Categoría: Relatos

  • Darth Maul: Los relatos de James Luceno

    Darth Maul: Los relatos de James Luceno

    Por Jose Alabau Casaña

    ¡Hola bibliotecarios! En nuestro afán por recuperar historias relegadas por el paso del tiempo, vamos a analizar tres relatos escritos por el maestro James Luceno, que formarían parte de lo que podríamos llamar, sin ruborizarnos, el Lucenoverso, una serie de obras que orbitan en torno a La amenaza fantasma y que tuvieron su cúspide con la novela Darth Plagueis.

    James Luceno

    Como es tradición, vamos a hablar primero del autor de estos relatos, que no es otro que James Luceno, que se había pasado muy poco por estas reseñas (aunque en nuestro número Biblioteca Jedi #1 le dedicamos la sección biográfica). Aunque sus primeras historias fueron novelizaciones para la franquicia Robotech, su obra se ha desarrollado principalmente para Star Wars, como veremos a continuación.

    A mediados de los 70, Luceno conoció a Brian Daley, con el que compartía el sueño de convertirse en escritor, así como su afición de viajar por el mundo. Juntos vieron en 1977 Una nueva esperanza, lo que cambió sus vidas para siempre. Poco después, Daley sería contratado por Lucas para escribir la trilogía de Las aventuras de Han Solo, publicadas entre 1979 y 1980, a lo que se sumaría los guiones de las dramatizaciones para radio de la trilogía original (y el poco conocido Rebel Mission to Ord Mantell). Por supuesto, Luceno estaba también en el ajo, ayudando a Daley aunque no estuviera acreditado. En esa misma década y en los 90 ambos coescribirían un montón de novelizaciones bajo el seudónimo Jack McKinney, principalmente para la franquicia Robotech (incluso una novelización de la serie de Las aventuras del joven Indiana Jones, centrada en Mata Hari).

    Brian Daley (izquierda) y James Luceno (derecha)

    A finales de los 80, Ballantine (sello de Del Rey) quiso lanzar nuevas novelas de la saga galáctica, por lo que contactó con Daley y Luceno. El primero tenía en mente una serie de libros en los que Luke entrenaría a una nueva generación de Jedi, que se enfrentarían a discípulos de Palpatine, mientras que el segundo estaba dándole vueltas a una guía llamada The Tao of Force, idea que fue rechazada por Lucas por el enfoque que daba a la Fuerza. De todas maneras, Ballantine perdió los derechos en favor de Bantam Spectra, que contactó con Timthy Zahn para relanzar la saga con la Trilogía de la Nueva República. En esos años, Daley enfermó y falleció de cáncer de páncreas en 1996, dejando muy tocado a Luceno, que le dedicó una emotiva carta en la Star Wars Insider #29.

    Pero nuestra historia no podía acabar aquí, y en 1999 Del Rey recuperó los derechos de la saga y planificó una larga serie de novelas, La Nueva Orden Jedi, en la que participarían varios autores, en contraposición a los libros de Bantam, que eran trilogías o novelas cuyo orden de publicación no coincidía con el de los acontecimientos. Del Rey contacto con Luceno, que pasaría a formar parte del grupo que coordinaría toda la serie de libros, además de escribir tres de ellos: los dos volúmenes de Agentes del Caos (Agents of Chaos, 2000) y La Fuerza Unificadora (The Unifying Force, 2003), que cerraba la serie.

    Entre medías, ya que la publicación de La nueva Orden Jedi duró varios años, llegaron las precuelas, y Luceno, que estaba on fire, publicó en 2001 la novela Velo de traiciones (Cloak of Deception) y el relato Darth Maul: Saboteur. Hay que señalar que en el momento en el que el libro salió al mercado era la novela que más se remontaba cronológicamente en el tiempo, y que debía jugar con el secreto —que ahora ya sabemos todos— que Palpatine y Darth Sidious eran la misma persona. Después de publicar en 2003 La Fuerza Unificadora, y coincidiendo con el cierre de la trilogía de precuelas, Luceno publicó dos obras de referencia: Guia Visual de Planetas y Escenarios (Inside the Worlds of Star Wars Trilogy, 2004), sobre la trilogía original, y el diccionario visual de La venganza de los Sith (Star Wars: Revenge of the Sith: The Visual Dictionary, 2005). Pero si encargarse del diccionario visual no fuera suficiente implicación, Luceno escribió en 2005 El laberinto del mal (Labyrinth of Evil), la novela que servía de precuela directa de La venganza de los Sith y ¡la secuela!, Darth Vader: El Señor Oscuro (Dark Lord: The Rise of Darth Vader), conformando la conocida popularmente como la Trilogía de El Señor Oscuro —incluyendo la novelización del Episodio III a cargo de Matthew Stover—. Para acabar de rematar esta época, en 2006 Lucasfilm le contrató para escribir Darth Plagueis, cuya publicación se demoraría en el tiempo.

    James Luceno presentando la novela El Halcón Milenario

    Pero Luceno no podía estar parado, por supuesto, y en 2008 llegó la novela El Halcón Milenario (Millenium Falcon), a la que se sumaría en 2011 el relato corto Restraint. Mientras, nuestro autor había estado planeando Darth Plagueis, la madre del cordero de todo el asunto. Como decíamos, el encargo nació en 2006, pero el proyecto fue pausado varias veces ya que había que encajar muchos conceptos que Luceno quería contar con lo que se estaba desarrollando en esos años en la franquicia. No vamos a descubrir la pólvora si decimos que esta novela es una de las obras capitales del Universo Expandido, con ecos que han llegado hasta la reciente The Acolyte, y que, si no habéis leído, os animamos a hacerlo lo más pronto posible. Para hacernos una idea de su calidad, estuvo nominada en la categoría de mejor novela de ciencia ficción en los premios Goodreads de 2012. No queremos entrar en detalles sobre la historia, ya que es una gozada ir descubriendo poco a poco la trama, pero sería aconsejable leerla después de Velo de traiciones, Darth Maul: El cazador en las tinieblas y la novelización de La amenaza fantasma, para así ver como encajan todas las piezas del Lucenoverso.

    El mismo año en que salió a la venta la novela, Luceno publicó el relato corto End Game, cerrando así su participación en la cronología de Leyendas, mientras que en la nueva continuidad se ha prodigado con la novela Tarkin (Tarkin), en 2014, y Catalizador (Catalyst: A Rogue One Novel), en 2016. ¿Tendremos más obras suyas? Solo el tiempo lo dirá.

    Vamos a ver ahora los tres relatos que hemos mencionado, relacionados con Darth Maul. Podríamos analizarlos en orden cronológico interno, pero creemos que es preferible comentarlos —y leerlos— siguiendo su orden de publicación.

    Darth Maul: Saboteur

    Empezamos con Darth Maul: Saboteur, que podríamos traducir sencillamente como Saboteador. En esta historia, situada un año antes de La amenaza fantasma, narra una misión encubierta de Darth Maul al planeta Dorvalla, uno de los principales yacimientos de lommite de la galaxia, material que se utiliza para la fabricación del transpiacero. La explotación de este mineral está en manos de dos empresas rivales, InterGalactic Ore y Lommite Limited, en constante lucha a través de terceros para quedarse con el monopolio del negocio. Cuando Darth Maul llega al planeta ambas compañías están enfrascadas en un envío de lommite al planeta Eriadu, habiendo contratado las dos al clan Toom para que sabotee la llegada del mineral de su oponente al destino. La misión de Maul, bajo las órdenes de su maestro, consistirá en llevar secretamente esta rivalidad a un punto en el que tengan que recurrir a la Federación de Comercio, y, por tanto, caer en las redes de poder que Darth Sidious está tejiendo en la sombra.

    Portada de Darth Maul: Saboteur

    En cuanto a personajes, tenemos los de nueva creación: Jurnel Arrant, director ejecutivo de Lommite Limited, y Patch Bruit, su jefe de operaciones, así como Caba’Zan, su homólogo en InterGalactic Ore. A estos habría que añadir los variados miembros del clan Toom y dos viejos conocidos: el virrey Nute Gunray y Wilhuff Tarkin, gobernador en ese momento del planeta Eriadu, trama que Luceno recuperaría en la novela Tarkin (Tarkin, 2014), aunque dentro de la continuidad de Disney. Añadir también, aunque sea de manera tangencial, la mención al Canciller Supremo de ese momento, Finis Valorum, participante de la empresa familiar de transportes y construcción de naves que tiene su base en Eriadu.

    Este relato, casi noveleta por su extensión —unas 54 páginas—, apareció primero en formato eBook el 15 de febrero de 2001, con un precio de 1,99$. Ese mismo año, el 27 de noviembre, se publicó en papel como complemento de la novela Darth Maul: El cazador en las tinieblas (Darth Maul: Shadow Hunter, Michael Reaves) en su edición paperback para el mercado anglosajón. Casi se podría hablar de que tanto el relato como la novela tuvieron una salida al mercado simultánea, ya que el libro se publicó por primera vez —en tapa dura— el 30 de enero, dos semanas antes que Saboteur.

    Restraint

    En esta historia, Restraint, que podríamos traducir como Contención, nos remontamos cinco años en el tiempo respecto al Episodio I, con una trama en la que confluyen varios intereses, siendo un punto de inflexión en la vida de Maul. La narración arranca con nuestro zabrak siendo entrenado brutalmente —sin poder usar la Fuerza para no ser descubierto por sus compañeros— en la academia marcial del planeta Orsis. Pero su aprendizaje se verá interrumpido con la llegada de las Hermanas de la Noche —tras el soplo de un compañero de Maul—, que lo secuestrarán para devolverlo a su hermandad masculina. Pero todo se complicará cuando aparecerá otro bando, en este caso interesado en llevarse por la fuerza a las Hermanas de la Noche desplazadas a Orsis hasta Rattatak.

    Respecto a los personajes, los que hacen su debut en esta historia serían: Trezza, el fallen que dirige la academia de Orsis, Meltch Krakko, el compañero mandaloriano que traicionará a Maul y Kycina, su madre biológica. En cuanto a los que provienen de otras obras, tenemos a la archiconocida Madre Talzin, lideresa de las Hermanas de la Noche, y el menos conocido Osika Kirske, un señor de la guerra de Rattatak que apareció en el cómic Republic 60 en Leyendas y en Dooku: Jedi Lost en el canon actual.

    El nombre de la historia, Restraint —o como hemos dicho antes, Contención—, haría referencia a las enseñanzas de Darth Sidious para que Maul ejerza un alto nivel de autocontrol con sus poderes, especialmente para no revelar su verdadera naturaleza. Además, la idea de la historia era profundizar en los orígenes de Darth Maul y enlazarlos con lo desarrollado en la serie de animación The Clone Wars.

    Este relato apareció en una tercera edición anglosajona —también en paperback— de Darth Maul: El cazador en las tinieblas, publicada el 27 de diciembre de 2011. La fecha estaba pensada para coincidir, relativamente, con el reestreno en 3D de La amenaza fantasma en los cines estadounidenses el 10 de febrero de 2012 y con la cuarta temporada de la citada serie de animación, en la que regresaba el personaje. Esta edición, además, seguía incluyendo Saboteur, por lo que es la mejor manera de tener los dos relatos en papel, aunque sea en inglés.

    Tercera edición anglosajona de Darth Maul: El cazador en las tinieblas

    End Game

    El último relato que vamos a analizar, End Game, que podríamos traducir como Fin del juego, mezcla hábilmente los acontecimientos de La amenaza fantasma —ya que transcurre durante los hechos de la película— con el pasado de Maul tal y como hemos podido ir completando en los otros relatos. El primer tercio de la historia es un retelling de los hechos desde que el zabrak ataca a Qui-Gon en las afueras de Mos Espa, pero luego la obra empieza a rellenar todo el espacio de tiempo que transcurre hasta que vuelve a enfrentarse de nuevo al Jedi y su aprendiz en el Palacio de Theed. Durante este lapso, Maul intentará localizar las ciudades gungan sumergidas, ya que le preocupa que la Federación de Comercio no está teniendo en cuenta el poderío militar de esta especie, lo que le llevará hasta la anterior jefa de seguridad del difunto rey Veruna, que le desvelará un secreto trascendental.

    El principal personaje que añade esta historia es Maris Magneta, la citada jefa de seguridad, que con el cambio de monarca a la Reina Amidala sería sustituida por el capitán Panaka. Destacar, también, la mención de Hego Damask, el banquero muun que parece estar relacionado con el asesinato de Veruna y con la invasión por parte de la Federación de Comercio.

    La importancia de esta historia radica, no solo en rellenar la trama de Maul en los acontecimientos del Episodio I, sino en el impacto que produce en nuestro protagonista descubrir la existencia de Hego Damask, que parece estar por encima del maestro de Maul, y, por tanto, si los Sith siguen estrictamente la Regla de Dos, ¿en qué lugar queda el zabrak dentro de este binomio? ¿Está Sidious incumpliendo la regla tomando un aprendiz o Maul es un simple peón en todo el plan?

    Este relato apareció como complemento de la reedición anglosajona de la novelización de La amenaza fantasma de Terry Brooks, el 31 de enero de 2012, coincidiendo con el mencionado reestreno de la película en 3D, siendo, de momento, la única edición que lo contiene.

    Reedición anglosajona de la novelización de La amenaza fantasma

    Como hemos visto, estos tres relatos aportan mucha más información y trasfondo a un personaje como Darth Maul, cuya “muerte” prematura en el Episodio I dejó a los fans con ganas de más. Por supuesto, estas historias son solo una parte del entramado que hemos dado en llamar como Lucenoverso, pero al mismo tiempo, han servido de base para otras obras de distintos autores que han retomado el personaje y le han añadido más capas. Además de las citadas novelas: Darth Plagueis, Velo de traiciones y Darth Maul: El cazador en las tinieblas, existen otras obras de literatura —no publicadas en España—, como el diario Star Wars Journal: Darth Maul (Jude Watson, 2000), la historia juvenil The Wrath of Darth Maul (Ryder Windham, 2012) o la novela Maul: Lockdown (Joe Schreiber, 2014), que han retomado el personaje y lo han seguido explorando.

    Esperamos que este análisis os haya resultado interesante y os anime a echarle una leída a estas historias. Si no tenéis la posibilidad de conseguir las ediciones anglosajonas que hemos ido citando, podéis leer las traducciones fan que los compañeros de Libros Star Wars han hecho. Y como siempre: ¡que la lectura os acompañe!

  • Guía de relatos de la serie literaria Tales

    Guía de relatos de la serie literaria Tales

    Por Jose Alabau Casaña

    ¡Hola, bibliotecarios! Este artículo será un poco diferente, ya que en lugar de analizar un tema en concreto, vamos a reseñar y poner en contexto los sesenta y un relatos que componen los cinco volúmenes de la serie antológica novelera que, apócrifamente, fue conocida como Tales. Publicados entre 1995 y 1999, nunca fueron editados para el mercado hispanohablante, pero son muy queridos y apreciados por los fans de habla inglesa; y es que, en la época anterior a las precuelas, estos relatos servían para expandir y dar contexto a muchos de los personajes de la trilogía original.

    Los tres primeros —Tales from the Mos Eisley Cantina, Tales from Jabba’s Palace y Tales of the Bounty Hunters— contienen historias originales que orbitan alrededor de acontecimientos concretos de las películas, como son la escena de la cantina en Una nueva esperanza, todo lo referido al palacio de Jabba en El retorno del Jedi y la reunión de cazarrecompensas a bordo del Ejecutor en El Imperio contraataca. En los dos primeros libros, la mayoría de los relatos están relacionados con dichos eventos, en cambio, el tercer libro no es tan rígido, con historias mucho más largas que abarcan grades periodos de tiempo. Y sí, curiosamente se editó primero la antología basada en el Episodio VI antes que la del V.

    El editor de estos tres libros fue Kevin J. Anderson, conocido autor que ya había escrito para la franquicia la Trilogía de la Academia Jedi (1994) y La espada oscura (1995), además de tener coetáneamente en marcha junto a su mujer Rebecca Moesta la saga juvenil Los jóvenes Jedi (1995-98), y participar en la serie comiquera Relatos Jedi (1993-98). En cuanto a los escritores de estos relatos, la mayoría de ellos ya habían publicado alguna novela del Universo Expandido: Timothy Zahn, Kathy Tyers, Dave Wolverton, Barbara Hambly, A. C. Crispin, etc… Además, muchos repitieron en los demás volúmenes de la serie, por lo que pudieron desarrollar historias más complejas.

    En cambio, los otros dos libros —Tales from the Empire y Tales from de New Republic— podrían considerarse como una recopilación de relatos aparecidos en la Star Wars Adventure Journal, aunque en el segundo se incluyeron historias originales junto a algunas de las que no pudieron aparecer en la publicación debido a su cancelación. El editor fue Peter Schweighofer, al que se sumó Craig Carey en el segundo volumen, su sustituto en la Adventure Journal. Como veremos cuando lleguemos a estas antologías, se trata de historias sueltas que poco o nada tienen que ver con los títulos de los libros, pero que forman, junto a las demás de la publicación y aquellas que aparecieron en la revista Star Wars Galaxy Magazine, un corpus literario homogéneo que bebía además de los libros de rol.

    Antes de entrar de lleno en los relatos, señalar que todas las referencias a otras obras en las que aparecen los personajes pertenecerán a la continuidad Leyendas, ya que es el contexto en el que se escribieron estas historias. Además, hay que tener en cuenta que fueron publicadas en los noventa, antes de las precuelas, por lo que el pasado de algunos personajes, con los años, sería retrocontinuado para encajarlo con la trilogía que estaba en desarrollo. Por último, recordar que en este artículo están listados todos los relatos de la saga, a modo de guía. Y sin más dilación, viajemos a una de las fases más tempranas de esta galaxia muy lejana.

    TALES FROM THE MOS EISLEY CANTINA

    Empezamos este repaso con Tales from the Mos Eisley Cantina, la primera antología que se publicó, concretamente en julio de 1995. La mayoría de estas dieciséis historias se centrarán en la famosa escena que da nombre al libro, con algunos personajes clave como Wuher o Greedo repitiendo en muchas de ellas, pero también habrá algunas que se salgan de este marco para dar una visión más completa y compleja del asentamiento. Aprovechamos para señalar que el arte de la portada, así como el de los dos siguientes volúmenes editados por Kevin J. Anderson, corrió a cargo de Stephen Youll, que dentro de la franquicia repetiría con la Trilogía de La guerra de los cazarrecompensas, con un estilo similar de composición por medio de collage de personajes. Además, tanto esta antología como las otras dos fueron recopiladas en un volumen único bajo el título Star Wars: Tales, editado por el Science Fiction Book Club en 1997, y que, a posteriori, sirvió para conocer coloquialmente al conjunto de los cinco libros.

    Tales from the Mos Eisley Cantina

    We Don’t Do Weddings: The Band’s Tale (Kathy Tyers)

    El volumen se abre con el relato de unos de los personajes más famosos de la escena: la banda de música de biths, conocida como Filgrin D’an y los Modos Nodales. Al principio de la historia los encontramos trabajando para Jabba, pero su intención es finalizar el contrato y abandonar el planeta. La oportunidad se les presentará cuando la Dama Valarian, una whipid rival del hutt, les ofrecerá tocar en su boda a cambio de una importante suma de créditos, lo que les permitiría dejar Tatooine. Pero todo se irá al traste debido a la enemistad entre Jabba y la Dama Valarian, y la banda acabará tocando en la cantina de Chalmun. Estos personajes aparecerán en varios relatos de la antología, aunque también los podemos encontrar en algunas novelas del Universo Expandido, así como en multitud de parodias.

    A Hunter’s Fate: Greedo’s Tale (Tom y Martha Veitch)

    Este relato, centrado en el icónico Greedo, arranca cuatro años antes de Una nueva esperanza, siendo el más temprano cronológicamente hablando de esta antología. Se trata de una historia muy trágica, en la que nuestro personaje, shakesperiano en cierta manera, no puede escapar a su destino. Víctima inocente de las guerras de clanes rodianos, Greedo se convertirá en cazarrecompensas, lo que le llevará a tener varios encontronazos con Han Solo, siendo el más conocido por todos el ocurrido en la cantina. Con la llegada de la trilogía de precuelas, todo este trasfondo sería retrocontinuado. Por supuesto, el personaje aparecerá en varios de los relatos de este libro, tanto vivo como muerto, y más allá de esta antología lo encontramos, por ejemplo, en el cómic Inframundo: La basílica de Yavin.

    Hammertong: The Tale of the ‘Tonnika Sisters’ (Timothy Zahn)

    Si en el relato anterior comentábamos que el pasado del personaje fue posteriormente reelaborado, ahora veremos el caso contrario: una historia que sirvió para hacer retcon. La Guardia de las Sombras Mistryl, un grupo de mercenarias amazonas, es contratado para transportar un proyecto militar secreto, pero la nave sufrirá un ataque. Shada D’ukal y Karoly D’ulin, dos de las supervivientes, llevarán la nave hasta Tatooine, donde se harán pasar por las hermanas Tonnika. La trama se complicará con la intervención de imperiales y del agente rebelde Riij Winward, que quieren apoderarse también de la carga que transportaban; que no es otra que el superláser de la Segunda Estrella de la Muerte. A Riij volveremos a verlo en Side Trip, más adelante, y a Shada en Hutt and Seek, en la última antología. La retrocontinuación de la que hablábamos se debió a que en el libro de rol Guía 1: Una nueva esperanza, publicado por Joc Internacional en España, se indicaba que las hermanas Tonnika eran gemelas idénticas, lo que no casaba con las actrices vistas en la película.

    Las supuestas hermanas Tonnika y Wuher

    Play It Again, Figrin D’an: The Tale of Muftak and Kabe (A. C. Crispin)

    Este relato está centrado en dos personajes: el talz Muftak y su hija adoptiva, la chadra-fan Kabe. Ambos son ladrones de poca monta, pero su suerte cambiará en el momento en que decidan robar en la mansión de Jabba en Mos Eisley. El plan se torcerá cuando, una vez dentro, descubran que el hutt tiene un rebelde encerrado. Este les pedirá que entreguen un datachip que guardaba escondido entre sus dientes a un mon calamari en concreto, y a cambio, este les dará una cuantiosa recompensa. A modo de curiosidad, citar que este agente rebelde es Barid Mesoriaam, que formaba parte del operativo de Bria Tharen, a la que conocimos en la Trilogía de Han Solo, de la misma autora. Muftak y Kabe aparecerán en más relatos de la antología, así como en algunas historias no canónicas, pero especialmente llamativo es este anuncio del Departamento de Transporte de Estados Unidos para concienciar sobre los peligros de conducir ebrio en el que se recrea la escena de la cantina y Muftak ha bebido más de la cuenta.

    The Sand Tender: The Hammerhead’s Tale (Dave Wolverton)

    En esta historia conoceremos a Momaw Nadon, un ithoriano exiliado que aún conserva las tradiciones secretas de jardinería de su planeta natal. Después de un encontronazo con Alima, un imperial que busca a los dos droides y que le amenaza con destruir sus plantas sino le ayuda, encontrará la oportunidad de vengarse de él cuando descubre que estos se han ido en una nave, acusándolo frente a los oficiales imperiales de haberlos dejado escapar. Esto provocará un conflicto moral en el ithoriano, que intentará mantener un equilibrio entre su pacifismo y la necesidad de mantener a salvo sus plantas. Momaw aparecerá puntualmente en algunas novelas del Universo Expandido, pero al capitán Alima solo lo encontraremos en este relato y en el anterior.

    Momaw Nadon

    Be Still My Heart: The Bartender’s Tale (David Bischoff)

    Esta historia está centrada en Wuher, el camarero de la cantina, personaje que aparece en la mayoría de los relatos de esta antología, de una manera u otra. Conoceremos su deseo de agradar a Jabba con una bebida única y especial, así como su aversión por los droides, como vimos en la película cuando llegan R2-D2 y C-3PO. Esto cambiará gracias a C2-R4, en el que encontrará un aliado y ayudante inesperado. Este último aparecerá solo en este libro, pero a Wuher lo encontraremos en varias novelas del Universo Expandido. Como curiosidad, señalar que, si bien al principio el personaje únicamente era conocido como «el camarero», fue en esta historia cuando se oficializó su nombre, después de haber sido llamado «Cedu Partu» en otros productos.

    Nightlily: The Lovers’ Tale (Barbara Hambly)

    Este es quizá uno de los relatos más extraños de toda la antología. El argumento es muy sencillo y, a la vez, extremadamente prescindible para la historia general: Feltipern Trevagg, un gotal recaudador de impuestos, se enamorará en la cantina de M’iiyoom Onith, una h’nemthe. Por la noche irán a un hospedaje cercano, y después de consumar la relación, ella lo matará como parte del rito de apareamiento. Los dos personajes solo aparecerán en esta historia, destacando que, si bien M’iiyoom salía en la adaptación al manga de Hisao Tamaki, no coincidía exactamente con la escena de la película.

    Empire Blues: The Devaronian’s Tale (Daniel Keys Moran)

    Esta historia nos ayuda a conocer en más profundidad al devaroniano Kardue’sai’Malloc, uno de los personajes más icónicos de la cantina por el parecido de su especie con nuestros demonios. Conocido como ‘el Carnicero de Montellian Serat’, y perseguido tanto por los rebeldes, ya que se ganó ese apelativo por masacrarlos en Devaron, como por el Imperio, ya que desertó de sus filas, estuvo dando vueltas por la galaxia hasta que recaló en Tatooine, haciéndose llamar Labria. Melómano empedernido, intervendrá para que los Nodos Modales, a los que lleva siguiendo mucho tiempo, acaben en la cantina, complementando la primera historia de esta antología. Volveremos con este personaje más adelante, en el relato The Last One Standing: The Tale of Boba Fett, del mismo autor.

    Kardue’sai’Malloc

    Swap Meet: The Jawa’s Tale (Kevin J. Anderson)

    En esta curiosa historia conoceremos a Het Nkik, un jawa que no quiere vivir como los de su especie, huyendo cada vez que hay peligro. Para poder defenderse, conseguirá un bláster en un encuentro de intercambios con otros clanes jawas. A esta misma reunión tenía que haber acudido Jet, su compañero de clan, pero descubrirá que no pudo llegar porque su reptador de las arenas fue atacado por los imperiales, en su búsqueda de C-3PO y R2-D2. Inspirado por Obi-Wan Kenobi, y decidido a no esconderse nunca más, acudirá a Mos Eisley para vengar la muerte de su amigo. Tanto Het como el ranat que conocerá en la cantina volveremos a verlos en el próximo relato.

    Trade Wins: The Ranat’s Tale (Rebecca Moesta)

    Esta historia, la más breve de la antología, vendría a ser un complemento del tramo final de la anterior. Reegesk, un ranat que se dedica a todo tipo de comercio y menudeo, acudirá a la cantina de Chalmun con la necesidad de hacer negocios, ya que su tribu necesita una fuente de energía para un vaporizador de humedad que reduzca su dependencia de otros asentamientos. Allí coincidirá con el jawa Het, que mostrará interés por un talismán tusken que le ofrece Reegesk a cambio de su bláster. La complementariedad de este relato con el anterior estaría en la línea de las colaboraciones en otras historias de este matrimonio de autores, coescritores, como se apuntó al principio, de la serie Los jóvenes Jedi.

    When the Desert Wind Turns: The Stormtrooper’s Tale (Doug Beason)

    Protagonizada por Davin Felth, esta historia no solo complementará hechos del Episodio IV, sino que nos ofrecerá un guiño a la futura Batalla de Hoth. La narración comienza en la Academia de Carida, en la que, en un simulador, Felth conseguirá que su AT-AT sobreviva a un ataque de cazas. La táctica usada mostrará las debilidades de este tipo de transportes, por lo que, para quitárselo de en medio, el coronel Veers lo trasladará a Tatooine, donde participará primero en la búsqueda de los droides, y luego de Luke, Han y Obi-Wan. Pese a que Felth no aparecerá en más historias fuera de esta antología, este relato servía para identificarlo tanto a él como a otros soldados que veíamos en la película y sus diferentes adaptaciones.

    Soup’s On: The Pipe Smoker’s Tale (Jennifer Roberson)

    Este lisérgico relato, narrado en primera persona, y que mezcla acontecimientos con pensamientos, nos introduce en la mente del anzati Dannik Jerriko. Nacido un milenio antes de las precuelas, este cazarrecompensas se caracteriza por beber lo que él llama «la sopa» de sus víctimas, o sea, sus jugos cerebrales, a través de dos probóscides que emergen de su rostro. Su fama le ha llevado a trabajar en el palacio de Jabba, pero de vez en cuando se acerca a Mos Eisley, en concreto a su cantina, donde disfruta oliendo la escoria que allí se reúne. Cuando entren Luke y Obi-Wan en busca de un piloto, sus sentidos se pondrán alerta ante nuevas posibles víctimas. Su historia seguirá en Out of the Closet: The Assassin’s Tale, en la siguiente antología.

    Dannik Jerriko

    At the Crossroads: The Spacer’s Tale (Jerry Oltion)

    En este relato conoceremos a BoShek, un personaje que guarda ciertas similitudes con Han Solo. De origen corelliano y sensible a la Fuerza, trabaja pilotando naves de un sistema a otro con transpondedores falsos. Justo antes de los acontecimientos del Episodio IV, BoShek llega a Tatooine batiendo el récord de Kessel y perseguido por el Imperio. Después de entregar la nave, se dirigirá a la cantina para fanfarronear delante de Solo y el wookiee, encontrándose con Obi-Wan, quien necesita una nave con piloto, pero BoShek solo puede ofrecerle lo segundo, así que le recomendará que hable con Han Solo y Chewbacca. Salvando menciones esporádicas, este personaje no tendría más apariciones literarias fuera de esta antología, y únicamente se rescataría para el número 23 de la serie comiquera Star Wars: Imperio, quedando su planificado regreso en Star Wars: Rebelión, la secuela de la anterior, en solo una idea, tras su cancelación.

    Doctor Death: The Tale of Dr. Evazan and Ponda Baba (Kenneth C. Flint)

    Este relato es el único de la antología que no está relacionado con la escena de la cantina, situándose poco después, y en el planeta Ando. Está escrito además por Kenneth C. Flint, de quien ya hablamos en el artículo sobre proyectos cancelados y en el del éxito de ventas de The Heart of the Jedi, siendo esta historia una compensación por todo el problema que le supuso la citada novela. Centrado en Cornelius Evazan y su compañero Ponda Baba, encontramos una historia de terror con experimentos truculentos, en los que Evazan quiere transferir la mente de Baba a un senador aqualish, mientras que la suya propia a un cazarrecompensas que tiene encerrado. Estos dos personajes, pese a ser muy conocidos entre los fans, fueron más desarrollados en otros productos —como los libros de rol—, aunque, por ejemplo, Evazan aparecía en algunos libros de la serie juvenil Galaxy of Fear.

    El doctor Evazan y Ponda Baba

    Drawing the Maps of Peace: The Moisture Farmer’s Tale (M. Shayne Bell)

    Este relato tocará de forma tangencial la cantina, pero sirve para dar un mayor contexto a la convivencia entre tuskens, jawas y granjeros de humedad. Está protagonizado por Ariq Joanson, que intentará organizar y dividir el territorio que circunda su granja para que los tres grupos citados puedan convivir. La boda de unos amigos, a la que serán invitados jawas y tuskens, será la excusa para conseguirlo, pero hay otros factores que nuestro protagonista no tiene en cuenta. Esta será la única historia en la que aparecerá el personaje. Como curiosidad, hay que indicar que, aunque en varios productos se le identifica como uno de los humanos de la cantina, oficialmente no se le ha asimilado a ninguno de los que salen en la película.

    One Last Night in the Mos Eisley Cantina: The Tale of the Wolfman and the Lamproid (Judith y Garfield Reeves-Stevens)

    La antología se cierra con otro extraño relato romántico, diferente del resto. En esta ocasión, tenemos otro personaje sacado de otra mitología, el hombre lobo, aquí encarnado por el shistavanen Lak Sivrak. Se enamorará de la lamproide Dice Ibegon tras conocerla en la cantina, y ambos ingresarán en la Rebelion, muriendo ella en la Batalla de Hoth y convirtiéndose en un espíritu de la Fuerza. El relato se sitúa en la Batalla de Endor, y mientras Lak cae derribado, ella le ofrece la posibilidad de volver atrás en el tiempo a través de la Fuerza y que sus caminos nunca se hubiesen cruzado, por lo que aún seguirían vivos, pero separados. No aparecieron en ninguna otra historia más allá de este libro, exceptuando el paródico cómic no canónico La corte del Emperador.

    Antes de pasar al siguiente libro, hay que indicar que cuatro relatos de esta antología tuvieron sendas adaptaciones. La historia de Greedo fue convertida en webstrip para la web Hyperspace, con guion de Pablo Hidalgo y que podéis leer aquí. Los relatos de la banda y el de los amantes fueron convertidos en audiodramas y comercializados independientemente, pero el de las hermanas Tonnika apareció como bonus en la narración en casete de la Trilogía de la Nueva República, como vimos en este artículo.

    TALES FROM THE JABBA’S PALACE

    Siguiendo el mismo esquema de la anterior antología, Kevin J. Anderson vuelve a rodearse de algunos de los autores más conocidos de la franquicia para reunir diecinueve relatos centrados en el palacio de Jabba y sus habitantes, con historias situadas antes, durante y después de los hechos vistos en El retorno del Jedi. Además, a diferencia de la anterior antología, se añade un epílogo en el que se detalla cómo continuaron sus vidas algunos personajes tras su paso por el palacio.

    Tales from Jabba’s Palace

    A Boy and His Monster: The Rancor Keeper’s Tale (Kevin J. Anderson)

    Comenzamos la antología con un relato bastante interesante, en el que vemos cómo las vidas del rancor y Malakili, su cuidador, discurrirán paralelas desde su llegada a Tatooine, el primero a bordo de una nave estrellada, y el segundo trasladado desde el Circus Horrificus. Entregados ambos como regalo de cumpleaños a Jabba por parte de Bib Fortuna, hecho que le conseguirá el puesto de mayordomo, poco a poco irán estableciendo un nexo entre ellos, que culminará con el rancor enfrentándose a incursores tusken para salvar a su cuidador. Jabba, al darse cuenta del potencial espectáculo que puede ofrecer el rancor, planeará un combate contra un dragón krayt, pero, ante el temor de que esto acabe con la vida de la bestia, Malakili contactará con la Dama Valarian, la rival del hutt que conocimos en la primera antología, para organizar una fuga de ambos del palacio. Más allá de este volumen, Malakili no aparecerá en más relatos, pero podemos encontrarlo en el videojuego Star Wars: Demolition, en el que su historia tiene dos finales posibles. Esta historia tiene también la particularidad de presentar, por vez primera en una novela, a Bidlo Kwerve, un personaje menor que será el competidor de Fortuna por el puesto de mayordomo de Jabba, cuestión que el mismo Kevin J. Anderson se preocuparía de crearle un precedente en el cómic This Crumb for Hire de un año después. 

    Taster’s Choice: The Tale of Jabba’s Chef (Barbara Hambly)

    Este segundo relato está centrado en Porcellus, el cocinero de Jabba, lo que nos permitirá adentrarnos un poco más en la vida diaria del palacio y conocer las interacciones entre sus habitantes. Su trabajo se desarrollará bajo la constante amenaza de acabar en las fauces del rancor, en caso de que la comida que prepare no le guste o le siente mal al hutt, a lo que se sumará la muerte de varios trabajadores del palacio después de comer sus platos. Todo esto llevará a Jabba a sospechar de él, pero no de la manera en la que Porcellus cree. La llegada de los héroes rebeldes al palacio supondrá un punto de inflexión en la historia, ya que si bien Porcellus intentará ayudar a Leia, de la que se enamorará, provocará que las supersticiones de Jabba se cumplan. Además de en esta antología, lo encontramos en el extraño relato Nightlily: The Lovers’ Tale, presentado en el volumen anterior.

    That’s Entertainment: The Tale of Salacious Crumb (Esther M. Friesner)

    Esta historia es un poco rocambolesca, ya que el protagonista principal no es el mono-lagarto kowakiano, sino Melvosh Bloor, un académico que se ha infiltrado en el palacio para entrevistar a Jabba y estudiar cómo ha creado su imperio criminal, además de averiguar qué pasó con el profesor P’tan, otro colega universitario que desapareció misteriosamente cuando fue con la misma intención. Salacious, que se hará pasar por Darian Gli, el contacto que le esperaba en el palacio, le llevará engañado ante Jabba. Para sorpresa de Bloor, el mono-lagarto lo presentará como si fuera un comediante, lo que, por supuesto, no terminará bien para nuestro protagonista. Este personaje únicamente aparecerá en este relato.

    A Time to Mourn, a Time to Dance: Oola’s Tale (Kathy Tyers)

    Esta historia es bastante dura, ya que vemos como Oola, la bailarina twi’lek, sufrirá todo tipo de maltratos y vejaciones. Pese a estar encadenada a Jabba, se esconderá detrás del hutt, donde conocerá a C-3PO y le contará cómo ha llegado al palacio. Secuestrada en su planeta natal, Ryloth, y obligada a perfeccionar sus cualidades de bailarina para ser ofrecida a Jabba mediante engaños, llegará a Tatooine junto a Sienn’rah, otra twi’lek, y el esclavista Jerris Rudd, intermediario de Bib Fortuna. Pero antes de llegar al palacio, tendrán un encuentro con un caballero misterioso que conseguirá liberar a Sienn y que no será otro que Luke Skywalker, al que también espera C-3PO para que le libere. Oola solo aparecerá en esta antología, aunque al ser uno de los personajes más icónicos del palacio, sí que será mencionada en otras novelas del Universo Expandido. Como dato anecdótico, en 2001, el relato La que escapó, de la serie comiquera Star Wars: Relatos, vendría a crear un cierto paralelismo presentando la huida de otra twi’lek del palacio, encargada de distraer a Jabba hasta la llegada de Oola.

    Oola, además de otros miembros del séquito de Jabba

    Let Us Prey: The Whiphid’s Tale (Marina Fitch y Mark Budz)

    La historia de J’Quille, el whipid, es quizás las que menos aporte de las vistas hasta ahora. Enviado por su amante, la Dama Valarian, para matar a Jabba, su plan es envenenarlo poco a poco a través de Phlegrim, el ayudante de Porcellus. Pero todo se complicará cuando este aparezca muerto y J’Quille sea chantajeado anónimamente para no ser descubierto, lo que le llevará a sospechar de un monje b’omarr que vive en el palacio. Únicamente aparecerá en este libro y, como muchos otros personajes que estamos viendo, su nombre y contexto fue oficializado gracias a esta antología, ya que hasta entonces era conocido como «tooth face», uno de los característicos nombres/apodos que muchos alienígenas —y no tan aliens— de las películas recibieron al ser trasladados a las series de figuras de acción de Kenner.

    Sleight of Hand: The Tale of Mara Jade (Timothy Zahn)

    Llegamos al relato de uno de los personajes más icónicos del Universo Expandido: Mara Jade, la ‘Mano del Emperador’. Enviada por Palpatine para que se infiltre como bailarina bajo el nombre de Arica, su intención es la de matar a Luke Skywalker cuando acuda al rescate de sus amigos. Contemplando los acontecimientos siempre desde un segundo plano, ya que en la película no aparecía, no podrá lograr su objetivo, ya que será detenida por Melina Carniss, coreógrafa de las bailarinas, que sospecha de ella. A modo de curiosidad, tendremos una breve conversación con Boba Fett y la aparición, a modo de homenaje, de un hombre gordo que se hacía pasar por Jabba, en referencia a la escena original del Episodio IV. Para más información sobre el personaje, os remitimos a este artículo.

    Mara Jade como Arica

    And Then There Were Some: The Gamorrean Guard’s Tale (William F. Wu)

    En este relato recuperamos de nuevo la trama del asesinato de Phlegmin, el ayudante de cocina, pero desde el punto de vista de Gartogg, un guardia gamorreano. Tendremos las mismas conversaciones con los otros personajes, en un efecto Rashomon, pero desde un punto de vista más distendido. Los gamorreanos no son los seres más inteligentes de la galaxia, pero es que encima ellos mismos consideran estúpido a Gartogg. Obsesionado con destacar para poder ir en la barcaza de Jabba, no tendrá otra idea mejor para investigar el asesinato que pasear día y noche con el cadáver al hombro. Si bien aparecerá en varios relatos de esta antología, no lo encontraremos en más libros.

    Old Friends: Ephant Mon’s Tale (Kenneth C. Flint)

    La historia del chevin Ephant Mon nos ofrece un poco de esperanza dentro del antro de maldad que es el palacio de Jabba. Este chevin, uno de los pocos amigos sinceros del hutt, es el encargado de descubrir los complots que están desarrollándose para acabar con el señor del crimen, ya que muchos años antes, este le salvó la vida. Pero los planes que están tramando la Dama Valarian desde el Déspota Afortunado, los propios esbirros de Jabba o el Imperio, no son nada comparados con la amenaza que supone la llegada de los héroes de la Rebelión, que Ephant Mon descubrirá tras hablar con Luke. Este personaje, que también aparecerá en la monumental Darth Plagueis, toma su nombre de Elephant Man, el «hombre elefante», apodo por el que era conocido Joseph Merrick.

    Goatgrass: The Tale of Ree-Yees (Deborah J. Ross, como Deborah Wheeler)

    Pasamos a la historia de Ree-Yees, que pese a iniciarse otra vez con la muerte del ayudante del cocinero, se desvía por otros derroteros para narrarnos otra conspiración contra Jabba: la que él mismo está llevando a cabo como infiltrado del Imperio. Su plan es explotar la barcaza con un detonador termal, pero se complicará con el citado asesinato y la posterior llegada de los rebeldes. Destaca un breve pasaje en el que, deambulando por pasillos poco transitados del palacio, llega a una sala donde están los cerebros de los monjes b’omarr. Su nombre deriva de «three eyes», y destaca, aún pese a que supone una contradicción con la continuidad, su aparición en un video de seguridad de la atracción Star Tours.

    And the Band Played On: The Band’s Tale (John Gregory Betancourt)

    En el relato de la banda conoceremos a los músicos del palacio, pero también recuperaremos a otros viejos conocidos: Figrin D’an y los Modos Nodales, que ya vimos en la anterior antología. El grupo de Evar Orbus, compuesto por él mismo, la vocalista Sy Snootles, Max Rebo y Droopy McCool —más conocido este último por su alias, Snit—, llegará a Mos Eisley para trabajar en la cantina de Chalmun, pero para su sorpresa, la banda de biths, pretendiendo ayudarles, les tenderán una emboscada en la que morirá su líder. Necesitando un nuevo trabajo, se renombrarán como «La banda de Max Rebo» y firmarán un contrato de por vida con Jabba a cambio de comida. En el palacio no les irá tan mal, pero la llegada de los rebeldes cambiará todo. Como curiosidad, señalar que el nombre real de Max Rebo, Siiruulian Phantele, se desveló en Who’s Who in the Max Rebo Band, un artículo publicado en la Star Wars Insider #76.

    La banda de Max Rebo

    Of the Day’s Annoyances: Bib Fortuna’s Tale (M. Shayne Bell)

    Este es uno de los grandes relatos de la antología. Bib Fortuna, mayordomo de Jabba, no solo es consciente de las catorce conspiraciones en marcha para acabar con el hutt, sino que está llevando a cabo su propio plan para hacerse con el poder, aliado con los monjes b’omarr, que quieren recuperar el palacio. Además, está tramando su vuelta triunfal a Ryloth, de donde fue exiliado y odiado desde que condujo a sus habitantes a la esclavitud al iniciar el comercio con especia ryll. Su plan se precipitará cuando Jabba decida ajusticiar a Nat Secura, su protegido, y al que necesitaba para legitimar el regreso a su planeta natal. Los monjes b’omarr, a los que una vez que alcanzan la iluminación se les extrae el cerebro para que mediten libres de ataduras físicas, tendrán la solución para este contratiempo, pero como todo el mundo en el palacio, también tienen sus propios planes. Además de en esta antología, Fortuna aparece en multitud de novelas del Universo Expandido.

    The Great God Quay: The Tale of Barada and the Weequays (George Alec Effinger)

    La historia de Barada y los weequay recupera el tono humorístico para ofrecernos un relato muy tangencial. Por un lado, tenemos a Barada, el encargado de mantenimiento de la barcaza, que descubrirá el cadáver de Ak-Buz, el capitán weequay que la pilotaba, lo que llevará a los otros miembros de su especie a investigar el caso. Pero si los gamorreanos no son muy listos, los weequay tampoco los superan, y utilizando una esfera —a la que adoran en representación de su dios—, y que únicamente da respuestas sin sentido, aunque ellos no lo sepan, irán desvelando una supuesta conspiración con una bomba, que en el fondo tampoco se alejará mucho de la realidad. El nombre de Barada, así como el de los niktos, proviene de «Klaatu barada nikto», frase que aparecía en la película Ultimátum a la Tierra. Otra referencia es la esfera que adoran los weequay, que es una alusión a la Bola 8 Mágica, un juguete idéntico a una bola de billar negra que se usa para adivinar el futuro. Barada solo aparecerá en esta antología y en la historia de Dengar, que veremos en el siguiente libro.

    A Bad Feeling: The Tale of EV-9D9 (Judith y Garfield Reeves-Stevens)

    Este relato se aleja de las tramas típicas que hemos visto hasta ahora para desarrollar una historia con bastante miga, plagada de elementos de terror. La narración empieza en Bespin, muchos años atrás, cuando un androide, EV-9D9, que ha destruido la cuarta parte de sus congéneres en la Ciudad de las Nubes, logra fugarse, siendo testigos Lando y 12-4C-41, un droide de tráfico. En el presente, su trabajo en el palacio consiste en organizar a los droides que van llegando, además de torturarlos sádicamente. Pero sus circuitos lógicos detectarán que algo extraño está pasando cuando aparezcan C-3PO y R2-D2, justo cuando pueden cubrir unas plazas que, misteriosamente, acababan de quedar vacantes. EV-9D9 descubrirá que Lando se ha infiltrado en el palacio bajo el seudónimo de Tamtel Skreej, pero confundirá tanto sus motivaciones como a su verdadero enemigo. A este droide, además de en esta antología, lo encontraremos en el relato Lando Calrissian: Idiot’s Array, publicado originalmente en la web Hyperspace.

    EV-9D9

    A Free Quarren in the Palace: Tessek’s Tale (Dave Wolverton)

    La historia del quarren Tessek es muy parecida a la de Bib Fortuna. Durante su trabajo como contable de Jabba, ha ido desviando dinero del hutt a diversos negocios y cuentas con la intención de matarlo y ocupar su lugar. Conspirando con Talmont, el prefecto imperial, y la Dama Valarian, planea hacer explotar la barcaza de Jabba y escapar a tiempo en un esquife. Pero todo se complicará cuando el sofocante calor extremo del Mar de Dunas empiece a mermar su salud, ya que necesita constantes baños de agua para sobrevivir. Igual que Barada, aparecerá en esta antología y en el relato de Dengar, además de en la tira A New Beginning, de Archie Goodwin (pendiente de publicación en español en el futuro Las tiras de prensa clásicas de Planeta Cómic), pero como apunte indicar que en el borrador de El ataque de los clones estaba previsto que fuera un senador quarren, personaje que al final fue renombrado como Tikkes.

    Tongue-tied: Bubo’s Tale (Daryl F. Mallett)

    Este es, con diferencia, el relato más breve de la antología. Nos habla de Buboicullaar —más conocido como Bubo—, la rana-perro macho, y cierra un fleco que había quedado suelto de la historia de Ree-Yees: Bubo se había comido la pieza del detonador que necesitaba el gran, y por eso no la encontraba. Vemos también su amistad con el b’omarr Evilo Nailati y cómo después de la caída de Jabba, su cerebro será extraído para meditar con los otros monjes. Solo lo encontraremos en esta antología.

    Out of the Closet: The Assassin’s Tale (Jennifer Roberson)

    En este relato recuperamos a Dannik Jerriko, el anzati que conocimos en la historia Soup’s On: The Pipe Smoker’s Tale de la anterior antología, por lo que la escritura seguirá el mismo estilo introspectivo en primera persona. Sigue viviendo a base de la «sopa», la esencia vital de sus víctimas, lo que le llevará a cometer un error. Por fin sabremos quién fue el asesino del ayudante de cocina, veremos el encontronazo que tiene Jerriko con la bailarina Yarna, de la que hablaremos en breve, y descubriremos su ansia por beber la esencia de Han Solo y de Luke, al que reconoce de cuando lo vio con Obi-Wan en la cantina, además del mismísimo Jabba. Más allá de estos dos relatos, podemos encontrarlo en la juvenil Galaxy of Fear: Ghost of the Jedi, situada cronológicamente entre ambos.

    Shaara and the Sarlacc: The Skiff Guard’s Tale (Dan’l Danehy-Oakes)

    Este relato repite el punto de vista en primera persona del narrador, pero en lugar de los pensamientos, tenemos un monólogo. De camino al Gran Pozo de Carkoon, un guardia del esquife le cuenta a Boba Fett la historia de su hermana, Shaara, y cómo consiguió sobrevivir al sarlacc, siendo, en un principio, el único caso conocido hasta ese momento. Perseguida por soldados imperiales, Sahaara huía por el Mar de Dunas hasta que se topó accidentalmente con el monstruo. Ataviada como un droide, ya que venía de trabajar disfrazada en una cantina, y pese a que los tentáculos la habían atrapado, el sarlacc la lanzó fuera del pozo, siendo el destino de los soldados el contrario. Muchas teorías se dieron al respecto, pero sus padres contaban que el sarlacc no se comía a las personas de buen corazón. Tanto el guardia como su hermana únicamente aparecerán en esta historia.

    A Barve Like That: The Tale of Boba Fett (Daniel Keys Moran, como J. D. Montgomery)

    Igual que ocurría en la primera antología, este relato lo vimos ya en la retrospectiva sobre Boba Fett. Se trata quizás de la historia más importante del libro para el resto del Universo Expandido, ya que vemos cómo Boba Fett consiguió escapar del sarlacc. Atrapado en el estómago de este, entrará en contacto telepático con Susejo, una antiquísima víctima que fusionó su mente con la del monstruo antes de que su cuerpo se descompusiera, y a través de una mezcla de recuerdos y realidad, Boba Fett irá poco a poco consiguiendo su objetivo. Esta historia, como veremos en la siguiente antología, enlazará con la de Dengar. En cuanto a Susejo, solo lo tendremos en este relato. Este será la primera vez que el autor del relato, Daniel Keys Moran, comience a usar el seudónimo J.D. Montgomery, en respuesta a los problemas y elementos censuradores que Lucasfilm empezó a aplicar en sus escritos; una cuestión que podéis extender con la lectura del artículo Censura, imposiciones y sorpresas, publicado en la revista Biblioteca Jedi #2

    Boba Fett escapando del sarlacc

    Skin Deep: The Fat Dancer’s Tale (A. C. Crispin)

    En este último relato de la antología conocemos a Yarna, la bailarina askajiana de Jabba. Situada tras la muerte del hutt, la historia complementa la de Dannik Jerriko,  y nos contará la travesía que emprenderá por el desierto, junto al cazador Doallyn, para llegar a Mos Eisley y poder recuperar a sus hijos. Pero las interminables dunas encierran muchos peligros, entre ellos, un enorme dragón krayt que les sorprenderá cuando falte poco para que lleguen a su destino, a lo que se sumará la escasez de cápsulas de hidrón-tres, un gas que necesita Doallyn para respirar. Tanto Yarna como Doallyn, únicamente aparecerán en este libro.

    TALES OF THE BOUNTY HUNTERS

    En esta tercera antología, la última coordinada por Kevin J. Anderson, encontramos varios cambios respecto a los dos libros anteriores. Publicada también en 1996, en este caso en diciembre, el libro reúne únicamente cinco historias, de mayor longitud, en las que se abordará el pasado y el futuro de los seis cazarrecompensas que vimos en el Episodio V a bordo del super destructor estelar Ejecutor.

    Tales of the Bounty Hunters

    A diferencia de las dos anteriores antologías, los relatos no se circunscriben a un lugar concreto, ya que la intención es desarrollar los personajes más allá de cómo llegaron al encuentro con Darth Vader. Todos tendrán una motivación para aceptar el trabajo: ora por diferencias pasadas con Han Solo, ora por intereses personales. Además, algunas historias se entrecruzarán entre ellas, al mismo tiempo que otros personajes secundarios intervendrán de manera decisiva. Señalar que estos cazarrecompensas, al ser tan conocidos, han protagonizado multitud de obras, por lo que no nos detendremos en citar otras historias en las que aparecen.

    En cuanto a los autores, todos repiten de las dos anteriores antologías: Kevin J. Anderson, que sigue como editor, Dave Wolverton, Kathy Tyers, M. Shayne Bell y Daniel Keys Moran, que recupera su nombre tras usar el pseudónimo J. D. Montgomery.

    Darth Vader con Dengar, IG-88, Boba Fett, Bossk, 4-LOM y Zuckuss

    Therefore I Am: The Tale of IG-88 (Kevin J. Anderson)

    En esta primera historia, vamos a conocer el desarrollo vital de IG-88. El relato arranca con su activación en los laboratorios Holowan, fruto del proyecto Phlutdroid, consistente en el desarrollo de unos droides asesinos a partir de otros modelos IG de las Guerras Clon. Este experimento será todo un éxito, e IG-88 escapará al planeta factoría Mechis III, donde planeará una revolución droide galáctica para hacerse con el poder, utilizando para ello la Segunda Estrella de la Muerte. Como curiosidad, indicar que existen cuatro droides IG-88, numerados de la A a la D, entre los que destacará como cazarrecompensas IG-88B, que es a quien veremos en la película.

    Payback: The Tale of Dengar (Dave Wolverton)

    Pasamos después al relato de Dengar, que tiene un tono tan diferente que incluso podríamos calificar de romántico. Nacido en Corellia, igual que Han Solo, tuvo un incidente con él en una carrera que casi le costó la vida, convirtiéndolo en un medio ciborg con habilidades superiores a las humanas. La historia arranca con un encargo para matar al representante imperial en el planeta Aruza, en el que rescatará a una nativa, Manaroo, que, con el paso del tiempo, se convertirá en su pareja. Perseguido por el Imperio, y trabajando como mercenario, la historia dará muchas vueltas, siempre en torno a su venganza personal contra Han Solo. Como hemos mencionado en A Barve Like That: The Tale of Boba Fett, en esta historia tendremos el rescate de Boba Fett tras escapar del sarlacc, hecho que volvería a ser narrado en la novela La armadura mandaloriana.

    The Prize Pelt: The Tale of Bossk (Kathy Tyers)

    La tercera historia, centrada en el trandoshano Bossk, es quizás la más independiente de las cinco. Dos cazarrecompensas, la humana Tinian y el wookiee Chenlambec, le engañarán para acompañarlo en su búsqueda de Han Solo, con una pista falsa que los conducirá al planeta Lomabu III. Allí tienen la doble intención de entregar a Bossk a las autoridades imperiales y liberar a los wookiees que hay en la prisión imperial de ese planeta para llevarlos con la Rebelión. Bossk, que sigue un culto basado en la caza de wookiees, estará en continuo conflicto con Chenlambec, del que duda que sea capaz de traicionar a su propio pueblo. De Tinian hablaremos un poco más en el relato Tinian on Trial, de la siguiente antología.

    Of Possible Futures: The Tale of Zuckuss and 4-LOM (M. Shayne Bell)

    En la introducción de esta antología hablábamos de cinco relatos, pero seis cazarrecompensas, y es que en esta historia tenemos un dúo protagonista: el gand Zuckuss y su socio, el droide 4-LOM. El plan de ambos pasará por rescatar una nave rebelde que logró salir del planeta Hoth, pero que quedó atrapada en órbita, con la intención de infiltrarse en la Rebelión y así capturar a Han Solo. El personaje de Zuckuss, pese a que luego sufrió varias retcons, aquí se nos presenta como un ser sensible a la Fuerza que, a través de la meditación, discierne los diferentes futuros posibles en base a las acciones que podrían tomar. Junto a él, 4-LOM, un antiguo droide de protocolo que se autorreprogramó como cazarrecompensas, y que aspira a poder conseguir esa capacidad de predicción. El plan poco a poco se irá complicando, ya que Zuckuss necesita tratamiento médico urgente, lo que derivará en otras posibilidades que no habían previsto. Es a partir de este relato en el que los destinos de ambos personajes se unirán para con el resto de material Leyendas y hasta del nuevo Canon, convirtiéndose en una pareja inseparable.

    The Last One Standing: The Tale of Boba Fett (Daniel Keys Moran)

    Este relato, que también habíamos reseñado en el artículo sobre Boba Fett, comienza con su exilio del planeta Concord Dawn, acusado de asesinato. Jaster Mereel, nombre real de nuestro protagonista, emprenderá una carrera como cazarrecompensas bajo la identidad de Boba Fett, paralela en muchas ocasiones a la de Han Solo, como contrapunto moral de este. En este relato, a modo de cierre de una trilogía personal del autor, recuperamos también el personaje del devaroniano Kardue’sai’Malloc, al que conocimos en la primera antología, en la historia Empire Blues: The Devaronian’s Tale, enlazando ambas tramas. Señalar que todo el pasado de Boba Fett como Jaster Mereel fue retrocontinuado en El ataque de los clones, así como en otros productos derivados de la película que entrarían más en detalle, como fue el caso del cómic Jango Fett: Temporada de caza, por lo que este relato, al menos en ese aspecto, quedaría relegado al limbo de las curiosidades para los lectores acérrimos.

    TALES FROM THE EMPIRE

    Una vez vistas las tres antologías editadas por Kevin J. Anderson, con relatos creados expresamente para estas, y siempre orbitando un acontecimiento común, pasamos a Tales from the Empire. Este volumen, publicado en noviembre de 1997, recopilaba historias que ya habían aparecido en la Star Wars Adventure Journal. Estuvo a cargo de Peter M. Schweighofer, que era el editor de la citada publicación. Como veremos a continuación, el título fue una excusa para englobar todas estas historias, independientes entre sí, y que no necesariamente están relacionados con el Imperio ni protagonizadas por personajes afines a este. Así mismo, la portada, obra de Matt Busch, tampoco juega a favor del contenido, ya que Boba Fett, si bien aparece de pasada en uno de los relatos, únicamente es utilizado como reclamo visual. Indicar que todas estas historias fueron publicadas en la Adventure Journal antes de que aparecieran las tres antologías que hemos visto, por lo que aquí tendremos el origen de algunos personajes que ya hemos conocido.

    Tales from the Empire

    First Contact (Timothy Zahn)

    En la primera historia, aparecida en el número debutante de la publicación, nos encontramos con Talon Karrde, un personaje que tuvo mucho desarrollo en el Universo Expandido. Situada un año antes de Heredero del Imperio, nos narra una misión encubierta al planeta Varonat, donde un krish llamado Gamgalon organiza safaris para cazar morodins, unos animales de gran tamaño. Lo que parece un pasatiempo para ricos ociosos, esconderá una trama mucho más compleja, a lo que se sumará el encuentro de Karrde con otro de los personajes creados por el autor, Mara Jade, aquí bajo el alias de Celina Marniss.

    Tinian on Trial (Kathy Tyers)

    En este segundo relato debutó el personaje de Tinian —concretamente  en el #4 de la publicación original—, aunque en este artículo ya hemos hablado de ella en Tales from the Bounty Hunters, en una historia que se situaba cronológicamente después de la que nos atañe. En esta ocasión, nos remontamos al 1 ABY, cuando nuestra protagonista tiene dieciocho años, para conocer el hecho que marcó su vida e iniciará su lucha contra el Imperio. En la presentación de una armadura con un escudo de energía que ha desarrollado su abuelo, el industrial armamentístico Strephan I’att, el moff Eisen Kerioth exige que sea ella la que se enfunde el traje para demostrar su eficacia. Las mentiras del moff precipitarán su huida, abandonando a su pareja, Daye, sensible a la Fuerza, y al que cree muerto, además de al wookiee Wrrlevgebev y a su familia. Para lograr salir del planeta, de nombre Druckenwell, encontrará ayuda donde menos se lo espera: en una banda de música. Además del citado relato de Bossk, la historia de Tinian seguiría desarrollándose en To Fight Another Day y Only Droids Serve the Maker, ambos publicados en la Adventure Journal. Como curiosidad, y al tratarse de la primera aparición del personaje, explicar que el nombre de Tinian proviene del galés Tine éan, que podría traducirse como pájaro de fuego, y que igual que el personaje homónimo de Lady Firebird de otras novelas no galácticas de la autora, está inspirado en el ballet El pájaro de fuego de Ígor Stravinsky.

    The Final Exit (Patricia A. Jackson)

    En esta historia conocemos al antiguo Inquisidor imperial Adalric Cessius Brandl, que, tras desertar, huyó por la galaxia hasta que fue encontrado por otro inquisidor llamado Tremayne, en el planeta Najiba. Después de enfrentarse, contratará los servicios del contrabandista Thaddeus Ross y su nave Kierra para viajar a Trulalis, su planeta natal, para reencontrarse con su esposa y su hijo. Brandl, que había sido actor de joven, descubrirá que no es tan bien recibido en el planeta como pensaba, lo que le llevará a activar un transpondedor para que el Imperio lo encuentre y detenga. Pero no todo es lo que parece, ya que esto forma parte de un plan de Brandl para fingir su muerte y poder regresar con su familia. Su historia continuaría en el relato Uhl Eharl Khoehng, que veremos en la siguiente antología. Como apunte, el personaje está inspirado en Ethan Brand, con que el prácticamente comparte apellido, protagonista de un relato corto de Nathaniel Hawthorne escrito en 1850.

    El Alto Inquisidor Tremayne

    Missed Chance (Michael A. Stackpole)

    Este relato se enmarca dentro del arco narrativo de las cuatro primeras novelas de la serie Ala-X, escritas también por Michael A. Stackpole, sirviendo de hecho como precuela al primer volumen: Ala-X, El escuadrón rebelde. En el lejano planeta Garqi, el prefecto Mosh Barris traza con su subalterno, Eamon Yzalli, un plan para acabar de un plumazo con una emergente célula rebelde. Con la ayuda de Corran Horn, un antiguo miembro de la Fuerza de Seguridad de Corellia, los rebeldes, liderados por Dynba Tesc, conseguirán escapar de la prisión, pero salir del planeta y unirse a la Nueva República será más complicado de lo que piensan. Este relato supuso la primera y única aparición de Dynba Tesc, pero servía para dar un contexto previo a Corran Horn, recuperando de paso el personaje de Barris, que había sido creado por Timothy Zahn para Mist Encounter, donde se narraba el primer encuentro entre Thrawn y el Imperio.

    Retreat from Coruscant (Laurie Burns)

    Esta historia se sitúa entre la Trilogía de la Nueva República y el cómic Imperio Oscuro, para contarnos, desde el punto de vista de un carguero mensajero, la evacuación de Coruscant por parte del gobierno de la Nueva República ante la llegada de las tropas imperiales a la capital. La protagonista, Taryn Clancy, junto con su compañero de tripulación, Del Sato, serán reclutados por Garm Bel Iblis para transportar información sobre la nueva ubicación de la flota rebelde, utilizando su nave mensajera como tapadera para poder cruzar los controles imperiales. A estos dos se sumará el coronel Jak Bremen, personaje creado para el tercer volumen de la citada trilogía, además de una aparición puntual de Mara Jade. Este relato será la única aparición de Clancy y de Sato, por lo que, tras su incorporación a las líneas rebeldes, no sabremos ya más de ellos.

    Garm Bel Iblis

    A Certain Point of View (Charlene Newcomb)

    En este caso, vamos a hablar primero del trasfondo editorial, ya que el origen de este relato es curioso. En 1989, West End Games publicaba el libro de rol Riders of the Maelstrom, escrito por Ray Winninger, y que contaba con una llamativa portada a cargo de Daniel Horne, en la que se veía a tres personajes alrededor de un tablero de juego holográfico. Para la Adventure Journal #8 se le encargó a Charlene Newcomb que escribiera una historia a partir de esta ilustración, de manera que pudiera incluirse en la publicación, acompañando al relato. Así pues, los personajes se convirtieron en parte de la tripulación del Kuari Princess, un crucero de lujo que realizaba la ruta entre Endoraan y Mantooine, atravesando la nebulosa Maelstrom. La protagonista, Celia Durasha, se encontrará con un antiguo amante, Adion Lang, que tiene la misión encubierta de arrestar a Detien Kaileel, de quien sospecha que roba armas para los rebeldes. La historia se sitúa justo en paralelo a la destrucción de Alderaan y juega con la bondad y maldad de ambos bandos, diferentes según el punto de vista. La trama sobre Durasha y Lang continuaría en el relato Crimson Bounty, publicado en el #14.

    Blaze of Glory (Tony Russo)

    En este relato, situado después de Imperio Oscuro, conocemos a un grupo de mercenarios, los Lunas Rojas, que realizan operaciones encubiertas para la Nueva República. Brixie Ergo es la nueva incorporación de este equipo, formado por Lex Kempo, Hugo Cutter y el trunsk Sully Tigereye, cuya misión será liberar a unos niños, hijos del embajador de Cantras Gola, que los esclavistas del gremio karazak tienen retenidos en una base del selvático planeta Gabredor III. El éxito de esta misión podría conllevar que Cantras Gola, actualmente controlado por el Alineamiento Pentaestrella, pase a la Nueva República. Ninguno de estos personajes y organizaciones aparecerán en más relatos, pero sí que fueron desarrollados en los artículos de la publicación y en aventuras de rol. Destaca especialmente el Alineamiento Pentaestrella, una dictadura imperial independiente creada tras la muerte del Emperador que ayudó en las campañas posteriores contra la Nueva República, hasta que se unió formalmente al Remanente Imperial.

    Símbolo del Alineamiento Pentaestrella

    Slaying Dragons (Angela Phillips)

    Este relato, quizá un poco más juvenil que los demás, nos narra los entresijos de la familia Voorson, naturales de Kuat, y cuyos miembros han trabajado durante muchas generaciones en los astilleros. Situado tres años después de la destrucción de Alderaan, está protagonizado por Shannon, una niña prodigio de la informática, capaz de piratear los sistemas imperiales. Pero cuando ella y sus padres reciben la visita de su primo Deen para que le consiga un generador de energía clase Colonia 23669 para sus operaciones con los rebeldes, todo cambiará. Ante la negativa de sus padres de sabotear las instalaciones imperiales, y movida por el resentimiento por la destrucción de Alderaan y toda su cultura, Shannon decidirá ayudarle. Ninguno de estos personajes tuvo continuidad en otros relatos, pero ilustraba un poco más el funcionamiento de los astilleros de Kuat durante la época imperial.

    Do No Harm (Erin Endom)

    En esta historia, seguimos a la médico Aurin Leithen en su primera misión rebelde, como parte de un comando que tiene que liberar al senador Gebnerret Vibrion, prisionero en la cárcel imperial de Selnesh. Leithen ha sido reclutada, ya que Vibrion padece el síndrome de Zythrom, que requiere continuas inyecciones de un fármaco llamado clondex para sobrevivir. Pero los mandos rebeldes le ponen en la tesitura de que si no es posible rescatarlo, deberán matarlo para que no pueda revelar información, lo que choca con nuestro equivalente del juramento hipocrático: en este caso, no hacer daño. Además, Leith no solo se verá envuelta en este dilema con Vibrion, ya que, para llegar hasta él, tendrán que enfrentarse a los soldados imperiales, a los que, en caso de combate, tendrá que herir o matar para conseguir el objetivo. Esta sería la única aparición de estos personajes.

    Side Trip (Timothy Zahn y Michael A. Stackpole)

    En este relato recuperamos personajes ya creados por ambos autores, con una historia dividida en cuatro partes que, por su longitud, podría considerarse una novela corta. Los contrabandistas Haber Trell y Maranne Darmic son interceptados por un destructor estelar mientras transportaban, camuflados, armas y a dos agentes rebeldes: Riij Winward y Rathe Palror. Pensando que únicamente se dedican al contrabando, el capitán Niriz les chantajea para que realicen una misión en Corellia, donde deberán entregarle una mercancía a Borbor Crisk, un señor de la guerra rival de Zekka Thyne, al que apoya el sindicato Sol Negro. Para asegurarse de que cumplen la misión, les acompañará Jodo Kast, un cazarrecompensas con una armadura mandaloriana muy similar a la de Boba Fett. Además, en Corellia se les unirán los agentes de seguridad encubiertos Corran Horn y su padre, Hal Horn. Todo se irá complicando, ya que en el relato también intervendrá Thrawn sin que los protagonistas lo sepan. Si bien Haber Trell, Maranne Darmic y Rathe Palror no aparecerán en más historias, tenemos a viejos conocidos como Corran Horn o Thrawn, sin olvidar que Riij Winward aparecía en el relato de las hermanas Tonnika de Tales from Mos Eisley Cantina. Además de Jodo Kast, personaje creado para el libro de rol Tatooine Manhunt y coprotagonista del cómic Boba Fett: Motores gemelos de destrucción. Toda la trama se sitúa dos años después de la destrucción de la Estrella de la muerte, por lo que nos permite conocer el pasado de estos personajes durante la trilogía original.

    Corran Horn

    TALES FROM THE NEW REPUBLIC

    Llegamos al último libro de esta serie, publicado dos años más tarde de su predecesor, en diciembre de 1999. Fue editado también por Peter Schweighofer, al que se unió Craig Carey, su sustituto en la Star Wars Adventure Journal y autor varios libros de rol de la saga. Si en la antología anterior todas las historias habían sido previamente publicadas en la susodicha publicación, en este caso tenemos una combinación de lo más variopinta: dos relatos originales, tres rescatados de números cancelados de la Adventure Journal, y el resto ya publicados en la misma. La organización es un poco caótica, ya que las historias no siguen ningún orden, ni, siendo sinceros, tienen mucho que ver con la Nueva República, salvo contadas excepciones y más como un contexto que por relevancia en la continuidad. De hecho, la historia estrella de esta antología, Interlude at Darkknell, se sitúa antes del Episodio IV, y la portada, obra de Paul Youll, está basada en la destrucción de la primera Estrella de la Muerte. Para ser fieles, analizaremos los relatos conforme están en el libro, aunque repetimos, no corresponde con el orden cronológico ni el de publicación original.

    Tales from the New Republic

    Interlude at Darkknell (Timothy Zahn y Michael A. Stackpole)

    La antología comienza con este relato dividido en cuatro partes y escrito a cuatro manos, situado en los prolegómenos del Episodio IV. El senador Garm Bel Iblis, tras sobrevivir a un atentado en su planeta, viajará hasta Darkknell, donde espera recibir una tarjeta de datos con información crucial sobre la Estrella de la Muerte. Pero esta será robada, sin conocer el contenido, por Moranda Savich, una ladrona a la que sigue la pista el agente de seguridad corelliano Hal Horn. A esta persecución se sumará Ysanne Isard, enviada por su padre, Armand Isard, el director de Inteligencia Imperial, quien quiere recuperar los datos a toda costa. En este relato, como es habitual, Zahn y Stackpole recuperan personajes creados en obras suyas anteriores. Por parte del primero, tenemos al senador Bel Iblis —que ya apareció tanto en la Trilogía de la Nueva República como dentro de este mismo artículo, al mencionarle en la historia Retreat from Coruscant—, Hal Horn, a quien ya vimos en el relato Side Trip, y a Moranda Savich, que debutó, ya anciana, en la castellanizada  Duología de la Mano de Thrawn. En cuanto a Stackpole, recupera a Ysanne Isard, la villana del primer arco argumental de la serie Ala-X, y nos da más trasfondo de su padre, Armand, que solo había sido mencionado.

    Jade Solitaire (Timothy Zahn)

    Esta historia, la segunda de Zahn en este volumen, iba a ser publicada en la cancelada Star Wars Adventure Journal #17. Funciona como precuela a la Trilogía de Corellia, narrando cómo Mara Jade consiguió su nave, la Jade’s Fire, y la entrada de la togoriana H’sishi en la organización de Talon Karrde. Sansia, la hija de Ja Bardin, un industrial con pocos escrúpulos, ha sido secuestrada por el pirata drach’nam Chay Praysh, que la retiene esclavizada junto a otras humanas en su fortaleza del planeta Makksre. Mara, que en esta época trabaja con Karrde, será chantajeada por Bardrin para que vaya a rescatar a su hija, si no quiere que este mate a su tripulación. Ella se dejará atrapar por la organización de Praysh, pero pronto descubrirá que no todo es como Bardrin le había contado. El personaje de Sansia, así como su padre y su némesis, fueron creados para esta historia, y será la única obra en la que aparezcan. 

    Jade’s Fire

    Gathering Shadows (Kathy Burdette)

    Este relato, escrito para la cancelada Star Wars Adventure Journal #16, sirve de precuela de las historias sobre el grupo de mercenarios Black Curs, publicadas en sus primeros números. Se sitúa dos meses después de la Batalla de Endor y nos narra el encuentro entre Jai Raventhorn, una agente rebelde, y Dick Harkness, un mercenario que estuvo al servicio de la Rebelión durante un tiempo. Ambos se despiertan en una celda de detención imperial a oscuras, en el planeta Zelos II, y poco a poco irán recordando cómo acabaron allí, mientras los hermanos Platt y Tru’eb Okeefe, compañeros de Dick, intentan rescatarlo. Todos estos personajes únicamente aparecerán en las historias sobre los Black Curs, escritas por el coeditor de esta antología, Peter Schweighofer, así como en la novela Ala-X, El escuadrón rebelde, de Michael A. Stackpole. Por cierto, también hay zombis.

    Hutt and Seek (Chris Cassidy y Tish Pahl)

    Esta historia, prevista para la cancelada Star Wars Adventure Journal #16, fue la primera aparición de Fenig Nabon y Ghitsa Dodger, dos contrabandistas y estafadoras corellianas. La narración se sitúa ocho años después del Episodio IV y, en ella, Fenig y Ghitsa contratan a Shada D’ukal y Dunc T’racen, dos guerreras mystril, para transportar a  unas bailarinas twi´lek hasta Nal Hutta. El relato abordará los conflictos morales que supone la esclavitud, ya que los cuatro personajes, al aceptar la misión, serán colaboradores necesarios de esa lacra. A Fenig y Ghitsa las volveremos a ver al final de esta antología, mientras que Shada ya apareció en el relato Hammertong: The Tale of the «Tonnika Sisters». Como curiosidad, señalar las referencias a El cortejo de la princesa Leia, ya que Fenig está enamorada de Han Solo.

    Las protagonistas de Hutt and Seek

    The Longest Fall (Patricia A. Jackson)

    Pasamos ahora a este relato, el más breve de la antología, que fue publicado en el #11 de la Star Wars Adventure Journal. Situado poco después de la Batalla de Hoth, en esta historia conoceremos a Jovan Vharing, el capitán del destructor Interrogador, nave comandada por el Alto Inquisidor Tremayne. Después de una misión con resultados catastróficos, llevada a cabo por un oficial a su cargo, Vharing se presentará ante Tremayne, que lo asfixiará con la Fuerza. En el lapso que dura este tormento, veremos cómo fue su meteórica carrera hasta capitán, así como sus planes para cuando vuelva al puente de mando. Este relato será el único en el que aparezca este personaje, pero, en cambio, al Alto Inquisidor Tremayne pudimos verlo en el relato The Final Exit, de la anterior antología.

    Conflict of Interest (Laurie Burns)

    Si en Hutt and Seek se trataba la esclavitud y los conflictos morales de ser cómplice de ella, en esta historia autoconclusiva, situada siete años después de la Batalla de Yavin, y publicada en el Star Wars Adventure Journal #13, se explora el colonialismo y cómo afecta a los nativos. Los agentes Selby Jarrad, Cobb Vartos y Claris, de la Nueva República, son enviados al planeta Verkuyl, productor de bacta, para obligar al gobernador imperial Parco Ein a rendirse. Selby entrará en contacto con Daven Quarle, consejero de Ein y nieto del fundador de la colonia —iniciador de la explotación del bacta—, que le hará ver la realidad del planeta y sus trabajadores, quienes han mejorado desde que el Imperio se hizo cargo. Cuando los otros dos agentes sean capturados, deberá decidir si llevar a cabo su misión para que la Nueva República se apodere del planeta y controle el bacta, o si, en el fondo, no hay mucha diferencia entre ellos, el Imperio o el abuelo de Quarden, que gobernaba como un tirano. Esta historia será la única en la que aparezcan todos estos personajes.

    No Disintegrations, Please (Paul Danner)

    En este relato, publicado en el #14, veremos a Boba Fett en todo su esplendor. La historia se divide entre el presente, situado en el 10 DBY, con un narrador contando una aventura del cazarrecompensas a unos niños en el planeta Ladarra, y el relato propiamente dicho, sucedido un año después del Episodio IV. En este, veremos la cacería que lleva a cabo un Boba Fett totalmente desatado, exprimiendo al máximo su arsenal y habilidades. Su objetivo, Rivo, ha robado información a Jabba, y se ha refugiado en las instalaciones comandadas por su hermano, el general imperial Gaege Xarran, en el planeta Vyrssa. El cazarrecompensas se enfrentará a todo un batallón imperial con tal de alcanzar a su presa, estrechando cada vez más el cerco. Esta historia autoconclusiva será la única en la que aparecen tanto los hermanos Xarran como el resto de imperiales de la base. 

    Boba Fett

    Day of the Sepulchral Night (Jean Rabe)

    Regresamos a Zelos II en una historia de piratas publicada en el #13, con una trama que, si bien se sitúa tras El retorno del Jedi, poco tiene que ver con los acontecimientos galácticos. Durante unas vacaciones en el planeta, la pareja de weequays Diergu-Rea y Solum’ke se unirán K’zk, un qwohog con el que han acordado repartirse un legendario tesoro oculto en el arrecife de coral del Gran Mar Zelosi, accesible únicamente durante el llamado «día de la noche sepulcral». En esta fecha, la cuarta luna del planeta se alinea con el sol, de manera que baja la marea y la entrada al arrecife se vuelve accesible. Pero lo que parecía muy sencillo se complicará cuando rescaten a dos corellianos supervivientes de un naufragío. Como decíamos, esta historia es bastante independiente, y ninguno de los personajes repetirá en otras historias.

    Uhl Eharl Khoehng (Patricia A. Jackson)

    Segundo relato de la autora en esta antología, en este caso publicado en el #8, en el que retoma la historia que inició con The Final Exit, pero cinco años más tarde. Fable Astin, rebelde sensible a la Fuerza, acude al planeta Trulalis para que Adalric Cessius Brandl la entrene, ya que está siendo perseguida por Vialco, un Jedi oscuro a las órdenes del Alto Inquisidor Tremayne. Pero durante su estancia en el planeta Fable se enamorará de Jaalib, el hijo de Adalric. La historia adquirirá toques shakesperianos, estableciendo paralelismos entre Uhl Eharl Khoehng, la obra teatral que representan los Brandl, y el devenir de los acontecimientos. Los hechos continuarían en Emanations of Darkness, pero no llegó a publicarse, aunque podéis leerla en dos partes aquí y aquí. Este será el único relato donde aparezcan Fable y Vialco. 

     Adalric Cessius Brandl como actor

    The Last Hand (Paul Danner)

    Este relato, publicado en el #13, sería el más inocente de la antología, pero incluye un detalle clásico de la ciencia ficción. La historia es muy sencilla: pese a vivir en la época imperial, ya que estamos en el 1 DBY, Nyo, un chico sensible a la Fuerza, quiere conseguir una espada láser para convertirse en un Jedi. Apostará todos sus créditos en una partida de sabacc, pero cuando está a punto de perder todo, será ayudado por Kinnin Vo-Shay, un piloto que quedó atrapado en un agujero negro durante cincuenta años sin envejecer, logrando salir con la ayuda del espíritu de la Maestra Jedi Aryzah. Estamos, por tanto, más allá de la historia de Nyo, ante uno de los pocos viajes en el tiempo que hay en la literatura de la saga, en este caso hacia el futuro. Ninguno de los personajes de esta historia aparecerá en más relatos.

    Simple Tricks (Chris Cassidy y Tish Pahl)

    Cerramos la antología igual que la empezamos, con una historia original, en este caso ambientada doce años después de la Batalla de Yavin, y que haría de puente entre la Trilogía de la Academia Jedi y La espada oscura. En el planeta Prishardia, Fenig Nabon y Ghitsa Dogder, personajes que ya vimos en Hutt and Seek, están estafando a los lugareños, diciéndoles que Ghitsa es una Jedi. Estos rumores llamarán la atención de Kyp Durron, que, bajo el alias de Zeth Fost, viajará al planeta para conocerla. Pero cuando llegue, Ghitsa habrá sido secuestrada, por lo que Fenig y Kyp tendrán que formar equipo para rescatarla, lo que no será fácil, ya que los dos arrastran un oscuro pasado. Fenig y Ghitsa repetirán en otro relato, A Credit for your Thoughts, publicado después, pero situado antes de los dos que hemos tratado en esta antología, mientras que Kyp Durron, creado para la citada trilogía, intervino en muchas novelas del Universo Expandido. Como curiosidad, hay que señalar que fue iniciado en la Fuerza por Vima-Da-Boda, personaje que ya vimos en este artículo.

    Aquí finalizamos este repaso por todos los relatos publicados en las antologías agrupadas bajo el título apócrifo Tales. Como habréis podido comprobar, especialmente con los dos últimos libros, estas historias son solo la punta del iceberg de toneladas de relatos cortos aparecidos en las publicaciones oficiales, muchas de corte roleras, de los años noventa. Esperamos que este artículo os sirva de guía en futuras lecturas, os haya descubierto historias y personajes interesantes —aunque algunos ya hayan caído en el olvido—, y que os anime a recuperar estas narraciones de una de las épocas más primigenias de la franquicia. Antes de despedirnos, expresar mi más sincero agradecimiento a Alberto Izquierdo y Lara Franco, tanto por la paciencia para revisar todo el texto, como también por añadir esas píldoras de conocimiento galáctico que solo ellos tienen. ¡Que la lectura os acompañe!

  • Viendo rojo. Un relato de The Old Republic

    Viendo rojo. Un relato de The Old Republic

    Por Jose Alabau Casaña

    ¡Hola, bibliotecarios! Hoy os traemos Viendo rojo, la traducción de Seeing Red, un relato de Leyendas perteneciente al videojuego Star Wars: The Old Republic, en concreto a su actualización 6.3 de verano de 2021. Está escrito por Jay Watamaniuk y, al igual que Toda una historia que contar (Quite a Story to Tell), que ya tradujimos aquí, apareció en la web oficial del videojuego, en este caso el 14 de julio de 2021. Y sí, aunque parezca increíble por las fechas en las que estamos, estos relatos pertenecen a la anterior continuidad. Os dejamos con él:


    Otra vez tarde. Jek me va a matar.

    Rass Ordo estaba a sólo unos pasos de la entrada del «Fuego de cobertura», el lugar favorito que él y su hermano Jekiah habían frecuentado durante años. Cuando Jekiah no estaba en una misión, era muy probable que se le encontrara aquí más o menos a la misma hora del día, comiendo más o menos lo mismo, rodeado del mismo tipo de gente. Esta era la cantina no oficial de los guerreros. Los verdaderos tipos duros con créditos para gastar. Todo, desde los carteles rotos hasta el letrero oscilante, pasando por la gruesa puerta de madera, tenía el color oxidado de la sangre seca; manchada por años de vientos del desierto soplando sobre las dunas de arena roja que rodeaban el asentamiento. Rass no había nacido en Geonosis, pero había vivido aquí el tiempo suficiente como para echar de menos las ardientes puestas de sol y las numerosas lunas cuando el trabajo le llevaba fuera del mundo.

    Tiró del pomo de latón teñido de rojo. La pesada puerta de roble no pudo amortiguar el bullicio del interior. La abrió con un chirrido penetrante y desenfadado y se vio envuelto en el sabor picante de la comida cocinada, la cerveza amarga y el bullicio incontrolado de los soldados de permiso.

    Entró, entrecerrando los ojos por la tenue luz. Los clientes habituales le dieron una fuerte ovación. Rass devolvió el saludo con una gran sonrisa. Esperando una merecida reprimenda por parte de su hermano mayor, se abrió paso rápidamente entre las mesas, asintiendo, saludando y dando palmadas en la espalda a algunos, mientras se dirigía a la esquina familiar del pub. Jekiah estaba con la cabeza hundida en su datapad personal, con la cara encerrada en una sombría concentración. Parecía cansado. Rass sintió una punzada en el pecho. Las cosas habían cambiado para Jekiah. Víctima de su propia competencia y de su tozudez en situaciones imposibles, Jekiah no podía permanecer oculto al liderazgo. Shae Vizla, la líder de los mandalorianos, estaba persiguiendo a un peligroso rival y ascendió a Jekiah a Árbitro. Su hermano era ahora su voz en todos los temas mandalorianos. Un gran honor, o como el propio Jekiah añadió, un gran dolor de muelas.

    Jekiah se había quedado en Geonosis para dirigir las operaciones cotidianas, poniendo distancia de por medio con la sede del poder mandaloriano para que la gente entendiera que él no era Shae Vizla y que no tenía ninguna influencia sobre ella. Rass no creía que fuera necesario, pero Jekiah era un soldado leal y soportaría una o dos heridas por el bien de la causa. Ahora ya no era un soldado raso, pero en esta cantina de mala muerte en un planeta polvoriento los clientes le hacían el mayor cumplido posible al pasar por alto su nuevo estatus y seguir considerándolo como uno de ellos.

    —¿No hay noticias? —preguntó Rass, elevando su voz por encima del clamor mientras se sentaba. Deben ser malas noticias, pensó mirando el datapad. Echó una mirada al camarero y este le sirvió dos tragos.

    —Otro muerto. El tercero esta semana —dijo Jekiah.

    Los mandalorianos rara vez estaban en paz y hoy no era una excepción. Jekiah dejó su pantalla, tirando de su barba, más gris que marrón estos días. Los mandalorianos luchaban. Era una forma de vida y Rass estaba orgulloso de ella. Su hermano siempre decía que no se afila una espada que no se piensa usar. Dejaron las bebidas sobre la mesa sin ninguna ceremonia. Rass empujó una.

    —¿Qué pasa?

    —Otro ataque al clan Shale. La victima apenas había salido del entrenamiento —Jekiah entregó el datapad. No se atrevió a mirar la imagen.

    —¿Nerak? —Rass sabía que era obvio. El clan Nerak no tenía problemas para dejar claro su punto de vista derramando sangre. Miró la pantalla. Eran ellos, sin duda.

    —Es probable. No saben cuándo parar.

    —Qué maldito desperdicio —Jekiah bebió un trago para bajar la frustración.

    El clan Nerak era joven para los estándares mandalorianos, eficaz pero poco notable y todavía estaba buscando su identidad. Por eso, cuando el antiguo líder se burló de un impulsivo advenedizo llamado Ballag, este lo mató en el acto. Algunos lo calificaron como un auténtico desafío, otros como un asesinato. Ballag se convirtió en el jefe del clan, pero su reputación quedó manchada. No quería parecer débil.

    Ballag empezó a buscar peleas y a derramar sangre para demostrar su fuerza. El último, y más atrevido problema, había sido con el clan Shale. Eran un clan antiguo y respetado por todos.

    El cadáver de la pantalla merecía una muerte mejor con un enemigo mejor.

    —¿Qué esperabas con Ballag dirigiéndolos? —dijo Rass—. Va a llevar a Nerak a la ruina si sigue así —se burló. No le gustaba Ballag. Demasiado terco para dirigir y demasiado estúpido para verlo.

    —He hablado con Arla Shale —dijo Jekiah—. Luché con ella durante la incursión en Darvannis. No permitirá que su pueblo sea tratado así. Con Mandalore fuera, tenemos que estar unidos.

    —¿Qué vas a hacer?

    —Llamarlos. Es hora de hablar.


    —¿Un duelo? —preguntó Arla, con su rostro tan delineado y lleno de cicatrices que no revelaba ninguna emoción. Sin pensárselo dos veces, asintió a Jekiah—. Como decida el Árbitro —no había ningún indicio de miedo en sus ojos, sólo una certeza férrea.

    Ballag dudó. Era una cabeza más alta que todos. Sus ojos eran de un amarillo extraño y pasaban de Jekiah a Arla, con un mínimo indicio de inquietud en su mirada. Arla era experimentada, quizá no más rápida, quizá no más fuerte, pero Ballag tendría que estar ciego para considerarla un blanco fácil. Arla arqueó una ceja ante la pausa.

    —De acuerdo —dijo, hinchando el pecho. Rass sintió la necesidad de poner los ojos en blanco, pero se controló. El asunto se acabaría. Tal vez. Rass confiaba en Jekiah, pero no estaba seguro de que esto funcionara. Habían pasado demasiadas cosas y las cicatrices aun eran demasiado profundas.

    —Bien —Jekiah asintió—. Pero antes de hacerlo oficial, hay una condición más —sus ojos eran como dos astillas de obsidiana—. Si sois derrotados —comenzó lentamente, observando a cada líder—, vosotros y vuestro clan seréis destruidos. Sin cuartel, sin excepciones.

    —¡Qué! —exclamaron Ballag y Rass a la vez. Rass dio un paso hacia Jekiah, con voz incrédula.

    —¿Jek…?

    La mirada de Jekiah detuvo a Rass en seco. Este no era su hermano. No era la cara amistosa de mil recuerdos de lucha en el patio de entrenamiento o de robar un velocípedo desatendido aparcado detrás del mercado para dar una vuelta. Era el árbitro de los mandalorianos. Su palabra era la ley.

    —¡No puedes destruir a todo un clan por esto! —Ballag insistió. Era una queja razonable, pero en este momento sonaba débil.

    —Acepta este duelo o termina tu disputa —dijo Jekiah.

    —Estoy de acuerdo —dijo Arla. Permaneció impasible, pero había algo en su rostro. Cautela y algo más… ¿diversión? Algo había pasado entre Jekiah y ella, pero Rass no sabía qué.

    Ese algo en su rostro enfureció a Ballag. Empezaron a aparecerle manchas rojas. Le dirigió una mirada enfurecida.

    —¿Y bien? —La cara de Jekiah era de hierro.

    El joven apretó los puños y se burló. —¡Haar’chak! —Maldijo—. ¡De acuerdo! —Se dio la vuelta y salió furioso. Arla asintió a Jekiah y le siguió. La puerta se cerró con estruendo tras ellos.

    —A los clanes no les gustará esto. Ni un poco. ¿Qué has hecho?

    Jekiah le dirigió una mirada incisiva. —Tomar una decisión.


    La arena. Tan lejos de los grandes salones de Alderaan y de las grasientas luces de Nar Shaddaa como cualquier otro lugar. Había poca decoración que distrajera. No era un lugar de entretenimiento como los asquerosos pozos de la muerte de los hutts. Era un lugar para dirimir disputas entre guerreros.

    El suelo de la arena era una mezcla de tierra compactada, arena roja y grava que raspaba la piel y enganchaba los pies de cualquiera que perdiera la concentración. Era un buen lugar para luchar y un lugar adecuado para morir. Después de siglos, las paredes grises se mantenían estoicas ante los sonidos de la batalla. No había asientos, para que nadie estuviera a gusto en este lugar. Cuando otros luchaban, tú te quedabas de pie. Los reunidos gritaban, chocando armas contra armaduras en un caótico regocijo mientras esperaban el comienzo de la contienda.

    Un único cuerno sonó. Un instrumento de hueso extraído de una antigua bestia para señalar el inicio de una contienda de honor. La multitud respondió del mismo modo con un aullido atronador. Jekiah Ordo, árbitro de los mandalorianos, apareció en el borde exterior. El débil resplandor de un muro de escudos se elevó en el aire para asegurarse de que ningún testigo sufriera daños o tuviera la tentación de interferir. En la arena, todos los juicios eran definitivos.

    Jekiah comenzó a caminar. El clamor comenzó a desvanecerse con cada paso. Cuando llegó al centro, se detuvo para observar a la multitud. Estaban tan silenciosos como la piedra. Lo desaprueban, pensó Rass. Más que eso, están enfadados. Por supuesto, se había corrido la voz de que se derramaría más sangre cuando se decidiera el vencedor de esta contienda. Desde que Mandalore el Reivindicado, una generación atrás, había ordenado el fin del clan Cadera por su negativa a atender su llamada, no se habían tomado medidas tan despiadadas. Rass había hablado con su hermano muchas veces en los últimos días, pero Jekiah no cedía. Los líderes de estos dos clanes lucharían, el ganador se marcharía y el perdedor y todos los que les siguieran morirían. Jekiah permaneció inmóvil en el centro. Asintió con la cabeza.

    Ballag, del clan Nerak, y Arla Shale, del clan Shale, entraron por lados opuestos. Ballag llevaba trofeos en el cinturón, pieles y huesos de monstruos a los que se había enfrentado. Llevaba un broquel con cuchillas en la muñeca y una fea rifle de dispersión apoyada en el hombro. Inclinó la cabeza hacia la multitud, levantando los brazos en señal de victoria prematura. Arla no llevaba ningún adorno, salvo el desgastado acabado de su armadura y el largo rifle con una afilada bayoneta sujeta en la punta. Su mirada no se apartó de su oponente.

    Un choque de metales sonó entre los testigos. El ruido se hizo más y más fuerte a medida que todos golpeaban el suelo, una placa de pecho o dos armas juntas. No honraban a los combatientes, si no al hombre que los puso allí.

    Los mandalorianos de los clanes destacados estaban en lados opuestos. Había mucho más en juego que este único combate. Rass notó que algunos del clan Nerak no estaban presentes. Tal vez no tenían confianza en su líder y habían huido. Cobardes. O apoyaban a quien los dirigía o elegían un nuevo líder.

    Jekiah levantó la mano abierta. El público se calmó. Un destello de fuego azul salió de su mochila propulsora y se elevó en el aire, con la mano aún abierta. Todos los ojos estaban puestos en él. Miró a Ballag, que asintió, se golpeó el pecho y lanzó un grito de guerra. Miró a Arla, que giró su rifle hacia delante y asintió. Jekiah cerró el puño.

    Ballag se lanzó hacia adelante, con su mochila propulsora en llamas. Arla lo esquivó, pero él sacó su broquel y le dio un tajo en la placa del pecho y en el casco, derribándola. Una pequeña salpicadura desapareció en la arena roja. La multitud aplaudió. La primera sangre. Esa era su intención, pensó Rass. ¿Su vida, su clan entero, en juego y él juega con la multitud? Ballag había vuelto a levantar las manos mientras Rass veía a Arla luchar por ponerse en pie. El ataque había hecho más daño del que parecía. Apoyándose fuertemente en su rifle, se preparó una vez más. Ballag cargó; esta vez conectó, lanzándola hacia atrás, casi haciéndola caer de pie una vez más. Al aterrizar, apuntó con su rifle de dispersión, pero ella la apartó con su rifle justo en el momento en que se disparaba en una explosión ensordecedora. Arla continuó con el movimiento de su arma en un rápido arco, y clavó la culata de su rifle en el casco de Ballag, haciéndole retroceder la cabeza. Volvió a blandir su bayoneta, pero Ballag se agachó ante el ataque. Dejando caer su rifle de dispersión, sacó con suavidad un largo cuchillo dentado que llevaba enfundado en la pierna. Lo levantó entre ellos, con la hoja balanceándose de un lado a otro como una serpiente.

    Ballag no tenía rival en el combate cuerpo a cuerpo, y confiaba en su fuerza y velocidad. Se abalanzó sobre ella con salvajes golpes y cortas estocadas. Arla desviaba a duras penas cada ataque, utilizando su largo rifle como bastón. El repiqueteo de metal contra metal era lo único que se elevaba por encima del ruido de la multitud. Arla luchaba a la defensiva, sin malgastar energía, sin moverse ni un pelo más de lo necesario. Estaba frustrando a Ballag, pero su mesurada defensa no le haría ganar este combate.

    Otro desvío. Ballag maldijo y dio un paso atrás, haciendo girar la daga en su mano. Arla sostenía su rifle frente a ella. Tenía media docena de cortes en los brazos y el torso y empezaba a tambalearse. Ballag soltó un ladrido y giró su daga una vez más, atrayendo su mirada. Se abalanzó, encendiendo su mochila propulsora en el último segundo y girando para atraparla con su broquel. La sangre voló y Arla se hundió en el suelo, con una mano en el cuello y la otra en el rifle para apoyarse. La multitud se lanzó hacia delante, apretada contra el escudo. Comenzó un canto rítmico y bajo mientras Ballag volaba por los aires, gritando su victoria. Arla agarró el rifle con fuerza, apoyándose en él, pero no pudo ponerse en pie. Rass miró a su hermano, con el corazón acelerado. Jekiah lo observaba desde su posición elevada, con el puño cerrado.

    Ballag invirtió el agarre de su daga para dar un golpe mortal. Otro chispazo de su mochila propulsora y salió disparado hacia Arla, con su arma brillando.

    Con apenas un brazo de distancia entre ellos, Arla giró su rifle, con la culata ya firmemente clavada en el suelo, y clavó la punta de la bayoneta en el pecho de Ballag, atravesándole el hombro con la punta. Ballag gritó, y la sangre salió de su boca. No era un golpe mortal, pero era más que suficiente para acabar con esto. Arla atrapó la daga cuando se le cayó de los dedos. Su boca se abrió y se cerró un par de veces, conmocionado. Arla se puso en pie, sin rastro de su anterior debilidad. Las heridas en su cuello y en otros lugares estaban ensangrentadas, pero eran mucho menos graves de lo que parecían. Ballag se aferró a su rifle, pero su fuerza había desaparecido.

    Arla levantó la propia daga de Ballag en el aire, invirtiendo su agarre. La multitud se quedó en silencio. Ella miró a su propio clan durante varios latidos. Asintió con la cabeza antes de dirigir su mirada al clan Nerak, que estaba sentado en silencio al otro lado de la arena. Algunos estaban afligidos, otros enfadados, otros aceptaban su destino y esperaban. Bajó la daga hasta la garganta de Ballag. Su filo dentado presionaba su piel expuesta. Se estremeció, sus ojos brillaron de odio y miedo. Jekiah se acercó pero no dijo nada.

    —Un empate— dijo Arla en voz baja.

    Jekiah aterrizó junto a ella. Los testigos que estaban lo suficientemente cerca para escuchar comenzaron a murmurar. —Un empate, Árbitro —repitió, más fuerte esta vez.

    Más personas de la multitud empezaron a murmurar. Jekiah la miró a ella y al indefenso Ballag durante un momento.

    —¡Se declara un empate! —anunció Jekiah, con su voz llegando a todos los rincones. Se oyeron gritos. Rass no podía decir si estaban enfadados o conmocionados. Probablemente ambas cosas. Jekiah se volvió hacia Ballag, que estaba perdiendo mucha sangre. —¿Estamos de acuerdo?

    Ballag apretó los dientes varias veces. La lucha seguía saliendo de él, mezclándose con el creciente charco rojo. Asintió con la cabeza.

    —Este duelo ha terminado —levantó el puño y lo abrió para que todos lo vieran.

    Arla tiró la daga antes de volverse hacia su clan. El choque de las armas contra el metal fue ensordecedor.

    Ballag agarró su daga con los dedos entumecidos. El clan Nerak permaneció en silencio.


    En calle no se esuchaban conversaciones, pero Rass iba a iniciar una.

    Dobló la esquina y Jekiah estaba de pie fuera del pub, mirando su datapad.

    —¿Jek?

    Levantó la vista. —Rass. A tiempo. Hm… ¿debería estar preocupado? —dijo Jekiah. Sus ojos eran brillantes. Una mirada rara pero bienvenida.

    —No hay tráfico. ¿Alguna noticia?

    —El clan Nerak encontró un nuevo líder.

    —¿No me digas? —Rass sonrió—. ¿Y el clan Shale?

    —Está fuerte —Jekiah asintió—. Arla es una buena guerrera. Sabes que luché con ella hace tiempo.

    —Lo mencionaste, sí —Rass sonrió antes de acercarse, bajando la voz—. Te has arriesgado mucho, Jek.

    Jekiah asintió, sus ojos se oscurecieron. Rass le dio una palmadita en el hombro. —Entremos.

    —Rass —Jekiah lo detuvo, con la mano en la puerta—. Pensé que podríamos probar otro lugar. Cambiar cosas.

    —¿Qué? ¿Por qué? —Rass tiró de la puerta.

    —Rass —el tono era suave, pero mantuvo la puerta cerrada—. Vamos a dejar que cenen tranquilos. —Jekiah quitó la mano de la puerta, con el polvo rojo cayendo y arremolinándose alrededor de ambos. —Vamos. Yo invito.

    Los familiares sonidos apagados del interior eran fuertes y reconfortantes, pero Rass soltó la puerta y los dos hermanos subieron la calle en silencio.


    Esperamos que os haya gustado esta historia. Ya sabéis que si queréis consultar el listado de relatos de Star Wars lo podéis hacer en este artículo. ¡Que la lectura os acompañe!

  • Star Wars Misión fortuita

    Star Wars Misión fortuita

    Por Jose Alabau Casaña

    ¡Hola bibliotecarios! En esta ocasión vamos a reseñar una novela, pero no una cualquiera, sino Misión fortuita, un fanfic de nuestro compañero Alberto López Calvo, la persona detrás de Taller Skywalker. Y es que este libro es una pequeña gran aventura escrita con mucho cariño y oficio, editada además con veinticinco relatos cortos de su propia cosecha que redondean la experiencia.

    Fotografías cedidas por Alberto Izquierdo y Lara Franco

    El proyecto

    Esta historia, aunque fue publicada en papel en 2018, fue escrita por Alberto en el año 2002, el mismo año del estreno de El ataque de los clones. Esto no es casualidad, ya que la novela bebe fundamentalmente de esta película. La trama, los personajes, y la manera en la que estos se relacionan, funcionan perfectamente como una precuela del Episodio II, situada, eso sí, tres años antes.

    Pese a la gran cantidad de literatura que tenemos en Star Wars, el periodo entre La amenaza fantasma y El ataque de los clones es de los menos explotados, ya que únicamente encontramos dos novelas: El planeta misterioso (Rogue Planet, Greg Bear, 2000), más cercano cronológicamente al primer episodio, y La llegada de la tormenta (The Approaching Storm, Alan Dean Foster, 2002), vendida directamente como precuela del segundo, aunque siendo honestos, la relación con este es simplemente testimonial ya que más allá de narrar la misión en el planeta Ansion no aporta mucha información a la película. A estos dos libros habría que añadir Jedi Quest, la saga juvenil escrita por Jude Watson, seudónimo de Judy Blundell, publicada entre 2001 y 2004 en el mercado anglosajón e inédita en nuestro país salvo por los dos volúmenes que conforman el crossover con Aprendiz de Jedi.

    Respecto a su autor, muchos lo conoceréis por Taller Skywalker, la página de Facebook en la que recopila información sobre sus proyectos, además de charlas y galerías fotográficas de eventos fans entre otras cosas. También es uno de los más activos colaboradores de La biblioteca del templo Jedi, ya que no solo participa en la revista y en las antologías, sino que fue durante tres años el presentador y montador de nuestro podcast. En otros territorios galácticos, forma parte del grupo The Force, además de haber publicado libros con otras editoriales. Por si fuera poco, también es una de las personas más destacadas dentro de las comunidades online de Indiana Jones y James Bond, con sendos fanfics ambientados en dichas sagas: Indiana Jones y el sueño de la serpiente (2014) y Libertad para vengarse (2016).

    A nivel técnico, y antes de sumergirnos en la historia, habría añadir que Alberto financió la edición en papel de esta historia a través de Indiegogo, la plataforma de online de micromecenazgo, con una tirada limitada a veinticinco ejemplares e impresa por Vivelibro. La portada también corrió a cargo del propio Alberto, con retoques finales en cuanto a la tipografía por parte de Jose Gracia, de ahí la mención a la editorial The Force en la cubierta. Además, con cada libro se incluía un marcapáginas, basado en la portada. Para su salida se sorteó un poster dibujado por Juan Antonio Pino Rodil, mientras que la presentación se realizó en la librería Nexus de Santander, contando, además, con la presencia de Gorka Salgado Sautu.

    Presentación en Nexus

    La historia

    Como hemos dicho, la narración, pese a ambientarse tres años antes de El ataque de los clones, se basa principalmente en esta. Los protagonistas, Anakin Skywalker y Obi-Wan Kenobi, son un fiel reflejo de lo que veremos en la película, con una relación maestro y aprendiz marcada por el carácter tan distinto entre ellos y los conflictos que esto provoca. Además, por el año en el que se ubica la historia, vemos como ciertos eventos se ciernen inevitablemente sobre la galaxia, que desembocarán, años más tarde, en las Guerras Clon.

    La historia se sitúa en Orum, planeta inventado para la ocasión. Hasta allí se han trasladado Anakin y Obi-Wan para sumergirse en su selvático entorno y aprender sobre la Fuerza Viva, tal y como hicieran años antes Qui-Gon y su entonces aprendiz Kenobi. En este viaje iniciático se tendrán que enfrentar a numerosas criaturas y al exigente clima de Orum, caracterizado por sus fuertes cambios. Pero como no podía ser de otra manera, un evento alterará el rumbo de los acontecimientos, ya que, informados por los nativos, los dos Jedi decidirán enfrentarse al ghozzian, un ser legendario que está acabando con la vida de aquellos que se internan en su territorio, cuyos cadáveres aparecen intactos, como si les hubiera absorbido el alma. Sin entrar en muchos más detalles, ya que sería destripar la novela, habría que añadir que esto es solo el punto de partida de todo lo que vendrá luego, ya que la historia se vuelve muy ambiciosa en cuanto a sus intenciones, armando una gran trama que tendrá ecos en toda la galaxia.

    En cuanto a la escritura, pese a ser un fanfic, goza de un estilo muy depurado y neutro, sin que se noten los manierismos típicos de los autores amateurs. Los personajes están muy conseguidos, en cuanto a sus aptitudes y dialéctica, y tanto el mundo que se construye, como el encaje dentro de universo galáctico, hacen que disfrutemos de la lectura como si fuera una novela oficial. La narración se basa fundamentalmente en escenas de acción, conformando una serie de set pieces muy fílmicas que hacen que la lectura sea muy entretenida y voraz. Respecto a las influencias de esta historia, además del citado segundo episodio, habría que añadir el cómic La vida, la muerte y la Fuerza viva (Life, Death, and the Living Force), escrito por Jim Woodring y publicado dentro de la serie de Star Wars Relatos en 1999.

    Los relatos cortos

    Como mencionamos al principio de esta reseña, la edición se complementa con veinticinco relatos escritos previamente, muy variopintos y escuetos, pero que abarcan multitud de historias y situaciones.

    • El traje de Lord Vader. Un relato humorístico sobre el diseñador del traje de Darth Vader.
    • Secuestro liberador. La historia de cómo un esclavo hará todo lo posible por librarse el explosivo que lo retiene, con la ayuda involuntaria de Ben Quadinaros.
    • ¡Menudo invento! Otro relato en tono de humor, en este caso sobre los usos que un pastor da a un artilugio que acaba de encontrar abandonado, y que no es otro que un sable laser.
    • La fiesta de Bakura. La narración de una sangrienta competición religiosa en Bakura, en la que unos corredores se ven perseguidos por unas temibles bestias.
    • El sustituto de Darth Vader. La presentación de Darth Wonntous como sucesor de Vader y Palpatine, haciendo una demostración de su poder.
    • Sensaciones. Anakin siente a través de la Fuerza que su madre está siendo secuestrada por los tusken, lo que provocará un conflicto entre sus intereses personales y la doctrina Jedi.
    • La carrera más corta de Shuz Smmot. Un breve relato sobre un jugador y una apuesta que en un principio parece descabellada.
    • Cómo ser un buen senador. Una breve narración que nos muestra la corrupción del Senado, con el mercadeo de votos.
    • ¿Qué será la paz? Una historia sobre la vida en Skantann, un planeta sumido en una eterna guerra civil, de manera que sus habitantes desconocen lo que es llevar una vida normal en paz.
    • Odio a Han Solo. La carta de Dengar a Vader explicándole los motivos personales que tiene contra Han Solo, para que lo incluya en la terna de mercenarios que le den caza.
    • Cocina Tatooine: Los mejores platos. Recetas de cocina de Tatooine de un libro que va a salir a la venta.
    • ¿Así es como lo haces? Una discusión entre C-3PO y R2-D2 acerca de cómo este último conseguía resolver siempre todas las situaciones peligrosas.
    • Gracias a mí. El relato de un técnico de Ciudad Nube en el que afirma que gracias a la antena que instaló días antes, Luke Skywalker pudo salvarse en la caída tras su duelo con Darth Vader.
    • Un absurdo. Un brillante e inclasificable ejercicio literario que, funcionando como una matrioska, visita conocidas escenas de la saga.
    • La traición de Sifo-Dyas. Esta historia nos cuenta los remordimientos del Jedi tras confesarle Dooku que ha sido utilizado.
    • No me gusta hablar del pasado. Es el relato más largo de todos y en él se nos narra una frenética huida de Boba Fett tras ser atrapado por una banda de piratas.
    • Estoy preparado para afrontar las pruebas. Anakin quiere afrontar ya las pruebas para superar su etapa de padawan ya que presiente que un cambio importante se va a producir en la vida de su madre.
    • Siempre rítmica, siempre lenta, siempre aterradora. Relato de terror psicológico sobre el trauma que sufre un almirante tras escuchar la respiración de Vader y las funestas consecuencias que sufren aquellos que lo defraudan.
    • El sacrificio de los Lars. Una escena no vista en el Episodio IV, el fatal encuentro entre los soldados de asalto y Owen y Beru Lars cuando el Imperio busca los droides.
    • Coincidencias. Una historia sobre las coincidencias y desventuras que sufre un mercader que lleva un cargamento de agua a Tatooine.
    • Cómo entrenar a un Sith. Un relato sobre cómo fue el proceso de selección de aprendices Sith previo a Darth Maul.
    • Intransigencia. Breve relato humorístico sobre la intransigencia llevada a límites absurdos.
    • Menudo deporte. Se nos describe el poontroom, uno de los deportes más exigentes físicamente de la galaxia.
    • Si fuera un Jedi. Los pensamientos de un ladrón encarcelado sobre lo que podía haber llegado a ser si hubiera sido un Jedi.
    • Suerte. La huida de un jugador tras ganar una apuesta acompañado por una twi’lek que no resultará ser quien dice que es.

    Esperamos que os haya llamado la atención esta novela, junto con los relatos, y es que muchas veces las historias escritas por los fans son igual o más interesantes que las oficiales. Si queréis leer más relatos cortos de Alberto los podéis encontrar en nuestra revista Biblioteca Jedi (números 1 y 4) y en los diferentes volúmenes de nuestra antología Soñando con galaxias muy lejanas (volúmenes 1 y 2 publicados, el tercero en proceso). Para cualquier duda o comentario que tengáis podéis contactar con Alberto a través de su página de Facebook de Taller Skywalker. ¡Que la lectura os acompañe!

    Más publicaciones en las que aparecen relatos de Alberto
  • Toda una historia que contar. Un relato de The Old Republic

    Toda una historia que contar. Un relato de The Old Republic

    Por Jose Alabau Casaña

    ¡Hola bibliotecarios! Os traemos Toda una historia que contar, la traducción de Quite a Story to Tell, un relato de la continuidad de Leyendas (sí, habéis leído bien), publicado online el 13 de abril de 2021 en la web del videojuego The Old Republic. La última historia que teníamos relacionada con el tema era Chasing Copero, de noviembre de 2017, así que ya ha llovido desde entonces. La autora del relato es Caitlin Sullivan Kelly, y estaría en la misma línea que Viendo rojo (Seeing Red), que se publicó tres meses más tarde y podéis leer aquí traducido. Sin más preámbulos, os dejamos con el relato.

    —————-

    El silencio en la sala era pesado, hasta que la Maestra Satele dejó una taza gastada sobre la mesa con un suave golpe. El vapor que salía del fragante líquido que contenía se elevó en constantes volutas. Aryn Leneer se sentó torpemente, con las manos en el regazo, mientras miraba la bebida.

    «Este té viene recomendado por el general Daeruun», dijo la Maestra Satele.

    «Gracias», Aryn se calentó las manos en los lados de la taza. «¿Supongo que eso significa que es bueno?»

    «Mucho».

    Volvió el silencio, y la antigua Gran Maestra Jedi permaneció de pie, con sus ojos buscando lentamente el rostro de Aryn. Eso la ponía nerviosa.

    «Tú también puedes sentarte, ¿sabes?», dijo Aryn.

    «Prefiero estar de pie», replicó la Maestra Satele. «Pero», continuó mientras Aryn fruncía el ceño, «si te hace sentir más cómoda, me sentaré».

    La Maestra Satele acercó una silla y Aryn tomó un sorbo del té que le habían ofrecido. Estaba bueno, realmente bueno. Y, de forma inesperada, calmó un poco sus nervios.

    «Probablemente no sepas mucho sobre lo que he estado haciendo después de… después de dejar la Orden», comenzó Aryn.

    «He oído algunas cosas».

    «Bien», Aryn tomó otro largo sorbo de té. «Vivimos en Dantooine: Zeerid, Arra y yo. Tenemos una granja. Es tranquilo».

    «Suena maravilloso».

    «Lo es», respondió Aryn. «No tenemos muchos problemas. Así que cuando algo va mal… te das cuenta».

    Dio otro sorbo de té; aunque sólo fuera para ganar tiempo y armarse de valor. Ahora o nunca. Tenía que decirlo.

    «Darth Malgus vino a Dantooine».

    La mirada firme de la Jedi ni siquiera vaciló. Aryn no esperaba que la Maestra Satele Shan, notoriamente tranquila, montara una escena, pero era desconcertante no ver ninguna reacción. También podría haber dicho que estaba empezando a llover.

    Aryn continuó: «Podía sentir que se acercaba, así que nos preparamos. Zeerid cerró la granja, llevó a Arra a un lugar seguro…»

    «¿Y qué hiciste?»

    Tras el largo silencio de la Maestra Satele, su pregunta fue tan repentina que Aryn pensó que podría caerse de la silla.

    «Yo… fui a buscarlo. Seguí su rastro hasta el único lugar de Dantooine que le interesaría a un Lord Sith».

    «El enclave…», dijo la Maestra Satele, apenas por encima de un susurro.

    Aryn bebió el resto del té. No estaba segura de si era por los efectos calmantes de la bebida, o porque el aspecto estoico de la Maestra Satele parecía estar resquebrajándose, pero por fin empezaba a sentir algo de confianza al revivir lo sucedido.

    —————-

    Del mismo modo que podía sentir a Malgus acercándose a Dantooine antes de que llegara, Aryn podía sentir la poderosa energía de la Fuerza que irradiaba del Enclave Jedi abandonado antes de que lo viera. Pero mientras su speeder corría por las llanuras cubiertas de hierba hacia las ruinas abandonadas, pudo sentir algo más que provenía de su interior, una fuerte presencia, entrelazada con el aura del enclave, corrompiéndola…

    Malgus.

    Aryn maniobró el viejo pedazo de chatarra por detrás del mayor árbol de blba que pudo encontrar y lo aparcó a la sombra de la frondosa copa. Dio gracias a las estrellas por Zeerid, que le había puesto una célula de energía nueva el día anterior. No había ninguna posibilidad de que se quedara tirada allí.

    Mantuvo la vista en la entrada de las ruinas mientras fijaba su sable de luz en el cinturón. El peso del arma -y de lo que significaba llevarla- ya no le resultaba familiar después de todos los años que habían pasado desde la última vez que la empuñó. Para defenderse de los rebeldes sabuesos kath y de los ocasionales ladrones de la granja no hacía falta un arma tan sofisticada. Y, sinceramente, esperaba –tenía la esperanza- no volver a necesitar el sable láser.

    Mientras observaba las ruinas, los minutos pasaban sin ninguna señal de movimiento. Aryn no podía estar segura de si Malgus ya había conseguido lo que había venido a buscar y había huido, o si todavía estaba dentro. Sólo había una forma de averiguarlo.

    Había muchas formas de entrar en el viejo enclave, pero Malgus, descarado como era, probablemente no dudaría en entrar por la puerta principal. Aryn no se sentía especialmente descarada, pero haría lo mismo.

    Entró a trompicones en el sombrío enclave desde la claridad del mediodía. Sus ojos se adaptaron a los oscuros pasillos del enclave con suficiente rapidez, pero siguió manteniendo la mano cerca de la empuñadura de su sable láser mientras todo lo que la rodeaba se enfocaba. Si iba a hacer esto, lo haría con cuidado. Extendió la mano a través de la Fuerza, pero no pudo percibir nada fuera de lo normal; al menos, nada era diferente de lo que había sentido hasta entonces. Y si se avecinaba una emboscada, ya habría ocurrido.

    Aryn se giró y observó la zona que la rodeaba. En los pocos puntos de luz que se filtraban a través de las grietas del techo, podía distinguir grandes trozos de piedra fracturada. Quién sabe lo que podrían haber escondido aquí, antes de que se derrumbaran hace siglos; ahora, sólo bloqueaban el acceso de los intrusos a muchas zonas olvidadas del enclave.

    Su mirada se posó en un extremo del sombrío pasillo. Una cortina de polvo, que danzaba bajo una pizca de luz solar, colgaba frente a una abertura tan oscura que sólo podía significar que conducía al interior.

    Mientras Aryn se abría paso con cuidado entre los escombros esparcidos por el suelo de piedra, no podía dejar de pensar en la ironía de lo que estaba ocurriendo. ¿Cuántos Jedi habrían dado su brazo a torcer por la oportunidad de estar aquí? Y aquí estaba ella, una marginada, una fracasada, tropezando con la oscuridad de uno de los secretos mejor guardados de los Jedi.

    Mantuvo el paso lento. No sabía qué tipo de cosas habían decidido instalarse aquí, y por el crujido que oía cuando se acercaba demasiado a las paredes, no quería averiguarlo. En cuanto a lo que los Jedi dejaron atrás, trampas, alarmas… eso era un misterio aún mayor.

    No pasó mucho tiempo antes de que la sensación constante, pero tenue, de la proximidad de Malgus se disparara de repente y la golpeara como una ola. Fue casi insoportable, ya que le quitó el aire de los pulmones. No sólo Malgus seguía dentro de las ruinas, sino que estaba cerca.

    En la turbia oscuridad, lo oyó antes de verlo. El sonido revelador de un cristal chispeando, encendiendo la hoja de un sable láser. Cerró los ojos de golpe y levantó los brazos por encima de la cabeza, invocando el escudo de la Fuerza más fuerte que pudo reunir en el poco tiempo que tenía. Pero el golpe no llegó a producirse…

    Y cuando abrió los ojos no había nada, sólo breves destellos rojos que iluminaban las paredes en la distancia. Sea lo que fuera contra lo que Malgus estaba luchando allí abajo, no iba a caer fácilmente.

    Aryn aceleró el paso. Los ecos que producían sus pasos se ahogaban cada vez más por los sonidos de Malgus en combate. El metal chocando contra la piedra. El zumbido de la energía cortando los circuitos. Sacó su propio sable de luz del cinturón y mantuvo la yema del pulgar en el interruptor de activación.

    Llegó al final del pasillo, donde la boca se abría a una cavernosa sala de piedra. Pudo ver las entradas a otros pasillos dispersos por la pared exterior. Y en el centro de la cámara, una imponente torre de poder, una silueta ensombrecida por el lado oscuro de la Fuerza… Darth Malgus.

    Estaba de espaldas, y Aryn se escondió detrás de una sección irregular de la pared del túnel antes de que Malgus tuviera la oportunidad de descubrirla. Agachada en su escondite, observó cómo los formidables droides de combate -las defensas de los Jedi seguían activas, después de todos estos años- se arrugaban como si estuvieran hechos de tela de saco. Los droides eran rápidos y brutales, y ella no podía saber de dónde venían, pero no importaba. Los eliminó sin miramientos con la misma rapidez con la que se conectaron.

    Nada frenaba a Malgus. Con cada movimiento sin esfuerzo de su sable láser, cada golpe aplastante de su puño, ella podía sentirlo: era tan poderoso hoy como lo había sido la última vez que lo vio, décadas atrás. En aquel entonces, ella podía defenderse de él, pero ahora… no había manera de que pudiera derrotarlo. No sola.

    Lentamente, Aryn se movió para regresar por donde había venido, agachada y fuera de la vista. Pero cuando la pequeña roca que había sacudido con el pie repiqueteó con fuerza -demasiado- en el suelo de piedra, se dio cuenta de que la batalla de Malgus había terminado. El eco de la piedra rebotando contra la piedra fue ensordecedor, pero no tanto como el silencio que siguió.

    Aryn se quedó paralizada, excepto por el movimiento de su mano alrededor de la empuñadura de su sable láser. Cerró los ojos y quiso que todos los músculos de su cuerpo estuvieran tan quietos como la roca que la rodeaba. Sus oídos se esforzaron, pero no pudo oír nada por encima de su corazón, que latía con fuerza.

    El sonido de la electricidad abrasadora surcó el aire cuando el sable láser de Malgus cobró vida. Aryn esperó, respirando superficialmente mientras sopesaba sus opciones. Si atacaba desde esta posición, la sorpresa podría darle ventaja. Sería el combate más duro de su vida, pero no dejaría que el Lord Sith la derribara.

    Aryn expulsó el aliento que había estado conteniendo entre los dientes y apretó su sable láser hasta que sus curtidos nudillos se volvieron blancos. Apoyó las suelas de sus botas en la tierra…

    Y echó a correr.

    Sin mirar atrás, Aryn giró su brazo en un arco detrás de ella, derribando varias de las piedras más grandes en algo que parecía una barricada. Mientras corría, empujó la empuñadura de su sable de luz hacia delante y pulsó el interruptor de activación, y la hoja iluminó el espacio oscurecido.

    Luchar contra Malgus siempre sería una apuesta. Había una pequeña -pero casi insignificante- posibilidad de ganar, pero Aryn aprendió desde muy joven a confiar en sus propios sentimientos. Y con cada fibra de su ser, podía sentir que si se enfrentaba a Malgus ahora, no volvería a ver la luz del sol.

    La misma luz del sol que brillaba como un faro al final del túnel.

    Se detuvo de repente cuando sus pies tocaron el suelo fuera de las ruinas del enclave. A lo lejos, junto al árbol donde había escondido su speeder, una figura saltaba de su propio vehículo. Aryn envainó su sable de luz y corrió hacia el árbol con todas las fuerzas que le quedaban.

    «¡Aryn!», gritó la figura cuando entró en la sombra del árbol blba.

    Antes de que pudiera detenerse, su cuerpo chocó con el de Zeerid y sus brazos rodearon sus hombros con fuerza.

    «¿Qué haces aquí?» preguntó Aryn mientras intentaba recuperar el aliento.

    El rostro barbudo de Zeerid se ablandó de preocupación ante la urgencia de Aryn. «He venido a ayudarte. No es que necesitara convencerme mucho, pero Arra dijo que nunca me perdonaría si te dejaba hacer esto sola».

    «¿Cómo sabías dónde estaba?»

    «Tuve la corazonada de que Malgus podría estar tras algo en este lugar».

    «Está ahí dentro. Creo que…» Aryn tragó. «Creo que él sabía que yo estaba allí, también».

    «¿Qué? ¿Te está siguiendo?» La mano de Zeerid voló hacia el blaster que llevaba en la cadera mientras escudriñaba la entrada de las ruinas.

    «No lo sé», respondió Aryn. «Pero no vamos a quedarnos para averiguarlo». Colocó una pierna sobre su speeder y lo puso en marcha, con el motor rugiendo.

    «Entonces, ¿qué hacemos?» preguntó Zeerid mientras subía a su propio vehículo.

    Aryn miró hacia las ruinas. La presencia de Malgus, su dolor, su ira, su poder… aún podía sentirlo todo con fuerza fuera de los robustos muros del enclave abandonado. Para derrotarlo, necesitarían a las únicas personas lo suficientemente fuertes como para oponerse a una fuerza semejante. Por desgracia, la gente que necesitaban probablemente no estaría muy contenta de ver a Aryn.

    «Vamos a ver a los Jedi. Ellos sabrán qué hacer».

    «¿Estás segura?» preguntó Zeerid.

    «No. ¿Pero qué otra opción tenemos?»

    —————-

    «Quería luchar contra él». Aryn inclinó la taza vacía de un lado a otro, haciendo rodar el fondo por el tablero de madera. «Tal vez debería haberlo hecho. Pero, en el fondo, sabía que iba a hacer falta más de una ex Jedi para detener a un monstruo como Malgus. Así que, una vez que llevé a Zeerid y a Arra a un lugar seguro, vine aquí. Vine a ti».

    La mirada azul brillante de la Maestra Satele se mantuvo firme durante todo el relato de Aryn, pero ahora, sólo por un momento, Aryn creyó ver algo parecido a la diversión cuando la Jedi entrecerró los ojos.

    «Me alegra ver que, a medida que has madurado, has aprendido a dejar que prevalezca la cabeza fría».

    Aryn juntó las manos en el regazo y asintió secamente. Tanto si la Maestra Satele le estaba haciendo una broma de buen gusto como si le estaba criticando de verdad, Aryn no deseaba que le recordaran por qué se había retirado de la Orden Jedi.

    «Podía sentir la ira de Malgus, su frustración, pero había algo más. Casi parecía que estaba… confundido. Como si supiera lo que buscaba, pero no pudiera encontrarlo». Aryn suspiró. «Eso es todo lo que sé. Te diría más si pudiera».

    «No pasa nada. Lo has hecho bien, Aryn. Gracias». La Maestra Satele se puso de pie y cruzó a la pared opuesta, de espaldas a la habitación.

    «Entonces», comenzó la Maestra Satele. «¿Cómo debemos manejar esto?»

    Aryn arrugó la frente. «¿Por qué me lo preguntas a mí?», respondió a la espalda de la Maestra Satele. «Esto es un asunto Jedi ahora, y tú eres la última persona a la que necesito recordarle que ya no soy una Jedi».

    La Maestra Satele se volvió hacia ella, y su expresión pasiva se convirtió en comprensión. «No eres la única que ha renunciado a sus vínculos con los Jedi. Mi papel -mi lugar- en la orden ya no es lo que era. Si te soy sincera, hace años que es diferente, en realidad. Pero todos tendremos nuestro papel en esto, independientemente de nuestra posición en la Orden Jedi».

    Pasó un momento sin palabras, pero antes de que Aryn pudiera responder, una voz fría y clara sonó desde la puerta de su sala de reuniones. Una joven de pelo rojo brillante se apoyaba en el marco de la puerta, con los brazos cruzados.

    «Satele, Gnost-Dural ha pedido verte. Cuando puedas disponer de un momento».

    «Qué oportuno», respondió la Maestra Satele. «Hay alguien con quien me gustaría que hablara».

    La joven apenas dedicó una mirada a Aryn antes de darse la vuelta y salir de la habitación.

    La Maestra Satele hizo un gesto hacia la puerta y volvió a mirar a Aryn. «Vayamos juntas. Sé que el Maestro Gnost-Dural estará muy interesado en escuchar lo que tienes que decir».

    Aryn se levantó y caminó unos pasos hacia la puerta. «¿Sólo «Satele»? ¿Desde cuándo eres tan informal con otros Jedi?»

    «Syl es… una alumna complicada. Intento elegir bien mis batallas cuando se trata de ella. Parece que ayuda…» La Maestra Satele condujo a Aryn al pasillo, cerrando la puerta tras ellos. Caminó hacia la derecha y le indicó a Aryn que la siguiera.

    «Lo digo en serio cuando digo que las cosas han cambiado, Aryn, la Orden Jedi y muchos de nosotros con ella. Otros tienen la responsabilidad que una vez fue mía, y necesito que les cuentes tu historia antes de que vuelvas con tu familia».

    Las dos siguieron caminando. «Entiendo que los Jedi ya no son lo que eran», comenzó Aryn. «Pero las cosas… no pueden ser tan diferentes, ¿verdad?»

    «Oh, sí», respondió la Maestra Satele, con serenidad. «Pero el cambio es una cosa con la que los Jedi siempre hemos estado familiarizados, por mucho que luchemos contra él. Y después de todo lo que has compartido conmigo hoy, siento que aún están por venir más cambios…»

    —————-

    Podéis encontrar el relato original en inglés en este enlace, en la web del videojuego. Existen más historias cortas centradas en The Old Republic, como listamos en el artículo de relatos, por si queréis leerlas, ya que la mayoría siguen online (poniendo los títulos en cualquier buscador, o incluso, mirando las entradas respectivas en Wookieepedia, al final, os enlazaran a la web donde estén disponibles). ¡Que la lectura os acompañe!

  • El juramento del Amanecer Plateado. Capítulo 1: Bienvenido a Bergamore

    El juramento del Amanecer Plateado. Capítulo 1: Bienvenido a Bergamore

    Por Jose Alabau Casaña

    ¡Hola bibliotecarios! Os traemos traducido en español el primer capítulo, «Bienvenido a Bergamore», de la novela online The Vow of Silver Dawn, El juramento del Amanecer Dorado, cuyo autor, conocido como «Su majestad el Rey», sigue en el anonimato. La novela, exclusiva del mercado chino, se sitúa 50 años antes de las precuelas, al final del periodo de la Alta República, era que estamos comenzando a descubrir con las nuevas publicaciones.

    Bienvenido a Bergamore

    Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana….

    La República gobernaba una sociedad galáctica muy desarrollada, su capital, Coruscant, era como una estrella ardiente que esparcía la luz y el calor de la civilización en abundancia.

    Sin embargo, en aquellos rincones donde la luz no era tan brillante, las sombras estaban presentes, y la pobreza y la corrupción inevitablemente se criaban en las zonas marginales de la República.

    Bergamore, situado en el Borde Exterior de la galaxia, había seguido su órbita irregular alrededor de un sistema estelar binario durante incontables años. El planeta sólo merecía una atención ocasional de los ciudadanos indiferentes de la República, que lo veían como empobrecido y atrasado.

    Sin embargo, hace unos decenios, un político llamado Jamie Brasen había cobrado importancia en el planeta Bergamore. Proyectando encanto e integridad, se ganó el apoyo de los tres mil millones de habitantes del planeta y se convirtió en el Presidente de Bergamore, enviando embajadores para reunirse con el Senado de la República. En el mundo capital de Coruscant se ganó el respeto de muchos senadores con su casi perfecta imagen personal.

    En opinión del Senado, Jamie Brasen era honesto y recto, con una personalidad amable y humilde. Bajo su gobierno, Bergamore se había hecho cada vez más próspero y rico, deshaciéndose gradualmente de su pobre y subdesarrollada reputación, y Brasen convirtió la capital planetaria de Amanecer Verde en una ciudad modelo. La próspera metrópoli sorprendió a incontables turistas de todas partes. Pero el propio Brasen había mantenido una vida precaria durante décadas; incluso cuando asistió a su conferencia con la República, Brasen había llevado una chaqueta hecha de retazos.

    Seguramente era lo único de santo que había en él.

    ____

    «Por supuesto, no hay verdaderos santos en el mundo…»

    Una mujer humana cubrió su hermoso y digno rostro con un manto gris y caminó tranquilamente por una calle oscura y húmeda, mirando hacia las casas prefabricadas que había a ambos lados del camino, y a los temblorosos niños abandonados bajo el abrigo de los toldos. No pudo evitar fruncir los labios ante la vista y suspiró con tristeza dentro de su corazón.

    No lejos de esta calle, a unos 20 metros por encima, para ser precisos, estaba la ciudad más orgullosa y próspera del planeta Bergamore, brillando como un bosque verde de acero. El estilo arquitectónico de la ciudad se había basado en el de Coruscant. Aunque la expansión no se había extendido por todos los rincones de Bergamore como había sucedido con Coruscant, la ciudad se mostraba tan brillante como una estrella para el remoto y empobrecido planeta.

    Sin embargo, ¿cuántas personas sabían que bajo su deslumbrante epidermis, la ciudad estaba podrida hasta los huesos? ¿Cuántos sabían que de los 3.000 millones de habitantes de Bergamore, sólo un número muy pequeño podía vivir una vida de lujo en los modernos edificios de la capital Amanecer Verde?

    La mujer caminó en silencio, y después de un rato, un grupo de sombras retorcidas vino a seguirla.

    En este dominio del inframundo, una mujer que caminaba sola en los barrios bajos era casi como un cebo lanzado en un estanque de pesca.

    Tras sus pasos, la seguían los traficantes de esclavos que anhelaban mejores cautivos, los médicos del mercado negro que buscaban órganos frescos, los asesinos que disfrutaban matando y los jugadores con mala suerte.

    Sin embargo, la mujer simplemente miró hacia atrás a las tortuosas sombras. Desaparecieron como la niebla de la mañana al encontrarse con el sol. De repente, estos matones del inframundo ni siquiera podían recordar lo que habían venido a buscar.

    A la mujer no le importó, y no se sorprendió. Después de llegar a Bergamore, habían ocurrido demasiadas veces casos similares como para contarlas. Sacudió la cabeza, continuó su camino y caminó hasta llegar a un hotel en ruinas. Al entrar en la única habitación de huéspedes de clase alta, se quitó la capa, exhaló, y pulsó en una enorme proyección que cubría una pared entera de la habitación. La pantalla, mostrada por un dispositivo de comunicación personalizado en forma de pulsera que llevaba, transmitía nuevos datos.

    Dos holoimágenes se iluminaron rápidamente en la pared. En la primera, niños demacrados eran mantenidos en jaulas oscuras como animales, esperando su destino como ganado antes de una matanza.

    En cambio, la otra imagen mostraba a juerguistas en el nivel superior de la ciudad, borrachos y disfrutando de una vida comparable a la de los ricos nobles del centro de la República.

    Varias imágenes como estas vinieron a iluminar toda la pared -y esta era la colección de una mujer que había llegado a Bergamore sólo una semana antes.

    En la pantalla, varias imágenes y anotaciones estaban conectadas por líneas de diferentes colores, como una red densamente tejida con innumerables pistas que apuntaban al núcleo.

    En el centro estaba la imagen del Presidente del planeta Bergamore, ¡Jamie Brasen!

    Había sido el Presidente de Bergamore, que era muy conocido en Coruscant, el que había provocado innumerables tragedias. Casi todas las grandes organizaciones criminales que trabajaban entre bastidores en el planeta provenían de Jamie Brasen. Él estaba al mando de los consorcios y las bandas, las más altas de la cadena alimenticia. Antes de llegar al poder, Bergamore había sido pobre, pero su población había vivido en paz. La gente nunca había sido tratada de forma inhumana, y había seguido una vida armoniosa durante miles de años. Sin embargo, en el lapso de unas pocas décadas, la superficie de este planeta se había llenado de criminales… y de huesos.

    Todo esto era aún desconocido para la galaxia en general. Jamie Brasen aún disfrutaba del prestigio de un santo, y nadie podía empañar su perfecta reputación.

    La mujer miraba en silencio la red de pistas en la pared. De repente, el brazalete comunicador de su brazo sonó, y ella colocó el dispositivo sobre la mesa. Apareció una proyección holográfica azul.

    Vio aparecer una cabeza alienígena parecida a la de un pulpo en su campo de visión, y los cuatro tentáculos de su barbilla se retorcieron suavemente, indicando que su especie era un quarren. Una mirada de máximo respeto se mostraba en los dos ojos redondos.

    «Saludos, respetada Maestra Jedi…»

    Antes de que terminara de hablar, la mujer le interrumpió: «Como he dicho, por favor, llámame Mostema».

    El quarren parecía un poco inquieto.

    Mostema continuó: «No se sienta ansioso, sólo trate esto como un intercambio de negocios entre colegas. Usted solía supervisar el trabajo de inteligencia de la República sobre Bergamore, así que podría estar haciendo uso de su consejo profesional.»

    El quarren se sintió aún más avergonzado cuando escuchó esto. «Jamie Brasen es un político muy astuto. He estado aquí durante muchos años, y nunca lo he visto cometiendo ningún acto de maldad.»

    «Ser capaz de verificar la astucia de otro también es un buen resultado», aseguró Mostema al quarren. «¿Tiene alguna sugerencia para el próximo trabajo?»

    Y tras estas palabras, la Maestra Jedi transmitió toda la información que había recogido al agente quarren.

    Al oír que la transmisión había sido recibida, el quarren rápidamente dirigió su atención a su propia pantalla de visualización. Sus dos ojos, ya enormes, se ampliaron.

    «Maestra, ¿ésta es la evidencia que ha recogido? Realmente lo que se espera de una merecedora Maestra Jedi. Todo esto en sólo unos pocos días estándar, ¡cuánto ha recopilado! Déjame ver… ¡Dios, esta cadena de pruebas es tan completa! Solo queda añadir los testimonios del albergue StarFan y de Shining Manpower…»

    De nuevo antes de terminar, vio a Mostema exhibir dos nuevos retratos a través del brazalete comunicador. Eran los líderes del albergue StarFan y de Shining Manpower, y sus confesiones y testimonios relacionados contaban la misma historia.

    El quarren estaba aturdido. «… Esto es digno de la famosa omnipotencia de los Jedis, ¡el último eslabón de la cadena de pruebas está aquí! Con presentar este expediente en el Senado en nombre de la Orden Jedi, debería ser suficiente para que lo aceptaran. ¡El malvado gobierno de Jamie Brasen termina aquí!»

    «Hmmm…» Mostema pensó brevemente, pero luego sonrió y sacudió la cabeza.

    «¿Pero, y si esto no fuera presentado en nombre de la Orden Jedi? Por ejemplo, si viniera de ti, o incluso de una persona común que trabaja en Bergamore?»

    El quarren se quedó atónito momentáneamente, y luego dijo en voz baja, «Me temo que eso sería un poco insuficiente. Los crímenes del Presidente rara vez se cometen de primera mano; casi todos son cometidos por otros. No hay pruebas que lo relacionen directamente con un crimen. Y, su percepción dentro de la República es casi prístina. Todos piensan que Brasen es un humilde e incorruptible filántropo. También tiene a su disposición a los más prestigiosos abogados de la galaxia, y ha sido absuelto en los tribunales muchas veces, de hecho, siempre con compensaciones. Pillar a un hombre políticamente fuerte, que ha controlado este planeta durante décadas, es en sí mismo algo inverosímil, así que espero que pueda…»

    «¿Esperas usar el nombre de los Jedi para derribarlo? Entonces estaré ejerciendo la influencia política de los Jedi extrajudicialmente para interferir por la fuerza con el juicio del Senado. ¿Simplemente porque no soporto a Brasen, debo usar la influencia de la Orden Jedi, disfrazada de ley, y pedirle al Senado que lo lleve a juicio? ¿Cómo me diferencia eso de un tirano imprudente como él?»

    El quarren pensó por un largo momento y sugirió a regañadientes, «Si debes construir tu caso a través de vías legales, entonces todavía no tienes nada incriminatorio. Ahora que el Consejo Jedi ha decidido investigar a Jamie Brasen usa tus habilidades. ¿No puedes simplemente dirigirte al Presidente y esperar que te confíe la verdad por sí mismo? Ese es el tipo de técnica hipnotizadora que sólo usan los Jedi…»

    La Maestra Jedi lamentó profundamente el reconocimiento de este poder. «Las técnicas de la Fuerza que dominan los Jedi son una espada de doble filo. Por supuesto que puedo usar la Fuerza para confundir la mente de Jamie y hacer que admita sus crímenes, pero de la misma manera, esta técnica podría ser usada para obtener una confesión falsa, y permitir que gente inocente sea injustamente acusada. Si se supiera que he influido en su mente, cualquier testimonio obtenido de Brasen a través de la hipnosis sería inválido. Además, como Jamie Brasen es excepcionalmente astuto, es totalmente posible que se anticipe y se prepare para un truco mental Jedi de antemano. En cuyo caso, no se le podría hipnotizar para que dijera la verdad».

    El quarren dijo impotente, «Si crees que eso es posible, entonces la situación es muy grave. Jamie ha tenido el control de Bergamore durante tanto tiempo que todo el planeta se ha convertido en una combinación de laberintos y telarañas de intrigas ilegales, por lo que es muy difícil conocer su ubicación en un momento dado a través de pistas periféricas. Si tiene que hablar con él, sólo puede tratar de encontrarlo en su legendaria mansión. Hay quien cuenta que el Presidente construyó una mansión privada en las afueras de Amanecer Verde, donde vive una vida de glamour. Más importante aún, es conocido por entretener a sus huéspedes. La mayoría de sus crímenes son diseñados y llevados a cabo desde dentro de las paredes de la mansión. He estado investigando durante muchos años, pero aún no he encontrado el más mínimo rastro sobre la ubicación de esta…»

    Mientras hablaba, el quarren oyó de repente el brazalete comunicador de la mesa empezar a sonar, y la fría expresión de la mujer se derritió un poco -aunque era apenas perceptible, el quarren se sintió seguro de que el cambio no era porque ella lo estaba mirando.

    Mostema declaró: «He pedido a mi aprendiz que investigue la mansión de Jamie».

    El quarren estaba sorprendido. «¿Aprendiz? ¿No has venido sola?»

    «Sí, mi aprendiz Sean. Todavía está en la etapa de formación, tiene 17 años pero aún es  inmaduro y necesita de más tutela. Así que le pedí que fuera a los bajos fondos de la ciudad a investigar las pistas de inteligencia sobre la Mansión Presidencial.»

    El quarren experimentó un momento de asombro antes de decir, «Maestra, Jamie siempre ha dado gran importancia a los secretos de su mansión. ¡Cualquier persona que se atreva a investigar su vida privada estará en peligro! Más aún, muchos de mis propios agentes de élite han desaparecido aquí en el Distrito Amanecer Verde!»

    «Sí, por eso le dije que fuera particularmente cuidadoso mientras investigaba.»

    «Esto no es una cuestión de tener cuidado. ¿Su aprendiz no es más que un estudiante? Con el debido respeto, incluso para un Jedi que ha dominado el arte de la Fuerza…»

    Sin embargo, mientras hablaba, Mostema había extendido la mano y presionado el botón de comunicación multipersonal del brazalete, y de repente apareció otra proyección junto a la cabeza parecida a la de un pulpo.

    Era de un adolescente humano que parecía tener sólo 16 o 17 años… el quarren no era especialmente bueno distinguiendo las edades humanas más allá de si eran guapos o feos, pero al ver a este adolescente de pelo negro y ojos oscuros, inmediatamente sintió una sensación de camaradería.

    El joven tomó la iniciativa de saludar al alienígena.

    «¡Buenas tardes, Maestra! Supongo que este es nuestro agente, el Sr. Squak, ¡me alegro de conocerle! He leído su ‘Informe de Investigación Bergamore’. El trabajo fue muy meticuloso, ¡realmente admirable!»

    La piel áspera del quarren tomó abruptamente un color parecido al de la sangre. «Yo… estoy demasiado avergonzado. No ha habido resultados fiables de la investigación durante varios años…»

    «No, pero como su trabajo no ha dado ningún resultado, la República solicitó a la Orden Jedi que enviara a mi Maestra para investigar, lo que acelerará sustancialmente el progreso de la investigación. ¡Creo que la gente de Bergamore recordará sus contribuciones mucho tiempo en el futuro!»

    Y el quarren se quedó totalmente sin palabras.


    Continua en el segundo capítulo: Solución simple. Disponible aquí.

    El texto base para esta traducción ha sido tomado del hilo de Reddit que está traduciendo la novela al inglés. ¡Que la lectura os acompañe!

    Actualización: se han hecho unas pequeñas correcciones en base a la traducción de 74translations. Mario Tormo.

  • LA PRIMERA LECCIÓN

    LA PRIMERA LECCIÓN

    Por Jose Alabau Casaña

    ¡Hola bibliotecarios! Os traemos la traducción de este relato corto no canónico escrito por Charles Soule e ilustrado por Will Sliney. Se trata de una historia escrita para recaudar fondos para la Book Industry Charitable Foundation, que ayudará a las librerías y tiendas de cómics que se hayan visto afectadas por la pandemia del covid-19. Sin más dilación, os dejamos el relato para que lo disfrutéis.

    LA PRIMERA LECCIÓN

    Escrito por Charles Soule.
    Ilustrado por Will Sliney.
    Traducido por Jose Alabau Casaña.

    Ciudad Hanna, Chandrila. 13 dbY

    Ben sintió que las manos se cerraban a su alrededor, enormes, cada una casi tan grande como su cabeza. Sus pies dejaron la tierra, y entonces fue lanzado hacia arriba en el aire. Todo sucedió rápido, muy rápido.

    Por un momento, estaba volando, con los brazos extendidos a ambos lados. Arriba, y arriba, y por una breve pausa, un pequeño momento, como si el tiempo se hubiera cortado tan fino que se pudiera ver a través de él… y entonces ya no estaba volando, sino cayendo. De vuelta al suelo, de vuelta a la tierra.

    Luego, las manos de nuevo, y Ben fue envuelto en el suave pelaje de su tío, rodeado de calor, amor y seguridad. Ben se rió.

    «Deja de tirar al niño, Chewie», dijo la voz de su padre, ese gruñido áspero que sonaba como nadie más. «Si se te cae, Leia nos matará a los dos».

    Chewbacca dijo algo en respuesta. Ben no entendía mucho de shryiiwook todavía, sólo unas pocas palabras, pero el tono transmitía una sensación de falso rechazo a la idea de que su tío permitiera que Ben sufriera algún tipo de daño.

    «Sí, sí», dijo su padre, mientras Chewbacca lo bajaba. «De todos modos, ya casi está la cena. Ben, ve a lavarte».

    Ben sintió la enorme mano de su tío dándole una palmadita en la cabeza una vez, luego dos, y luego Chewbacca se fue donde su padre estaba sentado en el salón hablando con su otro tío, Lando.

    «Hey, deja al pequeño guerrero espacial en paz, Han,» dijo Lando. «Es su cumpleaños. Y no es como si tú tuvieras las manos más limpias de la galaxia».

    «¡Sí, papá!» Ben dijo. «¿Por qué no vas a lavarte?»

    Su padre se rio. Un buen sonido. El padre de Ben siempre sonaba gruñón, pero el secreto era que no era realmente gruñón, al menos la mayor parte del tiempo.

    «Porque yo soy un adulto y tú eres un niño. Ahora vete,» dijo. «Estoy hablando de negocios con tu tío Lando.»

    «Tiene razón, Ben», dijo Lando. «Cuanto antes te pongas en marcha, antes podremos comer todos, lo que significa que antes recibirás tus regalos».

    Ben sintió que otra presencia entraba en la habitación, y supo que su madre estaba allí. Ni siquiera tenía que mirar, y ella no tenía que decir nada. Él siempre lo sabía, y ella también.

    «Bueno, estamos esperando a un invitado más», dijo, «debería llegar en cualquier…»

    Sonó una campana en la puerta principal.

    «Ve a ver quién es, Ben», dijo su madre, con una sonrisa en su voz.

    Ben corrió a la puerta principal y la abrió, aunque ya sabía quién era. Siempre podía sentir a su madre, y siempre podría sentir a esta persona también, aunque no la viera muy a menudo. Su estómago empezó a ponerse al revés.

    No iba a venir… pensó Ben.

    Pero lo hizo. Esperando en la puerta de su casa estaba el otro tío de Ben, Luke Skywalker… el Maestro Jedi.

    «Ben», dijo Luke, y sonrió, su cara y su espíritu brillaban de felicidad, «Feliz cumpleaños». Te he echado de menos».

    Su madre pasó por delante de él y abrazó a su tío.

    «¡Luke!» dijo ella. «¡No estaba segura de si lo lograrías!»

    «Hola, Leia», respondió Luke. «Por supuesto que lo hice. Estaba siguiendo una pista muy prometedora sobre unas ruinas de un templo de la Alta República, pero ya sabes, han estado ahí durante siglos, no van a ir a ninguna parte. Mientras que tú, hombrecito…»

    Se agachó y miró a Ben a los ojos.

    «…cada día son más grandes. Ocho años de edad. Difícil de creer. Solía cambiar tu pañal».

    «Sí, dos veces», dijo Leia. «Eres peor que Han».

    «Nadie es peor que yo», dijo su padre, dando un paso adelante y abrazando a Luke.

    «Me alegro de verte, amigo. Significa mucho que hayas venido».

    «No me lo perdería por nada», dijo Luke.

    «Muy bien, ahora ya podemos empezar a cenar», anunció su madre. «Venga, venid al comedor y sentaros. Luke, deja tu sable en el estante. Nada de armas en la mesa».

    «Lo que tú digas, Leia», dijo Luke.

    Le guiñó un ojo a Ben, y luego desenganchó un brillante cilindro de plata y oro del gancho de su cinturón y lo colgó en un estante cerca de la puerta principal.

    Un sable de luz, pensó Ben, unas palabras que resonaban en su mente.

    Había visto el arma de su tío antes, aunque nunca la había visto encendida. Había oído las historias -sobre la batalla entre Skywalker y Vader ante el Emperador Palpatine en la Estrella Muerte, la que había terminado la gran guerra en la que sus padres habían luchado y en la que pensaban a veces – lo sabías porque sus ojos se perdían en la lejanía. Este era el sable de luz de esa pelea, el mismo.

    «¡Ven ya, Ben Solo!», gritó su padre desde el comedor, no muy gruñón pero apunto de estarlo, y Ben se dio la vuelta y corrió para estar con su familia -su madre, su padre y sus tres tíos… todos los que le querían mucho. Había otras personas que podrían haber invitado, y de hecho iba a hacer una fiesta con algunos de sus amigos de la escuela en unos días, pero esto era lo que les había pedido a sus padres para el día de hoy.

    Su familia.

    La cena estaba deliciosa, con todos sus platos favoritos. Chewbacca se comió todo, o eso parecía, y Lando tomó muchas bebidas para adultos, y su madre habló con Luke sobre su búsqueda de lo que quedaba de los Jedi, y su padre no estaba nada malhumorado. Todo eran risas y bromas, y luego había pastel, y más tarde regalos.

    Chewbacca le dio una hermosa talla de madera, una pequeña estatua de un wookiee sosteniendo a un niño humano sobre su cabeza, con los brazos del niño a ambos lados, y Ben se dio cuenta de que eran ellos, los dos, lo que les gustaba hacer. Lando le dio un mazo de cartas sabacc, muy llamativo, con bordes dorados en las cartas, y le prometió que le enseñaría a jugar y a ganar siempre, lo que provocó una risa y una mirada de complicidad por parte de su padre. Su madre y su padre le prometieron que se irían todos juntos, en un viaje de verdad, los tres, sin trabajo ni nada, sin encontrarse con «viejos amigos» como su padre parecía hacer siempre, muchos de los cuales no parecían muy amistosos con Ben. Ese fue un regalo perfecto, y él pensó que era el mejor, y luego recibió el último.

    Luke Skywalker metió la mano en su túnica y sacó una pequeña caja de metal, que le entregó a Ben. Le dio una sensación extraña. Había algo especial en su interior.

    «Ábrela», dijo su tío.

    Ben lo hizo, y vio… una roca. Un poco transparente, con bordes afilados y partes planas y ¿una especie de especie de luz en el interior?

    «Esto se llama cristal kyber, Ben», dijo Luke. «Es muy especial. Cada sable láser tiene uno dentro, y están muy conectados a la Fuerza. Están casi vivos. ¿Puedes sentirlo?»

    Ben pensó… sí, tal vez podría. Había algo en la roca, y podía sentirlo, como cuando sabía que su madre estaba cerca. Y pensó… que tal vez la roca podría sentirlo también a él. Era extraño, pero no estaba mal. Esto era algo bueno.

    «Creo que sí», dijo.

    «Bueno, no es algo que ocurra de una sola vez, y los Jedi suelen elegir los cristales kyber con los que sienten una fuerte conexión. Esto es sólo para que veas lo que se siente. Sólo por diversión».

    «Tranquilo, Skywalker», dijo su padre. «No le hagas un Jedi todavía. Mi hijo va a ser un sinvergüenza cuando crezca, como su padre.»

    «¿No puedo ser ambas cosas?» Ben dijo, y todo el mundo se rio, y luego los adultos empezaron a hablar de cosas de adultos, primero contando historias sobre cosas que habían hecho todos juntos antes de que Ben naciera, y se volvió algo aburrido.

    Luke lo percibió y se volvió hacia Ben, sonriendo.

    «Lo siento, chico. Estoy seguro de que esto no es tan interesante, y menos en tu cumpleaños. Déjame hablar con tu madre y tu padre unos minutos, y luego puedo mostrarte algunos trucos Jedi interesantes. ¿De acuerdo?»

    «¿Esto es por la escuela?», preguntó su padre.

    «Creo que es hora, Han», dijo Luke. «O al menos es hora de empezar a hablar de ello en serio. Estoy listo, y fuera hay personas que necesitarán ayuda. Instrucción».

    Ben sabía que estaban hablando de él, pero también sabía que no lo querían revoloteando alrededor… así que se levantó de la mesa, con el cristal kyber aferrado a su mano.

    Salió del comedor, luego miró hacia la mesa -los adultos estaban hablando muy seriamente de algo muy importante. Nadie le prestaba atención, y así que se deslizó por el pasillo que llevaba a la entrada principal.

    El sable láser.

    Ben levantó su cristal kyber, y luego miró el arma de nuevo. El gancho del que estaba colgando estaba demasiado alto para que él lo alcanzara. Ese era el problema. Pero también sabía podría alcanzarlo de una manera u otra.

    Extendió su mano vacía hacia el sable, y agarró el cristal kyber con fuerza con la otra mano, tan fuerte que le dolía un poco.

    El sable láser se movió. No mucho, pero pensó que tal vez si podía sacarlo primero del gancho y entonces cuando cayera atraparlo, y entonces podría… bueno, no lo sabía. Pero, ¿al menos podría tocarlo, no? Era un sable de luz, el arma de un Caballero Jedi. Tenía que intentarlo. Tal vez podría incluso averiguar cómo encenderlo.

    Cerró los ojos, extendió su mano, y… lo intentó. Realmente lo hizo. Sabía que podía hacerlo. Sabía que…

    «Ben», llegó la voz de su tío, amable y tranquila. «Entiendo lo que intentas hacer, pero los sables de luz son peligrosos si no sabes cómo usarlos. Deberías haberme preguntado si querías echar un vistazo de más cerca».

    Ben abrió los ojos, y allí estaba Luke Skywalker, no enfadado – quizás un poco preocupado, pero eso era todo.

    «¿Vas a contárselo?» dijo Ben.

    «No», dijo Luke, sonriendo. «Lo entiendo. Los sables de luz son bastante fascinantes. Sólo tienes que prometerme que nunca más lo intentaras a no ser que yo esté contigo, ¿vale?»

    «Vale», dijo Ben.

    «Bien», dijo Luke.

    Alargó la mano y el sable de luz se descolgó del gancho, y fue hasta su mano extendida.

    «Retrocede un poco», dijo Luke, y Ben lo hizo.

    Y entonces, donde no había nada, de repente hubo algo, una larga y zumbante línea de una luz verde brillante que se extendía desde la empuñadura del sable y llenaba el aire entre Ben y su tío.

    «Pon tu mano en la mía», dijo Luke, y Ben lo hizo, y estaban sosteniendo el sable de luz juntos.

    Luke balanceó un poco la hoja, dejó que silbara en el aire, y Ben se sorprendió. No notaba… nada. Como si la hoja no pesara.

    Nada… pero Ben conocía todas las historias. Podías no sentir su peso, pero con un sable de luz… podías hacer cualquier cosa.

    «Feliz cumpleaños, Ben», dijo su tío. «Que la Fuerza te acompañe».

    FIN.

    Esperamos que os haya gustado la historia. En este enlace podéis encontrar el material original. ¡Que la lectura y el coleccionismo os acompañen!

  • Star Wars Asedio Tusken

    Star Wars Asedio Tusken

    Relato corto Fanfic de Star Wars obra de Pep Valls

    Ese anochecer no fue como cualquier otro día. Los dos grandes dioses se marcharon por detrás de las montañas rojas con más brillo de lo normal. El viento estaba parado y callado y no levantaba el polvo de las dunas. Todo estaba expectante. El mismo desierto sabía que aquella noche, alrededor de las dos hogueras, los ancianos y los guerreros del clan tomarían una gran decisión.
    Cuando la noche ya reinaba, y los aullidos de los lobos anoobas indicaban que la oscuridad había llegado ya a su máximo exponente, empezó la reunión. Los niños y las mujeres dormían, algunos solo lo intentaban nerviosos por la excepcionalidad del momento.
    —Los dos grandes dioses no se han pronunciado —dijo para empezar la reunión el líder, Yurruok—. Y los dioses del desierto parece que tampoco. ¿Has leído algo en las estrellas, sabio Groutak?
    El anciano chamán de la tribu, ataviado con una túnica gris que le cubría el cuerpo y una máscara decorada con plumas de woodoo, respondió:
    —No he leído nada en las estrellas, pero he tenido una revelación de Madre. —El resto de asistentes aspiraron el aire caliente de la hoguera a modo de sorpresa e interés—. Ayer vi un mensaje al leer las tripas putrefactas de una rata womp asesinada por las alimañas de la noche. Madre mandó a esos seres para que nos dieran un mensaje: ¡Hay que atacar primero! —Cinco de los guerreros presentes alzaron sus brazos y empezaron a gritar consignas de guerra, satisfechos por lo revelado por el sabio.
    El gran líder quiso asegurarse de las conclusiones del mensaje trasmitido por el viejo:
    —¿Estáis seguro que esa es la voluntad de Madre?
    —Muy seguro.
    —Entonces atacaremos al alba. No lo demoraremos más. El clan Arena Gris debe pagar por la osadía de capturar a dos de nuestros hermanos mientras cazaban.
    Todos asintieron en silencio y entrelazaron sus brazos por encima de los hombros, manteniéndose sentados en el mismo círculo alrededor de las dos hogueras. El viejo chaman recitó unas palabras en un tono muy bajo y echó un puñado de arena al fuego. Luego hizo lo mismo tirándola al aire para que cayera encima de los presentes. Entonces los dieciocho individuos recitaron al unísono una oración ancestral de culto a la guerra y a las adversidades.
    Cada guerrero fue a su choza de piel a descansar, aunque el gran líder, el viejo druida y un par de guerreros se quedaron sentados a modo de consejo de líderes.
    En Tatooine había unos cuantos clanes tusken que a lo largo de los ciclos habían rivalizado por la captura de banthas, el territorio vital, los tratos con los jawas, los asedios a granjas de humedad… trifulcas entre parientes que podían acabar mal, pero eso sí, sin muertos ni rehenes. La mayoría de los miembros del clan de las Dos Luces habían visto ese secuestro como una provocación y una ofensa que rompía la tregua que tenían desde hacía miles de ciclos aquellos dos clanes separados por un trozo de desierto. El próximo ataque matutino, de forma clara, pondría fin a esa paz y eso podría desatar más batallas y, quién sabe, quizá una guerra.
    Los sabios más ancianos de cada clan siempre habían hablado de una gran unificación de los clanes. Contaban que, igual que en tiempos inmemorables el Gran Clan se dividió para garantizar la supervivencia de los moradores de las arenas, algún día los dos grandes dioses indicarían el momento de volver a unir a todos los tusken en un único clan. El rapto de dos hermanos convertía esa idea en imposible y los dioses eran testigos de esa ofensa.
    Las altas temperaturas del desierto y las zonas rocosas, la escasez de nutrientes y agua, las tormentas de arena, los depredadores… hacían de Tatooine un planeta difícil para vivir de forma nómada, desplazando todo un clan de aquí para allá en guaridas de piel de bantha. No hace falta decir que la no justicia impartida por los hutts y los negocios oscuros propios del Borde Exterior no ayudaban a vivir en el planeta de los dos soles.
    Cuando los primeros rayos de luz de los dos grandes dioses iluminaron el cielo y el horizonte mostró sus dunas doradas, los quince guerreros estaban situados estratégicamente en la cima de una colina. Desde lo alto podían ver perfectamente el grupo de chozas del clan Arena Gris. La avanzadilla que mandaron primero aturdió a los dos vigilantes. Los dejaron dormidos con los orificios del rostro tapados con una mezcla de musgos anestesiantes.
    Los Arena Gris eran, en casi todo, iguales a ellos: la misma ropa, las mismas armas, los mismos vendajes. Encontraron fácilmente lo que estaban buscando.
    Los habitantes del pequeño poblado se organizaban por tareas que garantizaban la supervivencia del clan un día más. Todos hacían algo útil: remendar chozas, buscar comida y cazar, curtir pieles, pastar banthas, desparasitar miembros del clan, recolectar carne seca… pero justo en el centro de la actividad, había una choza cerrada y custodiada de la que no vieron salir a nadie. Si los dos hermanos prisioneros estaban en algún lugar, sin duda tenía que ser ese.
    Nadie discutió la idea de atacar al alba porque era por la noche cuando los centinelas, relacionando noche y peligro, estarían más expectantes. Todo tusken tiene miedo de que una alimaña nocturna lo ataque. Eso sucedía muy a menudo. Además, los dos grandes dioses estarían contemplando el asedio y seguro que apoyaban al clan de las Dos Luces porque eran sus rivales quienes habían roto el pacto.
    Las indicaciones antes de partir eran muy claras. Tenían que atacar en tromba. La densidad de un pequeño poblado de moradores y la actividad diaria de este no permitiría otra forma de ataque. La intención no era provocar una carnicería, sino castigarlos como era debido una vez sabido el alcance de su traición. El principal objetivo era el rescate y defenderse de una respuesta hostil, matando sólo si era necesario, lo que seguramente sería ya que no entraba en el pensamiento tusken el dejarse capturar. Los moradores eran tan duros y resistentes como el mismo desierto en el que habitaban.
    En un instante, los quince moradores bajaron de la colina corriendo, gritando y disparando al aire con sus rifles cíclicos. Como era de esperar, sorprendieron a los Arena Gris. Rodearon la decena de chozas de piel reseca y a la mayoría de habitantes. Sobresaltados, estos reaccionaron protegiendo a sus mayores y niños, poniéndolos en segunda fila. Entre las víctimas del asalto se oían gruñidos en forma de llanto y miedo. Sus voces reflejaban la preocupación del que no entiende la hostilidad de un clan hermano.
    Unos siete individuos Arena Gris se atrincheraron detrás de un bantha muerto que acababan de matar para secar su piel y su carne para dejar pudrirse sus entrañas con leche azul al sol. Era absurdo. El ataque por sorpresa tenía mucho más potencial que una defensa improvisada y desesperada en completa minoría. Con el par de rifles que tenían disparaban como podían, casi sin poder apuntar. Bastó con un par de minutos de intercambio de disparos y un asediado muerto. Fueron atados por los asaltantes y reducidos como los demás habitantes del poblado.
    La poca comunicación corporal y la imposibilidad de hacer gestos faciales no permitía a los moradores mostrar sus emociones. La única forma de hacerlo era a través de los sonidos guturales que emitían. Y en ese lugar, cuando los tuvieron a todos juntos de rodillas, las voces eran de miedo e impotencia.
    Dos guerreros del clan de las Dos Luces se acercaron al grupo de cautivos y levantaron, agarrándolo por los brazos, al que todos ellos conocían como Rugret, su líder. Estaba algo aturdido porque uno de los atacantes, un instante antes, lo había forzado a arrodillarse con un golpe de fusil cíclico en la cabeza.
    —Se lo que buscáis, hermanos del clan de las Dos Luces —dijo con voz cansada—. Pero lo que queréis no os lo podemos devolver.
    —Tenéis a dos de nuestros hermanos —dijo gritando un guerrero que lo apuntaba a la cabeza con su arma—. ¿Qué les habéis hecho?
    —¡Líder Yurruok! —una voz irrumpió desde atrás—. Venga, tiene que ver esto. —El líder atacante asintió y siguió a dos guerreros.
    Como deducían antes del asedio, dentro de la choza custodiada, estaban los dos individuos secuestrados… pero había un contratiempo. ¡Estaban muertos!
    Se encontraban con las palmas de las manos apuntado al techo. Tenían las ropas limpias y cubriendo toda su piel. Estaban colocados con la cabeza mirando hacia arriba, para que su espíritu se uniera a los dos grandes dioses, salvaguardando así, su honor. ¿Por qué tanta molestia? El líder Yurruok entendió rápidamente que algo escapaba a toda lógica.
    Observó los dos cuerpos sin vida de rodillas al lado de estos. Entonces indicó a sus dos guerreros personales que le trajeran a su homónimo del otro clan.
    —¿Porque están muertos?
    —Nosotros no los hemos matado, solo nos llevamos sus cadáveres para conocer.
    —No entiendo nada ¿Conocer el qué?
    El líder de los Arena Gris se arrodilló y abrió los ropajes de uno de los cadáveres. Una cicatriz enorme se dibujaba en el torso. Estaba cauterizada, con trozos de ropa quemada pegados, pero sin rastro alguno de sangre.
    —Necesitábamos ver bien esas heridas e intentar conocer qué las había provocado. Así sabremos más cosas acerca de nuestros enemigos. Son las mismas marcas que describieron los hermanos que encontraron la gran masacre.
    A todos los presentes les invadió el miedo. Hacía muchos ciclos, todo un clan fue aniquilado sin piedad, niños y ancianos incluidos. Nadie supo ni ha sabido nunca quién lo hizo y por qué razón. Encontraron marcas como las de los dos hermanos asesinados en todos los cadáveres. ¿Habían vuelto los asesinos de tuskens? ¿Eran los mismos u otros con la misma arma? ¿Qué medidas hacía falta tomar? Esta última pregunta la respondería el líder del clan de las Dos Luces casi sin pensar.
    Yurruok se levantó y con la mano en el hombro del líder Arena Gris dijo:
    —Estos hermanos a los que hemos atacado hoy no son nuestros enemigos. Estábamos equivocados. Los que nos quieren aniquilar utilizan su brujería y sus dioses contra el pueblo tusken. No sabemos quiénes son ni qué pretenden, pero hemos de estar unidos y preparados. Líder Rugret, que los hermanos de tu clan sean liberados y que tres de tus jinetes de bantha más rápidos anuncien una reunión de líderes en mi territorio.
    Todos los presentes dentro de la choza alzaron los brazos y volvieron a recitar proclamas de guerra en tono muy bajo. El líder finalizó su discurso:
    —Quizá la reunificación de los clanes sea la única solución para podernos proteger de esta amenaza.

  • Star Wars Intercambio siniestro

    Star Wars Intercambio siniestro

    Relato Fanfic de Star Wars obra de Peliwars

    La suave luz del sol rojo cubría todo el paisaje del bosque. La atmósfera resultaba… relajante. Algo muy contradictorio con lo que iba a pasar allí.
    Habían escogido Zesa VII como punto de encuentro porque se encontraba lejos de cualquier acción imperial, además de ser una luna muy poco poblada.


    Orbitaba un planeta marginal del Borde Exterior. En su día había tenido relativa importancia, ya que en ella se cultivaban unos extraños frutos muy ricos que habían conquistado a los habitantes de los planetas del núcleo por su textura y sabor, pero hacía ya cincuenta años que se habían extinguido por culpa de una plaga.
    Ya no quedaba nada interesante en Zesa, excepto para aquellos que le supiesen encontrar utilidad, como Udax Hunter. Él era un contrabandista de toda la vida, aunque en los últimos años había trasteado de vez en cuando con el oficio de cazarrecompensas para saldar deudas muy urgentes o hacer favores a la gente indicada.
    No se le daba mal, todo sea dicho, a pesar de que todos los trabajos que había aceptado no hubiesen requerido una maestría sublime, al nivel de Cad Bane o Aurra Sing.


    Pero esto era distinto. Ese trabajo no lo hacía exactamente por dinero, a pesar de haber arriesgado mucho. No. Eso lo hacía por información. Una información por la que valía la pena arriesgarse.
    Se oyó un leve ruido. Uno inconfundible. El sonido de una nave al salir del hiperespacio. Eso solo podía significaba una cosa «Ya está aquí» se dijo Udax. Y por instinto reflejo se llevó la mano a la cintura, donde tenía el bláster.


    Una nave de estilo claramente corelliano cruzó el cielo, y tras dar algunas vueltas, aterrizó cerca de donde estaba Hunter.
    Una plataforma salió del vehículo espacial, y una figura enmascarada la cruzó con paso lento pero decidido.
    «Está tratando de intimidarme» se dijo Hunter. «No lo logrará», aunque sobre esto último no estaba muy seguro.
    El misterioso acompañante resultaba imponente. Llevaba una armadura formada por diversas piezas de otras armaduras. Por lo que Udax podía ver, había por lo menos partes mandalorianas y… ¿kaminoanas? La verdad es que su pechera y los protectores de su brazo izquierdo parecían de un soldado clon, aunque no estaba seguro.


    La máscara sí que no la conocía. Parecía hecha del mismo duracero que los droides de combate B1, aunque eso solo era una percepción personal. Estaba hecha de forma que pareciese una calavera, con unos ojos rojos y una falsa boca abierta.


    —El cargamento —dijo el enmascarado con una voz mecánica y un tanto agresiva.
    —En cuanto me des lo que prometiste —contestó Hunter intentando parecer impasible.
    La figura del interlocutor se quedó callada y quieta, mirando a Udax de forma atemorizante.
    —Antes demuéstrame que la tienes —dijo por fin.


    Udax Hunter dudó. Nunca se había encontrado en una situación similar. La persona con la que estaba hablando tendría razones de sobra para no quererle con vida tras el intercambio. La operación que había llevado a cabo se podría considerar muy peligrosa. Nadie le robaba a un hutt. Pero por otro lado, si no se arriesgaba, nunca encontraría a esa persona.
    Hunter se resignó.
    —Está en mi nave, sedada. —Confió en que esa pobre prueba le bastase, pero otra vez se quedó callado—. Iré a por ella —terminó por fin.


    Udax temía que al darse la vuelta, su compañero de negocios le pegase un tiro, pero no pasó nada y logró entrar en la nave sano y salvo. Puede que no tuviese ninguna intención de acabar con él. A lo mejor sólo quería realizar el intercambio y listo. Pero no debía bajar la guardia, el peligro no había pasado.


    Al poco rato, Hunter volvió a salir junto a un gran contenedor cúbico. Lo puso cerca del enmascarado, pulsó algunos botones y se abrió.
    Dentro no había otra cosa que una muchacha. Tendría unos catorce o quince años, aunque estaba bastante flaca. Se encontraba dormida, seguramente por el sedante que había mencionado Udax.


    —Te recomiendo tener cuidado si se la vendes al Imperio —le dijo Hunter a su compañero de negocios—. Grakkus el Hutt estaba muy contento de tener una mascota Jedi, aunque fuera solo una padawan. Si se entera de quién la tiene, podrías estar en peligro.
    Udax estaba muy nervioso. Eso que acababa de decir era un vago intento de que el enmascarado supiera que matarle no serviría de nada, pero solo le había recordado lo peligroso que era que se fuera de la lengua.


    La persona de la armadura se quedó parada durante unos intensos segundos, mirando a la chica. Hunter temblaba en sus adentros y mantenía su mano cada vez más cerca del bláster.
    —Has cumplido —dijo de pronto el enmascarado—. Los esclavos que se capturaron en Dorian IV fueron vendidos en Tatooine. Puede que la persona que buscas siga estando allí, o tal vez no. Pregunta en Mos Eisley por un tipo llamado Skane, él lo sabrá.


    Udax Hunter se quedó de piedra. Eso era información. Mucha información. Más de la que había conseguido durante los tres años que habían pasado desde que terminó la guerra y se había enterado del saqueo de Dorian.
    El enmascarado cogió a la chica en brazos, se dio la vuelta y volvió a su nave.
    —Gracias —dijo de repente Udax, pero el enmascarado ni se inmutó y continuó su camino.


    Entonces todo pasó muy rápido. Se oyó una nave saliendo del hiperespacio y cayendo sobre ellos. ¡Bum! La nave de la persona con armadura explotó y la onda expansiva les tiró a todos al suelo.
    Udax trató de levantarse, pero tardó un rato. Estaba aturdido, los oídos le pitaban y había piezas metálicas ardiendo a su alrededor.
    El vehículo espacial que les atacó comenzó a aterrizar cerca de donde estaban ellos. Hunter echó la mano a su cintura pero no encontró el bláster. Se le había caído. Miró entonces hacia su nave, a lo mejor podía escapar todavía. Pero lo que encontró le dejó desolado. El cristal de la cabina había reventado y una de las alas, la más cercana a la nave destruida, estaba partida a la mitad. No se lo podía creer. ¿Así terminaba todo? ¿Ahora que ya sabía por dónde empezar a buscar?
    De la nave de ataque salieron un rodiano y un twi´lek. Ya los había visto antes. Eran dos cazarrecompensas que frecuentaban el palacio de Grakkus el Hutt.


    —Así que pensabas que podías salirte con la tuya, ¿eh? —dijo el twi´lek. El rodiano hizo ruidos similares a carcajadas y le pegó una patada en toda la cara—. ¡Nadie le roba a los hutt!
    Entonces cogió un bláster y apuntó a un punto detrás de Udax.
    —No creas que no te hemos visto. Danos a la padawan y tal vez te dejemos vivir. Al fin y al cabo, Grakkus sólo nos pidió al que le había robado.


    El enmascarado se encontraba de pie, y Udax vio cómo volvía a dejar a la chica en el suelo. Él tampoco se iba a resistir, así que el final era claro. Estaba condenado.
    Entonces, casi instantáneamente, el twi´lek disparó.
    Estaba claro. Una persona viva podría ser un problema. Muerta no. Cualquiera habría hecho lo mismo.
    Miró hacia sus futuros verdugos, pensando en alguna forma de salir de ese lío. Pero ellos no le miraban a él. Seguían con la vista fija en el punto detrás de Udax, en el que habían matado al enmascarado.
    —No puede ser —le oyó decir al twi´lek.
    Entonces, Udax Hunter se giró y lo que encontró allí no era un cadáver ni mucho menos. Era el enmascarado, vivo y sano, portando en su mano un brillante sable de luz color violeta.


    Los cazarrecompensas se pusieron a disparar como locos a su contricante, pero este les esquivó con maestria y dio un gran salto por encima de ellos, posándose detrás y lanzándoles un potente tajo con su espada.
    Entonces el twi´lek y el rodiano soltaron sus armas, y sus cuerpos cayeron inertes al suelo.
    Udax Hunter se quedó de piedra, atónito ante la escena de lucha que acababa de presenciar.
    El enmascarado ni le miró. Alzó su mano hacia la padawan, que voló despacio hacia sus brazos. Ese hombre acababa de usar la Fuerza delante de sus propios ojos.
    Entró entonces en la nave de los cazarrecompensas, y tras unos minutos, esta despegó, dejándole a él atrás.


    Udax Hunter se levantó. Esa era una escena única en los tiempos que corrían. No sabía muy bien lo que había pasado, pero entendía qué debía hacer.
    Su nave estaba muy dañada y el espaciopuerto más cercano estaba a un día de viaje.
    «Será mejor que me ponga en camino» se dijo. Y comenzó a caminar.

  • Star Wars Noches de Jizz

    Star Wars Noches de Jizz

    Relato Fanfic de Star Wars obra de Diego Martín Reátegui

    La banda tocaba como cada noche ese ritmo mágico y cadencioso. Esa música que nota a nota se apoderaba de uno… de todos… sin importar la especie o el planeta de procedencia. Aquel sonido, sea por la cadencia o por la forma extraña como se refractaban las luces, fluía como todo alrededor… Esa sensación de éxtasis emanaba de la nada, para terminar, paulatinamente envolviéndolo todo… tornando aquel lugar en un espacio único y diferente… algo que valía la pena disfrutar lenta y decididamente… algo para vivir… algo en que abandonarse y sólo dejarse llevar…

    Él, entre bastidores, tras limpiar, lavar trastos y tirar los restos de comida, siempre se daba tiempo y maña para observarlos y escucharlos tocar en la cantina. Durante ese respiro, pese a sus aún incipientes diez años, y con una lucidez impropia de esa edad, forjada por la dura vida del día a día en ese paraje inhóspito de la galaxia, estaba seguro de una sola cosa… tenía convicción en su destino.

    A sus treinta y dos años, aquel recuerdo le era tan vívido… quizás en parte porque aquel lugar aún parecía abstraerse y trascender al tiempo… Él ya no era el mismo… su posición ya no era la misma… Y sin embargo, la cantina seguía siendo la misma. La escoria y villanos que concurrían allí eran también los mismos… y allí… estaba sin duda alguna capturada y arraigada su esencia.

    En esos momentos de total desconexión, solo aquella sonrisa cómplice y pícara… el movimiento sensual de esas caderas en el escenario, el ondear de aquellos lekkus… pero sobre todo el guiño provocador de sus ojos almendrados y el beso ligero y disimulado que le dirigía, lo regresaban a la realidad… acelerándosele el corazón y arrancándole una carcajada… Noche a noche habían aprendido a desarrollar su particular sutil lenguaje de comunicación gestual, codificando y decodificando miradas, sonrisas, cada imperceptible movimiento significaba algo…

    —A la mierda —se dijo para sí mismo, al tiempo que sorbía un trago, recuperaba el color, y dibujaba una sonrisa torcida en su rostro. El Jizz lo es todo, y continuó extrayendo instintivamente notas de su viejo kloo horn, plenamente consciente de que, pese a ser aún temprano, tendría a esa hermosa twi’lek recostada en su regazo y desnuda antes del amanecer… Ese era, en definitiva, lo único en lo que tuvo total y plena convicción. Los beneficios de ser músico…