Star Wars Intercambio siniestro

Relato Fanfic de Star Wars obra de Peliwars

La suave luz del sol rojo cubría todo el paisaje del bosque. La atmósfera resultaba… relajante. Algo muy contradictorio con lo que iba a pasar allí.
Habían escogido Zesa VII como punto de encuentro porque se encontraba lejos de cualquier acción imperial, además de ser una luna muy poco poblada.


Orbitaba un planeta marginal del Borde Exterior. En su día había tenido relativa importancia, ya que en ella se cultivaban unos extraños frutos muy ricos que habían conquistado a los habitantes de los planetas del núcleo por su textura y sabor, pero hacía ya cincuenta años que se habían extinguido por culpa de una plaga.
Ya no quedaba nada interesante en Zesa, excepto para aquellos que le supiesen encontrar utilidad, como Udax Hunter. Él era un contrabandista de toda la vida, aunque en los últimos años había trasteado de vez en cuando con el oficio de cazarrecompensas para saldar deudas muy urgentes o hacer favores a la gente indicada.
No se le daba mal, todo sea dicho, a pesar de que todos los trabajos que había aceptado no hubiesen requerido una maestría sublime, al nivel de Cad Bane o Aurra Sing.


Pero esto era distinto. Ese trabajo no lo hacía exactamente por dinero, a pesar de haber arriesgado mucho. No. Eso lo hacía por información. Una información por la que valía la pena arriesgarse.
Se oyó un leve ruido. Uno inconfundible. El sonido de una nave al salir del hiperespacio. Eso solo podía significaba una cosa «Ya está aquí» se dijo Udax. Y por instinto reflejo se llevó la mano a la cintura, donde tenía el bláster.


Una nave de estilo claramente corelliano cruzó el cielo, y tras dar algunas vueltas, aterrizó cerca de donde estaba Hunter.
Una plataforma salió del vehículo espacial, y una figura enmascarada la cruzó con paso lento pero decidido.
«Está tratando de intimidarme» se dijo Hunter. «No lo logrará», aunque sobre esto último no estaba muy seguro.
El misterioso acompañante resultaba imponente. Llevaba una armadura formada por diversas piezas de otras armaduras. Por lo que Udax podía ver, había por lo menos partes mandalorianas y… ¿kaminoanas? La verdad es que su pechera y los protectores de su brazo izquierdo parecían de un soldado clon, aunque no estaba seguro.


La máscara sí que no la conocía. Parecía hecha del mismo duracero que los droides de combate B1, aunque eso solo era una percepción personal. Estaba hecha de forma que pareciese una calavera, con unos ojos rojos y una falsa boca abierta.


—El cargamento —dijo el enmascarado con una voz mecánica y un tanto agresiva.
—En cuanto me des lo que prometiste —contestó Hunter intentando parecer impasible.
La figura del interlocutor se quedó callada y quieta, mirando a Udax de forma atemorizante.
—Antes demuéstrame que la tienes —dijo por fin.


Udax Hunter dudó. Nunca se había encontrado en una situación similar. La persona con la que estaba hablando tendría razones de sobra para no quererle con vida tras el intercambio. La operación que había llevado a cabo se podría considerar muy peligrosa. Nadie le robaba a un hutt. Pero por otro lado, si no se arriesgaba, nunca encontraría a esa persona.
Hunter se resignó.
—Está en mi nave, sedada. —Confió en que esa pobre prueba le bastase, pero otra vez se quedó callado—. Iré a por ella —terminó por fin.


Udax temía que al darse la vuelta, su compañero de negocios le pegase un tiro, pero no pasó nada y logró entrar en la nave sano y salvo. Puede que no tuviese ninguna intención de acabar con él. A lo mejor sólo quería realizar el intercambio y listo. Pero no debía bajar la guardia, el peligro no había pasado.


Al poco rato, Hunter volvió a salir junto a un gran contenedor cúbico. Lo puso cerca del enmascarado, pulsó algunos botones y se abrió.
Dentro no había otra cosa que una muchacha. Tendría unos catorce o quince años, aunque estaba bastante flaca. Se encontraba dormida, seguramente por el sedante que había mencionado Udax.


—Te recomiendo tener cuidado si se la vendes al Imperio —le dijo Hunter a su compañero de negocios—. Grakkus el Hutt estaba muy contento de tener una mascota Jedi, aunque fuera solo una padawan. Si se entera de quién la tiene, podrías estar en peligro.
Udax estaba muy nervioso. Eso que acababa de decir era un vago intento de que el enmascarado supiera que matarle no serviría de nada, pero solo le había recordado lo peligroso que era que se fuera de la lengua.


La persona de la armadura se quedó parada durante unos intensos segundos, mirando a la chica. Hunter temblaba en sus adentros y mantenía su mano cada vez más cerca del bláster.
—Has cumplido —dijo de pronto el enmascarado—. Los esclavos que se capturaron en Dorian IV fueron vendidos en Tatooine. Puede que la persona que buscas siga estando allí, o tal vez no. Pregunta en Mos Eisley por un tipo llamado Skane, él lo sabrá.


Udax Hunter se quedó de piedra. Eso era información. Mucha información. Más de la que había conseguido durante los tres años que habían pasado desde que terminó la guerra y se había enterado del saqueo de Dorian.
El enmascarado cogió a la chica en brazos, se dio la vuelta y volvió a su nave.
—Gracias —dijo de repente Udax, pero el enmascarado ni se inmutó y continuó su camino.


Entonces todo pasó muy rápido. Se oyó una nave saliendo del hiperespacio y cayendo sobre ellos. ¡Bum! La nave de la persona con armadura explotó y la onda expansiva les tiró a todos al suelo.
Udax trató de levantarse, pero tardó un rato. Estaba aturdido, los oídos le pitaban y había piezas metálicas ardiendo a su alrededor.
El vehículo espacial que les atacó comenzó a aterrizar cerca de donde estaban ellos. Hunter echó la mano a su cintura pero no encontró el bláster. Se le había caído. Miró entonces hacia su nave, a lo mejor podía escapar todavía. Pero lo que encontró le dejó desolado. El cristal de la cabina había reventado y una de las alas, la más cercana a la nave destruida, estaba partida a la mitad. No se lo podía creer. ¿Así terminaba todo? ¿Ahora que ya sabía por dónde empezar a buscar?
De la nave de ataque salieron un rodiano y un twi´lek. Ya los había visto antes. Eran dos cazarrecompensas que frecuentaban el palacio de Grakkus el Hutt.


—Así que pensabas que podías salirte con la tuya, ¿eh? —dijo el twi´lek. El rodiano hizo ruidos similares a carcajadas y le pegó una patada en toda la cara—. ¡Nadie le roba a los hutt!
Entonces cogió un bláster y apuntó a un punto detrás de Udax.
—No creas que no te hemos visto. Danos a la padawan y tal vez te dejemos vivir. Al fin y al cabo, Grakkus sólo nos pidió al que le había robado.


El enmascarado se encontraba de pie, y Udax vio cómo volvía a dejar a la chica en el suelo. Él tampoco se iba a resistir, así que el final era claro. Estaba condenado.
Entonces, casi instantáneamente, el twi´lek disparó.
Estaba claro. Una persona viva podría ser un problema. Muerta no. Cualquiera habría hecho lo mismo.
Miró hacia sus futuros verdugos, pensando en alguna forma de salir de ese lío. Pero ellos no le miraban a él. Seguían con la vista fija en el punto detrás de Udax, en el que habían matado al enmascarado.
—No puede ser —le oyó decir al twi´lek.
Entonces, Udax Hunter se giró y lo que encontró allí no era un cadáver ni mucho menos. Era el enmascarado, vivo y sano, portando en su mano un brillante sable de luz color violeta.


Los cazarrecompensas se pusieron a disparar como locos a su contricante, pero este les esquivó con maestria y dio un gran salto por encima de ellos, posándose detrás y lanzándoles un potente tajo con su espada.
Entonces el twi´lek y el rodiano soltaron sus armas, y sus cuerpos cayeron inertes al suelo.
Udax Hunter se quedó de piedra, atónito ante la escena de lucha que acababa de presenciar.
El enmascarado ni le miró. Alzó su mano hacia la padawan, que voló despacio hacia sus brazos. Ese hombre acababa de usar la Fuerza delante de sus propios ojos.
Entró entonces en la nave de los cazarrecompensas, y tras unos minutos, esta despegó, dejándole a él atrás.


Udax Hunter se levantó. Esa era una escena única en los tiempos que corrían. No sabía muy bien lo que había pasado, pero entendía qué debía hacer.
Su nave estaba muy dañada y el espaciopuerto más cercano estaba a un día de viaje.
«Será mejor que me ponga en camino» se dijo. Y comenzó a caminar.

Publicado por Gorka Salgado

Fan de Star Wars y coleccionista de sus libros, cómics y revistas

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