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  • Reseña de los tres primeros capítulos y extractos disponibles de The High Republic: A Test of Courage

    Reseña de los tres primeros capítulos y extractos disponibles de The High Republic: A Test of Courage

    Por Mario Tormo

    Os contamos todos los detalles que hemos podido leer del libro de Justina Ireland gracias al sampler y los extractos publicados de manera gratuita disponibles hasta el momento. La Alta República está a punto de dar su pistoletazo de salida y no podemos estar más deseosos de conocer todo lo que va a aportar a esta nueva era de Star Wars.

    Como ya os contamos, se ha publicado un sampler digital con adelantos de todos los productos de la nueva era de Star Wars, The High Republic. Ayer os trajimos la reseña de los primeros tres capítulos de Into the Dark, y hoy os traemos el análisis de los tres primeros capítulos de Una Prueba de Valor (A Test of Courage) de Justina Ireland, así como de dos extractos más que os tradujimos aquí y aquí, y que no están incluidos en esos tres capítulos y que nos permiten tener una mejor idea de la historia que se va a contar en esta novela que sale en Enero de 2021 en Estados Unidos.

    Vern

    La protagonista principal es Vernestra Rwoh. Aunque hay quien la llama Vern, pero ella odia el diminutivo. Que ella sepa es la primera Jedi de su edad en superar las pruebas Jedi a la primera y convertirse así en una Caballero Jedi a los 15 años. Una Jedi muy correcta y aplicada, siempre dispuesta a las misiones que se le encomienden y decidida a seguir el camino de la luz.

    Su maestro fue Stellan Gios, aunque la misión que la ocupa, la primera como Caballero Jedi, está ordenada por el Maestro Douglas Sunvale. Y aunque parece algo menor, piensa cumplir con ella. Se trata de cuidar de Avon Starros, la hija de la senadora Ghirra Starros, en el Borde Exterior.

    En el primer capítulo veremos todo esto esto explicado a través de los ojos de Vernestra, y de cómo en el fondo le parece poca cosa para un Caballero Jedi hacer de niñera de una niña de doce años que no entiende que le digan que no. Aunque en el fondo le gusta la manera de ser de Avon, siempre investigando y enredando con su droide J-6 modificado por ella misma.

    La acción comienza en el muelle del Puerto Haileap, donde se encuentra la Steady Wing, la nave que las debe llevar a la estación Starlight. Que uniendo los recuerdos de Vernestra a lo que pudimos leer en los capítulos de Into the Dark, podemos intuir que debe llevar en construcción menos de 25 años pero más de 15. Lo que nos recuerda que la primera Estrella de la Muerte tardó 19 años en contruirse.

    En el segundo capítulo vamos a conocer el punto de vista y punto de vista y pensamientos de Avon. En realidad tampoco odia a Vernestra, todo lo contrario, la admira. Aunque le da rabia lo perfecta que es. Pero siente fascinación por su sable láser. Incluso podemos llegar a leer una frase que nos hace suponer que es sensible a la Fuerza.

    Aquí vamos a comentar un par de momentos que pasan casi desapercibidos pero que parecen relevantes. El primero es que Vernestra tiene una sensación extraña con un mecánico Aqualish al que le falta uno de sus cuatro ojos. Y por otro es que Avon se tropieza con una mujer de pelo rosa y un piercing bastante extraño. Luego os comentaremos lo que pensamos.

    El tercer y último capítulo nos presenta al tercer personaje de esta historia. Se trata de Honesty Weft, hijo del embajador Weft del planeta Dalman. Este planeta está valorando entrar a formar parte de la República, y por eso los embajadores han decidido enviar a su hijo a conocer la estación Starlight y que pueda conocer un momento histórico para su mundo. Honesty, de la misma edad que Avon, no está muy conforme con la decisión y por ello su actitud inicial es negativa.

    En este punto vemos cómo la novela, que está orientada a adolescentes, trata no solo de que los lectores se sientan identificados, si no también de transmitir valiosas enseñanzas a través de la figura del padre. Es muy satisfactorio ver este tipo de mensajes, ya que Star Wars no es sólo aventura y diversión, si no que también nos permite aprender y ver la vida desde distintos puntos de vista.

    Otro detalle interesante es el tema de las canciones de la Fuerza y de cómo en esta era, y por lo que hemos leído en los otros extractos del reto de novelas, se está tratando a la Fuerza como algo bastante más místico, a nuestro entender, y con este sentido musical.

    Conceptos para los Nihil

    Hasta ahora todo lo que hemos contado es referido a los capítulos que hemos podido leer en el sampler. Pero hay un par de extractos más que cuentan pasajes extras del libro. En uno de ellos, y que se publicó en teoría como parte del capítulo 2, se habla de los Nihil. Decimos en teoría porque en el capítulo 2 del sampler no aparece, no sabemos si porque no es el capítulo completo o porque se ha reestructurado el libro y esta parte se cuenta al final más adelante. El caso es que en la Wookiepedia se puede leer cierta información que estaría relacionada con el capítulo 2 y con este extracto de los Nihil, pero que no aparece en ninguno de los dos textos disponibles.

    En este extracto conocemos a Klinith y a Gwishi, dos Nihil, bajo el mando de Kassav, a los que se les ha encargado la misión de destruir la Steady Wing. Para ello se infiltran como mecánicos en la nave para desactivar todas las cápsulas de escape y poner las cargas explosivas.

    Ahora volvemos a un par de temas que hemos dejado antes en el aire, y es que la mujer de pelo rosa con la que se tropieza Avon debe ser Klinith, ya que en la descripción de la Wookieepedia a la que hacemos referencia se la describe con el mismo color de pelo y piercing. Y a Gwishi, aunque no se le describe físicamente, lo dejamos con el resto de mecánicos, por lo que suponemos que es el Aqualish en el que se fija Vernestra.

    Y parece que consiguen su objetivo, ya que en el último extracto disponible, y que podéis leer en castellano aquí, tenemos a nuestros protagonistas en un planeta selvático, tratando de ponerse a salvo tras escapar en una cápsula de salvamento (parece que no las desactivaron todas) tras haber sido destruída la Steady Wing.

    En este extracto hay un nuevo Jedi, Imri Cantaros, acompañando a los protagonistas, además de un droide scout, Essdee (SD). Están intentando buscar refugio ya que hay una lluvia ácida que, y usando una frase del maestro Yoda, puede consumir su materia cruda.

    Lo más revelador del extracto, además de conocer el resultado del sabotaje, es descubrir que Vernestra tiene un sable láser que se transforma en látigo láser. Esto además de presentarnos un arma bastante novedosa, aplica un trasfondo mucho más profundo al personaje. Cuenta que el diseño le vino como una inspiración, y en el diálogo que se establece entre los dos Jedi sobre los orígenes del látigo, se menciona a Las Hermanas de la Noche, las Guerras Sith y referencias un tal Cervil «El misterioso» o las Formas Prohíbidas. Tenemos ganas de ir conociendo como expanden el Lore con estos conceptos.

  • Lanzan un adelanto de todos los productos de La Alta República

    Lanzan un adelanto de todos los productos de La Alta República

    Por Mario Tormo

    Se ha publicado un sampler digital con los primeros capítulos y páginas de las 5 novelas y comics de la primera fase de The High Republic. A continuación os contamos todos los detalles y os ofrecemos todo lo que hay ya disponible.

    Este fin de semana y de manera exclusiva para los residentes en Estados Unidos, se ha publicado un adelanto de 175 páginas de todos los productos que van a salir en la primera ola de la Alta República. La manera de obtener el sampler es a través de las webs americanas de Amazon y Barnes & Noble. Y aunque en principio desde España no podemos hacernos con ello, desde La Biblioteca del Templo Jedi os vamos a traer todo el contenido en los p´roximos días, con su correspondiente análisis. Además, a continuación os contamos de manera pormenorizada cuáles son los contenidos de este adelanto, y ya veréis que la mayor parte de ello ya ha ido saliendo y que os lo hemos ido trayendo traducido.

    Lo primero que se muestra tras el índice es el Opening Crawl, que podéis ver a continuación traducido y montado al castellano, que ya se revelamos a principios de Octubre.

    Opening Crawl

    Light of the Jedi

    Tenemos por tanto en este sampler los siete primeros capítulos de Light of the Jedi de Charles Soule. Pero nosotros tenemos ya traducidos los 8 primeros, que salieron a mediados de Noviembre y que podéis disfrutar en perfecto castellano aquí. Es de la novela que más promoción ha habido, ya que se considera la que va a ser el punto de partida de todo lo demás. Podéis leer la última entrevista del autor en profundidad donde ofrece muchos más detalles.

    Into the Dark

    Incluye también los tres primeros capítulos de Into the Dark, de Claudia Gray, de la que sabíamos poco más que la sinopsis que se publicó en Febrero. Aquí tenéis nuestra review sobre lo que hemos podido leer.

    A Test of Courage

    Tenemos también los tres primeros capítulos completos de A Test of Courage, de Justina Ireland, de la que hasta ahora sólo habíamos tenido tres extractos que os trajimos traducidos cuando salieron, el primero en Agosto (que ahora comprobamos que es parte del primer capítulo), el segundo en Octubre (que por ahora es exclusivo ya que no está contenido en ninguno de los primeros tres capítulos de este sámpler) y el tercero a finales de Noviembre (que tampoco aparece en estos tres capítulos). Además tenéis una muy buena entrevista a la autora que hemos publicado hace sólo unos días. Y aquí tenéis nuestra review de todo este contenido.

    The High Republic Adventures – IDW

    En el apartado de cómics tenemos las primeras 10 páginas de la serie regular que publicará IDW y que está guionizada por Daniel José Older y dibujada por Harvey Tolibao y del que ya se habían podido ver las tres primeras páginas a mediados de Noviembre como os contamos aquí.

    The High Republic – Marvel

    Por último tenemos también las primeras 10 páginas del primer número de la serie regular de Marvel, las hemos publicado ya y las tenéis aquí. Estará escrita por Cavan Scott, dibujada por Ario Anindito y coloreada por Annalisa Leoni. En una profunda entrevista que podéis leer aquí ya pudimos ver algunas de estas páginas. De esta serie se ha publicado ya incluso un adelanto del segundo número que podéis disfrutar aquí.

    Se incluye también la nueva cronología que ya publicamos a finales de Octubre.

    Cronología

    ¿Habéis leído ya todo lo que hay disponible? En este enlace podéis consultar todo lo que hemos ido cubriendo la iniciativa ¿Tenéis ganas de que llegue ya el resto?

  • 10 series y dos películas nuevas de Star Wars

    10 series y dos películas nuevas de Star Wars

    Por Mario Tormo

    Ahsoka, Rangers of the New Republic, Andor, Obi-Wan Kenobi, The Bad Batch, Lando, Visions, A Droid Story y The Acolyte serán las nuevas series, mientras que las películas son Rogue Squadron y otra aún sin título, escrita por Taika Waititi. Os contamos todas las novedades que ha traído la Conferencia de Inversores de Disney.

    La conferencia para inversores de Disney de este jueves 10 de Diciembre ha estado plagada de anuncios. Comenzando a las 22:30 hora Española ha ido haciendo un repaso por todo lo que han conseguido hasta el momento con Disney+ y el resto de productos para dar paso luego a todos los proyectos que están por llegar. Este es el repaso de todo lo que ha anunciado Lucasfilm en relación a Star Wars.

    • The Mandalorian
    The Mandalorian TV Show Logo Updated With Baby Yoda For Season 2

    La presentación de las novedades de Lucasfilm ha comenzado con Kathleen Kenedy, la presidenta de la división, hablando del éxito de la serie, tanto de público como de crítica. Después ha mostrado un trailer de la segunda temporada que recoge momentos espectaculares de todo lo visto hasta el momento. No os lo perdáis.

    Y tras esto, la bomba. Dave Filoni y Jon Favreau se encuentra ahora mismo desarrollando de manera simultánea dos series spin-off de The Mandalorian.

    • Ahsoka, escrita por Dave Filoni y producida por Dave Filoni y Jon Favreau

    Después de hacer su esperado debut en acción real en The Mandalorian, la historia de Ahsoka Tano, escrita por Dave Filoni, continuará en una serie limitada que contará con Rosario Dawson y estará producida ejecutivamente por Dave Filoni y Jon Favreau.

    • Rangers of the New Republic, producida por Dave Filoni y Jon Favreau

    Situada en la misma línea de tiempo que The Mandalorian, esta nueva serie de acción real se irá interconectando con las próximas historias de la serie, que llegará a su clímax en una historia común que será un evento conjunto.

    • Andor, por Tony Gilroy

    La serie sobre Cassian Andor ya tiene título. Será un thriller de espías que hará que nos comamos las uñas y que corre a cargo de Tony Gilroy. Llegará en 2022 a Disney+ y tendrá a Diego Luna repitiendo su papel de Rogue One. Además se unen al elenco Stellan Skarsgard, Adria Arjona, Fiona Shaw, Denise Gough, Kyle Soller y Genevieve O’Reilly como Mon Mothma. La producción empezó hace tres semanas en Londres.

    Os dejamos unas imágenes de la producción introducidas por varios de los participantes del proyecto, Diego entre ellos.

    • Obi-Wan Kenobi, dirigida por Deborah Chow

    Como ya se anunció en la Expo D23 del año pasado, Ewan McGregor volvía a meterse en la piel de Obi-Wan Kenobi para una serie limitada en Disney+. Se revela por tanto el título Obi-Wan Kenobi, y que la serie estará situada 10 años después de La Venganza de los Sith, donde se enfrentará a su mayor derrota, la caída en desgracia de su mejor amigo y aprendiz Jedi, Anakin Skywalker, convertido en el malvado Sith Lord Darth Vader. La serie estará dirigida por Deborah Chow, quien ya dirigió dos memorables episodios de la primera temporada de The Mandalorian.

    Y además el bombazo incluye la confirmación de que Hayden Christensen volverá a interpretar a Darth Vader. Como dice Kennedy: «Esta será la revancha del siglo.»

    «Fue una aventura increíble interpretar a Anakin Skywalker,» cuenta Christensen. «Está claro que Anakin y Obi-Wan no se encontraban en su mejor momento la última vez que los vimos… Va a ser interesante conocer lo que una asombrosa directora como Deborah Chow nos tiene preparados. Estoy emocionado por trabajar con Ewan de nuevo. Sienta bien estar de vuelta.»

    • The Bad Batch

    Como ya sabíamos, esta serie seguirá a los soldados de élite experimentales del Bad Batch encontrando su camino tras las Guerras Clon. De hecho en la nueva presentación del logo, podemos ver como el de The Clone Wars se consume por las brasas dando paso a The Bad Batch, indicándonos así que esta serie es una continuación directa de la anterior.

    Además nos han mostrado un trailer que se ve espectacular y que podéis ver a continuación y que habrá que analizar poco a poco, pero en un primer vistazo hemos reconocido a Fenec Shand, Tarkin…

    • Lando, con historia a cargo de Justin Simien

    El sinvergüenza más querido por todos Lando Calrissian volverá en una nueva serie limitada para Disney+. Justin Simien, creador de la serie aclamada por la crítica Queridos Blancos (Dear White People) y mega fan de Star Wars, está desarrollando la historia.

    • Visions

    Esta será una serie antológica de diez cortometrajes animados. Nos presentará, a través de la lente de los mejores creadores de anime del mundo, una colección de visiones fantásticas de los principales estudios de animación japoneses. Lo que ofrecerá una perspectiva culturas muy novedosa y diversa de Star Wars.

    • A Droid Story

    Lucasfilm Animation se unirá a Indrustrial Light & Magic, el equipo de efectos visuales de Lucasfilm, para desarrollar una aventura especial de Star Wars para Disney+. Este viaje épico nos presentará a un nuevo héroe, guiado por la legendaria pareja R2-D2 y C-3PO.

    • The Acolyte, de Leslye Headland

    Esta serie que será un thriller de misterio trasladará a los espectadores a una galaxia de sombríos secretos y emergentes poderes del lado oscuro en los últimos días de la Alta República. Esta es finalmente la serie que se anunció que estaría a cargo de la creadora de la serie Russian Doll, Leslye Headland.


    PELÍCULAS

    • Rogue Squadron, dirigida por Patty Jenkins

    En las Navidades de 2023 llegará la próxima película de Star Wars, y estará dirigida por Patty Jenkins (que viene de la franquicia Wonder Woman). La historia nos presentará a una nueva generación de pilotos de cazas estelares a medida que van ganando galones y van jugándose la vida en un emocionante viaje a toda velocidad que sobrepasará todos los límites y llevará la saga a la futura era de la galaxia.

    «Como directora de cine toda mi vida he tenido el sueño de, algún día, poder llegar a realizar una gran película de pilotos de combate,» cuenta Jenkins. «Como hija de un gran piloto de combate, algunos de los mejores recuerdos de mi vida son ver al escuadrón de mi padre despegar con sus F4 cada mañana, oyendo y sintiendo su sobrecogedora potencia y belleza. Cuando falleció en acto de servicio por mi país se generó dentro de mi el ferviente deseo de volcar todas esas emociones en una gran película. Cuando la historia perfecta llegó, junto con otro de mis verdaderos amores, el incomparable mundo de Star Wars, sabía que finalmente había encontrado mi próxima película. Me siento profundamente honrada y emocionada de ponerme con ello, y me siento agradecida para con Lucasfilm, Disney y los fans, por transmitirme esa sensación.»

    «Patty se ha erigido como una de las directoras punteras en la industria del cine a día de hoy,» añadía Kathleen Kennedy, directora de Lucasfilm. «Es una visionaria que sabe como alcanzar el equilibrio entre la acción y la emoción, no puedo esperar a ver lo que es capaz de hacer en la galaxia de Star Wars.»

    • Sin título, escrita por Taika Waititi

    Está en desarrollo una película completamente nueva que contará con el aclamado director ganador del Oscar Taika Waititi. En palabras de Kathleen Kenedy: «será algo rompedor, inexperado y singular. Su enorme talento y sentido del humor nos aseguran que los espectadores estarán a bordo de un viaje inolvidable.»


    ¿Qué os ha parecido? ¿Os esperábais tantos anuncios? ¿De qué tenéis mas ganas? Pues por si esto no fuera poco os vamos a dejar con una última pildorita, y es que con este collage de fondo, Kathleen decía: «expandiéndose a lo largo de 25.000 años de historia, la galaxia, con cada era siendo una fuente muy rica para contar historias, ahora y con Disney+ podemos explorar posibilidades ilimitadas como nunca antes y cumplir la promesa de que realmente hay una historia de Star Wars para cada uno.» Parace que tendremos Star Wars para rato.

  • Rumor: Serie de animación de La Alta República

    Rumor: Serie de animación de La Alta República

    Por Mario Tormo.

    El conocido editor del medio Cinelinx, Jordan Maison, que ya ha dado otras primicias, ha publicado una exclusiva en la que revela que existe un proyecto en desarrollo centrado en La Alta República.

    Mientras que las series de acción real van viento en popa, hace tiempo que no escuchamos hablar de ningún proyecto de animación (aparte de The Bad Batch). Y es que aunque sabemos que Lucasfilm sigue contratando personal para desarrollar estos proyectos, no sabemos qué se traen entre manos.

    Según Jordan, lleva varios días escuchando de una gran cantidad de fuentes diferentes que hay tres series nuevas de animación en diferentes fases de desarrollo, y una de ellas estaría situada en la era de la Alta República. Como bien sabéis esta iniciativa editorial da su pistoletazo de salida el próximo Enero de 2021 en Estados Unidos, y explora un nuevo periodo de tiempo que no se había tocado anteriormente en la saga galáctica.

    Este proyecto, que inicialmente se anunció como únicamente editorial, por lo visto, y según Jason, fue ideado como multimedia, y estaba previsto que se extendiera hacia otros medios. En realidad ya ha saltado a la realidad virtual, ya que en la experiencia Tales from the Galaxy’s Edge hay contenido situado en este periodo de tiempo que transcurre doscientos años antes de La Amenaza Fantasma. Además esta no es la primera vez que oye hablar de una serie de La Alta República. El editor comenta que le llegaron rumores de una serie de acción real, aunque no sabe si eso aún sigue sobre la mesa o si simplemente la información sufrió el mal del teléfono escacharrado y siempre estuvo pensada como un proyecto de animación.

    Y aunque Maison no conoce más detalles al respecto, por ejemplo sobre si se incluirán personajes o no de los libros y cómics, apunta que la serie está en sus primeros días de desarrollo y que concuerda con lo que escuchó unos meses atrás sobre un nuevo proyecto que entraba en la fase de arte conceptual (lo cual suele estar entre los primeros pasos).

    Con suerte, y dado que The Mandalorian está a tan solo dos episodios de concluir la temporada, podremos saber mas sobre los próximos proyectos (y de manera oficial) más pronto que tarde.

    Imagen de portada con imagen de Jake Bartok

  • Star Wars The High Republic: Entrevista a Charles Soule

    Star Wars The High Republic: Entrevista a Charles Soule

    Por Kalvin SWCCMTY

    Mientras nos preparamos para entrar en una nueva era de narrativa galáctica con Star Wars: The High Republic, StarWars.com se sienta con los cinco autores: Charles Soule, Justina Ireland, Claudia Gray, Daniel José Older y Cavan Scott, que escriben la primera ronda de libros y cómics. “The Makers of Star Wars: The High Republic ” se publicará semanalmente hasta fin de año para celebrar el lanzamiento en enero de 2021 de ésta nueva propuesta editorial.

    Advertencia de spoiler: el artículo contiene detalles de la trama de Light of the Jedi .

    «Todos somos la República«. Es una frase que resuena en la nueva novela de Charles Soule, Light of the Jedi, disponible para preordenar ahora y que llegará a las estanterías el 5 de enero de 2021. La historia sirve como introducción al apogeo de la Orden Jedi, unos 200 años antes de los eventos. en Star Wars La Amenaza Fantasma. Sin embargo, hoy se siente tan relevante como lo sería para alguien en una galaxia muy, muy lejana.

    Y más allá de este grito de unión unificador, hay una nueva era inmersiva lista para la exploración, cuando los Caballeros Jedi defienden la paz y la justicia en una galaxia que experimenta una especie de tranquilidad mientras son pioneros en el Borde Exterior.

    Portada alternativa de Light of the Jedi.

    Es decir, hasta que ocurra un desastre. Aunque el arte conceptual insinúa una época dorada de gala y nobleza, cuando la grandeza no era una ilusión, desde el primer capítulo, la historia de Soule es un intenso ajuste de cuentas en medio del Gran Desastre. Se presentan nuevos personajes, sus vidas y esperanzas expuestas a los lectores, solo para ser desvanecidos en la siguiente oración a medida que toma forma la emergencia en todo el sistema. Y a pesar de todo, los Jedi emergen tan heroicos como las historias de viejos y valientes individuos que se lanzan a la refriega, preparados para hacer lo que sea necesario para devolver una apariencia de calma a cada rincón de su amada galaxia.

    Recientemente, StarWars.com se sentó con Soule para discutir la extraordinaria secuencia de apertura de su nueva novela, cómo la vida en 2020 impactó su escritura y lo que espera que los lectores se lleven de su primera incursión en The High Republic .

    StarWars.com: Hay una composición intencionada en la narración, un reflujo y un flujo, serenidad y puro caos. Tienes estas hermosas escenas de normalidad bucólica y luego terror absoluto, y simplemente se construye a medida que reúnes esta imagen para los lectores de la anomalía y lo que significa y lo que es. ¿Por qué adoptar este enfoque para introducir esta nueva era?

    Charles Soule: El gran desastre es la primera presentación real que los lectores y el fandom van a tener al comenzar The High Republic.. Es una oportunidad para un gran heroísmo o para que la gente común dé un paso al frente. Las personas realmente exponen quiénes son y los sistemas realmente exponen lo bien que funcionan en tiempos de crisis, como estamos viendo ahora en tiempos de crisis en el mundo real. Y es gracioso porque escribí esto … Lo terminé en gran parte antes de estos tiempos e hice una revisión sustancial durante la cuarentena. Pero la mayoría de las ideas en términos de grandes tramas vinieron antes del coronavirus. No quiero estropear demasiado lo que sucede en la secuencia de El gran desastre, pero es larga. Es un tercio del libro. Tiene más de 100 páginas de material basado en este evento y cómo afecta a un grupo de personas en un sistema en particular donde impacta con la mayor parte de su fuerza. El sistema Hetzel en el Borde Exterior… y aunque Hetzel está aislado, es importante, y cuando está en peligro, personas de toda la galaxia intentan ayudar. Y entonces pensé que era una forma de mostrar la interconexión de la era de la Alta República. El hecho de que existan sistemas para ayudar cuando un sistema tiene problemas.

    Hay una frase que resuena a lo largo del libro, que es: «Todos somos la República«. Y ese es básicamente el lema de la Alta República en esta época. La canciller Lina Soh dirige la República y ese es su lema que se ha vuelto omnipresente en toda la galaxia. Y es algo que la gente se toma muy en serio. Los Jedi se lo toman en serio. La República se lo toma en serio. Y las personas de los planetas se lo toman en serio. Así que solo quería mostrar lo que eso significaría. Porque eso realmente marca la pauta para todo. En una galaxia donde la gente realmente puede decir eso y creer eso, está unido de esa manera en torno a una idea principal, y cuando comienzan a suceder cosas malas, la fuerza de esa idea se pone a prueba.

    StarWars.com: Es curioso que menciones que la escribiste antes de la pandemia, porque cuando la estaba leyendo a mediados de 2020, me preguntaba, ¿si eso tuvo un impacto en los cambios que hiciste en las revisiones?

    Charles Soule: Creo que es imposible creer que este año no haya tenido un impacto significativo en el trabajo de todas las personas creativas, ya sea que lo reconozcan y lo crean o no. Para mí, hay elementos en el libro que la gente no creerá que yo tenía en el libro antes de la cuarentena. Pero estaban ahí. Y se basan en la forma en que los sistemas, los gobiernos y las instituciones responden a los desastres. Así que no es sorprendente que esas cosas sucedan, pero creo que resonarán con mucha más fuerza debido a la experiencia compartida que literalmente todos están teniendo en todo el mundo. Si alguna vez hay un momento para pensar, «Todos somos la República», todos somos seres humanos y todos tenemos las mismas fortalezas y debilidades… La principal amenaza en Light of the Jedi no es un virus, pero ciertamente es algo que puede aparecer en cualquier lugar, en cualquier momento y ser muy peligroso. Y entonces la gente toma acciones para tratar de protegerse y, como dijeron, desearía que esto nunca le hubiera pasado al mundo. Pero tengo la esperanza de que cuando las personas lean Light of the Jedi el 5 de enero, encuentren temas que resuenen por el momento en que saldrá y por el momento en que fue escrito.

    Avar Kriss

    StarWars.com: Para entrar en algunos de los nuevos personajes, mientras leía los primeros ocho capítulos, me di cuenta que Avar Kriss, en algún momento me hizo sentir como si fuera un Jedi. Nos estás mostrando este desastre en momentos grandes y pequeños y es muy similar a la forma en que estás describiendo la forma en que ella experimenta la Fuerza y ​​la forma en que puede sentir a todos los demás Jedi dondequiera que estén. ¿Qué pueden esperar los lectores de Avar y los otros nuevos Jedi y Padawans que conocerán en esta historia?

    Charles Soule: Uno de los principios rectores detrás de toda la iniciativa de la Alta República, incluso cuando todavía era el Proyecto Luminoso, fue crear Star Wars que fuera esencialmente Star Wars pero que también se sintiera fresco y nuevo. Y esto es con respecto a todos los elementos, ya sean criaturas, la propia República, las naves espaciales y los vehículos y, por supuesto, los Jedi, que han sido uno de los elementos más importantes de la saga desde el comienzo.

    Esta es una era muy estable y próspera. No se está produciendo una guerra civil galáctica. Es un momento en el que, afortunadamente, se puede centrar la atención en el desarrollo, la expansión, las actividades culturales, ese tipo de cosas. Entonces, el papel de los Jedi en esta era es simplemente diferente. Responden a problemas que a veces están un poco localizados. Negocian disputas. Tienen puestos de avanzada en varios planetas. Pero, ya sabes, siguen siendo Jedi. Van a ser muy reconocibles. Pero una de las cosas que pensamos que podríamos hacer fue, en una época en la que hay muchos miles de Jedi en la galaxia, y no están tan concentrados en la sombra invasora de los Sith o en una guerra civil que está a punto de estallar o en la corrupción en el Senado, pensamos que podríamos dedicar tiempo pensando en la forma en que todos ven y piensan sobre la Fuerza. Y Avar Kriss en particular es uno de los primeros personajes que conocemos haciendo esto y ella experimenta la Fuerza como una canción, una gran sinfonía de voces e instrumentos, asonancia y disonancia y todas estas cosas diferentes. Armonía y contra armonía y todas estas cosas diferentes que, realmente, cada vez que miras alrededor de nuestro mundo lo ves. Puede que no lo escuches, pero la vida es una sinfonía. Y así es como ella experimenta la Fuerza.

    Loden Greatstorm

    Otros personajes hacen cosas diferentes. Tienes a Bell Zettifar y Loden Greatstorm, un padawan y un maestro que son geniales, y cada uno tiene su propia forma de experimentar la Fuerza. Lo que llegamos a ver es que la descripción de Yoda de la Fuerza como una especie de red luminosa de luz que nos conecta y une a todos, o la descripción de Obi-Wan, las formas en que la hemos escuchado describir son solo una forma de ver algo que es realmente muy interesante, complejo y diverso. Al igual que muchas filosofías y religiones en la Tierra experimentan la espiritualidad de diferentes maneras, obviamente lo mismo sucederá con la Fuerza. Vemos eso explorado en el libro. También tienen diferentes sables de luz geniales. Los vemos usando diferentes poderes de la Fuerza que no hemos visto en mucho tiempo o que son totalmente nuevos. No quiero avanzaros las sorpresas…

    Bell Zettifar de Star Wars: The High Republic

    StarWars.com: Hablando de la Fuerza y ​​la forma en que los personajes la experimentan, realmente disfruté tu descripción de Bell aprovechando la Fuerza, como meditar en una llama. Como autor, ¿cómo la exploración de una nueva era de la narración de Star Wars alteró la forma en que entiendes la Fuerza o cómo la transmites a los lectores?

    Charles Soule: Una de las cosas que creo que es cierta sobre la Fuerza, en la medida en que algo puede ser cierto sobre una construcción inventada, es que es difícil. Usar la Fuerza es un desafío y tienes que encontrar tu camino hacia ella y tienes que encontrar un camino para conectarte a ella. Y es por eso que los Jedi entrenan literalmente toda su vida para usarla y mejorar su conexión con ella. Es algo que tienes que calibrarte para poder aprovechar. Está ahí fuera. No estás cambiando la Fuerza al aprovecharla. Tienes que cambiarte a ti mismo o encontrar tu propia frecuencia de resonancia dentro de ti que te permita aprovechar lo que es la Fuerza. Y es difícil. Tienes que estar súper concentrado. Tienes que convertirte en la Fuerza para usarla correctamente. Tienes que sintonizarte con ella. Y creo que se parece mucho a la experiencia de escribir una novela. Porque cuando estás escribiendo un libro tienes que visualizar completamente un mundo nuevo y luego tienes que habitar ese mundo y tienes que hacer nuevas personas que vivan en ese mundo y luego tienes que dejar que esas personas hagan las cosas que harían si ese mundo fuera real. Y es muy, muy desafiante. Es una disciplina mental agotadora que me encanta hacer, pero es realmente difícil. Y esa es mi versión de aprovechar la Fuerza, es tratar de escribir un buen libro.

    StarWars.com: Tienes un enfoque muy compasivo de las luchas que pueden tener los Jedi individuales mientras intentan mantener su dominio de la Fuerza. Pensé que fue un cambio realmente interesante en las cosas porque parece que cuando llegamos a la era de la República y la sombra de los Sith se cierne sobre todo en la trilogía de las precuelas, los Jedi son un poco más de blanco y negro, reglamentados, y quizás un poco menos indulgentes de algunas de esas faltas y transgresiones. ¡Y tenemos un Jedi wookiee, Burryaga, y un Jedi Duros, Te’Ami! ¿Tienes un personaje favorito entre los nuevos?

    Burryaga de Star Wars: The High Republic

    Charles Soule: Es realmente difícil porque puse mucho esfuerzo en tratar de hacer que todos estos personajes fueran realmente interesantes, únicos y fáciles de identificar. Incluso Hedda Casset, que es el tipo de piloto de nave estelar mayor que conoces en el Capítulo 1, trato de hacerla sentir realmente única, genial y especial. Me gusta mucho. En términos de los Jedi, realmente me agradan Bell y Loden, el Padawan y el Maestro. De los que conocimos, siempre me ha gustado la dinámica profesor/alumno que Star Wars ha hecho tan bien durante tanto tiempo y poder crear mi propio dúo fue realmente gratificante. Avar es genial. Burryaga es genial. Un Jedi wookiee súper sensible y al que se puede abrazar, es algo genial.

    StarWars.com: ¿Qué más podríamos querer todos, de verdad?

    Charles Soule: ¡ Lo sé! Y tiene algunas escenas que creo que la gente realmente se va a derretir. Hay otro Jedi que puede ser mi favorito en todo el libro que no conoces hasta más tarde llamado Porter Engle. Él es Ikkrukkian, que [son de] un planeta que inventé en mi serie de cómic de Poe Dameron. Tiene mucho cabello y barba, creo que lo describo como más barba que ser, y ahora es básicamente un cocinero. Es un tipo conocido por sus recetas. Pero a medida que se revela su personaje, descubres que tuvo un pasado muy diferente y que es una especie de leyenda dentro de la Orden Jedi. Y ha dejado atrás definitivamente ese pasado. Ha estado en todos los diferentes roles Jedi y ahora el único papel Jedi que realmente quiere es ser un cocinero. Pero la Fuerza aún no ha terminado con él y hay algunas cosas realmente interesantes que puede hacer. Así que definitivamente está ahí… Todos son mis hijos y los amo a todos.

    StarWars.com: ¿Puedes contarnos un poco sobre el origen del título de este libro, Light of the Jedi , y lo que significa para ti y la historia?

    Charles Soule: Los Jedi siempre han estado profundamente asociados con esa palabra y esa idea, ya sea por el hecho de que su arma está hecha de luz, usan sables de luz para proteger la paz y la justicia. El hecho de que se les considere guardianes del lado luminoso de la Fuerza en lugar del lado oscuro, que es con lo que trabajan los Sith. El hecho de que consideren, al menos por las enseñanzas de Yoda, que los seres son luminosos, que la Fuerza nos da a todos una luz interior. Así que la idea de «la luz de los Jedi» está ahí. Pero luego, dentro de la historia en sí, realmente queríamos The High Republic se sintiese como una edad de oro. Cuando lo necesitas, los Jedi están ahí. No siempre tienen éxito. A veces, los problemas pueden abrumarlos. Siguen siendo personas. Pero nunca dejarán de intentar ayudar. Y la idea de que hay una Fuerza como esa en la galaxia, literal y figurativamente, que está ahí solo para ayudar, es algo tranquilizador. Así que ese es un tema que se encuentra en todo el libro y hay una expresión muy literal del mismo. Soy un gran admirador de las películas que incluyen su título en el diálogo en algún momento, así que hay un momento en el libro que hace referencia directa a esas cuatro palabras que creo que son bastante hermosas, y espero que la gente lo lea.

    StarWars.com: ¿Recuerda qué tan avanzado estaba en el proceso cuando se le ocurrió el título?

    Charles Soule: ¡ Era muy, muy temprano! Hubo discusiones sobre el título. Podría buscar en mi cuaderno… ¡Buscaré en mi cuaderno!

    StarWars.com: Esto es lo único bueno de 2020. Todos están en sus casas. Estuvimos hablando con Ben Burtt a principios de este año y simplemente sacó un cuaderno de la producción de The Empire Strikes Back y encontró la respuesta que necesitaba.

    Charles Soule: [ Hojeando un cuaderno ] Hay una página en esta donde escribí toneladas y toneladas de posibles títulos. Solicite notas de portada y título, ¡eso fue el 25 de octubre [de 2019]! En algún lugar alrededor de octubre o noviembre del año pasado fue cuando lo tuve. Tenía el título antes de escribir una palabra del libro. Tenía un resumen de la historia muy detallado, así que sabía el ritmo que iba a hacer referencia al título de antemano.

    Portada alternativa de Light of the Jedi.
    Una edición especial exclusiva de 
    Star Wars: The High Republic: Light of the Jedi disponible solo en Out of Print.

    StarWars.com: Y el libro saldrá el 5 de enero. ¿Qué esperas que los lectores aprendan de esta historia una vez que la lean?

    Charles Soule: Espero que los lectores amen The High Republic y no puedan obtener suficiente y no puedan esperar para leer más y no puedan esperar para ver lo que hacen estos personajes, todas sus pruebas y tribulaciones, éxitos y fracasos. Espero que todos los que lo lean lo sientan realmente como Star Wars y les brinde a las personas esa sensación de alegría que todo buen Star Wars les brinda. Lo estamos consiguiendo ahora con The Mandalorian, y lo conseguí cuando vi Una nueva esperanza por primera vez. Esa emocionante ráfaga de, «Oh, wow, ¿cómo van a salir de esto?» ¡Y luego lo hacen y no puedes creerlo! Todo el tipo de guiso maravilloso desordenado que es Star Wars.

    Esto va a sonar quizás un poco melodramático o emocional o lo que sea, pero esa idea de que «Todos somos la República». Esas cinco palabras. Creo que esa es una idea muy importante, especialmente en estos días. Y sabes si alguna vez hubo un momento para estar juntos y ayudarse mutuamente, es ahora. Así que ese es el tema que espero que la gente se lleve. Que todos somos la República.

    StarWars.com: Me encanta. Y creo que esa es una nueva forma de abordar esa otra parte esencial de Star Wars, que es que Star Wars siempre tiene que tener algún elemento de esperanza. Eso es lo que lo mantiene todo junto. No importa lo mal que se ponga y no importa cuántas veces se piense “¿Cómo se van a salir de ésta?”. Alguien siempre tiene un poco de esperanza. Y «Todos somos la República» parece una forma realmente elocuente de decirlo. Y también, estamos todos juntos en esto.

    Charles Soule: Exactamente. Y creo que un gran elemento de esperanza es pensar: “No estoy solo. No tengo que enfrentar los desafíos que tengo que enfrentar yo solo». En este momento de aislamiento, creo que Star Wars es algo que nos une a muchos de nosotros. Es algo que todos podemos compartir y amar juntos. Y espero que Light of the Jedi y toda The High Republic sean recibidos de esa manera. Realmente no puedo esperar al 5 de enero. Parece que ha tardado mucho en llegar.

    —————————————————————————————-

    En la Biblioteca Jedi tenemos muchísimas ganas de poder leer esta nueva era de historias y estaremos atentos para traeros toda la información disponible. Que la lectura os acompañe.

  • Se filtran detalles de las novelas de la Fase 2 de The High Republic

    Se filtran detalles de las novelas de la Fase 2 de The High Republic

    Por Mario Tormo

    Han aparecido los datos de la segunda ola de novelas de La Alta República previstas para publicarse a partir del 6 de Julio de 2021. Podemos ver como los autores van a ir rotando en los diferentes medios.

    Son tres libros con solamente dos autores conocidos por ahora, Cavan Scott y Daniel Jose Older. Cavan Scott que empezaba al cargo de la serie regular de Marvel sería ahora el encargado de la segunda novela para adultos, dando el relevo a Charles Soule y su Light of the Jedi. En el caso de la novela juvenil el encargado sería Daniel Jose Older, que se encargaba de la serie de cómics de IDW y que daría el relevo a Justina Ireland con su A Test of Courage. Por lo que parece que los autores encargados del proyecto de La Alta República irán turnándose en los diferentes medios. El tercero es el cuento que contaría alguno de los sucesos enfocándolo a niños y con el formato de 8×8, como el que recientemente reveló su portada y que estará escrito por Cavan Scott, The Great Jedi Rescue. No sabemos quién será el encargado esta vez.

    Sin ningún título todavía, dejamos los datos que han aparecido en distintas webs como Amazon o Penguin Random House, con alguna pequeña descripción y portadas provisionales.

    High Republic Novel #2
    Las aventuras de los Jedi de la era de la Alta República continúan en esta novela de Star Wars
    The adventures of the Jedi of the High Republic era continue in this Star Wars novel.

    • Escritor: Cavan Scott
    • Editorial: Del Rey
    • Páginas: 400
    • ASIN: B08L4DQB7P (Kindle)
    • ISBN: 9781529101898
    • Precio: 20€

    High Republic Middle Grade Novel #2

    • Escritor: Daniel Jose Older
    • Editorial: Disney Lucasfilm Press
    • Páginas: 240
    • ISBN: 9781368060660
    • Nivel de lectura: 8 a 12 años
    • Precio: 13,15€

    Star Wars The High Republic 8×8 #2
    Este libro de cuentos ilustrado narra un desastre épico que pondrá a los Caballeros Jedi cara a cara con sus enemigos, ¡los Nihil!
    This illustrated storybook recounts an epic disaster that will bring the Jedi Knights face to face with their enemies, the Nihil!

    • Editorial: Disney Lucasfilm Press
    • Páginas: 24
    • ISBN: 9781368069847
    • Nivel de lectura: 5 a 8 años
    • Precio: 5,99$
  • Portada y datos del libro infantil de la Alta República: El Gran Rescate Jedi

    Traducción por Mario Tormo

    Os traemos otro pequeño pedacito de la Alta República, sobre todo para los enanos de la casa. Cavan Scott nos revela la portada del libro Star Wars: The High Republic – The Great Jedi Rescue y nos desvela alguno de sus detalles.

    El 5 de enero de 2021 sale en Estados Unidos El Gran Rescate Jedi. Es un libro de cuentos de 8×8 que adapta la historia del Gran Desastre de Light of the Jedi de Charles Soule para lectores de entre 5 y 7 años.

    ¡Conoce a los Jedi de la Alta República!

    Cuando un desastre en el hiperespacio pone en peligro a la población de Hetzal Prime, solo los valientes Jedi, los guardianes de la paz y la justicia, pueden solucionar la situación.

    Escrito por Cavan Scott y con hermosas ilustraciones de Petur Antonsson, la historia se cuenta desde el punto de vista del nuevo Jedi Wookiee favorito de todos, Burryaga y, lo mejor de todo, el libro de 24 páginas viene con pegatinas, ¡incluidas sí!, del propio Burry, ¡así como de Avar, Loden, Bell, las naves Jedi y más!

    Para Cavan, que le pidieran que escribiera el primer cuento de Star Wars: The High Republic fue un gran honor, sobre todo porque el formato le recordó a tesoros del pasado como este.

    La mayor esperanza de Scott es que para los niños que nunca antes han leído un libro de Star Wars, The Great Jedi Rescue sea el comienzo de una vida de aventuras de lectura en una galaxia muy, muy lejana.

    ¡Más información sobre este cuento muy pronto!

  • Lee en español el tercer adelanto de La Alta República «Una prueba de coraje»

    Lee en español el tercer adelanto de La Alta República «Una prueba de coraje»

    Traducción y adaptación por Mariana Paola Gutiérrez Escatena
    Corrección por Mario Tormo.

    Os traemos traducido al español este tercer adelanto exclusivo de la primera novela juvenil de La Alta República «A Test of courage» (Una prueba de valor) de Justina Ireland. Además de alguna información extra de la mano de Amy Ratcliffe y Nerdist.com. Os recordamos que el primer adelanto lo tenéis disponible en este enlace, y el segundo en este otro.

    Se acerca una nueva era de Star Wars. The High Republic se lanza en Enero, que transportará a los fans de esta galaxia muy, muy lejana un par de cientos de años antes de los eventos de The Phantom Menace. Esta era nos brinda la oportunidad de explorar un gobierno diferente, enemigos que no hemos visto antes y la Orden Jedi como solía ser. Eso significa muchos personajes nuevos con los que poder formar vínculos totalmente saludables, incluido para Vernestra “Vern” Rwoh. Ella es una Caballero Jedi, una de las más jóvenes en generaciones, con tan solo 16 años. Vern es el corazón de «A Test of Courage» de Justina Ireland, y tenemos un extracto exclusivo de este próximo libro para compartir con ustedes hoy. Y presenta un giro radical en un sable de luz: ¡el látigo de luz!

    Pero primero, aprendamos un poco más sobre Vern. Mirialana, devota de la Orden Jedi, obviamente. De lo contrario, no sería una Caballero Jedi adolescente. Y en A Test of Courage (Una prueba de coraje), Vern está en su primera misión. Ireland comenta: “Como la mayoría de las personas superdotadas, está emocionada y un poco nerviosa por tener un trabajo tan importante que hacer. Vernestra siente un profundo apego a la Orden y realmente la considera su vocación, por ende todo lo que siempre quiere es hacer su trabajo lo mejor posible, si la Fuerza quiere. No es orgullosa ni autocomplaciente, sino que está profundamente comprometida con el servicio a la luz».

    Las cosas salen un poco mal en la misión cuando un desastre en toda la galaxia (que afecta a todas las historias de The High Republic) saca del hiperespacio a la nave de Vern. Ella y los que tenía a cargo terminan varados en una luna selvática. Y como puedes imaginar, una luna selvática está llena de peligros. Para poder sacar a su grupo de los problemas, Vern usa su sable de luz, un sable de luz que ha convertido en un látigo de luz. Sí, un látigo de luz es una combinación de sable de luz y látigo. El arma apareció varias veces en las historias de Legends, pero en el universo narrativo actual y hasta ahora solo ha sido mencionado en los libros de rol de Star Wars de Fantasy Flight Games. Por lo que es bastante emocionante. Y como leerán en el siguiente extracto, tiene todo el sentido para Vern.

    Ireland compartió algunas ideas sobre por qué el arma también es adecuada para Vern. “Vernestra es profundamente convencional para un Jedi. Ella no cuestiona la sabiduría de la Fuerza y, por extensión, la Orden. Ella cree en sus compañeros Jedi y que al final todo saldrá bien, sin importar lo que pueda parecer al principio. Así que quería que tuviera un sable de luz que fuera poco convencional para demostrar que realmente es una persona profunda, complicada y no solo la Mirialan Jedi número 1.” dice. «Ella siente un poco de conflicto sobre su arma, y ​​en algún momento puede que tenga que reconciliar la manejabilidad de tal arma con las expectativas de la Orden».

    No podemos esperar a saber más sobre eso. Pero por ahora, profundicemos en este extracto.


    EXTRACTO
    «UNA PRUEBA DE CORAJE»
    Por Justina Irland

    Honesty gritó alarmado, y todos se volvieron para mirarlo. “Se quema”, dijo. Levantó el brazo, donde una gota de lluvia había caído en su manga, abriendo un agujero en el material y dejando los bordes carbonizados.
    «Bah, tiene razón»
    , dijo Avon, agachando la cabeza y corriendo hacia atrás para pararse junto a J-6. «¿Dónde está tu paraguas?»

    «¿Qué tal un por favor?» Dijo J-6. Se abrió un compartimento en su pecho y una barra de plata se extendió por encima de su cabeza. Sonó un crujido como de una cúpula azul de energía que era emitida por el delgado palo, creando un dosel de cobertura.

    “Ven aquí, Honesty. A menos que tengas poderes de la Fuerza para protegerte también”, dijo Avon, colocándose las gafas en la frente. Vernestra se dio cuenta de que inconscientemente había estado usando la Fuerza para evitar que las pocas gotas intermitentes de lluvia la alcanzaran, y una mirada a Imri reveló que él había estado haciendo lo mismo.

    Pero usar la Fuerza de esa manera no era sostenible, así que Vernestra cortó un par de hojas anchas y usó la Fuerza para hacerlas levitar sobre su cabeza y la de Imri. Eso los mantendría secos.

    Honesty se apretó cerca de Avon y J-6, y los tres caminaron torpemente hacia adelante. El pequeño androide explorador voló de regreso a través de los árboles, emitiendo una alegre melodía. “Adelante y seguid a Essdee. Os llevará a la cueva que encontró. Yo puedo rastrear su baliza, y luego os alcanzaremos», dijo Avon a los Jedi, mirando la lluvia con preocupación.

    «Nosotros también podemos seguir su progreso sin problemas», dijo Honesty, señalando una rama carbonizada, las secuelas del ataque y la tala de Vernestra. «Lo que es más importante, ¿se inundará esta zona?» preguntó Honesty, mirando al suelo.

    «Esperemos que no«, dijo Vernestra. Si la lluvia era lo suficientemente cáustica como para quemar la ropa, un río de esa materia sería desastroso para cualquier forma de vida orgánica no nativa. Puede que sean todos materia bruta, pero ninguno quiere terminar derretido por una tormenta.

    «Imri, conmigo», dijo Vernestra antes de redoblar sus esfuerzos con el follaje que bloqueaba su camino. Los dos empezaron a cortar la espesa vegetación y, mientras lo hacían, el ritmo de la lluvia aumentó de intermitente a más regular. Las hojas anchas que cubrían sus cabezas se volvieron más pesadas, y Vernestra tuvo que concentrarse para asegurarse de que las hojas permanecieran en el ángulo adecuado para que el agua pudiera escurrirse inofensivamente. El presentimiento que Vernestra había sentido se tornó en pavor, la sensación un gran peso en su estómago. Podría limpiar la maleza más rápido, pero eso significaría mostrar la verdadera naturaleza de su sable de luz. Ella miró a Imri. Tenía la intención de usar su espada para cortar la maleza. Pero parecía tan cansado como se sentía Vernestra.

    Podría manejar la verdad.

    «Imri, retrocede», dijo Vernestra. Habían andado lo suficiente como para adelantarse a los demás así que no había nadie más alrededor para ver lo que estaba a punto de hacer, y algo de la ansiedad de Vernestra desapareció. «Puedo hacer esto más rápido, pero te necesito fuera del camino».

    «Vern, ¿de qué estás hablando?» preguntó, pero aun así dio un paso atrás como ella le había pedido.

    «Observa». Vernestra torció el anillo frontal de su sable láser, y la hoja se fracturó y dividió antes de caer en un sinuoso hilo de luz púrpura. Vernestra agitó el látigo de luz de manera que el rayo mortal cortó el cultivo delante de ella, despejando el mismo tramo que ella e Imri habían estado limpiando antes en mucho menos tiempo.

    «Espera, ¿cómo has coseguido hacer eso?» preguntó Imri. No lo dijo en un tono crítico dada el arma poco ortodoxa, simplemente curioso. «¿Estudiaste uno de los archivos de armas de luz?»

    “No, el diseño completo me llegó en medio de la noche hace unas semanas. No pude dormir hasta que terminé la modificación». Vernestra balanceó el látigo formando un ocho horizontal, dejando que la brillante hoja violeta funcionara con el impulso residual. Había comenzado a entrenar con el látigo en secreto, ni siquiera Douglas conocía las modificaciones de su sable de luz. Imri fue el primero en verlo.

    Las Hermanas de la Noche usan los látigos de luz”, dijo. Vernestra se volvió para mirar a Imri por el rabillo del ojo. Había aprendido rápidamente que el látigo requería más atención y cuidado que el sable de luz. Un movimiento en falso y podría estar cortando una de sus propias extremidades.

    “Durante las Guerras Sith, los Jedi también usaron látigos de luz”, dijo Vernestra, despejando el camino y caminando hacia adelante más rápido. Con conversación filosófica o no, todavía tenían una tremenda tormenta cayendo sobre ellos, y no podían hacer levitar hojas sobre sus cabezas permanentemente. “¿Has leído los testimonios de Cervil la Siniestra? Afirma que el látigo fue usado a veces para defenderse de los Señores Sith que usaban las Formas Prohibidas. Además, fui guiado a este diseño por la Fuerza. No puedo creer que el lado oscuro hubiera dirigido su construcción. ¿Sientes algo de esa ira y conflicto en mí?» Vernestra no mencionó que no le había hablado a nadie más sobre el cambio en su sable de luz, ni siquiera a su antiguo maestro, Stellan Gios. El Padawan no necesitaba saberlo todo.

    Imri negó con la cabeza mientras sus mejillas se sonrojaban. «Lo siento, no pretendía interrogarte».

    “Interrogarme está bien, Imri. Debería haber cuestionado el diseño también. ¡Pero mira! Ya ha demostrado su utilidad «.

    Vernestra limpió un último grupo de árboles jóvenes y por fin la vegetación se desvaneció, revelando un pequeño claro y una elevación. El SD-7 estaba justo detrás, flotando bajo la lluvia constante.

    «Imri, ¿ves esa roca?» Preguntó Vernestra, apagando su látigo de luz y enfundando su arma. “Parece que podría haber una cueva debajo. ¿Puedes despejar el camino?»

    Imri asintió y extendió una mano hacia la cueva. Al principio, la enorme roca no se movió, pero luego comenzó a rodar directamente hacia ellos. Ganó velocidad al golpear la pendiente e Imri gruñó por el esfuerzo de tratar de detenerlo, temblando y sudando al llegar al límite de sus fuerzas.

    Un instante antes de que la roca se estrellara contra ellos, Vernestra la empujó hacia la izquierda, enviando la enorme roca a la espesa maleza. El sonido de su paso por la colina era lo suficientemente fuerte como para competir con los truenos que acechaban.

    «Lo siento», dijo Imri. El enorme chico estaba doblado en dos, con las manos apoyadas en los muslos. La hoja que lo protegía de la lluvia cayó cuando perdió la concentración. Las gotas de lluvia chisporrotearon al golpear su túnica, carbonizando el ligero tejido. Vernestra movió su cobertura para que flotara sobre el Padawan también.

    «Está bien, Imri. Lo hiciste bien, sólo tienes que aprender a concentrarte en todo el conjunto. Mi maestro me enseñó que ayuda a visualizar la totalidad de la tarea, no sola en una parte. Podemos practicar cuando hayas descansado. Vamos, echemos un vistazo a esta cueva».


    Información Adicional

    Cuando una nave de transporte es expulsada abruptamente del hiperespacio como parte de un desastre en toda la galaxia, la joven Jedi Vernestra Rwoh, un joven padawan, un audaz niño tecnológico y el hijo de un embajador quedan varados en una luna selvática donde deben trabajar juntos para sobrevivir tanto en terreno peligroso, como a un peligro oculto que acecha en las sombras…

    • Fecha de lanzamiento: 5 de enero de 2021
    • Páginas: 240
    • 97813680573011368057306
    • Rango de edad: 8-12

  • Lee en español los 8 primeros capítulos de La Alta República: Light of the Jedi

    Lee en español los 8 primeros capítulos de La Alta República: Light of the Jedi

    Traducción por Mariana Paola Gutiérrez Escatena.
    Revisión por Mario Tormo.

    La Fuerza está con la galaxia. Es el momento de la Alta República: una unión pacífica de mundos con ideas afines donde se escuchan todas las voces y el gobierno se logra mediante el consenso, no la coerción o el miedo. Es una era de ambición, de cultura, de inclusión, de Grandes Obras. La visionaria canciller Lina Soh dirige la República desde la elegante ciudad-mundo de Coruscant, ubicada cerca del brillante centro del Núcleo Galáctico.

    Pero más allá del Núcleo y sus muchas Colonias pacíficas, está el Borde: Interior, Medio y, finalmente, en el límite de lo que se conoce: el Borde Exterior. Estos mundos están llenos de oportunidades para aquellos lo suficientemente valientes como para viajar por las pocas rutas hiperespaciales bien mapeadas que conducen a ellos, aunque también hay peligro. El Borde Exterior es un refugio para cualquiera que busque escapar de las leyes de la República y está lleno de depredadores de todo tipo.

    La canciller Soh se ha comprometido a traer los mundos del Borde Exterior al abrazo de la República a través de ambiciosos programas de expansión como el Faro Starlight. Pero hasta que esté operativo, el orden y la justicia se mantienen en la frontera galáctica por los Caballeros Jedi, guardianes de la paz que han dominado increíbles habilidades derivadas de un misterioso campo de energía conocido como la Fuerza. Los Jedi trabajan en estrecha colaboración con la República y han acordado establecer puestos de avanzada en el Borde Exterior para ayudar a cualquiera que pueda necesitar ayuda. El Jedi de la frontera puede ser el único recurso para las personas que no tienen a dónde acudir. Aunque los puestos de avanzada operan de forma independiente y sin la ayuda directa del gran Templo Jedi en Coruscant, actúan como un disuasivo eficaz para aquellos que harían el mal en la oscuridad. Pocos pueden oponerse a los Caballeros de la Orden Jedi. Pero siempre hay quienes lo intentarán. . .

    High Republic.

    PARTE 1 – El gran desastre

    CAPÍTULO UNO

    HIPERESPACIO. LA CARRERA DEL LEGADO.
    3 horas para el impacto.

    Todo está bien.

    La Capitán Hedda Casset revisó las lecturas y pantallas incorporadas en su silla de mando por segunda vez. Siempre las repasaba al menos dos veces. Tenía más de cuatro décadas de vuelo a sus espaldas, y pensó que el doble control era gran parte de la razón por la que había sobrevivido todo ese tiempo. El segundo vistazo confirmó todo lo que había visto la primera vez.

    «Todo está bien,» dijo, en voz alta esta vez, anunciándolo a su tripulación del puente. «Es hora de mis rondas. Teniente Bowman, tiene el puente a su disposición.»

    “Recibido, Capitán,” respondió su primer oficial, levantándose de su propio asiento preparándose para ocupar el suyo hasta que ella regresara de su reunión vespertina.

    No todos los capitanes de cargueros de larga distancia manejaban su nave como una nave militar. Hedda había visto naves espaciales con suelos manchados y tuberías con fugas y grietas en las ventanas de la cabina, detalles que la atravesaron hasta el alma. Pero Hedda Casset comenzó su carrera como piloto de combate con la Fuerza de Tarea Conjunta Malastare-Sullust, manteniendo el orden en su pequeño sector en la frontera del Borde Medio. Había comenzado a volar un Incom Z-24, el caza monoplaza que todos llamaban Buzzbug. Principalmente misiones de seguridad, caza de piratas y cosas por el estilo. Sin embargo, finalmente ascendió para comandar un crucero pesado, uno de los buques más grandes de la flota. Una buena carrera, haciendo un buen trabajo.

    Dejó Mallust JTF con distinción y pasó a un trabajo como capitana de buques mercantes para el Gremio Byrne, su versión de un retiro relajado. Pero más de treinta años en el ejército significaban que el orden y la disciplina no estaban solo en su sangre, eran su sangre. Así que cada nave que volaba ahora funcionaba como si estuviera a punto de librar una batalla decisiva contra una armada Hutt, incluso si solo llevara una carga de pieles de ogrut del mundo A al mundo B. Esta nave, Legacy Run, no fue una excepción.

    Hedda se puso de pie, aceptando y devolviendo el saludo del teniente Jary Bowman. Se estiró, sintiendo los huesos de su columna crujir y crujir. Demasiados años patrullando en cabinas diminutas, demasiadas maniobras de alta gravedad, a veces en combate, a veces simplemente porque la hacía sentir viva.

    El problema real, sin embargo, pensó, metiéndose un mechón de cabello gris detrás de una oreja, son demasiados años.

    Salió del puente, dejando la precisa máquina de su cubierta de mando y caminando a lo largo de un pasillo compacto hacia el más grande y caótico mundo del Legacy Run. La nave era un transporte modular de carga de clase A de los astilleros Kaniff, más del doble de viejo que la propia Hedda. Eso puso a la nave un poco más allá de su vida operacional ideal, pero dentro de los parámetros seguros si estaba bien mantenida y atendida regularmente – y así era. Su capitán se encargaba de eso.

    El Run era una nave de uso mixto, clasificada tanto para carga como para pasajeros, por lo tanto, «modular» en su designación. La mayor parte de la estructura de la embarcación estaba ocupada por un solo compartimiento gigantesco, con la forma de un prisma triangular largo, con la ingeniería a popa, el puente a proa y el resto del espacio asignado para carga. Los brazos huecos sobresalían de la “columna” central a intervalos regulares, a los que se podían unir módulos adicionales más pequeños. La nave podía contener hasta 144 de estos, cada uno personalizable, para manejar cualquier tipo de carga que la galaxia pudiera requerir.

    A Hedda le gustaba que la nave pudiera transportar casi cualquier cosa. Significaba que nunca sabías lo que ibas a conseguir, los extraños desafíos a los que podrías enfrentarte de un trabajo a otro. Una vez había volado la nave cuando la mitad del espacio de carga en el compartimento principal se reconfiguró en un enorme tanque de agua, para llevar un pez sable gigantesco desde los mares tormentosos de Tibrin hasta el acuario privado de una condesa en Abregado-rae. Hedda y su equipo habían llevado a la bestia allí a salvo, no era una tarea fácil. Aún más difícil, sin embargo, fue llevar a la criatura a Tibrin tres ciclos después, cuando la maldita cosa enfermó porque la gente de la condesa no tenía idea de cómo cuidarla. Sin embargo, admiró a la mujer: pagó el flete completo para enviar el pez sable a casa. Mucha gente, especialmente los nobles, lo habrían dejado morir.

    Este viaje en particular, en comparación, era tan simple como parecía. Las secciones de carga de Legacy Run estaban llenas en un 80 por ciento de colonos que se dirigían al Borde Exterior desde mundos del Núcleo y las Colonias superpoblados, en busca de nuevas vidas, nuevas oportunidades, nuevos horizontes. Era capaz de identificarse con eso. Hedda Casset había estado inquieta toda su vida. Tenía la sensación de que moriría de esa manera también, mirando por una ventana, esperando que sus ojos se posaran en algo que nunca había visto antes.

    Debido a que se trataba de un recorrido de transporte, la mayoría de los módulos del barco eran configuraciones básicas de pasajeros, con asientos abiertos que se convertían en camas que, en teoría, eran lo suficientemente cómodas para dormir. Instalaciones sanitarias, almacenamiento, algunas pantallas solares, cocinas pequeñas, y eso era todo. Para los colonos dispuestos a pagar por una mayor comodidad y servicios, algunos tenían comedores automáticos operados por droides y compartimentos privados para dormir, pero no muchos. Esta gente era frugal. Si hubieran tenido créditos para empezar, probablemente no se dirigirían al Borde Exterior para raspar un futuro. El borde oscuro de la galaxia era un lugar de desafíos emocionantes y mortales. Más mortífero que emocionante, en verdad.

    Incluso el camino para salir de aquí es complicado, pensó Hedda, con la mirada puesta en el remolino de hiperespacio que se veia a través del gran ojo de buey por el que estaba pasando. Apartó los ojos de golpe, sabiendo que podría terminar parada allí durante veinte minutos si se dejaba absorber. No se podía confiar en el hiperespacio. Fue útil, seguro, te llevó de aquí para allá, fue la clave para la expansión de la República desde el Núcleo, pero nadie realmente lo entendió. Si su Navidroid calculase mal las coordenadas, incluso un poco, podría terminar fuera de la ruta marcada, la carretera principal a través del hiperespacio que realmente fuera, y luego estaría en un camino oscuro que conduce a quién sabe dónde. Si ha sucedido incluso en las hiperrutas mas transitadas cerca del centro galáctico, aquí, donde los buscadores apenas han trazado rutas. . . Bueno, tienes que cuidarte a ti mismo.

    Se quitó las preocupaciones de la cabeza y continuó su camino. La verdad era que el Legacy Run estaba ganando velocidad por la ruta más conocida y transitada hacia los mundos del Borde Exterior. Las naves se movían constantemente por este hipercarril, en ambas direcciones. Nada de que preocuparse.

    Pero más de nueve mil almas a bordo de esta nave dependían de la Capitán Hedda Casset para llevarlas a salvo a su destino. Le preocupaba. Era su trabajo.

    Hedda salió del corredor y entró en el casco central, emergiendo en un gran espacio circular, un lugar abierto necesario por la estructura de la nave que había sido reutilizada como una especie de área común no oficial. Un grupo de niños pateaba una pelota mientras los adultos se paraban y charlaban cerca; todos simplemente disfrutando de un pequeño descanso de los estrechos confines de los módulos donde pasaban la mayor parte del tiempo. El espacio no era elegante, solo un punto de cruce desnudo donde se unían varios corredores cortos, pero estaba limpio. El barco empleó, por insistencia de su capitán, un equipo de mantenimiento automatizado que mantuvo sus interiores limpios e higiénicos. Uno de los droides custodios se abría camino a lo largo de una pared en ese mismo momento, realizando una de las interminables tareas requeridas en una nave del tamaño del Run.

    Se tomó un momento para hacer un balance de este grupo: unas veinte personas, de todas las edades, de varios mundos. Los humanos, por supuesto, pero también algunos Ardennianos de cuatro brazos y cubiertos de piel, una familia de Givin con sus distintivos ojos triangulares, e incluso un Lannik con su cara pellizcada, moño y orejas enormes y puntiagudas que sobresalen del costado de su cabeza, no vio a muchos de los que estaban alrededor. Pero sin importar su planeta de origen, todos eran seres ordinarios, esperando el momento hasta que pudieran comenzar sus nuevas vidas.

    Uno de los niños miró hacia arriba.

    «¡Capitán Casset!» dijo el niño, un humano, de piel aceitunada y cabello rojo. Ella lo conocía.

    «Hola, Serj», dijo Hedda. «¿Alguna novedad? ¿Todo bien aquí?»

    Los otros niños detuvieron su juego y se agruparon a su alrededor.

    “Me vendrían bien algunos holos nuevos”, dijo Serj. «Hemos visto todo lo que hay en el sistema».

    «Lo que tenemos es todo lo que tenemos», respondió Hedda. “Y deja de intentar piratear el archivo para ver los títulos con restricción de edad. ¿Crees que no lo sé? Esta es mi nave. Sé todo lo que sucede en la Legacy Run «.

    Ella se inclinó hacia adelante.

    «Todo.»

    Serj se sonrojó y miró a sus amigos, quienes, de repente, también habían encontrado cosas muy interesantes para mirar en el suelo, el techo y las paredes absolutamente poco interesantes de la cámara.

    «No te preocupes por eso», dijo, enderezándose. «Lo entiendo. Este es un viaje bastante aburrido. No me creerás, pero en poco tiempo, cuando tus padres te tengan arando campos, construyendo vallas o luchando contra los Rancor, estarás soñando con el tiempo que pasaste en esta nave. Solo relájate y disfruta».

    Serj puso los ojos en blanco y volvió a cualquier juego de pelota improvisado que él y los otros niños habían ideado.

    Hedda sonrió y se movió por la habitación, asintiendo y charlando mientras lo hacía. Personas. Probablemente algunos buenos, otros malos, pero durante los próximos días, su gente. A ella le encantaban estos viajes. No importa lo que sucedió en la vida de estas personas, se dirigían al Borde para hacer realidad sus sueños. Ella era parte de eso y la hacía sentir bien.

    La República de la canciller Soh no era perfecta, ningún gobierno lo era ni podría serlo nunca, pero era un sistema que daba a la gente espacio para soñar. No, aún mejor. Alentó los sueños, grandes y pequeños. La República tenía sus defectos, pero en realidad, las cosas podrían ser mucho peores.

    Las rondas de Hedda le llevaron más de una hora; se abrió paso a través de los compartimentos de pasajeros, pero también verificó un envío de Tibanna líquido sobreenfriado para asegurarse de que el material volátil estuviera correctamente bloqueado (lo estaba), inspeccionó los motores (todo bien), investigó el estado de las reparaciones a los sistemas de recirculación ambiental del barco (en progreso y avanzando bien), y se aseguró de que las reservas de combustible fueran aún más que adecuadas para el resto del viaje con un margen cómodo además (lo estaban).

    El Legacy Run fue exactamente como ella quería que fuera. Un mundo diminuto y bien mantenido en el desierto, una cálida burbuja de seguridad que retiene el vacío. No podía responder por lo que les esperaba a estos colonos una vez que se dispersaran en el Borde Exterior, pero se aseguraría de que llegaran sanos y salvos para averiguarlo.

    Hedda regresó al puente, donde el teniente Bowman casi se puso en pie de un salto en el momento en que la vio entrar.

    «Capitán en el puente», dijo, y los otros oficiales se enderezaron.

    «Gracias, Jary», dijo Hedda cuando su segundo se hizo a un lado y regresó a su puesto.

    Hedda se instaló en su silla de mando, revisando automáticamente las pantallas, buscando algo fuera de lo común.

    Todo está bien, pensó.

    KTANG. KTANG. KTANG. KTANG. Una alarma, fuerte e insistente. La iluminación del puente cambió a su configuración de emergencia, bañando todo de rojo. A través de la ventana frontal, los remolinos del hiperespacio se desviaron de alguna manera. Tal vez fue la iluminación de emergencia, pero tenían un. . . Tinte rojizo. Parecía . . . Enfermizo.

    Hedda sintió que se le aceleraba el pulso. Su mente entró en modo de combate sin pensar.

    «¡Reporte!» gritó, sus ojos recorriendo su propio conjunto de pantallas para encontrar la fuente de la alarma.

    “Alarma generada por el navicomp, capitán”, gritó su navegante, la cadete Kalwar, una joven Quermiana. «Hay algo en el hipercarril. Varado. Grande. Impacto en diez segundos».

    La voz de la cadete se mantuvo firme y Hedda estaba orgullosa de ella. Probablemente no era mucho mayor que Serj.

    Sabía que esta situación era imposible. Los hipercarriles estaban vacíos. Esa era la cuestión. No podía recitar toda la ciencia involucrada, pero sabía que las colisiones a la velocidad de la luz en carriles establecidos simplemente no podían suceder. Era «matemáticamente absurdo» escuchar a los ingenieros hablar de ello.

    Hedda había estado volando en el espacio profundo el tiempo suficiente para saber que sucedían cosas imposibles todo el tiempo, todos los malditos días. También sabía que diez segundos no era tiempo en absoluto a velocidades como la que viajaba el Legacy Run.

    No puedes confiar en el hiperespacio, pensó.

    Hedda Casset pulsó dos botones en su consola de mando.

    «Prepárense», dijo, su voz tranquila. «Estoy tomando el control».

    Dos mandos de pilotaje salieron de los reposabrazos de la silla de capitán y Hedda los agarró, uno en cada mano.

    Dejó tiempo para respirar y luego voló.

    El Legacy Run no era un Incom Z-24 Buzzbug, ni siquiera uno de los nuevos Republic Longbeams. Había estado en servicio durante más de un siglo. Era un carguero al final, si no más allá, de su vida útil operativa, cargado a su máxima capacidad, con motores diseñados para una aceleración y desaceleración lenta y gradual, y acoplado a puertos espaciales e instalaciones de carga orbital. Maniobraba como una luna.

    El Legacy Run no era una nave de guerra. Ni de lejos. Pero Hedda lo voló como tal.

    Vio el obstáculo en su camino con el ojo y los instintos de piloto de caza, lo vio avanzar a una velocidad increíble, lo suficientemente grande como para que tanto su nave como lo que fuera se desintegraran en átomos, solo polvo flotando para siempre a través de las hiperrutas. No hubo tiempo para evitarlo. La nave no podía dar la vuelta. No había espacio y no había tiempo.

    Pero la capitana Hedda Casset estaba al timón y no le fallaría a su nave.

    Hizo un leve movimiento de la palanca de control izquierda, y uno mayor de rotación de la derecha, y el Legacy Run se movió. Más de lo que quería, pero no menos de lo que su capitán creía que podía. El enorme carguero se deslizó más allá del obstáculo en su camino, pasando éste por su casco tan cerca que Hedda estaba segura de que sintió que se despeinaba a pesar de las muchas capas de metal y escudos entre ellos.

    Pero estaban vivos. Sin impacto. El barco estaba vivo.

    Turbulencias. Hedda luchó contra ellas, tanteando su camino a través de las irregularidades y ondas, cerrando los ojos, sin necesidad de ver para volar. La nave gimió, su estructura se quejó.

    «Puedes hacerlo, vieja amiga», dijo en voz alta. «Somos un par de viejas malhumoradas, está claro, pero las dos tenemos mucha vida que vivir. Te he cuidado muy bien y lo sabes. No te decepcionaré si tú no me decepcionas «.

    Hedda no falló a su nave.

    Pero ésta si falló.

    El gemido del metal sobrecargado se convirtió en un grito. Las vibraciones del paso de la nave por el espacio adquirieron un nuevo timbre que Hedda había sentido demasiadas veces antes. Era la sensación de una nave que se había llevado más allá de sus límites, ya sea por sufrir demasiado daño en un tiroteo o, como aquí, simplemente se le pidió que realizara una maniobra que era más de lo que podía dar.

    El Legacy Run se estaba desgarrando. A lo sumo, le quedaban unos segundos.

    Hedda abrió los ojos. Soltó las palancas de control y pulsó los comandos en su consola, activando el blindaje del mamparo que separaba cada módulo de carga en el caso de un desastre, pensando que tal vez podría dar una oportunidad a algunas de las personas a bordo. Pensó en Serj y sus amigos, jugando en el área común, y en cómo las puertas de emergencia acababan de cerrarse de golpe en la entrada de cada módulo de pasajeros, posiblemente atrapándolos en una zona que estaba a punto de convertirse en vacío. Esperaba que los niños hubieran ido con sus familias cuando sonaron las alarmas.

    Aunque no podía saberlo.

    Era imposible saberlo.

    Hedda miró a los ojos a su primer oficial, que la estaba mirando, sabiendo lo que estaba a punto de suceder. Saludó.

    «Capitán», dijo el teniente Bowman, «ha sido un …»

    El puente se abrió de par en par.

    Hedda Casset murió, sin saber si había salvado a alguien.

    CAPITULO DOS

    EL BORDE EXTERIOR. SISTEMA HETZAL.
    2.5 horas para el impacto.

    El técnico de escáners -scantech- (tercera clase) Merven Getter estaba listo. Listo para marcar la salida del día, listo para llevar el transbordador de regreso al sistema interior, listo para llegar a la cantina a unas pocas calles del puerto espacial en la Luna Enraizada donde Sella trabajaba atendiendo el bar, listo para ver si hoy era el día en que él podría encontrar el coraje para invitarla a salir. Ella era Twi’lek y él era Mirialano, pero ¿qué importaba eso? Todos somos la República. El gran eslogan de la canciller Soh, pero la gente lo creyó. En realidad, Merven pensó que él también. Las actitudes estaban evolucionando. Las posibilidades eran infinitas.

    Y tal vez, una de esas posibilidades giraba en torno a un scantech (tercera clase) asignado a una estación de monitoreo muy lejos en la eclíptica del sistema Hetzal, ya de por sí bastante alejado del Borde, tristemente distante de las luces brillantes y los mundos interesantes del Núcleo de la República. Quizás ese scantech (de tercera clase), que se pasaba los días mirando las pantallas holográficas, registrando el tráfico de naves estelares dentro y fuera del sistema, podría llamar la atención de la encantadora mujer de piel escarlata que le sirve una jarra de cerveza local tres o cuatro noches a la semana. Sella solía quedarse para charlar con él un rato, dando vueltas hacia atrás mientras otros clientes entraban y salían de su pequeña taberna. Ella parecía encontrar sus historias sobre la vida en el extremo más alejado del sistema inexplicablemente interesantes.

    Merven no entendía por qué estaba tan fascinada. A veces aparecían naves en el sistema, saliendo desde el hiperespacio y apareciendo en sus pantallas, y otras veces las naves se iban… Momento en el que sus pequeños iconos desaparecían de sus pantallas. Nunca sucedía nada interesante: los planes de vuelo se registraban con anticipación, por lo que generalmente sabía lo que iba o venía. Merven era responsable de asegurarse de que se siguieran esos planes de vuelo, y no mucho más. En la remota posibilidad de que ocurriera algo inusual, su trabajo era simplemente notificar a las personas significativamente más importantes que él.

    Scantech (tercera clase) Merven Getter pasaba sus días viendo a la gente ir a lugares. Él, en cambio, permanecía quieto.

    Pero quizás hoy no. Pensó en Sella. Pensó en su sonrisa, en la forma en que decoraba su lekku con esos intrincados lazos que le dijo que había diseñado ella misma, en la forma en que detenía todo lo que estuviera haciendo para servirle su jarra de cerveza en el momento en el que entraba, sin que ni siquiera tuviera que pedirlo.

    Si. Iba a invitarla a cenar. Esta noche. Había estado ahorrando y conocía un lugar no muy lejos de la cantina. No tan lejos de su casa, tampoco, pero eso se estaba adelantando.

    Solo tenía que terminar su maldito turno.

    Merven miró a su colega, la scantech (segunda clase) Vel Carann. Quería preguntarle si podía salir un poco más temprano ese día, tomar el transbordador de regreso a la Luna Enraizada. Estaba leyendo algo en un datapad, totalmente absorta. Probablemente una de esas novelas Jedi con las que siempre estuvo obsesionada. Merven no lo entendía. Había leído algunas, todas estaban ubicadas en puestos de avanzada en las lejanas fronteras de la República, llenas de amor no correspondido y miradas anhelantes… La única acción eran las batallas con sables de luz que fueron claramente un sustituto de lo que los personajes realmente querían hacer. No se esperaba que Vel estuviera leyendo material personal en horario de trabajo, pero si le decía algo, ella simplemente tocaba la pantalla y lo cambiaba a un manual técnico e insistía en que no estaba haciendo nada malo. El problema era que ella era de segunda clase y él de tercera, lo que significaba que mientras él hiciera su trabajo, ella pensaba que no tenía que hacer el suyo.

    Nah. Ni siquiera valía la pena pedir salir una hora antes. No a Vel. Podría aguantar el resto de su turno. No faltaba mucho y …

    Algo apareció en una de sus pantallas.

    «Eh,» dijo Merven.

    Era extraño. No había ninguna entrada programada al sistema en los próximos veinte minutos más o menos.

    Algo más apareció. Varias cosas. Diez.

    «¿Qué demonios?» Dijo Merven.

    «¿Algún problema Getter?» Preguntó Vel, sin levantar la vista de la pantalla.

    «No estoy seguro,» dijo. «Tengo un montón de entradas no programadas al sistema y no están desacelerando».

    «Espera ¿Qué? Vel dijo, bajando su pantalla de datos y finalmente mirando sus propios monitores. «Oh, eso es extraño.»

    Más iconos aparecieron en las pantallas de Merven, demasiados para contarlos de un vistazo.

    «Eso son…. ¿Crees que son… Asteroides tal vez?» Dijo Vel, con voz inestable.

    “¿A esa velocidad? ¿Del hiperespacio? No sé. Haz un análisis,” dijo Merven. «A ver si puedes averiguar qué son.»

    Silencio desde el puesto de Vel.

    Merven echó un vistazo.

    «Yo… no se como hacerlo,» dijo ella. «Después de la última actualización, nunca me preocupé de aprender los sistemas. Parecías tener todo bajo control, y yo solo estoy aquí para supervisar, ya sabes y…»

    «Bien,» dijo él, nada sorprendido. «¿Puedes al menos rastrear las trayectorias? Esa subrutina ha sido la misma durante los últimos dos años.»

    «Si,» dijo Vel. «Puedo hacer eso.»

    Merven volvió a sus monitores y empezó a teclear comandos en los teclados.

    Ahora había cuarenta y dos anomalías en el sistema, todas moviéndose a una velocidad cercana a la velocidad de la luz. Increíblemente rápido, en otras palabras, mucho más rápido de lo que permiten las normas de seguridad. Si de hecho fueran naves quienquiera que los estuviera pilotando se enfrentaría a una enorme multa. Pero Merven no pensó que fueran naves. Eran demasiado pequeños, para empezar, y no dejaban rastros de motor.

    ¿Asteroides, tal vez? ¿Rocas espaciales, arrojadas de alguna manera al sistema? ¿Algún tipo de tormenta espacial extraña o un conjunto de cometas? No podía ser un ataque, eso lo sabía. La República estaba en paz y parecía que iba a seguir así. Todos estaban felices viviendo sus vidas. La República funcionaba.

    Además, el sistema Hetzal no tenía nada que valiera la pena atacar. Era solo un conjunto ordinario de planetas, el mundo principal y sus dos lunas habitadas, la Fructificada y la Enraizada, con un enfoque profundo en la producción agrícola. Tenía algunos gigantes gaseosos y bolas de roca congeladas, pero en realidad eran solo un montón de granjeros y todas las cosas que cultivaban. Merven sabía que era importante, que Hetzal exportaba alimentos por todo el Borde Exterior, y parte de su producción incluso llegaba a los sistemas internos. También estaba ese material de bacta sobre el que había estado leyendo, una especie de reemplazo milagroso para el juvan que estaban tratando de cultivar en el mundo principal, que se suponía que revolucionaría la medicina si alguna vez podían descubrir cómo cultivarlo a gran escala… Pero aún así, eran solo plantas. Era difícil entusiasmarse con las plantas.

    Por lo que a él respectaba, el mayor reclamo de Hetzal era que era el mundo natal de una famosa cantante de gill llamada Illoria Daze, que podía hacer vibrar su aparato vocal de tal manera que cantaba melodías en armonías de seis partes. Eso, en combinación con un ingenio excepcionalmente atractivo y una historia de trasfondo de la pobreza a la riqueza, la habían hecho famosa en toda la República. Pero Illoria ni siquiera estaba aquí. Ahora vivía en Alderaan, con gente elegante.

    Hetzal no tenía nada de valor real. Nada de esto tenía sentido.

    Otra erupción de objetos apareció en sus pantallas, tantos ahora que estaba sobrecargando la capacidad de su computadora para rastrearlos. Redujo la resolución, cambiando a una vista de todo el sistema, dejando una imagen más clara. Merven podía ver que las cosas, fueran las que fueran, no se limitaban a entrar al sistema desde la seguridad de la zona de acceso al hiperespacio. Estaban apareciendo por todas partes, y algunos se estaban acercando mucho a…

    «Oh, no,» dijo Vel.

    «Yo también lo veo,» dijo Merven. Ni siquiera tuvo que ejecutar un análisis de trayectoria.

    Las anomalías se dirigían hacia el sol, y muchas de ellas estaban en trayectorias de impacto con los mundos habitados y sus estaciones orbitales. Los objetos tampoco se estaban ralentizando. De ningún modo. Casi a la velocidad de la luz, no importaba si eran asteroides, naves o burbujas espumosas de caramelo gaseoso. Cualquier cosa que golpearan simplemente… Desaparecería.

    Mientras miraba, uno de los objetos atravesó un satélite de comunicaciones sin tripulación. Tanto la anomalía como el satélite desaparecieron de su pantalla, y la galaxia consiguió un poco más de polvo espacial.

    Hetzal Prime era lo suficientemente grande como para soportar algunos impactos como ese y sobrevivir como un cuerpo planetario. Incluso las dos lunas habitadas podrían recibir un par de golpes. Pero cualquiera que viviese en ellos. . .

    Sella estaba en la Luna Enraizada en este momento.

    «Tenemos que salir de aquí,» dijo. “Estamos justo en la zona objetivo y cada segundo aparecen más de estas cosas. Tenemos que llegar al transbordador.»

    «Estoy de acuerdo,» dijo Vel, con algo de autoridad regresando a su voz. “Pero primero debemos enviar una alerta a todo el sistema. Tenemos que hacerlo.»

    Merven cerró los ojos por un momento y luego los volvió a abrir.

    «Tienes razón. Por supuesto.»

    «La computadora necesita códigos de autorización de ambos para activar la alarma de todo el sistema,» dijo Vel. «Lo haremos a mí señal.»

    Tocó algunos comandos en su teclado. Merven hizo lo mismo, luego esperó a que asentiera. Lo hizo y él escribió su código.

    Una suave alarma sonó a través de la plataforma de operaciones cuando salió el mensaje. Merven sabía que ahora se estaba escuchando un sonido similar en todo el sistema Hetzal, desde las cabinas de los vertederos de basura hasta el palacio del ministro en el primer mundo. Cuarenta mil millones de personas simplemente miraron hacia arriba con miedo. Uno de ellos era una encantadora Twi’lek de piel escarlata que probablemente se preguntaba si su Mirialano favorito iba a pasar por la taberna esa noche.

    Merven se puso de pie.

    “Hemos hecho nuestro trabajo. Hora de movernos. Podemos enviar un mensaje explicando lo que está sucediendo de camino».

    Vel asintió y se levantó de su asiento.

    «Si. Salgamos de…»

    Uno de los objetos saltó del hiperespacio, tan cerca y moviéndose tan rápido, que en términos astronómicos estaba sobre ellos en el momento en que apareció.

    Una llamarada y la anomalía se desvaneció, junto con la estación de monitoreo, sus dos scantech y todas sus metas, miedos, habilidades, esperanzas y sueños; la energía cinética del objeto atomiza todo lo que toca en menos de un instante.

    CAPÍTULO TRES

    CIUDAD AGUIRRE, HETZAL PRIME.
    2 horas para el impacto.

    «¿Es esto real?» —Preguntó el Ministro Ecka mientras las alarmas sonaban en su oficina, consistentes, insistentes, imposibles de ignorar. Lo que, suponía, era la cuestión.

    «Eso parece,» respondió el Consejero Daan, colocandose un mechón de cabello detrás de la oreja. “La alerta se originó en una estación de monitoreo en el extremo más alejado del sistema. Entró en el nivel de prioridad más alto y llegó a todo el sistema. Cada computadora conectada al núcleo de procesamiento principal hace sonar la misma alarma.»

    «¿Pero qué lo está causando?» Preguntó el ministro. «¿No había ningún mensaje adjunto?»

    «No,» respondió Daan. “Hemos pedido aclaraciones en repetidas ocasiones, pero no ha habido respuesta. Creemos que… la estación de monitoreo fue destruida ”.

    El ministro Ecka pensó por un momento. Giró su silla lejos de sus consejeros y la vieja madera crujió un poco bajo su peso. Miró por la amplia ventana panorámica que hacía de pared trasera de su escritorio. Por ella podía ver los campos dorados de Hetzal, hasta el horizonte. El mundo, todo el sistema en realidad, creía en utilizar cada pedacito de espacio disponible para crecer, crear y cultivar. Los edificios se techaron con tierras de cultivo, los ríos y lagos se utilizaron para cultivar algas y plantas acuáticas útiles, las torres se colocaron en terrazas, con vides de frutas que se derramaban por los lados. Los droides recolectores flotaban entre ellos, arrancando frutos maduros, lo que fuera de temporada. En este momento serían frutas de miel, moras y melones de hielo. En un mes sería otra cosa. En Hetzal, siempre había algo de temporada.

    Le encantaba esta vista. La más pacífica de la galaxia creía. Tal que así. Productivo y correcto.

    Ahora, con las alarmas sonando en sus oídos, ya no lo veía así. Ahora todo parecía… Frágil.

    «Algo está pasando ahí fuera,» dijo otro asesor, una mujer Devaroniana llamada Zaffa.

    Ecka la conocía desde hacía mucho tiempo y era la primera vez que la oía preocupada. Estaba mirando una pantalla de datos, frunciendo el ceño.

    «Una plataforma minera en el medio del sistema se ha venido abajo,» dijo Zaffa. “La red de satélites también está empezando a mostrar agujeros. Es como si algo estuviera destruyendo nuestras instalaciones, una por una «.

    «¿Y todavía no tenemos imágenes? Esto es una locura,” declaró Ecka.

    Señaló a su jefe de seguridad, un humano corpulento de mediana edad.

    «Borta, ¿por qué tu gente no sabe lo que está pasando?»

    Borta frunció el ceño. «Ministro, con todo el respeto, ya sabe por qué. Sus recientes recortes han reducido la división de seguridad de Hetzal a una décima parte de su tamaño anterior. Estamos trabajando en ello, pero no podemos aportar mucho.»

    “¿Es algún tipo de anomalía natural? No puede ser… No estamos siendo atacados, ¿verdad?»

    “En este punto, no lo sabemos. Lo que está sucediendo es consistente con algún tipo de infiltración enemiga, pero no vemos marcas de motores y las ubicaciones afectadas son bastante aleatorias. Todavía tenemos algunas plataformas de defensa orbital por ahí, y todas están intactas. Si es un ataque, deberían apuntar a nuestra capacidad de devolver el golpe, pero no es así.»

    Las alarmas sonaron de nuevo y Ecka hizo girar su silla señalando al consejero Daan, quien se encogió hacia atrás.

    “¿Puedes apagar esa maldita alarma? ¡No puedo pensar!»

    Daan se incorporó, manteniéndose ligeramente firme y pulsó un control en su pantalla de datos. La alarma, afortunadamente, cesó.

    Otro consejero habló, un joven delgado con cabello rojo y piel extremadamente pálida, Keven Tarr. Había sido enviado por el Ministerio de Tecnología. Ecka no usaba mucho la tecnología que no estaba relacionada con los rendimientos agrícolas. En su corazón todavía era un granjero, pero sabía que se suponía que Tarr era muy inteligente. Probablemente no pasaría mucho tiempo hasta que el chico siguiera adelante y encontrara un trabajo en alguna parte más sofisticada de la galaxia. Así eran las cosas en un mundo como Hetzal. No todo el mundo se permanecía.

    «Creo que puedo mostrarle lo que está pasando, ministro,» dijo Tarr.

    El chico tenía los dedos largos para ser un humano, y bailaban sobre su datapad.

    «Déjeme pasarle los datos al droide; puede proyectar la información para que todos la podamos ver.»

    Pulsó varios comandos finales y llevó un cable de conexión desde su datapad hasta poder conectarlo al puerto de acceso de comunicaciones hexagonal del droide que había en esquina de la habitación, para lo que tuvo que ponerse de cuclillas. El droide rodó entonces hacia adelante con su único ojo verde iluminado mientras se movía.

    Desde ese ojo, la máquina proyectaba una imagen en la gran pared blanca de la oficina del ministro reservada a tal efecto. Normalmente, las presentaciones en el vidwall se trataban sobre los rendimientos de los cultivos o los programas de erradicación de plagas. Ahora, sin embargo, mostraba todo el sistema Hetzal, todos sus mundos, estaciones, satélites, plataformas y naves.

    Y algo más.

    Para el ministro Ecka, parecía un campo invadido por un enjambre de insectos devoradores. Cientos de pequeñas luces se movían a través de su sistema a lo que tenía que ser una velocidad tremenda, todas en la misma dirección: hacia el sol. Más particularmente, hacia el planeta. Hacia Hetzal Prime y las no tan lejanas lunas Fructificada y Enraizadas, sin mencionar todas esas estaciones, satélites, plataformas, naves… Muchos de los cuales con personas en ellos.

    «¿Qué son?» preguntó.

    «Desconocido,» respondió Tarr. “Obtuve esta imagen al vincular las señales de los satélites supervivientes y las estaciones de monitoreo, pero están disminuyendo rápidamente y estamos perdiendo la capacidad del sensor a medida que lo hacen. Cualesquiera que sean estas anomalías, se mueven casi a la velocidad de la luz y es muy difícil rastrearlas. Y, por supuesto, siempre que golpean algo, lo hacen de manera…»

    “Fatal”, terminó el general Borta por él.

    «Apocalíptico, iba a decir,» dijo Tarr. «Estoy rastreando un buen número de rutas de impacto con el mundo principal».

    «¿No hay nada que hacer?» Dijo Ecka, mirando a Borta. «Podemos… ¿Derribarlos?»

    Borta lo miró desamparado. “Si fuera uno, tal vez, hubiéramos tenido la oportunidad. Al menos alguna. Pero la defensa del sistema no ha sido una prioridad durante… Mucho tiempo.»

    La acusación quedó suspendida en el aire, pero Ecka no la permitió. Había tomado decisiones que parecían correctas en ese momento, con la mejor información que tenía. ¡Estaban en paz! En todas partes estaba en paz. ¿Por qué gastar dinero que podría ayudar a la gente de otras formas? En cualquier caso, no se podía mirar atrás. Era hora de tomar una decisión. La mejor que pudiera.

    No vaciló. Cuando las cosechas se estaban quemando, no podías dudar. Por muy malas que fueran las cosas, cuanto más esperabas, más tendían a empeorar.

    “Dar la orden de evacuación. Todo el sistema. Luego envía un mensaje a Coruscant. Hágales saber lo que está sucediendo. No podrán traer a nadie aquí a tiempo, pero al menos lo sabrán.»

    La consejera Zaffa lo miró con los ojos entrecerrados.

    «No sé si realmente podemos implementar esa orden de manera efectiva, Ministro», dijo. «No tenemos suficientes naves aquí para evacuaciones planetarias, y si estas cosas realmente se están acercando a la velocidad de la luz, no hay mucho tiempo hasta que…»

    «Entiendo, consejera Zaffa,» dijo Ecka, su voz ahora era firme. «Pero incluso si la orden salva a una sola persona, entonces una persona se salvará.»

    Zaffa asintió y tocó su pantalla de datos.

    «Está hecho,» dijo. «Evacuación de todo el sistema en curso».

    El grupo observaba la proyección en la pared ahora con ráfagas de estática. La red improvisada de Tarr estaba perdiendo capacidad a medida que más satélites terminaban en llamas, pero el mensaje seguía siendo claro. Era como si se hubiera disparado un arma enorme contra el sistema Hetzal, y no había nada que pudieran hacer para salvarse.

    «Probablemente todos deberían intentar encontrar una manera de salir del planeta,» dijo Ecka. «Me imagino que las naves estelares que tenemos se llenarán con bastante rapidez».

    Nadie se movió.

    «¿Qué va a hacer, Ministro?» Preguntó el consejero Daan.

    Ecka se volvió hacia su ventana y miró los campos dorados que se extendían hasta el horizonte. Todo había sido tan pacífico. Era imposible creer que algo malo pudiera suceder aquí.

    «Creo que me quedaré,» dijo. “Emitir para la población, quizá, para intentar mantener a la gente tranquila. Alguien tiene que cuidar la cosecha.»

    Por todo Hetzal Prime y las amplias extensiones de sus dos lunas habitadas, el mensaje del Ministro Ecka viajó rápidamente, apareciendo en datapads y holospantallas, transmitido a través de todos los canales de comunicación, diciendo, en esencia: Ningún lugar es seguro. Aléjate lo más que puedas.

    La explicación fue limitada, lo que generó especulaciones. ¿Qué estaba pasando? ¿Algún tipo de accidente? ¿Qué desastre podría tener un alcance tan grande que fuera necesario evacuar todo un sistema?

    Algunas personas ignoraron la advertencia. Las falsas alarmas habían ocurrido antes y, a veces, los hackers hacían bromas o presumían de haber accedido a los sistemas de alerta de emergencias. Es cierto que nunca había sucedido nada de esta escala, pero en realidad, eso hizo que fuera más fácil no tomarlo en serio. Después de todo, ¿todo el sistema está en peligro? No era posible.

    Esas personas se quedaron en sus hogares, en sus lugares de trabajo. Apagaron sus pantallas y volvieron a sus vidas, porque era mejor que la alternativa. Y si de vez en cuando miraban al cielo y veían naves espaciales subiendo y bajando… Bueno, se decían a sí mismos que la gente de esas naves eran estúpidos, que se asustaba fácilmente.

    Otros, en otros lugares, se quedaron petrificados. Querían buscar un lugar seguro pero no tenían idea de cómo. No todos tenían acceso a una vía de escape del planeta. De hecho, la mayoría no lo hizo. Hetzal era un sistema de agricultores, gente que vivía cerca de la tierra. Si viajaron a cualquier otro lugar de la República, fue para una ocasión especial, una experiencia única en la vida. Ahora, se les dice que encuentren una manera de saltar al espacio de repente… ¿Cómo? ¿Cómo podían hacer algo así?

    Pero algunas personas en Hetzal si que tenían naves estelares o vivían en ciudades donde los viajes espaciales eran más comunes. Encontraron a sus hijos, recogieron sus objetos de valor y corrieron hacia los espaciopuertos, con la esperanza de ser los primeros en llegar, los primeros en reservar un pasaje. Inevitablemente, no lo fueron. Fueron recibidos por multitudes, colas, precios de pasajes que se dispararon a niveles inalcanzables para todos excepto para los más ricos, gracias a oportunistas sin escrúpulos. La tensión aumentó. Estallaron peleas, y aunque Hetzal tenía una fuerza de seguridad para calmar estas disputas, estos oficiales también miraron al cielo y se preguntaron si pasarían sus últimos momentos con vida tratando de ayudar a otras personas a ponerse a salvo. Un final noble, sí… ¿Pero deseable? Los agentes de seguridad también eran personas con sus propias familias.

    El orden comenzó a quebrarse.

    En la Luna Enraizada, un amable comerciante decidió abrir las puertas de la nave estelar que usaba para transportar productos sumamente frescos de la luna a los voraces mundos del Borde Exterior. Ofreció espacio a todos los que pudieran caber, y aunque su piloto le dijo que la embarcación era vieja y que los motores estaban un poco excedidos, al comerciante no le importó. Este era un momento de magnanimidad y esperanza, y por la luz salvaría a todos los que pudiera.

    La nave, con capacidad para 582 personas, incluido el comerciante y su propia familia, logró despegar de su plataforma de aterrizaje, una vez que el piloto llevó sus motores al máximo. Tan solo necesitaba escapar de la gravedad de la luna. Una vez que estuvieran en el espacio, todo sería más fácil. Podían escapar, ponerse a salvo.

    El carguero había completado prácticamente un kilómetro antes de que los sobrecargados motores explotaran. La bola de fuego cayó sobre los que quedaron atrás, y no estaban seguros de si tenían suerte o no, considerando que aún no sabían lo que les esperaba. El mensaje del ministro Ecka no lo especificaba.

    Una variante de ese mensaje fue enviada desde Hetzal a cualquier otro sistema o nave que pudiera escucharlo: Estamos en graves aprietos. Envíe ayuda si puede.

    Fue captado por receptores en los otros mundos del Borde Exterior: Ab Dalis, Mon Cala, Eriadu y muchos más, extendiéndose hacia afuera a través del sistema de retransmisión de la República, y luego hacia adentro a los planetas de los Bordes Medio e Interior, la Región de las Colonias, e incluso el brillante Núcleo. Prácticamente todos los que lo escucharon querían hacer algo para ayudar, pero ¿qué? Estaba claro que cualquier cosa que estuviera sucediendo en Hetzal terminaría mucho antes de que pudieran llegar.

    Pero se enviaron naves de todos modos, en su mayoría naves de asistencia médica, con la esperanza de que pudieran ofrecer tratamiento a los ciudadanos heridos de Hetzal.

    Si alguno hubiera sobrevivido.

    «Vaya a su instalación de transporte extraplanetaria más cercana,» decía el ministro Ecka a un droide cámara que grababa sus palabras e imágenes y las transmitía por todo el sistema. “Enviaremos naves para recoger a las personas que no tienen otra forma de salir del planeta. Puede que lleve tiempo, pero mantengan la calma y la paz. Tienen mi palabra, iremos por vosotros. Todos somos parte de la misma cosecha. Con abundancia de reservas. Sobreviviremos a esto de la misma forma que hemos sobrevivido a duros inviernos y secos veranos, uniéndonos.»

    “Todos somos Hetzal. Todos somos la República,” dijo.

    Levantó una mano y el droide cámara dejó de transmitir. Este era el cuarto mensaje que había enviado desde que comenzó la emergencia y esperaba que sus comunicaciones estuvieran funcionando bien. Los informes sugerían que no, los disturbios estaban comenzando en los puertos espaciales de los tres mundos habitados, pero ¿qué más podía hacer? Transmitía sus mensajes desde su oficina en la ciudad de Aguirre, demostrando que no había abandonado a su pueblo aunque seguramente podría hacerlo. Una muestra de solidaridad. No era mucho, pero era algo.

    A su alrededor, el resto de su personal coordinó sus propios intentos de ayudar de cualquier manera que pudieran. El General Borta trabajó con su escasa flota de seguridad para mantener el orden y transportar a la gente fuera del planeta. Con la ayuda del Consejero Daan, habían organizado varios de los enormes cargueros de cultivos actualmente en tránsito para actuar como puntos de retransmisión, ordenándoles que arrojasen su cargamento y despejasen todo el espacio para los refugiados entrantes. Cada uno podía albergar a decenas de miles de personas. No cómodamente, por supuesto, pero esta no era una situación en la que la comodidad importara.

    Las naves más pequeñas transportaban a los hetzalianos hasta los cargueros, descargaban a su gente y luego regresaban corriendo para recoger más. Era un sistema imperfecto, pero era lo que habían podido organizar sin previo aviso. No había ningún plan para algo como esto.

    El ministro Ecka se culpaba a sí mismo por eso, pero ¿cómo podía saberlo? No era previsible que esto pudiera suceder. Era imposible, fuera lo que fuera. Después de todo, era solo un granjero, y…

    No, pensó, repentinamente avergonzado de sí mismo. Era el ministro Zeffren Ecka, líder de todo el maldito sistema. No importaba si no había podido anticipar este desastre, estaba sucediendo y tenía que hacer todo lo posible.

    Mientras consideraba ese pensamiento, miró a Keven Tarr, que no había dejado de organizar su pequeña red, tratando de mantener el flujo de información. El joven ahora estaba trabajando con tres datapads separados y una serie de droides de comunicaciones que proyectaban varias pantallas en las paredes, obteniendo tantos datos como podía sobre el alcance del desastre que continuaba causando estragos en el sistema. Todavía no tenía respuestas reales, aparte de confirmar continuamente que Hetzal estaba siendo atacado lo que fuera que castigaba al sistema. Satélites, redes, estaciones. . . destrozados por la mortal tormenta que se había hecho presente. Era como los enjambres de moscas masticadoras estacionales que solían plagar la Luna Frutada hasta que desaparecieron genéticamente modificados.

    Si llegaba el enjambre, no había nada que pudieras hacer. Te agachabas, sobrevivías y volvías a sembrar tus campos cuando todo hubiera pasado.

    Ecka observó cómo Keven Tarr se limpiaba el sudor de los ojos y luego volvió a mirar su datopad principal, el que había apoyado en la mesita auxiliar que estaba usando como escritorio.

    Los ojos de Tarr se agrandaron y sus dedos se congelaron, flotando sobre la pantalla.

    «Ministro,» dijo. «Estoy… Recibo una señal.»

    «¿Qué señal?» Dijo Ecka.

    «Yo solo… se la paso,» dijo Tarr, y había un tono extraño en su voz, de sorpresa o simplemente algo inesperado.

    Las palabras crepitaron en el aire, uno de los droides de comunicaciones del técnico transmitió el mensaje a la oficina del ministro Ecka. Era una voz de mujer. Fueron solo unas pocas palabras, pero contenían… Lo único que más se necesita en ese momento.

    “Aquí la Maestra Jedi Avar Kriss. La ayuda está en camino.»

    Esa única cosa.

    Esperanza.

    CAPÍTULO CUATRO

    CRUCERO DE CLASE EMISARIO DE LA REPÚBLICA
    TERCER HORIZONTE.
    90 minutos para el impacto.

    Una nave apareció en el sistema Hetzal, saltando del hiperespacio y desacelerándose rápidamente mientras volvía a velocidades convencionales. Estaba profundamente orientado hacia el sol, y los pozos de gravedad que necesitaba para navegar destrozarían una nave menor, o incluso ésta, si la tripulación del puente no daba de sí lo mejor que la República tenía para ofrecer.

    La nave era el Tercer Horizonte y era hermosa. Las superficies de la nave ondulaban a lo largo de su estructura como olas en un mar plateado, estrechándose hasta un punto, con torres y almenas a lo largo, como una fortaleza tendida de lado, todo alas, agujas y espirales. Rezumaba ambición. Exhibía optimismo. Mostraba algo que se ha hecho hermoso porque podía hacerse, sin tener en cuenta el coste o el esfuerzo.

    El Tercer Horizonte fue una obra de arte, símbolo de la gran República de mundos a los que representaba.

    Cápsulas más pequeñas empezaron a lanzarse desde las bahías del casco de la nave, despegándose como pétalos de flores en la brisa, lanzando motas de plata y oro. Éstos eran las lanzaderas de la Orden Jedi, sus Vectores. De la misma manera en que los Jedi y la República trabajaban como uno solo, así lo hizo la gran nave y su contingente Jedi. Las naves más grandes también salieron de los hangares del Tercer Horizonte, los caballos de batalla de la República: Longbeams. Naves versátiles, cada una de las cuales puede realizar tareas de combate, búsqueda y rescate, transporte y cualquier otra cosa que su tripulación pueda necesitar.

    Los Vectores se configuraron como naves de uno o dos pasajeros, ya que no todos los Jedi viajaban solos. Algunos llevaban a sus padawans con ellos, para que pudieran aprender las lecciones sus Maestros tuvieran que enseñarles. Los Longbeams podían volar con tan solo tres tripulantes, pero podían transportar cómodamente hasta veinticuatro (soldados, diplomáticos, médicos, técnicos) lo que fuera necesario.

    Las naves más pequeñas giraron hacia el sistema, alejándose del Tercer Horizonte con un propósito. Cada uno con un destino, cada uno con un objetivo. Cada uno con vidas que salvar.

    En el puente del Tercer Horizonte, una mujer, humana, estaba sola. La actividad se agitó a su alrededor, en los espacios abovedados y nichos del puente, mientras los oficiales, navegantes y especialistas comenzaron a coordinar sus esfuerzos para salvar el sistema Hetzal de la destrucción. El nombre de la mujer: Avar Kriss, y durante la mayor parte de sus aproximadamente tres décadas, miembro de la Orden Jedi. Llegó al gran Templo de Coruscant de niña, esa escuela, embajada, monasterio y recordatorio de la Fuerza que conecta a todos los seres vivos. Primero fue una jovencita y, a medida que avanzaban sus estudios, Padawan, luego Caballero Jedi y finalmente…

    …una maestra.

    Esta operación era suya. Un almirante llamado Kronara estaba al mando del Tercer Horizonte (el cual era parte de la pequeña flota de mantenimiento de la paz sostenida por la Coalición de Defensa de la República) pero había cedido el control del esfuerzo para salvar a Hetzal a los Jedi. No hubo conflicto ni discusión sobre la decisión. La República tenía sus puntos fuertes y los Jedi los suyos, y cada uno los usaba para apoyar y beneficiar al otro.

    Avar Kriss estudiaba el sistema Hetzal, proyectado en la pared plateada plana del puente por un droide de comunicaciones especialmente diseñado que se cernía ante ella. Las imágenes eran una composición recopilada de fuentes del sistema, así como de los sensores del Tercer Horizonte. En verde, los mundos, naves, estaciones espaciales y satélites de Hetzal. Sus propios activos, los Vectores, Longbeams y el propio Tercer Horizonte, eran azules. Los fragmentos de muerte caliente que se movían a través del sistema a una velocidad increíble, de origen y naturaleza aún desconocidos, eran rojos. Mientras miraba, aparecieron nuevas motas escarlatas en la pantalla. Lo que sea que estuviera sucediendo aquí, aún no había terminado.

    La Jedi acarició su hombro, donde una larga capa blanca estaba abrochada con una hebilla dorada hecha con la forma del símbolo de su Orden (un amanecer vivo). Se trataba de ropa ceremonial, apropiada para el cónclave conjunto Jedi-República al que había asistido el Tercer Horizonte en la recién terminada estación espacial intercambiador galáctico llamada Faro Starlight. Ahora, sin embargo, considerando la tarea que tenía entre manos, las prendas ornamentales eran una distracción. Avar golpeó la hebilla y la capa se soltó. Cayó al suelo en un charco de tela, revelando una túnica blanca más sencilla debajo, adornada en oro. En su cadera, en una funda blanca, un cilindro de metal, una sola pieza de electrum blanco plateado elegante, como el mango de una herramienta sin la herramienta en sí. A lo largo, una línea tallada en espiral de piedra de mar verde brillante, que sirve como agarre y adorno, se extiende hasta una cruz en un extremo. Un arma en la que era experta, pero que no necesitará hoy. Los sables de luz de los Jedi no salvarían a Hetzal. Serán los propios Jedi.

    Avar se sentó en el suelo y se acomodó con las piernas cruzadas. Su cabello rubio hasta los hombros, se movió hacia atrás y lejos de su rostro de manera aparentemente autónoma. Se dobló en un complejo nudo, un mandala, cuya creación era en sí misma una ayuda para concentrarse. Cerró los ojos.

    La Maestra Jedi ralentizó su respiración, extendiendo la mano hacia la Fuerza que la rodeaba, la inundaba. Lentamente, empezó a elevarse, deteniéndose cuando se encontraba flotando un metro por encima de la cubierta.

    Alrededor del puente, la tripulación del Third Horizon se dio cuenta. Asintieron o sonrieron levemente, o simplemente sintieron florecer la esperanza, antes de volver a sus tareas urgentes.

    Avar Kriss no se dio cuenta. Solo existía la Fuerza, y lo que le decía, y lo que debía hacer.

    Empezó.

    CAPITULO CINCO
    HETZAL PRIME. EN ÓRBITA.
    80 minutos para el impacto.

    BELL ZETTIFAR

    Bell Zettifar sintió los primeros contactos de la atmósfera con la nave. Su Vector no tenía un nombre, no oficialmente, todas las naves eran básicamente iguales, y en teoría intercambiables entre sus pilotos Jedi, pero él y su maestro siempre usaban el mismo, con la marca en las alas de una tormenta de iones por la que habían volado una vez. El patrón era como de pequeños estallidos estelares, así que Bell (así lo imaginaba en su mente, nunca lo expresaba en voz alta) llamó a su nave la Nova.

    Los Vectores tenían un diseño tan mínimo como podría serlo una nave estelar. Poca protección, casi sin armamento, muy poca asistencia informática. Sus capacidades fueron definidas por sus pilotos. Los Jedi eran el escudo, el armamento, las mentes que calculaban lo que podía lograr la nave y hacia dónde podía ir. Los vectores eran pequeños, ágiles. Una flota de ellos juntos era un espectáculo para la vista, los Jedi en el interior coordinaban sus movimientos a través de la Fuerza, logrando un nivel de precisión que ningún droide o piloto ordinario podía igualar.

    Parecían una bandada de pájaros, o tal vez hojas caídas arremolinándose en una ráfaga de viento, todas dibujadas en la misma dirección, unidas por alguna conexión invisible… puede que Fuerza. Bell había visto una exhibición sobre Coruscant una vez, como parte de los programas de divulgación del Templo. Trescientos Vectores moviéndose juntos, dardos de oro y plata brillando al sol sobre la Plaza del Senado. Se separaban y se entretejían en trenzas y se batían entre sí a una velocidad increíble e imposible. La cosa más hermosa que jamás había visto. La gente lo llamó Drift. Una corriente de Vectores.

    Pero ahora el Nova volaba solo, unicamente con dos Jedi a bordo. Él, el aprendiz de Jedi Bell Zettifar, y más adelante en el asiento del piloto, su maestro, Loden Greatstorm. El contingente Jedi a bordo del Tercer Horizonte se había dividido y los Vectores se dirigían a ubicaciones por todo el sistema. Había demasiadas tareas por realizar y muy poco tiempo.

    LODEN GREATSTORM

    Su destino era el cuerpo planetario habitado más grande, Hetzal Prime. Su tarea, vaga pero crucial: Ayuda.

    Bell miró por la ventana para ver la curva del mundo debajo: verde, dorado y azul. Un lugar hermoso, al menos desde esta altura. En la superficie, sospechaba que las cosas podrían ser diferentes. Las estelas de los motores de las naves espaciales se podían ver hasta el horizonte, un éxodo masivo de naves que se dirigían al exterior. El Nova y algunos otros Vectores y Longbeams de la República que podía ver aquí y allá eran las únicas naves que se dirigían hacia el interior del planeta.

    «Entrando en la atmósfera superior, Bell,» dijo Loden, sin volverse. «¿Estás listo?»

    «Sabes que amo esta parte, Maestro,» dijo Bell.

    Greatstorm se rió entre dientes. La nave se precipitó o cayó, era difícil notar la diferencia. Un rugido se filtró desde el exterior cuando el espacio pasó a ser atmósfera. Los flancos de ataque precisamente fabricados de las alas del Vector cortaron el aire tan finamente como cualquier hoja, pero incluso con ellos encontraron cierta resistencia.

    El Nova se abrió paso a través de los niveles más altos de la atmósfera de Hetzal Prime (no, no se desquebrajó). Loden Greatstorm era un piloto demasiado bueno para eso. Algunos Jedi usaron sus Vectores de esa manera, pero él no. Zigzagueó con la nave, deslizándose a través de las corrientes de aire, conduciéndolas hacia la parte inferior, dejando que la nave se convirtiera en una parte más de la interacción entre la gravedad y el viento sobre la superficie del planeta. La nave quería caer, y Greatstorm lo permitió. Era estimulante, mortal, insuperable, y el Vector fue diseñado para transmitir hasta la última vibración y balanceo a los Jedi que estaban dentro, para que pudieran dejar que la Fuerza los guiara de manera que pudieran responder lo mejor posible. Bell apretó sus manos en forma de puños. Su cara dibujó una sonrisa.

    «Espectacular,» dijo, sin pensar. Su maestro se rió.

    «Nada de eso, Bell,» dijo Loden. “Acabo de encaminarnos hacia el planeta. La gravedad se ocupa del resto».

    Una curva larga y deslizante, suave como el curso de un río, y luego el Nova se enderezó, ahora lo suficientemente cerca de la superficie del planeta para que Bell pudiera distinguir edificios, vehículos y otras características más pequeñas debajo. Parecía tan pacífico. No hay indicios del desastre en curso en el sistema. Nada más que el creciente número de naves que despegan desde la superficie.

    «¿Dónde deberíamos aterrizar?» dijo Bell. «¿Te lo dijo la maestra Kriss?»

    «Se dejó a nuestra discreción,» contestó Greatstorm, mirando a un lado, mostrando su perfil oscuro, erosionado, montañoso, con su lekku Twi’lek naciendo desde la parte de atrás de su cráneo. Sus ojos rastrearon los senderos usados para la evacuación planetaria en curso. «Ayudaremos de cualquier manera que podamos».

    “Pero es todo un planeta. Cómo sabremos a dónde… «

    «Dímelo tú, chico,» dijo Loden. «Búscame un lugar adonde ir.»

    «¿Es un ejercicio?» Preguntó Bell.

    «Es un ejercicio.»

    La filosofía de Loden Greatstorm como maestro era muy simple: si Bell era teóricamente capaz de algo, incluso si Loden pudiera hacerlo diez veces más rápido y cien veces más hábilmente, entonces Bell terminaría haciendo eso, no Loden. “Si hago todo, nadie aprende nada”, le gustaba decir a su maestro.

    Loden no tenía que hacer todo, pero a Bell le habría gustado que, de vez en cuando, hiciera algo. Ser el aprendiz del gran Greatstorm era un desafío interminable de tareas imposibles. Había estado entrenando en el Templo Jedi durante quince de sus dieciocho años, y nunca había sido fácil, pero ser el Padawan de Loden estaba a un nivel completamente diferente. Todos los días, sin excepción, lo llevaba al límite. Cualquier tiempo libre que Bell tenía lo pasaba sumiéndose en el sueño más profundo conocido de manera desesperada hasta que todo volvía a comenzar. Pero… Estaba aprendiendo. Era mejor ahora que hace seis meses, en todo.

    Bell sabía lo que su maestro quería que hiciera. Otra tarea imposible, pero él era un Jedi, o lo sería, y a través de la Fuerza todo era posible.

    Cerró los ojos y abrió su espíritu, y ahí estaba, la pequeña luz dentro de él que nunca dejaba de arder. Siempre, al menos, la llama de una vela y, a veces, si se concentraba, podía convertirse en una llamarada. Unas cuantas veces, se había sentido tan brillante como el sol, con tanta luz a través de él que temía quedarse ciego. Aunque, realmente, no importaba. De la chispa al infierno: cualquier conexión con la Fuerza ahuyentaba las sombras.

    Bell profundizó en la luz dentro de sí mismo, sintiendo los puntos de conexión con otra vida, otros fuentes de la Fuerza en el planeta que tenían bajo ellos. Muy cerca de él sintió una fuente de gran poder y energía. Actualmente estaba almacenada, como carbón en un incendio, pero enormes depósitos de fuerza estaban claramente disponibles si se necesitaban. Este era su maestro, Loden. Bell pasó junto a él. Estaba buscando algo más.

    Allí. Como un holograma de larga distancia enfocándose cuando la señal por fin tenía la suficiente potencia, la red de Fuerza que conectaba las mentes y espíritus de los miles de millones de habitantes de Hetzal Prime aparecieron en la mente de Bell. No era una imagen totalmente clara, sino más bien impresiones, un mapa de zonas emocionales, no tan diferente del mosaico de tierras de cultivo que parpadeaba muy por debajo de la Nova.

    Sobre todo, lo que sintió fue pánico y miedo, emociones que los Jedi trabajaban muy duro para purgar de sí mismos. Según las enseñanzas, se suponía que el único contacto de un verdadero Jedi con el miedo era sentirlo en otros seres; una experiencia bastante común. Bell había sentido esas emociones reflejadas muchas veces, pero siempre junto con el amor, la esperanza, la sorpresa y muchos matices de alegría; el espectro de sentimientos inherentes a todos los seres.

    Bueno, por lo general. En Hetzal Prime, en este momento, era más bien pánico y miedo.

    Bell no se sorprendió. Había escuchado la orden de evacuación: «Desastre de escala sistémica en curso. A todos los seres se les ordena inmediatamente que abandonen el sistema Hetzal por cualquier medio disponible y que permanezcan a una distancia mínima de seguridad». Sin explicación, sin advertencia, y las matemáticas tenían que ser obvias para todos. Miles de millones de personas, y claramente no hay suficientes naves estelares para evacuarlas a todas. ¿Quién no entraría en pánico?

    En un mundo que bullía con ese tipo de energía negativa, era difícil pensar en lo que serían capaces de lograr dos Jedi. Pero Loden Greatstorm le había encomendado una tarea a Bell, por lo que continuó buscando un lugar donde pudieran ayudar.

    Alguna cosa… Un nudo de tensión, enrollado, denso… Un conflicto, una pregunta, una sensación de que las cosas no son como deberían, una sensación de injusticia.

    Bell abrió los ojos.

    “Al Este,” dijo.

    Si hubía alguna injusticia ahí fuera, bueno… Traerían justicia. Los Jedi eran justicia.

    El Nova se ladeó, acelerando suavemente bajo el control de Loden. El maestro de Bell lo dejaba volar de vez en cuando (la nave podía controlarse desde cualquier asiento), pero los Vectores requerían casi tanta habilidad para pilotarlos como un sable de luz. Dadas las circunstancias, Bell estaba feliz de dejar que Loden tomara la iniciativa.

    En cambio, sirvió como navegante, usando su todavía fuerte conexión con la Fuerza para guiar a su Vector hacia el área de intenso conflicto que había sentido, cantando las direcciones a Loden, afinando la trayectoria de la nave.

    «Deberíamos estar justo encima,» dijo Bell. «Sea lo que sea.»

    «Lo veo,» dijo Loden, con voz entrecortada, tensa. Por lo general, sus palabras llevaban una sonrisa, incluso cuando arrojaba una crítica brutal sobre la educación Jedi de Bell. Ahora no. Lo que sea que Bell estuviera sintiendo, sabía que el Maestro Greatstorm también podía sentirlo, y probablemente en un nivel más intenso. Abajo en la superficie, justo debajo de donde el Vector estaba dando vueltas, la gente iba a morir. Quizás ya lo había hecho.

    Loden volvió a ladear la nave mientras volaba en un círculo cerrado, dándoles a ambos una visión clara del suelo a través del transpariacero de la burbuja de la cabina del Nova.

    Cien metros más abajo había una especie de recinto amurallado. Grande, pero no enorme, probablemente el hogar de una persona o familia adinerada en lugar de una instalación del gobierno. Una gran multitud de personas rodeaba las paredes, concentrada alrededor de las puertas. Una sola mirada le dio a Bell la razón.

    Atracada dentro del complejo había una gran nave estelar. Parecía un yate de recreo, lo suficientemente grande como para albergar cómodamente a veinte o treinta pasajeros más la tripulación. Y si a los pasajeros no les importaba la comodidad, el yate probablemente podría superar diez veces esa cantidad de personas. La nave tenía que ser visible desde el nivel del suelo: su casco sobresalía por encima de las paredes del complejo, y la gente que abarrotaba las puertas claramente pensaba que era su única salida del planeta.

    Los guardias armados apostados en todos los costados de los muros parecían pensar de manera diferente. Mientras Bell observaba, un rayo láser se disparó al aire desde cerca de la puerta; un disparo de advertencia, afortunadamente, pero estaba claro que el tiempo de las advertencias estaba llegando a su fin rápidamente. La tensión en la multitud iba en aumento y no hacía falta ser un Jedi para saberlo.

    «¿Por qué no dejan entrar a la gente?» Preguntó Bell. «Esa nave podría poner a muchos de ellos a salvo».

    «Vamos a averiguarlo,» dijo Loden.

    Accionó un interruptor en su panel de control. La burbuja de la cabina se deslizó suavemente hacia atrás, desapareciendo en el casco de la Nova. Loden se dio la vuelta, sonriendo, el viento azotando a ambos, ondeando el lekku de Loden y las rastas de Bell.

    «Nos vemos abajo,» dijo. «Recuerda. La gravedad hace la mayor parte del trabajo.»

    Luego saltó.

    CAPITULO SEIS
    SISTEMA HETZAL. LONGBEAM REPUBLICANO AURORA IX.
    75 minutos parael impacto.

    «¿Está seguro de esto Capitán?» Dijo el contramaestre Innamin, apuntando a su pantalla, que mostraba el camino aproximado de una de las anomalías del hiperespacio mientras se dirigía hacia el centro del sistema. «Tenemos que derribar esta cosa antes de que mate a alguien. Tal vez a muchos. El problema es que nuestros procesadores de objetivo no pueden calcular la trayectoria. La anomalía se mueve demasiado rápido. En el mejor de los casos, diría que tenemos una posibilidad entre tres de dar en el blanco.»

    El Capitán Bright negó con la cabeza, sus tentáculos crujieron contra sus hombros. Sabía que probablemente debería reprender a Innamin por cuestionar sus órdenes. El chico lo hacía todo el tiempo: era joven para ser humano, tenía poco más de dos décadas y, por regla general, siempre se creía más listo. Bright generalmente le dejaba salirse con la suya. La vida era demasiado corta y las naves que pilotaban eran, a fin de cuentas, demasiado pequeñas para, además, añadir tensión innecesaria a la mezcla. Una pregunta reflexiva de vez en cuando no era exactamente insubordinación.

    Uno de cada tres, pensó. No sabía exactamente qué esperar. Simplemente… Mejor que una de cada tres probabilidades de que realmente pudieran cumplir su misión.

    El Longbeam, con el distintivo Aurora IX, era de última generación, un nuevo diseño de los astilleros de la República en Hosnian Prime. No era una nave de guerra como tal, pero tampoco era fácil de manejar. La nave tenía procesadores distribuidos que podían controlar múltiples objetivos de tiro, ofrecer ráfagas de bláster, misiles y contramedidas defensivas en una sola descarga. No era difícil de mirar. Bright pensó que se parecía a uno de los peces martillo que solía cazar en Glee Anselm, con cráneo grueso y contundente que se estrechaba hasta una única sinuosa y elegante aleta final. Era una bestia dura y hermosa, no había duda. Por otro lado, su objetivo, uno de los misteriosos objetos que corren por el sistema Hetzal, se movía a una velocidad cercana a la de la luz. Había salido del hiperespacio como un perdigón al rojo vivo disparado por un rifle. El Aurora IX podía ser de última generación, pero eso no significaba que la nave pudiera hacer milagros.

    Los milagros eran para los Jedi.

    Y aparentemente estaban ocupados de otra manera en ese momento.

    «Dispara seis misiles,» ordenó Bright.

    Innamin vaciló.

    «Eso es todo lo que tenemos, señor ¿Está seguro…?

    Bright asintió. Hizo un gesto hacia la pantalla de la cabina de Innamin. Mostraba un indicador de amenaza rojo (el proyectil) en trayectoria de colisión con un disco verde más grande, que representaba una estación de recolección solar equidistante de los tres soles del sistema Hetzal. La cosa todavía estaba a cierta distancia, pero se acercaba a cada momento.

    “La anomalía se dirige directamente a esa estación granja solar. Los datos que obtuvimos de Hetzal Prime dicen que la estación tiene siete tripulantes a bordo. No podemos llegar a tiempo para evacuar antes de que sea alcanzado, pero nuestros misiles sí. Si tenemos una posibilidad entre tres de derribar el objeto, enviar seis duplica nuestras posibilidades. Aún no hay probabilidades perfectas, pero… «

    El último miembro de su tripulación, el alférez Peeples, hizo sonar su trompa como si estuviera a punto de hablar, pero Bright hizo un gesto con la mano para que se apartara y continuó sin detenerse.

    “Sí, Peeples, sé que las números no son los correctos. Pero lo que más me preocupa es una ecuación diferente: si disparamos seis misiles, podríamos salvar a siete personas. Veamos lo qué podemos hacer.»

    Los sistemas de fijación del objetivo de la Aurora IX trabajaban lentamente, no pareciendo tan modernos ahora que el letal punto rojo se dirigía hacia las personas atrapadas en la granja solar sin posibilidad de escapar. El Longbeam se aproximaba al conjunto a su velocidad máxima, reduciendo así la distancia que sus armas tendrían que recorrer, resolviendo un complejo problema que implicaba trayectoria, aceleración y física, algo que despertó los propios instintos tridimensionales de Bright que había ido afinando gracias a una gran parte de su vida bajo el agua. . Volvió a sacudir la cabeza, haciendo crujir la nube de espesos tentáculos verdes que emergían de la parte posterior de su cráneo, enojado consigo mismo por distraerse cuando la gente rezaba por sus vidas.

    Una vez disparados los misiles, seis rápidos whmph lanzados a través del casco de la nave, al Aurora IX sólo contaba con láseres. Las armas se dispararon, dejando finos rastros de humo marcando su camino. Se quedaron fuera del alcance visual en un instante, alcanzando su velocidad máxima velocidad en segundos.

    «Misiles fuera,» dijo Innamin.

    Ahora era el momento de ver si ese elegante procesador distribuido había calculado y transmitido correctamente las trayectorias de impacto a los misiles. Cabía la posibilidad de que los seis acertasen. No era imposible.

    La tripulación de la cubierta, todos a una, miraban la pantalla de visualización que rastreaba los seis misiles, la veloz anomalía, su propia nave y la estación de recolección de energía solar que se estaba convirtiendo rápidamente en el punto de colisión de los nueve objetos.

    El primero de los misiles parpadeó en la pantalla. Ningún otro cambio.

    «El misil uno ha fallado,» dijo Innamin, innecesariamente.

    Dos misiles más desaparecieron. Bright levantó una mano antes de que Innamin pudiera hablar de nuevo.

    «Todos lo podemos ver, Suboficial,» dijo.

    Dos fallos más. Sólo quedaba uno. Todo lo demás permanecía inalterado.

    El último misil desapareció de la pantalla, ni siquiera cerca de la anomalía. Un suspiro colectivo de desesperación atravesó el puente.

    «¿Blasters?» Bright preguntó, sabiendo la respuesta.

    «Lo siento, señor», dijo el alférez Peeples, su voz era un quejido aflautado agudo. «Ni el mejor artillero del universo habría acertado ese tiro, y supongo que apenas estoy entre los diez primeros.»

    Bright suspiró. La especie de Peeples tenía una comprensión del humor radicalmente única: no por los chistes en sí, que a menudo eran lo suficientemente decentes, sino en cuanto al momento adecuado para soltarlos.

    “Gracias, Alférez,” dijo Bright.

    La granja solar era ahora visible en la pantalla, una estructura grande y delgada, como uno de los corales pluma de la zona de residencia de Bright. Cientos de largos brazos dispuestos en una espiral que gira desde una esfera central en la que la tripulación vivía y trabajaba. Cada uno de esos brazos estaba lleno de paneles de recolección a lo largo, parpadeando y rotando lentamente mientras bebían la luz de los tres soles que dieron a Hetzal Prime y sus mundos satélites sus únicas y largas temporadas de crecimiento. El conjunto recolectaba la luz del sol para entregarla a los mundos de cultivo, almacenándola y transportándola a través de una tecnología patentada que era el orgullo del sistema.

    La estación era hermosa. Bright nunca había visto nada parecido. Parecía cultivada, y tal vez lo fuera. Supuestamente, todos los cultivos de la galaxia podrían crecer en algún lugar de los mundos de Hetzal. Quizás eso se extendió a las estaciones espaciales.

    Luego, una racha brillante, demasiado rápida para procesarla incluso para ojos tan capaces como los oscuros y grandes orbes oculares de Bright, diseñados por la evolución para captar detalles en las profundidades sin luz de los mares de Glee Anselm. En un instante, la estación recolectora solar fue destruida. Haste ese momento se había mantenido intacta, cumpliendo su función. Y al instante siguiente, en llamas, con la mitad de los brazos colectores destrozados, alejándose lentamente hacia el espacio.

    La esfera central resistió, aunque las llamas atravesaron su casco exterior, y el fuego hacía su danza silenciosa en gravedad cero. Mientras Bright observaba, la iluminación exterior de la estación parpadeó, chispeó y se apagó.

    Bright se llevó una mano a la frente. Él también parpadeó. Una vez, lentamente.

    Luego se volvió hacia su tripulación.

    «No sabemos con certeza si las personas a bordo de esa estación están muertas,» dijo, mirando los rostros solemnes de su tripulación.

    “Me gustaría intentar un rescate, pero eso” —y señaló la pantalla de visualización de la estación destrozada y en llamas, que se agrandaba a medida que se acercaba al Aurora IX— “podría colapsar en cualquier momento. O explotar. O implosionar. No lo sé. El caso es que si estamos acoplados cuando suceda, también estaremos muertos.»

    Bright golpeó uno de sus tentáculos con la yema del dedo.

    «Soy Nautolano, un hecho del que estoy seguro vosotros dos sois conscientes. Piel verde, grandes ojos negros, ¿qué más podría ser? Lo que quizás no sepais es que estos tentáculos me permiten recoger feromonas de otros seres, lo que traduzco en una comprensión de sus estados emocionales. Así es como los conozco a ustedes dos… Están aterrorizados.»

    Peeples abrió la boca, pero acto seguido, de alguna manera y milagrosamente, lo pensó mejor y no hizo ninguna broma, volviendo a cerrar la boca.

    «Entiendo que estés asustado,» continuó Bright, «pero tenemos un deber. Yo lo sé y ustedes también lo saben. Necesitamos hacerlo.»

    Innamin y Peeples se miraron el uno al otro para luego volver a mirar a su capitán.

    «Todos somos la República, ¿verdad?» Dijo Innamin.

    Bright asintió. Y sonrió, mostrando los dientes.

    «De hecho lo somos, suboficial».

    Señaló a Peeples.

    «Alférez, llévenos dentro.»

    CAPITULO SIETE

    SISTEMA HETZAL. SOBRE LA LUNA FRUTADA.

    70 minutos para el impacto.

    Tres Vectores Jedi y un Longbeam de la República surcaban el espacio, lanzados alrededor de la esfera naranja y verde que era la Luna Frutada de Hetzal, legendaria en toda la galaxia por su productividad. Cuatro mil millones de personas residían allí, cultivando, creciendo y viviendo sus vidas. Todos estarían muertos en menos de treinta minutos si los cuatro Jedi y los dos oficiales de la República no podían destruir o desviar de alguna manera el objeto que se dirigía directamente a la luna.

    La anomalía estaba en la cara mayor, era más grande que el Longbeam, y en trayectoria de colisión con la masa terrestre principal de la luna. Debido a su velocidad, una porción significativa de la capa exterior de la luna se vaporizaría instantáneamente con el impacto, dispersándose en la atmósfera. Luego vendría el calor, las llamas, arrasando la superficie y dejándola sin vida, ya fuera vegetal, animal o cualquier otra especie.

    Eso asumiendo que toda la maldita luna no sea destruída en el momento en que la anomalía la golpee, pensó Te’Ami mientras ladeaba su nave suavemente, siguiendo una curva precisa con los otros dos Vectores piloteados por sus colegas Jedi, realizando la maniobra tanto a través de su conexión con la Fuerza como con sus manos a los mandos de control.

    La destrucción total de la Luna Frutada no era imposible. La cantidad de energía transferida por el impacto del objeto caería como un golpe de martillo sobre el pequeño planetoide. Los mundos parecían irrompibles cuando estabas sobre ellos, pero Te’Ami había visto algunas cosas en sus tiempos… A la galaxia no le importaba lo que pensabas que no se podía romper. Rompería cosas solo para mostrarte que puede hacerlo.

    La pequeña flota se movía a una velocidad increíble, se dirigía directamente hacia la anomalía. La Maestra Kriss en el Tercer Horizonte había designado esto como una misión de alta prioridad, lo cual Te’Ami entendió. Cuatro mil millones de personas, realmente una prioridad alta.

    Podía sentir a Avar en el fondo de su mente, no en palabras, más como una sensación de su presencia. La Maestra Kriss tenía un conjunto de habilidades poco común entre los Jedi: podía detectar los vínculos naturales entre los usuarios de la Fuerza y fortalecerlos, usarlos casi como una especie de red de comunicaciones. Era inexacta, mejor para transmitir sensaciones o ubicaciones, pero seguía siendo una habilidad útil, particularmente en un escenario en el que un centenar de Jedi intentaban salvar todo un sistema a la vez.

    Sin embargo, no solo es útil. Fue reconfortante. Ella no estaba sola. Ninguno de ellos lo estaba. Fracasaran o tuvieran éxito, los Jedi estaban juntos en esto.

    Pero no fallaremos, pensó Te’Ami. Extendió un dedo largo y verde y accionó uno de los interruptores meticulosamente construido de su consola. Su comunicador se abrió.

    “Longbeam Republicano, es el momento. Necesito que me transfieras el control tu sistema armamentístico,” dijo.

    «Recibido,» fue la respuesta del Longbeam, pronunciada por su piloto, Joss Adren. Su esposa, Pikka, estaba en el asiento del copiloto. Te’Ami no los conocía personalmente, tan solo que no formaban parte de la tripulación del Tercer Horizonte y que habían ofrecido su ayuda de inmediato cuando el crucero entró en el sistema y la magnitud del desastre quedó clara. El almirante Kronara les asignó un Longbeam, era mejor disponer de otra nave allí para ayudar en lugar de dejarla inactiva en su hangar. La pequeña conversación, no relacionada con la misión, de camino a la Luna Frutada le había hecho pensar que Joss y Pikka eran contratistas de algún tipo: trabajadores en el Faro Starlight buscando un viaje de regreso al Núcleo ahora que su trabajo estaba hecho.

    Parecían buenas personas. Te’Ami también esperaba que fueran habilidosos. Esto no iba a ser fácil.

    Una luz ámbar parpadeó en la pantalla de Te’Ami, para luego mantenerse estable.

    «Las armas están bajo su control», dijo Joss.

    «Gracias,» dijo, luego accionó varios interruptores antes de llevar rápidamente sus manos hacia los mandos. Los Vectores podían ser naves complicadas: la capacidad de respuesta fluida de los controles significaba que podían realizar maniobras increíbles, pero solo si se conseguía mantener la concentración.

    «Perfecto amigos míos,» dijo.» ¿Estamos listos?»

    Las respuestas llegaron a través del canal exclusivo para Jedi.

    La voz baja de Mikkel Sutmani retumbó desde sus altavoces, inmediatamente traducida a Básico a través de los sistemas de a bordo. «Listo para partir,» dijo Mikkel. El ithoriano más sensato que jamás había conocido. Nunca decía mucho, pero siempre cumplía con su deber.

    «Estamos listos también», dijo Nib Assek, el tercer y última Caballero Jedi de su pequeño escuadrón. Su padawan, Burryaga Agaburry, no dijo nada. No es de extrañar. Era un joven Wookiee y solo hablaba Shyriiwook, aunque entendía el Básico. Nib hablaba bien su idioma; ella lo había aprendido específicamente para aceptarlo como su aprendiz. No era fácil para una garganta humana recrear los gruñidos y gemidos gorjeantes que componían el discurso Wookiee, pero había hecho el esfuerzo. Te’Ami y Mikkel, sin embargo, no pudieron entender una palabra de lo que dijo Burryaga.

    Independientemente, si Nib Assek dijo que ella y su padawan estaban listos, lo estaban.

    “Conce´ntrate,” dijo Te’Ami. “Lo haremos juntos. Como si fuéramos uno».

    “Extendió sus sentidos a través de la Fuerza, buscando el meteorito mortal (o lo que fuera, los escaneos no eran concluyentes) que se precipitaba por el espacio hacia ellos. Ahí. Podía sentirlo, distorsionando la gravedad a lo largo de su trayectoria. Consideró, pensando en dónde había estado el objeto, dónde estaba, dónde estaría.

    Más específicamente, dónde estaría cuando todo el poder de los sistemas de armas en los Vectores y el Longbeam lo golpearan conjuntamente.

    Este disparo no se podía calcular usando computadoras. Tenía que hacerse sintiéndolo, con la Fuerza, por todos los Jedi a la vez en un solo momento.

    «Tengo el objetivo,» dijo. «¿Estamos listos?»

    No hubo respuesta de los otros Jedi, pero ella no la necesitaba. Podía sentir su asentimiento a través del vínculo que la Maestra Kriss mantenía en la superficie de Hetzal Prime. Fue más rápido que hablar, más efectivo.

    «Vamos a convertirnos en lanzas», dijo, pronunciando una frase ritual de su propia gente, los Duros.

    Sin querer apartar sus manos de los mandos de control en un momento tan crucial, Te’Ami liberó un retazo de la Fuerza y ​​lo usó para sacar su sable de luz de la funda de su cinturón. Su empuñadura era de cerakote oscura con un travesaño de cobre muy deslustrado. La hoja, cuando estaba encendida, brillaba en azul. El artilugio estaba rayado y desgarrado por el uso, y tenía una mancha desagradable de soldadura, cerca de la culata, donde había soldado uno de los componentes que se había desprendido. Si había un sable de luz más feo en la Orden, no lo conocía.

    Pero se encendía cuando ella quería, y el cristal kyber que lo alimentaba permanecía tan puro y resonante como el día en que lo encontró en Ilum, hace mucho tiempo.

    ¿Te’Ami podría haber actualizado la espada si hubiera querido? Absolutamente. Muchos Jedi cambiaban sus empuñaduras con regularidad, ya sea debido a ajustes en las técnicas de lucha, innovaciones tecnológicas o incluso, en ocasiones, simplemente… Estilo. Estética. Moda podríamos decir.

    Te’Ami no tenía ningún interés en nada de eso. Su sable de luz, por feo que fuera, servía como un reflejo perfecto de la gran verdad de la Fuerza: no importaba cómo fuera una persona en el exterior…

    …en el interior, todo el mundo estaba hecho de luz.

    El sable de luz se movió a través de la estrecha cabina. Se colocó contra una placa de metal en el panel de control del Vector con un clic suave y muy satisfactorio, permaneciendo en su lugar a través de un pequeño campo de fuerza localizado. Un leve zumbido vibró a través del casco de la nave cuando se activaron sus sistemas de armas. Un nuevo conjunto de pantallas y diales se activó, brillando con el azul brillante de la hoja de su sable. Las armas en un Vector solo podían operarse con un sable de luz como llave, una forma de asegurarse de que no fueran utilizadas por no Jedi, y que cada vez que se usaban, era considerada una acción correcta.

    Una ventaja adicional: el láser de la nave se podía regular hacia arriba o hacia abajo mediante un potenciómetro en los mandos de control. No todos los disparos tenían que matar. Podrían inhabilitar, advertir… Todas las opciones estaban disponibles para ellos. En este caso, sin embargo, la configuración sería máxima. Necesitaban desintegrar la anomalía del hiperespacio, convertirla en vapor, y eso requeriría los tres Vectores a plena potencia más todo lo que tenía el Longbeam. Una gran explosión.

    Funcionaría. Tenía que funcionar. Cuatro mil millones de seres indefensos en la Luna Frutada pendían de un hilo.

    Te’Ami se concentró de nuevo, verificando la preparación de sus colegas. Había algo… Desde el vínculo que llegaba desde la nave de Nib Assek. Temor… Casi… Pánico.

    «Nib, estoy sintiendo…» comenzó, y la respuesta llegó antes de que pudiera terminar.

    “Lo sé, Te’Ami,” dijo la voz de Nib. Calmado aunque quizás un poco avergonzado. “Es Burryaga. Está teniendo dificultades para controlar sus emociones. Creo que es el estrés de lo que estamos haciendo. Todas las vidas que hay en juego”.

    «Está bien pequeño,» dijo con tono grave Mikkel, traducido a través del comunicador. “No eres más que un padawan y te estamos pidiendo mucho. Te’Ami, ¿podemos liberarlo de la carga de ayudarnos a calcular el tiro?

    “Sí,” dijo Te’Ami. «No hay vergüenza en esto, Burry. Sólo una oportunidad para aprender”.

    Te’Ami extendió la mano con la Fuerza, curvando suavemente la conexión lejos del Padawan de Nib Assek. El wookiee guardó silencio. Todavía podía sentir el torbellino de emociones de él. Bueno, no hay vergüenza, como ella había dicho. Cada Jedi encuentra su propio camino, y algunos tardan más que otros.

    «Vamos,» dijo Nib, quizás tratando de compensar el retraso causado por su estudiante. «Nos estamos quedando sin tiempo.»

    “De acuerdo,” dijo Te’Ami.

    Llevó los pulgares hacia la parte superior de las palancas de control, primero girándolas la rueda del potenciómetro para indicar al sistema de armas que disparara a máxima potencia. Luego colocó las manos sobre los gatillos.

    El objeto acelerando hacia la luna. Dónde había estado. Hacia dónde iba. Dónde estaría.

    Los otros Jedi estaban listos. Dispararían en el momento en que ella lo hiciera, al igual que los sistemas conectados en el Longbeam de Joss y Pikka, y cada explosión se dirigía precisamente a la misma ubicación en el espacio.

    Cuatro mil millones de personas. Era hora. Te’Ami apretó los gatillos con más fuerza.

    Un chillido del sistema de comunicaciones, fuerte e insistente. Un grito, o un chillido, contundente, casi aterrado. Eso asustó a Te’Ami, y si ella no fuera una Caballero Jedi, podría haber disparado sus armas sin darse cuenta. Pero si que era una Caballero Jedi y no disparó.

    Te’Ami tardó un momento en comprender lo que estaba escuchando, no un grito, sino palabras. En Shyriiwook. Burryaga, diciendo algo que no pudo entender. Fuerte, insistente, desesperado. Sus emociones se intensificaron de nuevo a través de la Fuerza, esa misma mezcla de miedo al borde del pánico.

    “Burryaga, lo siento, no entiendo Shyriiwook. ¿Estás bien? Nos estamos quedando sin tiempo. Tenemos que disparar.”

    «No,» dijo Nib Assek, con su voz aguda, insistente. De fondo, los gemidos y gruñidos de la voz de Burryaga, llegando a través de su comunicador. «No podemos atacar.»

    «¿De qué estás hablando?» Dijo Mikkel. «No tenemos elección.»

    “Burryaga me lo está explicando. Las emociones que recibíamos de él, no eran suyas. Los estaba sintiendo. Tuvo que sintonizar un poco, superar su propio miedo antes de que pudiera entender.”

    “Por favor, Nib, dinos lo que quiere decir,” dijo Te’Ami.

    Un largo, siseante y triste gemido de Shyriiwook, y luego una pausa.

    «El objeto,» dijo Nib. “El que tenemos que destruir, para salvar la luna. No es solo un objeto. Son escombros, parte de una nave

    Te’Ami dejó que sus manos se apartaran de los mandos de control.

    “Está lleno de gente,” finalizó Nib. «Y están vivos».

    CAPITULO OCHO

     CIUDAD AGUIRRE, HETZAL PRIME.

     65 minutos para el impacto.

    La Fuerza cantaba para la Maestra Jedi Avar Kriss, un coro representativo de la totalidad del sistema Hetzal, vida y muerte en un constante movimiento contrapuntístico. Era una canción que conocía bien, la escuchaba todo el tiempo, dondequiera que fuera. Aquí, la melodía de la Fuerza estaba apagada, un tintineo discordante de muerte, miedo y confusión. La gente estaba muriendo o sentía el pavor de su inminente desaparición.

    El Tercer Horizonte había aterrizado no muy lejos de la Residencia Ministerial en Ciudad Aguirre, la capital de Hetzal Prime. La República estaba coordinando sus esfuerzos con el gobierno Hetzaliano para tratar de detener la marea que arrastraba el desastre, asegurándose de que la evacuación procediera de la manera más ordenada posible, rastreando los proyectiles entrantes, ayudando en lo posible.

    Avar Kriss todavía estaba en el puente de la nave, aún sirviendo como punto de conexión para los Jedi en el sistema, permitiéndoles sentir la presencia, la ubicación y los estados emocionales de los demás. A veces, las palabras o las imágenes llegaban espontáneamente, pero solo en raras ocasiones. Todo era solo una canción, y Avar cantaba y escuchaba lo que le cantaban.

    Aún así, pudo recopilar una gran cantidad de información de lo que se le dijo. Sabía que cincuenta y tres Vectores Jedi estaban actualmente activos en el sistema Hetzal. Sabía qué Jedi estaban trabajando en el planeta; por ejemplo, en ese momento, Bell Zettifar, el prometedor padawan de Loden Greatstorm, se acercaba a la superficie de Hetzal Prime a una velocidad extraordinaria.

    Elzar Mann

    Elzar Mann, su amigo más antiguo y más cercano en la Orden, estaba en un Vector propio, volando una versión individual de la nave cerca de uno de los tres soles del sistema. Casi siempre estaba solo. Avar era uno de los dos únicos Jedi con los que trabajaba con regularidad; eran solo ella y Stellan Gios. Esto se debía principalmente a que Elzar ofrecía… poca confianza no era exactamente la palabra correcta. Era un manipulador, si ese término podía aplicarse a las técnicas Jedi. Nunca le gustó usar la Fuerza de la misma manera dos veces.

    Los instintos de Elzar eran buenos y no intentaba nada demasiado inusual cuando había mucho en juego. Por lo general, sus experimentos en técnicas de la Fuerza expandieron la comprensión de la Orden y, ocasionalmente, logró cosas increíbles.

    Pero a veces fallaba, y otras fracasaba estrepitosamente. Pero de nuevo, nunca cuando había vidas en juego, aunque esa cierta incertidumbre, junto con la falta de voluntad general de Elzar Mann para tomarse el tiempo necesario para explicar lo que sea que estaba tratando de hacer… Bueno, algunos miembros de la Orden encontraban frustrante tratar con él. Avar creía que eso podría explicar su continuo estatus como Caballero Jedi en lugar de Maestro. Sabía que eso molestaba a Elzar. Y pensaba que era injusto. No les importaban los caminos de otros Jedi a través de la Fuerza, ¿por qué deberían preocuparse por el suyo? Él sólo quería seguir su camino hacia donde éste lo llevara.

    Avar no entendía mejor que la mayoría de los otros Jedi las exploraciones de Elzar, pero la clave de su relación era que ella nunca le pidió explicaciones. Fuera lo que fuese, nunca. Ese arreglo había impulsado su amistad desde que eran jóvenes y pasaban sus días juntos en el Templo Jedi en Coruscant. Eso, y que simplemente le agradaba. Era divertido e inteligente, y habían llegado juntos a la Orden, Stellan, Elzar y ella, los tres inseparables durante todos sus años de entrenamiento.

    Alejó su mente de Elzar Mann, escuchando la Fuerza. Sintió a Jedi en los mundos del sistema, Jedi en Vectores, y aún más en estaciones o satélites o naves, por todo el sistema, ayudando donde pudieran, generalmente en conjunto con los veintiocho Longbeams de la República desplegados por el Tercer Horizonte.

    La cadena de conexión a través de la Fuerza incluso le dijo que otros miembros de su Orden estaban en camino, haciendo todo lo posible por responder a la llamada de socorro original del Ministro Ecka a pesar de estar tan lejos de Hetzal. La más cercana fue la Maestra Jora Malli, futura comandante del distrito Jedi en la recién finalizada la Estación Faro Starlight, junto con su segunda al mando, la imponente Maestra Trandoshana Sskeer. Stellan Gios estaba llegando desde su puesto de avanzada en el Templo en Hynestia como si lo hubieran convocado sus pensamientos sobre él unos momentos antes, atravesando el hiperespacio en una nave espacial prestada. Y aún más.

    Avar envió una nota de bienvenida y llamó a todos los demás Jedi que pudo alcanzar, cerca de Hetzal o no. La distancia no era nada para la Fuerza. ¿Quién sabía cómo podrían ayudar?

    Hasta ahora, el número de muertos por el desastre fue bajo, estaba apenas por encima de la cantidades de nacimientos y muertes que son habituales en cualquier grupo grande de seres vivos. Le preocupaba que eso pudiera cambiar en cualquier momento, ya que no tenían un gran conocimiento de lo que estaba sucediendo aquí. Nada parecía natural. Nunca había oído hablar de algo así: una gran cantidad de proyectiles que aparecían en un sistema, saliendo del hiperespacio sin previo aviso.

    No podía imaginar lo que habría sucedido aquí si el Tercer Horizonte no hubiera estado de paso tras una parada de reabastecimiento de combustible en un punto cercano, o si el supervisor del proyecto, una Bith oficiosa llamada Shai Tennem, no hubiera retrasado interminablemente su recorrido de inspección del Faro Starlight. Ella había insistido en mostrar a sus visitantes Jedi y Republicanos hasta el último elemento oscuro de la construcción del Faro Starlight, retrasando su salida programada e irritando inmensamente al almirante Kronara. Pero si se hubieran salido a tiempo, el Tercer Horizonte se habría adentrado en el hiperespacio cuando se emitió la orden de evacuación del Ministro Ecka, demasiado lejos para llegar a Hetzal en un tiempo razonable.

    Si no hubiese sido por una administradora Bith demasiado entusiasta, Hetzal estaría lidiando con este apocalipsis por su cuenta.

     La canción de la Fuerza.

    Entre lo que le dijo a Avar directamente y la charla que escuchó a su alrededor de los oficiales de cubierta del Tercer Horizonte, pudo mantener una imagen actualizada del desastre, en todos sus momentos, grandes y pequeños.

    Por encima de Hetzal Prime, un técnico de la República completaba las reparaciones de una nave de evacuación que había ido perdiendo energía en su camino para salir del planeta, de manera que pudiera continuar su camino para ponerse a salvo.

    Cerca del segundo gigante gaseoso más grande, dos Vectores dispararon sus armas y un fragmento fue incinerado.

    Un Longbeam era llevado al límite mientras corría para llegar a una estación dañada en el borde exterior del sistema. Sus motores fallaron, catastróficamente. Avar jadeó un poco ante la fría y oscura sensación.

    Y por encima de la Luna Frutada, una impresión muy clara, lo más cercana a un mensaje que podría enviarse a través de la Fuerza en estas circunstancias: la sensación de un Caballero Jedi llamado Te’Ami de que su comprensión de lo que estaba sucediendo aquí era total, trágicamente incompleta.

    “No,” dijo Avar, perturbada por la urgencia de lo que Te’Ami estaba tratando de transmitir. Sus emociones se agitaron, y la canción de la Fuerza brilló en su mente, volviéndose más tranquila, menos nítida.

    Concéntrate, se dijo a sí misma. Eres necesaria.

    Avar Kriss calmó sus emociones y escuchó. Ahora, gracias a Te’Ami, sabía qué buscar. Ella recordó la cara del otro Jedi — piel verde, cráneo abovedado, grandes ojos rojos — y casi no le tomó tiempo encontrar lo que Te’Ami había tratado de mostrarle. De hecho, ahora que estaba mirando, era obvio. Avar extendió su conciencia a través del sistema, llevándose al límite.

    No puedo perder a nadie, pensó. Ni si quiera a uno.

    Abrió los ojos, desdobló las piernas y volvió a poner los pies en la cubierta del Third Horizon. Los oficiales del puente la miraron, sorprendidos: no había hablado ni se había movido durante un tiempo.

    El almirante Kronara estaba hablando con la canciller Lina Soh, quien había llamado a través de un enlace de alta prioridad desde Coruscant. Sus rasgos delicados y amplios se mostraban en uno de los muros de comunicación del puente. Se la veía frágil, y no lo era en absoluto. Kronara, por el contrario, tenía una cara que parecía como si se pudiera romper un martillo contra ella. Transmitía dureza, lo cual era absolutamente cierto. Vestía el uniforme de la Coalición de Defensa de la República, gris claro con detalles en azul, la gorra metida debajo del brazo en respeto a la oficina del canciller.

    La resolución de la pantalla era baja, con líneas nítidas de estática cruzando el rostro de Lina Soh cada pocos segundos, pero eso era de esperar. Coruscant estaba muy lejos.

    «Gracias a la luz, su nave estaba lo suficientemente cerca de Hetzal como para responder Almirante,» estaba diciendo la Canciller Soh. “Enviamos naves de ayuda tan pronto como pudimos, pero incluso recibir la señal de socorro de Hetzal llevó tiempo. Ya sabe lo que se entrecortan los repetidores de comunicación del Borde Exterior”.

    “Lo sé Canciller,” respondió Kronara. “Apreciamos todo lo que pueda hacer. Estamos progresando aquí, pero definitivamente habrá una gran cantidad de heridos, y estoy seguro de que una gran cantidad de sistemas esenciales necesitarán ser reparados. Le comunicaré al ministro Ecka que están enviando ayuda. Estoy seguro de que lo apreciará.”

    “Por supuesto, Almirante. Todos somos la República”.

    Avar cruzó la cubierta y pasó junto a Kronara cuando finalizó la transmisión desde Coruscant. Él la miró, curioso, cuando ella se detuvo ante la pantalla que mostraba el estado de los esfuerzos por mitigar el desastre: todas las naves, la gente, los Jedi, la República, los lugareños. Rojo, verde, azul, mundos, vidas, esperanza, desesperación.

    Tocó algunas de las anomalías rojas de la pantalla con la yema del dedo. Mientras lo hacía, se destacaron, cada uno rodeado por un círculo blanco. Cuando terminó, se indicaron unos diez de los proyectiles.

    Avar se apartó de la pantalla y luego se volvió para mirar a la tripulación del puente. Estaban confundidos, de una manera educada, esperando que ella les explicara lo que había hecho.

    “Odio decir esto amigos míos,” dijo, “pero esto se ha vuelto mucho más difícil. Tenemos un nuevo objetivo.”

    Los desgastados rasgos del almirante Kronara se torcieron en un ceño fruncido. Avar no se lo tomó como algo personal.

     «¿Reemplaza los parámetros de misión existentes?» Dijo él.

    «Eso estaría bien,» dijo. «Pero no. Todavía tenemos que hacer todo lo que vinimos a hacer aquí, evitar que los fragmentos destruyan Hetzal, pero ahora hay algo más.»

    Hizo un gesto hacia la pantalla, con sus puntos rojos resaltados, dirigiéndose rápidamente hacia el sol.

    “Las anomalías que he indicado aquí contienen seres vivos. Ya no se trata solamente de salvar los mundos de este sistema”.

    La comprensión apareció en el rostro de Kronara. Su ceño fruncido se hundió mas aún.

    «Así que es una misión de rescate, además de todo lo demás.»

    «Así es, Almirante», dijo Avar.

    Un coro de voces consternadas se elevó cuando los oficiales se dieron cuenta de que todo su progreso hasta ahora era solo el preámbulo de un esfuerzo mucho mayor.

    «¿Cómo es eso posible?»

     «¿Cuánta gente? ¿Quiénes son?»

    “¿Son naves? ¿Es esto una invasión?

    El almirante Kronara levantó una mano y las voces se detuvieron.

    “Maestra Kriss, si dice que algunas de estas cosas tienen gente a bordo, entonces la tienen. Pero, ¿cómo propone que organicemos un rescate? Estos objetos se mueven a velocidades increíbles. Nuestros sistemas de fijación del blanco apenas pueden alcanzarlos tal y como están, y ahora tenemos que… ¿Atracar en ellos?

    Avar asintió.

    “No sé cómo haremos esto. Aún no. Espero que alguno de ustedes tenga una idea. Pero diré que cada una de esas vidas es tan importante como cualquier vida en este mundo o en cualquier otro. Debemos comenzar por creer que es posible salvar a todos. Si la voluntad de la Fuerza es otra, que así sea, pero no aceptaré la idea de abandonarlos sin intentarlo.”

    Movió la mano en un amplio círculo, abarcando toda la pantalla.

    “Esto es todo con lo que podemos trabajar, lo que trajimos con nosotros. Todas las naves Hetzalianas están ocupadas tratando de evacuar, así que todo lo que tenemos son los Vectores y los Jedi que los vuelan, además de los Longbeams y sus tripulaciones. Encuentren la manera. Sé que pueden. Enviaré un mensaje a los Jedi. La Fuerza podría tener una respuesta para nosotros.”

    Los oficiales del puente se miraron unos a otros, luego se pusieron en movimiento con una nueva oleada de actividad, mientras comenzaban a planificar diez misiones de rescate absolutamente imposibles.

    Avar Kriss cerró los ojos. Se alzó en el aire. La Fuerza le cantó, hablándole del peligro, la valentía y el sacrificio, de los Jedi cumpliendo sus votos, actuando como guardianes de la paz y la justicia en la galaxia.

    La canción de la Fuerza.


    Extraído de Star Wars: Light of the Jedi (The High Republic) por Charles Soule. Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este extracto puede reproducirse o reimprimirse sin el permiso por escrito del editor. Extracto publicado originalmente en inglés en https://sites.prh.com/highrepublic

    Star Wars: Light of the Jedi (La Alta República) Charles Soule.
    Mucho antes de la Primera Orden, antes del Imperio, incluso antes de La Amenaza Fantasma… Los Jedi iluminaron el camino a la galaxia en The High Republic. Es una edad de oro. Los intrépidos exploradores hiperespaciales amplían el alcance de la República hasta las estrellas más lejanas, los mundos florecen bajo el liderazgo benévolo del Senado y reina la paz, reforzada por la sabiduría y la fuerza de la renombrada orden de usuarios de la Fuerza conocidos como los Jedi. Con los Jedi en el apogeo de su poder, los ciudadanos libres de la galaxia confían en su capacidad para capear cualquier tormenta. Pero la luz más brillante puede proyectar una sombra, y algunas tormentas desafían cualquier preparación. Cuando una catástrofe impactante en el hiperespacio desgarra una nave, la ráfaga de metralla que emerge del desastre amenaza a todo un sistema. Tan pronto como se emite la llamada de ayuda, los Jedi saltan a escena. Sin embargo, el alcance del desastre es suficiente para llevar incluso a los Jedi hasta sus límitse. Mientras el cielo se abre y la destrucción cae sobre la alianza pacífica que ayudaron a construir, los Jedi deben confiar en la Fuerza para superar un día en el que un solo error podría costar miles de millones de vidas. Incluso mientras los Jedi luchan valientemente contra la calamidad, algo verdaderamente mortal crece más allá de los límites de la República. El desastre del hiperespacio es mucho más siniestro de lo que los Jedi podrían sospechar.

    Una amenaza se esconde en la oscuridad, lejos de la luz de la época, y alberga un secreto que podría infundir miedo incluso en el corazón de un Jedi.

  • ¡SORPRESA! Gratis para leer los 8 primeros capítulos de The High Republic: Light of the Jedi

    Por Mario Tormo.

    Hace unos minutos la editorial Del Rey ha soltado la bomba. Desde hoy y hasta el domingo 15 van a ir publicando 2 capítulos por día, de manera completamente gratuita, de la primera novela de La Alta República.

    A través de este enlace, donde ya están disponibles los dos primeros capítulos, podréis ir leyendo dos capítulos diarios que se irán publicando sucesivamente hasta el domingo 15. De todas maneras no tenéis por qué leerlos deprisa y corriendo, porque permanecerán ahí. Además os recordamos que ya os ofrecimos una tracción exclusiva del primer capítulo, que fue liberado el pasado mes de Junio. Os dejamos el calendario de publicación:

    • Jueves 12 de Noviembre – Capítulos 1 y 2
    • Viernes 13 de Noviembre – Capítulos 3 y 4
    • Sábado 14 de Noviembre – Capítulos 5 y 6
    • Domingo 15 de Noviembre – Capítulos 7 y 8

    La novela escrita por Charles Soule es el punto de partida de la nueva era de Star Wars situada unos doscientos años antes de La Amenaza Fantasma. Su salida está prevista en Estados Unidos para el 5 de Enero de 2021. Si queréis leer la sinopsis completa y conocer algunos detalles extra podéis pinchar aquí. Además tenemos también una entrevista a Charles Soule hablando sobre la novela y toda la Alta República.

    A continuación os dejamos con el primer capítulo traducido en exclusiva al Castellano

    La Fuerza está con la galaxia.

    Son los tiempos de La Alta República: una pacífica unión de mundos con ideas afines donde todas las voces son escuchadas, y la gobernanza se alcanza mediante el consenso, no bajo coacción o miedo. Es un tiempo de ambiciones, de cultura, de inclusión, de Grandes Obras. La visionaria Canciller Lina Soh lidera la República desde la elegante ecumenópolis de Coruscant, situada cerca del luminoso centro del Núcleo Galáctico.

    Pero mas allá del Núcleo y sus muchas Colonias pacíficas, está el Borde – Interior. Medio,y finalmente, en el filo de lo conocido: El Borde Exterior. Estos mundos está llenos de oportunidades para aquellos lo suficientemente valientes para viajar a través de las pocas rutas bien cartografiadas que llevan hasta el mismo, junto con los peligros que ello implica. El Borde Exterior es el cielo de aquellos que buscan escapar de las leyes de la República, y está repleto de depredadores de todo tipo.

    La Canciller Soh ha alcanzado el compromiso de traer a los mundos del Borde Exterior bajo el manto de la República a través de ambiciosos programas de ayuda tales como la Estación Faro Starlight. El orden y la justicia con mantenidos en la frontera galáctica por los Caballeros Jedi, guardianes de la paz que han alcanzado el dominio de habilidades increíbles provinientes de un misterioso campo de energía conocido como la Fuerza. Los Jedi trabajan estrechamente con la República, y han aceptado establecer asentamientos en el Borde Exterior para auxiliar a cualquiera que necesite ayuda.

    Los Jedi de los puestos fronterizos pueden ser el único recurso para personas que no tienen a dónde ir. Aunque los asentamientos operan de manera independiente y sin ninguna ayuda directa del gran templo Jedi de Coruscant, actúan como un disuasivo para aquellos que buscan usar la oscuridad para hacer el mal.

    Pocos pueden oponerse los Caballeros de la Orden Jedi.

    Pero siempre existen aquellos que lo intentan…

    Estación Faro Starlight por Gonzalo Kenny

    CAPÍTULO 1

    HIPERESPACIO. EL CORREDOR LEGADO.

    3 HORAS PARA EL IMPACTO

    Todo está bien.

    La Capitana Hedda Casset revisió las lecturas y pantallas integradas en el sillón de mando por segunda vez. Siempre revisaba al menos dos veces. Tenía más de cuatro décadas de vuelo a sus espaldas, y creía que el doble chequeo era en gran parte la razón por la que seguía volando. El segundo análisis confirmaba todo lo que había visto la primera vez.

    “Todo está bien,” dijo, en voz alta esta vez, anunciándolo al personal del puente. “Tiempo para una de mis rondas. Teniente Bowman, tome el puente.”

    “Recibido, capitana,” respondió su primer oficial, levantándose de su asiento preparándose para ocupar el de ella hasta que volviese de su paseo vespertino.

    No todos los capitanes de cargueros pesados manejaban su nave como un vehículo militar. Hedda había visto naves estelares con suelos sucios, tuberías con fugas y grietas en las ventanas de la cabina, fallos que le rompían el alma. Pero Hedda Casset comenzó su trayectoria profesional como piloto de combate en las fuerzas de trabajo conjunto Malastare-Sullust, manteniendo el orden en su pequeño sector del Borde Medio. Empezó pilotando un Incom Z-24, caza monoplaza que todo el mundo llamaba simplemente Zumbador (Bugbuzz). Principalmente misiones policiacas, atrapando piratas y todo eso. Finalmente, sinembargo, ascendió hasta capitanear un crucero pesado, una de las naves más grandes de la flota. Una buena trayectoria, haciendo un buen trabajo.

    Abandonó las Mallust JTF (acrónimo para designar las Fuerzas de Trabajo Conjunto de Malastare-Sullust) con honores, trasladándosé a un puesto de trabajo capitaneando veleros mercantes para el Gremio Byrne – su propia versión de un relajado retiro. Pero los más de treinta años en el cuerpo militar significaban que el orden y la disciplina estaban no solo en su sangre, si no que eran su sangre. De manera que, cada nave en la que volaba era llevada como si fuese a librar una batalla definitiva contra la Armada Hutt, incluso cuando sólo transportaba una carga de pieles de ogrut del mundo A al mundo B. Esta nave, el Corredor Legado (Legacy Run), no era una excepción.

    Hedda se puso de pie, aceptando y devolviendo el saludo entrecortado del Teniente Jary Bowman. Se estiró, sintiendo los huesos de su columna crujir. Demasiados años de patrulla en cabinas minúsculas, demasiadas maniobras de Fuerza G – a veces en combate, otras simplemente porque le hacían sentir viva.

    El verdadero problema, sin embargo, pensaba, apartando un mechón de cabello gris tras su oreja, es que eran demasiados años.

    Dejó el puente, abandonando la precisa máquina de su cubierta de mando y caminando por un apretado pasillo hacia el espacioso y mas caótico mundo del Corredor Legado. La nave era un Transporte de Carga Modular de Clase-A de Kaniff Yards, tan viejo como ella. Eso situaba al navío un poco mas allá de su tiempo de vida operativo ideal, pero dentro de los parámetros de seguridad si se mantenía adecuadamente y era atendido regularmente – cosa que así sucedía. Su capitana se encargaba de ello.

    El Corredor era una nave de uso mixto, clasificada tanto para carga como pasajeros – de ahí lo “modular” en su designación. Estaba compuesta por un enorme compartimento central, con forma de prisma triangular alargado, con la ingeniería en la popa y el resto del espacio asignado a la carga. El puente conectaba con el casco central a través de largos y atronadores túneles, uno de los cuales atravesaba en ese momento. A la sección central se le pueden añadir módulos adicionales más pequeños, hasta ciento cuarenta y cuatro, acoplados o desacoplados en el patio dependiendo las necesidades del viaje.

    A Hedda le gustaban las propiedades modulares de la nave, porque significaba que nunca sabías de antemano lo que ibas a obtener, qué extraños desafíos tendrías que afrontar de un trabajo a otro. Una vez había volado la nave cuando la mitad de la carga asignada había sido reconfigurada como un enorme tanque de agua, para poder transportar un gigantesco pez espada de los tormentosos mares de Spira al acuario privado de una condesa en Abregado. Hedda y su tripulación habían conseguido cargar la bestia de una manera segura – lo cual no fue una tarea sencilla. Pero mas complicado fue traer de vuelta a la criatura tres ciclos más tarde, cuando el maldito bicho enfermó, ya que la gente de la condesa no tenía ni idea de como cuidarlo. Tuvo que reconocer sin embargo que la mujer pago el porte completo para devolver al pez espada a su hogar. La mayoría de la gente, nobles sobre todo, simplemente lo habrían dejado morir.

    Este viaje concreto, en comparación, era tan simple como se presentó. Las secciones de carga del Corredor Legado estaban ocupadas al ochenta por ciento por colonos que se dirigían al Borde Exterior desde el superpoblado Núcleo y los mundos Colonias, en busca de una nueva vida, nuevas oportunidades, nuevos cielos. Podía identificarse con eso. Hedda Casset había estado toda la vida en tensión. Tenía la sensación de que también moriría así, mirando por un ventanal, esperando que sus ojos divisasen algo que no había visto nunca.

    Debido a que era un viaje de transporte, la mayor parte de los módulos eran configuraciones básicas de pasajero, con sillones cama de uso libre, en teoría, suficientemente cómodos como para dormir en ellos. Instalaciones de aseo, almacenaje, pequeñas galerías y ya está. Para aquellos colonos dispuestos a pagar por un confort extra y comodidades, algunos módulos tenían cantinas atendidas por droides y compartimentos privados para dormir, aunque no muchos. Estas personas eran austeras. Si tuvieran el dinero con el que comenzar, seguramente no se estarían dirigiendo al Borde Exterior para intentar labrarse un futuro. El oscuro límite de la galaxia era un lugar de desafíos tan emocionantes como mortíferos. En realidad, mas mortíferos que emocionantes.

    Incluso el camino para llegar aquí fuera es intricado, pensó Hedda, con la mirada puesta en el torbellino de hiperespacio a través de la escotilla por la que pasaba. Apartó los ojos, sabiendo que podría tirarse ahí veinte minutos embobada si quería. No podías confiar en el viaje hiperespacial. Era útil, por supuesto, te llevaba de un punto a otro, era la clave de la expansión de la República mas allá del Núcleo, pero algo que nadie realmente entendía del todo. Si tu navidroide calculaba erróneamente las coordenadas, aunque fuese ligeramente, podías salirte de la ruta establecida, la vía principal para cualquiera que fuese el viaje hiperespacial, y entonces estarías en un camino oscuro que llevaría a quién sabe dónde o a quién. Había ocurrido incluso en las transitadas hiperrutas cercanas al centro galáctico, y aquí fuera, donde los cartógrafos prácticamente no han trazado ninguna ruta…bueno, era algo de lo que había que estar pendiente.

    Apartó todo eso de su cabeza y continuó su camino. Lo cierto es que, el Corredor Legado, estaba ahora mismo surcando las más transitadas y conocidas rutas hacia los mundos del Borde. Era un viaje rutinario. Las naves usaban esta hiperruta constantemente, en ambas direcciones. Nada por lo que preocuparse.

    Pero mas de nueve mil almas a bordo de la nave dependían de la Capitana Hedda Casset para que las llevase a su destino. Esto le preocupaba.

    Hadda salió del corredor y entró en el casco principal, llegando a un gran espacio circular, un lugar abierto necesario que, debido a la estructura de la nave, se había convertido en una especie de área común oficiosa. Un grupo de niños estaban dando patadas a un balón mientras que los adultos permanecían en pie charlando o simplemente estirando los músculos en una zona distinta a aquella en la que amanecían cada mañana. El lugar no era lujoso, tan sólo un punto de encuentro donde confluían varios pasillos – pero estaba limpio. La nave empleaba – por empeño de la capitana – un equipo automatizado de mantenimiento que mantenía sus interiores limpios y ordenados. Uno de los droides custodio se deslizaba en ese momento por la pared, realizando una de las interminables tareas que una nave del tamaño de la Carrera requerían.

    Se tomó un momento para hacer balance de este grupo – unas veinte personas, de todas las edades, de varios mundos. Humanos, por supuesto, pero también algunos Trandoshanos de piel escamada, una familia de Bith y hasta un Ortolan, de piel azul y hocico largo, con sus largas y pesadas aletas saliendo de los laterales de la cabeza – no suelen verse muchos de ellos. Aunque no importaba su planeta de procedencia, tan solo eran gente común, esperando para poder comenzar una nueva vida.

    Uno de los chicos alzó la vista.

    “¡Capitana Casset!” dijo el chaval, un humano pelirrojo de piel aceitunada. Lo conocía.

    “Hola, Serj,” dijo Hedda. “¿Alguna novedad? ¿Todo bien por aquí?”

    El resto de los chicos dejaron de jugar y se arremolinaron a su alrededor.

    “Nos vendrían bien nuevos holos,” dijo Serj. “Hemos visto todos los que hay en el sistema.”

    “Lo que tenemos es lo que hay,” respondió Hedda. “Y deja de intentar colarte en el archivo para ver los títulos con restricción de edad. ¿Crees que no me entero? Esta es mi nave. Me entero de todo lo que sucede en el Corredor Legado.

    Se inclinó hacia delante.

    “Todo.”

    Serj se sonrojó y miró a sus amigos, quienes también, de repente, habían encontrado cosas muy interesantes que observar en los muy poco interesantes suelo, techo y paredes de la sala.

    “No os preocupeis,” dijo irguiéndose. “Lo entiendo. Es un viaje muy aburrido. No me creeréis, pero en poco tiempo, cuando vuestros padres os tengan arando campos, construyendo vayas o luchando contra rancors estaréis soñando con el tiempo que pasasteis en este barco. Relajaros y disfrutad.”

    Serj puso los ojos en blanco y volvió a lo que fuese el juego de pelota improvisado que él y el resto de chicos habían inventado.

    Hedda sonrió y atravesó la sala, asintiendo y charlando mientras avanzaba. Gente. Probablemente algunos eran buenas personas, otras malas, pero durante los próximos días, su gente. Le encantaban estos viajes. No importaba lo que finalmente pasase en las vidas de estas personas, se dirigían hacia el Borde para cumplir sus sueños. Ella era parte de ello, y le hacía sentir bien.

    La República de la Canciller Soh no era perfecta -ningún gobierno lo era o iba a serlo- pero era un sistema que daba a la gente la posibilidad de soñar. No, aún mejor. Alentaba los sueños, tanto grandes como pequeños. La República tenía sus defectos, pero teniéndolo todo en cuenta, podría ser muchísimo peor.

    Las rondas de Hedda le llevaron cerca de una hora -se abrió paso a través de los compartimentos de pasajeros, pero también revisó un envío de tibanna líquido súper refrigerado para asegurarse de que los elementos volátiles estaban correctamente sujetos (lo estaban), inspeccionó todos los motores (todo bien), se puso al tanto del estado de las reparaciones de los sistemas de recirculación ambiental de la nave (en progreso y avanzando correctamente) y se aseguró de que las reservas de combustible seguían manteniéndose más que adecuadamente para el resto del viaje con un amplio margen (lo eran).

    El Corredor Legado era exactamente como ella quería que fuese. Un pequeño mundo adecuadamente mantenido en medio del desierto, una cálida burbuja de seguridad que mantiene a raya el vacío. No podía responder sobre lo que les esperaba a estos colonos una vez que se dispersaran por por el Borde Exterior, pero se aseguraría de que llegasen allí sanos y salvos para averiguarlo.

    Hedda volvió al puente, donde el Teniente se puso de pie prácticamente de un salto en cuanto la vio entrar.

    “Capitana en el puente,” dijo, y el resto de oficiales se irguieron en sus asientos.

    “Gracias, Jary,” dijo Hedda, mientras su segundo se hacía a un lado y regresaba a su puesto.

    Hedda se sentó en su sillón de mando, comprobando todas las pantallas automáticamente, en búsqueda de algo fuera de lo normal.

    Todo correcto, pensó.

    KTANG. KTANG. KTANG. KTANG.

    Una alarma, atronadora e insistente. La iluminación del puente cambió a su configuración de emergencia -bañándolo todo de rojo. A través del puerto frontal se veían los torbellinos hiperespaciales, en cierta manera. Quizá era la iluminación de emergencia, pero tenían un…tinte rojizo. Parecían…enfermizos.

    Hedda notó como se le aceleraba el pulso. Su cabeza se puso en modo de combate sin pensarlo.

    “¡Informe!” vociferó mientras sus ojos escrutaban su conjunto de monitores en busca del origen de la alarma.

    “Alarma generada por el navicomputador, capitana,” inquirió su navegante, el Cadete Kalwar, un joven Quermian. “Hay algo en la hiperruta. Justo delante. Grande. Impacto en diez segundos.”

    La voz del cadete se mantuvo firme, Hedda se sentía orgullosa de él. Probablemente no era mucho mayor que Serj.

    Sabía que esta situación era imposible. Las rutas eran seleccionadas porque estaban libres de potenciales escombros, que estuvieran despejadas se calculaba hasta a un metro de resolución. Cualquier partícula que se escapase era detectada y evitada por los navidroides de abordo haciendo ajustes a lo largo del vector. Colisiones a velocidad luz durante rutas establecidas era matemáticamente imposible.

    También sabía que aunque fuese absurdo, estaba sucediendo, y esos diez segundos no eran tiempo en absoluto para la velocidad a la que el Corredor Legado estaba viajando.

    No puedes confiar en los viajes hiperespaciales, pensó,

    Hedda Casset pulsó dos botones en su consola de mando.

    “Prepárense,” dijo, con voz calmada. “Estoy tomando el control.”

    Se tomó un instante para tomar aire y justo después comenzó a volar.

    El Corredor Legado no era un Zumbador Incom Z-24, ni siquiera uno de los nuevos Longbeams de la República. Era un carguero sexagenario al final -mas allá incluso- de su vida útil, cargado, con motores diseñados para una aceleración y deceleración lenta y gradual, para aterrizajes en puertos espaciales e instalaciones con carga orbital. Maniobraba como una luna.

    El Corredor Legado no era una nave de guerra. Ni si quiera se acercaba. Pero Hedda la pilotaba como si lo fuera.

    Vio el obstáculo en su camino gracias a su vista de piloto de caza e instinto, lo vio avanzando a una velocidad increíble, lo suficientemente grande para que tanto su nave como fuera lo que fuese eso acabasen desintegrados en átomos, polvo eternamente a la deriva a través de las rutas hiperespaciales. No había tiempo para evitarlo. La nave no podía esquivarlo. No había espacio ni tiempo.

    Pero la Capitana Hedda Casset llevaba el timón, y no le fallaría a su nave.

    Un ligero toque en la palanca de control izquierdo y un giro más grande en la derecha, y el Corredor Legado se movió. Mas de lo que hubiese querido, pero no menos de lo que ella creía que era capaz, y el enorme carguero se deslizó a través del obstáculo que había en su camino, pasando el objeto tan cerca del casco que Hedda sintió como se despeinaba a pesar de las muchas capas de metal y blindaje que los separaban.

    Pero estaban a salvo. No había habido impacto. La nave había sobrevivido.

    Había turbulencias y Hedda luchaba contra ellas, abriéndose paso a pesar de traqueteos y sacudidas, sin necesidad de ver para pilotar. La nave gruñía, el casco se quejaba.

    “Puedes lograrlo, vieja amiga,” dijo en alto. “Claro que somos un par de viejas damas gruñonas, pero aún nos queda mucha vida por vivir. He cuidado rematadamente bien de ti, y lo sabes. No te voy a dejar tirada si tú no me abandonas.”

    Hedda no le falló a su nave.

    La nave le falló a ella.

    El rugido del sobreesfuerzo metálico se convirtió en un grito. Las vibraciones de la nave atravesando el espacio dieron paso a un nuevo tono que Hedda ya había escuchado antes demasiadas veces. Era el sentir de una nave que había sido llevada más allá de sus límites, ya hubiese sido por recibir demasiados daños en un tiroteo o, como en esta ocasión, por haber sido forzada a realizar una maniobra por encima de sus posibilidades.

    El Corredor Legado estaba resquebrajándose. Le quedaban unos segundos de vida, como mucho.

    Hedda abrió los ojos. Soltó las palancas de control e introdujo los comandos en su consola para activar los blindajes de las compuertas que separaban cada módulo de carga en caso de catástrofe, pensando que eso les daría alguna oportunidad las personas a bordo. Pensó en Serj y sus amigos, jugando en el área común, y en cómo las puertas de emergencia acababan de cerrarse de golpe a la entrada de cada módulo de pasajeros, atrapándolos posiblemente en una zona que estaba a punto de convertirse en vacío. Deseó que los chicos se hubiesen ido con sus familias cuando sonó la alarma.

    Pero no lo sabía.

    Simplemente no lo sabía.

    Hedda fijó los ojos en su primer oficial, que estaba observándola, sabiendo lo que estaba a punto de suceder. Saludó.

    “Capitana,” dijo el Teniente Bowman, “ha sido un-“

    El puente se resquebrajó.

    Hedda Casset murió, sin ni si quiera saber si había salvado a alguien.