LA PRIMERA LECCIÓN

Por Jose Alabau Casaña

¡Hola bibliotecarios! Os traemos la traducción de este relato corto no canónico escrito por Charles Soule e ilustrado por Will Sliney. Se trata de una historia escrita para recaudar fondos para la Book Industry Charitable Foundation, que ayudará a las librerías y tiendas de cómics que se hayan visto afectadas por la pandemia del covid-19. Sin más dilación, os dejamos el relato para que lo disfrutéis.

LA PRIMERA LECCIÓN

Escrito por Charles Soule.
Ilustrado por Will Sliney.
Traducido por Jose Alabau Casaña.

Ciudad Hanna, Chandrila. 13 dbY

Ben sintió que las manos se cerraban a su alrededor, enormes, cada una casi tan grande como su cabeza. Sus pies dejaron la tierra, y entonces fue lanzado hacia arriba en el aire. Todo sucedió rápido, muy rápido.

Por un momento, estaba volando, con los brazos extendidos a ambos lados. Arriba, y arriba, y por una breve pausa, un pequeño momento, como si el tiempo se hubiera cortado tan fino que se pudiera ver a través de él… y entonces ya no estaba volando, sino cayendo. De vuelta al suelo, de vuelta a la tierra.

Luego, las manos de nuevo, y Ben fue envuelto en el suave pelaje de su tío, rodeado de calor, amor y seguridad. Ben se rió.

“Deja de tirar al niño, Chewie”, dijo la voz de su padre, ese gruñido áspero que sonaba como nadie más. “Si se te cae, Leia nos matará a los dos”.

Chewbacca dijo algo en respuesta. Ben no entendía mucho de shryiiwook todavía, sólo unas pocas palabras, pero el tono transmitía una sensación de falso rechazo a la idea de que su tío permitiera que Ben sufriera algún tipo de daño.

“Sí, sí”, dijo su padre, mientras Chewbacca lo bajaba. “De todos modos, ya casi está la cena. Ben, ve a lavarte”.

Ben sintió la enorme mano de su tío dándole una palmadita en la cabeza una vez, luego dos, y luego Chewbacca se fue donde su padre estaba sentado en el salón hablando con su otro tío, Lando.

“Hey, deja al pequeño guerrero espacial en paz, Han,” dijo Lando. “Es su cumpleaños. Y no es como si tú tuvieras las manos más limpias de la galaxia”.

“¡Sí, papá!” Ben dijo. “¿Por qué no vas a lavarte?”

Su padre se rio. Un buen sonido. El padre de Ben siempre sonaba gruñón, pero el secreto era que no era realmente gruñón, al menos la mayor parte del tiempo.

“Porque yo soy un adulto y tú eres un niño. Ahora vete,” dijo. “Estoy hablando de negocios con tu tío Lando.”

“Tiene razón, Ben”, dijo Lando. “Cuanto antes te pongas en marcha, antes podremos comer todos, lo que significa que antes recibirás tus regalos”.

Ben sintió que otra presencia entraba en la habitación, y supo que su madre estaba allí. Ni siquiera tenía que mirar, y ella no tenía que decir nada. Él siempre lo sabía, y ella también.

“Bueno, estamos esperando a un invitado más”, dijo, “debería llegar en cualquier…”

Sonó una campana en la puerta principal.

“Ve a ver quién es, Ben”, dijo su madre, con una sonrisa en su voz.

Ben corrió a la puerta principal y la abrió, aunque ya sabía quién era. Siempre podía sentir a su madre, y siempre podría sentir a esta persona también, aunque no la viera muy a menudo. Su estómago empezó a ponerse al revés.

No iba a venir… pensó Ben.

Pero lo hizo. Esperando en la puerta de su casa estaba el otro tío de Ben, Luke Skywalker… el Maestro Jedi.

“Ben”, dijo Luke, y sonrió, su cara y su espíritu brillaban de felicidad, “Feliz cumpleaños”. Te he echado de menos”.

Su madre pasó por delante de él y abrazó a su tío.

“¡Luke!” dijo ella. “¡No estaba segura de si lo lograrías!”

“Hola, Leia”, respondió Luke. “Por supuesto que lo hice. Estaba siguiendo una pista muy prometedora sobre unas ruinas de un templo de la Alta República, pero ya sabes, han estado ahí durante siglos, no van a ir a ninguna parte. Mientras que tú, hombrecito…”

Se agachó y miró a Ben a los ojos.

“…cada día son más grandes. Ocho años de edad. Difícil de creer. Solía cambiar tu pañal”.

“Sí, dos veces”, dijo Leia. “Eres peor que Han”.

“Nadie es peor que yo”, dijo su padre, dando un paso adelante y abrazando a Luke.

“Me alegro de verte, amigo. Significa mucho que hayas venido”.

“No me lo perdería por nada”, dijo Luke.

“Muy bien, ahora ya podemos empezar a cenar”, anunció su madre. “Venga, venid al comedor y sentaros. Luke, deja tu sable en el estante. Nada de armas en la mesa”.

“Lo que tú digas, Leia”, dijo Luke.

Le guiñó un ojo a Ben, y luego desenganchó un brillante cilindro de plata y oro del gancho de su cinturón y lo colgó en un estante cerca de la puerta principal.

Un sable de luz, pensó Ben, unas palabras que resonaban en su mente.

Había visto el arma de su tío antes, aunque nunca la había visto encendida. Había oído las historias -sobre la batalla entre Skywalker y Vader ante el Emperador Palpatine en la Estrella Muerte, la que había terminado la gran guerra en la que sus padres habían luchado y en la que pensaban a veces – lo sabías porque sus ojos se perdían en la lejanía. Este era el sable de luz de esa pelea, el mismo.

“¡Ven ya, Ben Solo!”, gritó su padre desde el comedor, no muy gruñón pero apunto de estarlo, y Ben se dio la vuelta y corrió para estar con su familia -su madre, su padre y sus tres tíos… todos los que le querían mucho. Había otras personas que podrían haber invitado, y de hecho iba a hacer una fiesta con algunos de sus amigos de la escuela en unos días, pero esto era lo que les había pedido a sus padres para el día de hoy.

Su familia.

La cena estaba deliciosa, con todos sus platos favoritos. Chewbacca se comió todo, o eso parecía, y Lando tomó muchas bebidas para adultos, y su madre habló con Luke sobre su búsqueda de lo que quedaba de los Jedi, y su padre no estaba nada malhumorado. Todo eran risas y bromas, y luego había pastel, y más tarde regalos.

Chewbacca le dio una hermosa talla de madera, una pequeña estatua de un wookiee sosteniendo a un niño humano sobre su cabeza, con los brazos del niño a ambos lados, y Ben se dio cuenta de que eran ellos, los dos, lo que les gustaba hacer. Lando le dio un mazo de cartas sabacc, muy llamativo, con bordes dorados en las cartas, y le prometió que le enseñaría a jugar y a ganar siempre, lo que provocó una risa y una mirada de complicidad por parte de su padre. Su madre y su padre le prometieron que se irían todos juntos, en un viaje de verdad, los tres, sin trabajo ni nada, sin encontrarse con “viejos amigos” como su padre parecía hacer siempre, muchos de los cuales no parecían muy amistosos con Ben. Ese fue un regalo perfecto, y él pensó que era el mejor, y luego recibió el último.

Luke Skywalker metió la mano en su túnica y sacó una pequeña caja de metal, que le entregó a Ben. Le dio una sensación extraña. Había algo especial en su interior.

“Ábrela”, dijo su tío.

Ben lo hizo, y vio… una roca. Un poco transparente, con bordes afilados y partes planas y ¿una especie de especie de luz en el interior?

“Esto se llama cristal kyber, Ben”, dijo Luke. “Es muy especial. Cada sable láser tiene uno dentro, y están muy conectados a la Fuerza. Están casi vivos. ¿Puedes sentirlo?”

Ben pensó… sí, tal vez podría. Había algo en la roca, y podía sentirlo, como cuando sabía que su madre estaba cerca. Y pensó… que tal vez la roca podría sentirlo también a él. Era extraño, pero no estaba mal. Esto era algo bueno.

“Creo que sí”, dijo.

“Bueno, no es algo que ocurra de una sola vez, y los Jedi suelen elegir los cristales kyber con los que sienten una fuerte conexión. Esto es sólo para que veas lo que se siente. Sólo por diversión”.

“Tranquilo, Skywalker”, dijo su padre. “No le hagas un Jedi todavía. Mi hijo va a ser un sinvergüenza cuando crezca, como su padre.”

“¿No puedo ser ambas cosas?” Ben dijo, y todo el mundo se rio, y luego los adultos empezaron a hablar de cosas de adultos, primero contando historias sobre cosas que habían hecho todos juntos antes de que Ben naciera, y se volvió algo aburrido.

Luke lo percibió y se volvió hacia Ben, sonriendo.

“Lo siento, chico. Estoy seguro de que esto no es tan interesante, y menos en tu cumpleaños. Déjame hablar con tu madre y tu padre unos minutos, y luego puedo mostrarte algunos trucos Jedi interesantes. ¿De acuerdo?”

“¿Esto es por la escuela?”, preguntó su padre.

“Creo que es hora, Han”, dijo Luke. “O al menos es hora de empezar a hablar de ello en serio. Estoy listo, y fuera hay personas que necesitarán ayuda. Instrucción”.

Ben sabía que estaban hablando de él, pero también sabía que no lo querían revoloteando alrededor… así que se levantó de la mesa, con el cristal kyber aferrado a su mano.

Salió del comedor, luego miró hacia la mesa -los adultos estaban hablando muy seriamente de algo muy importante. Nadie le prestaba atención, y así que se deslizó por el pasillo que llevaba a la entrada principal.

El sable láser.

Ben levantó su cristal kyber, y luego miró el arma de nuevo. El gancho del que estaba colgando estaba demasiado alto para que él lo alcanzara. Ese era el problema. Pero también sabía podría alcanzarlo de una manera u otra.

Extendió su mano vacía hacia el sable, y agarró el cristal kyber con fuerza con la otra mano, tan fuerte que le dolía un poco.

El sable láser se movió. No mucho, pero pensó que tal vez si podía sacarlo primero del gancho y entonces cuando cayera atraparlo, y entonces podría… bueno, no lo sabía. Pero, ¿al menos podría tocarlo, no? Era un sable de luz, el arma de un Caballero Jedi. Tenía que intentarlo. Tal vez podría incluso averiguar cómo encenderlo.

Cerró los ojos, extendió su mano, y… lo intentó. Realmente lo hizo. Sabía que podía hacerlo. Sabía que…

“Ben”, llegó la voz de su tío, amable y tranquila. “Entiendo lo que intentas hacer, pero los sables de luz son peligrosos si no sabes cómo usarlos. Deberías haberme preguntado si querías echar un vistazo de más cerca”.

Ben abrió los ojos, y allí estaba Luke Skywalker, no enfadado – quizás un poco preocupado, pero eso era todo.

“¿Vas a contárselo?” dijo Ben.

“No”, dijo Luke, sonriendo. “Lo entiendo. Los sables de luz son bastante fascinantes. Sólo tienes que prometerme que nunca más lo intentaras a no ser que yo esté contigo, ¿vale?”

“Vale”, dijo Ben.

“Bien”, dijo Luke.

Alargó la mano y el sable de luz se descolgó del gancho, y fue hasta su mano extendida.

“Retrocede un poco”, dijo Luke, y Ben lo hizo.

Y entonces, donde no había nada, de repente hubo algo, una larga y zumbante línea de una luz verde brillante que se extendía desde la empuñadura del sable y llenaba el aire entre Ben y su tío.

“Pon tu mano en la mía”, dijo Luke, y Ben lo hizo, y estaban sosteniendo el sable de luz juntos.

Luke balanceó un poco la hoja, dejó que silbara en el aire, y Ben se sorprendió. No notaba… nada. Como si la hoja no pesara.

Nada… pero Ben conocía todas las historias. Podías no sentir su peso, pero con un sable de luz… podías hacer cualquier cosa.

“Feliz cumpleaños, Ben”, dijo su tío. “Que la Fuerza te acompañe”.

FIN.

Esperamos que os haya gustado la historia. En este enlace podéis encontrar el material original. ¡Que la lectura y el coleccionismo os acompañen!

Publicado por Jose Alabau Casaña

Arquitecto y modelador 3D, he sido fan de Star Wars desde que tengo uso de razón. Coleccionista de novelas en español, he conseguido reunir un ejemplar de cada edición que se ha publicado en nuestro país. Participo además en la revista Biblioteca Jedi y en el podcast.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: