Etiqueta: star wars insider

  • Portadas y contenido de la revista Star Wars Insider #203

    Portadas y contenido de la revista Star Wars Insider #203

    Por Gorka Salgado

    El próximo número de la mítica revista Star Wars Insider sale a la venta el 22 de junio en USA (8 de julio en UK) y llega con un montón de artículos interesantes, novedades literarias, merchandising, un nuevo relato de The High Republic y mucho más.

    Tendremos la primera parte de un nuevo relato The High Republic escrito por Justina Ireland, donde veremos la repercusión del último ataque de los Drengir al Faro Starlight y la preparación de la conferencia anual de la Alianza Agrícola Galáctica.

    Tendremos un nuevo artículo sobre los secretos de The Mandalorian, entrevista al gran Roberts Watts, productor de Star Wars e Indiana Jones, y su trabajo buscando entornos para las mismas, los líderes de la Alianza Rebelde, entrevista a Paul Brooke, actor que dio vida a Malakili, guardián del Rancor de Jabba de Hutt en el Retorno del Jedi, una guía de los lugares de rodaje en California de la luna forestal de Endor, Tatooine e incluso la Estrella de la Muerte, entrevista a Neal Scanlan, supervisor de criaturas y efectos especiales de maquillaje…. Y mucho más.

    Enlace al artículo de Fantha Tracks

  • Novedades Star Wars del Catálogo Previews de Junio 2021

    Novedades Star Wars del Catálogo Previews de Junio 2021

    Por Gorka Salgado

    Os traigo y comento las novedades del Catálogo Previews en cómics, libros y revistas de Star Wars para pedir en Junio 2021.

  • Noticias STAR WARS de la semana…

    Noticias STAR WARS de la semana…

    Por Gorka Salgado

    Nuevo vídeo recopilatorio con las noticias más importantes de la semana en la saga galáctica. Películas, series, literatura, figuras y mucho más en una semana cargadita de sorpresas…

  • Extracto de la entrevista a Neal Scanlan

    Extracto de la entrevista a Neal Scanlan

    Traducción por Mariana Paola Gutiérrez Escatena

    El supervisor de criaturas y efectos especiales de maquillaje Neal Scanlan dirigió el taller de criaturas de las cinco películas de Star Wars estrenadas desde 2015. En este extracto exclusivo de su entrevista con Mark Newbold para la Star Wars Insider #203, disponible esta semana, Scanlan revela cómo comenzó su saga de Star Wars.

    Star Wars Insider: Usted casi se había retirado del cine cuando Lucasfilm llamó a su puerta.


    Neal Scanlan: J.J. Abrams y Kathleen Kennedy habían decidido rodar Star Wars: El Despertar de la Fuerza (2015) en el Reino Unido, así que fue un caso de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Tommy Harper, que había trabajado con J.J. en Star Trek (2009), me llamó para preguntarme si estaba interesado en reunirme en Londres para hablar de un proyecto. No me dijo de qué se trataba, pero tuvimos una reunión estupenda y unas semanas después me llamaron para preguntarme si me reuniría con J.J. Una vez que tuvimos esa reunión, supe que nos habían adjudicado la película. Y no sólo fue un relanzamiento de la franquicia de Star Wars sino también de mi carrera.

    ¿Cuál fue la primera tarea que usted y su equipo emprendieron para la película?

    Durante la preproducción de El Despertar de la Fuerza Tommy Harper me pidió que aportara algunas ideas. Reunimos un equipo y el happabore fue una de las primeras cosas en las que empezamos a trabajar. Mi pensamiento fue: «¿Cómo podríamos demostrar mejor a J.J. y Kathy lo que era posible con los animatrónicos sin entrar en lo que la gente tradicionalmente pensaba que eran?» Decidí que debíamos construir lo más grande que pudiéramos hacer y darle vida poniendo a personas dentro. De ese modo no había mecánicos, sólo intérpretes, así que cuando J.J. entraba en el escenario y esta cosa caminaba hacia él, podía simplemente dirigirla. Me pareció una buena forma de vender la filosofía de lo que íbamos a hacer en la película.

    Está claro que la tecnología ha avanzado mucho en los años transcurridos desde El Despertar de la Fuerza.

    Babu Frik es un gran ejemplo de ello. Los pequeños motores y la electrónica, así como el software y el sistema de control aliados con la animatrónica no estaban disponibles antes. Pudimos poner un montón de servomotores dentro de su cabeza, pero seguir haciéndola más pequeña que tu puño.

    Volviendo a El Despertar de la Fuerza, Maz fue el personaje que más nos exprimió creativamente. No podíamos encontrar su diseño, y el momento «eureka» no llegó hasta que casi habíamos terminado el rodaje. Siempre tuvimos el deseo de hacer a Maz como una marioneta, y finalmente pudimos lograrlo para El Ascenso de Skywalker (2019). Maz aparecía en varias escenas con Leia, y J.J. quería darles autenticidad rodándolas de forma que todos los que aparecían en esas secuencias fueran reales. Fue, con diferencia, la marioneta más complicada en la que he participado.

    Star Wars Insider #203 edición kiosco
    Star Wars Insider #203 Edición suscriptores
    Star Wars Insider #203 Edición exclusiva para tiendas de cómics
    Star Wars Insider #203 Edición exclusiva para tiendas de cómics

    Fuente: StarWars.com

  • Unboxing Novedades Star Wars #157: Insiders, cómics, The High Republic y mucho más

    Unboxing Novedades Star Wars #157: Insiders, cómics, The High Republic y mucho más

    Por Gorka Salgado

    Nuevo video Unboxing con últimas novedades, pedidos al Catálogo Previews, compras en el kiosko y mucho más. Evidentemente todo Star Wars, que por eso éste canal se llama la Biblioteca Jedi y no la mazmorra de los helados.

  • Traducción exclusiva del nuevo relato de la serie The High Republic: Starlight – «Peligro Oculto» (Parte 1)

    Traducción exclusiva del nuevo relato de la serie The High Republic: Starlight – «Peligro Oculto» (Parte 1)

    Traducción por Mario Tormo

    Nueva historia centrada en lo que sucede en la Baliza Starlight mientras nuestros héroes se encuentran en sus respectivas misiones. En esta ocasión vemos lo que sucede tras el ataque Drengir que pudimos leer en los cómics de Marvel y En la Osucridad. Escrita por Justina Ireland, esta historia tiene como protagonistas a Velko Jahen y Ghal Tarpfen, a quienes conocimos en el anterior relato Starlight: Primera Tarea (parte uno y parte dos).

    Starlight:
    PELIGRO OCULTO
    (Parte uno)

    Anteriormente:

    El recuerdo del reciente ataque Drengir en la Baliza Starlight aún pesa demasiado en la memoria de su tripulación. Mientras tanto, la estación espacial se prepara para albergar la conferencia anual de la Alianza Agrícola Galáctica…


    Velko Jahen y Ghal Tarpfen iban corriendo por el pasillo que salía del centro de seguridad de la Baliza Starlight en dirección al ascensor más cercano, Ghal presionó el botón que los llevaría al vestíbulo principal con una brutalidad que enmascaraba su angustia interior.

    —¿Crees que llegaremos a tiempo de evitar que se hagan daño uno al otro? —Se preguntaba Velko en voz alta.

    —Sólo podemos esperar que así sea —dijo Ghal.

    En cuanto las puertas se abrieron, salieron del transporte y se toparon con una muchedumbre de diferentes seres.

    Mientras se abrían paso a través del griterío de la multitud, Velko se esforzaba por descubrir el motivo por el cual las cosas se habían torcido tanto, tan rápido…

    ***

    Un Día Antes

    Todo estaba mal.

    Velko miró la pancarta que colgaba sobre el conjunto principal de ascensores que daban servicio a las bahías de acoplamiento principales del Faro Starlight y suspiró. «¡Bienvenida sea la Alianza Agrícola!» proclamaba la tira de tela, con los caracteres en aurabesh bordados en letras verdes brillantes sobre un fondo color marfil.

    —Pensé que nos habíamos decidido por el azul —dijo Velko, frunciendo el ceño, mientras comprobaba en su datapad la solicitud del pedido para la pancarta.

    —¿Azul? No, ustedes querían verde —el creador de la pancarta, un neimoidiano que era bien conocido por sus hermosos tapices y cortinas, miraba a Velko con el ceño fruncido. El evidente disgusto era palpable—. El controlador Rodor Keen dijo verde, por las plantas. Ergo os hice una hermosa pancarta verde.

    —No todas las plantas son verdes —murmuró Velko.

    Pero la pancarta estaba muy bien hecha, era majestuosa y grandiosa sin ser excesiva ¿Qué importaba que Rodor Keen hubiera cambiado sus meticulosos planes una vez más? Está claro, él es el jefe de operaciones de la República, responsable de la Baliza Starlight, pero ¿no podría al menos dejar que ella se encargara de la decoración sin entrometerse? Ah, bueno, al menos esta vez no había sido el Jedi Estala Maru.

    —Está bien ¿Qué pasa con la mantelería y demás para la cena formal?

    —Todo en orden, mi señora, todo en orden —el neimoidiano señaló el grupo de ascensores—. Puedo irme y terminar de colgar los tapices, ¿no?

    —Sí, sí, gracias. Dijo Velko, prestando medianamente atención mientras se alejaba para ocuparse de otras tareas.

    Todavía tenía una docena de asuntos menores de los que ocuparse antes de que llegaran los delegados. Pero lo más importante era la seguridad para el evento, y eso requeriría una visita al centro administrativo.

    Durante los próximos días, la Alianza Agrícola Galáctica celebra su reunión anual en la Baliza Starlight. Después de la destrucción acaecida en el sistema Hetzal y el consiguiente trastorno para las rutas hiperespaciales, esta reunión anual será el primer gran evento que albergará Starlight, solo superado por su ceremonia de inauguración. También será el primer encuentro de la Alianza Agrícola que da la bienvenida a miembros de toda la galaxia, y no solo a los pocos que habitualmente hacían el viaje a Coruscant, donde siempre se celebraba. Con la gente de la frontera preocupada por la seguridad de toda la galaxia, especialmente con la Feria de la República cada vez más cerca, la presión por garantizar que el evento transcurriera sin problemas era enorme. ¿Quién hubiera pensado que tanta gente estaría tan comprometida para mantener felices a un grupo de científicos? Se preguntaba Velko. Aunque no para ella, en Thyrsus, la agricultura siempre había sido considerada como una ocupación llevada a cabo solo por aquellos que eran demasiado cobardes como para defenderse. De hecho, en los últimos días, a Velko se le había hecho ver que no todos los sistemas encontraban la guerra más edificante que el cultivo, y ahora estaba tan decidida como todos los demás a asegurarse de que este evento fuera un éxito. Y eso comenzaba por una seguridad inmejorable.

    Velko se dirigió a la oficina de seguridad, optando por las escaleras de mantenimiento en lugar del ascensor. Últimamente había estado relajada respecto a su forma física, y parecía una buena manera de darse también unos momentos a solas para pensar. Últimamente demasiada gente la reconocía como la persona que se encargaba de que las cosas se llevaran a cabo en la Baliza Starlight, o al menos tenía contacto directo con aquellos que podían hacerlo, y a menudo se encontraba interpelada por alguien que le preguntaba por qué no se servía un determinado plato en el comedor, o por qué las luces se atenuaban en un momento concreto, y muchas otras quejas menores por el camino. Algunos días era difícil hacer algo, especialmente cuando todos parecían olvidar que vivir juntos en la Baliza Starlight significaba tener en cuenta las necesidades de muchas especies diferentes.

    Pero estaba mejorando mucho en el manejo de las demandas y en explicar a los exasperados funcionarios y visitantes de la República por qué no podía atender ciertas solicitudes especiales.

    Después de los primeros dos tramos de escaleras, los muslos de Velko empezaron a arder, y comenzó a correr, disfrutando de la sensación de los músculos trabajando en sus piernas. Cuando pasó por la puerta del quinto piso, se detuvo al toparse con una niña humana de piel morena gruñendo por el peso de una maceta gigante de enredaderas en flor.

    No había nada en la maceta que debiese alarmar a Velko. No era raro ver a los jardineros reorganizar las plantas que estaban diseminadas por varios lugares de la estación, pero había algo en estas enredaderas que le recordaba a los drengir. Era ridículo, por supuesto, ya que la planta de la maceta no se estaba comiendo a la chica ni estaba tratando de atacar a nadie, pero todo el mundo estaba preocupado desde que hubo aquella plaga de criaturas en Starlight, no hace tanto tiempo. Y Velko no era una excepción.

    —Oye, no deberías haber vuelto aquí —jadeó Velko, sintiéndose sin aliento más de lo debido teniendo en cuenta que había sido una subida tan corta. Realmente tenía que empezar a sacar tiempo para hacer ejercicio.

    —Oh, mi mentor me dijo que se suponía que debía llevar estas plantas al comedor y que tenía que hacerlo en unos veinte minutos para asegurarme de que las flores no se marchitaran. Esta es una planta muy frágil, y la humedad ambiental en la Baliza Starlight es aproximadamente del cuarenta y cinco por ciento, que es demasiado baja, pero el jardín de arriba se mantiene a un ochenta y cinco por ciento de humedad, lo que es mucho más aceptable. Además, todos los ascensores estaban ocupados y me preocupaba no llegar a tiempo.

    Velko parpadeó mientras la chica continuaba charlando y levantó una mano para interrumpir su cháchara.

    —En realidad eso no explica cómo volviste aquí.

    —¡Oh, cortocircuité la cerradura! —dijo la chica—. Las cerraduras estándar de la República tienden a usar una equivalencia trenzada del cifrado de Gratton, y el algoritmo de Maben se establece en un pulso de cuatro tiempos. Es extraño, ¿verdad?, que tantas cerraduras gubernamentales en toda la galaxia respondan exactamente a los mismos patrones de datos. De todos modos, no tengo mucho tiempo para explicarlo, pero estaré encantada de enseñártelo más tarde si quieres.

    Velko tuvo la extraña sensación de estar cayendo desde una gran altura.

    —Lo siento pero, ¿tú quién eres? —Velko se cruzó de brazos mientras la irritación se iba apoderando de ella, y olfateó, consciente del aroma picante de las flores en la maceta que sostenía la niña. Le hizo cosquillas en las fosas nasales.

    La puerta frente a la chica se abrió deslizándose, apareciendo un droide niñera de color rosa dorado al otro lado.

    —Bueno, Avon, parece que tus cálculos fueron incorrectos porque de hecho te gané. Incluso fui a buscarte al invernadero, donde esta planta debería estar en los próximos ocho minutos. Y me debes una lata de aceite de canuda para mis juntas.

    —Avon Starros —dijo la chica con una gran sonrisa, ignorando al droide y respondiendo a Velko—. Estoy aquí con la Alianza Agrícola Galáctica para el simposio previsto. ¡Tengo que irme, pero me aseguraré de usar los ascensores a partir de ahora! —dijo la chica, levantando la maceta y corriendo tras su droide, quien mantuvo una charla constante con la chica mientras las dos se iban.

    Curioso.

    Velko salió por la puerta inmediatamente después de la pareja, pero no había rastro ni de la chica ni de su droide.

    Encogiéndose de hombros ante el extraño encuentro, Velko centró su atención una vez más en prepararse para la llegada del resto de la Alianza Agrícola.

    ***

    Un día después, tras varias rondas de discusiones (o «desacuerdos vocales», como Rodor prefiría llamarlos), todo estaba en su lugar. Cada elemento de Starlight parecía tener un poco más de brillo, y los dormitorios se habían reservado y preparado para más de cien de los botánicos, expertos agrícolas y biólogos más importantes de la galaxia. La comida para tantos invitados extra estaba encargada y preparada con especial cuidado para satisfacer los particulares gustos y aversiones de cada una de las especies. Había carnes y verduras para las formas de vida basadas en el carbono, varias sopas e infusiones vigorizantes para las formas de vida no basadas en el carbono, y suficiente vino como para una gran cantidad de tabernas. Los científicos estarían bien alimentados y descansados, y algunos de ellos posiblemente estarían algo más que ligeramente embriagados.

    Pero eso era absolutamente perfecto, porque habían aprendido mucho sobre seguridad después del incidente con el embajador Ceeril. No habría sorpresas. Se habían tenido en cuenta todos los tratados históricos y conflictos.

    La Baliza Starlight estaba preparada.

    Velko se detuvo en la bahía de atraque y esperó a que las naves comenzaran a llegar. Habían convencido a la Alianza para coordinar sus viajes de manera que el centenar de científicos llegara en cinco naves: una desde Coruscant, otra desde Chandrila y tres desde cada extremo de la galaxia, específicamente desde los planetas Onderon, Ord Mantell y Raxus. Los científicos estarían irritados y de mal humor después de sus viajes, la mayoría de la gente generalmente lo estaba, así que Velko planeaba saludarlos y asignarlos a sus dormitorios rápidamente para que pudieran relajarse antes de la gran cena esa noche.

    Nada podía salir mal.

    ***

    Horas más tarde, después de sonreír, hacer una reverencia y saludar a ciento seis científicos agrícolas, Velko caminó hasta el centro administrativo encontrándose a la jefa de seguridad de Starlight, la Jefa Ghal Tarpfen, observando los monitores que iban mostrando alternativamente diferentes imágenes de la Baliza Starlight: las bahías del hangar, el comedor, el jardín de meditación, el vestíbulo, y así sucesivamente. Las imágenes pasaban tan rápidamente que hicieron que Velko se sintiera un poco mareada.

    —Me sorprende que puedas hacer un seguimiento de todo lo que está sucediendo —bromeó Velko.

    Tarpfen, una mon calamari sin una pizca de humor, tomó un sorbo de una taza con un líquido verdoso y no dijo nada durante un largo rato.

    —¿Me estás controlando? Porque son solamente un puñado de científicos —dijo finalmente—. Lo más emocionante que han hecho es caminar por los jardines de meditación oliendo las flores. Que por cierto, todas están floreciendo, tal como querías.

    —Ah, tendré que darle las gracias a Castor por ocuparse de eso.

    Velko había pensado que estaría bien hacer florecer los jardines para la visita de los científicos, ya que todos eran biólogos y horticultores y cosas por el estilo. Las personas que amaban las plantas seguramente les encantaban las flores, y sería una tarea sencilla para el jardinero. Dado que los jardines de Starlight ya estaban en un horario artificial, no habría sido un gran problema, pero era estupendo saber que habían logrado hacerlo. Unas flores bonitas ocupaban una posición menor en la lista de prioridades cuando había cien personas a las que mantener a salvo, alimentadas y alojadas, pero era un buen detalle de todos modos.

    Un sonido como de timbre captó la atención de Velko, y frunció el ceño ante una de las pantallas de más abajo cuando comenzó a parpadear.

    —¿Qué está pasando ahí?

    Tarpfen se inclinó hacia delante y dejó a un lado su taza de té tarine.

    —Parece que un droide cámara detectó una infracción en esta área. Los droides están programados para reconocer más de tres mil tipos diferentes de infracciones agresivas.

    —¿Agresivas…? —Empezó a decir Velko, pero no tuvo la oportunidad de terminar.

    En la pantalla, un macho ithoriano se abalanzó sobre un amani, quien respondió moviendo la cola y golpeando al ithoriano.

    —¡Tarpfen!

    —Estoy en ello —dijo la mon calamari, poniéndose en pie y siguiendo a Velko que salía corriendo por la puerta.

    ***

    La pelea había comenzado en el vestíbulo principal, no lejos de los jardines, y cuando Velko y Tarpfen aparecieron por uno de los ascensores cercanos, el ithoriano y el amani estaban enzarzados en un combate en toda regla. Ninguno de los dos decía una palabra. En su lugar, se siseaban y chasqueaban el uno al otro, emitiendo unos sonidos guturales tan feroces como violentos.

    Una multitud se había congregado para ver la pelea, y atravesar el gentío se hacía lento. Tarpfen no vaciló. Sacó su bláster y disparó dos tiros dirigidos a los luchadores, derribándolos a ambos.

    —No te preocupes. Sólo los he aturdido —exclamó, en respuesta a la expresión de sorpresa de Velko.

    —Lo sé, pero ¿disparar a nuestros invitados? —Velko negó con la cabeza—. Eso nunca es una respuesta adecuada.

    Aun así, el fuego láser había dispersado a la multitud más rápidamente que los gritos y empujones, aunque Velko no estaba impresionada por la impulsiva decisión de Tarpfen de disparar contra dos seres en medio del vestíbulo.

    —¿Preferirías que los hubiera dejado machacarse el uno al otro hasta convertirse en pasta de proteína? —Preguntó la jefa Tarpfen con voz plana.

    Velko respiró hondo y suspiró, pero tan pronto como abrió la boca para indicarles a los droides de seguridad que llevaran a los dos luchadores al centro médico, una fornida siniteen de piel amarilla opaca y el ceño fruncido la interrumpió.

    —¿Qué significa esto? —preguntó la mujer, con las venas de las crestas de su gran cabeza palpitando con evidente disgusto—. ¿Cómo se atreve a ponerse a disparar indiscriminadamente contra mis colegas?

    —Estos individuos se estaban peleando —comenzó a decir Tarpfen, pero Velko se interpuso entre las dos mujeres y le hizo una pequeña reverencia a la siniteen.

    —Mis disculpas, pero la Jefa Tarpfen tiene razón. Soy la administradora Velko, ¿puedo ayudarla de alguna manera?

    —Ah, Velko, la persona que estaba buscando. Soy la profesora Sh’nar Qwasba, la actual presidenta de la Alianza Agrícola Galáctica. Me temo que acabo de llegar y no he tenido la oportunidad de ponerme en contacto con usted antes. Estaba convencida, hasta ahora, de que la acogida en Starlight estaba siendo excepcional, pero luego mi asistente me dijo que mis colegas estaban peleándose en el vestíbulo.

    —Sí, es por eso por lo que han sido, um, reducidos. Vamos a hacer que los lleven al centro médico.

    —Y luego serán detenidos hasta que comprendan que la Baliza Starlight tiene una política de tolerancia cero con las peleas —intervino Tarpfen.

    —Andar disparando a civiles quizá sea algo extremo, ¿no? —Dijo Sh’nar con aplomo y expresión de disgusto.

    Velko estaba de acuerdo, Tarpfen debería haber mostrado más moderación, pero cualquiera de los dos podría haber matado al otro si la jefa no hubiera intervenido.

    —Fue la mejor elección en ese momento —dijo la mon calamari, parpadeando.

    —¿No es para eso para lo que sirven los droides de seguridad? —Preguntó Sh’nar, cruzando los brazos.

    —Los droides no siempre son los mejores evaluando situaciones que cambian rápidamente, no sé si me entiende —dijo la jefa Tarpfen—. Fue mucho mejor para sus colegas recibir un disparo aturdidor.

    Los droides médicos, y mas personal, llegaron al lugar de los hechos para atender a los luchadores heridos. Lo que incluyó a Okana, a quien Velko saludó con la mano. La médica ovissiana verde pareció estar muy interesada en la discusión entre la jefa Tarpfen y la profesora Qwasba, pero centró su atención en los heridos cuando los subieron a las camillas.

    —Profesora, ¿quizá querría acompañarnos al centro médico? Una vez que se reconozca a los dos infractores, les tomaremos declaración y los pondremos a su disposición —aseguró Velko a Sh’nar—. Estoy segura de que sea lo que sea lo que los llevó a pelearse fue un pequeño desacuerdo, ya que dijo que son viejos amigos.

    Antes de que Velko pudiera añadir algo más, la jefa Tarpfen levantó la mano hacia el comunicador que llevaba alrededor de la sien. Sin decir una palabra y apenas asintiendo a Velko, Tarpfen salió a correr hacia el ascensor más cercano.

    —¿Y a dónde va? —preguntó la profesora Qwasba, desconcertada.

    Velko no respondió. Estaba escuchando la misma alerta del maestro Estala Maru por su auricular.

    —Todos los Jedi y personal de seguridad, diríjanse al comedor inmediatamente. Disturbios en curso. Esto es una emergencia.

    El estómago de Velko se encogió de miedo mientras corría tras Tarpfen, recordando a la chica que había estado transportando las extrañas enredaderas a aquel lugar. Plantas que le habían recordado a… ¡los Drengir!

    CONTINUARÁ…


    En el próximo número de la revista Insider veremos desatarse la violencia en la Baliza Starlight, con la Parte 2 de «Peligro Oculto», escrita por Justina Ireland. Si queréis leer los relato anteriores tenéis los enlaces a continuación:

  • Contenido del próximo Star Wars Insider Collection Vol2

    Contenido del próximo Star Wars Insider Collection Vol2

    Escrito por Mariana Paola Gutiérrez

    Poco a poco nos van llegando más datos sobre el segundo volumen de la recopilación en tapa dura de los relatos de la revista Star Wars Insider Magazine.

    Star Wars Insider, la revista oficial de la saga de La Guerra de las Galaxias, presenta una impresionante colección de relatos exclusivos, tanto de Leyendas como de la continuidad actual o Canon. Una colección de emocionantes historias cortas que te llevarán desde la Batalla de Endor hasta el desolado mundo de Jakku. Las historias presentan a personajes como Hondo Ohnaka, Lando Calrissian, Asajj Ventress y la Princesa Leia.

    Escrito por reconocidos autores de éxitos de ventas de Star Wars, como Alan Dean Foster, Mur Lafferty, Alexander Freed, David J. Williams y Mark S. Williams, este volumen también incluye el impresionante arte de varios de los intérpretes más queridos de la saga, como Brian Rood, Joe Corroney, Brian Miller, Chris Trevas y Chris Scalf.

    Gracias a Star Wars Upcoming Books & Comics tenemos la imagen con parte del contenido del mismo.

    • 148 páginas
    • Titan Magazine
    • 24.99 dólares
    • 28 de septiembre 2021
  • Descubre como surgió la idea de crear el Planeta helado Hoth para El Imperio Contraataca

    Descubre como surgió la idea de crear el Planeta helado Hoth para El Imperio Contraataca

    Traducción de Mariana Paola Gutiérrez

    Estimados amigos bibliotecarios en el extracto exclusivo de StarWars.com del especial del 40º aniversario de Star Wars: El Imperio Contraataca, veremos una rica celebración del Episodio V por parte de los creadores de la revista Star Wars Insider y conoceremos la génesis de Hoth, desde las ideas originales de George Lucas para el lugar, hasta el diseño y el rodaje en Noruega.

    Con temperaturas de hasta -60°C durante las noches y paisajes constantemente enterrados bajo el hielo y la nieve, es uno de los planetas más inhóspitos de la galaxia. Este clima casi inhabitable se debe a la gran distancia de Hoth con respecto al sol primario del sistema y también a su amplia órbita elíptica, por lo que el planeta tarda 526 días estándar en dar la vuelta al sol. Intensos vientos y tormentas de nieve azotan constantemente la superficie helada de Hoth, modelando el paisaje y amplificando el frío extremo. Incluso los droides, los speeders y los transportes tienen una vida dura aquí. Aunque el entorno hostil de Hoth podría disuadir a los visitantes y exploradores, hace que el planeta sea un muy buen lugar para esconderse, como bien sabe la Rebelión. Pero ni siquiera Hoth es lo suficientemente remoto como para eludir a los droides sonda del Imperio y mantener la Base Eco a salvo.

    EL ORIGEN
    Al igual que hizo para Una nueva esperanza, George Lucas hizo una lista de planetas en sus notas cuando empezó a imaginar la secuela. Entre ellos, nombró: el planeta Wookiee -en el que empezó a trabajar el ilustrador de producción Ralph McQuarrie desde que firmó su contrato en octubre de 1977-, pero que no aparecería en la película; un planeta gaseoso llamado Hoth -que luego se convertiría en Bespin, donde flota la Ciudad de las Nubes de Lando- y un genérico «Planeta de Hielo». Sólo en el segundo borrador del guión, en 1978, se asignó el nombre al planeta de hielo real donde los rebeldes establecerían su nuevo puesto de avanzada. Desde el Reino de Hielo de Mongo que aparece en la serie de cómics Flash Gordon de Alex Raymond (del 12 de marzo de 1939 al 7 de abril de 1940) hasta La cosa de otro mundo (1951) de Howard Hawks, varias influencias dieron forma al concepto y desarrollo de Hoth. Así es como el propio Lucas describió el planeta en 1977: «Podríamos empezar en el Planeta de Hielo, lo que sería sorprendente. Nunca hemos estado allí, una instalación subterránea en un gigantesco banco de nieve. Muy hostil, con el viento soplando y el frío».

    Paralelamente al mundo de los wookiees, cubierto de enormes árboles, McQuarrie ya estaba pintando el hielo y la nieve: basándose en las instrucciones de Lucas, ya que en ese momento no se disponía de un guión terminado, el artista estaba desarrollando el hogar de Darth Vader. Inicialmente ambientado en un entorno frío, el castillo metálico del Lord Sith fue colocado más tarde en medio de lava hirviente, pero no llegó a aparecer en la película de todos modos -su primera aparición sería en 2005 en La venganza de los Sith, aunque en realidad no se llamó castillo de Vader en la película final de la precuela. Algunos de los cuadros conceptuales se convirtieron posteriormente para ilustrar por primera vez la base rebelde en el contexto de Hoth. En los meses siguientes, la estructura metálica desapareció y la base se trasladó al interior de las cuevas de hielo, consideradas naturales del planeta. Tratando de imaginar el diseño de los interiores, Ralph McQuarrie y el director de arte de efectos visuales Joe Johnston imaginaron cómo los rebeldes tallaban el hielo para hacer sitio al hangar y al equipo: «Tuve la sensación de que se utilizaría el láser para realizar el corte en líneas largas y rectas. Eso me ayudó a dar la clave de parte de la solución».

    PROBLEMAS EN EL SET

    Fuente: StarWars.com

  • Primera Tarea, Parte 2. Traducción exclusiva del relato canon de The High Republic

    Primera Tarea, Parte 2. Traducción exclusiva del relato canon de The High Republic

    Traducción por Mario Tormo

    Os traemos la conclusión del segundo relato de La Alta República, escrito por Cavan Scott, dentro de la serie Starlight que publica regularmente la revista Star Wars Insider. Estas historias expanden los hechos que hemos podido leer en la primera ola de esta nueva era de Star Wars situada 200 años antes de los sucesos de La Amenaza Fantasma. Podéis leer la parte 1 aquí.

    Anteriormente

    Sedar a un furioso medoslean en el centro medico de la Baliza Starlight no era como Velko Jahen había pensado que sería su primer día como administradora en la estación. Y el repentino asesinato de un embajador skembo, el cual le había pedido protección, solo consiguió empeorar las cosas…

    Arte de Louie Di Martinez

    Starlight:
    PRIMERA TAREA
    (Parte 2)

    Todo el mundo estaba hablando a la vez, todos excepto Velko Jahen. Las horas transcurridas desde el intento de asesinato estaban borrosas. Velko aún podía ver el cuerpo del embajador Ceeril desplomado sobre la cama cada vez que cerraba los ojos y estaba convencida de que el olor a carne carbonizada aún flotaba en el aire, incluso aquí, en el vasto centro de operaciones de la Baliza Starlight. Había visto heridas de bláster antes, demasiadas para recordarlas todas, y olían mucho peor en los campos de batalla de Soika. ¿Por qué este ataque, orquestado no en la mugre de una trinchera excavada apresuradamente, sino en el estéril centro médico de la estación espacial más nueva y más grande de la República, la había abrumado?

    —¿Administradora?

    Velko tardó un minuto en darse cuenta de que Rodor Keen estaba hablando con ella. ¿Cuántas veces había obligado al jefe de operaciones de Starlight a repetir su rango antes de responder? La expresión de su rostro le daba la respuesta: ¡Demasiadas!

    —Lo siento, señor —balbuceó, molesta por lo nerviosa que sonaba—. Estaba repasando lo que ocurrió una última vez.

    —Una idea excelente —sonó una voz detrás de ellos. Velko y Keen se volvieron para ver caminando hacia ellos a una de las figuras más llamativas que jamás habían visto. El corazón de Velko se paró. Había estado esperando este momento desde que obtuvo su cargo, anhelando conocer a esta mujer, pero jamás se la habría imaginado así.

    La maestra Jedi Avar Kriss, Mariscal de la Baliza Starlight y Heroína de Hetzal, era tan impresionante como cabría esperar de la persona que había planeado la respuesta Jedi al Gran Desastre, salvando miles de millones de vidas en el sistema Hetzal y más allá. Todo en ella irradiaba confianza, desde su vaporosa túnica hasta los penetrantes ojos azules que ahora miraban Rodor Keen con la intensidad de un equipo de fijación de objetivo. Ni el hecho de que estuviera flanqueada por una mujer Jedi al menos tres décadas mayor que ella, y sin mencionar al imponente wookiee vestido con el ropaje de los padawans, conseguían disminuir su presencia en la habitación. Velko tenía la impresión de que Avar Kriss podría estar rodeada por todos y cada uno de los Jedi de aquí y de allí, y aun así todos las miradas seguirían centradas en ella.

    Esto no iba a ir bien.

    Junto a ellos, Estala Maru dio un paso adelante para recibir a los recién llegados por turnos.

    —Mariscal. Maestra Assek. Padawan Burryaga. Bienvenidos de nuevo a Starlight. ¿Puedo dar por hecho que su misión en el Clúster de Málaga ha sido un éxito?.

    —El acuerdo comercial entre Ayelina y Ludmere se firmó sin incidentes —confirmó Kriss—. Y pese a ello, conseguimos evitar una crisis diplomática para toparnos con otra en Starlight.

    —Las cosas se han complicado un poco en vuestra ausencia.

    –Lo cual es decir poco —intervino Keen, con un nervio de la sien palpitando sobre su ojo cibernético.

    —¿Qué ha pasado? —Preguntó Kriss, dirigiendo su atención al jefe de operaciones—. Pudimos sentir la inquietud desde que llegamos.

    —Tal vez deberíais verlo vosotros mismos —interrumpió Maru antes de dirigirse al astromecánico que nunca andaba lejos de él—. Kaysee, informa al centro médico de que la Mariscal está en camino.

    ***

    La habitación de Ceeril estaba exactamente como la había visto Velko por última vez, aunque ahora había más gente, con Kriss y sus acompañantes apiñados alrededor de la cama, ahora vacía.

    —¿Y es aquí donde encontró al embajador administradora Jahen?

    Velko asintió con la boca seca.

    —Sí, Mariscal. Estaba tendido boca arriba…

    —Había recibido un disparo en el pecho.

    —Así es.

    —¿Y qué hay de su guardaespaldas?

    —Destruido. Habían arrancado su cabeza de los hombros —dijo Ghal Tarpfen, la mon calamari jefa de seguridad de Starlight, que los había estado esperando en el pabellón. Dio un paso adelante, señalando pequeños fragmentos de metal incrustados en lo alto de la pared del fondo—. Pueden ver metralla de sus procesadores, aquí y aquí.

    De pie, junto a la puerta, Burryaga lanzó una pregunta que Maru se apresuró en responder.

    —Las imágenes de seguridad son un misterio.

    El kessuriano asintió con la cabeza a su astromecánico, que proyectó obedientemente una imagen de la escena de esa mañana. Velko frunció el ceño al verse a sí misma de pie hablando con Ceeril, y al droide guardaespaldas que todavía se tenía sobre sus anchos pies. Luego vino el alboroto exterior, con Velko saliendo por la puerta segundos antes de que la imagen se perdiera con interferencias.

    —La señal se interrumpió minutos antes del ataque.

    —El asesino cubriendo sus huellas —sugirió Nib Assek mientras el astromecánico avanzaba la imagen rápidamente hasta que volvía a ser nítida, mostrando al skembo, ahora boca abajo, sobre la cama, y el droide caído hacia atrás con un golpe.

    —Todavía no me puedo creer que nadie haya escuchado nada —se quejó Keen—. Un bláster no es nada silencioso.

    —Estábamos distraídos —admitió Velko.

    —Con el incidente del… Repetidme ¿qué era? —Preguntó Assek.

    —Un medoslean —le dijo Tarpfen—. El paciente tuvo una convulsión violenta y comenzó a atacar a los miembros del personal, incluido yo mismo. Si no hubiera sido por la administradora Jahen aquí presente, la situación podría haber sido mucho peor.

    —¿Peor? — Espetó Keen—. Un embajador ha recibido un disparo en la . ¿Tiene idea de a cuántos supervivientes estamos atendiendo desde el desastre del hiperespacio?»

    —Dieciocho mil cuatrocientos setenta y cuatro —dijo Maru, atrayendo una mirada furiosa del coordinador—. Lo siento. Era una pregunta retórica, ¿verdad?

    —Cualquiera que sea el número —continuó Keen—, se supone que Starlight es un refugio, un santuario, y sin embargo, esto sucedió justo delante de nuestras narices.

    —La verdadera pregunta es, ¿qué van a hacer al respecto?

    Los Jedi y los oficiales de la República se volvieron para mirar al embajador Ceeril al otro lado de la puerta. El skembo de rostro rocoso estaba encorvado en una silla repulsora, con un chaleco de bacta que cubría su pecho. Burryaga se hizo a un lado para dejar pasar a Kriss, mientras la mariscal saludaba al mandatario herido con una reverencia.

    —Su Excelencia, me alegro de que haya sobrevivido a esta terrible experiencia.

    —No gracias a ninguno de ustedes —espetó Ceeril, agarrándose el pecho.

    —Eso no es del todo cierto —señaló Maru, mirando a la enfermera Okana, que había conducido al embajador de vuelta al pabellón—. Si el doctor Gino’le y su personal no hubieran respondido tan rápido…

    —Los hasarianos se hubieran salido con la suya, sí, lo sé.

    —¿Los hasarianos? —Preguntó Kriss, atrayendo una furiosa mirada del dolorido embajador.

    —Esos brutos no descansarán hasta que los skembo sean expulsados del sector. Una y otra vez le hemos pedido ayuda a la República, y una y otra vez nos la han negado.

    —¿Vio a su agresor?

    —Tan claramente como la veo ahora.

    —Al contrario que las cámaras —agregó Assek.

    —Encontraron los cabellos, ¿no? —Preguntó Ceeril, tosiendo con dureza—. ¿En mi droide? —Eso era cierto. Velko los había encontrado ella misma, pelos atrapados entre las tenazas, ahora durmientes, del droide. Del mismo color que los de las melenas de los hasarianos, que se encuentran en otras partes de la enfermería—-. ¿Cuántas pruebas más necesitan?

    La tos del embajador se intensificó y su cuerpo se retorció con agonía. El doctor Gino’le se acercó con sus patas mecánicas y le ordenó a Okana que acompañara a Ceeril a la habitación que había sido preparada al otro lado de la sala. El grupo de la mariscal lo vio irse. El rostro de Rodor Keen se había oscurecido tanto como el del skembo había palidecido.

    Kriss se volvió hacia el coordinador tan pronto como Ceeril estuvo los suficientemente lejos como para no escucharlos.

    —¿Tenemos hasarianos en la estación?

    Velko habló antes de que Keen pudiera responder.

    —Un par, sí.

    Una mirada mordaz del coordinador volvió a dejarla bloqueada de nuevo.

    —¿Y qué es lo que cuentan de sí mismos?» Preguntó Kriss.

    —Ambos resultaron gravemente heridos en la emergencia de Wazta —dijo Keen—. Uno ha estado en un tanque de bacta durante tres días y el otro apenas está consciente.

    —¿Podemos estar seguros de eso? —Preguntó Tarpfen.

    —Sería la tapadera ideal —coincidió Assek.

    Kriss suspiró.

    —¿Puedo verlos?

    —Por supuesto —dijo Tarpfen, conduciendo al grupo hacia el siguiente pabellón—. Por aquí.

    Velko fue a seguirlos, pero Keen la detuvo.

    —Usted no, administradora.

    Frunció el ceño.

    —¿Señor?

    —Necesitamos un informe completo para el Senado. No te dejes nada por poner. Nada en absoluto.

    Así que eso era todo. Velko era apartada, reducida a presentar informes mientras Ghal Tarpfen lideraba la operación. Hasta aquí su brillante carrera en la primera mega-estación de la República. La pondrían en un rincón del centro de operaciones antes de que pudieras decir «Dank Farrik».

    Solamente al escuchar el murmullo de KC-78 se dio cuenta de que no todo el grupo se había ido con Tarpfen. El astromecánico todavía estaba en la sala al igual que su maestro.

    —Te envidio —le dijo Maru, con un atisbo de sonrisa.

    —¿Me envidia?

    —¿Un informe completo? ¿Con todos esos jugosos detalles? Mi paraíso particular.

    Ella arqueó una ceja.

    —Puede escribirlo si lo desea.

    Un suspiro melancólico escapó de sus delgados labios.

    —Por desgracia, la estación no funcionaría sola. Pero me lo puedo imaginar, ¿verdad Kaysee? —Miró al pequeño droide—. Cotejar pruebas de cada uno de los testigos. Incluso de la propia víctima.

    El astromecánico lanzó un pitido agudo.

    —Admito mi error. Víctimas, plural. Ese desafortunado guardaespaldas.

    —Ese destruído guardaespaldas —le recordó Velko.

    Maru la miró con esos curiosos ojos escarlata.

    —Por supuesto. Ahora, ¿a dónde se llevaron a ese pobre? —Sacó un datapad de su manga, deslizó la pantalla y el dispositivo le devolvió un bip resolutivo—. Ah, sí. A la torre de seguridad. Sala de pruebas tres .

    Velko dio un respingo allí donde estaba, captando inmediatamente la indirecta nada sutil que Maru acababa de lanzarle. Quizás había algo más en este kessuriano de lo que parecía después de todo.

    —¿Tengo acceso a la sala de pruebas tres? —Preguntó ella.

    —No —respondió el Jedi con picardía mientras se giraba y salía de la habitación—, pero Kaysee sí…

    ***

    La torre de seguridad era tan austera que contrastaba con la opulencia del resto de la estación. Las paredes eran de bronce pulido y los muebles eran vastos aunque funcionales. Los restos del droide guardaespaldas habían sido depositados en una mesa de operaciones elevada, iluminados por luces de un color azul intenso.

    —¿Listo para grabar, Kaysee? —Preguntó Velko al droide.

    El astromecánico emitió un pitido indicando que sí lo estaba.

    —De acuerdo. La unidad guardaespaldas está intacta excepto por el daño en su cabeza —examinó sus manos mecánicas—-. Las pinzas acaban de ser escaneadas y revelan restos de ADN hassariano, lo que confirma que el cabello era de un hassariano —trató de imaginarse a una de las criaturas altas que había visto en los pabellones entrando por la puerta, y al guardaespaldas corriendo para proteger a su amo. Un forcejeo y al droide arrancando un mechón de pelo. Algo no cuadraba.

    —Kaysee, ¿puedes volver a ponerme la grabación?

    El holoproyector de KC-78 zumbó y Velko se vio a sí misma una vez más desaparecer a través de la puerta, dando paso entonces a las interferencias, y después la imagen parpadeando de nuevo y mostrando al guardaespaldas cayendo al suelo.

    —¿Pero de dónde vino el disparo? —Se preguntó Velko en voz alta.

    KC lanzó una pregunta, pero lo ignoró, inclinándose para mirar el daño en la cabeza cilíndrica del guardaespaldas. Con cuidado, Velko pasó un dedo por el borde irregular donde había estado su única unidad receptora, extrayendo un fragmento de metal chamuscado.

    —¿Puedes escanear esto? —Le preguntó a su compañero, sosteniendo el fragmento frente al microanalizador de KC. La luz azul bañó el metal mientras los procesadores zumbaban y hacían clic en el interior del rechoncho chasis del droide.

    —¿Y bien?

    El droide emitió pitidos emocionado mientras pronunciaba el veredicto, y en un instante Velko supo quién había disparado al embajador.

    ***

    Podía escuchar a Ceeril quejarse en voz alta mientras se acercaba a su nueva habitación. Nib Assek y Burryaga habían permanecido en la puerta, en un intento de convencer al embajador de que se estaban tomando en serio el peligro. Assek asintió con la cabeza en señal de saludo cuando Velko entró en la habitación, con KC-78 a su lado, encontrándose al skembo reprendiendo a Ghal Tarpfen mientras Okana intentaba cambiarle los vendajes.

    —No me importa lo que estén haciendo ni a quién hayan puesto para proteger mi habitación, no me sentiré seguro hasta que la mariscal Kriss o el coordinador Keen me informen personalmente de lo que están haciendo al respecto de la vil amenaza hassariana. Exijo justicia. ¡Exijo acciones!

    —La amenaza ha pasado —dijo Velko, tan tranquilamente como pudo, ignorando la mirada de desconcierto que le dirigió la jefa de seguridad cuando entró en la habitación—. No corre ningún peligro.

    Los ojos del skembo se abrieron completamente.

    —¿Ha deportado a los hasarianos de Starlight?

    Velko negó con la cabeza.

    —No es necesario. Su ‘asesino’ ha desaparecido.

    Lo que quedaba de la cabeza del guardaespaldas resonó cuando la tiró sobre su regazo.

    —¿Qué significa esto? —Farfulló Ceeril, apartando la unidad decapitada lejos de él.

    —Me estaba preguntando lo mismo —dijo Tarpfen, señalando el trozo de metal retorcido—. Eso es un prueba.

    —Lo es —coincidió Velko—. Una cabeza destrozada a quemarropa como prueba. Vimos a su pobre guardaespaldas caer hacia atrás y acabar en el suelo en el momento en que las cámaras volvieron a estar operativas. Sin embargo, me pareció extraño que esas mismas imágenes no mostraran al asesino.

    —Deben haber disparado cerca de la puerta —tartamudeó Ceeril.

    —¿Antes de salir a correr?

    —No sabría decir. ¡Estaba demasiado ocupado aferrándome a la vida!

    —Y, sin embargo, nuestros misteriosos asesinos no dispararon cuando el droide estaba lo suficientemente cerca como para arrancarles un mechón de pelo de la cabeza. En vez de eso, esperaron hasta que estaban a punto de escaparse, disparando a un guardaespaldas cuyas armas estaban desactivadas —señaló la unidad craneal carbonizada que yacía frente al horrorizado embajador—. Extrañamente, la cabeza no ofrece pruebas de residuos de bláster, aunque sí encontramos restos de detonita dentro del chasis.

    —¿Dentro? —La pregunta de Tarpfen quedó sin respuesta cuando Ceeril sacó una lengua increíblemente larga y sorprendentemente pegajosa que arrebató de la cadera de la mon cala su blaster para cambiar de dueño.

    —¡Creo que no! —Espetó la mon calamari, agarrando la lengua cuando se retiraba y sujetándola con fuerza. El embajador se atragantó y se echó hacia atrás, pero Tarpfen lo agarró con firmeza y la pareja se enfrascó en un extraño tira y afloja.

    —¿Qué significa todo esto? —Una voz resonó mientras Rodor Keen aparecía por la puerta, mirando con incredulidad la escena, con Avar Kriss y un divertido Estala Maru tras de él.

    —El embajador intentó desarmarme —le dijo Ghal Tarpfen al controlador, dejando de agarrar su lengua, que volvió a la boca de Ceeril con un fuerte golpe y dejó caer el bláster al suelo.

    —Probablemente porque fingió su propio asesinato —dijo Velko, señalando con la cabeza a KC-78. El droide emitió varios pitidos como respuesta y proyectó un holograma de los restos del guardaespaldas esparcidos en la sala de pruebas, con una ligera diferencia.

    —¿Es un compartimento oculto? —Preguntó Keen, mirando una pequeña tapa que estaba abierta en el pecho del droide.

    —Lo es —respondió Velko—. Tuve que investigar un poco, pero cuando lo encontré, Kaysee pudo identificar ADN hassariano dentro del compartimento.

    —¿Del tipo que queda cuando escondes pruebas falsas en un compartimento privado? —Preguntó Tarpfen, mirando con el ceño fruncido al embajador, que estaba pasando el dorso de su mano fría su lengua palpitante.

    —Además de esto —dijo Velko, sacando un bote de gas bláster de su bolsillo—, que contiene el suficiente eleton para cargar un arma. Suficiente para mutilar…

    —Pero no tanto como para matar —Tarpfen parecía querer terminar el trabajo ella misma.

    —Fue temerario —admitió Velko—. Programar a tu droide para que simule el disparo y luego detonar un explosivo alojado dentro de su unidad craneal.

    —Destruyendo así cualquier rastro del engaño —concluyó Keen, cruzando los brazos con decisión.

    —Eso es un sinsentido —protestó el embajador, revolviéndose en su colchón—, eso es lo que es.

    —¿Lo es? —Ceeril palideció cuando Avar Kriss avanzó hacia el centro de la habitación y se detuvo a los pies de la cama—. ¿Sabe lo difícil que es mentir frente a una Jedi, embajador?

    —Especialmente cuando la administradora Jahen ha proporcionado multitud de pruebas —dijo Maru, tocando su siempre presente datapad—. Todo lo cual acabo de enviarlo al servicio de seguridad de la República en Coruscant.

    —¿No es ese mi trabajo? —Preguntó Ghal Tarpfen, sonando más divertida que molesta, con el arma otra vez en sus manos.

    —Eso es lo maravilloso de la Baliza Starlight —dijo Avar Kriss, volviéndose hacia Ceeril—. La República y los Jedi trabajando juntos por el bien de todos. Creo que formamos un gran equipo, ¿no es así, embajador? Quizás sería mejor si pasara el resto de su convalecencia en el centro de detención.

    —¿Quieres hacer los honores? —Preguntó Tarpfen a Velko, pero ella negó con la cabeza—. Tú eres la jefa de seguridad.

    —Y a ti se te debe un recorrido por Starlight —le dijo Rodor Keen mientras Burryaga maniobraba la camilla del skembo fuera de la habitación, bajo la atenta mirada de Tarpfen—. Dime, ¿por dónde te gustaría empezar?

    La decisión quedó fuera de su alcance cuando llegó un aviso por el sistema de comunicaciones, una voz ronca y sibilante informaba a la mariscal Jedi que habían recibido una llamada de socorro del Sistema Kazlin.

    —Tal vez deberíamos ir donde esté la acción —dijo Velko mientras Avar Kriss se dirigía al turboascensor.

    —Una excelente idea, administradora —coincidió Keen—. Creo que encajarás perfectamente».

    FIN


    El siguiente número de la revista Insider, el 203, traerá un nuevo relato de la mano de Justina Ireland. Si os habéis quedado con ganas, os recordamos que tenéis los anteriores relatos ya traducidos:

    Starlight: Vamos Juntos. Parte 1Parte 2.

    Starlight: Primera Tarea. Parte 1, Parte 2.

  • Darth Vader regresa en las páginas de Star Wars Insider The Fiction Collection

    Darth Vader regresa en las páginas de Star Wars Insider The Fiction Collection

    Traducido por Gorka Salgado

    Darth Vader no tiene paciencia. No le interesan las amenazas infundadas al gobierno imperial. Y ciertamente no siente fascinación por los ejercicios de entrenamiento.

    En un extracto del relato «Orientation» de John Jackson Miller, que forma parte de la nueva recopilación de Star Wars Insider Fiction Collection que presenta historias de Leyendas junto con historias canon, con arte de Brian Rood, encontramos al Señor Oscuro de los Sith a bordo del crucero Imperial Defiance, donde el comandante Pell Baylo está haciendo todo lo posible para impresionar a los nuevos líderes del Imperio con diversos grados de éxito. En última instancia, las atenciones de Vader recaen en un joven cadete cuya ira es palpable…

    «¡Estaciones de batalla! ¡Hostiles por la proa de estribor!

    En el pozo de mando del crucero Imperial Defiance , 20 miembros de la tripulación básica se dirigieron apresuradamente a sus terminales, listos para defenderse de los ataques. Todas las mentes estaban en sintonía con la situación, excepto la que pertenecía a la figura que se alzaba oscura y grande sobre ellos en la pasarela. Darth Vader miró con total desinterés.

    No hubo nada en esta «batalla» para atraer la atención del Señor Oscuro. No fue real. No había nadie para desafiar al Imperio. Él y su Maestro Darth Sidious, que ahora gobernaba la galaxia como el Emperador, habían llevado las Guerras Clon a una conclusión no mucho antes; y mientras los dos se dirigían a Ryloth ahora para erradicar la insurgencia, los «hostiles» de afuera eran pura ficción, parte de un ejercicio de entrenamiento.

    “Duro, mis cretinos”, gritó el comandante Baylo, pasando a Vader mientras caminaba por la pasarela. «Mientras esperaba que terminara tu picnic, ¡has perdido tus escudos delanteros!» Dio una palmada en la barandilla y se inclinó para gritar. “Tenemos un observador hoy. ¿Estás tratando de hacerme quedar mal? «

    Vader pensó que ya lo había hecho. Pasados ​​los 70 y con una nariz demasiado larga para su rostro, Pell Baylo caminaba con una cojera exagerada que hizo que el hombre regordete se balanceara hacia arriba y hacia abajo. No obstante, llamó la atención de los cadetes en los boxes a ambos lados de la pasarela, todos los cuales ahora luchaban por corregir sus errores.

    Vader pensó que su propia presencia aquí también era un error. Pero Sidious lo había llevado al puente de Defiance y lo dejó allí. Era su deber quedarse, incluso si no veía otra razón para estar allí.

    Al cruzar la vasta franja del cosmos entre Coruscant y Ryloth, Darth Sidious había ordenado una parada en el sistema Denon para poder consultar con varios jefes de la marina, visitando allí para discutir cómo podría el revoltijo de escuelas militares afiliadas que habían existido bajo la República, estar mejor integrado en la Academia Imperial. Su sustento bajo revisión, Baylo había sugerido una solución para ahorrar tiempo: la reunión podría tener lugar a bordo del Defiance, el crucero que había operado como escuela de entrenamiento de vuelo durante casi 50 años. El comandante podría mostrar a sus estudiantes en acción mientras transportaban a su Alteza Imperial en una etapa de su viaje.

    El Emperador había elogiado a Baylo por su sugerencia. Vader vio la oferta. Un esfuerzo inútil por salvar su escuela. Las Guerras Clon habían traído al Instituto de Entrenamiento de Vuelo Defiance – conocido por la mayoría como «la Escuela Baylo» – directamente bajo el paraguas de la Armada de la República, con Baylo recibiendo un rango como oficial de línea. Sin embargo, el comandante trató al instituto como su propiedad personal, ignorando los horarios y afirmando que sabía mejor cuándo los reclutas estaban listos para el servicio. Incluso ahora, con el Imperio a cargo, los líderes navales se resistían a controlar a Baylo; después de todo, había entrenado a muchos de ellos a bordo del Defiance. Vader esperaba que la resistencia se debilitara, ahora que el Emperador estaba en escena.

    Baylo era solo otro fósil, casado con prácticas arcaicas.

    Pero su Maestro había pasado medio minuto en el puente antes de partir para sus reuniones con los jefes navales que eran los superiores de Baylo, dejando a Vader atrás para observar el tonto espectáculo de pantomima de Baylo. Vader había objetado, tan enérgicamente como se atrevió: «Te serviría mejor en otro lugar, Maestro». Al emperador no le había hecho gracia. “Yo decido dónde te necesitan. Permanecerás y serás mis ojos».

    Eso fue hace horas, y Vader no había visto nada que mereciera su atención. Baylo había puesto a sus cadetes a prueba. Concluido el primer ataque simulado, desató otro.

    «Todo se trata de actitud, en más de un sentido», le estaba diciendo Baylo a alguien, en medio de una perorata. “Piense en su dirección, su orientación. ¿No sabes a dónde vas, cadete? Porque si no lo hace, su nave ciertamente no lo hará… «

    Los aprendices, humanos de poco más de veinte años, algunos en sus primeros vuelos de orientación, parecían casi felices de absorber los tópicos y los abusos. Vader sabía que Baylo tenía un estatus mítico en los círculos navales, y no solo por sus hazañas. Defiance había luchado contra piratas cuando estaba en servicio de patrulla, sí, pero la columna vertebral de Baylo había resultado herida, y ahora su batalla diaria era con un dolor casi constante. Dos veces desde que había estado a bordo, Vader había escuchado a los cadetes susurrar sobre la valentía de Baylo al trabajar a pesar de la agonía.

    Ridículo. Baylo no sabía nada del dolor.

    Una voz vino desde atrás. —La lanzadera llega de Denon, comandante. El vicealmirante Tallatz a bordo.

    Baylo se apartó de la barandilla.

    «Ese será el último de Palpatine, de los invitados del Emperador para su reunión». Comprobó la hora. «Navegador, traza nuestra ruta hiperespacial hacia…»

    «Ya lo tengo, señor», gritó una voz femenina desde el pozo.

    «Voy a ser el juez de eso.» Baylo puso un pie atrofiado delante del otro y bajó los escalones hasta el pozo de mando. Una mujer de piel morena, vestida con llamativos grises cadetes, deslizó su silla de su terminal, permitiendo que el anciano se acercara. Tenía el rastro de una sonrisa de complicidad cuando Baylo leyó el monitor.

    «Estoy impresionado, cadete», dijo. Llegarás lejos, y esta nave también. ¿O no tenías la intención de trazar un curso hacia el Espacio Salvaje?»

    La sonrisa del cadete se desvaneció. La joven miró más allá de él a sus cálculos, de repente perpleja. «Es un curso a Christophsis, señor, donde los Peligrosos se encontrarán con nosotros».

    “No has tenido en cuenta una singularidad a lo largo de nuestra ruta que remodelará nuestro pasaje hiperespacial de la manera más sorprendente. Ahora sabemos quién será nuestro próximo almirante”, agregó con un bufido. La joven se apartó humillada cuando Baylo empezó a manipular la consola. Después de un momento de esfuerzo, dio un paso atrás. «Allí. Pequeña reparación, gran diferencia». Miró alrededor y alrededor. “Los detalles importan para todos. Una marina no se basa en capitanes, sino en tripulaciones que vigilan su trabajo».

    “Sí, comandante”, fue la respuesta de los cadetes.

    Consciente de la mirada de Vader, Baylo miró al Señor Oscuro. “No aprenden de inmediato, pero aprenden. Obtengo resultados. Puedes decirle eso a tu Emperador».

    «Él es tu Emperador, también.» Eran las primeras palabras que Vader había dicho ante los aprendices, y varios se movieron en sus asientos al escuchar su poderosa voz.

    Pero si Baylo estaba conmocionado, no lo demostró. «Lo siento. Olvidé, ¿qué eres para el Emperador, de nuevo?

    «Harías bien en no saberlo nunca».

    Esa vez, Vader tuvo una reacción. Baylo se enderezó, una hazaña extenuante para él, y golpeó el respaldo de la silla de la mujer a la que había corregido. “Bueno, todavía puedo enseñarle a mi gente algunas cosas. Detalles adicionales de mensajería para ti, Sloane, una vez que hayas terminado aquí. Puedes pensar en la navegación mientras te orientas en la nave».

    «Sí, comandante.» La cadete regresó a su puesto y miró fijamente la pantalla frente a ella, tratando de entender su error.

    Baylo volvió cojeando hacia la escalera. “Tienes la configuración. Llévanos al hiperespacio tan pronto como se complete el atraque del almirante. Necesito prepararme en caso de que me necesiten». Se esforzó por subir los escalones y pasó junto a Vader. «Continúen, cadetes».

    Vader vio salir al anciano comandante y luego pensó en el intercambio. El hombre que había sido Vader se habría irritado ante tal trato. Todos sus maestros Jedi pensaban que sabían más que él. Y eran tan engreídos, siempre fingiendo que sabían algún secreto sobre el universo que él no era digno de aprender. Todo era mentira, una fachada falsa para ocultar sus debilidades. Darth Sidious, ahora el Emperador, tenía los secretos, no ellos. Había sido un placer demostrarles que estaban equivocados. Pero Sidious estaba ahora en el mismo papel de maestro, y estaba haciendo muchas de las mismas cosas: actuar como si supiera más y distribuir información solo cuando él quería. Vader había cambiado a todos los maestros del consejo Jedi por uno. Uno mejor, lo sabía: los secretos del poder que compartía Sidious eran reales. Y, sin embargo, tan diferente como era su relación maestro-aprendiz, había servido a Sidious el tiempo suficiente para tener esa sensación familiar. El Emperador tenía algo más que hacer, y le había dado a Vader un trabajo muy ajetreado.

    No se. Ese concepto chocaba fundamentalmente con algo que Vader sabía desde hacía mucho tiempo sobre sí mismo. Cada trabajo que hago es importante, porque soy yo quien lo hace.

    Con la capa arrastrándose detrás de él, Vader descendió las escaleras hacia el pozo de comando. Allí, al final, estaba sentado la cadete castigada de antes.

    “Tallatz ha desembarcado”, gritó su vecina. «Su lanzadera está despejada».

    Sloane volvió a mirar los números que tenía delante y suspiró. “Las coordenadas del comandante guardadas en la computadora de navegación. Prepárate para el salto hiperespacial en mi marca».

    «Espera».

    La voz de Vader la sobresaltó y giró la silla. Los ojos marrones se abrieron cuando ella lo miró. «¿Si mi señor?»

    «¿Que ves?»

    «N-nada».

    «Tienes miedo de contradecir a tu maestro».

    Ella se revolvió en su asiento. «Mi señor, no quiero decir que el almirante esté equivocado acerca de…»

    «No. Eso es exactamente lo que desea hacer». La mujer había ocultado sus emociones a sus compañeros, pero no podía engañar a Vader. Él había sentido su enojo por sentirse avergonzado, y había brotado desde entonces, finalmente rompiendo sus propios pensamientos preocupados. «¿Habla, cadete -?»

    «Sloane». Ella tragó saliva. «Rae Sloane, de Ganthel». Hizo un gesto hacia el panel detrás de ella. “Estudié nuestra orientación y hice las matemáticas, con la computadora y sin ella. Algo no está bien… «


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    Enlace original en StarWars.com