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  • Reseña y curiosidades del cómic The High Republic Adventures: Galactic Bake-Off

    Reseña y curiosidades del cómic The High Republic Adventures: Galactic Bake-Off

    Escrito por Mario Tormo

    Esta divertida grapa esconde una interesante historia sucedida en el marco temporal del Gran Desastre que no conocíamos hasta ahora. Sigue leyendo para conocer todos los detalles y descubrir qué estaban haciendo Buckets of Blood y Kantam Sy tras el primer gran ataque Nihil.

    • Guión: Daniel José Older & Vita Ayala
    • Dibujo: Jo Geyong & Toni Bruno
    • Color: Jo Geyong & Rebecca Nalty
    • Título: Galactic Bake-Off
    • Editado: 19 de Enero de 2022 (USA)
    • Idioma: Inglés
    • Editorial: IDW
    • Páginas: 32
    • Precio: 5.99 $

    Historia (con spoilers)

    Durante el Gran Día del Horneado Jedi Torban Buck y Kantam Sy enseñan a los padawans que para un cocinado adecuado se debe contar mientras una historia.

    En los días del Gran Desastre la Voyager Dawn, que transportaba ancianos Jedi, requirió evacuación. Primero acudió una nave mediana comandada por Kantam para asistir, pero no podían evacuar a todos. Por eso el pequeño carguero que de Bucks también acudió al rescate.

    Pero cuando Sy tenía a todos reunidos en la bahía de atraque listos para ser evacuados el Jedi Fambola se da cuenta de que falta su compañero Griswel. Kantam entonces, después de una búsqueda frenética y una huída evitando el desastre, tuvo que sincronizarse mediante la fuerza con Bucks para ser extraídos a través del espacio.

    Opinión

    Daniel José Older une fuerzas con Vita Ayala para ofrecernos dos historias conjuntas. La principal se sitúa previa al The High Republic Adventures #11, ya que se menciona que los pasteles iban a ser para los ganadores de la Great Jedi Rumble Race, y la secundaria durante el Gran Desastre. Comenta Older, autor de la principal, que «todo el tema de la panadería y bollería empezó con un comentario aislado de Yoda, queriendo hacer de Starlight un lugar seguro y agradable para Zeen (…) y acabó en una broma recurrente, algo que colaba cada vez que tenía una viñeta extra o un diálogo que completar.» Fue el editor Michael Siglain quien sugirió la idea de crear un número especial dedicado a ello.

    Por su parte, y después de hacer un Tales of Villainy para el Star Wars Adventures #9, Vita Ayala regresa a la franquicia con una historia bastante interesante. Porque nos permite conocer dónde estaban el resto de Jedi, que hemos ido conociendo posteriormente, en los momentos de Luz de los Jedi. Estoy seguro que, dado que la siguiente fase de la Alta República es anterior a todo esto, no será la última vez que veamos a estos, ahora ancianos, nuevos Jedi.

    El dibujo de Jo Geyong es muy elegante y descargado. Aterriza por primera vez en la saga y lo hace de una manera fantástica. Si entendéis coreano podéis seguirlo en Twitter. Ha dibujado unas páginas completas repletas de personajes y aun así no parecen recargadas, cosa que se agradece ya que estamos demasiado acostumbrados a tener estos personajes con muchos detalles que a veces llegan a cansar. Además pone el color también, y lo hace con unos tonos pastel que hacen que la vista descanse y le resulte agradable. Aquí tenéis algunas de sus viñetas libres de diálogos.

    A Toni Bruno ya lo conocemos de la serie The High Republic Adventures por ser el dibujante sustituto de Tolibao. Tiene un estilo propio que nos encanta, parece muy sencillo, pero luego está lleno de detalles, por ejemplo el bebé en el tanque de bacta, increíble. En el aspecto negativo debemos apuntar que la narración se vuelve confusa con respecto a las naves. No llegamos a saber si en la que llega Kantam es el Vector que vemos al final (sería extraño porque se habla de una nave mediana, que es un pequeño equipo de rescate, y al menos entendemos que está acompañado de un jedi iktotchi). Se echa de menos saber en qué nave y está cada uno y cómo hacen, si es que se hace, el reparto de los evacuados.

    Pero centrémonos en el color ahora, porque tenemos una vez mas a la gran Rebecca Nalty, de la que podemos ver el resultado sin bocadillos encima de estas líneas. Intensos tonos con una gran paleta cromática. La idea de tener dos equipos creativos diferentes para cada época siempre es un acierto porque ayuda a diferenciar, también visualmente, cada una de las historias.

    Curiosidades

    Por fin vemos a Buckets of Blood usando sus «poderes» de curandero, capacidad a la que hacía referencia en el The High Republic Adventures #2 y que ahora vemos cómo funciona.

    Tenemos nave nueva, la Voyaguer Dawn, y teniendo en cuenta que transporta a Jedi ancianos y que la siguiente fase va a situarse 150 años de esta… Tiene pinta de que la volveremos a ver.

    Conclusión

    Un número que se situaría cronológicamente antes del número #11 de la serie, pero que cuenta un suceso del principio de la Fase 1. Una grata sorpresa por las implicaciones que puede tener la historia, pero también por traer a la Alta República a dos nuevos creadores.

    Reseñas de números anteriores

  • Primera Tarea (Primera Parte). Traducción exclusiva del nuevo relato de La Alta República

    Primera Tarea (Primera Parte). Traducción exclusiva del nuevo relato de La Alta República

    Traducción por Mario Tormo

    Os traemos en exclusiva la traducción del nuevo relato Canon de The High Republic aparecido en el número 201 de la revista Star Wars Insider. Dentro de la serie de relatos Starlight comienza una nueva aventura escrita por Cavan Scott, el guionista de la serie regular de cómics Marvel de La Alta República y que es el autor también de la novela Dooku: Jedi Lost.

    En esta primera parte que se sitúa en el Faro Starlight tendremos a una serie de personajes nuevos, a los que os vamos a presentar antes de que empecéis a leer para que no os hagáis un lío con tanto nombre, cargo y especie.

    Velko Jahen – Administradora, Soikan, Hembra.
    Okana – Enfermera, Ovissiana, Hembra.
    Stala Maru – Jedi, Kessiano, Macho
    Rodor Keen – Controlador, Jefe de Operaciones de la República en la estación, Humano
    Ghal Tarpfen – Jefa de Seguridad, Mon Calamari, Hembra
    Doctor Gino’le – Jefe de operaciones médicas de la estación, Anacondan, Macho
    Ceeril – Embajador de Rion, Skembo

    Starlight:
    PRIMERA TAREA
    (Primera parte)

    Respira maldita sea. ¡Respira!

    Velko Jahen agradecía que nadie pudiera escuchar la conversación que se sucedía en su cabeza mientras la lanzadera salía del hiperespacio.

    La espigada soikan de piel plateada había pasado gran parte de su vida en las enfangadas trincheras de su planeta natal, esquivando disparos de blásters y evadiendo droides remotos. Había pasado horrores que la acompañarían por siempre y demostrado valentía sin igual, y con todo aquí estaba, una veterana del conflicto Soikan, anonadada por la imagen de una reluciente estación espacial.

    Era, por descontado, la estación espacial más hermosa jamás creada, desde su luminoso disco central hasta la majestuosa torreta Jedi coronada con la reluciente linterna que daba nombre a la instalación: Baliza Starlight.

    Velko había estado viendo holos de la Starlight, incluso estudió los esquemas, pero nunca se había dado cuenta de lo mucho que la estación se parecía a un reluciente sable de luz, girando firmemente, en la vasta extensión repleta de estrellas que suponía la frontera.

    —Estás muy lejos de casa, Vel —se dijo en voz baja mientras el transbordador pasaba a través de las enormes puertas del hangar.

    Por supuesto, poner tantos parsecs entre ella y Soika había sido en gran parte el motivo para presentarse al cuerpo administrativo de la República, y así huir de los fantasmas de su pasado. No. Eso no era del todo cierto. Ella estaba aquí para servir a la República, y ¿dónde mejor que en el símbolo de la luz y la esperanza en los márgenes de la galaxia conocida?

    Eso no impidió que Velko se sorprendiera cuando se abrió la escotilla de la lanzadera. Había mucha gente. Mucho ruido. Se agarró a la barandilla de seguridad, tratando de centrarse, tal y como Dagni le había enseñado. Aunque el entorno no podía ser más diferente al que ofrecía la batalla de Soika. Para empezar el olor era mejor, todo tan nuevo y brillante. Su impecable uniforme de la República era más elegante que sus antiguas ropas de insurgente. Su largo pelo blanco, generalmente anudado en una coleta, ahora estaba recogido de manera inmaculada en un apretado moño triple que le había llevado la mayor parte del día de ayer poder dominar. Y luego estaba la atmósfera. No el aire en sí mismo, que era lo suficientemente fresco. No, era el sentimiento de emoción que impregnaba el lugar, la sensación de que todo era posible.

    —¡Administradora Jahen!

    Velko se volvió al oír la voz. Una ovissiana de piel verde se abría paso a través de la multitud, con una sonrisa casi tan ancha como los cuernos amarillos que salían de su cabeza.

    —Bienvenida a Starlight. El Controlador me pidió que viniera a buscarla.

    Velko notó cómo se ponía firme ante el rango de Rodor Keen, fruto de su formación. Incluso la Fuerza de Liberación Soika respetaba la cadena de mando.

    —¿Está el Controlador en el centro de operaciones? —preguntó Velko.

    La ovissiana rió con un contagioso trino.

    —Eso quisiera. Está en el centro médico.

    Los ojos de Velka se fijaron en la bata que su nueva compañera llevaba puesta, tan impecable como las paredes del hangar.

    —¿Se encuentra bien?

    —Si, por supuesto. La presión aún no ha podido con él —la sonrisa de la ovissiana vaciló un instante—. Eso no significa que no esté dando la talla en su trabajo. Simplemente que… Bueno, lo verás cuando lleguemos allí.

    Se adentraron apresuradamente hacia otro corredor igualmente atestado.

    —Soy Okana, por cierto.

    —Eres médico.

    —Enfermera junior. Llevo aquí tres días. Parecen tres semanas.

    —¿Tan mal está la situación?

    —Oh, no. Para nada. Simplemente ha sido mucho —las mejillas de Okana se tiñeron de esmeralda—. Lo siento, no te estoy tranquilizando, ¿verdad? Mis formas atendiendo camas no suelen ser tan malas, te lo prometo.

    Velko mostró lo que esperaba que fuera una sonrisa tranquilizadora.

    —Lo estás haciendo bien. Debo admitir que me siento un poco abrumada.

    Entraron en un turboascensor que estaba parado y las puertas se cerraron suavemente tras ellas. Okana apretó un botón y la cabina comenzó a moverse por el conducto.

    —No te preocupes. Se pasa pronto, o eso me han dicho…

    ***

    Si la plataforma del hangar había sido sobrecogedora, el centro médico de la Starlight era simplemente alucinante, especialmente para alguien cuya experiencia en instalaciones médicas habían sido hospitales de campaña cubiertos de barro (y sólo la Fuerza sabe de qué más). Velko nunca había visto tantos pacientes, incluso en el apogeo de la insurgencia. Okana la condujo a través de una sucesión aparentemente interminable de salas impecables, personal médico y droides revoloteando de un paciente a otro. Vio a amanin, elomin, boltrunianos y humanos mientras pasaban corriendo, incluso un par de esbeltos hassarianos; uno acostado en un estabilizador de huesos y el otro suspendido en un tanque de bacta, con un respirador de amoníaco sobre su largo hocico.

    —Hay demasiados.

    —¿Pacientes o salas?

    —Ambos —no pudo evitar sorprenderse con los médicos, manteniendo la calma ante tal sufrimiento—. ¿Son todos del Gran Desastre?

    Okana asintió.

    —¿Las Emergencias? Si. ¿Pudes imaginártelo? En un minuto estás viviendo la vida con normalidad y al siguiente están lloviendo escombros directamente desde el hiperespacio. Los hospitales están atestados desde aquí hasta Vjun, si es que siguen existiendo. Los peores casos los envían aquí, es el procedimiento estándar al parecer…

    La ovisiana la llevó a través de un último par de puertas corredizas, y casi chocan con dos hombres que Velko reconoció por el informe que le habían enviado para leer antes de su llegada. El kessuriano era el Maestro Jedi Estalu Maru, resplandeciente con su atuendo de templo, acompañado de su astromecánico rechoncho naranja y blanco. El humano era quien Velko esperaba que le hubiera dado la bienvenida en el hangar: Rodor Keen, jefe de operaciones de la República en Starlight y su superior directo.

    —Controlador —dijo, extendiendo una mano a modo de saludo—. Soy Velko Jahen…

    —Mi nueva ayudante —respondió Keen, y le devolvió el gesto con un apretón firme pero nada hostil—. Me alegro de conocerla al fin.

    Las connotaciones del comentario la tomaron por sorpresa.

    —Vine tan pronto como recibí la comunicación, señor.

    Keen levantó una mano en señal de disculpa.

    —Y no quise ofender, Administradora —dijo—. Las cosas han estado un poco agitadas aquí últimamente.

    —Starlight está funcionando a pleno rendimiento —protestó Maru—. He estado monitoreando cada departamento de manera constante.

    —Con una eficiencia inquebrantable —confirmó Keen, haciendo obvia la tensión entre los dos.

    Velko podía adivinar por qué. La estación fue co-administrada por funcionarios de la República y la Orden Jedi, un símbolo de la armonía entre las dos grandes instituciones y, si nos guiamos por sus reputaciones, se sabía que tanto Keen como Maru eran prácticos. No era necesario tener poderes empáticos para sentir la frustración de Keen mientras el Jedi proseguía, aparentemente ajeno al efecto que estaban teniendo sus palabras:

    —De hecho, he identificado ciento setenta y tres mejoras que se podrían hacer, desde la sección de ingeniería de Cah Norne hasta los protocolos de seguridad de la estación.

    —¿Mejoras? Me gustaría escucharlas.

    Todas las miradas se volvieron hacia la mon calamari que estaba observando desde una habitación cercana. Vestida con un uniforme de seguridad, con un bláster enfundado colgando de su cadera, se movía como un targon enjaulado.

    —Ah, Jefa Tarpfen —dijo Maru—, tenía la intención de repasar mis propuestas con usted. No debería tomarnos mucho tiempo. Sólo una hora o dos.

    La mon cala cruzó sus musculosos brazos.

    —¿Eso es todo?

    —Administradora, le presento a nuestra Jefa de Seguridad, Ghal Tarpfen. Es una recién llegada, como usted.

    La Mon Calamari apenas le dedicó un saludo, estaba concentrada en Keen.

    —Controlador, toda esta sección es un incidente diplomático a punto de desencadenarse. Tenemos pacientes de territorios en guerra uno al lado del otro, sin saber qué le hará el uno al otro en cuanto recuperen la conciencia.

    —Desafortunadamente, el Gran Desastre prestó poca atención a las fronteras políticas —dijo Maru, mostrando un dominio del sarcasmo que sorprendió a Velko—. Pero es por eso para lo que estamos aquí, para aliviar las tensiones que puedan surgir.

    Tras él, el astromecánico emitió un pitido de alarma.

    —Kace-setentayocho tiene razón, Maru. Tú y yo tenemos tareas pendientes de realizar en otra parte —le recordó Keen al kessuriano antes de agregar un apresurado—, por separado.

    Como respuesta, Maru sacó un datapad de su túnica.

    —Tonterías. Puedo monitorear las operaciones tan fácilmente como lo haría en el centro, y si la mariscal Kriss me requiere…

    —No es necesario —interrumpió Keen, hablando antes de que Tarpfen pudiera provocar su propio incidente diplomático—. A fin de cuentas tenemos a la Administradora Jahen…

    —¿Yo? —dijo Velko, deseando instantáneamente que su voz no hubiera sonado con un chillido—. Pero creía que ¿trabajaría contigo? —¡Por el sable de un Jedi! ¿Podría haber sonado más necesitada?

    Keen ya estaba caminando hacia la puerta.

    —No te preocupes, pronto te cansarás de verme. La Jefa le explicará lo que debe hacer. ¿Maru?

    El Jedi no mostró signos de seguir a su homólogo de la República, no hasta que KC-78 le dio un nada sutil empujón.

    —Sí, sí, gracias amigo mío —murmuró el Jedi mientras se dejaba guiar fuera de la sala—. Espero con ansia nuestra pequeña charla, Jefa Tarpfen. Que la Fuerza le acompañe.

    —La necesitaré —murmuró la mon cala, mirando con el ceño fruncido como se alejaba el kessuriano.

    —No es como yo esperaba —aventuró Velko con una sonrisa, recibiendo en respuesta una mirada lo suficientemente fría como para congelar lava.

    —Eres soikana. ¿Una soldado?

    —Solía serlo.

    —¿Como parte de la Unión Livtak?

    —No. Luché para la Alianza Gagic».

    Tarpfen frunció el ceño, estudiando las escamas plateadas que se alineaban en los afilados pómulos de Velko y los ojos lilas que compartía con el resto del clan Jahen—. Lo siento. Pensé que, simplemente por tu color de…

    —Mi padre era Livtak, pero mi mader era Gagic.

    —Debe haber sido complicado.

    —Realmente no. Padre desertó tan pronto como se dio cuenta de lo que estaban planeando los Livtak— Velko juntó las manos desenado cambiar de tema—. Entonces, ¿dónde me necesitas?

    Echó un vistazo alrededor de la sala y agradeció la cálida sonrisa que recibió de Okana. La enfermera junior estaba ayudando a un anacondan que Velko reconoció por sus archivos como el Doctor Gino’le, el jefe de operaciones médicas de la estación, un cirujano brillante que se había injertado extremidades cibernéticas en su cuerpo de serpiente para cuidar mejor a sus pacientes. En este momento, le estaba administrando medicinas a un medoslean tumbado. El enorme ser, parecido a una medusa, se extendía no sobre uno, sino sobre dos catres de trauma.

    —Puedes empezar por ahí —dijo Tarpfen, apuntando con su pulgar membranoso a la habitación tras ella—. Buena suerte.

    —¿Con qué?

    —Ya lo verás.

    El jefe pasó rozándola en dirección a un cubículo en el lado opuesto de la sala, dejando a Velko donde estaba.

    —Perfecto. Excelente. Me encargaré entonces.

    Mordiéndose el labio, Velko se volvió y se apresuró a entrar en la habitación encontrando a un skembo de rostro áspero acostado en una camilla médica, con sus dos cortas piernas magna-escayoladas. A su lado había un impresionante droide guardaespaldas, con cada uno de sus cuatro brazos equipados con un blaster montado sobre un conjunto de tenazas de aspecto igualmente mortal.

    —¿Quién eres? —-exigió el skembo con una voz como si estuviera haciendo gárgaras con rockrete.

    —Mi nombre es Velko Jahen—respondió, aún sin saber lo que se suponía que debía hacer. Se dirigió hacia la cama, deteniéndose bruscamente cuando el paciente de piel rocosa chilló alarmado.

    —Se supone que debes esperar junto a la puerta.

    —¿Junto a la puerta?

    —Sí. Para protegerla.

    Velko se desplazó nerviosamente, muy consciente de que el guardaespaldas la estaba mirando con su único fotorreceptor brillante.

    —Creo que ha habido un error. No soy un guardia. Iré a buscar…

    —¡No! —gritó el skembo, alargando su extensa lengua para coger una uva del cuenco de la mesilla anexa a la cama—. Me prometieron un guardia en todo momento y, sin embargo, me han dejado solo durante horas.

    —Tiene su droide —señaló Velko, limpiándose de la mejilla una pepita de uva que le había salpicado desde la otra parte de la habitación.

    —¡Pero me hicieron drenar el gas de sus blásters! No se permiten armas en la sala, a menos que seas personal de la Starlight —- sus ojos amarillos se posaron rápidamente en su cintura—. Tú tienes un bláster ¿no?

    Velko separó las manos a modo de disculpa.

    —Me temo que no. Solo soy una ayudante y…

    El skembo no la dejó terminar.

    —-Esto es intolerable. ¿No sabes quién soy? —al menos la salvó de volver a sonrojarse por tener que responder dándole la solución él mismo—. ¿Ceeril? ¿Embajador de Rion?

    —Ah, si, por supuesto —dijo, como si eso lo explicase todo.

    —Se me prometió protección cuando me trajeron aquí. Hay hassarianos en el centro médico. Los he visto con mis propios ojos.

    Al menos eso aclaraba las cosas. Los hasarianos y los skembo habían sido rivales durante siglos, aunque ninguno de los hasarianos de color lila con los que se había topado antes podrían suponer algún tipo de amenaza en su condición.

    Velko estaba a punto de tratar de calmar los temores del embajador cuando sonó un estruendo procedente del pabellón exterior, seguido de una sirena ensordecedora.

    —¿Y ahora qué está pasando? —Gritó Ceeril mientras Velko salía por la puerta.

    —Voy a ver.

    —¡No! No me dejes —gritó el embajador—. ¡Se supone que no se me debe dejar solo! ¿Qué pasa con los hassarianos?

    Pero la amenaza hassariana, real o imaginaria, era la menor de las preocupaciones de Velko. Delante de ella, el medoslean se había levantado de su cama repulsora, y tenía sus extremidades alrededor del cuello tanto de Okana como del serpenteante cirujano. Tarpfen ya estaba abalanzándose hacia adelante, con su bláster desabrochado.

    —No dispare —gritó Gino’le antes de que el jefe de seguridad pudiera disparar—. Está teniendo una reacción al tratamiento. No sabe lo que hace.

    —Necesitamos estabilizarlo —gruñó Okana con una voz casi irreconocible mientras señalaba violentamente hacia el suelo.

    Los ojos de Velko se detuvieron en una jeringuilla que yacía fuera del alcance de los médicos.

    —La aguja, ¡ahí!

    —La veo —dijo Tarpfen, abalanzándose hacia el antídoto mientras el gigantesco paciente convulsionaba. Un tentáculo salió disparado y golpeó a la mon cala en la cabeza. Voló hacia atrás, con su cráneo impactando bruscamente contra una camilla médica cercana.

    Velko no se detuvo a ver cómo estaba la jefa, ni siquiera cuando Tarpfen cayó al suelo. Con una extremidad extendiéndose hacia ella, Velko corrió hacia adelante, dejándose caer por debajo del tentáculo para recoger la inyección al pasar. Tratando de no pensar en el horrible traqueteo que emanaba de la garganta de Okana, rodó hacia arriba y clavó la jeringuilla en la coronilla del medoslean, presionando el émbolo. La cánula emitió un silbido y el medoslean se destensó. Su cuerpo rígido se desinfló como un globo y los tentáculos se aflojaron alrededor del cuello de los médicos.

    —Gracias —jadeó Okana, liberándose y mirando a Gino’le—. ¿Está bien Doctor?

    —Muy bien, enfermera —dijo la serpiente, examinando a su paciente, que roncaba levemente a través de su vocoder.

    Velko se apresuró hacia Tarpfen, que estaba intentando usar el extremo de la camilla médica para incorporarse.

    —Guau —dijo, mientras la mon cala se inclinaba hacia adelante—. Eso sí que fue un buen golpe.

    —Y una buena pirueta por tu parte —reconoció Tarpfen, agarrando los brazos de Velko para estabilizarse.

    Velko se permitió disfrutar del cumplido mientras el doctor Gino’le se acercaba corriendo, con las piernas de metal repiqueteando en la cubierta.

    —Oh querida, querida, querida —gruñó, apuntando el flash de un sensor médico a los ojos de Tarpfen—. Una conmoción cerebral de nivel nueve si no me equivoco. Vas a necesitar algo de tiempo en un rejuvenecedor, Jefa.

    —Demasiado trabajo por hacer —arrastraba las palabras Tarpfen, tratando de pararse sobre sus propios pies con poco éxito—. Me necesitan.

    —Oye —dijo Velko—, puedo ocuparme de todo por aquí. Incluso del embajador Ceeril. Gracias por eso, por cierto. Es… bastante especial.

    Tarpfen ofreció una sonrisa de boxeador noqueado, que Velko creyó era genuina, la cual se desvaneció en cuanto se escuchó un grito. Antes de que ninguno de ellos pudiera detenerla, la jefa había empujado a Gino’le a un lado y se tambaleaba hacia la habitación de Ceeril, donde una paciente rodiana miraba estupefacta a través de la puerta, con una mano tapándole la boca.

    Tarpfen tropezó cuando alcanzó el umbral de la puerta, pero Velko la atrapó.

    —Tranquila ahora.

    —No pierdas el tiempo preocupándote por mí. Preocúpate por él.

    Velko echó un vistazo y tragó saliva. El guardaespaldas del embajador estaba tirado en el suelo, había un enorme agujero donde debería estar su cabeza, pero eso no era lo peor.

    El propio Ceeril estaba tirado sobre la cama, con la cabeza hacia atrás y la boca abierta, y una columna giratoria de humo que salía de la herida de láser en el centro de su pecho.

    CONTINUARÁ…


    El siguiente número de la revista Insider, el 202, que está previsto para finales de mes nos traerá la conclusión de este relato. Si os habéis quedado con ganas, os recordamos que los dos anteriores relatos, que forman parte de una misma historia, los tenéis ya traducidos:

    Starlight: Vamos Juntos. Parte 1, Parte 2.

  • Conocemos a dos nuevos maestros Jedi de La Alta República y a un droide que salía en…¡en un set de Kenner del 77!

    Conocemos a dos nuevos maestros Jedi de La Alta República y a un droide que salía en…¡en un set de Kenner del 77!

    Además repasa algunos detalles y personajes que ya se habían visto, el escritor nos revela nuevas claves y referencias, mostrando además dos páginas de su cómic para Marvel a todo color, gracias a esta entrevista para Polygon.

    Como ya sabemos 2021 es el principio de una era del universo Star Wars. Lucasfilm ha juntado un equipo de cracks, tanto escritores como artistas, para diseñar la Alta República, un tiempo que se sitúa siglos antes de que la familia Skywalker empezara a cargarse la política galáctica.

    Va a haber libros, cómics y hasta una serie de acción real, y ya hay rumores que apuntan a otros productos. Uno de los primeros vistazos lo hemos podido echar a las páginas de la serie de Marvel. Escrita por Cavan Scott y dibujada por Ario Anindito, ya habíamos podido ver alguna página en blanco y negro, y luego gracias al sampler digital las hemos podido disfrutar con diálogos. Esta vez tenemos la oportunidad de disfrutarlas en color, y con las introducciones de Cavan Scott que podéis leer a continuación.

    La estación Starlight

    Comenzamos con una estación espacial, el Faro Starlight, situado en medio de la Extensión Sin Estrellas (Starless Expanse, una oscura y desolada área mas allá del núcleo galáctico a través de la cual están pasando muchos viajeros con la intención de establecer un nuevo hogar en el Borde Exterior).

    La estación es una de las Grandes Obras de la actual canciller de la República, destinada a mostrar la estabilidad y empatía del gobierno. Su nombre es por la baliza de la parte superior de su eje central, que emite un pulso constante. Cualquiera en el Borde Exterior puede apuntar con un receptor hacia la estación Starlight y saber que la República sigue ahí fuera, sin importar la distancia.

    El resto de la estación tiene todo lo que un Jedi o un viajero podría necesitar: hospitales, laboratorios, espacios de entrenamiento, incluso un Templo Jedi en toda regla.

    «Lo emocionante de esto es que es nuevo y resplandece», cuenta Scott. “El objetivo de esta era es que estamos acostumbrados a que Star Wars sea un poco sucio y gastado, pero aquí es cuando todo era nuevo en la galaxia. Aquí es cuando estaban recopilando recursos para asegurarse de que la gente tuviera una buena vida, especialmente en el Borde Exterior.»

    Estala Maru

    Estala Maru

    Te presentamos a Estala Maru, un Maestro Jedi Kessuriana, a quien podemos ver en esta imagen levitando con su taza de caf.

    «Es el responsable de asegurase de que todo está funcionando en la estación y alrededores,» comparte Scott. «Está todo el tiempo haciendo mil cosas a la vez, y eso no es ni un Poder Jedi ni un poder de la Fuerza, pero si que es una habilidad particular suya poder ver las cosas en el mismo momento en el que suceden y estar pendiente de ellas. Está muy sumido en el procesamiento, lo que pone de los nervios a la gente de vez en cuanto. Además también tiene siempre alguna frase sarcástica que nadie espera. Un sentido del humor muy seco.»

    Avar Kriss

    Avar Kriss delante del droide

    Avar Kriss debutará en la novela Light of the Jedi, y es una de los Caballeros Jedi más respetados de su época. Pero hay algo aún más importante tras ella: una referencia realmente rebuscada de un juguete retro de Star Wars.

    «El astromecánico que se puede ver, ese pequeño droide, es un droide que trabaja bastante con Maru,» cuenta Scott. «Cuando los primeros juguetes salieron a la venta en los 70, el set de la cantina de Kenner tenía un paisaje de cartón y había un droide dibujado en él. No era una figura, era sólo un dibujo, era tan solo chatarra en un lado de la cantina, y eso es él.»

    Los Grandes Maestros Veter y Yoda

    Los maestros caminan por la estación

    Las páginas se completan con lo que parece la llegada algo inesperada de dos Grandes Maestros Jedi (a diferencia de lo que sucedía en la trilogía de precuelas, donde sólo había un Gran Maestro en el Consejo Jedi, durante la Alta República tenía a tres).

    El más alto e hirsuto es el Gran Maestro Veter. Según Scott, «es un anciano Maestro Jedi con muchos, muchos años. Ha sido un Gran Maestro durante mucho, mucho tiempo. Realmente está llegando al final de su vida en el Consejo.»

    Y luego está el tipo verde y pequeño que todos adoramos, Grogu… Yoda, quería decir. Y es un poco más libre y rebelde de lo que recordamos. Aunque ha sido Gran Maestro durante muchos años y es respetado por toda la Orden Jedi y la República, Scott cuenta que este joven Yoda «es conocido por ser un espíritu libre. Físicamente no se ha sentado en el Consejo durante mucho, mucho tiempo, ya que tiene a un montón de Padawans con los que está entrenado fuera, en el espacio.»

    Las aventuras de Yoda con esos Padawans son el argumento de The High Republic Adventures, la serie de cómics de IDW, escrita por Daniel José Older y dibujada por Harvey Tolibao.

    «De manera que la gente ha esperado constantemente que Yoda vuelva a Coruscant,» cuenta Scott, «para volver al Templo, para volver al Consejo. Pero su actitud es ‘Bueno, puedo estar en el Consejo allá donde me halle.»

    Los dos Grandes Maestros han llegado a la estación Starligh para la ceremonia de inauguración, que es por lo que Avar está sorprendida de ver a Yoda allí. No es de los que dejan ver por una ceremonia. «Nadie estaba seguro de si iba a aparecer o no,» añadía Scott.

    ¿Qué pasa tras la ceremonia? ¿Qué pasa tras el Gran Desastre? Los lectores tendremos que esperar para sumergirnos en La Alta República y todos sus libros y cómics para descubrirlo. La serie de Marvel llegará a las tiendas de cómics americanas a partir del 6 de Enero de 2021.

  • Reseña de los tres primeros capítulos de The High Republic: Into the Dark

    Reseña de los tres primeros capítulos de The High Republic: Into the Dark

    Por Mario Tormo

    Como ya os hemos contado, tenemos nuevo material de la Alta República. Este fin de semana se ha lanzado un sampler con los primeros capítulos de todos los productos de la primera fase de The High Republic, y del que menos sabíamos hasta ahora era de la novela para jóvenes adultos de Claudia Gray, Into the Dark.

    En el primer capítulo tenemos la presentación del protagonista principal, Rath Silas. Rath es un Padawan adolescente que se encuentra entre los más avezados de su promoción en todos los campos, ya sean lucha o académicos, pero que se encuentra mucho más cómodo estudiando los archivos Jedi en Coruscant que donde se encuentra la acción. No todos tienen que estar cortados por el mismo patrón, y aunque no descuida sus habilidades en la lucha, no se avergüenza de su pasión por los textos sagrados.

    El punto de partida es su fiesta de despedida de Coruscant, ya que su maestra Jora Malli le ha encomendado la misión de acompañarla a la Estación Starlight que está a punto de entrar en funcionamiento en los márgenes del Borde Exterior, para servir de faro y representación de la República en las zonas más distantes del núcleo. Y aunque Rath se ha sentido siempre muy afortunado por ser el aprendiz de Jora, ya que al ser miembro del Consejo Jedi ha podido vivir en primera persona muchos sucesos realmente importantes, no le gusta la idea de dejar Coruscant. Ya que el templo se ha convertido en su hogar.

    En el segundo capítulo vamos a conocer al resto de actores que participan en esta aventura. Primero conoceremos a Dez Rydan, Orla Jaremi y Cohmac Vitus, los tres Jedi que acompañarán a Rath hasta la estación Starlight. Y por otro lado la nave que los llevará, The Vessel, y su tripulación, Leox Gyasi, el piloto, Affie Hollow, la copiloto, y Geode, el navegador. En este capítulo y parte del siguiente empezaremos a conocer las motivaciones de cada uno de estos personajes. Y parece que, al menos los Jedi, andan cada uno huyendo de algo.

    Dez Rydan es el antiguo Padawan de Jora, y actual Caballero Jedi, y Rath se lleva bien con él. Es un chico guapo, motivado, alto, de piel dorada con el pelo liso y negro. El típico que hace amigos rápido. Pero pronto descubrimos que algo no va bien, ya que por lo visto abandonó una misión en Zeitooine.

    Por otro lado tenemos a Orla Jaremi, una Caballero Jedi Umbarana con sable doble, que ha decidido no seguir los dictados de la Orden y se ha convertido en una Wayseeker, lo que significa que busca su propio camino, sus propias misiones. Pero tiene muchas dudas, y parece que algunas de ellas tienen que ver con una antigua misión en los mundos de Eiram y E’ronoh.

    El último Jedi es el Maestro Cormac Vitus, un renombrado académico a la vez que místico en la Orden, con anotaciones a pie de página en mas de la mitad de los libros que Reath había leído. Humano de estatura media, aunque parezca más pequeño debido a su delgadez, de facciones angulares y pelo negro largo y lacio hasta los hombros. Y que parece que comparte una preocupación conjunta a Jaremi, debido a la crisis de Eiram y E’ronoh.

    Affie Hollow

    De vuelta a la nave, es parte del Gremio Byne, dirigido por Scover Byne, y que resulta que es la madre adoptiva de Affie Hollow, la copiloto de 17 años y que tiene mas o menos la edad de Rath (aquí habrá tema seguro, jejeje). A este gremio sabemos que pertenece el Legacy Run, la nave que conocimos en el adelanto de Light of the Jedi (aunque parece que hay una discrepancia con el apellido, ya que allí era Byrne y aquí Byne, pero es el mismo). Y aunque Leox da una mala impresión inicial, ya que parece colocado de especia y lleva un vestuario que no parece de piloto, más adelante conocemos que es muy bueno en su trabajo. La parte más divertida es en cuanto Geode, ya que es, literalmente, una roca. Pero lo tratan como si tuviese vida. Y es divertidísimo ver a los personajes interactuar con el Vintiano, ya que es de Vint.

    En el tercer capítulo empieza el nudo inicial, se encuentran con el Gran Desastre. Algo los saca del hiperespacio, y resulta que son restos del Legacy Run. Ya sebemos que este es el nexo común y punto de partida de todo el Proyecto Luminous, y en este caso el suceso deja a nuestros protagonistas sanos y salvos…pero varados en medio de la nada y sin poder viajar más que a velocidad subluz. A la posibilidad de que la madre de Affie se encontrase en el Legacy Run se une otro peligro más inminente… Una llamada de socorro de otra nave que puede ser una trampa como advierte Cohmac, ya que vivió algo similar hace 25 años…

    En este punto comienza un flashback que tiene de protagonistas a Jareni y Vitus como Padawans y viajando para resolver un conflicto en el Borde Exterior. Han sido secuestrados los regentes de Eiram y E’ronoh. Estos son dos mundos enfrentados ya que entre ellos se encuentra una ruta hiperespacial que ambos quieren controlar, y esto hace que la ruta se mantenga prácticamente cerrada. Pero los Hutts, valiéndose del Directorate, con el Lasat Isamer al frente, han encargado secuestrar al monarca pantorano Cassel, de E’ronoh y a la reina regente Dima de Eiram (aunque por error han secuestrado a su pareja, la reina Thandeka). Los Jedi han acudido para resolver el conflicto que podría además hacer ganar a la República el favor de estos dos mundos que por ahora se mantienen independientes. Pero Isamer tiene una treta preparada para ellos…pretende atraerlos haciéndose pasar por Cassel en los restos de su nave a la deriva…

    Y hasta aquí lo que se cuenta en estos tres interesantísimos capítulos. Teníamos mucha curiosidad por saber algo más de este libro, ya que al salir en Febrero ha tenido menos promoción que los que salen en Enero. La presentación de personajes es muy buena, y todos resultan muy atractivos, definiendo rápidamente sus motivaciones iniciales y sus rasgos principales. Además resultan mas intrigantes que los presentados en Light of the Jedi ya que allí la misión de los Jedi es responder al Gran Desastre, pero estos se están uniendo a la misión en la frontera, por lo que resulta revelador descubrir las motivaciones que les hacen querer ir tan lejos. Alejarse de algo…

    Por otra parte, me ha venido a la cabeza, con el accidente del Legacy Run y la posible pérdida de su madre por parte de Affie, a la pérdida de Kazuda Xiono, de Resistance, de su padre en el cataclismo del sistema Hosnian. Así como nos hemos acordado de todo el hate recibido por Klaud, por ser un mecánico sin brazos en The Rise of Skywalker, al tener ahora a una piedra, ¡una piedra! como navegador. Hilarante.

    A partir de mañana se levanta el embargo, así que empezaremos a leer muchas reviews, por lo que esperamos que pronto podamos tener en nuestras manos el texto completo.