Escrito por Gorka Salgado
Más novedades acaban de llegar a la Biblioteca Jedi, y unas muy muy muy esperadas por todos. La novela que inicia la Alta República y la nueva novela de Thrawn entre otras cosas. ¿Cual tenéis más ganas de leer?

Escrito por Gorka Salgado
Más novedades acaban de llegar a la Biblioteca Jedi, y unas muy muy muy esperadas por todos. La novela que inicia la Alta República y la nueva novela de Thrawn entre otras cosas. ¿Cual tenéis más ganas de leer?

Traducción Mariana Paola Gutiérrez Escatena
Corrección por Mario Tormo
Estimados bibliotecarios os dejamos aquí esta traducción exclusiva del nuevo extracto de The Rising Strom de Cavan Scott que saldrá a la luz el 29 de junio de este año. Esperamos que lo disfruteis, la verdad es que es un pequeño adelanto muy revelador. Podéis leer el anterior extracto aquí.
Elzar Mann es un hombre consumido por una visión que no puede comprender del todo. El dolor y el sufrimiento, los rostros de sus amigos más queridos y de personas que aún no conoce, se arremolinan a su alrededor. Pero, ¿qué significa esto?

Los gritos nunca habían abandonado a Elzar Mann. Habían pasado muchos meses desde la ceremonia de inauguración del Faro Starligth, desde que estuvo junto a sus compañeros Jedi. Desde que estuvo junto a Avar Kriss.
Los ojos de la galaxia estaban puestos en ellos, con sus galas de templo, y el maldito cuello de la camisa que le picaba mientras escuchaba los discursos y frases trilladas, primero de la canciller Lina Soh, líder de la República Galáctica, y luego de Avar. Su Avar. La heroína de Hetzal.
El Faro era su compromiso con la galaxia, había dicho Avar. Era su pacto. Todavía podía escuchar sus palabras.
Siempre que os sintáis solos… siempre que la oscuridad aceche… sabed que la Fuerza estará con vosotros. Sabed que estamos con vosotros… Por la luz y la vida.
Por la luz y la vida.
Pero eso no impidió que la oscuridad se cerniese más tarde ese mismo día. Una ola de dolor y sufrimiento, una visión del futuro demasiado terrible como para comprenderla. Se había tambaleado, agarrado a una barandilla, y la nariz le había empezado a sangrar, mientras la presión en su cabeza amenazaba con partirle el cráneo en dos.
Lo que había visto lo había perseguido desde entonces. Le había consumido.
Jedi muriendo uno por uno, atrapados por una retorcida e impenetrable nube. Stellan. Avar. Todos los que había conocido en el pasado y todos los que conocería en los días venideros. Rostros, tanto familiares como extraños, desgarrados.
Y los gritos.
Los gritos eran lo peor.
Había pasado el resto de la velada aturdido, dejándose llevar, no del todo presente, con el eco de lo que había visto… lo que había oído… grabado a fuego en su mente. Había habido errores, unas cuantas copas de más de Kattadan rosado en la recepción, Avar reclamando ese baile que había mencionado, Elzar acercándose con demasiada impaciencia, demasiado públicamente.
Todavía podía sentir la mano de ella en su pecho, empujándolo hacia atrás.
«El ¿Qué estás haciendo?»
Habían discutido, en privado, con su cabeza todavía dando vueltas.
«Ya no somos padawans».
Habían pasado meses desde que la volvió a ver, y cuando lo hizo, el ambiente era tan frío como un amanecer en Vandor. Avar había cambiado con él. Estaba más distante. Preocupada por sus nuevos deberes como mariscal del Faro Starlight.
O quizás era él quien estaba preocupado. Elzar había meditado sobre la visión día y noche desde la inauguración. Debería haber ido a ver a Avar, para disculparse y pedirle consejo, o si no a ella, a Stellan Gios, su amigo más antiguo, pero Stellan tenía sus propias obligaciones. Ahora era miembro del Consejo, responsable de guiar a la Orden en su conjunto. No tendría tiempo. Además, pedir ayuda no era el estilo de Elzar. Elzar Mann era del tipo que resuelve los problemas, no del que los plantea. Él encontraba soluciones. Respuestas. Nuevas formas de conseguir hacer un trabajo. Así que Elzar hizo lo que siempre había hecho: Tratar de resolver el problema solo.
Primero había consultado los Archivos del Gran Templo, estudiando detenidamente los innumerables archivos de texto y holocrones de la colección, llegando incluso a intentar descifrar los misterios del Códice Ga’Garen, el antiguo grimorio cuyo texto había confundido a los lingüistas durante miles de años.
Incluso entonces, sentado en los Archivos, bajo la atenta mirada de las estatuas de los Perdidos, Elzar había oído los gritos en las profundidades de su mente, había visto los rostros de los asesinados en cada reflejo o padawan que pasaba.
El Códice lo había traído aquí, a Ashla, la luna principal de Tython. Los antiguos habían llamado a esta franja de tierra la Isla del Retiro, que era exactamente lo que necesitaba si quería comprender plenamente lo que había visto. Necesitaba soledad, concentración. La gota que colmó el vaso fue recibir un mensaje del antiguo Maestro de Stellan, la estimada Rana Kant, felicitándolo por su ascenso a Maestro Jedi. Además, el Consejo tenía un destino para él; iba a ser mariscal del puesto de avanzada Jedi en Valo, en el límite del sector Rseik.
¿Él? ¿Un mariscal? ¿Cómo podían estar tan ciegos? ¿No podían ver que no estaba preparado? ¿No podían ver lo preocupado que estaba?
Elzar caminó hacia el océano, sintiendo la cálida arena bajo sus pies, despojándose de su túnica exterior a medida que se acercaba al agua. Sí, esto era mejor. Aquí era donde finalmente vería la verdad. Donde finalmente entendería. No se detuvo en la orilla, sino que se adentró con decisión entre las olas. Hasta las rodillas. Hasta la cintura. Pronto estuvo nadando hacia el mar, deteniéndose sólo cuando ya no podía ver tierra. Giró lentamente, flotando en el agua, rodeado sólo por el mar y la propia Fuerza.
Era el momento.
Elzar respiró hondo y se impulsó bajo las olas, con los ojos cerrados, con el agua entrando en sus oídos y bloqueando cualquier otro sonido.
Muéstrame.
Guíame.
Dame las respuestas que busco.
No hubo nada. Ninguna revelación. Ninguna respuesta.
Se impulsó con los pies hacia arriba, llenando de aire sus pulmones antes de volver a sumergirse.
Estoy aquí.
Quiero aprender.
Necesito entender.
Nada cambió.
¿Dónde estaban las respuestas que se le habían prometido? ¿Dónde estaba el conocimiento?
Repitió el ritual, tomando aire, volviendo a sumergirse, dejando que el océano lo tragara entero. Una y otra vez, y…
Fue como dar con una bolsa de aire. De repente no se hundía, estaba corriendo, con sus compañeros Jedi a su lado mientras las pesadillas les pisaban los talones. No estaban en el agua, sino en la niebla. Espesa. Ácida. Impenetrable. Nada tenía sentido. Ni el caos, ni el pánico.
Ni el miedo.
Abrió la boca para gritar y le cayó agua de un mar lejano, de un mundo diferente, de un tiempo diferente.
¿Qué es esto?
¿Dónde está esto?
¡Háblame!
Y la Fuerza habló con tal fortaleza que Elzar acabó en un remolino, con sus ojos escociéndole por el destello de imágenes pasando por delante de ellos como un rayo púrpura.
Avar.
Stellan.
Un tholothiano… ¿Indeera Stokes? No, faltaba uno de sus zarcillos, una cara desconocida desfigurada por la rabia.
Huesos astillados.
Piel resquebrajándose.
Ojos nublados, sin poder ver.
Y los gritos. Los gritos eran más fuertes que nunca. Más duros que nunca. Y su grito fue el más fuerte de todos.
¿Dónde?
¿Dónde?
¿DÓNDE?
Los hombros de Elzar se agitaron mientras sus pulmones escupían el agua de mar. Estaba de vuelta en la orilla de Ashla, con la sal secándose en su piel, calcinada por el sol abrasador. Miró a su alrededor, con los ojos todavía borrosos, tratando de enfocar y ver la dorada arena que se extendía a ambos lados de él, Y wingmaws volando en círculos sobre el cielo, listos para arrancarle la carne de los huesos. Pero aún no estaba muerto. Ninguno de ellos lo estaba.
Se incorporó y se tambaleó hacia su Vector, recogiendo su túnica mientras avanzaba. Necesitaba alejarse de Ashla. Necesitaba dejar el Núcleo. La Fuerza había hablado. Ya había respondido a su pregunta, sólo tenía que haber escuchado.
Un nombre, un planeta, donde por fin podría arreglar las cosas.
Valo.
Star Wars: The High Republic: The Rising Storm está escrita por Cavan Scott y se publica el 29 de Junio en Estados Unidos. Si queréis conocer más detalles de esta novela podéis consultar los siguientes enlaces:

Escrito por Gorka Salgado
Hoy os recopilo en éste tercer volumen cinco nuevas reviews de Star Wars… Un mini libro de Yoda, el libro de Arte del Despertar de la Fuerza, Por Siempre la guerra de las galaxias y Herederos de la guerra de las galaxias…

Escrito por Gorka Salgado
Hoy queremos celebrar el día de Star Wars con todos vosotros junto a algunos amigos galácticos. Disfrutad del día, Star Wars es para todos y que la Fuerza y la lectura os acompañen…
En este video han participado:
Muchas gracias a todos por acudir a la llamada y participar en la celebración de éste día.

Traducción por Mario Tormo
Os traemos la conclusión del segundo relato de La Alta República, escrito por Cavan Scott, dentro de la serie Starlight que publica regularmente la revista Star Wars Insider. Estas historias expanden los hechos que hemos podido leer en la primera ola de esta nueva era de Star Wars situada 200 años antes de los sucesos de La Amenaza Fantasma. Podéis leer la parte 1 aquí.
Anteriormente
Sedar a un furioso medoslean en el centro medico de la Baliza Starlight no era como Velko Jahen había pensado que sería su primer día como administradora en la estación. Y el repentino asesinato de un embajador skembo, el cual le había pedido protección, solo consiguió empeorar las cosas…

Todo el mundo estaba hablando a la vez, todos excepto Velko Jahen. Las horas transcurridas desde el intento de asesinato estaban borrosas. Velko aún podía ver el cuerpo del embajador Ceeril desplomado sobre la cama cada vez que cerraba los ojos y estaba convencida de que el olor a carne carbonizada aún flotaba en el aire, incluso aquí, en el vasto centro de operaciones de la Baliza Starlight. Había visto heridas de bláster antes, demasiadas para recordarlas todas, y olían mucho peor en los campos de batalla de Soika. ¿Por qué este ataque, orquestado no en la mugre de una trinchera excavada apresuradamente, sino en el estéril centro médico de la estación espacial más nueva y más grande de la República, la había abrumado?
—¿Administradora?
Velko tardó un minuto en darse cuenta de que Rodor Keen estaba hablando con ella. ¿Cuántas veces había obligado al jefe de operaciones de Starlight a repetir su rango antes de responder? La expresión de su rostro le daba la respuesta: ¡Demasiadas!
—Lo siento, señor —balbuceó, molesta por lo nerviosa que sonaba—. Estaba repasando lo que ocurrió una última vez.
—Una idea excelente —sonó una voz detrás de ellos. Velko y Keen se volvieron para ver caminando hacia ellos a una de las figuras más llamativas que jamás habían visto. El corazón de Velko se paró. Había estado esperando este momento desde que obtuvo su cargo, anhelando conocer a esta mujer, pero jamás se la habría imaginado así.
La maestra Jedi Avar Kriss, Mariscal de la Baliza Starlight y Heroína de Hetzal, era tan impresionante como cabría esperar de la persona que había planeado la respuesta Jedi al Gran Desastre, salvando miles de millones de vidas en el sistema Hetzal y más allá. Todo en ella irradiaba confianza, desde su vaporosa túnica hasta los penetrantes ojos azules que ahora miraban Rodor Keen con la intensidad de un equipo de fijación de objetivo. Ni el hecho de que estuviera flanqueada por una mujer Jedi al menos tres décadas mayor que ella, y sin mencionar al imponente wookiee vestido con el ropaje de los padawans, conseguían disminuir su presencia en la habitación. Velko tenía la impresión de que Avar Kriss podría estar rodeada por todos y cada uno de los Jedi de aquí y de allí, y aun así todos las miradas seguirían centradas en ella.
Esto no iba a ir bien.
Junto a ellos, Estala Maru dio un paso adelante para recibir a los recién llegados por turnos.
—Mariscal. Maestra Assek. Padawan Burryaga. Bienvenidos de nuevo a Starlight. ¿Puedo dar por hecho que su misión en el Clúster de Málaga ha sido un éxito?.
—El acuerdo comercial entre Ayelina y Ludmere se firmó sin incidentes —confirmó Kriss—. Y pese a ello, conseguimos evitar una crisis diplomática para toparnos con otra en Starlight.
—Las cosas se han complicado un poco en vuestra ausencia.
–Lo cual es decir poco —intervino Keen, con un nervio de la sien palpitando sobre su ojo cibernético.
—¿Qué ha pasado? —Preguntó Kriss, dirigiendo su atención al jefe de operaciones—. Pudimos sentir la inquietud desde que llegamos.
—Tal vez deberíais verlo vosotros mismos —interrumpió Maru antes de dirigirse al astromecánico que nunca andaba lejos de él—. Kaysee, informa al centro médico de que la Mariscal está en camino.
***
La habitación de Ceeril estaba exactamente como la había visto Velko por última vez, aunque ahora había más gente, con Kriss y sus acompañantes apiñados alrededor de la cama, ahora vacía.
—¿Y es aquí donde encontró al embajador administradora Jahen?
Velko asintió con la boca seca.
—Sí, Mariscal. Estaba tendido boca arriba…
—Había recibido un disparo en el pecho.
—Así es.
—¿Y qué hay de su guardaespaldas?
—Destruido. Habían arrancado su cabeza de los hombros —dijo Ghal Tarpfen, la mon calamari jefa de seguridad de Starlight, que los había estado esperando en el pabellón. Dio un paso adelante, señalando pequeños fragmentos de metal incrustados en lo alto de la pared del fondo—. Pueden ver metralla de sus procesadores, aquí y aquí.
De pie, junto a la puerta, Burryaga lanzó una pregunta que Maru se apresuró en responder.
—Las imágenes de seguridad son un misterio.
El kessuriano asintió con la cabeza a su astromecánico, que proyectó obedientemente una imagen de la escena de esa mañana. Velko frunció el ceño al verse a sí misma de pie hablando con Ceeril, y al droide guardaespaldas que todavía se tenía sobre sus anchos pies. Luego vino el alboroto exterior, con Velko saliendo por la puerta segundos antes de que la imagen se perdiera con interferencias.
—La señal se interrumpió minutos antes del ataque.
—El asesino cubriendo sus huellas —sugirió Nib Assek mientras el astromecánico avanzaba la imagen rápidamente hasta que volvía a ser nítida, mostrando al skembo, ahora boca abajo, sobre la cama, y el droide caído hacia atrás con un golpe.
—Todavía no me puedo creer que nadie haya escuchado nada —se quejó Keen—. Un bláster no es nada silencioso.
—Estábamos distraídos —admitió Velko.
—Con el incidente del… Repetidme ¿qué era? —Preguntó Assek.
—Un medoslean —le dijo Tarpfen—. El paciente tuvo una convulsión violenta y comenzó a atacar a los miembros del personal, incluido yo mismo. Si no hubiera sido por la administradora Jahen aquí presente, la situación podría haber sido mucho peor.
—¿Peor? — Espetó Keen—. Un embajador ha recibido un disparo en la . ¿Tiene idea de a cuántos supervivientes estamos atendiendo desde el desastre del hiperespacio?»
—Dieciocho mil cuatrocientos setenta y cuatro —dijo Maru, atrayendo una mirada furiosa del coordinador—. Lo siento. Era una pregunta retórica, ¿verdad?
—Cualquiera que sea el número —continuó Keen—, se supone que Starlight es un refugio, un santuario, y sin embargo, esto sucedió justo delante de nuestras narices.
—La verdadera pregunta es, ¿qué van a hacer al respecto?
Los Jedi y los oficiales de la República se volvieron para mirar al embajador Ceeril al otro lado de la puerta. El skembo de rostro rocoso estaba encorvado en una silla repulsora, con un chaleco de bacta que cubría su pecho. Burryaga se hizo a un lado para dejar pasar a Kriss, mientras la mariscal saludaba al mandatario herido con una reverencia.
—Su Excelencia, me alegro de que haya sobrevivido a esta terrible experiencia.
—No gracias a ninguno de ustedes —espetó Ceeril, agarrándose el pecho.
—Eso no es del todo cierto —señaló Maru, mirando a la enfermera Okana, que había conducido al embajador de vuelta al pabellón—. Si el doctor Gino’le y su personal no hubieran respondido tan rápido…
—Los hasarianos se hubieran salido con la suya, sí, lo sé.
—¿Los hasarianos? —Preguntó Kriss, atrayendo una furiosa mirada del dolorido embajador.
—Esos brutos no descansarán hasta que los skembo sean expulsados del sector. Una y otra vez le hemos pedido ayuda a la República, y una y otra vez nos la han negado.
—¿Vio a su agresor?
—Tan claramente como la veo ahora.
—Al contrario que las cámaras —agregó Assek.
—Encontraron los cabellos, ¿no? —Preguntó Ceeril, tosiendo con dureza—. ¿En mi droide? —Eso era cierto. Velko los había encontrado ella misma, pelos atrapados entre las tenazas, ahora durmientes, del droide. Del mismo color que los de las melenas de los hasarianos, que se encuentran en otras partes de la enfermería—-. ¿Cuántas pruebas más necesitan?
La tos del embajador se intensificó y su cuerpo se retorció con agonía. El doctor Gino’le se acercó con sus patas mecánicas y le ordenó a Okana que acompañara a Ceeril a la habitación que había sido preparada al otro lado de la sala. El grupo de la mariscal lo vio irse. El rostro de Rodor Keen se había oscurecido tanto como el del skembo había palidecido.
Kriss se volvió hacia el coordinador tan pronto como Ceeril estuvo los suficientemente lejos como para no escucharlos.
—¿Tenemos hasarianos en la estación?
Velko habló antes de que Keen pudiera responder.
—Un par, sí.
Una mirada mordaz del coordinador volvió a dejarla bloqueada de nuevo.
—¿Y qué es lo que cuentan de sí mismos?» Preguntó Kriss.
—Ambos resultaron gravemente heridos en la emergencia de Wazta —dijo Keen—. Uno ha estado en un tanque de bacta durante tres días y el otro apenas está consciente.
—¿Podemos estar seguros de eso? —Preguntó Tarpfen.
—Sería la tapadera ideal —coincidió Assek.
Kriss suspiró.
—¿Puedo verlos?
—Por supuesto —dijo Tarpfen, conduciendo al grupo hacia el siguiente pabellón—. Por aquí.
Velko fue a seguirlos, pero Keen la detuvo.
—Usted no, administradora.
Frunció el ceño.
—¿Señor?
—Necesitamos un informe completo para el Senado. No te dejes nada por poner. Nada en absoluto.
Así que eso era todo. Velko era apartada, reducida a presentar informes mientras Ghal Tarpfen lideraba la operación. Hasta aquí su brillante carrera en la primera mega-estación de la República. La pondrían en un rincón del centro de operaciones antes de que pudieras decir «Dank Farrik».
Solamente al escuchar el murmullo de KC-78 se dio cuenta de que no todo el grupo se había ido con Tarpfen. El astromecánico todavía estaba en la sala al igual que su maestro.
—Te envidio —le dijo Maru, con un atisbo de sonrisa.
—¿Me envidia?
—¿Un informe completo? ¿Con todos esos jugosos detalles? Mi paraíso particular.
Ella arqueó una ceja.
—Puede escribirlo si lo desea.
Un suspiro melancólico escapó de sus delgados labios.
—Por desgracia, la estación no funcionaría sola. Pero me lo puedo imaginar, ¿verdad Kaysee? —Miró al pequeño droide—. Cotejar pruebas de cada uno de los testigos. Incluso de la propia víctima.
El astromecánico lanzó un pitido agudo.
—Admito mi error. Víctimas, plural. Ese desafortunado guardaespaldas.
—Ese destruído guardaespaldas —le recordó Velko.
Maru la miró con esos curiosos ojos escarlata.
—Por supuesto. Ahora, ¿a dónde se llevaron a ese pobre? —Sacó un datapad de su manga, deslizó la pantalla y el dispositivo le devolvió un bip resolutivo—. Ah, sí. A la torre de seguridad. Sala de pruebas tres .
Velko dio un respingo allí donde estaba, captando inmediatamente la indirecta nada sutil que Maru acababa de lanzarle. Quizás había algo más en este kessuriano de lo que parecía después de todo.
—¿Tengo acceso a la sala de pruebas tres? —Preguntó ella.
—No —respondió el Jedi con picardía mientras se giraba y salía de la habitación—, pero Kaysee sí…
***
La torre de seguridad era tan austera que contrastaba con la opulencia del resto de la estación. Las paredes eran de bronce pulido y los muebles eran vastos aunque funcionales. Los restos del droide guardaespaldas habían sido depositados en una mesa de operaciones elevada, iluminados por luces de un color azul intenso.
—¿Listo para grabar, Kaysee? —Preguntó Velko al droide.
El astromecánico emitió un pitido indicando que sí lo estaba.
—De acuerdo. La unidad guardaespaldas está intacta excepto por el daño en su cabeza —examinó sus manos mecánicas—-. Las pinzas acaban de ser escaneadas y revelan restos de ADN hassariano, lo que confirma que el cabello era de un hassariano —trató de imaginarse a una de las criaturas altas que había visto en los pabellones entrando por la puerta, y al guardaespaldas corriendo para proteger a su amo. Un forcejeo y al droide arrancando un mechón de pelo. Algo no cuadraba.
—Kaysee, ¿puedes volver a ponerme la grabación?
El holoproyector de KC-78 zumbó y Velko se vio a sí misma una vez más desaparecer a través de la puerta, dando paso entonces a las interferencias, y después la imagen parpadeando de nuevo y mostrando al guardaespaldas cayendo al suelo.
—¿Pero de dónde vino el disparo? —Se preguntó Velko en voz alta.
KC lanzó una pregunta, pero lo ignoró, inclinándose para mirar el daño en la cabeza cilíndrica del guardaespaldas. Con cuidado, Velko pasó un dedo por el borde irregular donde había estado su única unidad receptora, extrayendo un fragmento de metal chamuscado.
—¿Puedes escanear esto? —Le preguntó a su compañero, sosteniendo el fragmento frente al microanalizador de KC. La luz azul bañó el metal mientras los procesadores zumbaban y hacían clic en el interior del rechoncho chasis del droide.
—¿Y bien?
El droide emitió pitidos emocionado mientras pronunciaba el veredicto, y en un instante Velko supo quién había disparado al embajador.
***
Podía escuchar a Ceeril quejarse en voz alta mientras se acercaba a su nueva habitación. Nib Assek y Burryaga habían permanecido en la puerta, en un intento de convencer al embajador de que se estaban tomando en serio el peligro. Assek asintió con la cabeza en señal de saludo cuando Velko entró en la habitación, con KC-78 a su lado, encontrándose al skembo reprendiendo a Ghal Tarpfen mientras Okana intentaba cambiarle los vendajes.
—No me importa lo que estén haciendo ni a quién hayan puesto para proteger mi habitación, no me sentiré seguro hasta que la mariscal Kriss o el coordinador Keen me informen personalmente de lo que están haciendo al respecto de la vil amenaza hassariana. Exijo justicia. ¡Exijo acciones!
—La amenaza ha pasado —dijo Velko, tan tranquilamente como pudo, ignorando la mirada de desconcierto que le dirigió la jefa de seguridad cuando entró en la habitación—. No corre ningún peligro.
Los ojos del skembo se abrieron completamente.
—¿Ha deportado a los hasarianos de Starlight?
Velko negó con la cabeza.
—No es necesario. Su ‘asesino’ ha desaparecido.
Lo que quedaba de la cabeza del guardaespaldas resonó cuando la tiró sobre su regazo.
—¿Qué significa esto? —Farfulló Ceeril, apartando la unidad decapitada lejos de él.
—Me estaba preguntando lo mismo —dijo Tarpfen, señalando el trozo de metal retorcido—. Eso es un prueba.
—Lo es —coincidió Velko—. Una cabeza destrozada a quemarropa como prueba. Vimos a su pobre guardaespaldas caer hacia atrás y acabar en el suelo en el momento en que las cámaras volvieron a estar operativas. Sin embargo, me pareció extraño que esas mismas imágenes no mostraran al asesino.
—Deben haber disparado cerca de la puerta —tartamudeó Ceeril.
—¿Antes de salir a correr?
—No sabría decir. ¡Estaba demasiado ocupado aferrándome a la vida!
—Y, sin embargo, nuestros misteriosos asesinos no dispararon cuando el droide estaba lo suficientemente cerca como para arrancarles un mechón de pelo de la cabeza. En vez de eso, esperaron hasta que estaban a punto de escaparse, disparando a un guardaespaldas cuyas armas estaban desactivadas —señaló la unidad craneal carbonizada que yacía frente al horrorizado embajador—. Extrañamente, la cabeza no ofrece pruebas de residuos de bláster, aunque sí encontramos restos de detonita dentro del chasis.
—¿Dentro? —La pregunta de Tarpfen quedó sin respuesta cuando Ceeril sacó una lengua increíblemente larga y sorprendentemente pegajosa que arrebató de la cadera de la mon cala su blaster para cambiar de dueño.
—¡Creo que no! —Espetó la mon calamari, agarrando la lengua cuando se retiraba y sujetándola con fuerza. El embajador se atragantó y se echó hacia atrás, pero Tarpfen lo agarró con firmeza y la pareja se enfrascó en un extraño tira y afloja.
—¿Qué significa todo esto? —Una voz resonó mientras Rodor Keen aparecía por la puerta, mirando con incredulidad la escena, con Avar Kriss y un divertido Estala Maru tras de él.
—El embajador intentó desarmarme —le dijo Ghal Tarpfen al controlador, dejando de agarrar su lengua, que volvió a la boca de Ceeril con un fuerte golpe y dejó caer el bláster al suelo.
—Probablemente porque fingió su propio asesinato —dijo Velko, señalando con la cabeza a KC-78. El droide emitió varios pitidos como respuesta y proyectó un holograma de los restos del guardaespaldas esparcidos en la sala de pruebas, con una ligera diferencia.
—¿Es un compartimento oculto? —Preguntó Keen, mirando una pequeña tapa que estaba abierta en el pecho del droide.
—Lo es —respondió Velko—. Tuve que investigar un poco, pero cuando lo encontré, Kaysee pudo identificar ADN hassariano dentro del compartimento.
—¿Del tipo que queda cuando escondes pruebas falsas en un compartimento privado? —Preguntó Tarpfen, mirando con el ceño fruncido al embajador, que estaba pasando el dorso de su mano fría su lengua palpitante.
—Además de esto —dijo Velko, sacando un bote de gas bláster de su bolsillo—, que contiene el suficiente eleton para cargar un arma. Suficiente para mutilar…
—Pero no tanto como para matar —Tarpfen parecía querer terminar el trabajo ella misma.
—Fue temerario —admitió Velko—. Programar a tu droide para que simule el disparo y luego detonar un explosivo alojado dentro de su unidad craneal.
—Destruyendo así cualquier rastro del engaño —concluyó Keen, cruzando los brazos con decisión.
—Eso es un sinsentido —protestó el embajador, revolviéndose en su colchón—, eso es lo que es.
—¿Lo es? —Ceeril palideció cuando Avar Kriss avanzó hacia el centro de la habitación y se detuvo a los pies de la cama—. ¿Sabe lo difícil que es mentir frente a una Jedi, embajador?
—Especialmente cuando la administradora Jahen ha proporcionado multitud de pruebas —dijo Maru, tocando su siempre presente datapad—. Todo lo cual acabo de enviarlo al servicio de seguridad de la República en Coruscant.
—¿No es ese mi trabajo? —Preguntó Ghal Tarpfen, sonando más divertida que molesta, con el arma otra vez en sus manos.
—Eso es lo maravilloso de la Baliza Starlight —dijo Avar Kriss, volviéndose hacia Ceeril—. La República y los Jedi trabajando juntos por el bien de todos. Creo que formamos un gran equipo, ¿no es así, embajador? Quizás sería mejor si pasara el resto de su convalecencia en el centro de detención.
—¿Quieres hacer los honores? —Preguntó Tarpfen a Velko, pero ella negó con la cabeza—. Tú eres la jefa de seguridad.
—Y a ti se te debe un recorrido por Starlight —le dijo Rodor Keen mientras Burryaga maniobraba la camilla del skembo fuera de la habitación, bajo la atenta mirada de Tarpfen—. Dime, ¿por dónde te gustaría empezar?
La decisión quedó fuera de su alcance cuando llegó un aviso por el sistema de comunicaciones, una voz ronca y sibilante informaba a la mariscal Jedi que habían recibido una llamada de socorro del Sistema Kazlin.
—Tal vez deberíamos ir donde esté la acción —dijo Velko mientras Avar Kriss se dirigía al turboascensor.
—Una excelente idea, administradora —coincidió Keen—. Creo que encajarás perfectamente».
FIN
El siguiente número de la revista Insider, el 203, traerá un nuevo relato de la mano de Justina Ireland. Si os habéis quedado con ganas, os recordamos que tenéis los anteriores relatos ya traducidos:

Este 4 de julio estamos de celebración a lo grande. StarWars.Com nos trae sorpresas, eventos, juegos gratis y descuentos de clásicos y nuevos productos para disfrutarlo a lo máximo. Y como siempre amigos míos la Biblioteca te mantiene informado. Hay novedades referidas a Fallen Order para las consolas de nueva generación, rebajas en títulos aclamados por la crítica como Star Wars: Squadrons, nuevos contenidos en los favoritos de los fans como Star Wars: Galaxy of Heroes, y grandes ahorros en títulos de Lucasfilm Games de antaño.
A continuación te dejamos todo.
Consola/PC
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Realidad virtual

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Consola
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PC
Fuente: StarWars.com

Escrito por Gorka Salgado
Esta semana en el nuevo episodio de This Week in Star Wars primer vistazo exclusivo a Hyperspace Lounge en Wish de Disney Cruise Line, vistazo al nuevo sable de luz de Rey para Star Wars Galactic Starcruiser, y aprendemos más sobre la Feria de la República de la canciller Lina Soh en The High Republic. Además, le preguntan a la escritora principal de la serie The Bad Batch, Jennifer Corbett y al director supervisor, Brad Rau, quién es su miembro favorito de Clone Force 99…
¿Tienes una pregunta de Star Wars The High Republic? Envíala por Twitter con el hashtag #THRSQuestions para tener la oportunidad de ver cómo se responde en el próximo episodio de Star Wars The High Republic Show.

Traducción por Mariana Paola
Corrección por Mario Tormo
Os traemos esta traducción exclusiva del nuevo extracto de la nueva novela de La Alta República que pertenece a la segunda oleada de la primera fase de este nuevo proyecto. El libro sigue los pasos del padawan Ram Jomaram el día de una mega celebración en el planeta Valo. Allí descubre que el sistema de una de las torres de comunicación ha sido saboteado. Junto a su droide V-18 y su amiga Lula Talisola tendrán que afrontar nuevos peligros.

«¡Me divertí mucho escribiendo Race To Crashpoint Tower !» Comenta Older. “Como manda la tradición en Star Wars, esta es una aventura trepidante y llena de peligros que también obliga a sus personajes a confrontar realidades difíciles sobre cómo la galaxia está cambiando a su alrededor. Nos encontramos con Lula Talisola y Ram Jomaram involucrándose en los conflictos más grandes de su época, y haciendo todo lo posible por ayudar a salvar vidas y mantener a raya la destrucción que los invade. Espero que los jóvenes aprendan de esta novela que hay muchas formas de cambiar el mundo para mejor, y que ese viaje siempre comienza con un pequeño paso».
Aquí os dejamos el extracto de la nueva novela del gran Daniel José Older quien nos viene deslumbrando con sus cómic Star Wars: The High Republic Adventures.
Ram sólo había usado su sable láser en sesiones de entrenamiento.
Había soñado sobre ello, claro. Todos los padawan lo habían hecho. Pero esos sueños siempre le habían parecido fantasías lejanas, cuentos de un mundo que ya no existía, cuando las grandes guerras entre los Jedi y los Sith hacían estragos y el peligro acechaba en cada esquina. Hoy en día, es más probable que necesite su sable para luchar contra algún animal salvaje que contra cualquier ser malvado. Al menos, eso es lo que siempre había pensado.
Pero…
El viento le golpeó la cara mientras V-18 gemía y el motor del speeder los elevaba cada vez más por encima de los árboles con dirección hacia tres puntos que se alzaban hacia el cielo. Tres que ya habían realizado algún que otro disparo y, probablemente, algún tipo de sabotaje en la torre de comunicaciones. Ram sostuvo el manillar con una mano y cogió su sable láser con la otra. Le temblaban los dedos cuando rodeó la empuñadura y la sacó de su funda.
«Calma tu mente, y el sable se moverá como parte de ti», decía siempre el maestro Kunpar en las sesiones de entrenamiento.
Ja. Es fácil decirlo no estás surcando el aire para enfrentarte a un enemigo desconocido sin ningún tipo de apoyo. Pero de eso se trataba, ¿no? Una mente tranquila era una mente tranquila, ya fuera en la sala de entrenamiento o en la batalla. Respiró profundamente, buscó el vibrante temblor de la Fuerza que lo recorría y encendió su Sable.
¡FFFZZzzzzhhhhwwooosssSHHHHH! Sonaba el sable de luz de Ram mientras un brillante resplandor amarillo iluminaba el crepúsculo. Y apenas un instante después. Por encima de ellos, una de las siluetas le gritó a otra, y entonces una explosión sacudió el cielo.
«¡Aproximándose!» Advirtió V-18. Ram viró hacia un lado justo cuando la explosión de luz pasaba chisporroteando, luego puso los propulsores al límite. Quien le había disparado se había visto obligado a reducir la velocidad para cambiar de rumbo. Esta era la oportunidad de Ram. Se estabilizó en el asiento y extendió la mano libre, deseando que el speeder de delante redujera la velocidad.
La silueta a bordo seguía de espaldas. Parecía una Togruta hembra alta, ataviada con una máscara antigás y con diferentes clases de armadura por todo el cuerpo.
Ram sintió que la Fuerza fluía a través de él, más allá de él, y sonrió levemente cuando conectó con el motor que rugía en el speeder de alante. Se imaginó la Fuerza deslizándose dentro del chasis de metal, fluyendo a través de los engranajes y tubos, indagando en el agitado corazón de la máquina. Cerró el puño. El zumbido se entrecortó, chisporroteó y luego se detuvo por completo.
¡Sí!
El speeder se había bloqueado; en unos segundos se desplomaría. Ram volvió a agarrar el manillar con una mano, con el sable aún extendido en la otra, y aceleró el motor.
«Uh, ¿Maestro Ram?» murmuró V-18.
La Togruta enmascarada se giró y lanzó algo redondo: una especie de cápsula del tamaño de un casco. Ram vio cómo caía en picado hacia el suelo y aterrizaba en algún lugar cerca de la base de la torre con un pequeño sonido metálico. Entonces volvió la vista justo a tiempo para ver a la mujer sacar una pistola de la funda de su bota y apuntarle a él.
«¡Maestro Ram!» gritó V-18. Ram giró con fuerza hacia un lado mientras el speeder de la mujer empezaba a caer. Blandió su sable láser describiendo un fiero arco, rechazando uno de los disparos de blaster y enviándolo al espacio mientras que dos más pasaban de largo a toda velocidad y un cuarto impactaba contra la cubierta del motor causando un golpe gaseoso. V-18 gritó.
«¡Agárrate!» gritó Ram, aunque era el único que realmente necesitaba agarrarse a algo. El disparo les había sacudido hacia un lado, y el motor echaba humo pero no estaba totalmente roto.
El súbito rugido del speeder de la Togruta impregnó el aire. Al parecer su sabotaje sólo había sido una solución temporal. Ram levantó la vista justo cuando ella le disparaba tres vecesmás. Rechazó los dos primeros con su sable, y el tercero falló su objetivo, pero para entonces ya se había esfumado a toda velocidad. Apareció por encima de ellos una nave estelar. Los otros dos asaltantes ya debían haber subido. La nave no se parecía a ninguna que Ram hubiera visto antes: una nave de combate de algún tipo, por su tamaño, con una larga cabina y un anillo oxidado y desgastado abrazando la parte central. La rampa de embarque se desplegó, revelando unas enormes fauces en las que la Togruta se introdujo con facilidad, como si fuera engullida por una bestia espacial.
La nave soltó una ráfaga de disparos hacia Ram, aunque ninguno llegó a alcanzarle, para luego virar y alejarse.
Ram entornó los ojos para seguirla con la mirada. Algo parecía extraño en aquel anillo que la rodeaba. Casi parecía un… de repente, el propio anillo en sí pareció incendiarse cuando los propulsores se activaron a través de él. Y luego, con una serie de estallidos, la nave desapareció por completo, dejando solo un rastro de humo de motor que se desvanecía a su paso.
«Vaya», dijo Ram, levantando sus gafas y parpadeando hacia el cielo vacío donde antes había estado la nave. Se estaban hundiendo lentamente hacia el bosque mientras el humo se elevaba constantemente desde el motor alcanzado. V-18 murmuró algo en un idioma que Ram se alegró de no entender.
«¿Has visto eso, V-18?»
«¿Viste cómo casi nos asesina un grupo de piratas espaciales? Sí. Sí, lo vi. Con un asiento de primera fila, de hecho».
«No», dijo Ram. «Bueno, sí. Eso también. Pero, ¿has visto que esa nave acaba de hacer el salto al hiperespacio estando aún en la atmósfera?»
“Mm, supongo. Estaba ocupado tratando de no ser reducido a un amasijo de piezas».
Ram sabía dos cosas con seguridad:
Una, que era raro que una nave tan pequeña y deslabazada pudiera dar el salto al hiperespacio.
Dos, aunque pudiera, nadie en su sano juicio sería tan imprudente como para hacer el salto desde la atmósfera de un planeta, arriesgándose a una destrucción casi segura.
Y esas dos cosas se sumaban a un tercer hecho indiscutible.
Lo que más temía toda la República, lo que los Jedi y las fuerzas de seguridad locales habían pasado meses esperando evitar, estaba ocurriendo: los Nihil habían llegado a Valo.

Fuente: Polygon

Escrito por Gorka Salgado
Hola Bibliotecarios, hoy os traemos en exclusiva el primer número del nuevo Coleccionable de Naves y Vehículos de Star Wars de la editorial Planeta DeAgostini, el número cero, que como suele ser habitual, es un pequeño avance de lo que nos podemos encontrar en ésta nueva colección.
Star Wars Naves y Vehículos va a ser un Coleccionable de 60 entregas, al que podréis suscribiros a través de la propia página web de la editorial Planeta DeAgostini desde ya mismo o a través de quioscos (en éste caso sin fecha aún, presumiblemente, en los próximos meses).
Tenéis toda la información sobre el Coleccionable Star Wars Naves y Vehículos aquí.









Escrito por Gorka Salgado
Acabamos de descubrir gracias al propio Michael Siglain, director Creativo de las Publicaciones de Lucasfilm, del éxito de salida de la nueva novela de Timothy Zahn, la segunda parte de su nueva trilogía sobre su personaje fetiche, Thrawn, que lleva por nombre Star Wars Thrawn Ascendancy: Greater Good.
La novela se ha estrenado en el puesto número 13 de ventas de novelas de ficción del periódico New York Times, todo un éxito para la saga. Además, la versión de audionovela también está en la lista de lo más vendido.

En julio llega a España de manos de la editorial Planeta Cómic la primera parte de ésta nueva trilogía sobre el personaje de Thrawn, pero que sirve a modo de precuela de la anterior trilogía de novelas sobre el personaje, ya que está situada en su juventud mientras está en la Ascendencia Chiss. ¿Tenéis ganas de que llegue julio?. Que la lectura os acompañe.


