El retorno de la espada láser de Luke Skywalker en los años 80. Leyendas VS Canon, versión Marvel Cómics

¡Muy buenas, bibliotecarios! ¡Aquí Alberto y Lara desde La biblioteca de AlberSinLar!

Una pregunta, si no es molestia. ¿Estáis disfrutando de la actual etapa de la saga Star Wars en manos, nuevamente, de Marvel Comics? ¿Le habéis echado ya un ojo al nuevo reinicio de su serie principal, Star Wars, la cual volvió a comenzar desde el número #1 en enero de este año 2020? Llevamos ya cuatro números publicados en USA, y aunque rápidamente ya todos nos hayamos habituado a que, desde 1977, y en según qué editorial, haya habido varias series tituladas Star Wars (diferenciadas entre sí como Volumen 1, 2… dentro del argot del mundillo), la verdad es que estamos ante un caso de lo más paradigmático dentro de este universo comiquero de la saga galáctica. Cierto es que el tema de los reinicios de numeración de una serie es algo tremendamente habitual dentro del frente de vanguardia comercial dentro de Marvel Comics, esto es, las líneas superheroicas, pero en el caso de Star Wars es, aunque por ahí pueda olvidarse, la primera vez que pasa. Claro está que, durante la estancia de la licencia en la editorial Dark Horse Comics, llegaron a conocerse dos volúmenes Star Wars diferentes: el primero entre 1999 y 2006 (aunque a la larga tomara el nombre de su maxiarco final, Republic, a la hora de ser catalogado por la propia editorial), y un segundo muy breve entre 2013 y 2014, guionizado en su totalidad por un Brian Wood al que prácticamente se le concedió carta blanca para rebootear a placer; pero, al final, no es una situación comparable ni de lejos. Quizás en Inglaterra… ¡Los nuevos tiempos y políticas han alcanzado finalmente a la saga!

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Casi cuarenta y tres años de Star Wars resumidos en, solamente, cinco portadas. ¡Se dice pronto!

La cuestión es que, como habréis estado leyendo hasta el cese de distribución de la editorial por culpa de la crisis del Covid-19 (la idea es retomar en mayo), si algo definió los primeros números de este último volumen de Star Wars por parte de Marvel es, entre otras cosas, la búsqueda de Luke Skywalker de su espada láser perdida en la Ciudad de las Nubes durante su duelo con Darth Vader en El Imperio contraataca. De momento, la línea argumental firmada por Charles Soule no se deja nada en el aire y cierra el cuarto número del pasado mes de marzo con no solo la decisión de Luke de dejar de compadecerse por la derrota y revelación, tanto física como mental, sufrida a manos de su padre, sino con la localización del noble arma en el vertedero de residuos al que todo acaba cayendo dentro de la ‘ciudad flotante’. ¿Acabará apareciendo la mano seccionada? ¿Lo recuperará en algún momento? ¿Conoceremos alguna transición entre este y el que debutara en El retorno del Jedi? ¿Pasará por más manos antes de acabar en posesión de Maz Kanata? A partir de aquí, todo se irá viendo, porque parece que Luke está más animado y entiende que su arma no le hace un mejor o peor Jedi. Un pensamiento muy del Yoda del Episodio V y de la Ahsoka Tano del segundo arco argumental de la séptima temporada de The Clone Wars.

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Al igual que en Leyendas, un ugnaught es el responsable de localizar la espada láser. El The Last Command Sourcebook de 1994 sería el responsable de contar esta primera historia bajo el título  Clone B-2332-54. Eso sí, al pobre Groggin no le fueron bien las cosas.

Pero claro, en febrero se lanzaron las solits de los cómics de Marvel de mayo, las cuales revelaron una portada cuanto menos llamativa al referirnos a la sexta grapa de la serie: Luke Skywalker enarbolando una nueva espada láser dotada de una hoja color amarillo. Sin entrar en teorizaciones argumentales que damos por hecho tendrán su debida explicación, lo cierto y verdad es que, a raíz de las multitudinarias reacciones de los fans a esta ilustración del portadista R.B. Silva, el mismísimo Soule entraría en acción destacando que, entre otras razones, el color de la hoja es un guiño/homenaje a la figura de Luke con espada láser de hoja amarilla retráctil del legendario Early Bird Pack de Kenner. Como ya no estamos en aquellas décadas en que lo mostrado en la portada de un cómic no tiene por qué salir en su interior, es de suponer que el joven héroe tendrá una nueva arma más pronto que tarde, quedando el destino de la anterior, antigua propiedad de su padre, en manos del futuro. Aunque estemos ante un homenaje hacia aquellos juguetes del año 77, a decir verdad, los que tenemos el noveno arte de Star Wars en las venas no pudimos sino pensar en aquella portada del Star Wars #49: The last Jedi! (El último Jedi) de abril de 1981 en la que, más multitudinariamente, veníamos a tener lo mismo que en esta de 2020. Y es que en los tiempos ahora designados como Leyendas, la cuestión de la espada láser de Luke entre los Episodios V y VI, y en lo que a la traslación de sus aventuras en las páginas del Star Wars de Marvel se refiere, resultó bastante curiosa a la par que chocante.

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Técnicamente, de esta figura en particular hay ediciones tanto de 1977 como de 1995, e, incluso, 2019, así que desde aquí nuestra disculpa a los entendidos en la materia juguetera si veis que no está bien elegida. Ya mucho que nos hemos arriesgado [Risas].

Si para noviembre de 1980 los lectores de la saga galáctica en cómic contemplaron el fin de la fidedigna adaptación de El Imperio contraataca, no tardarían en conocer que la historia contada en la película continuaría, como pasara en octubre de 1977 con el número #7, justo al siguiente mes con un nuevo número de la serie: el #45, de título Death Probe (Sonda mortal). Cómo sería para los lectores de la época el encontrarse, al poco de ir pasando las páginas y descubrir la implicación de Luke en la historia, que, así, de golpe y porrazo, y destacándose bien claro los ya acontecidos sucesos de la mencionada película, cómo de su cinturón de piloto rebelde colgaba ni más ni menos que una espada láser. Y no cualquiera, porque, aparte de proyectar una característica hoja color azul, viéndola más de cerca (lo cual, con Carmine Infantino a los lápices, a veces puede ser toda una odisea) resultaba idéntica a la perdida en la Ciudad de las Nubes. Mango incluido, que es donde suele estar la trampa. Nos imaginamos a los lectores recordando la película o, directamente, echando un vistazo a la adaptación al cómic (ya fuera en la recopilación de bolsillo previa al filme o en el formato grapa posterior) para decirse a sí mismos «sí, mira, aquí se ve perfectamente, dibujado por Al Williamson y Carlos Garzón… ¿Y entonces, cómo es posible?»

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Escenificación del seccionamiento de la mano especialmente pensado para todos los públicos. Afortunadamente, Jesús Saiz no necesitó disimularlo tanto en el Star Wars #1 de 2020, lo cual es de agradecer. Ni siquiera Carmine Infantino, en el Star Wars #45, al rememorar la escena dibujada de Al Williamson, incluiría la mano.

Comienza a partir de aquí un suceso de lo más extraño que, aún a día de hoy, de vez en cuando aparece destacado en algún foro de la red en el que, algún usuario que ha ido descubriendo estas lecturas clásicas a través de las reimpresiones posteriores, y al no acabar de entender muy bien este recurso de la espada láser reaparecida, se pregunta de dónde la ha sacado. Y es que entre prácticamente toda la trama comiquera de la serie Star Wars que va entre el Episodio V y el VI se va desarrollando esta cuestión acerca de la misteriosa obtención del susodicho arma en según va apareciendo en, concretamente, ocho números; cada uno, por supuesto, perteneciente a distintas etapas representadas por sus autores: últimas colaboraciones entre Archie Goodwin y Carmine Infantino, la apoteósica reentrada de Walter Simonson ahora como dibujante junto a un David Michelinie a los guiones, el inicio de la mítica relación entre Mary Jo Duffy y el dibujante Ron Frenz, y, por último, pero no por ello menos importante, el único trabajo completo de interior del experto entintador Klaus Janson. Todo esto verdaderamente curioso cuando, además, estamos en una parte de la serie de cómics en la que, cómo no, las prohibiciones argumentales desde Lucasfilm a la hora de aprobar el material, estaban a la orden del día: la imposibilidad de usar a Han Solo en el tiempo presente y que dio lugar al empoderamiento de la figura de Lando Calrissian, la imposibilidad de recuperar la idea de una segunda Estrella de la Muerte y que dio lugar a la creación de El Tarkin… Conceptos que fueron bien salvados ‘tangencialmente’ por sus guionistas a la hora de tratarlos pero que, para el tema de la espada láser, ¡la verdad es que se presentó un Deus Ex Machina como una catedral! ¿La respuesta a todo esto? Pues en las fuentes originales, como siempre.

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De izquierda a dererecha y de arriba abajo: Star Wars #45, #49, #51, #71, #72, #74, #75 y Anual #3. De haber alguna diferencia, como mucho estaría en la base originalmente estriada del mango, que a veces es dibujada más o menos definida.

El gran misterio, que técnicamente tampoco lo sería si las distintas web especializadas en Star Wars se les hubiera ocurrido recogerlo en algún momento, está en que desde la editorial veían que Luke, para los tiempos de la película, ya había demostrado tener la suficiente maestría en la Fuerza, incluso antes de iniciar su entrenamiento con Yoda en Dagobah (lo cual lo potenciaría aún más), como para sobrevivir al ataque del wampa en Hoth haciendo levitar su espada láser clavada en la fría nieve. De esta manera, dan por hecho que, en el momento en que éste se precipita voluntariamente al vacío del gigantesco conducto de ventilación (o conducto del reactor en el guión de aquel entonces), rechazando así la propuesta de su padre de unirse a él para destruir al Emperador y gobernar juntos la galaxia, hay un momento de la caída en que, usando la Fuerza, es capaz de atraerlo para sí desde donde supuestamente acabara inicialmente. Además, que en ningún momento concebían en el bullpen presentar aventuras de Luke sin la espada láser. Y ya está, sin miedo ninguno Lo cierto es que no todo resulta tan del pensamiento «porque yo lo valgo» como pudiera parecer, ya que, al fin y al cabo, la editorial admitía, de manos de su propia editora y su auxiliar de edición respectivamente, Louise Jones y Danny Fingeroth, que esta justificación era una enorme sobrada por su parte, por lo que tuvieron el detalle de aclarar que, aunque esa era su defensa, no tendrían inconveniente en tener que inventarse algo para cuando llegara a los cines lo que, para entre marzo y junio de 1981, aún se conocía como Revenge of the Jedi. O lo que es lo mismo, cuando desde Lucasfilm les dieran una voz durante la producción como en tiempos del  Episodio V. Sí, esa misma que aprobó el misterioso retorno de la espada láser en cuestión. Irónico, ¿cierto?

Efectivamente, es lo que acabó pasando a posteriori, tal y como los lectores descubrieron en, literalmente, el primer cómic de este primer volumen Star Wars de Marvel que más relación tuvo con el ya estrenado bastantes meses antes Episodio VI: Star Wars #80: Ellie, el cual, por cierto, es uno de nuestros favoritos. Quitando que es una preciosidad de historia conceptualmente similar al posterior y también enternecedor relato comiquero Mostly Automatic (Star Wars Primeras victorias: Casi todo automático), no solo buscaba situarse literalmente antes de los acontecimientos de la película presentándonos la existencia del almirante Ackbar, de una más que presente flota rebelde, los atavíos oscuros de Luke y de lo que a las claras eran planos y esquemas del Proyecto Endor, sino que, finalmente, ¡hacía blandir a Luke su característica espada láser de hoja color verde! Si bien es cierto que el color se desteñía un poco en según la viñeta, y ya hemos dicho anteriormente que esto no era nada raro desde abril de 1977, su mango no daba lugar a dudas.

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¡Finalmente una buena comunicación interdepartamental! El propio Star Wars #80, ilustrado en la imagen de la derecha bajo las manos de Ron Frenz, Tom Palmer y Glynis Wein, ya mostraba un aviso al final del número -con espada láser perfectamente identificable incluida- sobre la inminente salida de la adaptación en cómic de la película.

¡Y así es como pasó, bibliotecarios! Definitivamente, no se puede decir que sea el mejor trabajo de continuidad Star Wars de la historia, pero bueno, ya sabéis que en aquellos tiempos la idea de un Universo Expandido codificado y jerarquizado estaba aún más que en pañales, así que dadas las simpáticas locuras que llegaron a plasmarse en las páginas de estos cómics, casi que lo salvaron relativamente bien… Aunque luego se olvidaran de ello más adelante.

Por supuesto, la llegada de los años 90 y el boom editorial que la saga vivió de manos de Bantam Spectra y Dark Horse Comics, cada una dentro de su propio campo literario-impreso, acabarían por definir un relato totalmente distinto y oficial para el que fuera el destino final del sable láser que Luke perdiera en la Ciudad de las Nubes. De manos del escritor Timothy Zhan y la novela La última orden, su tercera entrega dentro de la posteriormente bautizada como Thrawn Trilogy (Trilogía de la Nueva República), quedó establecido que, por supuesto, aquello contado en los tiempos de Marvel Comics sería desechado para definirse cómo la espada láser, aún adherida a la mano seccionada de Luke, acabaría siendo recuperada por Darth Vader y ofrecida a regañadientes al Emperador para ser ambas guardadas en su almacén personal del planeta Wayland, a la larga guardado por el demente Jedi Oscuro Joruus C’Baoth. A esto hay que añadir la creación de los antiguos niveles del Canon para organizar lo mejor posible este universo de ficción, en el que el primer volumen de Star Wars acabó en el nivel S o Secundary (secundario), es decir, material antiguo a usar o desechar a gusto del autor de turno.

El resto, como se suele decir, es historia.

Eso es todo por hoy, bibliotecarios. ¡Un saludo a todos y todas! ¡Nos vemos en La Biblioteca del Templo Jedi y en su revista, Biblioteca Jedi, para más curiosidades y detalles de esta etapa tan interesante de la saga en formato cómic!

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