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  • Ciencia de una Galaxia muy lejana: Escudos

    Por Diego Manuel Ruiz

    El concepto de campo de fuerza no es algo novedoso en la ficción, ya sea la de Star Wars en particular como en ciencia ficción en general. Desde el punto de vista de la física, el concepto de “campo” fue creado para explicar la acción a distancia de diferentes fuerzas, siendo las más perceptibles la gravedad, y las electromagnéticas. En general se lo suele definir como una distribución en el espacio de una magnitud física, y se lo suele representar como una superficie o una distribución líneal (imaginaria) sobre la cual actúan esas magnitudes. 

    En una nota anterior sobre los rayos tractores ya habíamos hablado sobre los campos gravitatorios y su acción dependiendo de la masa y la distancia; en esta ocasión hablaremos de los campos electromagnéticos. Se trata de un campo que tiene dos componentes que interactúan entre sí: un campo eléctrico y un campo magnético. En ambos casos depende de la presencia de cargas eléctricas, de la magnitud de estas y, como en el caso de la gravedad, de la distancia.

    El concepto de campo de fuerza en la ciencia ficción es el de una barrera de energía (a veces es invisible y a veces es simplemente translúcida pero opaca), capaz de bloquear la materia y/o la energía. En el caso de la saga, los campos de fuerza toman la forma y el nombre de “escudos deflectores” y los hay con distintas funciones: los que repelen partículas, los que repelen rayos y los escudos de concusión, que repelen objetos más grandes. En una de las primeras historias en comic publicadas por Marvel en 1978, ¡The Kingdom of Ice! en la revista Pizzaz, a estos dispositivos se lo llamó curiosamente “escudo de fuerza”, término que ciertamente debe haber resultado confuso.

    En todos los casos, para repeler ya sea materia como energía se necesita contar con muchísima energía, y para ello es necesario un generador para que alimente energéticamente al escudo. Esos generadores, dependiendo de la magnitud y la extensión del campo que producen, puede ubicarse en un planeta, una luna, una estación espacial, un edificio, un vehículo, un droide, una persona o lo que se les ocurra. A lo largo de la trilogía original los escudos tuvieron varias apariciones: Mientras el Halcón Milenario demuestra la capacidad de sus escudos deflectores en Una Nueva Esperanza, en El Imperio Contraataca los villanos logran su victoria en Hoth gracias a que sus AT-ATs logran destruir los generadores de escudos de la base rebelde, y en El Retorno del Jedi la gran victoria de la Alianza Rebelde se debe a que un grupo liderado por Han Solo logra destruir el generador del escudo que protegía a la Segunda Estrella de la Muerte.

    En la literatura también aparece gran cantidad de generadores de escudo como componente esencial de la historia. Una de ellas es el relato de los esfuerzos (infructuosos, por cierto) en la defensa de los generadores de escudo de la base de Hoth en Battlefront – Compañía Crepúsculo de Alexander Freed. También tenemos el generador de escudo de la República que toma Thrawn en la fábrica de droides de Mokivj, según se nos relata en Thrawn: Alianzas de Timothy Zahn; un escudo que luego será usado en la Batalla de Primea en Thrawn Ascendecia: El Caos Crece.

    Este tipo de escudos de uso protector y/o defensivo no debe concebirse como una espécie de “muro invisible”, que toma relevancia por su espesor o su densidad, sino que en realidad se trata de una capa de unas pocas moléculas de espesor, según nos cuenta el propio Lando en Lando Calrissian and the Flamewind of Oseon de L. Neil Smith. Esto tiene sentido, es particular cuando lo que se desea proteger es una nave pequeña o una persona, visto que no debería agregarle mucho peso al vehículo. A pesar de ello, en algunas situaciones se ha tomado la polémica decisión de no proveer de escudos deflectores a las naves; es el caso de los cazas TIE del Imperio, sobre los cuales se nos menciona tanto en leyendas (Sombras de Imperio de Steve Perry) o en el canon actual (Battlefront II – Escuadrón Inferno de Christie Golden).

    Otra de las grandes apariciones son los escudos que conforman una cúpula que protege una gran extensión en la superficie; puede tratarse de una ciudad, o un puesto de combate, como el escudo que podemos ver en la película The Clone Wars, que protege al ejército droide de los Separatistas en Christophsis y que debrán sortear y vencer Anakin y su nueva Padawan, una tal Ahsoka. Otro caso es la cúpula espacial invisible bajo la que reúnen cientos de Nihil, y que los protege del vacío espacial, según nos relata Luz de los Jedi de Charles Soule.

    Incluso algunos escudos llegan a ser energéticamente muy resistentes, como el que protege la estación espacial abandonada con la que se topan los protagonistas de En la Oscuridad de Claudia Gray durante la época de la Alta República, que posee un escudo capaz de resistir las inclemencias de la inestable estrella del sistema estelar en el que se encuentra.

    La fuerza que es capaz de resistir un escudo depende de varios factores: la distancia entre el proyector y el escudo, la eficiencia que posee, la potencia que necesita para funcionar (dada por el generador), y la extensión de la superficie que cubre. Suele ser necesario calibrarlo mediante la exposición a ondas sónicas, calor y emisiones electrónicas y de ese modo ajustarlo mediante un paquete de sofware, según se dice en Kinght Errant de John Jackson Miller. Esto significa que, dependiendo del tipo, magnitud, potencia y extensión del escudo, podría resultar vulnerado; por ejemplo, la mayoría de las naves de porte mediano o pequeño poseen escudos deflectores capaces de resistir gran cantidad de energía, pero si se logra concentrarla en un punto específico el escudo cederá, como menciona el propio Luke en primera persona en Heredero de los Jedi de Kevin Hearne. Más aún, en caso de ataques con armas tan potentes como las de la Estrella de la Muerte, los escudos (o cualquier otro tipo de defensa) resultan prácticamente inútiles según la novelización de Rogue One de Alexander Freed.

    Al igual que en las películas, los campos de fuerza actuales podemos diferenciarlos entre dos conceptos: aquellos que bloquean el paso de materia y dejan pasar la energía, y los que bloquean la energía, pero permiten pasar los objetos.

    En la novela infantil Aventuras en el Espacio Salvaje: El Frío de Cavan Scott, la nave Ave Susurro se encuentra sumergida bajo el agua y es gracias a que el escudo no deja pasar el agua que nuestros héroes logran salvarse. También Han y Lando tripulando el Chevalier, chocan contra un escudo que describen como una superficie invisible que se elevaba por el cielo en Ultima Oportunidad de Daniel José Older.

    Por el lado de los escudos que evitan el paso de la energía, tenemos aquel que tiene Mas Amedda en la sede del trono en Consecuencias: Deuda de Vida de Chuck Wendig, que menciona claramente que ese escudo solo bloquea los disparos de energía. No va a bloquear un objeto físico como su cuerpo”. El primer libro de la misma trilogía, Consecuencias, el mismo autor menciona que no se lograban obtener ningún tipo de lecturas de un yate (calor emitido, velocidad y trayectoria, escaneo de firmas biológicas) debido a los escudos del vehículo. Otro ejemplo lo vemos en La Amenaza Fantasma, donde los escudos Gungan repelen los disparos láser, pero no evitan el paso de los droides de combate de la Federación durante la Batalla de Naboo.

    También existen en la Galaxia escudos que no permiten el paso ni de la materia, ni de algunas formas de energía. El escudo que envuelve Scariff en Rogue One, por ejemplo, no permite ser atravesado por vehículos, pero tampoco deja salir las comunicaciones desde la superficie del planeta.

    Todas las características y particularidades hacen que los escudos no tengan solamente una función protectora, sino que en muchas ocasiones se les ha dado un uso táctico/estratégico para obtener ventaja en combate.

    Y si hablamos de estrategia, quien primero que nos viene a la mente es Thrawn. El Chiss no solo los utilizó preventivamente como hace en Decisiones de Timothy Zahn, en donde envía a quemar cien kilómetros de bosque alrededor del perímetro del generador y colocar una pequeña fuerza mecanizada de AT-AT y vehículos de asalto pesados bajo el escudo-paraguas. Incluso usó su ingenio en La Última Orden (del mismo autor) para engañar a toda la galaxia para hacerles creer que lograba atravesar los escudos planetarios mediante una estratagema ingeniosa (haciendo coincidir el momento en que un laser incide el escudo, con el disparo de un artefacto en el interior que lanzaba el rayo desde el punto interior de la cúpula, simulando de esta forma que el haz del rayo continuaba y atravesaba el escudo.

    Otro de los grandes estrategas de la saga, Han Solo, se aprovechó de la energía residual de la descarga de los escudos de una torre generadora, para lograr una sobrecarga y hacer volar toda la torre, en Han Solo: Mas Allá de las Estrellas de Brian Daley; también nuestro bandido/genreal preferido logró atravesar los escudos de la Base Starkiller en El Despertar de la Fuerza aprovechando la hipervelocidad para lograr evitar el barrido de frecuencia de los mismos. Por otra parte, a los escudos pequeños se les ha dado otro uso ingenioso: en lugar de usarlo para proteger a quien esté en el interior, también puede servir para evitar que los que estén dentro no puedan salir, lográndose así una celda de energía. Es lo que hacen las tropas de Grievous con Obi-Wan Kenobi, Anakin Skywalker y el Canciller Supremo Palpatine dentro de la nave separatista en La Venganza de los Sith.

    Por otro lado, también existen los escudos portátiles personales, que utilizan generadores mucho más compactos que proyectan un escudo de poca extensión, capaz de proteger a uno o pocos individuos. Los casos más representativos en el cine son los que tienen los droidekas o los que utiliza el ejército Gungan en Episodio 1; Pero también aparecen en algunas novelas como El Más Buscado de Rae Carson (en el canon actual) o Fate of the Jedi: Ascension de Christie Golden (Leyendas).

    En nuestro planeta en la actualidad, dentro del campo de desarrollo de tecnología militar se están haciendo los primeros avances en ambos tipos de escudos protectores. El Laboratorio de Ciencia y Tecnología para la Defensa del Reino Unido está desarrollado un concepto llamado “armadura eléctrica”, un sistema que utiliza supercapacitores que acumulan carga eléctrica en tal cantidad que cuando se acerca un vehículo o un misil sean capaces de rodearlo externamente con electricidad y repeler ese objeto cargado

    Por otro lado, la idea para repeler la energía es producir un campo de plasma. El plasma es un estado de la materia, que podría describirse como un gas en el cual existen cargas eléctricas presentes (es el estado más habitual en las estrellas).

    La idea de este tipo de defensa es generar una capa de plasma, cuya carga puede manipularse mediante imanes, y así repeler cierto tipo de radiación electromagnética. El mayor problema radica en la incapacidad para repeler los láser, pues al tratarse de luz visible, cualquier tecnología capaz de bloquearla, hará lo mismo con cualquier tipo de haz de luz visible, por lo que, si bien el campo podría repeler un láser, nos dejaría completamente a ciegas. En la novela de leyendas Riptide de Paul S. Kemp se menciona que al activarse el escudo “se extendían líneas de plasma rojo” alrededor de la nave, lo que sería un indicio de que vamos por buen camino.

    El concepto es una adaptación del efecto que ocurre en una de las capas superiores de la atmósfera (la termósfera o ionósfera) en donde la radiación solar produce iones, es decir, partículas cargadas eléctricamente, y éstos son capaces de bloquear las ondas de radio de baja frecuencia. Incluso este tipo de fenómeno atmosférico tuvo incidencia en la saga, pues en la novelización de El Ascenso de Skywalker de Rae Carson, donde se menciona que un Destructor Estelar no podía activar sus escudos mientras se encontrase dentro de la atmósfera eléctricamente cargada del planeta Exegol.

    Para finalizar tenemos también casos en los que a los escudos se les da un uso diferente, como en el caso de la minería. En el emprendimiento de extracción que Lando nos muestra en La Prueba de Troy Denning, se aprovechan los escudos para recubrir los cráteres producidos por la captura de astrolitos, para que el mineral no se desplace del interior y así no perder parte del producto.

    También a lo largo de las diferentes historias de la literatura galáctica han aparecido escudos más específicos, en los que intervienen algún tipo de fuerzas en particular, u otros que tienen la finalidad de proteger de ciertas formas de energía específica.

    En Thrawn Ascendencia: El Caos Crece, se menciona que en las Regiones Desconocidas se utiliza otro tipo de escudos similares, las “barreras electrostáticas”, que cumplen la misma función, pero resultan más débiles. Por otra parte, en Blanco Móvil – Aventura de la Princesa Leia de Cecil Castellucci y Jason Fry se utiliza un “escudo magnético”. En la mencionada Luz de los Jedi se nos cuenta que el crucero Nihil de Lourna Dee estaba equipado con deflectores de calor (Resulta curioso cómo le gustaban los escudos a los Nihil), algo que también vimos en Mustafar en La Venganza de los Sith. Y por el lado de las leyendas, en la antología Tales of the Mos Eisley Cantina editada por Kevin J. Anderson, uno de los relatos, «Nightlily: The Lovers’ Tale» de Barbara Hambly menciona el uso de deflectores solares para paliar el calor de Tatooine. También dentro del material de rol se menciona el uso de un escudo contra las tormentas de radiación ionizante en la ciudad flotante de Ipsus, en el planeta Genarus, cuya característica es que contiene cromo dentro de su composición para lograr una mayor protección.

    En fin, hay muchas historias y muchas variantes y usos para los escudos. Lo importante es estar siempre protegidos, ya sea por la lectura o por el conocimiento.

  • Ciencia de una galaxia muy Lejana: La Estrella de la Muerte

    Por Diego Manuel Ruiz

    No hay una buena aventura, sin un buen vilano. Y no hay un buen villano sin un artilugio que ponga a muchos en peligro. Y en nuestra saga espacial preferida no podía faltar, no uno, sino muchos y variados. Pero comencemos por el primero, el arma más secreta y famosa del Imperio. Como seguramente sabrán o supondrán, hay mucha ciencia detrás de una estación de combate conocida como la Estrella de la Muerte.

    Se trata de una Estación de Combate Orbital grande… muy grande… enorme, de forma esférica, cuya principal finalidad es infundir miedo a la población. Ya sea por los impresionante de sus dimensiones, por la incontable cantidad de tropas, oficiales y vehículos que es capaz de transportar, o por la superarma que contiene, capaz de destruir un planeta en su totalidad.

    El material principal con el que está construida es el duracero y el quadanio, dos aleaciones más resistentes que el acero común, capaces de proteger del daño debido a movimientos bruscos (daño cinético), por lo que su uso principal es como revestimiento defensivo en diferentes locaciones de tipo militar. Está dividida en dos hemisferios, siendo el hemisferio norte destinado casi en su totalidad a una sola función: el superlaser. La zona ecuatorial contiene dos enormes motores sublumínicos, además del hiperimpulsor, que le permite desplazarse rápidamente por la galaxia.

    La historia de la estación difiere según el universo desde el que se la plantee. En Leyendas, hubo varias versiones: por un lado, está la idea original que Raith Sienar expuso a Tarkin, pero el diseño y desarrollo correspondió a un equipo de científicos con nombres como Bevel Lemelisk, Qwi Xux y Tol Sivron, y muchísimos otros especialistas reclutados (voluntariamente o por la fuerza) por el Imperio para desarrollar un prototipo en las instalaciones de Las Fauces. De todo esto dan cuenta dos de las novelas de la Trilogía de la Academia Jedi: La Búsqueda de Jedi y Campeones de la Fuerza, ambas de Kevin J. Anderson.

    En principio esa idea parecía contradecirse con lo que se muestra al final de El Ataque de los Clones y La Venganza de los Sith, pero todo fue resuelto por Michael Reaves y Steve Perry en su obra Death Star, en donde se nos aclara que los diseños originales fueron mejorados por el Separatista Poggle el Menor y que fueron desarrollados por el Imperio en otra parte, a partir del prototipo de Las Fauces. El que vemos al final del Episodio III es finalmente el que conoceremos como Estrella de la Muerte en el Episodio IV.

    En el nuevo canon, la historia está más simplificada; en este universo el diseño original, conocido como Estación de Combate Orbital EM-1, es de los geonosianos, y luego de la derrota de los Separatistas, pasó a control del Imperio (es decir, no hay un prototipo en otra parte de la galaxia). La novela Catalizador de James Luceno transcurre durante este período, en el que Orson Krennic se hace cargo de tamaña empresa.

    El aspecto principal de dicha novela es el avance en el desarrollo del superlaser por parte de Galen Erso, un experto en cristales kyber. El concepto del arma es sencillo: 8 haces láser independientes que se concentran en un mismo punto para formar un único rayo tremendamente potente. Las primeras pruebas de la misma (con un potencia mucho menor) fue sobre la ciudad de Jedha, que puede verse en Rogue One, y luego de eso Tarkin realizó una simulación para poner a prueba la lealtad de los técnicos que la operaban, previo a la destrucción de Alderaan, como se muestra en el comic Era de Rebelión – Villanos.

    Otro aspecto que llegó a genera polémica son las dimensiones de la estación espacial, porque según la fuente que se consulte se obtienen valores diferentes que oscilan entre un diámetro de 120 kilómetros (según la información del juego de rol de West End Games de los noventas), hasta una aproximación de 216 kilómetros (en base a la estimación de uno de los constructores de la maqueta para la película). En ese rango, el valor aceptado a partir de la información del material Star Wars: Vistas en Seccción de Vehículos y Naves y las dimensiones vistas en la película es de 160 kilómetros.

    Como podrán imaginar una estación del tamaño de una luna pequeña requerirá de muchísimos materiales. Tantos que al Imperio le llevó casi dos décadas para finalizarla, dejando sin recursos a un montón de mundos. Varias de esas operaciones fueron apareciendo en diversas novelas, como Thrawn de Timothy Zahn o Un Nuevo Despertar de John Jackson Miller, en general ocultando la finalidad de las cargas a partir del carácter ultrasecreto de la operación (haciéndonos un guiño a los lectores cuando se habla de “cierto proyecto ultrasecreto”).

    Otra gran necesidad para la construcción de tamaño emprendimiento fue la mano de obra. Inicialmente se realizó por parte de los geonosianos. Pero a medida que el totalitarismo imperial fue avanzando en la galaxia, también comenzó a esclavizar a muchas otras especies para trabajar en la construcción. Entre ellos, los más famosos fueron los wookies, un hecho que se ilustra tanto en novelas de leyendas como en las del canon. Un ejemplo de cada una es la invasión de Kashyyk en Darth Vader – El Señor Oscuro de James Luceno, y el rescate de los wookies esclavizados y encarcelados en Consecuencias – Deuda de Vida, de Chuck Wendig).

    Finalmente tenemos el destino final de la Estrella de la Muerte, a manos del joven piloto Luke Skywalker quien logró destruirla de un solo disparo de su Ala-X contra una exclusa de ventilación del sistema del superláser, gracias a que los rebeldes consiguieron con mucho esfuerzo los planos de la estación.  Siempre se criticó y broméo sobre la debilidad que permitió su destrucción, por tratarse de algo simple de solucionar desde su diseño. En ese sentido Rogue One (y su novelización) lo muestra como una falla introducida a propósito por Galen Erso para que su destrucción fuese posible, “una falla tan pequeña y poderosa que jamás la encontrarán”.

    En cuanto al robo de los planos tenemos diferentes versiones según en universo que analicemos. La versión canon es la que nos relata Rogue One, que vendría a ser la biblia en lo que a Estrella de la Muerte se refiere. Por el lado de Leyendas, la versión más aceptada es la de la novela Dark Forces – Soldier for the Empire de William C. Dietz en donde es Kyle Katarn quien robó los planos de un laboratorio en Danuta.

    Pero también existe otra posibilidad, que la destrucción no haya sido a causa del disparo de Luke, sino de una falla en el mecanismo del superláser que tuvo lugar precisamente en ese momento. Según el libro de relatos Historias de una galaxia muy lejana, Aliens, fue Bobbajo, uno de los alien que aparece en Jakku en el Despertar de la Fuerza, quien dice haber atascado el superlaser junto a sus criaturas mascota, al inhabilitar los circuitos de control. El relato “Todas las criaturas grandes y pequeñas” de Landry Q. Walker, da cuenta del suceso.

    Pero eso no es todo, pues si hablamos de relatos alternativos, nada mejor que el comic Infinitos – Una Nueva Esperanza (entiendo que en este caso hablar de Leyendas o canon no tiene sentido) para mostrarnos como, a consecuencia del fallido disparo de Luke contra la Estrella de la Muerte, tiene lugar toda una serie de eventos alternos en la que la estación sobrevive, el Imperio aleja la rebelión y, varios años después la estación, rebautizada “La Estrella de la Justicia” es secuestrada por Yoda, quien la estrella contra Coruscant, acabando con Palpatine y su Imperio.

    Bueno, y ahora recapitulemos y volvamos a nuestra realidad. ¿Es posible y factible una estación espacial de las dimensiones de la Estrella de la Muerte?  Hay tres aspectos para analizar: En primer lugar, los materiales; según las estimaciones se necesitaría casi un millón de años para juntar la cantidad de acero suficiente. Si otras civilizaciones nos ayudaran, y ponen sus recursos a disposición, el tiempo se reduciría a miles de años. En ese sentido punto para el Imperio: lo logró en menos de 20 años con gran parte de toda una galaxia a su disposición.

    Otro aspecto es el transporte de todo ese material hacia el punto del espacio donde se construiría. Brian Muirhead, el Ingeniero jefe del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA sugiere que sería mucho más económico usar como base para la construcción un planeta o un asteroide.

    El tercer aspecto es el económico. En nuestro planeta, la construcción de la Estación Espacial Internacional (ISS), el segundo proyecto más costoso de la historia de la humanidad, insumió 150 billones de dólares, tiene un poco más de 20 años y la máxima tripulación que tuvo es 11 personas. La estimación solamente para el transporte del material de una estrella de la muerte al espacio se estima que insumiría alrededor de 20 trillones de dólares. Según el libro de referencia Star Wars: Absolutamente Todo Lo Que Necesitas Saber de Adam Bray, Kerrie Dougherty, Cole Horton y Michael Kogge la construcción de la Estrella de la Muerte insumió cerca de 1 trillón de créditos galácticos.

    Otro problema que se nos presenta es la masa de la estación. Al tener el tamaño de una Luna, probablemente se vería atraída por los grandes cuerpos celestes (planetas, lunas o estrellas) a los que se acerque, debido a que la fuerza de atracción gravitatoria depende de la cantidad de materia que contienen los cuerpos que se atraen y la distancia entre ellos. 

    Para finalizar queda el “asunto” del superlaser capaz de destruir un planeta. El término láser es un acrónimo: Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation (Luz amplificada por emisión de radiación estimulada), en el cual gracias a un efecto de la mecánica cuántica se genera un haz de luz coherente (con un campo eléctrico uniforme) a partir un medio especial que será el que transmita el haz. Ese medio usualmente es un gas o un cristal, por lo que la propuesta de usar cristales kyber es acertada. En la actualidad, un láser de estado sólido de neodimio es capaz de lograr temperaturas de cientos de millones de grados (en la escala que se les ocurra), es decir las condiciones que existen en el interior de una estrella. De hecho, mediante espejos se concentran varios haces en un único punto, donde se vaporiza una sustancia que tiene isótopos del hidrógeno (como deuterio o tritio) que, al colapsar, libera grandes cantidades de energía, pero ni se acerca a las magnitudes necesarias para lograr lo mismo que la superarma imperial.

    Otro detalle imposible es que varios haces laser converjan formando uno solo. La luz viaja siempre en línea recta, y los rayos no pueden cambiar su dirección y unificarse (prueben hacerlo con una linterna o un puntero). Lo que sí es posible, como se vio en el ejemplo anterior, es que todos los haces se dirijan a un mismo punto.

    Y finalmente entra en discusión un hecho importante: un rayo láser, por más potente que sea, no va a lograr explotar un planeta desde el interior, como sucede con Alderaan; para eso sería más efectivo colocar miles de bombas termonucleares en el interior del planeta (algo que con la tecnología actual es imposible de lograr).

    El físico y divulgador Michio Kaku, en su libro Física de los Imposible en el que, entre otras, aborda la problemática de construir una Estrella de la Muerte, aporta otra opción a partir de una idea del científico Edward Teller: sería un láser de Rayos X, que utiliza un arma nuclear para liberar los rayos, los cuales se concentran en varillas de cobre, que son el medio que genera el haz del laser, el cual podría usarse para activar una bomba termonuclear. De hecho, en 1983 se hizo un ensayo en Estados Unidos, cuyos resultados dudosos fueron suficientes para que el Presidente Reagan propusiera la creación de un escudo defensivo de estos dispositivos: ¿el nombre del proyecto? “Star Wars”.

  • Reseña de The High Republic Adventures #4: ¿Caerán los Jedi en la trampa Nihil?

    Reseña de The High Republic Adventures #4: ¿Caerán los Jedi en la trampa Nihil?

    Por Mario Tormo

    En el nuevo número de la serie escrita por Daniel José Older disfrutaremos de una batalla galáctica y un nuevo choque contra los Nihil. Te contamos todos los detalles del cuarto número de la serie editada por IDW.

    • Guión: Daniel José Older
    • Dibujo: Harvey Tolibao
    • Color: Rebecca Nalty
    • Editado: 5 Mayo 2021
    • Idioma: Inglés
    • Editorial: IDW
    • Páginas: 32
    • Precio: 3.99 $

    Historia (con spoilers)

    Los Nihil despliegan un primer cebo para conseguir que los Jedi salgan de su puesto en Ord Mantel.

    Mientras tanto en Quantxi, una luna-desguace de Ord Mantell, Marchion Ro pone a prueba a Krix encargándole asesinar a una de las Junk Mavens que han aparecido, que aunque declara no querer participar en el conflicto, cuando se ve en peligro huye hasta la torre de comunicaciones para dar la alarma.

    Los Jedi mas experimentados se encargan de la pequeña flota de Nihil que han encontrado mientras que a los padawans los dejan en tierra. Pero Zeen ha tomado una decisión, seguramente tras escuchar el mensaje de su amigo Krix, quien le ofrece hacer las paces y que los dos se olviden de todo este lío, y se ha ido por su cuenta. Cuando el resto de sus nuevos amigos se enteran de lo que ha hecho la mikkian deciden salir en su búsqueda.

    En el espacio, los maestros Jedi, tras acabar con los Nihil, captan una señal de ayuda desde la Luna-desguace, y deciden responderla. Aunque no sabemos si ya será demasiado tarde, parece que todos los protagonistas se encaminan hacia Quantxi…

    Opinión

    En el apartado argumental este número parece que avanza poco, y por el momento, he tenido la sensación de que la trama no quedaba clara. Me explico. En el número anterior ya sabíamos que los Nihil iban a tenderle una trampa a los Jedi usando como cebo a Krix. Pero en este número vemos al amigo de Zeen enviarle un mensaje que parecería de reconciliación, en un momento en el que se siente perdido. Pero, ¿es este el plan original? ¿La prueba que le pone Marchion Ro de manera aparentemente casual estaba premeditada? Tendremos que esperar al siguiente número para verlo.

    Con respeto al trabajo de dibujo, en este número llaman la atención varias viñetas muy divertidas y espectaculares, como pueden ser la de todos los padawans apiñados en un Vector o la pequeña batalla entre los Jedi y los Nihil. El trabajo de Tolibao sigue siendo espectacular por la cantidad de detalle que aporta en cada rincón. Si queremos destacar un aspecto a mejorar sería la continuidad de los rostros, es decir, muchas veces hay mucha diferencia entre las caras de un personaje de una viñeta a otra, parece que la referencia no es común. Pero es un detalle menor.

    Esta vez no hemos encontrado páginas sin los bocadillos o en blanco y negro, para poder apreciar mejor el trabajo de los artistas, pero se puede ver algo en un pequeño vídeo que publicó Daniel en su twitter.

    Destacar de todas maneras el trabajo de Rebecca con el color ya que establece dos gamas cromáticas muy predominantes para que sepamos cuando estamos en los dominios del lado luminoso (predominio de todos azules) y en los del lado oscuro (predominio de los tonos rojizos).

    Curiosidades

    Como apuntaba el propio Older en su twitter, Chuck Wending, en su trilogía de Consecuencias, fue el primero que habló de Quantxi, la Luna-Desguace de Ord Mantell. El extracto que podéis ver en la imagen es de la novela Deuda de Vida.

    En el Archivo de Datos Galáctico de este mes podemos echarle un vistazo más de cerca a los sables de los protagonistas. Una preciosa ilustración que nos ayuda a entender mejor el funcionamiento de estas armas y a identificar el sable con cada uno de sus dueños.

    Conclusión

    Parece que tendremos un nuevo cara a cara con Marchion Ro en Quantxi, ¿qué sucederá entre Krix y Zeen? Parece que esta vez, suceda lo que suceda, tendrá que ser definitivo.

    Reseñas y avances de números anteriores