El orgullo de Rian Johnson por Los Últimos Jedi ha crecido después de cinco años
Si hay una línea de diálogo en Star Wars: Episodio VIII – Los Últimos Jedi que parece particularmente apta es esa que dice Luke Skywalker: «Esto no va a ir como tú crees«. El capítulo correspondiente a la mitad de la trilogía de secuelas del escritor y director Rian Johnson fue una fábula rica, aventurera y mítica que continuó las historias de Rey, Kylo Ren, Finn y Poe Dameron, y que además cavó profundamente en el alma del mismísimo Luke Skywalker, décadas después del triunfante final de El Retorno del Jedi. Por el camino, contuvo todo tipo de sorpresas, desarrollando los hilos de El Despertar de la Fuerza de formas frescas e inesperadas.
Fue otro golpe a la taquilla, obteniendo cerca de 1,3 mil millones por todo el mundo. Pero también desafió al público en modos que algunos no estaban preparados para ver durante ese tiempo.
En una nueva entrevista con Empire, Rian Johnson echa la vista atrás hacia Los Últimos Jedi por su quinto aniversario, reflejando su opinión con unos cuantos años de distancia de este episodio de la Saga Skywalker.
Portada del nuevo número de la revista Empire donde se hallan las declaraciones del director Rian Johnson.
«Estoy incluso más orgulloso de ella tras estos cinco años», dice. «Cuando estaba con el bate, realmente fui a darle a la pelota«. La película, menciona, no es sólo un filme de Star Wars. Es un filme acerca de Star Wars, y lo que significa para los fans (yo incluido).
«Creo que es imposible para nadie aproximarse a Star Wars sin pensar en ella como un mito con el que nos criamos, y cómo ese mito, esa historia, se cocinó dentro de nosotros y nos afectó«, explica Johnson. «Mi intención final no era despojarla de ello, sino llegar al poder básico y fundamental del mito. Y espero, finalmente, que la película sea una afirmación del poder del mito de Star Wars en nuestras vidas«.
Esto se expande a su controvertida forma de exponer a Luke Skywalker como un ermitaño que se ha cerrado a la Fuerza, habiendo percibido la oscuridad en su sobrino Ben Solo y accidentalmente empujándolo hacia el Lado Oscuro como Kylo Ren. Pero a pesar de que Luke comienza en un lugar muy diferente del que estaba cuando lo dejamos al final de la Trilogía Original, su arco a través de Los Últimos Jedi, terminando con su muerte y el nacimiento de una nueva leyenda Skywalker, le ve convertirse en un símbolo galáctico de esperanza y rebelión una vez más.
«Las imágenes finales de la película, para mí, no deconstruyen el mito de Luke Skywalker, construyen sobre él, y son él mismo abrazándolo«, explica el director. «Son él desafiando absolutamente la noción de ‘dejar atrás el pasado’ y abrazar lo que realmente importa sobre su mito y lo que va a inspirar a la siguiente generación. Así que, para mí, el proceso de despojarlo siempre es con el interés de llegar a algo esencial que realmente importe.» ¿Algo esencial, que realmente importe? Johnson podría estar describiendo Los Últimos Jedi en sí misma.
Luke Skywalker retoma y reaviva su propio mito al final de Los Últimos Jedi.
El director afirma seguir queriendo realizar la trilogía de Star Wars nueva que se anunció hace años
Pero esta media década no marca sólo el quinto aniversario de la película de Rian Johnson. También marca el del anuncio de Lucasfilm en que afirmaron que el director construiría una nueva trilogía de películas.
Tras todo este tiempo, esos filmes aún deben materializarse. Pero a pesar de que, tal y como Luke Skywalker se escondió en Ahch-To, esos productos parecen haber desaparecido, no se han ido del todo. De nuevo hablando con Empire, Johnson dejó claro que no se ha olvidado de ese nuevo conjunto de películas de Star Wars nuevas, y aún tiene el ardiente deseo de volver a la galaxia muy, muy lejana.
«He permanecido muy cerca de Kathleen [Kennedy] y nos juntamos muy a menudo y hablamos sobre ellas», comenta a Empire. «Es simplemente que estamos en un punto donde los calendarios marcan cuándo podría ocurrir. Me rompería el corazón si ya hubiera terminado, si no pudiera volver a ese mundo en cierto momento«.
Por ahora está trabajando muy duramente para realizar dos secuelas de Puñales por la Espalda para Netflix, la primera de las cuales, Glass Onion, llegará este Diciembre.
El título completo de la nueva película de Johnson: Glass Onion, un misterio de Puñales por la Espalda.
Mientras tanto, el itinerario de Star Wars parece igual de ocupado, con la serie Andor a semanas de su debut, el regreso del Mandaloriano el año que viene, y el show de Ahsoka tras él.
Los comentarios de Johnson van en línea con los que Kathleen Kennedy dijo a Empire en la Star Wars Celebration este mismo año: que todos los involucrados estaban atados por sus propios calendarios laborales, pero que las películas no están muertas ni enterradas:
«Ahora todos están tan ocupados… Tan genuinamente ocupados y trabajando en cosas«, dijo Kennedy hace unos meses. «Rian tuvo un éxito tan grande con Puñales por la Espalda que está muy centrado en hacer lo que debe con ella. Así que pasará un tiempo. Y tenemos que trabajar unos tres o cinco años por delante de lo que vamos a realizar. Así que ahí es donde se encuentra esto. Pero le adoramos«.
Hay una chispa de esperanza, pues. Y si Los Últimos Jedi nos ha enseñado algo es que todo lo que se necesita es esa chispa para encender el fuego que acabará con la Primera Orden.
Estamos más que dispuestos a esperar por ese fresco lote de historias de Star Wars que Rian Johnson va a prender.
Johnson y sus interacciones en las redes sociales
Además, en una reciente entrevista concedida al medio Cinemablend, el director, que habló principalmente de la segunda entrega de su nueva saga de misterio, Puñales por la Espalda (Knives Out), también aludió a Star Wars cuando comentó cómo vivió las reacciones de los fans en internet, especialmente en las redes sociales (en concreto, en Twitter, donde antes era mucho más prolífico).
«En términos de cosas malas, te comentaré que es interesante. Estar expuesto a ello ha sido una de las cosas realmente sanas para mi durante este par de últimos años. Antes de hacer Los Últimos Jedi nunca nadie me había odiado por internet. Si durante el curso de un año tenía un sólo tuit negativo, me entraba el pánico. Estaba en plan ‘Oh, Dios mío, no le caigo bien a alguien ahí fuera. ¡Tengo que arreglar esto!‘»
El director continuó agradeciendo la cada vez menos insólita situación – desafortunadamente – en la que se encontró tras haber dirigido la película de Star Wars:
El director de Los Últimos Jedi, Rian Johnson.
«La cosa es, sin embargo, que estoy realmente muy, muy agradecido. Porque lo que implicó es que mi sentido de autoafirmación estaba atado a mi noción de que todos debían quererme online. Y el hecho de que este proceso me ha hecho, por pura supervivencia, desconectar de eso. Me ha dado una vista mucho más realista del sistema que es la red social. Hay muchas interacciones geniales y genuinas que siguen apareciendo. Las cosas malas, el trolleo sistémico, honestamente, una vez has visto suficiente, ves su patrón. Simplemente se convierte en algo aburrido tras un tiempo«.
En conclusión, el director afirma:
«Ya no me da ese reacción negativa más. Y no creo que sea porque se me esté endureciendo la piel. Es sólo que lo he puesto en perspectiva. Me di cuenta de que este es el tipo de subproducto de este sistema social de Twitter. Siempre va a existir gente que considere que ese es su hobby, básicamente. Así que, en términos generales, me di cuenta de que me hizo ajustarme a las redes sociales donde lo veo y lo intento usar de un modo sano«.
Sin lugar a duda seguiremos al viejo Obi-Wan en una gran aventura.
Obi-Wan Kenobi es la encarnación del Jedi. Consciente, desinteresado y comprometido con la protección de los inocentes: Obi-Wan lucha con gracia. Gran parte de lo que se sabe sobre la Fuerza tanto en la galaxia muy, muy lejana como en la nuestra proviene de su sabiduría. Su consejo ayuda a los héroes de dos épocas y, en última instancia, la guerra contra el Imperio no se habría ganado sin él.
También es bastante descarado.
Antes de comenzar una nueva historia de Obi-Wan con Obi-Wan Kenobi, ya disponible en Disney+, echemos un vistazo a 10 grandes momentos de Obi-Wan a lo largo de los años.
1. Enfrentamiento en Naboo. (Star Wars: La amenaza fantasma)
No es la primera misión que el maestro Qui-Gon Jinn y el padawan Obi-Wan Kenobi realizan juntos, pero es la que lo cambia todo. Las espadas láser crepitan y saltan chispas en este increíble enfrentamiento con Darth Maul.
2. Rumble bajo la lluvia. (Star Wars: El Ataque de los Clones)
¡Un duelo bajo la lluvia torrencial! El arsenal completo de la armadura mandaloriana de Jango Fett se desata contra Obi-Wan. Sin embargo, el Caballero Jedi tiene algunos movimientos nuevos bajo su túnica, incluida una patada voladora que derriba al cazarrecompensas en el aire.
3. Obi-Wan y Satine: La conversación. («Viaje de la tentación», Star Wars: The Clone Wars)
“Si hubieras dicho la palabra”, le confiesa a Satine Kryze cuando parece que Obi-Wan no la volverá a ver, “habría dejado la Orden Jedi”.
Mucho más tarde, Maul captura y mata a Satine para atormentar a su némesis. Obi-Wan se resiste a sucumbir al miedo y la rabia en su interior. «Puedes matarme, pero nunca me destruirás», le dice al [ex] Sith sin vacilar.
4. Una alianza improbable. («Venganza», Star Wars: The Clone Wars)
El Jedi es capturado por los malévolos hermanos. Cuando llega a la bodega de carga de la nave de Maul, encuentra ayuda inesperada de la antigua discípula oscura, Asajj Ventress, que está allí para enfrentarse a Savage Opress. “Qué hermosa vista para despertar”, bromea antes de aceptar su ayuda.
Es solo otro ejemplo de la capacidad de Obi-Wan para ser de mente abierta (y también muy sarcástico).
5. Un paseo salvaje. (Star Wars: La venganza de los Sith)
Obi-Wan recorre Utapau en busca del general Grievous y su ejército a lomos de Boga, un varactyl capaz de moverse por su terreno nativo. Ella sabe cuándo estar callada mientras ella y Obi-Wan se acercan sigilosamente a los separatistas. Incluso con Grievous en la mira, el Caballero Jedi hace una pausa para darle a la buena chica un par de merecidas palmaditas en la cabeza.
6. “Qué incivilizado”. (Star Wars: La venganza de los Sith)
Obi-Wan mata al General Grievous con un disparo de bláster en el último segundo y ofrece una de las mejores frases ingeniosas de la saga: “Qué incivilizado”.
7. Batalla de héroes. (Star Wars: La venganza de los Sith)
Es la lucha que cambió la galaxia. La amistad entre Obi-Wan y Anakin Skywalker, que una vez fueron tan cercanos como hermanos, se rompe cuando las armas chocan en un cegador borrón. Cada movimiento de su sable de luz es otra angustia para Obi-Wan.
8. El mensaje. (Star WarsRebels)
En Star Wars Rebels, finalmente vemos el mensaje de Obi-Wan grabado fuera de la pantalla en Revenge of the Sith. Es sombrío pero esperanzador; y cien por ciento Obi-Wan. “Cada uno de nosotros será desafiado”, dice con tranquila convicción. “Nuestra confianza, nuestra fe, nuestras amistades. Pero debemos perseverar. Y, con el tiempo, surgirá una nueva esperanza”.
9. Revancha con Maul. («Soles gemelos», Star Wars Rebels)
Bajo la luz de las estrellas en una clara noche de Tatooine, Obi-Wan y Maul se encuentran por última vez. Ambos lo han perdido todo, y gran parte de ello a manos del otro. Pero Obi-Wan nunca busca venganza ni se enfurece, ni siquiera en respuesta al que le quitó al amor de su vida y a su maestro.
No hay teatro. Sin acrobacias. Solo se necesitan unos pocos movimientos controlados de su espada azul brillante para finalmente terminar su historia.
10. “Me volveré más poderoso de lo que puedas imaginar”. (Star Wars: Una Nueva Esperanza)
Obi-Wan levanta su sable de luz ante su antiguo aprendiz una vez más para ganar tiempo para que los nuevos héroes eviten ser detectados y escapen. Se vuelve para ver a los hijos de Anakin y Padmé Amidala finalmente reunidos, y sabe que ha llegado su momento. Baja su arma y acepta lo que le espera.
El duelo en la Estrella de la Muerte es el final del viaje de Obi-Wan. ¿O… el comienzo de uno nuevo?
Todos conocemos al sabio ermitaño del Mar de Dunas que viene al rescate de Luke Skywalker. Pero, ¿cuánto sabes sobre la vida de Obi-Wan antes de los tiempos oscuros? ¡Familiarízate o aprende algo nuevo sobre la vida del venerable Maestro Jedi antes de ocupar el centro del escenario en la serie de Obi-Wan Kenobi en Disney+!
Los primeros años de Obi-Wan
Cuando el presentador de la Star Wars Celebration, Jon Stewart, le preguntó en 2010, George Lucas dijo que Obi-Wan Kenobi nació en el planeta Stewjon. Pero Kenobi no tenía recuerdos de su vida antes de los Jedi, dijo en Age of Republic: Obi-Wan Kenobi #1. “Era muy joven cuando dejé mi mundo natal”, comentó. «Me identificaron como sensible a la Fuerza y me llevaron al Templo Jedi en Coruscant«. En el cómic de Obi-Wan de Marvel podemos echar un vistazo cuando era joven.
Comenzó a entrenar con el Maestro Yoda cuando de niño hasta que Qui-Gon Jinn lo eligió como aprendiz a los 13 años. Cuando Obi-Wan cumplió 17 años sus personalidades enfrentadas crearon una relación difícil, pero su vínculo evolucionó hasta convertirse en una verdadera asociación después de una angustiosa misión en Pijal.
“No aprendería tanto de alguien que siempre estuvo de acuerdo conmigo”, le dijo amablemente el Padawan a Qui-Gon en Star Wars: Master & Apprentice.
Qui-Gon y Obi-Wan continuaron aprendiendo el uno del otro a lo largo de los años. Su última misión juntos para resolver una disputa comercial en Naboo puso en marcha eventos que cambiarían la galaxia para siempre. Obi-Wan tenía 25 años cuando tomó el rango de Caballero Jedi y, con él, a Anakin Skywalker como su Padawan.
Grandes momentos que podrías haberte perdido
Después de los eventos significativos en Star Wars: El Ataque de los Clones, Obi-Wan y Anakin regresaron a Coruscant para recuperarse y prepararse para sus nuevos roles en la guerra que se avecinaba. Anakin fue ascendido a Caballero Jedi de pleno derecho sin mucha ceremonia. Obi-Wan emprendió una peligrosa misión en solitario a Cato Neimodia, donde conoció a una misteriosa mujer llamada Asajj Ventress.
El conflicto en toda la galaxia estaba en su apogeo cuando nos encontramos con Obi-Wan nuevamente en Star Wars: The Clone Wars. La segunda temporada presentó a la duquesa Satine Kryze de Mandalore y su pasado con Obi-Wan, una pista de que había más en el Caballero Jedi de lo que le gustaba revelar. El arco de tres episodios, que comenzó con «El Complot de Mandalore«, destacó la historia emocional entre los dos. Se conocieron cuando Obi-Wan tenía 15 años, pero los recuerdos de su tiempo juntos no se desvanecieron con los años.
«Si hubieras dicho una sola palabra«, admitió a Satine en «Viaje a la Tentación«, «habría dejado la Orden Jedi«.
Su historia culminó en «Los Sin Ley«. Maul, consumido por el odio, buscó implacablemente su venganza contra el Jedi que lo había derrotado en Naboo. Su plan de venganza se hizo realidad en la sala del trono de Mandalore mientras mantenía prisioneros a Satine y Obi-Wan.
Pero la respuesta de Obi-Wan a Maul en ese momento resumió su filosofía como Jedi.
“Puedes matarme, pero nunca me destruirás”, dijo Obi-Wan Kenobi. “Se necesita fuerza para resistir el Lado Oscuro. Solo los débiles lo abrazan”.
El antiguo Sith asestó una herida mortal a Satine con un movimiento del sable oscuro. Ella confesó su amor por Obi-Wan con su último aliento. (Maul y Obi-Wan tendrían su confrontación final casi veinte años después en «Soles Gemelos» de Star Wars Rebels).
La pérdida de Satine fue una de las muchas dificultades que Obi-Wan Kenobi soportó antes del final de las Guerras Clon. Sin embargo, sin importar las tragedias que enfrentó, la fe de Obi-Wan en la Fuerza no flaqueó.
¿Dónde está Anakin cuando comienza Obi-Wan Kenobi?
El giro de Anakin hacia el Lado Oscuro en Star Wars: La venganza de los Sith puso fin a la guerra y estableció firmemente el Imperio Galáctico. Obi-Wan estaba junto a la cama de Padmé Amidala en el planetoide de Polis Massa cuando dio a luz a Luke y Leia. Luego llevó al bebé Luke a la granja de los Lars en Tatooine y se exilió. Pero antes de hacerlo, Obi-Wan envió un último mensaje como Maestro Jedi, grabado en el Templo Jedi en Coruscant durante su infiltración con el Maestro Yoda.
En Star Wars Rebels, Kanan Jarrus activó un holocrón para revelar esa transmisión final.
“Aquí el Maestro Obi-Wan Kenobi. Lamento informar que tanto nuestra Orden Jedi como la República han caído, con la sombra oscura del Imperio alzándose para tomar su lugar. Este mensaje es una advertencia y un recordatorio para cualquier Jedi superviviente. Confía en la Fuerza. No regreses al Templo. Ese tiempo ha pasado. Y nuestro futuro es incierto. Cada uno de nosotros será desafiado. Nuestra confianza… nuestra fe… nuestras amistades.”
“Pero debemos perseverar. Y con el tiempo, surgirá una nueva esperanza. Que la Fuerza te acompañe, siempre.”
De nuevo, esta vez gracias a USA Today, tenemos un nuevo fragmento de la novela Shadow of the Sith, que se pondrá a la venta el 28 de junio.
En esta ocasión conoceremos, ni más ni menos, a los padres biológicos de Rey.
Que lo disfrutéis y que la lectura os acompañe.
Al principio no había nada más que espacio vacío. Y entonces apareció la nave, la masa, la forma y la estructura. De aquí para allá, cruzando abismos ilimitados de espacio, tan fácil como tirar de una palanca. Era casi mágica en su simplicidad.
En ese momento, sin embargo, el navicomputador sobrecalentado de la nave suplicó diferir.
Por un momento, el viejo y maltratado carguero simplemente flotó, colgando en el espacio, como un oso garu que sale de su larga hibernación, examinando su entorno.
Y luego la nave se estremeció y empezó a escorar a babor, tallando una espiral larga y lenta que, de repente, se aceleró cuando un estabilizador de impulso de popa falló, haciendo llover chispas blancas. El morro de la nave se hundió aún más, el motor de estribor chisporroteaba ahora, una placa de cubierta suelta que revelaba un peligroso resplandor rojo desde su parte inferior.
Para la piloto y sus pasajeros la situación acababa de ir de mal en peor.
Dos días. Eso era todo lo que habían conseguido. A dos días de Jakku, cojeando en una nave que no debía haber estado volando en absoluto, pero era el único casco que habían logrado sacar del desguace de Unkar Plutt fuera del Puesto Avanzado de Niima. Y no parecía que fueran a llegar mucho más lejos.
Apenas unas horas antes se habían atrevido a pensar que, tal vez… ¿lo habían logrado? Habían salido de su granja, su droide doméstico multifunción, hecho a mano con más chatarra sacada de sus saqueos, sacrificándose mientras despistaba a los cazadores. Luego encontraron la nave (la verdad sea dicha, hace mucho tiempo que la habían destinado para ese día, uno que, esperaban, nunca hubiera llegado). Se lanzaron, sólo ellos mismos, una bolsa de juguetes y libros y un puñado de créditos, la ropa en sus espaldas. Apuntaron la navicomputadora a lo largo de un vector que los llevaría fuera del alcance (o así lo esperaban). Y se abrocharon los cinturones para el paseo.
Pero… ¿Ahora? La nave apenas había sobrevivido al viaje inicial. Escapar al espacio salvaje había sido un movimiento desesperado, pero estaba lejos de su final. Se suponía que era donde podrían esconderse, sólo durante un tiempo, para tomarse un respiro, trazar un plan y un curso.
Esas opciones ahora parecían decididamente más limitadas a medida que flotaban a la deriva. Habían escapado de Jakku sólo… ¿para qué? Para morir en los fríos confines del espacio, el viejo carguero ahora convertido en una tumba para los tres, perdidos para siempre en las afueras de la galaxia, su paso por ella sin duelo, sus nombres sin ser recordados.
Dathan, Miramir.
Rey.
El interior del carguero era tan viejo y estaba tan maltratado como el exterior: la cubierta de vuelo era estrecha y funcional, el diseño anticuado requería no sólo a un piloto y un copiloto, sino también un navegante, el tercer asiento en la parte posterior de la cabina, mirando haica el lado opuesto de las ventanas delanteras. Para este viaje debían hacerlo con una tripulación de solo dos.
El asiento de piloto estaba ocupado por una mujer joven, su largo pelo rubio poco ceñido con un nudo azul que coincidía con el color de su capa, las mangas de su túnica color crema remangadas mientras se inclinaba sobre la consola de control que estaba frente a ella, una mano agarrando la poco cooperativa palanca, la otra volando sobre botones e interruptores mientras luchaba por controlar la temblorosa nave. La vista frontal, mientras miraba por la angulosa y pesadamente arañada ventana de transpariacero, mostraba el paisaje estelar deslizándose diagonalmente mientras el giro del carguero se aceleraba.
Tras ella, un hombre joven, su pelo oscuro corto, el comienzo de una barba sobre su mentón, arrodillado en la cubierta tras el asiento del navegante. Sus brazos estaban envueltos alrededor suyo y de su pequeña ocupante, una niña acunada en un nido acolchado formado por una manta brillante y multicolor, en marcado contraste con el metal de la cubierta de vuelo.
El hombre estiró el cuello mientras observaba a su esposa luchar con los controles, luego se puso de pie y se inclinó para besar la cabeza de la niña de seis años amarrada de firmemente en el asiento, con un gran par de auriculares amortiguadores de sonido del navegante en sus orejas.
Delante de la niña, el antiguo panel de navegación, una matriz cuadrada de cientos de diminutas luces cuadradas individuales, parpadeó en patrones multicolores de formas móviles, un juego simple que la niña de la madre había cargado en el computador auxiliar para mantener a su hija ocupada durante el largo viaje.
El hombre miró hacia el panel de juego, pero la niña había dejado de jugar. Se movió a su alrededor ante la silla y vio que tenía sus ojos cerrados con firmeza. Se inclinó, abrazando a su hija.
«Ya te tengo», susurró Dathan a Rey. «Estamos bien. Ya te tengo».
Hubo un golpe; Dathan lo sintió tanto como lo escuchó cuando otra parte de los motores tensos se rindió, la pequeña explosión reverberando a través de la nave. Una lágrima se deslizó de los ojos cerrados de Rey. Dathan la limpió y cerró los suyos, deseando que, por una vez, un poco de buena suerte llegara a su camino.
«¡Está bien, ya lo tengo!», gritó Miramir, siguiendo esa declaración con un grito de triunfo. La nave se sacudió una vez, y luego el temblor constante se detuvo. A través de las ventanas delanteras, las estrellas estaban ahora completamente quietas.
A pesar de sí mismo, a pesar de su situación, Dathan se encontró sonriendo. No pudo evitarlo. Su esposa era un genio y él la amaba. No sabía de dónde lo había sacado, pero ella era innato en ella, como si fuera genético. Podía hacer volar cualquier cosa, había sido, y seguía siendo, una ingeniera e inventora autodidacta. Trasteando, Miramir lo había llamado, como si no fuera nada, como si no se diera cuenta de lo especial que eran sus talentos. En los años que la había conocido, Dathan a menudo le había preguntado de dónde había venido este regalo, pero Miramir simplemente se encogía de hombros y decía que su abuela era una mujer maravillosa. Dathan sabía que eso era cierto: la había conocido varias veces antes de que Miramir renunciara a su vida en el bosque crepuscular de Hyperkarn para viajar con Dathan. Pero entonces… ¿dónde lo había aprendido todo su abuela?
Dathan quería saberlo, pero con el tiempo había aprendido a no preguntar más. Miramir echaba de menos a su abuela. Extrañaba su casa.
Eso era algo más que Dathan había tratado de entender. Sentir nostalgia, perder algo a lo que nunca podrías volver, eso era algo desconocido para él. Oh, claro, podía entenderlo. Y sí, sintió algo por sus días en Hyperkarn, incluso los años en Jakku, pero no estaba seguro de que fuera lo mismo. Ninguno de esos lugares había sido realmente su hogar.
Tenía un hogar, un lugar del que podía decir legítimamente que venía. Era un lugar al que volvía a visitar mucho, en sueños.
Sueños… y pesadillas.
«Se mantendrá en su situo durante un tiempo», dijo Miramir, soltando la palanca y estirándose para accionar una serie de interruptores pesados en el panel en ángulo sobre la posición del piloto. «He desviado la energía de reserva al estabilizador de impulso de estribor, y luego he forzado el ángulo de campo mucho más allá de punto-siete, pero está bien porque…»
Se detuvo cuando Dathan cayó en el asiento del copiloto y la miró, con una ceja levantada.
«No sé qué significa nada de eso», dijo, «excepto que estamos a salvo, ¿verdad?»
Miramir se sentó, su delgada forma empequeñecida por el asiento del piloto. Ella sonrió y asintió.
Dathan sintió crecer su propia sonrisa. La felicidad de Miramir, su alivio, era contagiosa. Tal vez saldrían de esto después de todo.
«Los estabilizadores se mantendrán hasta que el hiperimpulsor se reinicie», dijo Miramir. «El motivador se sobrecalienta cada vez que damos un salto, pero sigue funcionando por el momento. Deberíamos estar bien para hacer otro par de saltos». Hizo una pausa, luego arrugó la nariz. «Pero necesitamos encontrar otra nave. Lo que significa…». Ella hizo un gesto hacia las ventanas, hacia el vacío infinito que era el Espacio Salvaje.
Dathan asintió. «Lo que significa regresar al Borde Exterior».
Así, Miramir desabrochó las restricciones de su asiento y se dirigió a Rey. Arrodillada junto al asiento de navegante, levantó suavemente los auriculares de la cabeza de su hija y luego desabrochó las sujeciones del asiento. Tan pronto como fue liberada, Rey salió del asiento y abordó a su madre, con los brazos y las piernas envueltos alrededor suyo, con la cabeza enterrada en su pecho. Rey era quizás pequeña para una niña de seis años, pero a Miramir no le importaba ese deseo de cercanía de su hija, sabiendo que la niña pronto dejaría de hacerlo al crecer. Miramir se volvió y se hundió suavemente en el asiento de navegante, todavía acunando a Rey, y dio una patada al asiento para que estuviera frente a Dathan.
«Sé que es peligroso», dijo Miramir, «pero esta nave estaba en el montón de chatarra de Plutt por una razón. Hemos logrado un salto largo, y mira lo que pasó. Será peor cada vez».
Dathan suspiró y asintió con la cabeza a su esposa. «No tenemos otra opción», dijo. «Lo sé.»
Miramir bajó la cara hacia el cabello de Rey, enterrando su nariz en su trenza morena, sus ojos enfocados en algún lugar del suelo.
Dathan conocía esa mirada. La había visto muchas veces en los últimos dos días. Le dolía ver a Miramir así. Su esposa, su amor, la persona más inteligente, bella y la mejor que había conocido. Ciertamente la más capaz, mucho mejor en la mayoría de las cosas de lo que era él, sin importar cuánto lo intentara.
Y él también sabía otra cosa.
Todo esto era culpa suya.
Pero habría tiempo para eso más tarde. En este momento, estaban sin opciones, y solo un camino se abría ante ellos.
«Eh», dijo Dathan. Forzó la sonrisa de nuevo en su rostro.
Miramir levantó la vista pero no habló.
«Eh, venga», dijo Dathan.
Miramir lo miró, sus grandes ojos comenzaron a llorar.
«Mamá, tengo hambre».
Miramir miró a Rey y…
Ella se rió. Dathan sonrió, y luego se encontró incapaz de evitar unirse a ellas.
Rey se deshizo de los brazos de su madre y se volvió para mirar a su padre.
«Sois muy tontos», dijo. Y luego señaló la ventana delantera. «¿Quién es ese?»
Tan pronto como la niña habló, sonó una alarma. Dathan pulsó un interruptor para despejarla, luego se dio la vuelta para mirar lo que Rey había visto. La alarma comenzó a sonar de nuevo.
«¿Qué es eso?», preguntó Miramir.
«Tenemos compañía», dijo Dathan, observando cómo en la distancia tres estrellas se movían y comenzaban a crecer de tamaño.
La página web de Gizmodo nos trae otro fragmento exclusivo de la novela Shadow of the Sith, escrita por Adam Christopher, que se sitúa aproximadamente unos veinte años después de El Retorno del Jedi. En ella, los héroes de la Rebelión Luke Skywalker y Lando Calrissian deberán hacer equipo para investigar no sólo una amenaza proveniente de un mundo desconocido llamado Exegol, sino también para buscar a la hija del tahúr más carismático de la galaxia – con el permiso de Han Solo, por supuesto.
La pequeña ha sido secuestrada, y la única pista que tiene Lando lo llevará a cruzarse con un asesino Sith conocido como Ochi de Bestoon, quien, a su vez, tiene la misión de encontrar a una niña que podría traer de nuevo la oscuridad a la galaxia.
En este nuevo extracto veremos que Ochi no es la única amenaza que nos presentará la novela, cuya edición de Barnes & Noble nos regalará un exclusivo póster de esta nueva enemiga, que os mostramos a continuación. Aunque todavía no sabemos a ciencia cierta quién es, la identidad de esta figura enmascarada, según nos cuentan, es alguien que los fans ya conocemos.
Mientras nos preguntamos quién demonios puede hallarse tras la máscara (aunque ya hemos llegado a algunas conclusiones que no desvelaremos aquí) os dejamos la traducción del texto que nos habla, por primera vez antes de que se publique el libro, sobre este personaje.
Esperamos que lo disfrutéis.
EL SEPULCRO, COORDENADAS DESCONOCIDAS
AHORA
Algo se mueve en la oscuridad – una sombra de larga proyección, reptando por la noche abisal. La sombra es algo fuera de lo común: ni viva ni muerta.
Es una reliquia. Es un… eco. Una presencia de un tiempo más antiguo, una malignidad que de algún modo ha sobrevivido, de alguna forma ha encontrado una manera.
Ha encontrado un camino.
Puede verla ahora. Negra, y más negra todavía, moviéndose, siempre moviéndose. Una inteligencia, si. Una mente, pero sin forma o substancia.
Pero aquí, presente, sin embargo.
Cierra los ojos. No hay diferencias. No hay nada que ver salvo un abismo, una nada donde vive la sombra.
Donde la sombra prospera.
En la oscuridad, en la noche eterna dentro de su cabeza.
Y el vacío no es silencioso. En absoluto. Es una cacofonía, un sonido tan fuerte que ilumina cada fibra nerviosa de todo su ser, a pesar de que sabe que no hay nada que oír físicamente.
Es el sonido del dolor. El sonido de la muerte. El sonido de miles y miles y miles de almas llorando de tristeza y agonía antes de que se apaguen en un instante. Hermanos y hermanas. Hijos e hijas. Vainas, ramas jóvenes, parientes kith. Hijos espora y madres cubil; padres espaciales y sus vástagos, y sus grupos de genes junto a sus brotes. Desove y descendencia. Niños.
Generaciones enteras de los vivos, consumidos, sus llantos moribundos absorbidos y abandonados para reflejarse por siempre, atrapados dentro de un vial oscuro cincelado siglos atrás por un poder poco común, inhumano.
Por una oscuridad.
Por una sombra, de larga proyección.
Y hay otro sonido. Una voz, del antiguo pasado. Es lejana y distante, una llamada que reverbera por un enorme valle de espacio y tiempo.
La voz es terrible.
La voz es tan familiar como la suya propia.
PRONTO.
Abre sus ojos dorados. La habitación es luminosa y, afortunadamente, silenciosa. Sus oídos resuenan como una campana, la súbita ausencia de los gritos casi igual de dolorosa, el eco de la voz aún reverberando en su cabeza.
Lentamente, lentamente, recuerda dónde está. Mientras yace en el suelo y el mundo parpadea a su alrededor, levanta una mano y se toca la cara. Es cálida y húmeda, la sangre en las yemas de sus dedos del brillante azul del cielo de Pantora.
El lugar está iluminado por una llama titilante, y la llama titilante ilumina el zócalo de hierro meteórico, y al lado del zócalo se encuentra la máscara hecha de la misma estrella. La máscara se aleja de ella. Se mece, suavemente, como si acabara de ser arrojada.
Ella mira fijamente la parte trasera de la máscara, la curva de la nada, de la oscuridad, de la sombra profunda.
Y vuelve a escuchar la voz.
PRONTO. PRONTO.
Cierra los ojos y duerme, intercambiando una pesadilla con otra, en la oscuridad de la noche, con la muerte del espacio. Se levanta por otro sonido, uno tecnológico, moderno. Se yergue de su nido, ignorando las palpitaciones de su sien, el dolor de sus extremidades.
Porque no puede seguir haciéndoles esperar. Son pacientes, si. Exasperantemente.
Pero también se enfadan con facilidad, y si hay una sóla cosa que ella no se atreve a hacer es enfadarlos.
Aceptó ayudarles. Aceptaron mostrarle el camino.
Así es como fue.
Y no haría nada para ponerlo en peligro.
De pie, activa el comunicador, y su nido se ilumina con el súbito azul eléctrico de un holograma. La imagen brilla, pulsante, teñida con la misma estática e interferencia que protege el punto de origen de quien la llama.
Se arrodilla ante la figura envuelta en la oscuridad, la capucha apenas oculta una cara envuelta firmemente en pesados vendajes negros, de la forma en que todos los cultistas del Sith Eterno ocultan sus rasgos.
No sabe por qué. No le importa.
Pero ella obedece.
«¿Qué deseáis, mi Señor?», entona, repitiendo la letanía que resonó a través del tiempo como los gritos dentro de la máscara que sabía que tendría que volver a ponerse pronto.
La figura que se cierne ante ella habla, y ella escucha, y se pregunta si esta será la última vez o si en algún momento cumplirán su promesa.
Tal vez algún día pidan demasiado.
La novela Shadow of the Sith se pondrá a la venta el 28 de junio de 2022 en los Estados Unidos. No podemos esperar a que nos llegue traducida.
StarWars.com nos ofrece un primer extracto exclusivo de la futura novela Star Wars: Brotherhood, escrita por Mike Chen.
Sin más dilación, os dejamos con una traducción del mismo en el momento en que Obi-Wan se encuentra por primera vez con Asajj Ventress.
¡Que lo disfrutéis!
«Esto es interesante», dijo la mujer. Se levantó, su túnica fluyendo hacia una postura descansada, y presentó el dispositivo ante los Neimoidianos que estaban allí reunidos. «Nunca había visto un recubrimiento tan elaborado en un dispositivo de escaneo».
«Está personalizado. Un regalo de un amigo. Considéralo», dijo Obi-Wan, «un poco como un amuleto de buena suerte».
Apretó un dedo contra la parte inferior donde se unía la caja de aleación antes de volver a Obi-Wan, sosteniéndolo mientras se encontraban cara a cara. «Es muy bonito. No sabía que los Jedi se preocupaban de cosas tan extravagantes».
«Tiene valor sentimental».
«Un Jedi sentimental». La mujer sonrió, las duras líneas de su cara tatuada doblándose de formas poco naturales. «Creo que seremos amigos».
«Quizás puedas quedártelo cuando haya terminado con mi investigación».
«Sería un accesorio precioso. Y mira, incluso es de mi color». Devolvió el dispositivo a su caja, y luego cerró la compuerta de la misma. «El Jedi está limpio», anunció, su larga túnica girando para revelar un atisbo de piel bajo ella mientras volvía sobre sus pasos.
«Ven, emisario», dijo el Ministro Eyam. «Deseamos enviar tus pertenencias a tus aposentos. Esta lanzadera» – gesticuló hacia un pequeño transporte que estaba en una plataforma conectada más pequeña, una probablemente usada para vehículos que viajaban de ciudad a ciudad – «nos llevará al área del desastre».
Caminaron en silencio, aunque Obi-Wan se dio cuenta de que la mujer misteriosa mantenía paso a paso la cadencia de los suyos. «Lo lamento», dijo Obi-Wan, «no recuerdo tu nombre».
«Ventress», dijo ella. «Asajj Ventress. Un placer conocer al fin a un Jedi. El Conde Dooku habla con gran estima sobre su Orden».
Comenzaron con las formalidades – una visita básica por las oficinas del gobierno y los puntos de mayor interés de Zarra: una mezcla brillantemente iluminada de negocios y arte, desde las torres colgantes debajo del arco de piedra más grande de la capital hasta el Gran Teatro del Juzgado al aire libre donde se llevaban a cabo juicios y debates. El paisaje urbano parecía verdaderamente dorado desde el aire, diseños y arquitectura únicos de la cultura y distintos de cualquier otra cosa que Obi-Wan hubiera visto en sus viajes a través de la República – elegante y sofisticado de forma muy diferente a, por ejemplo, Naboo, sin dejar de aprovechar las maravillas naturales únicas del planeta, estructuras que sobresalían en direcciones simplemente imposibles en cualquier otro lugar. El recorrido en sí fue de corta duración, y pronto pasaron a través de la niebla ondulante de Cato Neimoidia, un largo descenso que reveló cuán altas eran las agujas rocosas de este mundo. Aunque había visto holos que mostraban la topografía del planeta, nada de eso hizo justicia a la abrumadora circunferencia – no era de extrañar que tuvieran la capacidad de anclar ciudades enteras.
«Es bastante majestuoso, ¿no le parece? ¿Había usted visto algo similar?», dijo Obi-Wan, una pregunta estratégica para incitar a que Ventress revelase algo más sobre sí misma.
«En persona no».
«Yo tampoco. He viajado a planetas con todos los tipos de rarezas ambientales, pero nunca similares a esta».
Ella sacudió su cabeza con un suspiro, y luego se irguió. «Dejemos las cortesías. ¿Desea usted preguntarme algo, Kenobi?»
Su manera directa de preguntar cogió por sorpresa la sensibilidad diplomática de Obi-Wan. Quizá era por el diseño, dado su comportamiento. «Intento ser educado». Obi-Wan se inclinó hacia adelante en su asiento. A su alrededor, los Neimoidianos permanecieron en silencio, aunque él estaba seguro de que escuchaban. «A menos que sienta que tiene algo que ocultar. ¿Algo…», dijo Obi-Wan, de repente toda esa experiencia discutiendo estratégicamente con Anakin resultaba fructífera, «…que le haga desconfiar?»
La cabeza de Ventress se ladeó mientras mordía su labio inferior, un soplo divertido que surgió lo suficientemente alto como para que Obi-Wan lo escuchara. De hecho, los otros pasajeros quizá se lo habían perdido. «Si bien mi Maestro tiene un gran respeto por su Orden, también entiende que es la herramienta política de la República. Si recuerda», ella asintió con la cabeza, «esa es una de las razones por las que lo dejó».
Se refirió a Dooku como «Maestro». ¿Había sido una representación intencional de la jerarquía dentro de la dirección separatista? ¿O un desliz que revelaba algo más?
«Bien dicho».
«Debido a ello, me ha enviado para supervisar su investigación e interacciones con los Neimoidianos -» Contuvo un suspiro, manteniéndolo como intentando burlarse de él. «- para asegurar que no existan pruebas de corrupción». Los ojos de ambos mantuvieron la mirada, un vistazo amenazante que parecía casi tan atrevido como una amenaza.
Afortunadamente, Obi-Wan había tratado con cosas peores. Después de todo, había visto pasar a Anakin a través de unos años de adolescencia muy turbulentos. «Muy bien, pues», respondió él con una tensa calma, haciendo una pausa de la misma duración. Entonces su tono se retiró, volviendo a la voz habitual de diplomático como si simplemente estuviera hablando con otro político de Coruscant. «Espero con ansia trabajar con usted», añadió, alzando su mano para que la estrechase, «de buena fe».
Miró a su mano extendido, luego de nuevo hacia arriba para leer la expresión de su cara. Él le respondía con una amable y educada sonrisa y esperaba sin hacer ningún otro movimiento, como una IA holográfica que esperase interacción antes de animarse de nuevo en una respuesta enlatada. «Lo mismo digo», contestó ella al fin, tomando su mano.
El daño era peor de lo que Obi-Wan había esperado. Comenzaron con una vista aérea, haciendo círculos constantes mientras el inspector Neimoidiano explicaba la simulación del desastre que habían creado para intentar comprender cómo había caído toda la estructura: velocidad, ángulo, inclinación, cómo los fuegos de las explosiones iniciales se habían extendido a otras áreas, el modo en que esos fuegos habían, entonces, debilitado otras estructuras antes del impacto. Y aunque Ventress presentaba un frente frío e inmóvil, se dio cuenta de que el aire cambiaba a su alrededor cuando el inspector describió el modo en que los cuerpos salían volando de la estructura durante su caída en picado a la superficie del planeta – y, en términos muy pragmáticos, cuando había descrito el radio alrededor de la estructura en que los cuerpos habían sido recuperados hasta el momento.
«¿Hay algún superviviente?»
«Si. La suerte estaba de su lado. Nuestro equipo de análisis quiere discutir las circunstancias con ellos para ver si pueden identificar un patrón, algún tipo de parámetro de seguridad que podamos implementar en nuestra infraestructura». Miró hacia abajo, su piel verde volviéndose más cenicienta mientras se cerraban sus ojos. «Pero la mayoría renuncian a hablar sobre ello».
«Mirad», dijo Ventress, interrumpiendo la discusión. «Detened a esa lanzadera».
El vuelo se detuvo flotando en el aire. Ventress tomó un visor, y luego se plantó al lado de la cabina. «Ahí está», dijo. «Venga aquí, Kenobi».
«¿Qué ocurre?» Ella le entregó el visor y señaló un ángulo fuera de la trayectoria de vuelo. Obi-Wan acercó el visor a sus ojos, el área objetivo ya resaltada en un cuadrado verde brillante dentro de la pantalla. El visor amplió el encuadre, su computadora interna interpolando los detalles sobre los daños tan rápido que Obi-Wan no pudo digerirlo todo. Pero la zona resaltada era suficiente. Eran claramente los restos de un puntal construido para asegurar la manzana de la ciudad entre las agujas, una explosión carbonizada que indica el centro de una explosión.
«Los puntos de explosión», dijo, y como a propósito, cinco cajas verdes más se iluminaron, cada una destacando marcas de quemaduras claras. «¿Cuántos cuentas?»
«Seis». Seis puntos de explosión, cada uno dispuesto con precisión con espaciado y ángulos exactos entre sí, probablemente calculados por computadora. La destrucción en el extremo destrozado del masivo puntal cubrió muchas de las mejores pruebas, pero Obi-Wan había visto lo suficiente en su momento – incluyendo sus pocas semanas alrededor de los clones – para comprender que Ventress tenía razón. Y aunque los cazarrecompensas, piratas o mercenarios pudieran hacer algo así, las probabilidades de eso parecían bajas, especialmente después del informe de Dex.
«Seis puntos de explosión, distribuidos específicamente para maximizar el daño dada la carga en el puntal. Yo consideraría esta precisión militar. ¿No?»
«Quizás», dijo Obi-Wan, con un ojo en Eyam, en la parte delantera de la nave. «Los droides también pueden ser precisos».
«Pueden. Una observación muy astuta. Puedo ver por qué te llaman Maestro». Ella también se volvió hacia Eyam. «Y esto es solo un solo puntal. ¿Quién sabe lo que encontraremos en otros lugares?»
Aunque una exhalación de frustración luchó por salir de su boca, Obi-Wan la atrapó y en su lugar ofreció el visor a Ventress en un gesto controlado. «Esto ciertamente requiere más investigación».
«Sin duda.» Ella recogió el visor con un fuerte tirón de sus dedos.
«Si no hay objeciones», dijo Eyam, «me gustaría aterrizar y mostrarles la destrucción a nivel de superficie».
«Por favor, hágalo. Es imperativo que vea todo el alcance de la destrucción antes de comenzar mi investigación. Prometo que llegaré al fondo de esto». La silla del transbordador crujió cuando Obi-Wan se movió en su asiento para mirar directamente a Ventress. «Tal vez a través de la cooperación mutua podamos encontrar un terreno común entre nuestros gobiernos».
«¿Cooperación?» Ventress se acomodó de nuevo en su silla, con las piernas y los brazos cruzados. La luz del exterior se reflejaba en los estrechos cuartos del transbordador, y Obi-Wan captó el destello de un reflejo metálico en su cadera antes de que ella ajustase su capa.
«Hubo una explosión, más bien como un trueno, y todo se volvió negro. La brisa cesó, el aire quedo y cálido. Luke respiró hondo y pudo probar el polvo seco en su lengua cuando se dio cuenta de que ya no estaba sentado en la Piedra Vidente. Tython se había ido.
Miró hacia abajo. Ahora estaba de pie sobre tierra negra, compacta, agrietada, perlada de un polvo que se arremolinaba alrededor de sus botas.
Levantó la vista. El mundo era negro y seco, el cielo oscuro y lleno de agitadas nubes negras, iluminadas por destellos constantes de unos rayos que alcanzaban directamente el suelo. No podía saber si era de día o de noche – el lugar era claro y oscuro al mismo tiempo, la vasta y plana llanura de piedra negra se iluminaba uniformemente desde un sol que no estaba allí.
Luke respiró hondo. El sabor se hizo más intenso en su boca. Sus ojos ya se estaban secando. La atmósfera, el suelo, el lugar entero era tan viejo y estaba tan desecrado.
Supo inmediatamente dónde estaba. Había estado allí muchas veces recientemente, el escenario de las pesadillas de sus visiones.
Sólo que ahora conocía su nombre.
Este era Exegol, el mundo oculto que los Sith sólo susurraban en textos antiguos. Un lugar sólo alcanzable mediante un buscarrutas.
Y… ¿mediante la meditación? Luke dio un paso adelante, encontrando el suelo sólido y definitivamente real bajo sus pies. Caminó en un pequeño y lento círculo con los ojos fijos en el horizonte. Un relámpagó destelló, iluminando las zonas más lejanas de la llanura, revelándola como un lugar sin rasgos y muerto.
El mismo lugar que sus visiones, sí, pero esto lo percibía… distinto.
Esto parecía real.
¿Podrían haberlo transportado hasta allí? Luke frunció el ceño. Su mente y su corazón se aceleraron a la par. Es cierto que no conocía el alcance total de los poderes de la Piedra Vidente. Había investigado el lugar durante años, pero en realidad nunca la había utilizado para su antiguo propósito: entrar en comunión directa con la Fuerza. Sabía que se había convertido en un poderoso Jedi, qué potencial sin parangón todavía contenía en su interior a pesar – o quizás a causa de – sus años de autoaprendizaje sin Maestro.
¿Lo había hecho? Tenía el holocrón, o lo que quedaba de él, y los cristales kyber. ¿Quedaba lo suficiente del núcleo de datos del holocrón para que la Piedra VIdente hubiera podido leerlo, de alguna manera, llevándolo donde su propietario original no había podido llegar tantos siglos atrás? ¿Y qué pasaba con los cristales kyber? Resonaron en la Fuerza, sus propias estructuras vibrando de forma natural y simpática con ella. ¿Fueron los catalizadores que hicieron posible el viaje? ¿Era eso lo que el piloto original había intentado, combinar dos formas muy diferentes de poder Sith para sobreponerse a la falta de un verdadero buscarrutas?
Fue entonces cuando una pregunta mucho más importante penetró en la cabeza de Luke.
¿Podría volver a Tython?
Entonces giró, agachándose instintivamente cuando algo rozó la capucha de su túnica lo suficientemente fuerte como para mover la pesada tela sobre sus hombros. No había nadie detrás de él. Volvió a girar en círculos. Estaba solo en la llanura, el aire en perfecta quietud, el cáustico sabor agrio cada vez más intenso en su boca.
Otra vez. Algo rozó más allá de él, esta vez con una ráfaga distintiva del seco aire y el sonido de los pies de alguien raspando el duro suelo. Luke se volvió a agachar, moviéndose unos metros de su posición original. Miró abajo y vio pisadas en el polvo – era una mera impresión, pero suficiente como para ver sus propias huellas.
Y las de alguien o algo más. Dos grandes arcos, no huellas, sino los signos de algo que fue arrastrado por el suelo, en lados opuestos donde Luke acababa de estar de pie.
Miró hacia arriba, volviéndose lentamente para verlo todo a su alrededor. No había dónde ocultarse. No había rocas, edificios, nada. Luke podía ver el vacío horizonte de lado a lado.
El relámpago destelló de nuevo y lo vio, sólo durante un instante en que fue iluminado por la tormenta eléctrica. Una figura, a bastante distancia de él, quizá cien metros. Y después se había desvanecido antes de que Luke pudiera distinguir alguna facción o forma.
«¿Hola?», gritó, sintiéndose algo estúpido. Volvió a intentarlo. «¿Quién está ahí?».
De nuevo el sonido, ahora más alto, y notó que algo le empujaba por la espalda físicamente. Siguió el movimiento para mantener su propio pie, avanzó un poco más lejos, luego giró, su mano asió el sable láser de su cinturón y lo presentó con un movimiento suave y fluido. Hizo una pausa. Los pies extendidos, el peso bajo, la posición defensiva era tan instintiva, tan automática para él como respirar.
Luke estaba rodeado. Eran altos y delgados. Nueve de ellos. Nada más que espectros, nada más que sombras. Fantasmas altos y delgados, sus cuerpos curvados y arqueados con el nuevo viento que se había levantado, un viento que soplaba a través de la llanura negra cambiando constantemente de dirección.
Luke asió con fuerza su sable láser y pulsó con el pulgar el activador. Con un zumbido abrasador la hoja verde se encendió, iluminando un gran círculo alrededor suyo y de los espectros, iluminando el polvo ceniciento que se arremolinaba en el aire como un halo.
Se preparó. Estos no eran fantasmas, sombras o espectros. Eran muy reales. Con cada destello de los relámpagos del oscuro cielo sobre ellos, los espectros se iluminaban con formas sólidas y tridimensionales, vestidas de negro, con sus caras ocultas mediante vendajes.
Era desorientador. Luke entrecerró los ojos mientras se concentraba, los enemigos a su alrededor confundiéndose con las ondulantes y translúcidas sombras y sus propias figuras humanoides sólidas.
Comenzaron a rodearlo. Se mantuvieron a la misma distancia de Luke que entre ellos mientras se movían, manteniendo todos ellos su postura, mirando hacia ese intruso que había llegado a su mundo. Luke, en equilibrio sobre sus pies, ajustando sus dedos y reajustando el agarre de su sable láser, estaba listo para el ataque que sabía que iba a llegar mientras sus pensamientos se arremolinaban.
¿Cómo he llegado aquí… y cómo vuelvo?
Y entonces los espectros, moviéndose al unísono como si una comunicación invisible e inaudible hubiera pasado entre ellos, alcanzaron las túnicas que en un instante eran de ceniza y en el siguiente de un tejido pesado, y sacaron sus propios sables láser.
Luke, con sus años de experiencia, de aprender a dominar sus emociones y controlar sus actos, no permitió que la visión de esas nueve armas lo sorprendiera. Estaba en Exegol, el mundo Sith, el corazón de las tinieblas. Se había atrevido a ver el planeta con la Fuerza y ahora estaba aquí, físicamente de verdad, enfrentándose a nueve encarnaciones del Lado Oscuro que claramente pretendían que su existencia continuase permaneciendo oculta.
Los espectros levantaron sus sables láser y los activaron. Luke no escuchó su ignición tanto como la notó en su interior, el sonido familiar y de alguna manera agudo y distante, un recuerdo medio olvidado en lugar de una sensación física real. Los espectros levantaron sus filos, listos para encontrarse con el de Luke. Pero no eran nada. Meros contornos negros contra las figuras negras de pie en un suelo negro bajo un cielo negro. Pero cuando volvió a brillar un rayo las nueve cuchillas se invirtieron en un destello negativo de color blanco que hizo que unos puntos de luz danzaran en los ojos de Luke. Aturdido, el control de Luke se debilitó por un instante, y dio un paso involuntario hacia atrás.
Era lo que los espectros habían estado esperando. Se lanzaron hacia él en silencio, sus túnicas de ceniza sombría desintegrándose en el viento mientras se movían, sus cuerpos volviéndose insustanciales, materia hecha partículas que se desvanecían con la brisa. Entonces otro relámpago brilló, y Luke se encontró rodeado por nueve figuras muy reales, muy sólidas, vestidas de negro que blandían sables láser de una imposible y cegadora luz.
Impulsado por su instinto, guiado por su conexión con la Fuerza, Luke detuvo los dos primeros golpes, su propio sable de luz conectó con el de sus enemigos en una familiar salpicadura de energía. Pero cuando el rayo crepitó de nuevo, Luke pronto se dio cuenta de que estaba, efectivamente, luchando ciego, su visión nada más que un montón de puntos púrpura y de manchas rojas.
Pero Luke Skywalker no entró en pánico, no tuvo miedo. Desviando otro ataque, Luke cerró los ojos y dejó escapar un suspiro. No necesitaba los ojos para ver a sus enemigos. Todo lo que debía hacer es mirar en su interior, sentir la Fuerza fluyendo a través de él, percibir su conexión consigo mismo, con la galaxia y con todos los seres que vivían en ella.
Soy uno con la Fuerza, y la Fuerza está conmigo.
Detuvo perfectamente el siguiente ataque. La respuesta de Luke también fue un ejemplo de libro de la forma de combate Jedi.
Pero, entonces, su arma atravesó… la nada.
Luke no abrió sus ojos, simplemente bajó la cabeza, girando sobre sí mismo para contrarrestar los ataques que venían del otro lado mientras se concentraba, intentando entrar en un estado casi meditativo para poder propiciar un ataque en lugar de dejar simplemente que la Fuerza le guiase a través de una defensa pasiva y automática.
Y entonces flaqueó. Su ceño se frunció en su cara mientras intentaba alcanzar la Fuerza y…
No había nada. No había conexión. No había sensación. Era como si todavía estuviera quieto en Tython, en la Piedra Vidente, en el centro de una gracia donde la Fuerza giraba en torno a él, pero no en su interior.
Los seres a su alrededor, nueve espectros sombríos con hojas de luz y oscuridad, no existían en la Fuerza. No tenían presencia ni forma.
Era imposible.
La Fuerza conectaba toda la vida de la galaxia, pero también rodeaba y penetraba en lo inanimado. Los objetos – las rocas, planetas, naves, droides, todo – tenía su presencia en la Fuerza, o más bien una ausencia que podía percibir tan intensamente como si fueran cosas vivas.
Pero los espectros no eran nada. Luke no podía percibirlos en la Fuerza en absoluto.
Se volvió a la izquierda y luego a la derecha, su sable se movió hacia arriba y luego hacia abajo, desviando tres golpes más. Pero estando ciego y sin siquiera poder percibir a sus oponentes, era incapaz de atacar. Bien podía estar dando golpes aleatorios al aire a su alrededor.
Eso era lo que estaba haciendo. Abrió los ojos, entrecerrándolos por los destellos de los relámpagos y los abrasadores barridos de las hojas de los espectros. Su propio sable láser era lo único familiar, el único color de su pesadilla.
Pero ese fiel sable no podía hacer nada contra los espectros. Bloqueó un golpe y sus ojos y cerebro empezaron a ajustarse, ligeramente, con el mundo desorientador que lo rodeaba. Hizo un ataque alto y luego bajo, evitando por completo la cuchilla de su oponente. Pero su arma pasó a través del espectro, arrastrando una estela cenicienta tras de sí iluminada por el verde brillante de la espada de Luke.
El espectro ni siquiera pareció darse cuenta. Levantó su hoja y Luke la detuvo, la detuvo de nuevo, se agachó hacia los lados y paró otro golpe que venía desde su izquierda, movió su espada hacia la derecha para contrarrestar otro, y luego talló una serie de ataques en círculo que deberían haber cortado a los tres oponentes que tenía frente a él en tiras.
Su hoja no encontró resistencia – al contrario, el espectro que tenía justo frente a él avanzó hacia su ataque, aparentemente ignorante o sin preocuparse de la posición de la hoja de Luke.
Luke no dejó de moverse. Esquivó la hoja sombría del espectro incluso aunque pasó através del propio ente, la nube de ceniza y polvo acumulada en una gruesa capa por toda su cara, cubriendo su piel, su lengua, llenando su boca con el sabor de un metal caliente. Ahora, detrás del grupo, se volvió, y trató de presionar un ataque a su espalda, girando su sable láser a la izquierda, a la derecha y de nuevo a la izquierda, bloqueando el envite de una hoja de sombras mientras un espectro se volvía como un torbellino de humo negro que alzaba su arma. Una vez más, el sable de luz chocó contra el otro, la luz verde se encontró con la hoja de sombra y Luke pudo sentir la sacudida a través de la empuñadura de su propia arma. Pudo ver la efervescencia de la energía mientras su hoja se deslizaba a lo largo de la longitud de la de su enemigo, antes de que el espectro se alejase en una dirección y él en la otra, ambos girando para cortar en un ángulo agudo. Las hojas volvieron a encontrarse, escupiendo un estallido de plasma esta vez, como si los espectros estuvieran jugando con él. Durante un instante sus armas eran reales, y al siguiente una mera imitación sombría de la realidad.
Sintiendo ese cambio, el siguiente golpe de Luke fue lo suficientemente poderoso como para derribar la otra hoja y rápidamente dio su respuesta, directamente a través del cuello y el torso de la aparición.
Una vez más, su espada no encontró nada. La forma de la sombra se separó como humo, incluso cuando un rayo destelló de nuevo y el ser era tan sólido como el propio cuerpo de Luke.
Luke volvió a mover su arma, una y otra y otra vez más, haciendo un barrido sin intención o diseño particular algunos salvo para mantener a los nueve espectros a distancia, centrado ya no en pelear, sino en encontrar una salida.
Las apariciones presionaron su ataque, la hoja de Luke pasó inofensivamente a través de ellos. A medida que se acercaban cada vez más, levantaron sus sables de luz de nuevo, actuando juntos como unidos telepáticamente, listos para efectuar su golpe de gracia.
Nueve hojas contra una. A Luke no le gustaban esas probabilidades, pero se preparó igualmente.
Los espectros atacaron, las nueve hojas de sombra blandidas por nueve brazos de sombra cortando con gran velocidad –
Y entonces apareció una nueva luz. No un destello blanco de un relámpago o los filos de los espectros mientras los iluminaba esa luz impía. No el brillo verde del sable láser de Luke, iluminando el suelo ceniciento como una linterna verde.
No, esta luz era de un azul pálido. Titiló en el aire, y efectuó un golpe brillante, lanzando lejos a los atacantes con un suave movimiento.
Era un sable láser, la hoja de un fuerte azul, y la empuñadura…
La empuñadura era transparente, no era nada salvo un resplandor azul, sostenido por una mano azul transparente.
Luke cayó hacia atrás, sobre sus codos, y jadeó ante el dolor de sus articulaciones, pero también por pura sorpresa ante la vista que tenía delante.
De pie entre él y los espectros había otra figura: un hombre con túnicas pálidas y fluidas de espaldas a Luke, con la cabeza oculta bajo una voluminosa capucha. Toda la figura brillaba con una electricidad suave, un destello brillante en ese mundo de noche interminable. Cuando el rayó volvió a caer, Luke pudo ver a los nueve espectros sólidos a través de la forma del hombre que se interponía entre ellos y su presa.
«¿Ben?»
No, no era Ben… La túnica, la forma del hombre, era…
El ser espectral alzó su sable láser, sosteniéndolo sobre su cabeza, la hoja paralela al suelo.
Por primera vez, los espectros parecieron percibir a su enemigo. Retrocedieron, nueve formas juntándose y bajando sus armas. Gritaban desde sus caras sin rasgos cubiertas de vendas, aunque Luke no estaba seguro de si era un sonido real o sólo un eco dentro de su cabeza. Era difícil concentrarse con lo que estaba viendo, el modo en que la Fuerza reverberaba alrededor de la figura azul. Toda su vista parecía concentrarse en él.
Los espectros siguieron retrocediendo y, cuando se desvanecieron, sus formas sombrías se evaporaron en un polvo que giró en un último remolino del viento moribundo.
Por un momento se hizo la quietud.
Entonces la figura azul se dio la vuelta, su sable de luz apagado.
Luke se impulsó con los codos y parpadeó.
No podía ser.
No podía ser.
La figura azul deslizó hacia atrás su capucha para revelar la fuerte y aguda cara de un joven, su mirada intensa bajo unas fruncidas cejas, una de ellas dividida por una cicatriz recta y vertical. Su cabello grueso llegaba hasta sus hombros con ligeras ondulaciones.
En la siguiente colección de la clásica revista Star Wars Insider, Star Wars: Los Mayores Héroes de la Galaxia, que llega el 15 de febrero como una celebración de los Jedi, las princesas rebeldes y los guerreros wookiee que amamos no dejan fuera, por supuesto, a los encantadores pícaros. En un extracto exclusivo para StarWars.com del especial de esta mítica revista, Billy Dee Williams y Donald Glover hablan extensamente sobre cómo dar vida a nuestro sinvergüenza con capa y palabras embaucadoras favorito, Lando Calrissian. Hablan de las capas, de su carisma y de su carácter.
Lando Calrissian: Suave, cortés y carismático, la interpretación de Billy Dee Williams de Calrissian en la trilogía original creó un icono con su capa al viento antes de que Donald Glover intepretase al personaje en su época más joven.
Aunque ya era un actor respetado antes de ser escogido para Star Wars: El Imperio Contraataca, Billy Dee Williams estaba emocionado de unirse al plantel de Star Wars como el moralmente ambiguo Lando Calrissian.
Billy Dee Williams: «Durante los años 70 aparecieron esos nuevos, jóvenes y extraordinariamente talentosos cineastas emergentes como Steven Spielberg, Francis Ford Coppola y Martin Scorsese. Tenía muchas ganas de trabajar con George Lucas. Como actor siempre te apasiona hacer cosas interesantes, y tuve mucha suerte de tener la oportunidad. Quiero decir… él es uno de los mayores innovadores del cine.
Antes de ser escogido como Lando estaba contractualmente atado con [el legendario fundador de Motown Music] Berry Gordy, y fue a través de él que logré trabajar para George Lucas.
El Imperio Contraataca tenía un gran valor de producción, un aspecto fuerte y un guion poderoso. Creo que Irvin Kershner, nuestro director, tuvo mucho que ver con esto.
No recuerdo ninguna discusión real sobre cómo interpretar a Lando. Me permitieron hacerlo. Confiaron en mi interpretación. Tenían otras preocupaciones – todo el aspecto tecnológico, la pantalla azul. Así que me pareció que dejaban a los actores el desarrollo de los personajes. Todos los actores tenían personalidades que funcionaban muy bien para lo que estaban intentando conseguir. ¡El carisma sin parangón de Lando era su mayor baza, por supuesto! Esa fue una de las cosas que creí que eran muy importantes para el personaje.»
Williams estaba muy contento de poder llevar la capa que le convertiría en el sinónimo del sentido estilístico del personaje.
Billy Dee Williams: «Cuando me dieron la capa la intenté usar tanto como fuera posible. Era un factor clave en lo que implicaba encontrar al personaje. Me recordaba a esos maravillosos filmes de espadachines que solía ver cuando era niño, con Errol Flynn. Era muy emocionante para mi. La capa era algo con lo que poder juguetear y a través de la cual encontrar el tono del personaje. Cuando llevé la capa por primera vez la convertí en una buena parte de Lando. Quiero decir… Lando tiene estilo, ¡no cabe duda!
Creo que Lando era bastante como Steve Wynn. Cuando tenía Ciudad Nube estaba dirigiendo algo comparable a Las Vegas, era muy rico y llevaba todo el show, así que era todo un hombre de negocios. Pero era un gran apostador. Oh, y ahí estaban las mujeres. ¡Había un montón de damas!»
Buena parte del carisma personal de Lando derivó del propio Williams.
Billy Dee Williams: «Bueno, hay un montón de Billy Dee en Lando. Creo que soy un tipo bastante encantador. No me tomo a mí mismo en serio, y creo que eso es algo bueno. Siempre he admirado a los hombres que eran sutilmente elegantes. Me encantaba Duke Ellington, pero él era a la vez también muy entretenido. Estuve muy cerca de interpretarlo unas cuantas veces. Debería haber ocurrido. Creo que soy quien podría haberlo hecho, porque ese hombre era un individuo muy interesante y creo que yo comprendo ese tipo de carisma. No se si hay otros tipos por ahí hoy en día que lo entiendan de verdad.»
De apostador a Baron Administrador y a general, Lando ha adoptado muchos roles a través del curso de la saga.
Billy Dee Williams: «Esa es la magia de las películas. Es muy interesante: se convierte en un general, y por qué se convierte en un general no se explicó nunca. Quiero decir, no había ningún ejército del cual hablar realmente.»
Al igual que Williams antes que él, [Donald] Glover estuvo muy a favor del vestuario de Lando, con su inclinación por las capas ampliada en la precuela.
Donald Glover: «¡Lando tiene definitivamente la mejor ropa! Fue genial poder llevar esos trajes. Fue realmente divertido ser él, centrarse en el personaje y hacer de él alguien único. Fue una pasada ser Lando. Desde su pelo hasta las capas y las botas y todo su estilo, sentí que era muy, muy cómodo.»
El filme construye un poco más la relación entre Lando y su amigo y rival, Han Solo.
Donald Glover: «No confían el uno en el otro, pero tienen un objetivo común. Tienen amigos en común, gente por la que se preocupan. Son conocidos que se preocupan mutuamente entre si, lo cual creo que es bastante complejo pero también bastante realista. Las buenas películas necesitan una válvula de escape, así que creo que la comedia es importante. Debería haber algo que parezca luminoso cuando hay oscuridad en una película. Pensé que tenía mucho cariño y que presentaba una buena visión de por qué la gente hace las cosas que hace. Sentí que daba en el dulce blanco de ser alguien a quien todos comprenderían pero que también era muy verdadero de cara al mundo… No necesariamente nuestro mundo, pero sí muy específico de cara a la naturaleza humana, algo que me gustó mucho.»
Puedes leer el resto de estas entrevistas y muchas otras historias en Star Wars: Los Mayores Héroes de la Galaxia, disponible para su reserva ahora en los Estados Unidos y en el Reino Unido, y que llegará el día 15 de febrero. Subscríbete ahora a Star Wars Insider para ver más sobre las últimas noticias, artículos en profundidad y entrevistas exclusivas en cada uno de sus números.
Prepárate para El Libro de Boba Fett con un repaso sobre el cazarrecompensas más brutal de la galaxia.
Es un hombre sencillo que que intenta encontrar su camino a través de la galaxia, como su padre antes que él. También es un temible cazarrecompensas, un superviviente indomable y un hombre de pocas palabras. Solo podríamos estar hablando de Boba Fett .
Boba Fett capturó instantáneamente la atención de los fanáticos mientras aparecía discretamente en Star Wars: El Imperio Contraataca , y la ha mantenido desde entonces. Repasemos la historia del cazarrecompensas cuando ocupa un lugar central por primera vez en El libro de Boba Fett .
Entre bastidores
El viaje de Boba Fett en la vida real desde su conceptualización hasta la pantalla es una historia digna del famoso cazarrecompensas. El personaje cobró vida por primera vez como un concepto de «súper soldado» para El Imperio contraataca, una figura enmascarada con una armadura totalmente blanca diseñada por Joe Johnston y Ralph McQuarrie. El súper soldado finalmente fue descartado, pero George Lucas tenía otra idea de personaje bajo la manga: un cazarrecompensas. La armadura blanca fue pintada y desportillada, se colgó un poncho sobre su hombro y nació Boba Fett.
Pintura conceptual de Ralph McQuarrie del súper soldado.
Ya conocido como Boba Fett, la armadura continúa evolucionando en este boceto de Joe Johnston.
Después de que el diseño fuera ajustado y probado, Boba Fett hizo su primera aparición, y no fue en una pantalla. Los fanáticos pudieron ver por primera vez al ahora legendario cazarrecompensas en el desfile de la Feria de San Anselmo de 1978. Apareció en televisores como personaje animado en el Star Wars Holiday Special más tarde ese mismo año. Su debut en la pantalla grande finalmente llegó con el lanzamiento de El Imperio contraataca en 1980, y Boba Fett ha estado a la caza desde entonces.
Creciendo demasiado rápido
Jango Fett fue contratado por el Conde Dooku para servir como plantilla genética para el ejército de clones de la República. Jango, un hábil guerrero y expósito mandaloriano, era un cazarrecompensas de oficio. Fue respetado y considerado honorable entre sus asociados. Jango tenía una solicitud especial para sellar el trato con Dooku: un clon inalterado para criar como un hijo. Lo llamó Boba.
Boba Fett creció en Kamino junto al ejército de clones. Algún tiempo después de la muerte de su padre a manos de Mace Windu, Boba se escondió entre las filas de los jóvenes cadetes en un intento fallido de vengarse del Maestro Jedi. Trabajando con Aurra Sing y Bossk , lo intentó de nuevo y tomó cautivos a los oficiales de la República para obligar a Windu a ir con ellos. Sin embargo, el plan no le salió bien al conflictivo muchacho, y finalmente reveló la ubicación de los rehenes a los Jedi.
Boba pasó un tiempo en una prisión de la República. Después de escapar, aceptó trabajos de mercenario, incluido un trabajo desafortunado con Bossk, Dengar y Asajj Ventress cuando ella comenzó su propia carrera de caza recompensas.
Abriéndose camino a través de la galaxia
Jango Fett fue considerado uno de los mejores cazarrecompensas de los últimos días de la República. Antes de su muerte, Jango le había enseñado a Boba a pelear y pilotar; más tarde, Aurra Sing lo guió y agregó a su arsenal de habilidades. Boba se puso la armadura mandaloriana de su padre y comenzó a hacerse un nombre. Cuando comenzó a trabajar para Jabba el Hutt, tenía años de experiencia bajo su mochila propulsora.
Poco después de la Batalla de Yavin, Darth Vader contrató a Boba Fett para averiguar la identidad del piloto que estaba tras de la destrucción de la Estrella de la Muerte. La investigación de Boba finalmente reveló un solo nombre: Skywalker. Compartió la información con el Señor Oscuro de los Sith, y comenzó la obsesión de Vader por encontrar a Luke Skywalker.
Darth Vader volvió a contratar a Boba, esta vez para localizar al Halcón Milenario. Tras deducir los planes de Han Solo, Boba siguió en secreto al carguero hasta Bespin y alertó al Imperio. Una vez que se le concedió el visto bueno para darle a Han Solo a Jabba el Hutt, Boba cargó el contrabandista congelado en carbonita en su nave y partió para hacer la entrega.
Por supuesto, nada en la galaxia muy, muy lejana es simple.
Un destino incierto
El cazador se convirtió en cazado cuando Han Solo fue sustraído a Boba Fett en Nar Shaddaa. El sindicato criminal Crimson Dawn le había arrebatado el premio de Jabba y el señor del crimen puso precio a la cabeza de Boba en represalia. Boba, decidido a terminar el trabajo y honrar su código, terminó luchando contra casi todos en la galaxia para reclamar su premio.
Con la recompensa finalmente entregada y Han Solo como polizón en el palacio de Jabba, Boba Fett estaba de vuelta en la gracia del gánster. Acompañó al Hutt a la Fosa de Carkoon, donde serían ejecutados Han Solo y Luke Skywalker. Un golpe descarriado envió a Boba Fett a la boca del hambriento Sarlacc dentro del pozo. El infame cazarrecompensas fue dado por muerto.
Pero el destino a veces interviene para rescatar a los desdichados.
Un nuevo futuro
No está claro cómo o cuándo Boba Fett escapó de las garras de Sarlacc. Años después de que la Rebelión proclamara la victoria sobre el Imperio, la armadura de Boba Fett resurgió en el asentamiento de Mos Pelgo. Los rumores sobre el equipo legendario de Tatooine no solo llamaron la atención del mandaloriano Din Djarin , sino también de Boba. El Mandaloriano partió de Tatooine con la armadura de Boba en la mano. Boba quería recuperarlo, y alcanzó al Mandaloriano en el planeta Tython para recuperarlo.
Boba no estaba planeando simplemente tomar la armadura por la fuerza; le ofreció al mandaloriano la oportunidad de hacer un trato primero. “Dejemos las armas y charlemos”, le dijo Boba al Mandaloriano cuando se encontraron cara a cara . «No hay necesidad de un derramamiento de sangre«.
Con su nueva compañera, la francotiradora Fennec Shand, a su lado, Boba cumplió su acuerdo con el Mandaloriano. Luego pasaron a su próximo objetivo: el inframundo. Boba Fett reclamó el trono de Jabba en Tatooine y tomó el control del antiguo territorio de los Hutt. ¿Su verdadero objetivo? Eso aún está por verse…
¡Hola, bibliotecarios! Hoy os traemos Viendo rojo, la traducción deSeeing Red, un relato de Leyendas perteneciente al videojuego Star Wars: The Old Republic, en concreto a su actualización 6.3 de verano de 2021. Está escrito por Jay Watamaniuk y, al igual que Toda una historia que contar (Quite a Story to Tell), que ya tradujimos aquí, apareció en la web oficial del videojuego, en este caso el 14 de julio de 2021. Y sí, aunque parezca increíble por las fechas en las que estamos, estos relatos pertenecen a la anterior continuidad. Os dejamos con él:
Otra vez tarde. Jek me va a matar.
Rass Ordo estaba a sólo unos pasos de la entrada del «Fuego de cobertura», el lugar favorito que él y su hermano Jekiah habían frecuentado durante años. Cuando Jekiah no estaba en una misión, era muy probable que se le encontrara aquí más o menos a la misma hora del día, comiendo más o menos lo mismo, rodeado del mismo tipo de gente. Esta era la cantina no oficial de los guerreros. Los verdaderos tipos duros con créditos para gastar. Todo, desde los carteles rotos hasta el letrero oscilante, pasando por la gruesa puerta de madera, tenía el color oxidado de la sangre seca; manchada por años de vientos del desierto soplando sobre las dunas de arena roja que rodeaban el asentamiento. Rass no había nacido en Geonosis, pero había vivido aquí el tiempo suficiente como para echar de menos las ardientes puestas de sol y las numerosas lunas cuando el trabajo le llevaba fuera del mundo.
Tiró del pomo de latón teñido de rojo. La pesada puerta de roble no pudo amortiguar el bullicio del interior. La abrió con un chirrido penetrante y desenfadado y se vio envuelto en el sabor picante de la comida cocinada, la cerveza amarga y el bullicio incontrolado de los soldados de permiso.
Entró, entrecerrando los ojos por la tenue luz. Los clientes habituales le dieron una fuerte ovación. Rass devolvió el saludo con una gran sonrisa. Esperando una merecida reprimenda por parte de su hermano mayor, se abrió paso rápidamente entre las mesas, asintiendo, saludando y dando palmadas en la espalda a algunos, mientras se dirigía a la esquina familiar del pub. Jekiah estaba con la cabeza hundida en su datapad personal, con la cara encerrada en una sombría concentración. Parecía cansado. Rass sintió una punzada en el pecho. Las cosas habían cambiado para Jekiah. Víctima de su propia competencia y de su tozudez en situaciones imposibles, Jekiah no podía permanecer oculto al liderazgo. Shae Vizla, la líder de los mandalorianos, estaba persiguiendo a un peligroso rival y ascendió a Jekiah a Árbitro. Su hermano era ahora su voz en todos los temas mandalorianos. Un gran honor, o como el propio Jekiah añadió, un gran dolor de muelas.
Jekiah se había quedado en Geonosis para dirigir las operaciones cotidianas, poniendo distancia de por medio con la sede del poder mandaloriano para que la gente entendiera que él no era Shae Vizla y que no tenía ninguna influencia sobre ella. Rass no creía que fuera necesario, pero Jekiah era un soldado leal y soportaría una o dos heridas por el bien de la causa. Ahora ya no era un soldado raso, pero en esta cantina de mala muerte en un planeta polvoriento los clientes le hacían el mayor cumplido posible al pasar por alto su nuevo estatus y seguir considerándolo como uno de ellos.
—¿No hay noticias? —preguntó Rass, elevando su voz por encima del clamor mientras se sentaba. Deben ser malas noticias, pensó mirando el datapad. Echó una mirada al camarero y este le sirvió dos tragos.
—Otro muerto. El tercero esta semana —dijo Jekiah.
Los mandalorianos rara vez estaban en paz y hoy no era una excepción. Jekiah dejó su pantalla, tirando de su barba, más gris que marrón estos días. Los mandalorianos luchaban. Era una forma de vida y Rass estaba orgulloso de ella. Su hermano siempre decía que no se afila una espada que no se piensa usar. Dejaron las bebidas sobre la mesa sin ninguna ceremonia. Rass empujó una.
—¿Qué pasa?
—Otro ataque al clan Shale. La victima apenas había salido del entrenamiento —Jekiah entregó el datapad. No se atrevió a mirar la imagen.
—¿Nerak? —Rass sabía que era obvio. El clan Nerak no tenía problemas para dejar claro su punto de vista derramando sangre. Miró la pantalla. Eran ellos, sin duda.
—Es probable. No saben cuándo parar.
—Qué maldito desperdicio —Jekiah bebió un trago para bajar la frustración.
El clan Nerak era joven para los estándares mandalorianos, eficaz pero poco notable y todavía estaba buscando su identidad. Por eso, cuando el antiguo líder se burló de un impulsivo advenedizo llamado Ballag, este lo mató en el acto. Algunos lo calificaron como un auténtico desafío, otros como un asesinato. Ballag se convirtió en el jefe del clan, pero su reputación quedó manchada. No quería parecer débil.
Ballag empezó a buscar peleas y a derramar sangre para demostrar su fuerza. El último, y más atrevido problema, había sido con el clan Shale. Eran un clan antiguo y respetado por todos.
El cadáver de la pantalla merecía una muerte mejor con un enemigo mejor.
—¿Qué esperabas con Ballag dirigiéndolos? —dijo Rass—. Va a llevar a Nerak a la ruina si sigue así —se burló. No le gustaba Ballag. Demasiado terco para dirigir y demasiado estúpido para verlo.
—He hablado con Arla Shale —dijo Jekiah—. Luché con ella durante la incursión en Darvannis. No permitirá que su pueblo sea tratado así. Con Mandalore fuera, tenemos que estar unidos.
—¿Qué vas a hacer?
—Llamarlos. Es hora de hablar.
—¿Un duelo? —preguntó Arla, con su rostro tan delineado y lleno de cicatrices que no revelaba ninguna emoción. Sin pensárselo dos veces, asintió a Jekiah—. Como decida el Árbitro —no había ningún indicio de miedo en sus ojos, sólo una certeza férrea.
Ballag dudó. Era una cabeza más alta que todos. Sus ojos eran de un amarillo extraño y pasaban de Jekiah a Arla, con un mínimo indicio de inquietud en su mirada. Arla era experimentada, quizá no más rápida, quizá no más fuerte, pero Ballag tendría que estar ciego para considerarla un blanco fácil. Arla arqueó una ceja ante la pausa.
—De acuerdo —dijo, hinchando el pecho. Rass sintió la necesidad de poner los ojos en blanco, pero se controló. El asunto se acabaría. Tal vez. Rass confiaba en Jekiah, pero no estaba seguro de que esto funcionara. Habían pasado demasiadas cosas y las cicatrices aun eran demasiado profundas.
—Bien —Jekiah asintió—. Pero antes de hacerlo oficial, hay una condición más —sus ojos eran como dos astillas de obsidiana—. Si sois derrotados —comenzó lentamente, observando a cada líder—, vosotros y vuestro clan seréis destruidos. Sin cuartel, sin excepciones.
—¡Qué! —exclamaron Ballag y Rass a la vez. Rass dio un paso hacia Jekiah, con voz incrédula.
—¿Jek…?
La mirada de Jekiah detuvo a Rass en seco. Este no era su hermano. No era la cara amistosa de mil recuerdos de lucha en el patio de entrenamiento o de robar un velocípedo desatendido aparcado detrás del mercado para dar una vuelta. Era el árbitro de los mandalorianos. Su palabra era la ley.
—¡No puedes destruir a todo un clan por esto! —Ballag insistió. Era una queja razonable, pero en este momento sonaba débil.
—Acepta este duelo o termina tu disputa —dijo Jekiah.
—Estoy de acuerdo —dijo Arla. Permaneció impasible, pero había algo en su rostro. Cautela y algo más… ¿diversión? Algo había pasado entre Jekiah y ella, pero Rass no sabía qué.
Ese algo en su rostro enfureció a Ballag. Empezaron a aparecerle manchas rojas. Le dirigió una mirada enfurecida.
—¿Y bien? —La cara de Jekiah era de hierro.
El joven apretó los puños y se burló. —¡Haar’chak! —Maldijo—. ¡De acuerdo! —Se dio la vuelta y salió furioso. Arla asintió a Jekiah y le siguió. La puerta se cerró con estruendo tras ellos.
—A los clanes no les gustará esto. Ni un poco. ¿Qué has hecho?
Jekiah le dirigió una mirada incisiva. —Tomar una decisión.
La arena. Tan lejos de los grandes salones de Alderaan y de las grasientas luces de Nar Shaddaa como cualquier otro lugar. Había poca decoración que distrajera. No era un lugar de entretenimiento como los asquerosos pozos de la muerte de los hutts. Era un lugar para dirimir disputas entre guerreros.
El suelo de la arena era una mezcla de tierra compactada, arena roja y grava que raspaba la piel y enganchaba los pies de cualquiera que perdiera la concentración. Era un buen lugar para luchar y un lugar adecuado para morir. Después de siglos, las paredes grises se mantenían estoicas ante los sonidos de la batalla. No había asientos, para que nadie estuviera a gusto en este lugar. Cuando otros luchaban, tú te quedabas de pie. Los reunidos gritaban, chocando armas contra armaduras en un caótico regocijo mientras esperaban el comienzo de la contienda.
Un único cuerno sonó. Un instrumento de hueso extraído de una antigua bestia para señalar el inicio de una contienda de honor. La multitud respondió del mismo modo con un aullido atronador. Jekiah Ordo, árbitro de los mandalorianos, apareció en el borde exterior. El débil resplandor de un muro de escudos se elevó en el aire para asegurarse de que ningún testigo sufriera daños o tuviera la tentación de interferir. En la arena, todos los juicios eran definitivos.
Jekiah comenzó a caminar. El clamor comenzó a desvanecerse con cada paso. Cuando llegó al centro, se detuvo para observar a la multitud. Estaban tan silenciosos como la piedra. Lo desaprueban, pensó Rass. Más que eso, están enfadados. Por supuesto, se había corrido la voz de que se derramaría más sangre cuando se decidiera el vencedor de esta contienda. Desde que Mandalore el Reivindicado, una generación atrás, había ordenado el fin del clan Cadera por su negativa a atender su llamada, no se habían tomado medidas tan despiadadas. Rass había hablado con su hermano muchas veces en los últimos días, pero Jekiah no cedía. Los líderes de estos dos clanes lucharían, el ganador se marcharía y el perdedor y todos los que les siguieran morirían. Jekiah permaneció inmóvil en el centro. Asintió con la cabeza.
Ballag, del clan Nerak, y Arla Shale, del clan Shale, entraron por lados opuestos. Ballag llevaba trofeos en el cinturón, pieles y huesos de monstruos a los que se había enfrentado. Llevaba un broquel con cuchillas en la muñeca y una fea rifle de dispersión apoyada en el hombro. Inclinó la cabeza hacia la multitud, levantando los brazos en señal de victoria prematura. Arla no llevaba ningún adorno, salvo el desgastado acabado de su armadura y el largo rifle con una afilada bayoneta sujeta en la punta. Su mirada no se apartó de su oponente.
Un choque de metales sonó entre los testigos. El ruido se hizo más y más fuerte a medida que todos golpeaban el suelo, una placa de pecho o dos armas juntas. No honraban a los combatientes, si no al hombre que los puso allí.
Los mandalorianos de los clanes destacados estaban en lados opuestos. Había mucho más en juego que este único combate. Rass notó que algunos del clan Nerak no estaban presentes. Tal vez no tenían confianza en su líder y habían huido. Cobardes. O apoyaban a quien los dirigía o elegían un nuevo líder.
Jekiah levantó la mano abierta. El público se calmó. Un destello de fuego azul salió de su mochila propulsora y se elevó en el aire, con la mano aún abierta. Todos los ojos estaban puestos en él. Miró a Ballag, que asintió, se golpeó el pecho y lanzó un grito de guerra. Miró a Arla, que giró su rifle hacia delante y asintió. Jekiah cerró el puño.
Ballag se lanzó hacia adelante, con su mochila propulsora en llamas. Arla lo esquivó, pero él sacó su broquel y le dio un tajo en la placa del pecho y en el casco, derribándola. Una pequeña salpicadura desapareció en la arena roja. La multitud aplaudió. La primera sangre. Esa era su intención, pensó Rass. ¿Su vida, su clan entero, en juego y él juega con la multitud? Ballag había vuelto a levantar las manos mientras Rass veía a Arla luchar por ponerse en pie. El ataque había hecho más daño del que parecía. Apoyándose fuertemente en su rifle, se preparó una vez más. Ballag cargó; esta vez conectó, lanzándola hacia atrás, casi haciéndola caer de pie una vez más. Al aterrizar, apuntó con su rifle de dispersión, pero ella la apartó con su rifle justo en el momento en que se disparaba en una explosión ensordecedora. Arla continuó con el movimiento de su arma en un rápido arco, y clavó la culata de su rifle en el casco de Ballag, haciéndole retroceder la cabeza. Volvió a blandir su bayoneta, pero Ballag se agachó ante el ataque. Dejando caer su rifle de dispersión, sacó con suavidad un largo cuchillo dentado que llevaba enfundado en la pierna. Lo levantó entre ellos, con la hoja balanceándose de un lado a otro como una serpiente.
Ballag no tenía rival en el combate cuerpo a cuerpo, y confiaba en su fuerza y velocidad. Se abalanzó sobre ella con salvajes golpes y cortas estocadas. Arla desviaba a duras penas cada ataque, utilizando su largo rifle como bastón. El repiqueteo de metal contra metal era lo único que se elevaba por encima del ruido de la multitud. Arla luchaba a la defensiva, sin malgastar energía, sin moverse ni un pelo más de lo necesario. Estaba frustrando a Ballag, pero su mesurada defensa no le haría ganar este combate.
Otro desvío. Ballag maldijo y dio un paso atrás, haciendo girar la daga en su mano. Arla sostenía su rifle frente a ella. Tenía media docena de cortes en los brazos y el torso y empezaba a tambalearse. Ballag soltó un ladrido y giró su daga una vez más, atrayendo su mirada. Se abalanzó, encendiendo su mochila propulsora en el último segundo y girando para atraparla con su broquel. La sangre voló y Arla se hundió en el suelo, con una mano en el cuello y la otra en el rifle para apoyarse. La multitud se lanzó hacia delante, apretada contra el escudo. Comenzó un canto rítmico y bajo mientras Ballag volaba por los aires, gritando su victoria. Arla agarró el rifle con fuerza, apoyándose en él, pero no pudo ponerse en pie. Rass miró a su hermano, con el corazón acelerado. Jekiah lo observaba desde su posición elevada, con el puño cerrado.
Ballag invirtió el agarre de su daga para dar un golpe mortal. Otro chispazo de su mochila propulsora y salió disparado hacia Arla, con su arma brillando.
Con apenas un brazo de distancia entre ellos, Arla giró su rifle, con la culata ya firmemente clavada en el suelo, y clavó la punta de la bayoneta en el pecho de Ballag, atravesándole el hombro con la punta. Ballag gritó, y la sangre salió de su boca. No era un golpe mortal, pero era más que suficiente para acabar con esto. Arla atrapó la daga cuando se le cayó de los dedos. Su boca se abrió y se cerró un par de veces, conmocionado. Arla se puso en pie, sin rastro de su anterior debilidad. Las heridas en su cuello y en otros lugares estaban ensangrentadas, pero eran mucho menos graves de lo que parecían. Ballag se aferró a su rifle, pero su fuerza había desaparecido.
Arla levantó la propia daga de Ballag en el aire, invirtiendo su agarre. La multitud se quedó en silencio. Ella miró a su propio clan durante varios latidos. Asintió con la cabeza antes de dirigir su mirada al clan Nerak, que estaba sentado en silencio al otro lado de la arena. Algunos estaban afligidos, otros enfadados, otros aceptaban su destino y esperaban. Bajó la daga hasta la garganta de Ballag. Su filo dentado presionaba su piel expuesta. Se estremeció, sus ojos brillaron de odio y miedo. Jekiah se acercó pero no dijo nada.
—Un empate— dijo Arla en voz baja.
Jekiah aterrizó junto a ella. Los testigos que estaban lo suficientemente cerca para escuchar comenzaron a murmurar. —Un empate, Árbitro —repitió, más fuerte esta vez.
Más personas de la multitud empezaron a murmurar. Jekiah la miró a ella y al indefenso Ballag durante un momento.
—¡Se declara un empate! —anunció Jekiah, con su voz llegando a todos los rincones. Se oyeron gritos. Rass no podía decir si estaban enfadados o conmocionados. Probablemente ambas cosas. Jekiah se volvió hacia Ballag, que estaba perdiendo mucha sangre. —¿Estamos de acuerdo?
Ballag apretó los dientes varias veces. La lucha seguía saliendo de él, mezclándose con el creciente charco rojo. Asintió con la cabeza.
—Este duelo ha terminado —levantó el puño y lo abrió para que todos lo vieran.
Arla tiró la daga antes de volverse hacia su clan. El choque de las armas contra el metal fue ensordecedor.
Ballag agarró su daga con los dedos entumecidos. El clan Nerak permaneció en silencio.
En calle no se esuchaban conversaciones, pero Rass iba a iniciar una.
Dobló la esquina y Jekiah estaba de pie fuera del pub, mirando su datapad.
—¿Jek?
Levantó la vista. —Rass. A tiempo. Hm… ¿debería estar preocupado? —dijo Jekiah. Sus ojos eran brillantes. Una mirada rara pero bienvenida.
—No hay tráfico. ¿Alguna noticia?
—El clan Nerak encontró un nuevo líder.
—¿No me digas? —Rass sonrió—. ¿Y el clan Shale?
—Está fuerte —Jekiah asintió—. Arla es una buena guerrera. Sabes que luché con ella hace tiempo.
—Lo mencionaste, sí —Rass sonrió antes de acercarse, bajando la voz—. Te has arriesgado mucho, Jek.
Jekiah asintió, sus ojos se oscurecieron. Rass le dio una palmadita en el hombro. —Entremos.
—Rass —Jekiah lo detuvo, con la mano en la puerta—. Pensé que podríamos probar otro lugar. Cambiar cosas.
—¿Qué? ¿Por qué? —Rass tiró de la puerta.
—Rass —el tono era suave, pero mantuvo la puerta cerrada—. Vamos a dejar que cenen tranquilos. —Jekiah quitó la mano de la puerta, con el polvo rojo cayendo y arremolinándose alrededor de ambos. —Vamos. Yo invito.
Los familiares sonidos apagados del interior eran fuertes y reconfortantes, pero Rass soltó la puerta y los dos hermanos subieron la calle en silencio.
Esperamos que os haya gustado esta historia. Ya sabéis que si queréis consultar el listado de relatos de Star Wars lo podéis hacer en este artículo. ¡Que la lectura os acompañe!