Ciencia de una Galaxia muy lejana: El rayo tractor

Por Diego Manuel Ruiz

En una civilización galáctica capaz de diseñar y construir naves espaciales tan enormes como un planeta, no debe haber resultado tan complejo el desarrollo de todo tipo de artefactos capaces de generar distintos tipos de campos de fuerza. Y entre las cuatro fuerzas existentes en el Universo, la primera y más fácil de percibir es la gravitatoria.

Se trata de una fuerza de atracción que ocurre entre cualquier conjunto de cuerpos por el simple hecho de poseer masa, es decir la cantidad de materia. Y cuanta más materia tenga un cuerpo, mayor atracción gravitatoria tendrá hacia los demás cuerpos.

Los manuales técnicos y las enciclopedias de Star Wars nos cuentan que un rayo tractor es “un campo de fuerza que proyecta fuerzas gravitatorias para empujar o atraer objetos”, aunque en casi todos los casos en los que se nos muestra su uso fue para atraer; a fin de cuentas, el término “tractor” significa precisamente eso.

La primera vez que nos topamos con este artilugio es en el Episodio 4, en la propia Estrella de la Muerte, usada para atraer, capturar y retener al Halcón Milenario y su preciada tripulación. Se trata del uso más general, para atraer, aparcar y deslizar naves en puertos o en naves de gran porte. De ahí su uso en Destructores Estelares y vehículos de mayor porte en diversas historias de la saga.

Esto nos lleva a lo más interesante de la saga: las ocasiones y las estrategias con las que se ha logrado vencer a un rayo tractor.

La táctica más simple y sencilla de comprender consiste en desconectar el generador. Obviamente, la sencillez no se comparte al momento de ejecutarlo, pues es probable que se encuentre rodeado de mucha seguridad. Si lo sabrá Obi-Wan Kenobi, quien se aventuró a desconectar el rayo tractor dentro de la mismísima Estrella de la Muerte, sabiendo que la misma poseía 768 generadores. La inteligencia y el conocimiento técnico del Jedi lo llevó a deshabilitar uno de los siete módulos de enlace del rayo, sabiendo (probablemente gracias a la información provista por R2) que, al fallar un enlace, todos los demás dejarían de funcionar (En mi opinión: otra falla grosera de los ingenieros que diseñaron la estación de combate).

La característica principal de la fuerza de atracción gravitatoria es que disminuye al alejarse de una manera drástica con la distancia (matemáticamente lo hace a razón del cuadrado de ésta); eso significa que es más efectiva cuanto más cerca estén los cuerpos entre sí. Es por eso que la efectividad de un rayo tractor para capturar una nave más pequeña en movimiento no solo depende de la potencia del mismo, sino también de la habilidad del operador o de la computadora que maneja el rayo.

En Specter from the Past de Timothy Zahn se menciona que el éxito frente a un vehículo pequeño depende precisamente de la habilidad del operador del haz del rayo. Además, la importancia del tamaño (en realidad la masa) del vehículo que se atrae se menciona en la novela Ajuste de Cuentas: Centralia, de Roger McBride-Allen, en donde Mara Jade comenta a Leia que no pueden escapar del rayo tractor porque la nave que las atrae era casi tan grande como la de ellas y acabarían arrastrándose mutuamente; en ese caso, no dependería tanto de la pericia de quien comande el rayo.

Todo esto significa que, en caso de tenerse una nave más pequeña que la que lanza el rayo tractor, se tienen más chances de escapar. Y al respecto hay varios ejemplos, la mayoría de los cuales recurren a una técnica conocida como “El velo”. Si bien esta táctica fue bautizada por Timothy Zahn en su novela Lealtad, en realidad se trata de una técnica usada varias veces en otras historias del autor, incluso anteriores.

Básicamente consiste en interponer objetos, en lo posible partículas metálicas pequeñas y reflectantes, que hagan divergir el rayo hacia sí, evitando que la nave-objetivo quede atrapada por el mismo y resulte capturada. Dos de las obras más clásicas de la literatura galáctica (ambas de Zahn) la muestran en acción: La técnica fue usada por Luke Skywalker en Heredero del Imperio con la ayuda de un torpedo de protones, o haciendo estallar en una nube de fragmentos metálicos el frente de un carguero en cuyo interior se ocultaba con su X-Wing en La Ultima Orden. La misma técnica del torpedo también la usó Lando para escapar en el Lady Luck en la mencionada Specter from the Past.

Otro gran experto en huir de rayos tractores es Han Solo. En el caso de nuestro contrabandista favorito, ha tenido éxito con técnicas más asociadas a su capacidad de pilotear que al uso del velo. Han Solo: Venganza, de Brian Daley nos cuenta que el Halcón Milenario logró escapar por poco de un rayo tractor gracias a que Han utilizó toda la potencia de la nave.  En La Trampa del Paraíso de A.C. Crispin, Solo logra escapar gracias a que una nave mayor se interpone en el trayecto del rayo. Podríamos suponer que, en ambos casos, nuestro héroe tuvo mayores reflejos que el operador del rayo.

Sin embargo, su mayor proeza para librarse de estos haces de arrastre probablemente sea la que se relata en la novela juvenil del nuevo canon La Huida del Contrabandista de Greg Rucka; allí se vale de las leyes de Newton, lanzándose en picada hacia la superficie del planeta Cyrkon mientras está siendo capturado por un rayo tractor de Imperio: la aceleración del vehículo, sumada a la atracción gravitatoria del planeta logran en su conjunto una fuerza superior a la que realiza el rayo tractor; el resultado: Han sigue libre. También es justo agregar que oportunamente el Halcón también fue equipado con su propio rayo tractor; tal es así que, en otra vela juvenil (en este caso de leyendas) como Herederos de la Fuerza de Kevin J. Anderson y Rebecca Moesta, es capaz de capturar un TIE Fighter.

Inclusive en Vision of the Future (¡nuevamente Zahn y su fanatismo por la atracción vehicular!) se aprovecha estos rayos para lograr la maniobra de frenar al Halcón por parte de un crucero que desea ayudar a detenerlo. Y más aún, en Decisiones Pellaeon propone usarlo para resquebrajar el casco de una nave asaltante.

Pero no todo es transportar, capturar, frenar o romper naves espaciales, ni tampoco todo es Timothy Zahn. También se han visto otros usos dentro de la saga literaria. En minería espacial, por ejemplo, se ha usado esta tecnología para desviar y capturar asteroides para su explotación. Podemos leerlo en Laberinto del Mal de James Luceno, donde antes de las Guerras Clon el Gremio de Comercio de Escarte capturaba pequeños asteroides y los atraía directamente hasta las instalaciones, en lugar de tener que utilizar remolcadores o realizar el trabajo in situ. También en La Prueba de Troy Denning, Lando los aprovecha en una de sus tantas operaciones extractivas, capturando meteoros cuando entran en la atmósfera, ralentizándolos con rayos repulsores y guiándolos con rayos tractores.

La misma tecnología también tiene otros usos más específicos, como su aplicación dentro del complejo sistema de eliminación de la basura diaria de Coruscant que se describe el El Planeta Misterioso de Greg Bear, o el uso de rayos tractores en miniatura en la forma de grilletes de fuerza por parte de Lando (por lo visto otro fanático de los tractores) en Lando Calrissian and the Flamewind of Oseon de L. Neil Smith. También puede usarse para algo tan sencillo como transportar una unidad R2 como se muestra en Yoda: Encuentro Oscuro de Sean Stewart.

Luego de leer todo esto, es lógico que nos lleve a una pregunta: ¿es posible crear un rayo de este tipo? Ya sabemos que un objeto va atraer gravitatoriamente a otro por el simple hecho de tener masa y estar a una distancia lo suficientemente cercana. Pero no existen rayos capaces de potenciar esa gravedad, ni mucho menos de dirigirla. Un caso extremo sería crear un agujero negro, un objeto tan masivo que, si se encuentra lo suficientemente cerca, ni siquiera la luz puede escapar a su influencia (y muchos menos el Halcón Milenario o cualquier nave, por mucho que la amemos). Esa distancia límite es el llamado horizonte de eventos.

Pero sí pueden aprovecharse campos de otro tipo de fuerzas; la primera que viene a nuestras mentes probablemente sea el magnetismo. Pero tampoco existen imanes lo suficientemente potentes como para retener una nave que contengan metales magnetizables (como el hierro).

Sin embargo, la solución vino por otro lado: el sonido. Científicos de las Universidades británicas de Bristol y Sussex desarrollaron el primer rayo tractor sónico utilizando 64 parlantes en miniatura que generan ondas de sonido de intensidad elevada. Dichas ondas crean algo así como un “holograma acústico” que hace las veces de un campo de fuerza capaz de manipular objetos pequeños en el aire. No será el Halcón Milenario, pero algo es algo.

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