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  • Traducción exclusiva del relato Star Wars The High Republic: Errores del Pasado Parte 2

    Traducción exclusiva del relato Star Wars The High Republic: Errores del Pasado Parte 2

    Traducido por Mario Tormo

    Segunda parte del relato escrito por Cavan Scott y que forma parte de la antología Starlight. Aparecido únicamente en la Star Wars Insider 206 en inglés. Os traemos la traducción al Castellano de esta historia protagonizada por la Administradora Velko Jahen y el Maestro Jedi Sskeer.


    Anteriormente:

    Mientras la República lidera el contraataque a los Nihil, las pérfidas consecuencias provocadas por los anarquistas galácticos tienen un alcance cada vez mayor. Tras llegar a la Baliza Starlight bajo la apariencia de un comerciante, las filiaciones de Vane Sarpo, un antiguo amigo y aliado de Velko Jahen, pronto quedan al descubierto…

    Starlight:
    Errores del Pasado
    (Parte Dos)

    Starlight Beacon había cambiado mucho en muy poco tiempo. Cuando llegó por primera vez, la Administradora Velko Jahen se sorprendió por la atmósfera, todos muy seguros de sí mismos y tranquilos entre un gran bullicio. Y luego estaba la emoción. Lo podías sentir en el ambiente. La Baliza fue un nuevo comienzo, tanto para la frontera galáctica como para una veterana hastiada en busca de un nuevo propósito en la vida. ¿Ahora? Ahora era diferente. Todo eso fue antes de Valo. Todo eso fue antes de que los Jedi tuvieran como tarea acabar con los Nihil. Fue antes de que los pabellones de la torre de seguridad se llenaran de Nihil capturados como parte de la Operación: Contraataque.

    Ahora estaba de pie frente a una celda, mirando a un hombre junto con el que había luchado en Soika. Un hombre al que había, si no amado, querido profundamente. Un hombre que era su prisionero. Ella misma lo había encarcelado. Le había puesto las esposas en las muñecas después de descubrir que estaba usando Starlight para hacer llevar armas a los Nihil. Y una pregunta le quemaba.

    — ¿Por qué?

    Vane Sarpo estaba sentado de espaldas a ella detrás del campo de energía. Su asistente Clune estaba enroscado como una pequeña bola naranja, la reacción instintiva de todos los peasles en momentos de gran peligro. El pequeño insectoide no se había desenrrollado ni una sola vez desde que encontraron los blásteres de contrabando.

    — Necesito saberlo, Vane. ¿Por qué hacerlo? ¿Qué te ofrecieron?

    El vuman tatuado no respondió. Pero los Nihil del resto de celdas, sin duda, sí que tenían mucho que decir, abucheando y gritando. Un Wookie particularmente flacucho le dijo a Velko, sin un ápice de duda, lo que le haría si los campos de energía fallaran. Velko no estaba preocupada. El guardia de la puerta del bloque tenía su bastón aturdidor y ella su bláster. Se había asegurado de estar armada. La visita no estaba exactamente autorizada, estaba segura de que la Jefe de Seguridad Ghal Tarpfen tendría mucho que objetar al respecto, pero Velko no iba a darle la oportunidad de hacerlo.

    Aun así, Vane permaneció en silencio. Nada de esto tenía sentido para Velko. La idea de que podría haberse unido voluntariamente a los Nihil era demasiado terrible para comprender. Vane había caminado por el filo de varias líneas rojas a lo largo de los años, especialmente cuando sirvieron juntos en Soika, ella como miembro de la Fuerza de Liberación y él como mercenario, pero estaba malditamente segura de que él no era un anarquista.

    — Te están pagando, ¿se trata de eso? –Ninguna respuesta–. ¿Les debes dinero? –Aún nada–. En nombre del vacío, Vane, háblame.

    Finalmente alguien dijo algo, pero no fue el prisionero.

    — Administradora Jahen.

    Velko maldijo por lo bajo cuando escuchó los pesados pasos detrás de ella. Se giró y vió la imponente forma del Maestro Jedi Sskeer caminando hacia ella, con su única mano sana apoyada en la empuñadura de su sable de luz.

    — Esto –siseó el trandoshano–, es bastante… Irregular.

    Estaba alterado, se dio cuenta inmediatamente. Algo más que había cambiado desde que llegó a Starlight. Antes creía que los Jedi eran incapaces de sentir emociones, un planteamiento completamente erróneo. El Jedi que había conocido tenía sentimientos tan profundos como cualquier otro individuo. Simplemente se les daba mejor controlarlos. A la mayoría al menos. Sskeer parecía tener más dificultades que el resto para ello, y en cuanto a la mariscal Avar Kriss…

    — Maestro Jedi –empezó a decir alejando sus pensamientos–. Simplemente pensé que…

    — Pensó que podría usar su historia personal para presionar al prisionero.

    Las plateadas mejillas de Velko ardían.

    — No, no iba a ser así.

    — Por supuesto que sí –dijo una voz tras ella. Por fin Vane había decidido hablar. Todavía les daba la espalda, pero su voz tenía un tono que no había escuchado nunca antes–. Yo hubiera hecho lo mismo, pero estás perdiendo el tiempo Vel.

    Ella no podía aceptar eso.

    — Podemos ayudarte Vane, si tú nos ayudas a nosotros.

    — Si os ayudo, ¿cómo? –Estaba de pie ahora–. ¿Revelando los secretos de los Nihil? ¿Y qué harías entonces? ¿Administradora? ¿Protegerme como los Jotas protegieron Valo? Sois un chiste, tú y tus amigos Jedi –sus ojos iban de uno a otro–. Miraos, con vuestras mejores galas. Túnicas doradas y cuellos almidonados. Acabaréis quemados. Lo sabéis, ¿no? Todo esto se derrumbará sobre vuestras cabezas. No podéis ayudarme, ¡porque el problema sois vosotros!

    Por todos lados, los Nihil encarcelados gritaron en apoyo a la perorata de Vane. El wookiee sacudía sobre su cabeza sus largos y peludos brazos. ¿En qué había estado pensando Velko? Esto estaba siendo inútil. Vane… Vane no era el hombre que ella recordaba. El hombre que había sido. Y si quería pudrirse en una cárcel de la República, que así fuera. Tenía trabajo que hacer. Trabajo importante. El trabajo de ayudar a que caigan más hombres como él.

    Giró sobre sus talones marchando hacia el guardia de la puerta. Pero se detuvo al darse cuenta de que Sskeer no la acompañaba. Estaba de pie, inmóvil, frente a la celda de Vane.

    — ¿Maestro Sskeer? –Inquirió, pero ni así se movía–. Master Sskeer, ¿viene?

    — Algo no va bien –dijo, ignorando la pregunta, sin apartar sus entrecerrados ojos anaranjados del rostro de Vane–. Siento ira.

    — ¡Ja! –Ladró Vane, alzando los brazos haciendo una pantomima–. No mentían sobre ti, ¿verdad Jedi? El lagarto es capaz de percibir que estoy enojado. Y yo pensando que no era más que un estúpido dewback.

    — Deberíamos marcharnos –le dijo Velko al trandoshano.

    — Al fin lo capta –resopló Vane–. Denle a la chica una medalla para su colección. Adelante. Largaos. Me ponéis malo, todos. Malo del estómago.

    — Percibo algo más que ira –continuó Sskeer. Sus palabras sonaban extrañamente doloridas –. Siento vergüenza. Siento… Miedo.

    Había algo en la forma en la que el Jedi hablaba que hizo que Velko sintiera un escalofrío, las emociones que describía le eran demasiado familiares. Pero los Jedi no sentían miedo, ¿verdad? Sin embargo, Sskeer tenía razón. Vane tenía miedo, podía verlo en sus ojos, pero ¿de qué? ¿De ser encarcelado por sus crímenes? De las consecuencias si traicionaba a los Nihil. No. Era de algo más. De alguien más.

    Los ojos de Vane se posaron en Clune y se abrieron como platos. El peasle se estaba balanceando sobre su caparazón, preparándose para desplegarse.

    El sable de Sskeer se encendió.

    — Apaga el campo de energía –le ordenó al guardia de la puerta.

    Vane alzó sus brazos, con las palmas de las manos hacia el sable celeste.

    — No. No hagas eso. Vete. Por favor, vete.

    — No lo pediré otra vez –bramó Sskeer.

    Velko volvió a mirar al aterrorizado guardia, quien obviamente se preguntaba si debía o no obedecer al Jedi. Fue entonces cuando un rayo de luz brotó del interior de la celda de Vane.

    Todo sucedió muy rápido. Velko se dio la vuelta y sus ojos se abrieron como platos cuando se dio cuenta de que el brillo emanaba del propio Vane Sarpo. Los tatuajes de su rostro brillaban como si fueran relámpagos intermitentes.

    –El campo –gritó Sskeer. Sus fosas nasales aleteaban mientras el bloque se llenaba de un nauseabundo olor a carne quemada y ozono carbonizado–. ¡Ahora!

    — No –gritó Velko, entrecerrando los ojos por el resplandor–. Aisle el bloque. Cierre toda la torre –ordenó.

    El guardia se lanzó hacia los controles a la vez que una luz tan brillante como un sol emanaba de la celda de Vane. La ráfaga procedía del propio Vane.

    Velko gritó, cubriéndose los ojos con una mano, pero el daño ya estaba hecho. Solo podía rezar para que los efectos fueran solo temporales, que no se hubiera quedado ciega porque su antiguo amante había… ¿qué? ¿Explotado? Le zumbaban los oídos, pero aún podía percibir el crepitar del bastón aturdidor del guardia de seguridad y el silbido del sable de luz de Sskeer. Solo una cosa llamaba la atención por su ausencia: el zumbido de los campos de energía que mantenían a raya a los prisioneros.

    Parpadeó furiosamente. Sacó su bláster y disparó algunos tiros hacia las formas borrosas que corrían hacia ella. Nihil cayendo al suelo. Apuntó y disparó sin ver, confiando en su entrenamiento, escuchando los gruñidos y golpes de un enemigo caído antes de volverse contra el siguiente. Era solo cuestión de tiempo antes de que se le acabara la suerte. Un Nihil evitaba su disparo. El bláster se le cayó de la mano. Lo escuchó deslizarse y arremetió a ciegas. Su puño solo encontró aire. El Nihil no tuvo problemas para dar con la mandíbula de Velko, añadiendo una supernova centelleante de colores imposibles a su ya confusa visión. Cayó y se abalanzaron sobre ella, sin importar lo fuerte que golpeara y pateara. La arrastraron sobre sus rodillas, con los brazos por detrás. Una voz áspera en su oído diciendo que dejase de forcejear. Como si tuviera otra opción. Pero incluso cuando su visión se aclaró lentamente, con los ojos llorosos, una sonrisa se extendió por sus labios partidos. Sskeer los sacaría de esto. Sskeer era un Jedi. Sskeer tenía un sable de luz.

    Un sable que ya no escuchaba.

    Sskeer cayó sobre la cubierta a su derecha, inmovilizado en el suelo por la peluda wookiee que obviamente era más fuerte de lo que parecía. Pero esto aún no había terminado. Sskeer usaría la Fuerza. Se desharía del Nihil sobre su espalda con tanta facilidad como si se quitase la capa.

    En cualquier momento.

    En cualquier…

    — Bueno, quizá tengamos un problema.

    Ecabulléndose frente a ellos vieron las diminutas patas de un peasle deslizándose por el suelo. Un peasle que sostenía el bastón aturdidor del guardia.

    — ¿Clune? –Jadeó Velko aturdida.

    — Qué tal –dijo el pequeño insectoide–. No hemos tenido oportunidad de charlar antes, ¿verdad?

    — Antes te has enrollado como una bola –le recordó ella.

    — Como un cobarde –añadió Sskeer.

    Clune sacudió su cabeza segmentada.

    — Vaya un prejuicio, y viniendo precisamente, de entre todos los seres posibles, de un Jedi –el peasle se deslizó hacia Sskeer, pinchándolo con el bastón aturdidor que crepitó con energía. El trandoshano rugió de dolor, pero Clune solo chasqueó la lengua–. No me importa decirlo, estoy un poco decepcionado. Parece de lo más indigno.

    — ¿El guardia? –preguntó Velko, estirando el cuello para mirar alrededor–. ¿Dónde está?

    — Oh, está muerto –le informó Clune–. Bastante, bastante muerto. Pero no ha sido antes de que lograra cerrar las puertas, esas que nuestro estallido de iones no consiguió derribar, eso es.

    Todavía luchando contra el Nihil que la sujetaba con fuerza, Velko se giró para mirar dentro de la celda de Vane. El vuman estaba tendido boca abajo, hilillos de humo emanaban desde la parte oculta de su cara.

    — Los tatuajes de Vane –graznó.

    — Ahora veo que fue algo inteligente –dijo Clune, con su voz llena de un estridente orgullo–. Entrelazados con filamentos de iones, ¿no lo sabías? Preparados para ser detonados en cualquier momento, gracias a esto –hizo tintinear el brazalete de control que colgaba holgadamente alrededor de una de sus muchas muñecas.

    — ¿Cómo? –preguntó Velko.

    Una sonrisa se dibujó en el rostro segmentado del Peasle.

    — Es muy realmente difícil desplegar un peasle una vez que se han convertido en una bola.

    — ¿Y qué hay de los escáneres de seguridad? –dijo Sskeer.

    — Son prácticamente inútiles –confirmó Clune–. La quitina de peasle es tan efectiva bloquando tanto los barridos de sensores como las sospechas sobre un… ¿Cómo dijiste Jedi? ¿Un cobarde?

    — Fascinante –dijo Velko con los dientes apretados–, pero no es a lo que me refería. ¿Cómo persuadiste a Vane para que lo hiciera? Para tatuarse la piel. ¿Para atacar Starlight?

    Clune se echó a reír, un ligero sonido de gorjeo.

    — Realmente no tenía otra opción. Te dije que los tatuajes eran ingeniosos. No solo ocultaron una carga de iones; podían causar un dolor insoportable si no hacía lo que le dijese. Debo admitir que me impresionó la forma en que intentó que te fueras. Todos esos gritos y demás. Debe haberse preocupado mucho por ti, intentando evitar que te vieses involucrada en todo…–el Peasle blandió el aturdidor describiendo un círculo que abarcó todo el bloque de celdas–. En todo esto. Quizás lo subestimé. No es que importe. Los filamentos eran de un solo uso. Esperaba detonarlos en medio de la noche.

    — Pero te obligué a usarlo –bramó Sskeer.

    — Y tanto, lo que nos lleva de vuelta a nuestro problema. En todo momento la idea era escaparse.

    — Y ahora estás atrapado –dijo Velko permitiéndose una sonrisa amarga.

    — Todos lo estamos, querida. Incluida tú, todo porque ordenaste el aislamiento. Ahora no tenemos comunicadores ni manera de escapar.

    — Pero tenemos esto –un Nihil amani de cabeza ancha pasó frente a Sskeer y Velko, sosteniendo con su flacucho brazo un arma muy familiar.

    — Ah sí –dijo Clune cogiendo la empuñadura–. El sable de luz del Jedi.

    — No te atrevas a… –gruñó Sskeer intentando, sin éxito, salir de debajo de la wookiee.

    — No te atrevas a… ¿Qué? –cuestionó Clune– ¿Hacer esto?

    Velko torció el gesto cuando el peasle golpeó a Sskeer en la cara con su propio guardamanos.

    — ¿O esto?

    La hoja azul se brotó majestuosamente de la empuñadura, reflejando su luz en los ojos de Clune. En todo momento, Sskeer luchaba por ponerse de pie, pero lo mantuvieron inmovilizado en el suelo.

    — Esto es lo que va a pasar –dijo Clune, moviendo lentamente la hoja para que estuviera peligrosamente cerca de la cara de Velko–. Vamos a negociar por tu vida. O permiten que nos vayamos todos, o empezarás a perder extremidades –Se rió antes de mirar de nuevo a Sskeer–. Más extremidades en algunos casos.

    — No –dijo Velko tranquilamente.

    — ¿Y cómo es eso?

    Miró a Clune directamente a sus ojos negros.

    — No me importa lo que me hagas, no te ayudaré, y tampoco lo harán los Jedi. Serás capturado, y devuelto a tu celda, sin oportunidad de escapar.

    — ¿Así pues? –Preguntó el Peasle, acercando aún más la hoja brillante. No desprendía calor, pero eso no detendría la quemadura en cuanto el campo de contención tocara su piel. Velko entrecerró los ojos, preparándose para el dolor… Dolor que no llegó nunca.

    Un disparo de bláser salió de la nada, haciendo que Clune girara sobre sí misma. El sable encendido voló de su mano. El segundo disparo la golpeó de lleno en la espalda y cayó. El bastón aturdidor del guardia muerto resonó en el suelo.

    Velko no miró para ver quién había disparado. No tuvo tiempo. Echó la cabeza hacia atrás bruscamente, golpeando la mandíbula del Nihil que la sostenía. Se tambalearon hacia atrás, perdiendo el control y ella se abalanzó, agarrando el aturdidor y haciéndolo girar para clavarlo con fuerza en el costado de la wookiee. La peluda Nihil gritó cuando los voltios fluyeron libremente a través de su cuerpo. Sskeer finalmente pudo liberarse. El sable estuvo en su mano en cuestión de segundos. Velko y el Jedi estaban hombro con hombro, con las armas desenfundadas y listos para castigar a cualquier Nihil que se atreviera a atacar.

    Pero ninguno de ellos se movió siquiera. Tal vez fue la doble amenaza del sable y el bastón aturdidor, o el hecho de que los Nihil habían perdido la ventaja. Lo más probable es que tuviera algo que ver con el desintegrador que Vane Sarpo sostenía en la mano, listo para disparar en cualquier momento. Velko no tenía ni idea de si Vane había caído sobre su arma por accidente, o si la había tapado a propósito con su cuerpo mientras recuperaba fuerzas. Pero no importaba. No ahora que sonreía secamente, con la cara gravemente quemada.

    — Clune tenía razón –jadeó. Sus ojos brillaban por el dolor–. Nadie piensa nunca en registrar al cobarde.

    ***

    Los guardias llegaron minutos después, junto con la antiguo padawan de Sskeer, Keeve Trennis, quien parecía que nunca andaba lejos su maestro. Vane fue transferido a un ala segura en el centro médico, sus quemaduras curadas y cualquier rastro de los tatuajes de Nihil eliminados de su rostro. El propio Sskeer insistió en vigilar la habitación, pero Velko tenía la ligera sospecha de que estaba más preocupado por proteger a Vane de las represalias de los Nihil que por el hecho de que el vuman huyera.

    — Lo siento –dijo Vane desde su cama.

    — ¿Porque te pillaron? –dijo ella, intentando no sonreir–. Aunque creo que esa fue siempre la intención.

    Se encogió de hombros.

    — Es difícil saltarse un bloqueo de seguridad Nihil cuando te quedas parado en la bahía del hangar.

    — Podrías haber confiado en mí, ¿sabes? Podrías haberme dicho lo que estaba pasando, cuando estuvimos en el bar.

    — ¿Podría? –Le tocó la mejilla, estremeciéndose ligeramente.

    — No era dolor de muelas –dijo, recordándolo haciendo una mueca en ese momento–. Fue una advertencia.

    El asintió.

    — Clune me recuerda que tengo que volver a mi trabajo. Lo cual deberías hacer tú también –dijo desplegando esa sonrisa exasperante–. Especialmente si vas a conseguir que me perdonen.

    — Ya está arreglado, pero no fue cosa mía –hizo un gesto con la cabeza a Sskeer que estaba en la puerta de pie de espaldas a ellos.

    — ¿El viejo dewback tiene corazón?

    — El viejo dewback también tiene un oído excelente –rugió el trandoshano sin moverse.

    — Entonces, gracias –le dijo Vane, antes de volver a mirar a Velko–. A los dos.

    — Paso luego a verte –dijo Velko, dirigiéndose a la puerta–. No te vayas a ningún lado, ¿me oyes?

    — Haré lo que pueda –Vane estaba empezando a sonar más como él mismo, aunque la duda se deslizó a través de su voz cuando gritó– ¿Vel?

    Se detuvo, mirándolo erguido en la cama.

    — ¿Eres realmente feliz aquí? ¿Con todo lo que está pasando? ¿Con los Nihil, los Jedi y …?

    Ella se había encogido de hombros ante la pregunta la última vez que él la había hecho, sentados en el Unity’s. Esta vez ni siquiera dudó, incluso después de todo lo que había sucedido en las últimas horas. Precisamente por lo que había sucedido. ¿Y qué si la vida en el Faro se había vuelto más difícil? Starlight estaba aquí para ofrecer esperanza, para proteger, para evitar que cosas como Valo volvieran a suceder.

    Al igual que ella.

    — Sí –dijo ella, sintiéndolo de todo corazón–. No me gustaría estaría en ningún otro lugar.

    FIN


    Si quieres leer los anteriores relatos puedes hacerlo aquí:

  • ¿Quién sobrevivirá en la Era de La Alta República?

    ¿Quién sobrevivirá en la Era de La Alta República?

    Traducción por Mariana Gutiérrez Escatena

    En este intrigante y algo divertido [debo confesar] artículo de starwars.com, Kristin Baver nos cuestiona con una pregunta que no queremos ni pronunciar.

    «¿Quién sobrevivirá?. Desde la publicación del teaser póster de la próxima oleada de libros y cómics de Star Wars: La Alta República, esta pregunta ha estado pesando en los fans de la nueva era. Pero, al estilo clásico de Star Wars, debe haber un equilibrio. Al igual que Han Solo, que hace una broma con una sonrisa justo cuando las cosas se ven sombrías, la frivolidad y el humor nos permiten descansar de la tensión.
    Porque, admitámoslo, Star Wars tiene una forma particular de rompernos el corazón. Desde que el pobre Greedo fue frito, Obi-Wan desapareció, el rencor fue aplastado y Yoda eligió el sueño eterno antes que las incesantes preguntas de Luke Skywalker, he sabido que ningún personaje querido está a salvo. Pensé que la Alta República podría ser diferente. Es una época de paz, después de todo, o al menos lo era. Con la Orden Jedi en su mejor momento, seguramente mi querida nueva clase de padawans estaría a salvo. ¿Verdad? ¿¡CIERTO!?»

    Aunque la autora de Star Wars Skywalker: A Family At War asegura no tener idea de quién sobrevivirá, en este artículo reflexiona sobre el arte del póster y nuestros valientes Jedi de la Alta República.

    1. El Faro Starlight. Si K-2SO estuviera aquí, te diría que la probabilidad de que el Faro Starlight sea destruido es alta. Es muy alta. Quiero decir, parece estar literalmente en llamas aquí. Pero de nuevo, tal vez alguien dejó que el Vernestra pilotase.

    2. Vernestra Rwoh e Imri Cantaros. Vernestra es una prodigio, habiendo alcanzado el rango de Caballero Jedi a la edad de 15 años. Y ha sobrevivido a un trabajo de niñera glorificada cuidando a la precoz Avon Starros. Estará bien, siempre y cuando nadie la llame Vern. Y como Imri ya ha perdido a un Maestro por la tragedia, esperemos que no tenga más mala suerte.

    3. Bell Zettifar. Hablando de Padawan que han pasado por el llamado, Bell ha salido de la pérdida de Loden Greatstorm sin entrar en una espiral de venganza a lo Anakin Skywalker, así que espero que también se salve. Y que no se encuentre con una habitación llena de jóvenes cuando esté de mal humor. Pero no pude evitar notar que Ember está ausente. Voy a seguir adelante y asumir que eso significa que Ember está bien. ELLA ESTÁ BIEN. ¿Verdad?

    4. Burryaga y Nib Assek. Queridos autores, por favor no dañen ni un pelo de la dulce cabeza wookiee de Burry. Es demasiado puro para este mundo. Estoy seguro de que su maestra Nib estaría de acuerdo.

    5. Avar Kriss. Avar suele llevar el peso de la galaxia sobre sus hombros. Si vive, no me sorprendería que decidiera retirarse a Dagobah o a algún otro lodazal viscoso para no tener que volver a lidiar con la burocracia de la República. Se lo ha ganado.

    6. Sskeer. Ya sabes lo que dicen. Si los Drengir no te atrapan, la estación espacial en llamas lo hará. ¿Aún puede regenerarse de las cenizas? Lo pregunto para un amigo…

    7. Keeve Trennis. Nos hemos encariñado con Keeve. ¿Quién de nosotros no quiso atravesar la página y darle un gran abrazo cuando rompió a llorar al final de Marvel: La Alta República #1? ¡Ha sido todo un viaje! Y considerando que su Maestro podría ser un montón de cenizas tratando de hacer crecer un cuerpo entero ahora, tenemos esperanza de que los escritores hayan sido suaves con ella.

    8. Terec y Ceret. Los gemelos enlazados por la Fuerza van en el mismo paquete. Cualquier cosa que le ocurra a uno de ellos seguramente repercutirá en el otro.

    9. Estala Maru. Estala dejó su té espacial en esa estación en llamas, y quienquiera que haya interrumpido su taza matinal lo va a pagar. Aunque no me extrañaría que fuera de los que se hunden con la nave, transportando desesperadamente sus muchos archivos a un almacén externo. Debería haber empezado a hacer copias de seguridad hace años.

    10.Torban «Baldes de sangre» Buck! Al igual que Avar, espero que Baldes de sangre pase el corte y viva para retirarse y vivir sus sueños como juez famoso en el Gran Espectáculo de Panadería Galáctica, que se retransmitirá en una galaxia cercana a ti en algún momento lejano. Nueva idea de apodo: Cubos de Sangre.

    11. Lula Talisola, Farzala Tarabal y Qort. El poder de la amistad protegerá a este trío sagrado. Que celebren su victoria con una ceremonia de entrega de medallas al estilo del final de Star Wars: Una nueva esperanza. Excepto que las medallas están hechas de chocolate espacial. Y Qort recibe una nueva máscara.

    12. Kantam Sy. Es los antiguos Padawan de Yoda. Nunca le pasa nada malo a la gente que estudia con Yoda. ¿Verdad, Doo?

    13. Porter Engle. La Espada de Bardotta no será silenciada fácilmente. Pero puedes apostar a que preferiría estar cocinando un guiso de nueve huevos en mitad del desorden que lidiar con cualquier fechoría de los Nihil que esté envolviendo a la galaxia esta vez. ¡Qué incivilizados!

    14. Orla Jareni. Estoy seguro de que Orla podría matar con sólo una mirada. Lo más probable es que esté bien, siempre y cuando no se quede atrapada en un planeta desértico sin protección solar.

    15. Stellan Gios. Con una melena que me hace pensar «Vaya, debe estar emparentado con Poe Dameron», seguro que nada desastroso puede ocurrirle a este Consejero Jedi.

    16. Cohmac Vitus. Otro miembro del club de los «Padawan huérfanos», el pobre Cohmac sigue arrastrando la carga emocional de la crisis de Eiram-E’ronoh. Esperemos que evite todo el fiasco de Starlight mientras se encuentra en un bonito retiro de meditación.

    17. Ram Jomaram. ¿Puede arreglarlo? Sí, puede. Especialmente si tiene unos cuantos Bonbraks a mano para ayudar. Aunque, habiendo aprendido recientemente que Ram se siente completamente desprovisto de emociones… puede estar a una hipervelocidad estropeada de un colapso total del Lado Oscuro.

    18. Reath Silas. ¡Deberías haberte quedado en tu rincón de lectura donde era seguro, Reath!

    19. Elzar Mann. Más como Elzar ‘Mujeriego Man’, ¿me equivoco? De todos los Jedi de la lista, es mi elección número 1 para «Jedi que se ha hartado del ruido que hacen los Nihil y se pone en modo venganza como Maul». «Patas de araña Mann» tiene cierta sonoridad.

    20. Lily Tora-Asi, la padawan Keerin Fionn y el maestro Arkoff. Con sus sables de luz dobles y un Maestro Jedi wookiee a su lado, Lily es una fuerza a tener en cuenta. Esperemos que este trío haga una aparición fuera de la serie de manga.

    21. Emerick Caphtor. Ojalá tuviéramos a Emerick aquí para resolver este misterio.

    Un saludo especial: El Maestro Yoda. El Maestro Jedi ha sido una cara familiar bienvenida en la nueva era y sabemos que va a estar bien. Probablemente por eso no está en el póster. ¿Y el resto? Acordemos todos mantener la esperanza.

    Fuente original: starwars.com

  • 9 héroes de Star Wars The High Republic que no son Jedi

    9 héroes de Star Wars The High Republic que no son Jedi

    Traducido por Spectre Juan

    Gerente de proyectos. Técnico. Piloto. Puede que no posean el título de Jedi o tengan increíbles poderes de la Fuerza al alcance de la mano, pero estos valientes héroes tienen su propia valentía y habilidades vitales para la galaxia muy, muy lejana. Ya sea que estén salvando vidas con su pensamiento rápido, trabajando sin descanso para unir la República o simplemente decidiendo hacer lo correcto, estas nueve personas comunes marcaron una diferencia extraordinaria en la Alta República.

    Conozcamos a estos héroes cotidianos.

    Advertencia: le siguen algunos spoilers leves de la primera y segunda oleada de la High Republic.

    Affie Hollow

    Affie Hollow, de diecisiete años, era la copiloto de La Nave, un crucero contratado para llevar a un grupo de Jedi al Faro Starlight. Llevaba un overol, pulcro y planchado, con una insignia en forma de estrella en la manga. La Nave era transporte del Gremio Byne, que estaba dirigido por la madre adoptiva de Affie.

    Cuando los escombros en el hiperespacio cortaron su ala, Affie reparó el regulador de coaxium antes de que La Nave volara en pedazos. Llegaron en una pieza a una estación espacial cercana. Ni la tripulación del transporte ni sus pasajeros estaban preparados para lo que encontrarían allí. Antes de escapar, Affie arriesgó valientemente su propia vida para salvar a los Jedi. Cuando se enteró más tarde de que su madre adoptiva estaba poniendo en peligro a los miembros del Gremio a propósito, se necesitó aún más coraje para hacer lo correcto y enfrentarla.

    Joss y Pikka Adren

    La pareja felizmente casada Joss y Pikka Adren eran gerentes de proyectos con experiencia en trabajos de construcción a gran escala, como la estación espacial Faro Starlight. Después de terminar su trabajo allí, y evitar un problema de gran magnitud, la pareja estaba haciendo planes para unas merecidas vacaciones cuando ocurrió un desastre aún mayor.

    Joss y Pikka tenían experiencia y estaban dispuestos a hacer lo que fuera necesario para hacer el trabajo. Arriesgaron sus vidas y se ofrecieron como voluntarios para ayudar durante el desastre hiperespacial sobre el planeta Hetzal. A bordo de la nave Longbeam Aurora III, los Adren se unieron a los Jedi para una maniobra precaria que salvó miles de millones.

    Avon Starros

    Avon Starros fue una inventora e hija de una política de Coruscant. Una chica con una vena rebelde, a Avon no le gustaba que le dijeran que no. Ella usó su mente científica y talento de ingeniería para trabajar en ideas como crear plantillas de zapatos antigravedad y reprogramar un droide para que formase su propia personalidad. Le encantaba saber no solo cómo funcionaba algo, sino por qué, y a veces hacía todo lo posible para averiguarlo.

    La Caballero Jedi Vernestra Rwoh fue asignada para vigilar a la traviesa inventora. Cuando un complot de Nihil dejó varados a los Jedi, Avon y otros en un peligroso planeta, el ingenio de Avon (y el droide reprogramado) ayudaron al grupo a enviar una señal a la República para un rescate. Y su amabilidad ayudó a consolar a sus nuevos amigos.

    Canciller Lina Soh 

    Lina Soh dedicó su carrera política a traer luz a la galaxia. Siendo Canciller supervisó varios proyectos como parte de su iniciativa de «Los Grandes Trabajos«. Uno de ellos fue la construcción del Faro Starlight; otros incluyeron la mejora de los enlaces de comunicaciones, el desarrollo de instalaciones médicas y de bacta, y la organización de la Feria de la República en Valo. Ella creía que la unidad era la clave para lograr todos estos nobles objetivos.

    Lina siempre estaba acompañada por sus leales targones, grandes bestias felinas, llamadas Matari y Voru. Encontró consuelo en su compañía.

    Rhil Dairo

    La respetada periodista de la HoloRed Rhil Dairo se encontró con un asiento de primera fila cuando el desastre golpeó la Feria de la República. Originalmente, con la misión de cubrir al Maestro Jedi Stellan Gios, el ataque de Nihil a Valo se convirtió en la historia de la época, y Rhil estaba allí registrándolo todo.

    Rhil comenzó su carrera como reportera en Cardota. Más tarde se convirtió en una periodista experimentada tan dedicada a su trabajo que se hizo un implante de lente cibernético. Su compañero, el droide cámara T-9, tenía una lente a juego y un vínculo neuronal directo con Rhil.

    Rhil no era propensa a la hipérbole; ella era inquisitiva y observadora. También es resistente, una cualidad que necesitaba cuando los Nihil atacaron.

    Keven Farr 

    Innumerables vidas fueron salvadas por un plan poco convencional por un brillante técnico de Hetzal Prime llamado Keven Farr. Creía en los sistemas y las reglas y disfrutaba trabajando con ellos.

    Durante el desastre del hiperespacio, Keven monitoreó los flujos de datos para rastrear el daño del impacto. En lugar de evacuar de su planeta aparentemente condenado, Keven se quedó en su puesto y decidió transmitir los esfuerzos de rescate por toda la galaxia. Quería que su hogar fuera recordado. La gente de cientos de mundos vitoreó al ver a los Jedi unirse para salvar a Hetzal.

    Una vez que pasó la amenaza inmediata, Keven sugirió vincular miles de navidroides para predecir dónde podrían emerger los escombros del hiperespacio a continuación. La matriz manipulada de cualquier forma funcionó y Keven pudo determinar qué sistemas estarían en peligro a continuación.

    Sylvestri Yarrow

    La feroz e independiente capitana de transportes Syl Yarrow no tuvo una vida fácil. Después de la pérdida de su madre, ella luchó para llegar a fin de mes en su negocio de transportar carga a través de la galaxia. Para colmo, se vio obligada a abandonar el Switchback, su nave, y su carga útil cuando se encontró con los Nihil en un sector del espacio poco utilizado.

    Su determinación de recuperar su barco la llevó a Coruscant y a una aventura completamente inesperada. A la exaltada piloto no le gustaba depender de nadie, ni siquiera de los Jedi, pero estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para recuperar su nave.

    Una de las compañeras más confiables de Syl era Beti — su rifle bláster modificado.

    Velko Jahen

    Si necesitaba hacer algo en el Faro Starlight, Velko Jahen era la persona que podía hacerlo.

    Velko, trabajadora administrativa de la estación, obtuvo mucho más de lo que esperaba cuando aceptó el trabajo. Desde una pelea durante el simposio de la Alianza Agrícola Galáctica hasta encontrar al culpable de un intento de asesinato, nunca hubo un día aburrido en la estación espacial.

    Estaba acostumbrada a una vida agitada. Velko pasó la mayor parte de sus días ante Starlight en las trincheras, librando una guerra interminable en su planeta natal de Soika. Era dedicada, confiable y sensata, y los Jedi tuvieron suerte de tenerla.

    Visite el centro oficial de Lucasfilm para conocer todo lo relacionado con Star Wars: La Alta República en StarWars.com/TheHighRepublic.

  • Jason  Eaton: El fan que dio vida al Faro Starlight

    Jason Eaton: El fan que dio vida al Faro Starlight

    Traducción por Mariana Paola Gutiérrez Escatena

    Jason Eaton creció adorando el altar de Joe Johnston y los magos de Industrial Light & Magic. Eaton vio Star Wars: Una nueva esperanza en 1977, a los cuatro años, lo que le llevó a amar la galaxia muy, muy lejana durante toda su vida, pero fue la magia de la fabricación de maquetas entre bastidores lo que realmente cautivó su imaginación. A lo largo de los años, desarrolló una increíble habilidad en este oficio, construyendo sus propias maquetas de la nada al igual que sus héroes de ILM; los resultados, como se ha documentado anteriormente en StarWars.com y en la serie digital Our Star Wars Stories de Lucasfilm, son a menudo asombrosos. Aun así, la fabricación de maquetas ha servido sobre todo como un pasatiempo (que requiere mucho tiempo y esfuerzo físico) para Eaton, que nunca pensó que su interés y sus dotes llegarían más lejos. «Quiero ponerme en la piel del maquetista de ILM. No se puede. Ese mundo ya no existe. Pero puedes acercarte un poco», dijo Eaton en Our Star Wars Stories. Pero se equivocó.

    Lucasfilm ha contratado a Eaton para que construya una maqueta del Starlight Beacon, una enorme estación espacial presentada recientemente en Star Wars: La Alta República, que se utilizará para el programa Star Wars: The High Republic Show del equipo de StarWars.com. Revelada en el último episodio de la serie digital, se trata de una impresionante realización del Faro, llena de detalles y algunas sorpresas: una elegante estación espacial para una época más civilizada.

    La oportunidad era algo que nunca esperó, por decirlo de alguna manera.

    «Recibí la llamada preguntando si quería hacerlo. Hubo ese [pensamiento] inicial: ‘Espera, ¿me estás pidiendo que haga lo que he soñado desde que tenía cuatro años? Tuve que procesarlo durante un segundo», cuenta Eaton a StarWars.com. «La idea, para mí, de hacer algo oficial para Star Wars a partir de un arte conceptual, me parecía inalcanzable».

    «Mi única oportunidad»

    Después de ese shock inicial, Eaton primero, y más importante, dijo que sí, y luego se puso rápidamente a trabajar. «La reacción visceral es como, estoy completamente anonadado y honrado. Y luego me pongo manos a la obra y ni siquiera pienso en si podré lograrlo, porque si te metes en la cabeza así, puedes tropezar». Sólo se le proporcionaron tres piezas de arte conceptual, y había puntos ciegos, ya que el Starlight Beacon sólo se diseñó para su uso en libros y cómics. Así que Eaton tuvo que dar vida a la estación, como los antiguos creadores de ILM, trabajando a partir del arte proporcionado pero completando algunos detalles y secciones por su cuenta. El productor de High Republic Show, John Harper, le explicó los parámetros: tenía que tener un metro de altura, necesitaba luces de algún tipo y el Story Group le daría su opinión.

    Las principales características del Faro Starlight incluyen un gran platillo, varias agujas de distinto tamaño y un muelle de atraque. Eaton se reunió primero con el Grupo de Historias para determinar la escala y ciertos detalles, como si algunas puertas de explosión deberían estar abiertas o cerradas y los tipos de textura que podría tener el exterior de la baliza. Una vez contestadas la mayoría de las preguntas, llegó el momento de diseñar y construir la maqueta.

    «Por supuesto, me pasé de la raya», dice. «En parte porque, si esta va a ser mi única oportunidad de hacer algo oficial, voy a hacerlo lo mejor posible con el tiempo asignado».

    El faro Starlight se eleva

    Al construir el modelo, Eaton trató de utilizar los métodos tradicionales de ILM de los años 70 en la medida de lo posible, pero aprovechando la tecnología moderna. «Empecé a modelar todo en 3D, pero sólo las formas base. Si esto fuera como en 1979, se habría mecanizado en un torno o una fresadora de espuma o acrílico, y no tengo ese tipo de equipo grande en mi taller del sótano. Pero sí tengo impresoras 3D», dice. «Así que pensé: ‘Muy bien, voy a imprimir las formas principales, ensamblarlas y luego usar métodos tradicionales para detallar todo’. Y funcionó perfectamente». Esos «métodos tradicionales» incluyen la búsqueda en kits de maquetas de piezas aleatorias que proporcionen detalles, una lámina de estireno recortada para el blindaje y varillas de latón. Incluso se ha incorporado algo de hardware original de Star Wars. «Un ILMer, hace un par de años, me dio un montón de cosas de su almacén. Para él es casi basura», dice Eaton riendo. «Pero había un montón de piezas de este material llamado Kool Shade. Era un material de construcción que se utilizaba entre los cristales dobles para recubrir un material de rejilla de bronce tejido. Es hermoso de cerca. Y eso es lo que usaron para las alas solares del caza TIE. Me dieron un montón de ese material de la primera producción. Pensé que sería realmente genial introducir algo de 1975 o 76 en este modelo, el alma de Star Wars. Así que hay una sección en la parte inferior donde hay algunos recortes y lo respaldé con Kool Shade. Y no sólo lo hice con Kool Shade, sino que utilicé material sobrante de Star Wars. Esa fue otra cosa en la que pensé: «¡Ja, ja, ja! Es perfecto». Sin embargo, esa no es toda la historia de Star Wars impregnada en el modelo.

    El Grupo de Historias preguntó si se podían incluir algunas naves en la construcción, ya que el Faro de Starlight tiene puertos y plataformas de aterrizaje. Eaton pensó inmediatamente en el Crisol, la nave donde reside Huyang, de Star Wars: The Clone Wars, un antiguo droide que guarda piezas de sable de luz para los Padawan. Se aprobó de inmediato. Pero para la nave del fondo de la maqueta, Eaton tuvo la idea de hacer algo aún más especial.

    Eaton conocía un diseño no utilizado del diseñador de producción de Una nueva esperanza, John Barry: una nave colonia que debía verse estrellada en Tatooine, fuera de la cantina. Eaton tenía un amigo que había esculpido un modelo 3D de la nave y le pidió que le prestara los archivos, pero no quiso decir para qué los necesitaba. «Pensé que sería un huevo de Pascua increíble, porque si lo sabes, lo sabes, y si no lo sabes y te lo explican, te sorprende un poco», dice. «Le pregunté al Grupo de Historias, y me dijeron: ‘¡Sí! Es divertido«. Eaton hizo algunos cambios sutiles en la nave, asegurándose de que encajara donde fuera necesario y devolviendo a la saga una nave de Star Wars perdida hace tiempo.

    Y hay un huevo de Pascua más: Las iniciales de Eaton están en el modelo… en alguna parte.

    La pintura fue un reto totalmente diferente. Como la época de la Alta República es una especie de edad dorada, no es la mugrienta y destartalada Star Wars de la trilogía original. El óxido fue específicamente vetado por el Grupo de Historia.

    El Faro de Starlight está dividido en dos hemisferios, con la parte superior con torres y residencias, mientras que la parte inferior es más industrial. Eaton pintó la parte inferior como lo haría con cualquier modelo de Star Wars, dice, pero la parte superior requirió algunas conversaciones más con el Grupo de Historias. «Tenía dudas sobre la parte superior, porque decían: ‘Tiene que ser blanca«. Les dije: «Mira, si se pinta de blanco puede parecer un juguete. Sé que tienes una idea para esto, pero sólo tiene que tener un poco de suciedad en las líneas del panel o lo que sea«. Fueron muy amables y dijeron: «De acuerdo, confiamos en ti. Haz lo que creas que va a funcionar y déjanos verlo’. Cuando se lo mostré, dijeron: «Sí, es lo suficientemente ligero». Así que ese fue un momento de ¡uf!». Sin embargo, había más problemas de color que resolver.

    «La aguja central era otra cosa», explica Eaton. «Dijeron que estaba ‘hecha de algún material exótico que casi tiene brillo, pero no queremos que se ilumine«. Esto supuso una oportunidad inesperada. Eaton había bromeado con su mujer sobre el deseo de utilizar pintura iridiscente en algún lugar como una especie de broma de modelismo, ya que es casi imposible de igualar para los aficionados. Esta parecía la oportunidad perfecta para llevar a cabo la sutil broma. «Le dije al Grupo de Historias: ‘Podría pintarlo iridiscente’, y todos se iluminaron un poco. Les dije: ‘Sí, cuando le dé la luz, brillará y tendrá un tinte azulado y extraño’. Ellos dijeron: «Oh, ¿puedes hacer eso? Eso resolvió un problema que tenían. Y me hizo reír». (Consejo profesional: Eaton dice que utilizó polvos iridiscentes de Michael’s.) Eaton también tuvo que hacer coincidir las luces de su modelo con las revoluciones de una animación que se ve en la introducción del High Republic Show, llamando a un amigo especialmente bueno en programación para que resolviera la frecuencia. «Es todo un anillo de LEDs, y como que se desvanecen y se siguen unos a otros, así que es un movimiento muy orgánico y de barrido».

    Una vez terminada la pintura y la iluminación, el Starlight Beacon estaba listo para unirse a la galaxia de Star Wars.

    Sueño cumplido

    En total, Eaton tardó unos cuatro meses en construir el faro Starlight, dedicando al menos cuatro horas al día, todos los días. Parece un tiempo bien invertido para el chico que soñaba con hacer maquetas de Star Wars, aunque le ha llevado a un nuevo deseo.

    «Estoy encantado de que me hayan pedido que lo haga», dice Eaton. «Espero que Dave Filoni o Jon Favreau lo vean algún día y digan: ‘¡Pon eso en El Mandaloriano! Un tipo puede soñar, ¿verdad?».

    Fuente: starwars.com

  • Traducción exclusiva del nuevo relato de la serie The High Republic: Starlight – “Peligro Oculto” (Parte 2)

    Traducción exclusiva del nuevo relato de la serie The High Republic: Starlight – “Peligro Oculto” (Parte 2)

    Traducción por Mario Tormo

    Segunda y última parte de la tercera historia de la serie antológica Starlight, que cuenta sucesos ambientados en la estación espacial de la Alta República que no se han visto en ningún otro libro o cómic. Justina Ireland remata el relato con una estremecedora revelación. Si no habéis leído la primera parte podéis hacerlo aquí.

    Starlight:
    PELIGRO OCULTO
    (Parte dos)

    Anteriormente:

    La violencia era lo último que se podía esperar de los reputados científicos reunidos en la Baliza Starlight para la conferencia anual de la Alianza Agrícola Galáctica, y aun así Velko Jahen y Ghal Tarpfen habían tenido que intervenir para detener una pelea brutal. Y justo después se habían encontrado con un desastre aún mayor…


    Velko Jahen, administradora de la Baliza Starlight, corría por el vestíbulo detrás de Ghal Tarpfen, jefa de seguridad de Starlight. La mon calamari llevaba un ritmo brutal.

    –Todas las unidades, repito, todas las unidades, por favor diríjanse al comedor. Se están produciendo disturbios –la voz de la Maestra Jedi Estala Maru, a través del comunicador de Velko, permanecía calmada e inalterable. Eso era buena señal, ya que Velko estaba suficientemente alterada por los dos.

    Velko irrumpió en el comedor unos segundos después que Ghal, deteniéndose en seco. Cuando el Maestro Maru dijo «disturbios», Velko realmente no había entendido lo que quería decir con eso. Esperaba encontrar gente destrozando pantallas y saqueando cosas. Pero la escena que tenía frente a ella se parecía más a una pelea que a unos disturbios: una mujer devaroniana golpeando a un hombre czerialan antes de ser atacada por la espalda por un humano. Un mirialano, en una silla flotante, gritaba de rabia mientras se dirigía hacia un desafortunado ugnaught, que logró apartarse del camino momentos antes de ser golpeado, y la silla flotante se estrelló contra la pared.

    La gente estaba peleándose por todos lados en la sala. Y no eran unos cualquiera, estos eran los científicos que se habían reunido en la Baliza Starlight para la conferencia de la Alianza Agrícola Galáctica.

    –¿Sigue pensando que pueda ser ‘de mala educación’ disparar a nuestros invitados? –Preguntó Ghal secamente.

    Momentos antes, habían tenido que detener una pelea en el vestíbulo principal, y Velko se había horrorizado al ver que Ghal disparaba a los combatientes. No con un disparo láser a máxima potencia, sino con un rayo paralizante diseñado precisamente para esas situaciones. En retrospectiva, había sido una manera rápida de poner orden en el caos.

    –No, creo que quizás sea nuestra mejor opción. ¿A menos que tenga otra idea?

    –¿Quizás podríamos servir de ayuda? –dijo una voz suave.

    Velko se volvió encontrándose a media docena de Jedi detrás de ella. Reconoció a pocos, pero no le sorprendió. Los Jedi siempre iban y venían, y tratar de seguirles la pista a todos ellos en Starlight en un momento dado era como intentar contar estrellas en el hiperespacio.

    –Administradora Velko –dijo el más cercano, dando un paso adelante. Reconoció al humano de piel oscura: Gil Jaretto, un Maestro Jedi de visita desde Dubraib, un planeta acuático en la frontera–. ¿Quizás sería mejor dejarnos que nos hiciéramos cargo de este asunto?

    –Siempre y cuando puedan contener a los científicos sin que nadie resulte herido –dijo Velko.

    Gil inclinó la cabeza en señal de respeto y el grupo de Jedi dio un paso adelante, con las manos levantadas hacia el grupo en el comedor. Durante un instante la refriega continuó hasta que todos quedaron congelados, con expresiones relajadas.

    –Oh, gracias a las estrellas… –comenzó a decir Velko, antes de que la pelea estallara una vez más, los Jedi fruncieron el ceño por el esfuerzo mientras trataban de calmar a los combatientes de nuevo.

    Ghal hizo un ruido de burla y se encogió de hombros.

    –Creo que esa nave ha partido ya –dijo, señalando la gigantesca pelea más allá del umbral–. Así que no, Jedi, esto es algo de lo que nos podemos ocupar nosotros. ¡Ochosiete!

    Un droide de seguridad, uno que había aparecido mientras los Jedi reaccionaban, avanzó pesadamente.

    –Inicia la represión de multitudes no letal –ordenó Ghal.

    –Desplegando la supresión de multitudes –respondió el droide y de su pecho surgió una válvula lanzando espuma, formando un arco en dirección al comedor–. Treinta segundos hasta la supresión total.

    –Corten la filtración de aire en el comedor –ordenó Ghal a través del comunicador de su oído. Al grupo que se apiñaba en la puerta les dijo–: Tenemos que dar un paso atrás.

    Velko vio fugazmente la espuma expandiéndose por toda la sala, un aroma floral le hizo cosquillas en la nariz, antes de que las puertas se cerraran. Sonrió tensamente a los Jedi, quienes asintieron con reconocimiento, y un incómodo silencio se cernió sobre el grupo hasta que pasó el tiempo necesario.

    Las puertas se abrieron nuevamente, revelando a casi un centenar de científicos agrícolas de diferentes especies completamente cubiertos de espuma y durmiendo profundamente.

    –Maestro Gil, muchas gracias por su ayuda. ¿Podrían usted y al resto de los Jedi patrullar los corredores para comprobar que no haya mas brotes violentos? Ghal y yo podemos ocuparnos de lo de aquí con el equipo médico –murmuró Velko, ignorando la mirada triunfal que le ofrecía la mon cala.

    –Por supuesto, administradora Jahen –el Jedi se alejó y Velko suspiró.

    –Necesitamos que examinen a cada una de estas personas. No es así como se comportan los científicos civilizados. Algo causó esto. Algo deliberado.

    –¿No crees que todo un grupo de científicos hayan acabado peleándose discutiendo por la mejor manera de regar una cosecha de khema? –murmuró Ghal sarcásticamente.

    –No –respondió Velko–. Y tenemos que averiguar qué ha sido antes de que alguien acabe causándose la muerte.

    ***

    –He tomado muestras de aproximadamente la mitad de los alborotadores –afirmó el doctor Gino’le, el anacondan a cargo del centro médico, agitando sus brazos protésicos de metal con agitación–. Cada una de las lecturas es completamente normal.

    –¿Nada inusual? –Preguntó Ghal.– Resulta extraño.

    Habiendo sospechado de algún tipo de toxina, transmitida por el aire o absorbida a través de alimentos o líquidos, Ghal había asignado equipos médicos para realizar barridos de sensores en los transbordadores en los que habían llegado los científicos, en las habitaciones que se les habían asignado y en todos los lugares donde los miembros de la Alianza Agrícola se habían reunido. Pero no se había encontrado nada, salvo los restos de somnífero de la espuma que el droide de seguridad había dispersado.

    –Solo puedo suponer que cualquier cosa a la que estuvieron expuestos, si es que lo estuvieron, tiene una vida media muy corta, y se descompone rápidamente en el sistema circulatorio. Incluso algunos de mis pacientes con metabolismos más lentos han vuelto a lecturas normales. Por lo que me temo que no puedo ofrecerle una buena explicación.

    –Frustrante –gruñó Ghal.

    El doctor Gino’le le dedicó una sonrisa a Ghal.

    –La buena noticia es que los dos a los que aturdió están ahora despiertos. Puede interrogarlos, si lo desea.

    El ithoriano y el amani descansaban en pabellones separados del centro médico, aislados por si se daba otro incidente violento, y sujetos mediante correas a sus camas. Velko y Ghal no tenían tiempo que perder, por lo que se separaron: Velko habló con el amani mientras Ghal lo hacía con el ithoriano. Si las agresiones se extendían por toda la estación, no se sabía qué podría pasar. Velko había vivido la mayor parte de su vida luchando en una guerra sin fin, y sabía lo rápido que podía romperse la paz. No dejaría que el caos reinara en Starlight.

    –¿Qué me ha pasado? ¿Por qué estoy retenido? –gruñó el amani cuando Velko entró en la habitación.

    Su piel verde amarillenta relucía con una pátina viscosa, sus largos brazos y manos tremendamente grandes estaban sujetos a su costado. La punta de su cola se movía con irritación.

    –Estuvo en una pelea –dijo Velko–. ¿No se acuerda?

    –No recuerdo nada –respondió el Amani confundido.

    –Soy la administradora Velko Jahen. Trabajo aquí en Starlight y estoy a cargo de supervisar la conferencia agrícola. ¿Cree que juntos podríamos averiguar qué le sucedió?

    –Eso sería lo ideal, administradora. Soy el doctor Prot Xan, biólogo de la Academia Hyko en Hosnian Prime. Esto es muy inusual.

    –Estoy de acuerdo –dijo Velko, ofreciéndole al amani una sonrisa con la esperanza de que disipara la tensión que ya arrastraba la conversación–. ¿Puede contarme qué recuerda?

    –Yomo y yo habíamos cerrado con llave nuestras dependencias e íbamos de camino a cenar cuando decidimos hacer un recorrido por los jardines de al lado del vestíbulo principal. Estábamos caminando, luego Yomo dijo algo… No estoy seguro de qué, si le soy honesto. Simplemente me sentí molesto y luego enfadado, y lo siguiente que recuerdo es despertarme aquí.

    –¿En qué jardines se encontraban? ¿Fueron los jardines de exposición o el jardín de meditación? ¿Recuerda haber visto a algún Jedi? –Ambos eran impresionantes, pero solo dos de muchos, las plantas complementan a los depuradores de atmósfera para mantener fresco el aire de Starlight. Los Jedi tendían a frecuentar el jardín de meditación, más tranquilo.

    –Ningún Jedi, pero recuerdo algo. Yomo quería encontrar la propuesta de la profesora Glenna Kip, una versión híbrida de johta, una que se suponía que era más resistente y más fácil de cultivar, especialmente creada para climas áridos. Creo que la encontramos, aunque ahora no estoy seguro. Había una flor, en una serie de enredaderas, con un aroma que me recordaba a mi hogar y las cacerías –el doctor Xan se reclinó, cerró los ojos y respiró de manera constante–. Ahhh, qué tiempos tan maravillosos eran.

    El Doctor Xan se enderezó, con sus brillantes ojos negros de amani puestos en alerta repentinamente.

    –¿Dijo que estuve en una pelea? ¿Quién era el otro combatiente?

    –Un ithoriano. Creo que era tu amigo, ¿Yomo?

    –¿Yomo? ¡Oh cielos! Sí, Yomo es ithoriano, pero es mi amigo más antiguo. Fuimos juntos a la universidad. Él fue quien me convenció para orientar mi interés en la biología molecular hacia la agricultura. Oh cielos, oh cielos. ¡Esto está completamente fuera de lugar para Yomo! Es un científico brillante, no de los que se meten en peleas.

    Velko le hizo al doctor algunas preguntas más, pero no descubrió nada concluyente, su angustia eclipsó sus respuestas. Tratando de no mostrar su frustración, dio las gracias al amani y se dirigió al vestíbulo del centro médico, donde encontró a Ghal esperando.

    –Pues ha sido una pérdida de tiempo –dijo Ghal con un sonido burbujeante que Velko tomó como el equivalente mon calamari a un suspiro.

    –Quizá no. ¿El doctor Yomo recordó algo más allá de las enredaderas en flor y una visita a los jardines?

    Ghal negó con la cabeza.

    –No, por lo cual no nos sirve para nada. ¿Una planta? ¿Cómo puede una planta causar todo esto?

    –No estoy segura, pero tal vez haya algo en la planta. Un parásito, por así decirlo. Había una niña humana con una planta extraña. Creo que podría estar involucrada de alguna manera.

    Ghal se encogió de hombros.

    –Quizá. Vayamos a comprobarlo.

    Ghal y Velko recorrieron tres jardines diferentes antes de encontrar las enredaderas en flor que el Doctor Xan había mencionado. Estaban enrolladas alrededor de varios de los árboles y plantas circundantes y parecían fuera de lugar, y aun así Velko las reconoció.

    –Justo como pensaba. Necesitamos encontrar a la chica que trajo esa planta ayer. La vi en las escaleras de mantenimiento.

    –¿Te has estado relajando de nuevo con tu rutina de ejercicios? –Preguntó Ghal, y Velko se encogió de hombros.

    –He estado ocupada.

    Ghal estudió pensativamente las retorcidas enredaderas.

    –No soy una experta en plantas de superficie pero, ¿no es eso un crecimiento considerable en solo unas pocas horas?

    –Un crecimiento sin precedentes. Me preocupaba que se tratasea de un Drengir, pero el hecho de que hayamos estado aquí parados unos minutos y no haya intentado comernos me ha hecho descartar esa idea.

    Velko se acercó cautelosamente a una de las enredaderas. No se retorcía, no como el Drengir que había visto, pero parecía activa.

    –Cuidado –gritó Ghal, aparentemente desde muy lejos.

    Un aroma cítrico amaderado le hizo cosquillas a Velko en la nariz. Parpadeó una y otra vez. La planta que tenía ante ella cambió y se transformó, tomando de repente una forma monstruosa.

    –¡Drengir! –jadeó, cogiendo su bláster. Pero el arma había desaparecido, no llevaba nada consigo.

    Otro parpadeo y Velko ya no estaba en la Baliza Starlight. En cambio, estaba de vuelta en Soika, su pelotón avanzaba sobre algunas defensas de la colina mientras el fuego de bláster llovía a su alrededor.

    –¡Velko! Deja de estar ahí parada y sube la maldita colina para que podamos acabar con ese ese cañón pesado.

    Velko se volvió y vio a la capitana adjunta Aila Gris gritándole justo antes de que un rayo láser diera en el blanco. Aila salió despedida un metro hacia atrás, muriendo antes de que su cuerpo golpeara el suelo.

    –No, no, no.

    Velko entró en pánico tirándose de los pelos. ¿Cómo había vuelto aquí? ¿No había hecho todo lo posible para alejarse lo máximo de este lugar? Tenía que salir de allí y, como tantos otros malos recuerdos de Thyrsus, la única salida era campo a través.

    Velko lanzó un puñetazo al combatiente más cercano. Pero el hombre no cayó. En cambio, rugió y se lanzó sobre ella. Velko se agachó, lista para el ataque. Mataría a cualquiera que se interpusiera en su camino.

    El hombre cargó contra ella, pero cuando ella le lanzó una patada, él la agarró del pie y la hizo girar, arrojándola contra una columna. Velko se puso de pie, enojada y confundida. ¿Por qué había una columna en el campo de batalla?

    El hombre se desvaneció, y tan rápido como había entrado en la pesadilla, Velko se vio de nuevo en los jardines. Ghal estaba a su lado, comprobando con cautela que su mandíbula no estuviera rota. Su expresión, que era generalmente de molestia, mostraba, de alguna manera, desconcierto.

    –Impresionante, administradora Jahen. No pensaba que lo tuviera dentro.

    Velko parpadeó de nuevo. Una voz, tal vez Rodor Keen, dijo:

    –Todavía está un poco confundida. ¿Puedes golpearla una vez más?

    Una niebla cayó sobre Velko, fresca y relajante. Y su confusión se desvaneció.

    –¿Estoy en Starlight?

    –Lo está –Rodor Keen dio un paso adelante, con una amable sonrisa en su rostro.

    Detrás de Rodor había una extraña mujer de piel verde recorrida por líneas plateadas. Recordaba levemente a un reptil. Su cabeza iba envuelta en un turbante y su bata de laboratorio estaba salpicada de diferentes componentes multicolor.

    –¿Qué pasó? Estaba luchando contra un Drengir y un instante después estaba de vuelta en Soika… –Velko se calló, su cabeza latía con fuerza–. ¿Estaba todo en mi cabeza?

    –Una alucinación, me temo. Causada por la floración del johto. Mis disculpas, se supone que no iba a florecer aquí, aún estaba trabajando en esa, ah, poco deseable propiedad –dijo la extraña mujer.

    Rodor se aclaró la garganta:

    –Velko, esta es la profesora Glenna Kip. Ella es la científica que creó este híbrido. La agresividad que hemos estado experimentando es un efecto secundario de su cruce de la flor johto con una cepa menos violenta de Drengir.

    –¿Está hablando en serio? –Preguntó Velko con su rabia incrementándose más aún, esta vez focalizada en un objetivo real.

    –Eso mismo he dicho yo –murmuró Ghal, lanzando a la profesora una mirada asesina.

    –El regreso de los Drengir me recordó a un proyecto similar que emprendí hace tiempo, aunque diría que la última vez el resultado no fue tan… Fructífero –la profesora intentó esbozar una sonrisa–. La República cree que la resistencia que muestran los Drengir podría ser útil para sembrar cultivos en algunos de los planetas menos fértiles de la frontera. Sin mencionar el valor de saber más sobre los Drengir en caso de que surjan nuevos desafíos en el futuro.

    –Tuvimos un motín en el comedor –dijo Velko con voz firme.

    –Sí, y le ofrezco mis disculpas por eso –dijo la profesora Kip con una ligera reverencia–. ¿Avon?

    Era la pequeña niña humana, con piel de un intenso color marrón, que Velko reconoció como con la que se topó en lo que ahora parecía una vida pasada.

    –Avon, ¿todavía tienes ese bloque de sal que te di?

    –Sí, profesora Kip –dijo la niña con una sonrisa, sacándolo del bolsillo.

    Kip enterró la sal en la maceta e inmediatamente las flores comenzaron a marchitarse y morir. En menos de un minuto toda la planta se había secado, dejando nada más que hojas muertas y ramitas marrones.

    –Es increíblemente difícil cultivar johto más allá de la atmósfera de su planeta de origen, y la sal tiene un efecto inmediato en él. Le pasé la lista de componentes del compuesto neutralizante a sus ingenieros ambientales, por lo que no debería haber más efectos nocivos provocados por las flores.

    Velko no podía estar de acuerdo con la profesora. Todavía se sentía temblorosa y de mal humor por haber revivido el recuerdo del asalto a Qunatos. Pasaría algún tiempo antes de que se sintiera algo parecido a lo normal.

    –Si hibridó muestras de Drengir con un cultivo existente, ¿qué impedirá que otros hagan lo mismo? —Preguntó Ghal–. Ya es suficientemente duro cuando infectan a los vivos, ¿ahora tenemos que preocuparnos de que se siembren ellos mismos?

    –Oh, no, eso no sucederá –dijo la profesora Kip con un gesto de desdén–. He intentado crear semillas a partir de los Drengir, y ha resultado completamente imposible. No se pueden sembrar en ningún lado. Limitar su propagación es una de las cosas que la Alianza ha tratado conjuntamente, y nuestros datos indican que nunca, nunca se siembran a sí mismos.

    Velko no estaba convencida, pero tenía un fuerte dolor de cabeza y el último lugar en el cual quería estar era cerca de plantas o expertos en ellas.

    Ghal le dio una fuerte palmada en el hombro a Velko.

    –Venga. Tiene pinta de que le vendría bien tomarse algo, y no estoy hablando de té tarine.

    –¿Qué pasa con la Alianza Agrícola Galáctica? –gritó Rodor a Ghal y Velko mientras se alejaban–. ¡Apenas se han instalado!

    –Le diré a la profesora Qwasa que le busque si tiene alguna pregunta –respondió Velko.

    –Realmente quiero que me enseñe ese puñetazo de nuevo, cuando esté lista –le confesó Ghal.

    Velko hizo una mueca de dolor.

    –Lamento mucho eso –dijo.

    –No lo sienta –se rió Ghal con un extraño resoplido de su garganta–. Es la primera vez que me ha caído bien.

    FIN.


    En el próximo número de la revista Insider tendremos un relato completamente nuevo llamado Past Mistakes y escrito por Cavan Scottt. Si queréis leer los relatos anteriores tenéis los enlaces a continuación:

  • Los Jedi se adentran en la maleza Drengir en The High Republic #6. Reseña y curiosidades

    Los Jedi se adentran en la maleza Drengir en The High Republic #6. Reseña y curiosidades

    Por Mario Tormo

    Comienza el segundo arco de la serie de cómics de La Alta República editada por la casa de las ideas, titulado Corazón de los Drengir. Los Jedi llevan meses haciendo frente a la amenaza que suponen las monstruosas plantas y que se ha extendido por cientos de mundos después de que fueran liberadas de la estación Amaxine.

    • Título: Heart of the Drengir – Chapter I: The Galaxy Unites
    • Guión: Cavan Scott
    • Dibujo: Georges Jeanty
    • Tinta: Karl Story
    • Color: Annalisa Leoni
    • Editado: 30 Junio 2021
    • Idioma: Inglés
    • Editorial: Marvel
    • Páginas: 32 (Grapa)
    • Precio: 3.99 $

    Historia (con spoilers)

    Han pasado varios meses desde que la amenaza Drengir se desatase por todos los mundos de la frontera y los Jedi aún siguen haciendo frente a esta monstruosa plaga. En Daivak la alianza entre los hutts y la República para combatir al enemigo común sigue en pie principalmente a Avar Kriss y Myarga, aunque el consejo Jedi no lo ve con tan buenos ojos.

    Pero ahora lo importante es la lucha que tienen por delante, y Avar pide ayuda a todos los Jedi disponibles en Starlight. Maru acude raudo, pero Keeve, que se encuentra cuidando de Sskeer no puede aguantar más y decide actuar.

    Desactiva el campo energético que ralentizaba el desarrollo de la infección en el trandoshano y se deja contagiar para poder hacer uso de sus poderes telepáticos. Es así como llega a descubrir que existe un Gran Progenitor Drengir, y que se encuentra en el sistema Mulita. Quizá esa sea la clave para acabar con la plaga…

    Opinión

    Cavan Scott firma el número argumentalmente más sólido hasta ahora. Consigue «cerrar» el arco anterior sentando las bases para lo que parece será el fin de los Drengir. Ya que la sensación es que la trama anterior terminó truncada (no sabemos realmente cómo terminó la plaga de la Baliza Starlight y la solución temporal que propusieron para aplacar a los Drengir era realmente peregrina…).

    Tenemos nuevo equipo artístico en lápices y tintas. El resultado es irregular aunque la balanza se decanta hacia el lado positivo. Georges Jeanty tenía el listón muy alto y consigue alcanzarlo en las viñetas a página completa como la que hay sobre estas líneas o la que podemos ver en la sección de curiosidades con el Gran Progenitor. Pero por otro lado en los planos cortos vemos caras que se nos hacen a veces raras, como las de Avar o Sskeer. Otro punto flaco sería que se está apoyando demasiado en el trabajo anterior, replicando quizá demasiados esquemas o tratamientos como exponemos también en la sección de curiosidades. Aun así es su primer número, tenemos que darle tiempo a hacerse con los personajes y desarrollar su estilo, que en otras franquicias (sobre todo ha destacado en Buffy Cazavampiros) es más que sobresaliente. ¡Bienvenido a la saga galáctica!

    Cursiosidades

    Tenemos la primera aparición en imagen del Doctor Gino’le, el responsable Anacondan médico de la Baliza Starlight que pudimos conocer en el relato Primera Tarea de la Star Wars Insider que tenéis traducido aquí.

    El diseño del Gran Progenitor es el más fiel al concepto original que nos presentaron de los Drengir.

    Tenemos un homenaje, un recurso recurrente, o una inspiración. Como queramos verlo, de nuevo tenemos una composición muy similar al primer número de la serie con Maru y la Starlight. Similitudes al comienzo de ambos arcos.

    Hay también una similitud a la hora de ver a Keeve hacer uso de su poder telepático, tenemos el uso de los morados y un entorno onírico para presentar esta capacidad tan particular de la Jedi.

    La Nightmare Conjuction fue mencionada por primera vez en la novela Dooku: Jedi Lost, también de Cavan Scott, asociada a Darth Krall, del que hemos sabido hace nada que protagonizará una portada variante del siguiente número…

    Conclusión

    Comienza un nuevo arco que consigue darle un cierre al anterior, y dejarnos con los dientes largísmos para lo que se viene. Con el adelanto de la portada de Darth Krall, la mención ahora a la Nighmare Conjution… Lo más probable es que aparezca en un flashback, pero estamos deseosos de saber qué veremos del Sith y sobre todo cómo consiguen acabar con los Drengir ahora que saben que hay un Gran Progenitor que apunta que será la clave de su fin.

    Reseñas de números anteriores

  • Traducción exclusiva del nuevo relato de la serie The High Republic: Starlight – «Peligro Oculto» (Parte 1)

    Traducción exclusiva del nuevo relato de la serie The High Republic: Starlight – «Peligro Oculto» (Parte 1)

    Traducción por Mario Tormo

    Nueva historia centrada en lo que sucede en la Baliza Starlight mientras nuestros héroes se encuentran en sus respectivas misiones. En esta ocasión vemos lo que sucede tras el ataque Drengir que pudimos leer en los cómics de Marvel y En la Osucridad. Escrita por Justina Ireland, esta historia tiene como protagonistas a Velko Jahen y Ghal Tarpfen, a quienes conocimos en el anterior relato Starlight: Primera Tarea (parte uno y parte dos).

    Starlight:
    PELIGRO OCULTO
    (Parte uno)

    Anteriormente:

    El recuerdo del reciente ataque Drengir en la Baliza Starlight aún pesa demasiado en la memoria de su tripulación. Mientras tanto, la estación espacial se prepara para albergar la conferencia anual de la Alianza Agrícola Galáctica…


    Velko Jahen y Ghal Tarpfen iban corriendo por el pasillo que salía del centro de seguridad de la Baliza Starlight en dirección al ascensor más cercano, Ghal presionó el botón que los llevaría al vestíbulo principal con una brutalidad que enmascaraba su angustia interior.

    —¿Crees que llegaremos a tiempo de evitar que se hagan daño uno al otro? —Se preguntaba Velko en voz alta.

    —Sólo podemos esperar que así sea —dijo Ghal.

    En cuanto las puertas se abrieron, salieron del transporte y se toparon con una muchedumbre de diferentes seres.

    Mientras se abrían paso a través del griterío de la multitud, Velko se esforzaba por descubrir el motivo por el cual las cosas se habían torcido tanto, tan rápido…

    ***

    Un Día Antes

    Todo estaba mal.

    Velko miró la pancarta que colgaba sobre el conjunto principal de ascensores que daban servicio a las bahías de acoplamiento principales del Faro Starlight y suspiró. «¡Bienvenida sea la Alianza Agrícola!» proclamaba la tira de tela, con los caracteres en aurabesh bordados en letras verdes brillantes sobre un fondo color marfil.

    —Pensé que nos habíamos decidido por el azul —dijo Velko, frunciendo el ceño, mientras comprobaba en su datapad la solicitud del pedido para la pancarta.

    —¿Azul? No, ustedes querían verde —el creador de la pancarta, un neimoidiano que era bien conocido por sus hermosos tapices y cortinas, miraba a Velko con el ceño fruncido. El evidente disgusto era palpable—. El controlador Rodor Keen dijo verde, por las plantas. Ergo os hice una hermosa pancarta verde.

    —No todas las plantas son verdes —murmuró Velko.

    Pero la pancarta estaba muy bien hecha, era majestuosa y grandiosa sin ser excesiva ¿Qué importaba que Rodor Keen hubiera cambiado sus meticulosos planes una vez más? Está claro, él es el jefe de operaciones de la República, responsable de la Baliza Starlight, pero ¿no podría al menos dejar que ella se encargara de la decoración sin entrometerse? Ah, bueno, al menos esta vez no había sido el Jedi Estala Maru.

    —Está bien ¿Qué pasa con la mantelería y demás para la cena formal?

    —Todo en orden, mi señora, todo en orden —el neimoidiano señaló el grupo de ascensores—. Puedo irme y terminar de colgar los tapices, ¿no?

    —Sí, sí, gracias. Dijo Velko, prestando medianamente atención mientras se alejaba para ocuparse de otras tareas.

    Todavía tenía una docena de asuntos menores de los que ocuparse antes de que llegaran los delegados. Pero lo más importante era la seguridad para el evento, y eso requeriría una visita al centro administrativo.

    Durante los próximos días, la Alianza Agrícola Galáctica celebra su reunión anual en la Baliza Starlight. Después de la destrucción acaecida en el sistema Hetzal y el consiguiente trastorno para las rutas hiperespaciales, esta reunión anual será el primer gran evento que albergará Starlight, solo superado por su ceremonia de inauguración. También será el primer encuentro de la Alianza Agrícola que da la bienvenida a miembros de toda la galaxia, y no solo a los pocos que habitualmente hacían el viaje a Coruscant, donde siempre se celebraba. Con la gente de la frontera preocupada por la seguridad de toda la galaxia, especialmente con la Feria de la República cada vez más cerca, la presión por garantizar que el evento transcurriera sin problemas era enorme. ¿Quién hubiera pensado que tanta gente estaría tan comprometida para mantener felices a un grupo de científicos? Se preguntaba Velko. Aunque no para ella, en Thyrsus, la agricultura siempre había sido considerada como una ocupación llevada a cabo solo por aquellos que eran demasiado cobardes como para defenderse. De hecho, en los últimos días, a Velko se le había hecho ver que no todos los sistemas encontraban la guerra más edificante que el cultivo, y ahora estaba tan decidida como todos los demás a asegurarse de que este evento fuera un éxito. Y eso comenzaba por una seguridad inmejorable.

    Velko se dirigió a la oficina de seguridad, optando por las escaleras de mantenimiento en lugar del ascensor. Últimamente había estado relajada respecto a su forma física, y parecía una buena manera de darse también unos momentos a solas para pensar. Últimamente demasiada gente la reconocía como la persona que se encargaba de que las cosas se llevaran a cabo en la Baliza Starlight, o al menos tenía contacto directo con aquellos que podían hacerlo, y a menudo se encontraba interpelada por alguien que le preguntaba por qué no se servía un determinado plato en el comedor, o por qué las luces se atenuaban en un momento concreto, y muchas otras quejas menores por el camino. Algunos días era difícil hacer algo, especialmente cuando todos parecían olvidar que vivir juntos en la Baliza Starlight significaba tener en cuenta las necesidades de muchas especies diferentes.

    Pero estaba mejorando mucho en el manejo de las demandas y en explicar a los exasperados funcionarios y visitantes de la República por qué no podía atender ciertas solicitudes especiales.

    Después de los primeros dos tramos de escaleras, los muslos de Velko empezaron a arder, y comenzó a correr, disfrutando de la sensación de los músculos trabajando en sus piernas. Cuando pasó por la puerta del quinto piso, se detuvo al toparse con una niña humana de piel morena gruñendo por el peso de una maceta gigante de enredaderas en flor.

    No había nada en la maceta que debiese alarmar a Velko. No era raro ver a los jardineros reorganizar las plantas que estaban diseminadas por varios lugares de la estación, pero había algo en estas enredaderas que le recordaba a los drengir. Era ridículo, por supuesto, ya que la planta de la maceta no se estaba comiendo a la chica ni estaba tratando de atacar a nadie, pero todo el mundo estaba preocupado desde que hubo aquella plaga de criaturas en Starlight, no hace tanto tiempo. Y Velko no era una excepción.

    —Oye, no deberías haber vuelto aquí —jadeó Velko, sintiéndose sin aliento más de lo debido teniendo en cuenta que había sido una subida tan corta. Realmente tenía que empezar a sacar tiempo para hacer ejercicio.

    —Oh, mi mentor me dijo que se suponía que debía llevar estas plantas al comedor y que tenía que hacerlo en unos veinte minutos para asegurarme de que las flores no se marchitaran. Esta es una planta muy frágil, y la humedad ambiental en la Baliza Starlight es aproximadamente del cuarenta y cinco por ciento, que es demasiado baja, pero el jardín de arriba se mantiene a un ochenta y cinco por ciento de humedad, lo que es mucho más aceptable. Además, todos los ascensores estaban ocupados y me preocupaba no llegar a tiempo.

    Velko parpadeó mientras la chica continuaba charlando y levantó una mano para interrumpir su cháchara.

    —En realidad eso no explica cómo volviste aquí.

    —¡Oh, cortocircuité la cerradura! —dijo la chica—. Las cerraduras estándar de la República tienden a usar una equivalencia trenzada del cifrado de Gratton, y el algoritmo de Maben se establece en un pulso de cuatro tiempos. Es extraño, ¿verdad?, que tantas cerraduras gubernamentales en toda la galaxia respondan exactamente a los mismos patrones de datos. De todos modos, no tengo mucho tiempo para explicarlo, pero estaré encantada de enseñártelo más tarde si quieres.

    Velko tuvo la extraña sensación de estar cayendo desde una gran altura.

    —Lo siento pero, ¿tú quién eres? —Velko se cruzó de brazos mientras la irritación se iba apoderando de ella, y olfateó, consciente del aroma picante de las flores en la maceta que sostenía la niña. Le hizo cosquillas en las fosas nasales.

    La puerta frente a la chica se abrió deslizándose, apareciendo un droide niñera de color rosa dorado al otro lado.

    —Bueno, Avon, parece que tus cálculos fueron incorrectos porque de hecho te gané. Incluso fui a buscarte al invernadero, donde esta planta debería estar en los próximos ocho minutos. Y me debes una lata de aceite de canuda para mis juntas.

    —Avon Starros —dijo la chica con una gran sonrisa, ignorando al droide y respondiendo a Velko—. Estoy aquí con la Alianza Agrícola Galáctica para el simposio previsto. ¡Tengo que irme, pero me aseguraré de usar los ascensores a partir de ahora! —dijo la chica, levantando la maceta y corriendo tras su droide, quien mantuvo una charla constante con la chica mientras las dos se iban.

    Curioso.

    Velko salió por la puerta inmediatamente después de la pareja, pero no había rastro ni de la chica ni de su droide.

    Encogiéndose de hombros ante el extraño encuentro, Velko centró su atención una vez más en prepararse para la llegada del resto de la Alianza Agrícola.

    ***

    Un día después, tras varias rondas de discusiones (o «desacuerdos vocales», como Rodor prefiría llamarlos), todo estaba en su lugar. Cada elemento de Starlight parecía tener un poco más de brillo, y los dormitorios se habían reservado y preparado para más de cien de los botánicos, expertos agrícolas y biólogos más importantes de la galaxia. La comida para tantos invitados extra estaba encargada y preparada con especial cuidado para satisfacer los particulares gustos y aversiones de cada una de las especies. Había carnes y verduras para las formas de vida basadas en el carbono, varias sopas e infusiones vigorizantes para las formas de vida no basadas en el carbono, y suficiente vino como para una gran cantidad de tabernas. Los científicos estarían bien alimentados y descansados, y algunos de ellos posiblemente estarían algo más que ligeramente embriagados.

    Pero eso era absolutamente perfecto, porque habían aprendido mucho sobre seguridad después del incidente con el embajador Ceeril. No habría sorpresas. Se habían tenido en cuenta todos los tratados históricos y conflictos.

    La Baliza Starlight estaba preparada.

    Velko se detuvo en la bahía de atraque y esperó a que las naves comenzaran a llegar. Habían convencido a la Alianza para coordinar sus viajes de manera que el centenar de científicos llegara en cinco naves: una desde Coruscant, otra desde Chandrila y tres desde cada extremo de la galaxia, específicamente desde los planetas Onderon, Ord Mantell y Raxus. Los científicos estarían irritados y de mal humor después de sus viajes, la mayoría de la gente generalmente lo estaba, así que Velko planeaba saludarlos y asignarlos a sus dormitorios rápidamente para que pudieran relajarse antes de la gran cena esa noche.

    Nada podía salir mal.

    ***

    Horas más tarde, después de sonreír, hacer una reverencia y saludar a ciento seis científicos agrícolas, Velko caminó hasta el centro administrativo encontrándose a la jefa de seguridad de Starlight, la Jefa Ghal Tarpfen, observando los monitores que iban mostrando alternativamente diferentes imágenes de la Baliza Starlight: las bahías del hangar, el comedor, el jardín de meditación, el vestíbulo, y así sucesivamente. Las imágenes pasaban tan rápidamente que hicieron que Velko se sintiera un poco mareada.

    —Me sorprende que puedas hacer un seguimiento de todo lo que está sucediendo —bromeó Velko.

    Tarpfen, una mon calamari sin una pizca de humor, tomó un sorbo de una taza con un líquido verdoso y no dijo nada durante un largo rato.

    —¿Me estás controlando? Porque son solamente un puñado de científicos —dijo finalmente—. Lo más emocionante que han hecho es caminar por los jardines de meditación oliendo las flores. Que por cierto, todas están floreciendo, tal como querías.

    —Ah, tendré que darle las gracias a Castor por ocuparse de eso.

    Velko había pensado que estaría bien hacer florecer los jardines para la visita de los científicos, ya que todos eran biólogos y horticultores y cosas por el estilo. Las personas que amaban las plantas seguramente les encantaban las flores, y sería una tarea sencilla para el jardinero. Dado que los jardines de Starlight ya estaban en un horario artificial, no habría sido un gran problema, pero era estupendo saber que habían logrado hacerlo. Unas flores bonitas ocupaban una posición menor en la lista de prioridades cuando había cien personas a las que mantener a salvo, alimentadas y alojadas, pero era un buen detalle de todos modos.

    Un sonido como de timbre captó la atención de Velko, y frunció el ceño ante una de las pantallas de más abajo cuando comenzó a parpadear.

    —¿Qué está pasando ahí?

    Tarpfen se inclinó hacia delante y dejó a un lado su taza de té tarine.

    —Parece que un droide cámara detectó una infracción en esta área. Los droides están programados para reconocer más de tres mil tipos diferentes de infracciones agresivas.

    —¿Agresivas…? —Empezó a decir Velko, pero no tuvo la oportunidad de terminar.

    En la pantalla, un macho ithoriano se abalanzó sobre un amani, quien respondió moviendo la cola y golpeando al ithoriano.

    —¡Tarpfen!

    —Estoy en ello —dijo la mon calamari, poniéndose en pie y siguiendo a Velko que salía corriendo por la puerta.

    ***

    La pelea había comenzado en el vestíbulo principal, no lejos de los jardines, y cuando Velko y Tarpfen aparecieron por uno de los ascensores cercanos, el ithoriano y el amani estaban enzarzados en un combate en toda regla. Ninguno de los dos decía una palabra. En su lugar, se siseaban y chasqueaban el uno al otro, emitiendo unos sonidos guturales tan feroces como violentos.

    Una multitud se había congregado para ver la pelea, y atravesar el gentío se hacía lento. Tarpfen no vaciló. Sacó su bláster y disparó dos tiros dirigidos a los luchadores, derribándolos a ambos.

    —No te preocupes. Sólo los he aturdido —exclamó, en respuesta a la expresión de sorpresa de Velko.

    —Lo sé, pero ¿disparar a nuestros invitados? —Velko negó con la cabeza—. Eso nunca es una respuesta adecuada.

    Aun así, el fuego láser había dispersado a la multitud más rápidamente que los gritos y empujones, aunque Velko no estaba impresionada por la impulsiva decisión de Tarpfen de disparar contra dos seres en medio del vestíbulo.

    —¿Preferirías que los hubiera dejado machacarse el uno al otro hasta convertirse en pasta de proteína? —Preguntó la jefa Tarpfen con voz plana.

    Velko respiró hondo y suspiró, pero tan pronto como abrió la boca para indicarles a los droides de seguridad que llevaran a los dos luchadores al centro médico, una fornida siniteen de piel amarilla opaca y el ceño fruncido la interrumpió.

    —¿Qué significa esto? —preguntó la mujer, con las venas de las crestas de su gran cabeza palpitando con evidente disgusto—. ¿Cómo se atreve a ponerse a disparar indiscriminadamente contra mis colegas?

    —Estos individuos se estaban peleando —comenzó a decir Tarpfen, pero Velko se interpuso entre las dos mujeres y le hizo una pequeña reverencia a la siniteen.

    —Mis disculpas, pero la Jefa Tarpfen tiene razón. Soy la administradora Velko, ¿puedo ayudarla de alguna manera?

    —Ah, Velko, la persona que estaba buscando. Soy la profesora Sh’nar Qwasba, la actual presidenta de la Alianza Agrícola Galáctica. Me temo que acabo de llegar y no he tenido la oportunidad de ponerme en contacto con usted antes. Estaba convencida, hasta ahora, de que la acogida en Starlight estaba siendo excepcional, pero luego mi asistente me dijo que mis colegas estaban peleándose en el vestíbulo.

    —Sí, es por eso por lo que han sido, um, reducidos. Vamos a hacer que los lleven al centro médico.

    —Y luego serán detenidos hasta que comprendan que la Baliza Starlight tiene una política de tolerancia cero con las peleas —intervino Tarpfen.

    —Andar disparando a civiles quizá sea algo extremo, ¿no? —Dijo Sh’nar con aplomo y expresión de disgusto.

    Velko estaba de acuerdo, Tarpfen debería haber mostrado más moderación, pero cualquiera de los dos podría haber matado al otro si la jefa no hubiera intervenido.

    —Fue la mejor elección en ese momento —dijo la mon calamari, parpadeando.

    —¿No es para eso para lo que sirven los droides de seguridad? —Preguntó Sh’nar, cruzando los brazos.

    —Los droides no siempre son los mejores evaluando situaciones que cambian rápidamente, no sé si me entiende —dijo la jefa Tarpfen—. Fue mucho mejor para sus colegas recibir un disparo aturdidor.

    Los droides médicos, y mas personal, llegaron al lugar de los hechos para atender a los luchadores heridos. Lo que incluyó a Okana, a quien Velko saludó con la mano. La médica ovissiana verde pareció estar muy interesada en la discusión entre la jefa Tarpfen y la profesora Qwasba, pero centró su atención en los heridos cuando los subieron a las camillas.

    —Profesora, ¿quizá querría acompañarnos al centro médico? Una vez que se reconozca a los dos infractores, les tomaremos declaración y los pondremos a su disposición —aseguró Velko a Sh’nar—. Estoy segura de que sea lo que sea lo que los llevó a pelearse fue un pequeño desacuerdo, ya que dijo que son viejos amigos.

    Antes de que Velko pudiera añadir algo más, la jefa Tarpfen levantó la mano hacia el comunicador que llevaba alrededor de la sien. Sin decir una palabra y apenas asintiendo a Velko, Tarpfen salió a correr hacia el ascensor más cercano.

    —¿Y a dónde va? —preguntó la profesora Qwasba, desconcertada.

    Velko no respondió. Estaba escuchando la misma alerta del maestro Estala Maru por su auricular.

    —Todos los Jedi y personal de seguridad, diríjanse al comedor inmediatamente. Disturbios en curso. Esto es una emergencia.

    El estómago de Velko se encogió de miedo mientras corría tras Tarpfen, recordando a la chica que había estado transportando las extrañas enredaderas a aquel lugar. Plantas que le habían recordado a… ¡los Drengir!

    CONTINUARÁ…


    En el próximo número de la revista Insider veremos desatarse la violencia en la Baliza Starlight, con la Parte 2 de «Peligro Oculto», escrita por Justina Ireland. Si queréis leer los relato anteriores tenéis los enlaces a continuación:

  • Primera Tarea, Parte 2. Traducción exclusiva del relato canon de The High Republic

    Primera Tarea, Parte 2. Traducción exclusiva del relato canon de The High Republic

    Traducción por Mario Tormo

    Os traemos la conclusión del segundo relato de La Alta República, escrito por Cavan Scott, dentro de la serie Starlight que publica regularmente la revista Star Wars Insider. Estas historias expanden los hechos que hemos podido leer en la primera ola de esta nueva era de Star Wars situada 200 años antes de los sucesos de La Amenaza Fantasma. Podéis leer la parte 1 aquí.

    Anteriormente

    Sedar a un furioso medoslean en el centro medico de la Baliza Starlight no era como Velko Jahen había pensado que sería su primer día como administradora en la estación. Y el repentino asesinato de un embajador skembo, el cual le había pedido protección, solo consiguió empeorar las cosas…

    Arte de Louie Di Martinez

    Starlight:
    PRIMERA TAREA
    (Parte 2)

    Todo el mundo estaba hablando a la vez, todos excepto Velko Jahen. Las horas transcurridas desde el intento de asesinato estaban borrosas. Velko aún podía ver el cuerpo del embajador Ceeril desplomado sobre la cama cada vez que cerraba los ojos y estaba convencida de que el olor a carne carbonizada aún flotaba en el aire, incluso aquí, en el vasto centro de operaciones de la Baliza Starlight. Había visto heridas de bláster antes, demasiadas para recordarlas todas, y olían mucho peor en los campos de batalla de Soika. ¿Por qué este ataque, orquestado no en la mugre de una trinchera excavada apresuradamente, sino en el estéril centro médico de la estación espacial más nueva y más grande de la República, la había abrumado?

    —¿Administradora?

    Velko tardó un minuto en darse cuenta de que Rodor Keen estaba hablando con ella. ¿Cuántas veces había obligado al jefe de operaciones de Starlight a repetir su rango antes de responder? La expresión de su rostro le daba la respuesta: ¡Demasiadas!

    —Lo siento, señor —balbuceó, molesta por lo nerviosa que sonaba—. Estaba repasando lo que ocurrió una última vez.

    —Una idea excelente —sonó una voz detrás de ellos. Velko y Keen se volvieron para ver caminando hacia ellos a una de las figuras más llamativas que jamás habían visto. El corazón de Velko se paró. Había estado esperando este momento desde que obtuvo su cargo, anhelando conocer a esta mujer, pero jamás se la habría imaginado así.

    La maestra Jedi Avar Kriss, Mariscal de la Baliza Starlight y Heroína de Hetzal, era tan impresionante como cabría esperar de la persona que había planeado la respuesta Jedi al Gran Desastre, salvando miles de millones de vidas en el sistema Hetzal y más allá. Todo en ella irradiaba confianza, desde su vaporosa túnica hasta los penetrantes ojos azules que ahora miraban Rodor Keen con la intensidad de un equipo de fijación de objetivo. Ni el hecho de que estuviera flanqueada por una mujer Jedi al menos tres décadas mayor que ella, y sin mencionar al imponente wookiee vestido con el ropaje de los padawans, conseguían disminuir su presencia en la habitación. Velko tenía la impresión de que Avar Kriss podría estar rodeada por todos y cada uno de los Jedi de aquí y de allí, y aun así todos las miradas seguirían centradas en ella.

    Esto no iba a ir bien.

    Junto a ellos, Estala Maru dio un paso adelante para recibir a los recién llegados por turnos.

    —Mariscal. Maestra Assek. Padawan Burryaga. Bienvenidos de nuevo a Starlight. ¿Puedo dar por hecho que su misión en el Clúster de Málaga ha sido un éxito?.

    —El acuerdo comercial entre Ayelina y Ludmere se firmó sin incidentes —confirmó Kriss—. Y pese a ello, conseguimos evitar una crisis diplomática para toparnos con otra en Starlight.

    —Las cosas se han complicado un poco en vuestra ausencia.

    –Lo cual es decir poco —intervino Keen, con un nervio de la sien palpitando sobre su ojo cibernético.

    —¿Qué ha pasado? —Preguntó Kriss, dirigiendo su atención al jefe de operaciones—. Pudimos sentir la inquietud desde que llegamos.

    —Tal vez deberíais verlo vosotros mismos —interrumpió Maru antes de dirigirse al astromecánico que nunca andaba lejos de él—. Kaysee, informa al centro médico de que la Mariscal está en camino.

    ***

    La habitación de Ceeril estaba exactamente como la había visto Velko por última vez, aunque ahora había más gente, con Kriss y sus acompañantes apiñados alrededor de la cama, ahora vacía.

    —¿Y es aquí donde encontró al embajador administradora Jahen?

    Velko asintió con la boca seca.

    —Sí, Mariscal. Estaba tendido boca arriba…

    —Había recibido un disparo en el pecho.

    —Así es.

    —¿Y qué hay de su guardaespaldas?

    —Destruido. Habían arrancado su cabeza de los hombros —dijo Ghal Tarpfen, la mon calamari jefa de seguridad de Starlight, que los había estado esperando en el pabellón. Dio un paso adelante, señalando pequeños fragmentos de metal incrustados en lo alto de la pared del fondo—. Pueden ver metralla de sus procesadores, aquí y aquí.

    De pie, junto a la puerta, Burryaga lanzó una pregunta que Maru se apresuró en responder.

    —Las imágenes de seguridad son un misterio.

    El kessuriano asintió con la cabeza a su astromecánico, que proyectó obedientemente una imagen de la escena de esa mañana. Velko frunció el ceño al verse a sí misma de pie hablando con Ceeril, y al droide guardaespaldas que todavía se tenía sobre sus anchos pies. Luego vino el alboroto exterior, con Velko saliendo por la puerta segundos antes de que la imagen se perdiera con interferencias.

    —La señal se interrumpió minutos antes del ataque.

    —El asesino cubriendo sus huellas —sugirió Nib Assek mientras el astromecánico avanzaba la imagen rápidamente hasta que volvía a ser nítida, mostrando al skembo, ahora boca abajo, sobre la cama, y el droide caído hacia atrás con un golpe.

    —Todavía no me puedo creer que nadie haya escuchado nada —se quejó Keen—. Un bláster no es nada silencioso.

    —Estábamos distraídos —admitió Velko.

    —Con el incidente del… Repetidme ¿qué era? —Preguntó Assek.

    —Un medoslean —le dijo Tarpfen—. El paciente tuvo una convulsión violenta y comenzó a atacar a los miembros del personal, incluido yo mismo. Si no hubiera sido por la administradora Jahen aquí presente, la situación podría haber sido mucho peor.

    —¿Peor? — Espetó Keen—. Un embajador ha recibido un disparo en la . ¿Tiene idea de a cuántos supervivientes estamos atendiendo desde el desastre del hiperespacio?»

    —Dieciocho mil cuatrocientos setenta y cuatro —dijo Maru, atrayendo una mirada furiosa del coordinador—. Lo siento. Era una pregunta retórica, ¿verdad?

    —Cualquiera que sea el número —continuó Keen—, se supone que Starlight es un refugio, un santuario, y sin embargo, esto sucedió justo delante de nuestras narices.

    —La verdadera pregunta es, ¿qué van a hacer al respecto?

    Los Jedi y los oficiales de la República se volvieron para mirar al embajador Ceeril al otro lado de la puerta. El skembo de rostro rocoso estaba encorvado en una silla repulsora, con un chaleco de bacta que cubría su pecho. Burryaga se hizo a un lado para dejar pasar a Kriss, mientras la mariscal saludaba al mandatario herido con una reverencia.

    —Su Excelencia, me alegro de que haya sobrevivido a esta terrible experiencia.

    —No gracias a ninguno de ustedes —espetó Ceeril, agarrándose el pecho.

    —Eso no es del todo cierto —señaló Maru, mirando a la enfermera Okana, que había conducido al embajador de vuelta al pabellón—. Si el doctor Gino’le y su personal no hubieran respondido tan rápido…

    —Los hasarianos se hubieran salido con la suya, sí, lo sé.

    —¿Los hasarianos? —Preguntó Kriss, atrayendo una furiosa mirada del dolorido embajador.

    —Esos brutos no descansarán hasta que los skembo sean expulsados del sector. Una y otra vez le hemos pedido ayuda a la República, y una y otra vez nos la han negado.

    —¿Vio a su agresor?

    —Tan claramente como la veo ahora.

    —Al contrario que las cámaras —agregó Assek.

    —Encontraron los cabellos, ¿no? —Preguntó Ceeril, tosiendo con dureza—. ¿En mi droide? —Eso era cierto. Velko los había encontrado ella misma, pelos atrapados entre las tenazas, ahora durmientes, del droide. Del mismo color que los de las melenas de los hasarianos, que se encuentran en otras partes de la enfermería—-. ¿Cuántas pruebas más necesitan?

    La tos del embajador se intensificó y su cuerpo se retorció con agonía. El doctor Gino’le se acercó con sus patas mecánicas y le ordenó a Okana que acompañara a Ceeril a la habitación que había sido preparada al otro lado de la sala. El grupo de la mariscal lo vio irse. El rostro de Rodor Keen se había oscurecido tanto como el del skembo había palidecido.

    Kriss se volvió hacia el coordinador tan pronto como Ceeril estuvo los suficientemente lejos como para no escucharlos.

    —¿Tenemos hasarianos en la estación?

    Velko habló antes de que Keen pudiera responder.

    —Un par, sí.

    Una mirada mordaz del coordinador volvió a dejarla bloqueada de nuevo.

    —¿Y qué es lo que cuentan de sí mismos?» Preguntó Kriss.

    —Ambos resultaron gravemente heridos en la emergencia de Wazta —dijo Keen—. Uno ha estado en un tanque de bacta durante tres días y el otro apenas está consciente.

    —¿Podemos estar seguros de eso? —Preguntó Tarpfen.

    —Sería la tapadera ideal —coincidió Assek.

    Kriss suspiró.

    —¿Puedo verlos?

    —Por supuesto —dijo Tarpfen, conduciendo al grupo hacia el siguiente pabellón—. Por aquí.

    Velko fue a seguirlos, pero Keen la detuvo.

    —Usted no, administradora.

    Frunció el ceño.

    —¿Señor?

    —Necesitamos un informe completo para el Senado. No te dejes nada por poner. Nada en absoluto.

    Así que eso era todo. Velko era apartada, reducida a presentar informes mientras Ghal Tarpfen lideraba la operación. Hasta aquí su brillante carrera en la primera mega-estación de la República. La pondrían en un rincón del centro de operaciones antes de que pudieras decir «Dank Farrik».

    Solamente al escuchar el murmullo de KC-78 se dio cuenta de que no todo el grupo se había ido con Tarpfen. El astromecánico todavía estaba en la sala al igual que su maestro.

    —Te envidio —le dijo Maru, con un atisbo de sonrisa.

    —¿Me envidia?

    —¿Un informe completo? ¿Con todos esos jugosos detalles? Mi paraíso particular.

    Ella arqueó una ceja.

    —Puede escribirlo si lo desea.

    Un suspiro melancólico escapó de sus delgados labios.

    —Por desgracia, la estación no funcionaría sola. Pero me lo puedo imaginar, ¿verdad Kaysee? —Miró al pequeño droide—. Cotejar pruebas de cada uno de los testigos. Incluso de la propia víctima.

    El astromecánico lanzó un pitido agudo.

    —Admito mi error. Víctimas, plural. Ese desafortunado guardaespaldas.

    —Ese destruído guardaespaldas —le recordó Velko.

    Maru la miró con esos curiosos ojos escarlata.

    —Por supuesto. Ahora, ¿a dónde se llevaron a ese pobre? —Sacó un datapad de su manga, deslizó la pantalla y el dispositivo le devolvió un bip resolutivo—. Ah, sí. A la torre de seguridad. Sala de pruebas tres .

    Velko dio un respingo allí donde estaba, captando inmediatamente la indirecta nada sutil que Maru acababa de lanzarle. Quizás había algo más en este kessuriano de lo que parecía después de todo.

    —¿Tengo acceso a la sala de pruebas tres? —Preguntó ella.

    —No —respondió el Jedi con picardía mientras se giraba y salía de la habitación—, pero Kaysee sí…

    ***

    La torre de seguridad era tan austera que contrastaba con la opulencia del resto de la estación. Las paredes eran de bronce pulido y los muebles eran vastos aunque funcionales. Los restos del droide guardaespaldas habían sido depositados en una mesa de operaciones elevada, iluminados por luces de un color azul intenso.

    —¿Listo para grabar, Kaysee? —Preguntó Velko al droide.

    El astromecánico emitió un pitido indicando que sí lo estaba.

    —De acuerdo. La unidad guardaespaldas está intacta excepto por el daño en su cabeza —examinó sus manos mecánicas—-. Las pinzas acaban de ser escaneadas y revelan restos de ADN hassariano, lo que confirma que el cabello era de un hassariano —trató de imaginarse a una de las criaturas altas que había visto en los pabellones entrando por la puerta, y al guardaespaldas corriendo para proteger a su amo. Un forcejeo y al droide arrancando un mechón de pelo. Algo no cuadraba.

    —Kaysee, ¿puedes volver a ponerme la grabación?

    El holoproyector de KC-78 zumbó y Velko se vio a sí misma una vez más desaparecer a través de la puerta, dando paso entonces a las interferencias, y después la imagen parpadeando de nuevo y mostrando al guardaespaldas cayendo al suelo.

    —¿Pero de dónde vino el disparo? —Se preguntó Velko en voz alta.

    KC lanzó una pregunta, pero lo ignoró, inclinándose para mirar el daño en la cabeza cilíndrica del guardaespaldas. Con cuidado, Velko pasó un dedo por el borde irregular donde había estado su única unidad receptora, extrayendo un fragmento de metal chamuscado.

    —¿Puedes escanear esto? —Le preguntó a su compañero, sosteniendo el fragmento frente al microanalizador de KC. La luz azul bañó el metal mientras los procesadores zumbaban y hacían clic en el interior del rechoncho chasis del droide.

    —¿Y bien?

    El droide emitió pitidos emocionado mientras pronunciaba el veredicto, y en un instante Velko supo quién había disparado al embajador.

    ***

    Podía escuchar a Ceeril quejarse en voz alta mientras se acercaba a su nueva habitación. Nib Assek y Burryaga habían permanecido en la puerta, en un intento de convencer al embajador de que se estaban tomando en serio el peligro. Assek asintió con la cabeza en señal de saludo cuando Velko entró en la habitación, con KC-78 a su lado, encontrándose al skembo reprendiendo a Ghal Tarpfen mientras Okana intentaba cambiarle los vendajes.

    —No me importa lo que estén haciendo ni a quién hayan puesto para proteger mi habitación, no me sentiré seguro hasta que la mariscal Kriss o el coordinador Keen me informen personalmente de lo que están haciendo al respecto de la vil amenaza hassariana. Exijo justicia. ¡Exijo acciones!

    —La amenaza ha pasado —dijo Velko, tan tranquilamente como pudo, ignorando la mirada de desconcierto que le dirigió la jefa de seguridad cuando entró en la habitación—. No corre ningún peligro.

    Los ojos del skembo se abrieron completamente.

    —¿Ha deportado a los hasarianos de Starlight?

    Velko negó con la cabeza.

    —No es necesario. Su ‘asesino’ ha desaparecido.

    Lo que quedaba de la cabeza del guardaespaldas resonó cuando la tiró sobre su regazo.

    —¿Qué significa esto? —Farfulló Ceeril, apartando la unidad decapitada lejos de él.

    —Me estaba preguntando lo mismo —dijo Tarpfen, señalando el trozo de metal retorcido—. Eso es un prueba.

    —Lo es —coincidió Velko—. Una cabeza destrozada a quemarropa como prueba. Vimos a su pobre guardaespaldas caer hacia atrás y acabar en el suelo en el momento en que las cámaras volvieron a estar operativas. Sin embargo, me pareció extraño que esas mismas imágenes no mostraran al asesino.

    —Deben haber disparado cerca de la puerta —tartamudeó Ceeril.

    —¿Antes de salir a correr?

    —No sabría decir. ¡Estaba demasiado ocupado aferrándome a la vida!

    —Y, sin embargo, nuestros misteriosos asesinos no dispararon cuando el droide estaba lo suficientemente cerca como para arrancarles un mechón de pelo de la cabeza. En vez de eso, esperaron hasta que estaban a punto de escaparse, disparando a un guardaespaldas cuyas armas estaban desactivadas —señaló la unidad craneal carbonizada que yacía frente al horrorizado embajador—. Extrañamente, la cabeza no ofrece pruebas de residuos de bláster, aunque sí encontramos restos de detonita dentro del chasis.

    —¿Dentro? —La pregunta de Tarpfen quedó sin respuesta cuando Ceeril sacó una lengua increíblemente larga y sorprendentemente pegajosa que arrebató de la cadera de la mon cala su blaster para cambiar de dueño.

    —¡Creo que no! —Espetó la mon calamari, agarrando la lengua cuando se retiraba y sujetándola con fuerza. El embajador se atragantó y se echó hacia atrás, pero Tarpfen lo agarró con firmeza y la pareja se enfrascó en un extraño tira y afloja.

    —¿Qué significa todo esto? —Una voz resonó mientras Rodor Keen aparecía por la puerta, mirando con incredulidad la escena, con Avar Kriss y un divertido Estala Maru tras de él.

    —El embajador intentó desarmarme —le dijo Ghal Tarpfen al controlador, dejando de agarrar su lengua, que volvió a la boca de Ceeril con un fuerte golpe y dejó caer el bláster al suelo.

    —Probablemente porque fingió su propio asesinato —dijo Velko, señalando con la cabeza a KC-78. El droide emitió varios pitidos como respuesta y proyectó un holograma de los restos del guardaespaldas esparcidos en la sala de pruebas, con una ligera diferencia.

    —¿Es un compartimento oculto? —Preguntó Keen, mirando una pequeña tapa que estaba abierta en el pecho del droide.

    —Lo es —respondió Velko—. Tuve que investigar un poco, pero cuando lo encontré, Kaysee pudo identificar ADN hassariano dentro del compartimento.

    —¿Del tipo que queda cuando escondes pruebas falsas en un compartimento privado? —Preguntó Tarpfen, mirando con el ceño fruncido al embajador, que estaba pasando el dorso de su mano fría su lengua palpitante.

    —Además de esto —dijo Velko, sacando un bote de gas bláster de su bolsillo—, que contiene el suficiente eleton para cargar un arma. Suficiente para mutilar…

    —Pero no tanto como para matar —Tarpfen parecía querer terminar el trabajo ella misma.

    —Fue temerario —admitió Velko—. Programar a tu droide para que simule el disparo y luego detonar un explosivo alojado dentro de su unidad craneal.

    —Destruyendo así cualquier rastro del engaño —concluyó Keen, cruzando los brazos con decisión.

    —Eso es un sinsentido —protestó el embajador, revolviéndose en su colchón—, eso es lo que es.

    —¿Lo es? —Ceeril palideció cuando Avar Kriss avanzó hacia el centro de la habitación y se detuvo a los pies de la cama—. ¿Sabe lo difícil que es mentir frente a una Jedi, embajador?

    —Especialmente cuando la administradora Jahen ha proporcionado multitud de pruebas —dijo Maru, tocando su siempre presente datapad—. Todo lo cual acabo de enviarlo al servicio de seguridad de la República en Coruscant.

    —¿No es ese mi trabajo? —Preguntó Ghal Tarpfen, sonando más divertida que molesta, con el arma otra vez en sus manos.

    —Eso es lo maravilloso de la Baliza Starlight —dijo Avar Kriss, volviéndose hacia Ceeril—. La República y los Jedi trabajando juntos por el bien de todos. Creo que formamos un gran equipo, ¿no es así, embajador? Quizás sería mejor si pasara el resto de su convalecencia en el centro de detención.

    —¿Quieres hacer los honores? —Preguntó Tarpfen a Velko, pero ella negó con la cabeza—. Tú eres la jefa de seguridad.

    —Y a ti se te debe un recorrido por Starlight —le dijo Rodor Keen mientras Burryaga maniobraba la camilla del skembo fuera de la habitación, bajo la atenta mirada de Tarpfen—. Dime, ¿por dónde te gustaría empezar?

    La decisión quedó fuera de su alcance cuando llegó un aviso por el sistema de comunicaciones, una voz ronca y sibilante informaba a la mariscal Jedi que habían recibido una llamada de socorro del Sistema Kazlin.

    —Tal vez deberíamos ir donde esté la acción —dijo Velko mientras Avar Kriss se dirigía al turboascensor.

    —Una excelente idea, administradora —coincidió Keen—. Creo que encajarás perfectamente».

    FIN


    El siguiente número de la revista Insider, el 203, traerá un nuevo relato de la mano de Justina Ireland. Si os habéis quedado con ganas, os recordamos que tenéis los anteriores relatos ya traducidos:

    Starlight: Vamos Juntos. Parte 1Parte 2.

    Starlight: Primera Tarea. Parte 1, Parte 2.

  • Reseña de Star Wars The High Republic #4

    Reseña de Star Wars The High Republic #4

    Escrito por Mariana Paola Gutiérrez

    Hoy os dejamos la reseña de La Alta República #4. Antes de pasar a esta nueva aventura haremos un repaso del número anterior. Espero que lo disfruten. ¿Vamos?…

    Resumen

    Todo comienza con una nave abandonada, una incursión Nihil y la respuesta de un grupo de Jedi a esta situación. En Sedri Minor mientras Avar y Sskeer trataban de calmar a un desorientado Terec. Keeve toma la decisión de investigar la desaparición de Ceret y un pequeño niño local. Termina encontrando a ambos en manos de un Drengir.

    Al saber que la padawan se había marchado, Avar decide buscarla y Terec queda a cargo del maestro Sskeer. Pero algo extraño sucede y el trandoshano termina infectado con unas esporas extrañas proveniente del padawan a su cuidado.

    En tanto, Keeve debe enfrenta cara a cara a la enorme planta carnívora y Avar hace su aparición cortando a la criatura en dos. Entonces cuando creen que estarán a salvo, este se duplica y un Sskeer infectado cambia de bando para atrapar a sus compañeras Jedi que ahora cuelgan a sus pies.

    Star Wars: La Alta República #4

    • Editorial Marvel
    • 32 páginas
    • $ 3.99
    • Escrito por Cavan Scott
    • Arte de Ario Anindito
    • Entintador: Mark Morales
    • Colorista: Annalisa Leoni
    • 7 de abril
    • Portada: Phil Noto

    Historia:

    Atrapada junto a quienes vinieron a rescatar y la Marshall del Starlight Beacon Avar Kriss, Keeve reflexiona sobre su maestro. La escena nos lleva seis años antes a Kirima, dónde Sskeer instruye a su padawan en el arte de caer y aterrizar como un verdadero Jedi. Ella no se siente segura de estar preparada para esto, pero él la anima a dar un salto de fé.

    «La fuerza está contigo Keeve»

    El maestro Sskeer alienta a su padawan a saltar

    Mientras descendia la confianza también, perdiendo así el control de la acción. Y cuando estaba por convertirse en uno con la fuerza, su maestro interviene evitando la catástrofe. Trennis se disculpa, pero Sskeer le explica que «No hay atajos en el camino de la fuerza»… Para finalmente alentarla a intentarlo otra vez.

    Volviendo a los hechos actuales…

    Mientras colgaba de las extrañas ramas de los carnívoros sensibles llamados Drengir, Avar Kriss confrontaba a Sskeer quien permanecía parado a su lado con el sable de luz en su mano. El repetía que debían alimentarse, pero parecía que no era un mensaje del maestro. En ese momento Avar le dice que la gente estaba desapareciendo, gente que había jurado proteger antes de dejarse corromper. Seguramente con la intención de recordarle quien era, pero aún así no parecía reaccionar.

    En ese instante Kriss descubre que Sskeer se había separado de la fuerza y por eso no podía escuchar su canción. Quizás también por esa razón no podía conectarse con él para ayudarle a volver a la luz.

    «Avar Kriss, siempre tan convencida de que la galaxia baila a tú ritmo. Dices que quieres entender, dices que quieres saber. Entonces por una vez debes escuchar la verdad. Escucha el canto del Drengir

    Entonces la historia fue relatada, los Drengir habían cosechado por toda la galaxia. Otros vieron su poder y se unieron a la cosecha, para mayor beneficio de ambos, pero fueron traicionados. Atraparon a la primera de ellos dentro de sus tótems para obligarla a dormir. Mientras la progenitora dormía, ellos dormían bajo la tierra, hasta que los viajeros la encontraron. Despertándola de su profundo sueño. Y despertándonos a todos.

    Mientras tanto en el Faro Starlight…

    Vernestra, Imri, Maru y Lahru descubren en la autopsia del Hutt asesinado que las heridas no eran provocadas por los Nihil, tampoco por envenenamiento con nagnol, estaba infectado. Las venas del muerto estaba atravesadas por un complejo sistema de raíces. Y de pronto, algo se movía dentro de él, desgarrando todo, para salir e invadir el lugar, atacando a quienes estaban a su alrededor. Las medidas de cuarentena iban a ser puestas a prueba en este instante.

    De vuelta en las profundidades de Sedri Minor…

    Keeve Trennis, no podía aceptar perder a su maestro, entonces apeló a tocar su corazón. «No hay atajo en el camino de la luz, ¿recuerdas? eso es lo que me enseñaste, es lo que todavía creo. Porque sigo creyendo en tí.»…

    Y cuando todo parecía perdido, Sskeer, el gran maestro, el estratega, cortó el dominio de los Drengir y volvió a ser él. Todo había sido un arriesgado plan, para entender la verdadera naturaleza de los Drengir y comprender sus puntos débiles.

    Y cuando el maestro Sskeer quiso revelar lo que le había sucedido estás últimas semanas, Avar corto el momento y les dijo que eso debería esperar porque aún tenía al pequeño amigo que Keeve había hecho en este planeta. Debían rescatarlo.

    Ya de vuelta en el pueblo después de confrontar a los Drengir, los Jedi se encuentra con una escena inesperada, Kal Sulman el líder autoproclamado del lugar, estaba atacando al padre del pequeño fallecido en manos de los drengir. Entonces Sskeer, se encarga de la situación e intenta persuadirlo para que le diga si sabía sobre las criaturas que acababan de enfrentar. Entonces el comunicador de Avar suena y Maru le comenta que estaba siendo atacados.

    Pero los problemas no terminan ahí. El poderoso Cártel de los hutt venían a invadir el planeta. Ahora los Jedi tenían un nuevo problema que enfrentar y la situación cada vez era más compleja. …¿Cómo saldrán de este enredo? ¿Podrán confrontar a dos nuevos enemigos y volver al faro Starlight para ayudar a los demás? ¿Cuán peligrosa será la infección drengir que se ha instalado en el Starlight? Tendremos que esperar hasta el próximo capítulo.

    Curiosidades:

    La Conexión: Después de la batalla de Kur, Sskeer, no solo perdió su brazo, sino también su buena amiga Jora Malli. Desde ese entonces no fue el mismo. El dejarse infectar por los drengir hizo que obtuviera un nuevo brazo permanente, el cual representa un vínculo mucho más profundo entre Sskeer y estos.

    Algo sorprendente: Los drengir tienen la capacidad de manipular a los infectados mentalmente, haciendo que ellos actúen a su voluntad. Sskeer permitió que estos sé apoderaran de sí mismo para adquirir una mayor comprensión de lo que hace funcionar a estos seres. Gracias a su valor, los Jedi ahora estarán armados con el conocimiento de las debilidades de los drengir. Y seguramente la información obtenida ayudará ahuyentar con mayor facilidad a las plantas carnívoras.

    Pero el actuar inestable del maestro Sskeer parece que podría indicar que la conexión entre ambos es recíproca. No siempre puede controlarlos. A demás la conexión parece ser muy dolorosa para el infectado y la extremidad obtenida de esa unión no puede ser extirpada. O al menos eso parece.

    La extremidad: La unión de Skeeer con los drengir le dió un nuevo brazo, como expresé y este es fenomenal. No solo puede canalizar su sensibilidad, sino también indica tener una fuerza bruta y puede distorsionar su masa o forma, doblándose y alargándose. Convirtiéndose así en una herramienta poderosa para la batalla.

    Los Sith: la historia que se relato aquí sobre los drengir, demuestra que alguna vez los sith fueron aliados de estos y los traicionaron.

    El despertar de los drengir: la historia también nos deja claro que la base encontrada por Reath Silas, Orla, Affie, Leox, Conan y Geode es algo más que una simple estación. La Amaxine es la fuente del despertar de los drengir.

    Opinión:

    Hoy debo destacar dos cosas, primero el guió, la historia. Podemos ver como comienza a unirse con las demás, a mostrarnos cuan peligrosos pueden ser estas nuevas amenazas y lo voluntariosos y sacrificados que son nuestros Jedi. También los vemos muy emocionales, cercanos y preocupados unos por los otros. Por otro lado, me sorprendió de buena manera la actitud de Sskeer. No podía creer lo que estaba leyendo. Todo el tiempo pensé que realmente la batalla de Kur lo había afectado, de tal manera que fue más fácil ser infectado. Pensaba que el dolor y el miedo lo habían alejado de la luz, pero nunca esperé que él se prestara de carnada para ser infectado y adentrarse en el mundo de los drengir, con la intención de conocerlos, saber cual es su principal debilidad. Eso fue como una buena película de espías, donde el infiltrado se adentra en la problemática, para destruirla desde dentro. Veremos en el próximo número como se desarrolla esta historia y que ha descubierto el buen Sskeer.

    La segunda es sin duda el extraordinario trabajo de Ario Anindito, combinado con el de Annalisa Leoni. Es un deleite ver cada imagen y la exactitud de los colores para reflejar diferentes momentos, más o menos dramáticos, recuerdos entre medio. El guión de Cavan Scott sin duda tiene en el trabajo de estos enormes artistas un complemento enérgico, que hace la historia aún más poderosamente entretenida y cautivante. Estoy ansiosa por la nueva historia.

    Historial:

    *RESEÑA DEL CÓMIC STAR WARS THE HIGH REPUBLIC #3

    *SSKEER SE ENFRENTA A SUS PEORES MIEDOS EN THE HIGH REPUBLIC #2

    *RESEÑA DE STAR WARS THE HIGH REPUBLIC #1 DE MARVEL

    Espero que hayan disfrutado de esta reseña, y que la lectura os acompañe.

  • Lee en exclusiva el primer relato de La Alta República en Español

    Lee en exclusiva el primer relato de La Alta República en Español

    Traducción por Mario Tormo

    La revista Star Wars Insider recupera en su último número los relatos cortos canónicos y lo hace con la primera parte de Starlight, Go Together, una historia escrita por Charles Soule y enmarcada en La Alta República. Os traemos la traducción en exclusiva.

    Starlight:
    VAMOS JUNTOS
    (Primera parte)

    El Borde Exterior. La Baliza Starlight.

    Joss Adren recogió un montón de ropa sucia y manchada de grasa del suelo. Se lo pensó un momento y luego hizo una bola y la metió encima de la ropa limpia que ya había echado dentro del saco que estaba usando de equipaje.

    Echó un vistazo al dormitorio. Nada que necesitase. Siempre viajaba ligero cuando trabajaba.

    —Todo listo —dijo, tirando el saco sobre la cama, al lado de varias maletas pequeñas que contenían la ropa de su mujer, preparada horas antes, y apostaría cien créditos a que no había ningún calcetín sucio en ninguna de ellas.

    –¿Estás lista? —-le preguntó Joss, hablando hacia la pequeña sala de estar que completaba el resto de su espacio personal a bordo de la Baliza Starlight.

    Estaba magníficamente diseñada, como todo en la estación, pero el espacio en el espacio siempre era escaso.

    —Quizá podríamos comer algo antes de irnos de aquí —añadió.

    Las cantinas en la Baliza Starlight eran excelentes, servían platos de todo el Borde Exterior, para mostrar las distintas culturas que integraban este lejano extremo de la República. Este principio se trasladaba a toda la estación. Su estructura usaba minerales metálicos de muchos mundos diferentes y contaba con artesanos, contratistas y personal de planetas de todo los Territorios del Borde Exterior.

    La Baliza Starligh era una maravilla. Joss nunca había visto nada igual, y eso que su trabajo le había llevado por media galaxia.

    Él y Pikka eran gestores de proyectos, especializados en conseguir completar trabajos a gran escala. Resolvieron errores de última hora en el código, silenciaron ruidos de tuberías y se ocuparon de las fugas de refrigerante.

    Habían pasado los últimos meses preparando la Baliza Starlight para su inauguración oficial… pero ahora el último tornillo ya estaba atornillado y la última soldadura estaba soldada. Incluso las reservas biológicas estaban completamente guarnecidas. Se las veía solitarias sin los turistas que esperaban recibir para que pudieran tener una ligera idea de la biodiversidad de mundos como Mon Cala y Felucia… Aun así eran exhuberantes y hermosas, incluso los ecosistemas desérticos.

    La Baliza Starlight estaba, al fin, terminada, y Joss y Pikka habían jugado un papel importante para que esto fuera así. Razón suficiente para estar orgullosos. Joss no se consideraba demasiado sensible, pero este era un lugar especial, emblema de todo lo que la República Galáctica podría y debería ser. Pero justo en ese momento, Joss estaba deseando salir de allí. Su mujer había planeado unas vacaciones para los dos, a un destino sorpresa. Conociendo a Pikka, sería un lugar espectacular.

    Tenían que coger la próxima nave de vuelta a Coruscant, y Pikka había dejado muy claro que no podían llegar tarde. Así que no estaba muy claro por qué, ahora que Joss lo tenía todo listo por fin, ella estaba completamente absorta en su tableta de datos, tecleando, y con la cara arrugada con esa expresión de concentración que a él… Bueno, que le gustaba tanto. Estaba loco por esta mujer. Sobre todo por sus ideas. Ella veía la galaxia de una manera que él no podía, lo que significaba que estaba constantemente sorprendiéndolo y fascinándolo. Pero también amaba su pequeño, que no delicado, cuerpo y su pelo rizado. Pikka lo hacía sentir… En casa. No importaba donde estuvieran, ella era su hogar.

    —¿No me dijiste que bajo ninguna circunstancia podía hacer que llegásemos tarde? —dijo Joss.

    —¿Hmm? —murmuró Pikka, sin dejar de mirar su datapad.

    —¿Qué estás leyendo? —preguntó—. ¿Una apasionante novela de Zeltron?

    —Ojalá —dijo ella.

    Levantó la tableta de datos. Mostraba el consumo de energía por toda la Baliza Starlight, la energía fluía yendo y viniendo a lo largo de miles de kilómetros de cables y conductos. Una red luminosa con la forma esquematizada de la estación: una gigantesca esfera central con extensiones en forma de torre en cada polo.

    —Vale… —dijo Joss sin entenderlo.

    —Mira —dijo Pikka señalando un pequeño y único punto de datos—. Es muy alto.

    Joss entornó los ojos hacia el datapad.

    —Hmm —dijo—. Sí. Aunque no mucho.

    —No mucho. Pero si un poco. Y hace un minuto el porcentaje era menos de la mitad.

    Joss sabía lo que se mujer estaba pensando. Habían sido contratados para optimizar la Baliza Starlight. Y aunque habían realizado ese trabajo, y esta pequeña subida de tensión era apenas notable, su fantástica esposa se había dado cuenta. Y ahora él también.

    Suspiró.

    —Vamos a resolverlo.

    Ella sonrió.

    Pikka se dirigió hacia la puerta, dando por sentado que Joss la seguiría. Todo pensamiento de que pudieran llegar tarde al transporte, y con ello a las vacaciones, se había esfumado de su cabeza.

    Josh suspiró de nuevo. A su mujer le encantaban los rompecabezas.


    Me encantan los rompecabezas, pensó Pikka, avanzando con determinación a lo largo de un pasillo, centrada sobre todo en la tableta de datos que sostenía con una mano, aunque sintiendo que Joss la seguía de cerca. Siempre sabía cuando su marido estaba cerca, se sentía bien, protegida y reforzada. Nada de eso si no estaba. Así de simple.

    Aunque también podía ser porque hacía mucho ruido. Joss no era un hombre pequeño. No le sorprendería descubrir que uno de sus padres fuese un reek.

    Dobló una esquina y casi choca contra Shai Tennem, posiblemente la última persona en toda la estación que hubiese querido ver. Shai era un bith, un bith peculiar, puesto a cargo de la supervisión de la Baliza Starlight por la propia Canciller de la República, Lina Soh. Era célebre (o muy conocido) por sus increíblemente exigentes normas. Le irritaría mucho encontrar una anomalía en la transferencia de energía, aunque fuese insignificante.

    Y todavía peor, Shai Tennem no estaba solo. Encabezaba lo que parecía ser un grupo de visita. De repente le vino a la cabeza, sí, Joss lo había mencionado. Varios dignatarios de la República habían ido a ver la estación terminada unas semanas antes de que estuviera completamente operativa. Reconoció al almirante Kronara, un oficial de alto rango de la Coalición de Defensa de la República. En cuanto a los demás…

    Jedi. Con túnicas blancas y doradas, adornadas con patrones de filigranas estampados por aquí y por allí, y con sus sables de luz enfundados visibles en la cadera o colgando sobre el pecho.

    Burryaga, Avar Kriss y Elzar Mann

    Una humana alta y rubia, caminando junto a un hombre de pelo negro con la piel caramelo. Un ithoriano de cráneo curvo y ojos muy abiertos. Una duros hembra. Otra humana peinada con largas y hermosas trenzas grises, al lado de un prominente wookiee de pelaje dorado (Pikka no sabía que hubiera Jedi wookiees).

    Mikkel Sutmani, Burryaga y Bell Zettifar

    A puerta cerrada, Joss los llamaba ‘magos espaciales’. Los Jedi tenían extrañas habilidades y poderes, y Pikka imaginaba que podrían hacer uso de esa magia para hacer mucho daño si quisieran. Por su experiencia, la gente poderosa usaba ese poder en beneficio propio. Pero la Orden Jedi no. Ellos eran buenas personas. Increíble e incontestablemente bondadosos, consagrados a ayudar a la gente.

    —Ah, Sra. Adren —dijo Shai, con su voz afilada y cortante—. Encantado de verla. Les estoy enseñando la estación a los emisarios de la República.

    Tennem se giró para ponerse frente a los Jedi.

    —Amigos míos, les presento a Pikka y Joss Adren. Fueron fundamentales para garantizar que la construcción de la Baliza Starlight se hacía en tiempo y sin errores.

    —Encantado de conocerles —dijo Joss. Incluso hizo una ligera reverencia.

    ¿En qué estarán pensando? Pensó Pikka, sintiendo el calor de la tableta de datos entre sus manos.

    —Igualmente —respondió sonriendo la Jedi rubia—. Gracias por su trabajo. Este sitio es increíble.

    —¿Por qué no se unen a nosotros? —dijo Shai a Joss—. Estoy seguro de que pueden ofrecernos información adicional sobre la estación Starlight que seguro sería de interés para nuestros invitados.

    Pikka echó un vistazo a su datapad. Ese pequeño incremento en el consumo de energía que había descubierto estaba a punto de convertirse en una sobrecarga. Apretó los dientes.

    El Jedi wookiee estaba mirándola. Ladeó la cabeza.

    ¿Me está leyendo el pensamiento? Pensó ella.

    —Joss, deberíamos irnos —dijo Pikka, esperando que Joss también pudiera leerle la mente—. No podemos llegar tarde.

    Él le lanzo una mirada rápida.

    —Cierto —dijo Joss volviéndose hacia el almirante—. De hecho vamos a aprovechar el viaje de vuelta con ustedes.

    Kronara lo confirmó asintiendo levemente.

    —Vamos ahora de camino al hangar. Joss, ¿no es así? Yo me daría prisa en llegar, o nos iremos sin tí.

    Shai Tennem habló.

    —Perfecto. Acompáñennos los dos. Unos droides de transporte pueden traer las pertenencias de sus dependencias.

    La frecuencia cardiaca de Pikka se disparó. Iba a tener que exponer el problema frente a Shai, ¿no? Delante de esta importante gente, tendría que ponerse en ridículo a sí misma y al administrador de la estación. Peor aún, esto podría convertirse, de hecho, en un verdadero problema. Tenían que marcharse, para descubrir si el problema de energía no era más que un error.

    Por el rabillo del ojo vio que el wookiee se giraba hacia la Jedi de pelo cano y susurraba discretamente en su lenguaje. La mujer alzó una mano.

    —En realidad, administrador Tennem —dijo la Jedi—, ¿no deberían los Adrens disfrutar de sus últimos momentos en la estación antes de partir? Parece que ya han hecho lo que les correspondía para con la Baliza Starlight.

    Shai asintió con deferencia.

    —Como usted diga maestra Assek —dijo.

    —Bien —dijo Pikka, tirando del brazo de Joss—. Encantada de conocerles a todos.

    Los Jedi se separaron para dejarlos pasar. Pikka estaba pensando que sentía un hormigueo en la piel. Aunque quizá era solamente su imaginación.

    Giraron una esquina y le mostró la tableta de datos a Joss.

    —Está empeorando —dijo ella con voz calmada.

    Joss echó un vistazo. Frunció el ceño.

    —Por aquí —dijo, y echó a andar por el pasillo.


    Josh almacenaba los mapas en su cabeza; una de las razones por las que era tan bueno en su trabajo. Estudiaba los zonas de trabajo hasta que memorizaba los sistemas y subsistemas, de la misma manera que los cirujanos conocían los cuerpos de sus pacientes. Y la Baliza Starlight no era una excepción.

    Desde que Pikka le mostró la lectura de energía anómala su cerebro se había movido a través de ese mapa mental. Estaba concentrándose, recreando la estación en su cabeza, y eso lo llevaba hasta…

    Ahí. Conducto 398-GX14, situado detrás de un panel de acceso cerca de la entrada del Templo Jedi de la Starlight.

    —Acaba de incrementarse otro veinte porciento —dijo Pikka.

    Joss arrugó la frente. Aún no estaban en el nivel de ‘evacúen la estación’, pero si seguía incrementándose…

    Abrió la puerta de la caja de registro del Conducto 398-GX14, se arrodilló y miró dentro, recibiendo una bocanada de olor a metal caliente y sobrecargado. Apartó varios mazos de cableado y rápidamente vio el problema. A un metro del conducto, un concentrador de resistencias se había fundido. Estaba actuando como un tope entre los distribuidores de energía, no dejaba pasar la corriente, tan sólo la acumulaba y la incrementaba. Joss ya había visto esto antes; probablemente producido por un cable mal colocado. Aunque hubiera sido originado por un fallo cometido por un droide ensamblador o un técnico, un pequeño error había creado un lazo de realimentación, en bucle e incrementándose, acelerándose.

    Y este conducto en particular era una ramificación que conducía directamente al sistema del reactor principal, lo que significaba…

    —Tenemos que arreglar esto ya —dijo Joss con total naturalidad—. Cortocircuitará toda la maldita estación.

    —¿Podemos cortar el suministro eléctrico de esta sección? —preguntó Pikka—. ¿Ganar algo de tiempo?

    —No tenemos autorización ahora que nuestro contrato ha terminado, y sólo tenemos unos treinta segundos antes de que la sobrecarga sobrepase al concentrador de resistencias. Pero puedo arreglarlo. Conozco un truco: puedo crear un circuito temporal para disipar la energía. Nos irá bien.

    Joss sacó una de las llaves que solía llevar siempre con su ropa de trabajo. Nunca sabías cuando ibas a necesitar una llave inglesa. Metió la mano en el conducto… Y se detuvo. Flexionó los dedos, intentó alargar la mano, intentó… Los brazos de Joss eran tan grandes como el resto de su cuerpo; buenos para trabajo de construcción. Buenos para todo tipo de trabajos. Las cicatrices en sus nudillos lo atestiguaban. Pero no eran buenos para meterlos en pequeños conductos eléctricos.

    —No va bien. Mi brazo es demasiado grande.

    Miró a Pikka. Quedaban quince segundos, más o menos.

    —Déjame a mi —dijo ella—. Dime qué hacer.

    No protestó. Simplemente le dio la llave a ella.

    —Vas a tener que hacerlo al tacto —dijo Joss, mientras su mujer se arrodillaba y metía el brazo por la apertura—. Pero no toques las paredes del conducto. Puedes absorber la carga y electrocutarte.

    Pikka lo miró con frutración.

    —Joss… No sé lo que estoy haciendo. Soy de sistemas. Tú eres el mecánico.

    Puso su mano sobre el brazo de ella.

    —Yo te guiaré. Sentiré cuando has llegado al lugar correcto.

    Pikka extendió la mano lentamente dentro del conducto. Entondes, de repente, una ligera descarga, transmitida a través de sus brazos y hasta la punta de sus dedos: había encontrado el concentrador.

    —Ok —dijo él—. Hay un pequeño enganche al final de la llave. Fíjalo y luego gira hacia la derecha. No mucho, rápido. Gírala este tiempo, ni más ni menos —aumentó su presión con el dedo índice durante un segundo y medio y luego lo apartó.

    —¿Lo tienes?

    —Sí —dijo ella.

    Joss esperaba que fuera así. Y si no funcionaba… Bueno, estaban en contacto. Si la energía acumulada se descargaba a través de su cuerpo, los dos se irían juntos.

    Pero no fue así. De repente el pasillo transmitía serenidad, calma. La sensación de vibración había desaparecido, demasiado sutil para escucharla hasta que habo desaparecido.

    —Creo que lo he conseguido —dijo Pikka.

    —Estamos vivos —respondió Joss—. Las luces siguen encendidas. Dos buenas señales.

    Pikka sacó su brazo del conducto con cuidado. Joss se inclinó para mirar y sí, el problema estaba resuelto.

    Miró a su mujer.

    —Si hubiésemos ido al hangar como teníamos pensado… Si no hubieras ejecutado ese último análisis de los sistemas de la estación…

    —Lo sé —dijo Pikka.

    Se inclinó hacia delante y le plantó un buen beso en los labios, ni demasiado largo ni demasiado corto.

    —Eres un hombre muy afortunado.

    Chasqueó los dedos.

    —Vamos —dijo ella—. Tenemos una nave que coger.


    El Tercer Horizonte era una nave elegante. Un crucero de clase Emisario, resplandeciente: el culmen del diseño en naves Republicanas, viajando a toda velocidad por el hiperespacio de vuelta a Coruscant. Estaba claro que no era la peor nave en la que se habían subido los Adrens.

    Pikka estaba sentada en la plataforma del hangar, acabando un informe de incidencias para Shai Tennem sobre el problema del cableado en la Baliza Starlight.

    Lo envió y miró a Joss al otro lado del Hangar, estaba admirando uno de los nuevos Longbeams que eran parte de las naves de apoyo del Tercer Horizonte. Alargados, elegantes y estrechos, los Vigalarga podían servir como naves de pasajeros, cargueros, de salvamento, incluso cruceros de combate de tamaño mediano. Joss se encontraba profundamente inmerso en una conversación con un miembro de la tripulación de cubierta, un twi’lek de piel azul. Joss se reía de buena gana y le daba una palmada en el hombro. Pikka sonrió. Joss era capaz de hacer amigos en cualquier lugar.

    Diseño de un Vigalarga

    Sonó una sirena, y una voz surgió por el sistema de intercom de la nave, alto y claro. Ella miró hacia arriba, escuchando.

    —Aquí el Almirante Kronara. Hemos recibido una señal de socorro del sistema Hetzal, en relación a un suceso masivo con víctimas por todo el sistema. Estamos lo suficientemente cerca como para ofrecer ayuda. Cualquier pasajero con experiencia en pilotaje, rescate o emergencias médicas dispuesto a ayudar en las tareas de socorro, póngase en contacto con un miembro de la tripulación.

    La intercom se quedó en silencio y Pikka sintió como el Tercer Horizonte salió del hiperespacio. No tenía ni idea de qué podía ser un suceso masivo con víctimas por todo el sistema. La República estaba en paz. ¿Una supernova quizá? ¿Qué podría…?

    Lo relevante era que «por todo el sistema» significaba miles de millones de vidas. No hay otra forma de interpretarlo. Sintió una presencia, giró su cabeza, y ahí estaba Joss.

    —Tenemos que ver si podemos ayudar —dijo.

    Pikka ni siquiera trató de disuadirlo. Ambos podían pilotar una nave, y tenían todo tipo de entrenamiento que podía ser útil en una crisis. Simplemente asintió.

    —Te quiero —dijo—. Vamos…


    La aventura de Joss y Pikka continuará en el número 200 de la revista Star Wars Insider.