un dragón krayt encerrado dentro.

    El arte de Nick es siempre sensacional, y esta historia le ha venido como anillo al dedo a su estilo sucio, detallado y lleno de cositas por todos lados. Con sus líneas irregulares y la caracterización adorablemente feísta que hace nos vuelve a ganar. Admiradores totales de tu arte Nick.

    Curiosidades

    Wedge Antilles vuelve a parecer como parte del Rogue Squadron, con Luke como líder, por lo que la historia debe situarse antes de la Batalla de Hoth.

    Ciudad Lonisa, en Valo, fue la sede de la Feria de la República en la época de la Alta República. Tenemos una referencia muy directa aquí a la segunda ola de la primera fase de The High Repubic.

    Los draedran son una especie del planeta Sesid, que aunque tienen su origen en una de las guías de los juegos de rol del universo Leyendas, aparecieron por primera vez en el Canon en el libro Blanco Móvil: Una aventura de la Princesa Leia.

    Ree-Yees y Buboicullaar aparecieron por primera vez en El Retorno del Jedi y hasta ahora no habían tenido desarrollo en el Canon, por lo que con esta historia se empieza a expandir su lore mas allá de lo que sabíamos en Leyendas.

    Conclusión

    Un número muy rápido y divertido que nos deja pensando en si este Rogue Squadron tendrá algo que ver con la película que se estrenará en 2023. Nosotros encantados de tener en las páginas de Adventures de vuelta al gran Cavan Scott y de que siga habiendo colaboraciones de Nick. Estamos aún pendientes de qué pasará con IDW para el año que viene, y si en algún momento retomarán el ritmo de publicación inicial. El dibujante comentaba en su cuenta de Facebook que acaba de entregar su trabajo el pasado 27 de Junio, lo cual encaja perfectamente con la planificación inicial de publicar esta historia en Agosto.

    Reseña de números anteriores

  • Traducción del cuarto extracto de The Rising Storm, novela de la segunda ola de The High Republic

    Traducción del cuarto extracto de The Rising Storm, novela de la segunda ola de The High Republic

    Traducción por Mario Tormo

    Este adelanto se centra en el padawan Bell Zettifar, luchando por controlar sus emociones tras haber perdido a su maestro Loden Greatstorm. Y además de la traducción exclusiva al castellano, también tenéis unas declaraciones del autor, Cavan Scott, hablando sobre el personaje.

    “Pasar tiempo con Bell Zettifar fue uno de los placeres de escribir The Rising Storm”, cuenta Scott. «Para mí, su valentía, su capacidad de adaptarse y su predisposición a dudar identifica al Jedi de la Alta República». En esta nueva novela, “vemos a un Bell que está luchando por aceptar el hecho de que es posible que nunca vuelva a ver a su maestro, Loden Greatstorm, descubriendo y aprendiendo cómo son el dolor y el arrepentimiento para un Jedi. La vida ha avanzado desde que se dio a Loden por muerto, y Bell se enfrenta a la realidad de que sus votos significan que tiene que seguir adelante «.

    Los que ya hayan leído los anteriores libros de The High Republic ya saben algo sobre la historia del Maestro Greatstorm. «Lo divertido, por supuesto, es que los lectores de Light of the Jedi saben exactamente lo que le sucedió a Loden, incluso si Bell y el resto de la Orden no lo saben», dice Scott. «¿Sobre lo que le pasará a Loden a continuación? Bueno, para eso tendrás que leer The Rising Storm…»


    No hace mucho, el padawan Bell Zettifar se habría emocionado por las vistas que se extendían debajo de él. Estaba de pie en una plataforma de observación en el hangar más grande que jamás había visto, el cual era solo una parte de los enormes astilleros que orbitaban Cyclor, un planeta verde y marrón relativamente pequeño en el Borde Medio. Abajo, resplandeciente bajo los focos del hangar, las vistas del duracero pulido conocido como Innovator. La nave estelar, que se encontraba a unas horas de su inauguración, era una maravilla tecnológica. Con más de 300 metros de largo y equipada con los últimos equipos científicos y médicos, el Innovator era simplemente el crucero de investigación más sofisticado jamás construido, un hecho del que su diseñador, el famoso ingeniero aqualish Vam Targes, había puesto al corriente a Bell cuando llegó a los astilleros.

    «Se ejecuta en una red de no menos de cuarenta y dos procesadores de droides de grado intellex, ¿no lo sabías?» Targes le había informado mientras atravesaban el vasto centro de operaciones de la nave en una visita relámpago. El codificador de voz del ingeniero zumbaba con entusiasmo mientras traducía el aqualish nativo de Vam a básico.

    «Eso es muy… Impresionante”, había concedido Bell, que inmediatamente obtuvo de respuesta, en términos inequívocos, que era mucho más que eso. ¡Era excepcional!

    «Toda la red está respaldada por un entorno de trabajo multidisciplinar diseñado por mí, uno que rivaliza con los Archivos Jedi en Coruscant, si me preguntan a mí».

    Bell no sabía si eso era cierto, pero no había querido contradecir al ingeniero. Este era el momento de Vam, después de todo. O más bien lo sería cuando el Innovator llegara a Valo en un par de días. La nave iba a ser una obra maestra en la próxima Feria de la República, la última de las Grandes Obras de la canciller Lina Soh. Pronto, millones de asistentes al festival se maravillarían con el logro de Targes y, si fueran como Bell, quedarían deslumbrados. El Innovator contaba con vanguardistas talleres cibernéticos junto con múltiples laboratorios de bioingeniería, estaciones de análisis, instalaciones de investigación y una biblioteca médica solo superada por el Instituto Docha en Dunnak.

    Pero por extraordinaria que sin duda fuera la nave, no era nada comparada con los seres que habían construido la nave remache a remache. Los cyclorrianos eran una maravilla, a diferencia de todo lo que Bell había visto antes. De naturaleza insectoide, tenían aproximadamente un metro de altura con grandes cabezas bulbosas dominadas por un par de grandes ojos compuestos, muy parecidos a las moscas del calor que zumbaban por los pasillos del puesto avanzado Jedi en Elphrona donde Bell había recibido la mayor parte de su entrenamiento. Observaba cómo pululaban a través del reluciente casco, terminando las comprobaciones finales. Cada cyclorriano trabajaba al unísono con sus compañeros de equipo sin aparentemente decir una sola palabra. Era increíble. Cada uno parecía saber exactamente qué trabajo tenía que hacer instintivamente, ninguno de ellos se entrometía en el trabajo del otro, cada uno complementaba perfectamente al siguiente. Y el entusiasmo por su trabajo era contagioso. En las veinticuatro horas transcurridas desde su llegada, Bell no había visto ni un solo cyclorriano quejarse, a pesar de la reputación de Targes como un capataz estricto. Los insectoides simplemente siguieron trabajando, hora tras hora. Sus antenas se movían alegremente mientras pasaban de una tarea a otra. No podías evitar sonreír en su presencia. Era exactamente lo que Bell necesitaba, especialmente ahora.

    A su lado, Ember se alteró. El sabueso había estado sentado pacientemente a sus pies, acompañando constantemente a Bell desde que dejaron Elphrona. El perro había comenzado su vida como un chucho callejero que había sido adoptado por los Jedi elphronianos, convirtiéndose en una especie de mascota al principio y en un amigo leal desde entonces. Cuando Bell dejó Elphrona, Ember simplemente se subió a su Vector. Su intención de permanecer a su lado quedó clara. Había estado a su lado desde entonces, como su guardiana y confidente. Ahora estaba de pie, mirando expectante a la puerta de la plataforma de observación mientras se abría para permitir la entrada de Indeera Stokes. La Jedi madura se rió cuando Ember saltó sobre las piernas de la tholothiana, siendo recompensada con un cosquilleo debajo de su barbilla color naranja.

    “Sí, sí”, dijo Indeera. «Me alegra verte también. Ahora baja. Eso es. Buena chica. Buena chica.»

    Ember obedeció, trotando de regreso hacia Bell, donde había permanecido en el borde de la plataforma. Bell la miró y sonrió, la excitada cola del charhound golpeaba contra sus botas.

    «Estoy seguro de que le gustas más que yo», comentó mientras Indeera se acercaba.

    «Creo que ambos sabemos que eso es mentira», dijo, uniéndose a él para admirar la majestuosa nave bajo ellos. Se apoyó contra la barandilla, sacudiendo la cabeza ante el espectáculo de los cyclorrianos trabajando duro. «Por las estrellas, te deja sin aliento, ¿no?»

    “De hecho así es, maestra. El Innovator es tan impresionante como quienes lo construyeron».

    Como siempre, Bell sintió una punzada cuando se dirigió a Indeera por su título. Era cierto, la tholothiana era su maestra ahora, habiendo aceptado continuar con su entrenamiento después de que su maestro anterior, Loden Greatstorm, hubiera desaparecido defendiendo a los colonos de los Nihil hace casi un año. La última conversación entre los dos venía de manera regular a su cabeza, con Loden a los controles de su Vector.

    «Ya no soy tu maestro, Bell. Eres un Caballero Jedi «.

    «No hasta que el Consejo lo declare, y te quiero allí cuando eso ocurra».

    Ahora eso nunca sucedería. Loden le había dicho que pronto volverían a verse y nunca regresó del ataque. Nadie sabía qué había sucedido cuando Loden abandonó su Vector… el Vector de ambos… para salvar a la familia Blythe de los Nihil. El Vector había sido reducido a átomos por un cañón Nihil, y Loden, bueno, simplemente se había ido. Indeera le recordaba constantemente a Bell que los últimos deseos de Loden habían sido que su padawan fuera nombrado Caballero, pero Bell sabía que no estaba listo. ¿Cómo podía estarlo, cuando se sentía tan vacío por dentro, como si le faltara algo?

    «¿Bell?»

    Tragó saliva, repentinamente consciente de que Indeera lo estaba examinando. Su nueva maestra, sin duda se le hacía raro. Y no debería. La conocía desde hacía años, incluso había luchado a su lado, y la respetaba más que a cualquier Jedi vivo, que, por supuesto, era el problema. Loden Greatstorm no regresaría, eso se había vuelto descaradamente claro, pero no importaba cuánto admirara Bell a Indeera, nunca podría reemplazar al noble twi’lek.

    Bell ofreció una débil sonrisa. «Estaba pensando en la emoción que sentirá el público de la Feria de la República al ver al Innovator por primera vez».

    «Asi será. ¿Y que hay de ti?»

    «¿Qué hay de mí?»

    «¿Estás deseando ir a Valo?»

    Se movió incómodo, con cuidado de no dar una patada a Ember que estaba frotándose contra sus piernas, sintiendo su piel caliente a través de sus botas de piel sintética. “Será bueno ver a Mikkel y Nib. Y a Burry también, por supuesto.» Todo eso era cierto. Había llegado a pensar en los tres como amigos, especialmente con el wookiee Burryaga, a quien había podido conocer después de servir juntos en Hetzal.

    «Por supuesto», repitió Indeera, todavía mirándolo con esos ojos cálidos. «Habrá mucho con lo que disfrutar juntos». Volvió a mirar la nave. «A Loden le hubiera encantado. A él le hubiera encantado esto».

    Un nudo se formó en la garganta de Bell mientras Indeera continuaba. «Me lo puedo imaginar parado aquí con nosotros, viendo trabajar a los cyclorrianos, apreciando su habilidad».

    La voz de Bell se quebró mientras trataba de controlar sus emociones. “¿Y qué crees que diría? ¿Si estuviera aquí?»

    La tholothiana frunció los labios. “Creo que él te felicitaría por el brillo de la hebilla de tu pistolera, te diría que sonrías más a menudo y te señalaría que para poder llegar a dominar en algún momento un giro lateral, tendrás que pasar al menos dos horas más al día en tu Vector».

    Una sonrisa apareció en el rostro de Bell, a su pesar. La última parte de la frase fue pura Indeera, que siempre parecía más feliz en el aire que en la tierra.

    «También te recordaría cómo un Jedi enfrenta la muerte de sus seres queridos», continuó, y la sonrisa de Bell desapareció de inmediato. “Porque los Jedi pueden amar, Bell. No somos droides, ni deberíamos serlo nunca. Somos criaturas vivientes poderosas en la Fuerza, con todo lo que conlleva. Alegría, cariño y, sí, dolor. Experimentar esas emociones es parte de la vida. Es luz.»

    «Pero…»

    “Pero mientras experimentamos tales emociones, nunca debemos dejar que nos gobiernen. Un Jedi es el amo de sus emociones, nunca un esclavo. Extrañas lo que podrías haber compartido con Loden si estuviera aquí. Eso es natural. También lo extraño yo. Y entonces reconocemos ese dolor. Lo entendemos, incluso lo aceptamos, pero al final…»

    «Lo dejamos ir», dijo Bell, mirando al Innovator para que Indeera no pudiera ver las lágrimas que ya debía saber que tenía en los ojos.

    La tholothiana se acercó y colocó una mano reconfortante en el antebrazo de Bell. “No dije que fuera fácil. Como un giro lateral».

    Eso lo hizo sonreír de nuevo, al igual que el ligero apretón que ella le dio antes de volverse hacia la nave. Además, nadie se irá nunca del todo. Pase lo que pase, Loden estará contigo, ahora y para siempre. Ahora es parte de todos nosotros».

    De nuevo las lágrimas le llenaron los ojos. «A través de la Fuerza».

    «A través de la Fuerza», asintió. «Crees en eso, ¿no es así?»

    Él asintió con la cabeza, esperando se hiciera la tonta sabiendo muy bien que para nada lo era. «Sí. Por supuesto que sí.»

    «Me alegra escucharlo», dijo, sin sonar convencida. «Ahora, a menos que haya algo más…»

    «Deberíamos salir de esta plataforma y hacer algo por la vida», dijo, deseoso de poner fin a la conversación.

    El comunicador de Indeera emitió un pitido antes de que pudiera responder.

    «Tal vez la Fuerza esté de acuerdo contigo, mi no tan joven padawan». Indeera sacó el comunicador de debajo de su chaqueta color canela y activó el canal.


    The Rising Storm llega el 29 de junio. Si queréis leer los extractos anteriores (todos traducidos) los tenéis a continuación:

  • Segundo extracto traducido de The Rising Storm, la nueva novela de The High Republic de Cavan Scott

    Segundo extracto traducido de The Rising Storm, la nueva novela de The High Republic de Cavan Scott

    Traducción Mariana Paola Gutiérrez Escatena
    Corrección por Mario Tormo

    Estimados bibliotecarios os dejamos aquí esta traducción exclusiva del nuevo extracto de The Rising Strom de Cavan Scott que saldrá a la luz el 29 de junio de este año. Esperamos que lo disfruteis, la verdad es que es un pequeño adelanto muy revelador. Podéis leer el anterior extracto aquí.

    Elzar Mann es un hombre consumido por una visión que no puede comprender del todo. El dolor y el sufrimiento, los rostros de sus amigos más queridos y de personas que aún no conoce, se arremolinan a su alrededor. Pero, ¿qué significa esto?

    Los gritos nunca habían abandonado a Elzar Mann. Habían pasado muchos meses desde la ceremonia de inauguración del Faro Starligth, desde que estuvo junto a sus compañeros Jedi. Desde que estuvo junto a Avar Kriss.

    Los ojos de la galaxia estaban puestos en ellos, con sus galas de templo, y el maldito cuello de la camisa que le picaba mientras escuchaba los discursos y frases trilladas, primero de la canciller Lina Soh, líder de la República Galáctica, y luego de Avar. Su Avar. La heroína de Hetzal.

    El Faro era su compromiso con la galaxia, había dicho Avar. Era su pacto. Todavía podía escuchar sus palabras.

    Siempre que os sintáis solos… siempre que la oscuridad aceche… sabed que la Fuerza estará con vosotros. Sabed que estamos con vosotros… Por la luz y la vida.

    Por la luz y la vida.

    Pero eso no impidió que la oscuridad se cerniese más tarde ese mismo día. Una ola de dolor y sufrimiento, una visión del futuro demasiado terrible como para comprenderla. Se había tambaleado, agarrado a una barandilla, y la nariz le había empezado a sangrar, mientras la presión en su cabeza amenazaba con partirle el cráneo en dos.

    Lo que había visto lo había perseguido desde entonces. Le había consumido.

    Jedi muriendo uno por uno, atrapados por una retorcida e impenetrable nube. Stellan. Avar. Todos los que había conocido en el pasado y todos los que conocería en los días venideros. Rostros, tanto familiares como extraños, desgarrados.

    Y los gritos.

    Los gritos eran lo peor.

    Había pasado el resto de la velada aturdido, dejándose llevar, no del todo presente, con el eco de lo que había visto… lo que había oído… grabado a fuego en su mente. Había habido errores, unas cuantas copas de más de Kattadan rosado en la recepción, Avar reclamando ese baile que había mencionado, Elzar acercándose con demasiada impaciencia, demasiado públicamente.

    Todavía podía sentir la mano de ella en su pecho, empujándolo hacia atrás.

    «El ¿Qué estás haciendo?»

    Habían discutido, en privado, con su cabeza todavía dando vueltas.

    «Ya no somos padawans».

    Habían pasado meses desde que la volvió a ver, y cuando lo hizo, el ambiente era tan frío como un amanecer en Vandor. Avar había cambiado con él. Estaba más distante. Preocupada por sus nuevos deberes como mariscal del Faro Starlight.

    O quizás era él quien estaba preocupado. Elzar había meditado sobre la visión día y noche desde la inauguración. Debería haber ido a ver a Avar, para disculparse y pedirle consejo, o si no a ella, a Stellan Gios, su amigo más antiguo, pero Stellan tenía sus propias obligaciones. Ahora era miembro del Consejo, responsable de guiar a la Orden en su conjunto. No tendría tiempo. Además, pedir ayuda no era el estilo de Elzar. Elzar Mann era del tipo que resuelve los problemas, no del que los plantea. Él encontraba soluciones. Respuestas. Nuevas formas de conseguir hacer un trabajo. Así que Elzar hizo lo que siempre había hecho: Tratar de resolver el problema solo.

    Primero había consultado los Archivos del Gran Templo, estudiando detenidamente los innumerables archivos de texto y holocrones de la colección, llegando incluso a intentar descifrar los misterios del Códice Ga’Garen, el antiguo grimorio cuyo texto había confundido a los lingüistas durante miles de años.

    Incluso entonces, sentado en los Archivos, bajo la atenta mirada de las estatuas de los Perdidos, Elzar había oído los gritos en las profundidades de su mente, había visto los rostros de los asesinados en cada reflejo o padawan que pasaba.

    El Códice lo había traído aquí, a Ashla, la luna principal de Tython. Los antiguos habían llamado a esta franja de tierra la Isla del Retiro, que era exactamente lo que necesitaba si quería comprender plenamente lo que había visto. Necesitaba soledad, concentración. La gota que colmó el vaso fue recibir un mensaje del antiguo Maestro de Stellan, la estimada Rana Kant, felicitándolo por su ascenso a Maestro Jedi. Además, el Consejo tenía un destino para él; iba a ser mariscal del puesto de avanzada Jedi en Valo, en el límite del sector Rseik.

    ¿Él? ¿Un mariscal? ¿Cómo podían estar tan ciegos? ¿No podían ver que no estaba preparado? ¿No podían ver lo preocupado que estaba?

    Elzar caminó hacia el océano, sintiendo la cálida arena bajo sus pies, despojándose de su túnica exterior a medida que se acercaba al agua. Sí, esto era mejor. Aquí era donde finalmente vería la verdad. Donde finalmente entendería. No se detuvo en la orilla, sino que se adentró con decisión entre las olas. Hasta las rodillas. Hasta la cintura. Pronto estuvo nadando hacia el mar, deteniéndose sólo cuando ya no podía ver tierra. Giró lentamente, flotando en el agua, rodeado sólo por el mar y la propia Fuerza.

    Era el momento.

    Elzar respiró hondo y se impulsó bajo las olas, con los ojos cerrados, con el agua entrando en sus oídos y bloqueando cualquier otro sonido.

    Muéstrame.

    Guíame.

    Dame las respuestas que busco.

    No hubo nada. Ninguna revelación. Ninguna respuesta.

    Se impulsó con los pies hacia arriba, llenando de aire sus pulmones antes de volver a sumergirse.

    Estoy aquí.

    Quiero aprender.

    Necesito entender.

    Nada cambió.

    ¿Dónde estaban las respuestas que se le habían prometido? ¿Dónde estaba el conocimiento?

    Repitió el ritual, tomando aire, volviendo a sumergirse, dejando que el océano lo tragara entero. Una y otra vez, y…

    Fue como dar con una bolsa de aire. De repente no se hundía, estaba corriendo, con sus compañeros Jedi a su lado mientras las pesadillas les pisaban los talones. No estaban en el agua, sino en la niebla. Espesa. Ácida. Impenetrable. Nada tenía sentido. Ni el caos, ni el pánico.

    Ni el miedo.

    Abrió la boca para gritar y le cayó agua de un mar lejano, de un mundo diferente, de un tiempo diferente.

    ¿Qué es esto?

    ¿Dónde está esto?

    ¡Háblame!

    Y la Fuerza habló con tal fortaleza que Elzar acabó en un remolino, con sus ojos escociéndole por el destello de imágenes pasando por delante de ellos como un rayo púrpura.

    Avar.

    Stellan.

    Un tholothiano… ¿Indeera Stokes? No, faltaba uno de sus zarcillos, una cara desconocida desfigurada por la rabia.

    Huesos astillados.

    Piel resquebrajándose.

    Ojos nublados, sin poder ver.

    Y los gritos. Los gritos eran más fuertes que nunca. Más duros que nunca. Y su grito fue el más fuerte de todos.

    ¿Dónde?

    ¿Dónde?

    ¿DÓNDE?

    Los hombros de Elzar se agitaron mientras sus pulmones escupían el agua de mar. Estaba de vuelta en la orilla de Ashla, con la sal secándose en su piel, calcinada por el sol abrasador. Miró a su alrededor, con los ojos todavía borrosos, tratando de enfocar y ver la dorada arena que se extendía a ambos lados de él, Y wingmaws volando en círculos sobre el cielo, listos para arrancarle la carne de los huesos. Pero aún no estaba muerto. Ninguno de ellos lo estaba.

    Se incorporó y se tambaleó hacia su Vector, recogiendo su túnica mientras avanzaba. Necesitaba alejarse de Ashla. Necesitaba dejar el Núcleo. La Fuerza había hablado. Ya había respondido a su pregunta, sólo tenía que haber escuchado.

    Un nombre, un planeta, donde por fin podría arreglar las cosas.

    Valo.


    Star Wars: The High Republic: The Rising Storm está escrita por Cavan Scott y se publica el 29 de Junio en Estados Unidos. Si queréis conocer más detalles de esta novela podéis consultar los siguientes enlaces:

  • Nuevo extracto traducido de The High Republic: Race to  Crashpoint Tower de Daniel José Older

    Nuevo extracto traducido de The High Republic: Race to Crashpoint Tower de Daniel José Older

    Traducción por Mariana Paola
    Corrección por Mario Tormo

    Os traemos esta traducción exclusiva del nuevo extracto de la nueva novela de La Alta República que pertenece a la segunda oleada de la primera fase de este nuevo proyecto. El libro sigue los pasos del padawan Ram Jomaram el día de una mega celebración en el planeta Valo. Allí descubre que el sistema de una de las torres de comunicación ha sido saboteado. Junto a su droide V-18 y su amiga Lula Talisola tendrán que afrontar nuevos peligros.

    «¡Me divertí mucho escribiendo Race To Crashpoint Tower !» Comenta Older. “Como manda la tradición en Star Wars, esta es una aventura trepidante y llena de peligros que también obliga a sus personajes a confrontar realidades difíciles sobre cómo la galaxia está cambiando a su alrededor. Nos encontramos con Lula Talisola y Ram Jomaram involucrándose en los conflictos más grandes de su época, y haciendo todo lo posible por ayudar a salvar vidas y mantener a raya la destrucción que los invade. Espero que los jóvenes aprendan de esta novela que hay muchas formas de cambiar el mundo para mejor, y que ese viaje siempre comienza con un pequeño paso».

    Aquí os dejamos el extracto de la nueva novela del gran Daniel José Older quien nos viene deslumbrando con sus cómic Star Wars: The High Republic Adventures.


    Ram sólo había usado su sable láser en sesiones de entrenamiento.

    Había soñado sobre ello, claro. Todos los padawan lo habían hecho. Pero esos sueños siempre le habían parecido fantasías lejanas, cuentos de un mundo que ya no existía, cuando las grandes guerras entre los Jedi y los Sith hacían estragos y el peligro acechaba en cada esquina. Hoy en día, es más probable que necesite su sable para luchar contra algún animal salvaje que contra cualquier ser malvado. Al menos, eso es lo que siempre había pensado.

    Pero…

    El viento le golpeó la cara mientras V-18 gemía y el motor del speeder los elevaba cada vez más por encima de los árboles con dirección hacia tres puntos que se alzaban hacia el cielo. Tres que ya habían realizado algún que otro disparo y, probablemente, algún tipo de sabotaje en la torre de comunicaciones. Ram sostuvo el manillar con una mano y cogió su sable láser con la otra. Le temblaban los dedos cuando rodeó la empuñadura y la sacó de su funda.

    «Calma tu mente, y el sable se moverá como parte de ti», decía siempre el maestro Kunpar en las sesiones de entrenamiento.

    Ja. Es fácil decirlo no estás surcando el aire para enfrentarte a un enemigo desconocido sin ningún tipo de apoyo. Pero de eso se trataba, ¿no? Una mente tranquila era una mente tranquila, ya fuera en la sala de entrenamiento o en la batalla. Respiró profundamente, buscó el vibrante temblor de la Fuerza que lo recorría y encendió su Sable.

    ¡FFFZZzzzzhhhhwwooosssSHHHHH! Sonaba el sable de luz de Ram mientras un brillante resplandor amarillo iluminaba el crepúsculo. Y apenas un instante después. Por encima de ellos, una de las siluetas le gritó a otra, y entonces una explosión sacudió el cielo.

    «¡Aproximándose!» Advirtió V-18. Ram viró hacia un lado justo cuando la explosión de luz pasaba chisporroteando, luego puso los propulsores al límite. Quien le había disparado se había visto obligado a reducir la velocidad para cambiar de rumbo. Esta era la oportunidad de Ram. Se estabilizó en el asiento y extendió la mano libre, deseando que el speeder de delante redujera la velocidad.

    La silueta a bordo seguía de espaldas. Parecía una Togruta hembra alta, ataviada con una máscara antigás y con diferentes clases de armadura por todo el cuerpo.

    Ram sintió que la Fuerza fluía a través de él, más allá de él, y sonrió levemente cuando conectó con el motor que rugía en el speeder de alante. Se imaginó la Fuerza deslizándose dentro del chasis de metal, fluyendo a través de los engranajes y tubos, indagando en el agitado corazón de la máquina. Cerró el puño. El zumbido se entrecortó, chisporroteó y luego se detuvo por completo.

    ¡Sí!

    El speeder se había bloqueado; en unos segundos se desplomaría. Ram volvió a agarrar el manillar con una mano, con el sable aún extendido en la otra, y aceleró el motor.

    «Uh, ¿Maestro Ram?» murmuró V-18.

    La Togruta enmascarada se giró y lanzó algo redondo: una especie de cápsula del tamaño de un casco. Ram vio cómo caía en picado hacia el suelo y aterrizaba en algún lugar cerca de la base de la torre con un pequeño sonido metálico. Entonces volvió la vista justo a tiempo para ver a la mujer sacar una pistola de la funda de su bota y apuntarle a él.

    «¡Maestro Ram!» gritó V-18. Ram giró con fuerza hacia un lado mientras el speeder de la mujer empezaba a caer. Blandió su sable láser describiendo un fiero arco, rechazando uno de los disparos de blaster y enviándolo al espacio mientras que dos más pasaban de largo a toda velocidad y un cuarto impactaba contra la cubierta del motor causando un golpe gaseoso. V-18 gritó.

    «¡Agárrate!» gritó Ram, aunque era el único que realmente necesitaba agarrarse a algo. El disparo les había sacudido hacia un lado, y el motor echaba humo pero no estaba totalmente roto.

    El súbito rugido del speeder de la Togruta impregnó el aire. Al parecer su sabotaje sólo había sido una solución temporal. Ram levantó la vista justo cuando ella le disparaba tres vecesmás. Rechazó los dos primeros con su sable, y el tercero falló su objetivo, pero para entonces ya se había esfumado a toda velocidad. Apareció por encima de ellos una nave estelar. Los otros dos asaltantes ya debían haber subido. La nave no se parecía a ninguna que Ram hubiera visto antes: una nave de combate de algún tipo, por su tamaño, con una larga cabina y un anillo oxidado y desgastado abrazando la parte central. La rampa de embarque se desplegó, revelando unas enormes fauces en las que la Togruta se introdujo con facilidad, como si fuera engullida por una bestia espacial.

    La nave soltó una ráfaga de disparos hacia Ram, aunque ninguno llegó a alcanzarle, para luego virar y alejarse.

    Ram entornó los ojos para seguirla con la mirada. Algo parecía extraño en aquel anillo que la rodeaba. Casi parecía un… de repente, el propio anillo en sí pareció incendiarse cuando los propulsores se activaron a través de él. Y luego, con una serie de estallidos, la nave desapareció por completo, dejando solo un rastro de humo de motor que se desvanecía a su paso.

    «Vaya», dijo Ram, levantando sus gafas y parpadeando hacia el cielo vacío donde antes había estado la nave. Se estaban hundiendo lentamente hacia el bosque mientras el humo se elevaba constantemente desde el motor alcanzado. V-18 murmuró algo en un idioma que Ram se alegró de no entender.

    «¿Has visto eso, V-18?»

    «¿Viste cómo casi nos asesina un grupo de piratas espaciales? Sí. Sí, lo vi. Con un asiento de primera fila, de hecho».

    «No», dijo Ram. «Bueno, sí. Eso también. Pero, ¿has visto que esa nave acaba de hacer el salto al hiperespacio estando aún en la atmósfera?»

    “Mm, supongo. Estaba ocupado tratando de no ser reducido a un amasijo de piezas».

    Ram sabía dos cosas con seguridad:

    Una, que era raro que una nave tan pequeña y deslabazada pudiera dar el salto al hiperespacio.

    Dos, aunque pudiera, nadie en su sano juicio sería tan imprudente como para hacer el salto desde la atmósfera de un planeta, arriesgándose a una destrucción casi segura.

    Y esas dos cosas se sumaban a un tercer hecho indiscutible.

    Lo que más temía toda la República, lo que los Jedi y las fuerzas de seguridad locales habían pasado meses esperando evitar, estaba ocurriendo: los Nihil habían llegado a Valo.

    Fuente: Polygon