¡This is the way! ¡Éste es el camino! Hola Bibliotecarios, hemos vuelto más mandalorianos que nunca. El estreno de la segunda temporada de nuestra serie favorita, The Mandalorian, merece que le dediquemos un programa especial. ¿Qué nos habrá parecido? ¿Qué curiosidades habremos encontrado en el episodio? ¿Quién es el personaje que sale al final del mismo? Estas preguntas y muchas otras las abordaremos con pasión y mucho humor de la mano de un equipo de Bibliotecarios de primera: Iñigo Gascón, Pequeña Clon, Alberto Izquierdo, Lara Franco Cobo, Unai Cabezón y Gorka Salgado.
¡Muy buenas, bibliotecarios! Abandonamos por unos instantes nuestros estudios comiqueros dentro del universo Star Wars para con, entre otros lugares, La biblioteca de AlberSinLar, la sección especializada en cómics de la saga dentro de la revista Biblioteca Jedi, puesto que a nuestros oídos ha llegado la necesidad de hacer un poco de justicia, y homenaje, a la archinombrada referencia a esa misteriosa y brillante perla que, en The Marshal —o El Mariscal en la versión castellana—, el primer capítulo de la segunda temporada de la serie The Mandalorian, acaba convirtiéndose en uno de los muchos guiños a la antigua continuidad Leyendas que Jon Favreau y compañía han introducido desde el minuto uno. Y es que, por todas partes, artículos y webs han rememorado, y con mucha razón, la misión que, en el videojuego realizado por Bioware y lanzado por LucasArts al mundo en el año 2003, Caballeros de la Antigua República (KotOR para los amigos), nos tocaba realizar cuando visitábamos el planeta Tatooine en busca de unas ruinas rakata que guardaban el esquivo Mapa Estelar con la localización de la Forja Estelar. Qué tiempos aquellos.
Llega a ser el pedazo de dragón krayt de The Mandalorian el que guarda el Mapa Estelar y se acaba el videojuego ahí.
Efectivamente, la relación entre el guion del capítulo con la manera en que, personificando a un Revan devuelto al lado luminoso de la Fuerza tras un lavado de cerebro importante realizado por el Consejo Jedi, nos toca hacer salir, que nunca enfrentarnos directamente, al dragón krayt que custodia en su cueva el Mapa Estelar, no puede ser más evidente. Ocultar explosivos a la entrada/salida de la guarida, atraerlo con banthas, matarlo con las explosiones subsiguientes… En esencia, básicamente lo mismo. Llega Favreau a incluir las charlas interminables con tus compañeros y Komad Fortuna, el twi’lek cazador que te guía en todo momento, y prácticamente lo hubiera clavado. Aunque no es el objetivo de la misión, a posteriori, Revan, o sea, nosotros, como jugadores, nos habremos hecho, por ayudar en el, digamos, asesinato del pobre bicho, con la perla que el dragón tenía en su interior y que, según nuestra afiliación dentro del videojuego, podíamos venderla, quedárnosla para potenciar nuestra espada láser o entregársela a los tusken en señal de respeto a sus tradiciones y para convertirnos en iguales a sus ojos, ya que si algo valoraban los moradores de las arenas son estas perlas en los ritos de paso a la edad adulta de sus jóvenes. En The Mandalorian, de momento, Din Djarin solo nos dice que lo que estos buscan es el icor —término griego para los fluidos internos de las divinidades— del dragón, así que si la obtención de la perla tiene algo que ver con su origen en Leyendas, aún está por ver.
Qué importa el medio cuando lo importante es el objetivo, ¿verdad?
Sin entrar en detalles dentro del Universo Expandido de ambas continuidades, para lo que estamos aquí es para destacar que sí, efectivamente la referencia y relación está ahí, y eso gusta a los nostálgicos como nosotros, pero olvidarse de que Caballeros de la Antigua República bebía de proyectos antecesores dentro de la saga Star Wars, junto a elevar a día de hoy el videojuego como fuente primaria, mayestática y por antonomasia, ahí ya es pasarse un poco. El origen de todo este trasfondo es un cómic. Concretamente, un arco argumental dentro del primer volumen Star Wars que la editorial Dark Horse Comics tuvo el valor de lanzar (en memoria de la cabecera marvelita) a raíz del boom del estreno de La amenaza fantasma en 1999, solo que, ahora, ambientado en la Trilogía de Precuelas.
Star Wars: Outlander fue el segundo arco argumental que protagonizó aquella serie titulada Star Wars, lanzada en origen en diciembre de 1998 tras su debut con la historia Preludio a la Rebelión. Como veis, en tiempos de esta trilogía ya no se lanzaba la adaptación de la película antes del estreno, sino lo que orbitaba alrededor. El caso es que, formada por seis grapas que correspondían a los números #7 al #12 dentro de la numeración USA, la historia retomaba al protagonista del primer arco, el Maestro Jedi Ki-Adi-Mundi, pero ahora viajando, por mandato directo del Consejo Jedi tras convertirse en miembro, al desértico planeta Tatooine, con el fin de localizar al misterioso cabecilla de una suerte de levantamiento tusken en el planeta que no solo está poniendo en jaque la supervivencia de los colonos del Mar de las Dunas, a los diferentes núcleos urbanos a los que estos suministran víveres o al mismísimo cartel criminal de Jabba el Hutt, sino que está conducido por el Jedi exiliado Sharad Hett.
Los tres prestigios en que Planeta DeAgostini Cómics publicó el arco argumental siguiendo el modelo de formato que, no solo con Star Wars, ya había iniciado la editorial Norma Editorial durante los años 90. ¡Auténticos clásicos!
Sin entrar demasiado en materia y querer reventaros la trama, Sharad Hett es, efectivamente, quien está liderando a este pueblo de las arenas hacia una inminente contienda a gran escala con el resto de pobladores del planeta. Para sorpresa de Mundi, este Maestro, aun considerándose un Jedi, ha abrazado la forma de vida y cultura del pueblo tusken, hasta el punto de estar criando a su hijo, A’Sharad Hett (quien tendrá, posteriormente, un gran recorrido en el universo comiquero), en ambas tradiciones, incluyendo el mencionado rito de iniciación de los jóvenes en el que la muerte ritual de un dragón krayt —en solitario y usando únicamente el gaderffii, la doble arma tradicional de los moradores de las arenas— es necesaria. Por supuesto, y tras ser ayudado al principio por la tribu, el muchacho fue capaz de acabar con la vida de, en este caso, la dragona krayt, sin ningún problema.
Es el número #10 USA, que en España equivaldría al segundo prestigio publicado por Planeta DeAgostini Cómics en el lejano cambio de siglo, el que reveló, por primera vez, y de donde los guionistas del Caballeros de la Antigua República lo tomaron para el videojuego, esta parte de trasfondo del pueblo tusken en que, para alcanzar la madurez sexual y la posición de adulto dentro del grupo, era necesario realizar una prueba de valor, coraje y extremo peligro. O, al menos, eso es lo que el cómic, escrito por Timothy Truman, nos quiere decir, porque, tal y como se vería en otros ejemplos de la antigua continuidad de Leyendas, lo de matar a semejante bestia cada vez que un joven tusken tenía que ‘graduarse’ no debía ser fácil. Es que si lo fuera, capaces hubieran sido de extinguir la especie hacía ya mucho tiempo. Igualmente, y esto es algo que el actual canon ha mantenido en, por ejemplo, novelas, como Heredero de los Jedi, la posesión de semejante orbe formado en el interior del vientre del dragón resultaba de lo más tentador por su enorme valor natural, simbólico y económico, por lo que la introducción de buscadores de tesoros con destino el valle-cementerio de los dragones krayt en Tatooine o, en este caso, cazadores experimentados en el videojuego —como el amigo Komad Fortuna y los mercenarios que te encuentras por el desierto— resultaba de lo más verosímil en lo que a un trasfondo racional se refiere. En resumen, estamos hablando del huevo faberge del universo Star Wars.
Número #10 USA y su equivalencia en la edición española de nuestra colección particular, firmados por el dibujante Rick Leonardi, durante una visita al Salón del Cómic de Madrid (Expocómic)
Al mismo tiempo, este número, dibujado por Rick Leonardi, por suerte se alejaría de la fantasiosa interpretación que de la imagen del dragón krayt tuvo el ilustrador del número anterior, Rod Pereira —al presentarlo más como un descomunal felino draconiano que otra cosa—, según siguió el diseño clásico de reptil draconiano firmado por el mismísimo Ralph McQuarrie en tiempos de la producción del Episodio IV, aunque ya con un estilo más contemporáneo y adecuado al imaginario colectivo.
Por si fuera poco, con el tiempo, el cómic también sería considerado la fuente para crear la denominación que esta tipología de dragón krayt acabaría teniendo y que se nombró originalmente en sus viñetas: «Canyon Krayt Dragon», o «dragón krayt del cañón», convirtiéndose así en una de las dos subespecies que conformarían esta familia evolutiva draconiana y que, al menos hasta la llegada de este primer capítulo de la segunda temporada de The Mandalorian, habían sufrido una traslación inmediata y sin cambios en la nueva continuidad gracias a su reaparición en multitud de fuentes. La existencia del descomunal ser de aspecto aparentemente serpentino que vimos en la pantalla y que, además, respondía al mismo nombre, es, de momento, una de las grandes incógnitas que la serie ha dejado para el universo Star Wars. No más que Baby Yoda, pero casi. ¿Una nueva subespecie? ¿un paso diferente dentro de la línea evolutiva? ¿un futuro proyecto de retrocontinuidad sobre la verdadera identidad de los huesos presentes en el Episodio IV a los que, a nosotros, al menos, siempre nos ha parecido raro que no le quedara ni una extremidad? No por nada en especial, sino por refrendar más el concepto. El tiempo lo dirá, pero vamos, que los tusken usan unos huesos muy serpentinos para su diorama de batalla.
De izquierda a derecha, debut del Canyon Krayt Dragon en el juego para móviles Star Wars: Commander, delGreat Krayt Dragon en un episodio de la webserie Jedi Temple Challenge, del ‘nuevo dragón’ en The Mandalorian y el ya clásico esqueleto del Episodio IV. Una gran familia.
Con esto, finalizamos esta pequeña curiosidad comiquera dentro del mundillo de las referencias Star Wars entre títulos que, como acabáis de leer, no ha buscado en ningún momento denostar el más que evidente vínculo entre la escena del capítulo y la misión del videojuego, sino, más bien, revelar que, normalmente, todo está más que inventado, y que la relevancia de los cómics en la saga no solo sigue teniendo el mismo peso que antes, sino que os está llamando a que los recuperéis.
¡Que la lectura comiquera os acompañe! ¡Nos vemos en Biblioteca Jedi y todas las redes de La Biblioteca del Templo Jedi para más anécdotas y charlas!
¡Hola, bibliotecarios! En esta ocasión vamos a desgranar uno de los personajes que más ha llamado la atención del primer episodio de la segunda temporada de The Mandalorian, titulado originalmente The Marshal y El mariscal en España. Hablamos de Cobb Vanth, un autoproclamado agente de la ley que ya conocíamos de la Trilogía de Consecuencias, y que ha saltado de las novelas a la serie de acción real, siendo uno de los pocos casos en esta dirección.
Aunque ambas historias sean muy parecidas, tienen unas diferencias intrínsecas imposibles de encajar completamente, por lo que estaríamos hablando de un nuevo caso de retrocontinuidad, aunque, siendo sinceros, se trata de detalles que no afectan a la esencia del personaje. Vamos a ver primero cómo era el personaje en las novelas y luego nos referiremos al episodio.
TRILOGÍA DE CONSECUENCIAS
La Trilogía de Consecuencias, de Chuck Wendig, si bien nos cuenta los últimos estertores del Imperio y cómo la Nueva República se abre paso, está plagada de interludios situados en varios planetas que nos muestran el estado actual de la galaxia tras la caída de Palpatine. Estos pequeños relatos, titulados con el nombre del planeta donde suceden, se van enlazando a lo largo de los tres libros, creando historias paralelas que complementan a la narración general. El primer volumen se sitúa en el año 4 después de la batalla de Yavin, tras lo visto en El retorno del Jedi, y los dos siguientes libros un año más tarde, en el 5, siguiendo los interludios la misma temporalidad.
Primer interludio: página 371 de la edición española de Consecuencias.
El protagonista de esta pequeña historia es Adwin Charu, trabajador de la Compañía de la Llave Roja. Este ha sido enviado por su jefe, Lorgan Movellan, un weequay, a un reptador de las arenas detenido en las afueras de Mos Pelgo para ver qué objetos tienen los jawas a la venta. Cuando está desesperándose porque solo le ofrecen chatarra sin ningún valor, llega Cobb Vanth, un humano anguloso, de piel curtida, ojos pequeños y sonrisa divertida, que le explicará cómo hay que negociar con ellos y ganarse su confianza, de manera que pueda acceder a salas internas del sandcrawler donde los jawas guardan los objetos interesantes. Dentro de estas dependencias más reservadas están los restos de una barcaza velera hutt, en una clara referencia a la destruida de Jabba. Casualmente, Charu encuentra un baúl cubierto por una tela, con una armadura mandaloriana completa en su interior, lo que desatará el conflicto debido a la insistencia de Cobb con quedarse con ella.
En este momento, vemos las intenciones reales de ambos personajes. Después de la caída del Imperio, a la que hay que sumar la muerte de Jabba, se ha producido un vacío de poder en Tatooine, lo que ha provocado que algunas organizaciones criminales, bajo la apariencia de empresas mineras, intenten establecerse y hacerse con el control del territorio. Pero Cobb Vanth no va a permitirlo y, autoproclamándose sheriff, dispara a Charu en el hombro para quitársela. En lugar de rematarlo, le deja libre para que informe a sus superiores de que tendrán que vérselas con él si quieren algo.
Segundo interludio: página 259 de la edición española de Consecuencias: Deuda de vida
Esta segunda historia se centra en Malakili, al que conocimos en El retorno del Jedi como el cuidador del rancor. Nos contará un poco más de su vida: su infancia en Nar Shaddaa, cómo poco a poco aprendió a dominar todo tipo de fieras, su paso por circos hutt, hasta, finalmente, convertirse en el cuidador del rancor de Jabba, Pateesa, muerto por un «insensato vestido de negro», como él lo define, refiriéndose claramente a Luke Skywalker.
Pero la muerte del hutt provocó que los habitantes del palacio, sin saber muy bien qué hacer ni quién iba a ostentar ahora el poder, fueran yéndose poco a poco, hasta que splo quedo él, que terminó por marcharse a Mos Pelgo. Por el camino, pasó por el Gran Pozo de Carkoon, donde había estallado la barcaza velera de Jabba, lo que había provocado serias heridas al sarlacc, dejando partes de su cuerpo al descubierto, de manera que los jawas podían saquear lo que había en sus estomatubos.
Siguió su camino, pero sufrió la embocada de los hombres de la Compañía de la Llave Roja, encabezados por un hombre llamado Bivvam Gorge. Por suerte, aparece Cobb Vanth, acompañado por una twi’lek, Issa-Or, que lo rescatan. Ambos se definen como agentes de la ley, ofreciéndole la oportunidad de trabajar y establecerse en Mos Pelgo, ahora llamada Ciudad Libre, mientras pueda ser útil a la comunidad. Pese a las dudas iniciales, Malakili se revelará como domador de fieras, lo que convencerá a Vantt e Issa-Or, ya que necesitan controlar unos rontos rebeldes y criar un bebé hutt que han arrebatado a la Llave Roja.
Este relato nos muestra varias cosas muy interesantes. Por un lado, nos describe el ocaso del palacio de Jabba y el destino del sarlacc, enlazando con lo que vimos en el primer interludio, con los jawas que lo saquean para rescatar restos que puedan vender; entre ellos, la armadura mandaloriana de la que hablamos. Por otro, vemos ya establecida la ley en Mos Pelgo, que ahora se llama Ciudad Libre, defendida por unos agentes que recuerdan a los journeyman protector que vimos en el artículo sobre Boba Fett cuando hablábamos del relato The Last One Standing: The Tale of Boba Fett, escrito por Daniel Keys Moran y publicado en la antología Tales of the Bounty Hunters a finales de 1996.
Tercer interludio: página 183 de la edición española de Consecuencias: El fin del Imperio
Esta tercera parte culmina, en cierta manera, el arco que habíamos ido desarrollando, encajando todas las semillas que se habían plantado. La historia empieza con Ciudad Libre, conquistada por la Llave Roja, con sus habitantes reunidos en la plaza rodeados de los saqueadores de Lorgan Movellan. Entre ellos, encontramos a Cobb Vanth, maniatado, que será quien se enfrente verbalmente al criminal.
En esta conversación encontraremos cosas interesantes. La primera, que Vanth fue anteriormente un esclavo, como delata una marca en la parte trasera de su cuello, compuesta por una estrella, puntos y rallas. También sabremos que el interés de la Llave Roja por Tatooine, además de por sus recursos (aceite de diario y oxalato de silicax), es esclavizar a sus habitantes para venderlos. La cría de hutt que vimos en el anterior interludio, que ha sido llamada Borgo, también es uno de los objetivos de la organización, pues quiere vendérsela a los de su especie. Y como curiosidad, se nos describe que el asentamiento está amurallado.
Será la aparición en escena de esta criatura, aullando, la que desencadenará los acontecimientos, ya que, en ayuda de Ciudad Libre, acudirán los tusken a lomos de banthas, disparando a los mercenarios y liberando el asentamiento. Con los moradores de las arenas habían establecido una serie de pactos: por un lado, a cambio de agua, los tusken les dejaban en paz, y, por otro, Malakili había conseguido una perla del interior de un dragón krayt, por lo que se habían asegurado su protección. Además, la crianza del bebe hutt había aumentado el respeto de los tusken por el asentamiento, pero sobre todo, la aparición de este sindicato en una tierra que los moradores de las arenas consideraban sagrada y sus intenciones de esclavizar a sus habitantes, había provocado el odio de los nativos por estos mercenarios.
La historia termina con un alegato de Vanth, ya liberado, y con el destino de Movellan en sus manos, de que nunca serán esclavos y que algún día Tatooine por fin será libre. Tras esto, le marcará un mensaje en la cara para que vuelva con sus jefes y les informe de quién está al mando.
THE MANDALORIAN
En este primer episodio de la segunda temporada, sin entrar a hacer un análisis exhaustivo del mismo, retomamos la historia de Din Djarin y el niño por donde la habíamos dejado. Mando quiere devolver a Baby Yoda a los miembros de su especie y, a través de un contacto, averigua que en el planeta Tatooine, en un semidesconocido asentamiento, Mos Pelgo, hay un mandaloriano que podría ayudarle en su misión.
Este personaje no es otro que Cobb Vanth, quien, para decepción de Din Djarin, no es uno de los suyos, sino, simplemente, alguien que usa una armadura mandaloriana. Tras una breve discusión, y debido al ataque de un dragón krayt, deberán unir sus fuerzas para derrotarlo, necesitando además la colaboración de los moradores de las arenas. Hay que recordar que esta serie se sitúa cinco años después del Episodio VI, y, por tanto, media década más tarde que la Trilogía de Consecuencias.
Dejando de lado cómo resuelve la trama del capítulo, tenemos la historia de cómo Vanth se ha convertido en el mariscal del pueblo a través de flashbacks. Inmediatamente después de la destrucción de la Segunda Estrella de la Muerte, y ante la retirada imperial, el Colectivo Minero ocupó el asentamiento por la fuerza, matando a todo aquel que se oponía. Vanth, que logra escapar de la cantina donde estaba, les roba un camtono y huye al desierto, donde será encontrado exhausto por unos jawas, quienes, a cambio del mineral que contiene el recipiente, cristales de silicax, le darán, por petición suya, una vieja armadura olvidada en un rincón. Vestido con este equipamiento, que no es otro que el que pertenecía a Boba Fett, regresa a Mos Pelgo y consigue expulsar a los ocupantes del Colectivo Minero y liberar el asentamiento.
LAS DIFERENCIAS
Vamos a ver ahora las diferencias entre ambas historias, señalando de nuevo que, si bien los flashbacks podrían ser simultáneos con el primer interludio, la serie se sitúa cinco años más tarde.
Empecemos por Mos Pelgo. En las novelas se nos presenta como un asentamiento más del planeta, que en el segundo interludio ya ha sido renombrado como Ciudad Libre. Además, se nos describe que está amurallado y tiene una plaza central, lo que recuerda más a ciudades como Mos Espa o Mos Eisley. Recordemos que en el Universo Expandido había muchos más poblados que los vistos en las películas, de mayor o menor tamaño que estos, como Anchorhead, Bestine, Mos Entha, Mos Gamos, Mos Osnoe, Mos Shuuta o Mos Zabu.
En cambio, en la serie, Taooine se nos presenta únicamente con dos concentraciones urbanas, Mos Espa y Mos Eisley. Mos Pelgo, la ciudad que busca Mando, ha desaparecido de los mapas, ya que ha quedado reducida a un asentamiento minero después de ser arrasada por bandidos tras la caída del Imperio. Es decir, el número de ciudades ha disminuido y, por alguna razón, Ciudad Libre ha recuperado su topónimo original. También, pese a lo descrito en la novela, se nos presenta como el típico poblado visto en los westerns de una sola calle sin más orden que casas a ambos lados de esta.
Respecto a la armadura, las historias son diferentes. Es verdad que en ambas versiones la tenían los jawas dentro de un sandcrawler y, evidentemente, es la de Boba Fett extraída del sarlacc, pero las circunstancias no son las mismas. En la serie, el reptador de las arenas iba por el desierto, donde recogió a Vanth casi muerto y se la dieron a cambio del mineral robado, pese a que le ofrecían otras cosas. En las novelas, como hemos visto, estaba a las afueras de la ciudad y Vanth era un cliente habitual, además de que en el momento de encontrarla estaba acompañado.
El pasado de Cobb en la serie no se explota, pero por las novelas conocemos que fue esclavo, por lo que quiere construir un sitio donde sus ciudadanos puedan ser libres. En la serie, en cambio, solo sabemos que no quiere convertirse en un esclavo del Colectivo Minero, por lo que volverá armado para expulsarlos del asentamiento.
En cuanto al Colectivo Minero, en las novelas hemos visto que se llamaba Llave Roja, siendo uno de los sindicatos criminales que estaban expandiéndose por la galaxia tras el vacío de poder. En la serie, simplemente se nos presentan como una empresa minera que quiere hacerse con el asentamiento.
Y por último, un cambio menor, y es que en las novelas, Vanth adquiere el título de sheriff, mientras que en la serie se le trata de marshal, en inglés, y de mariscal en español. El sheriff es una autoridad policial política, mientras que un marshal vendría a ser un alguacil, un agente de policía, aunque todos estos términos varían mucho del país donde estén instituidos. El mariscal, en cambio, es un título militar.
En cuanto a guiños de la serie a los interludios, encontramos varios. El camarero de la cantina es un weequay, igual que el jefe de la Llave Roja que intentó hacerse con Ciudad Libre. El mineral que contiene la heladera que roba Cobb Vanth es silicax, una de las cosas que buscaba la organización criminal en el planeta. También, la perla del dragón krayt, que, mientras en las novelas Malakili les había entregado a los tusken, aquí la encuentran dentro del animal muerto. Y, por supuesto, la alianza con los moradores de las arenas, aunque aquí sea a raíz de la necesidad común de acabar con la bestia.
CONCLUSIÓN
Esperamos que este artículo haya servido para, no solo devolver a la palestra la magnífica trilogía de novelas de Consecuencias, sino para ilustrar también cómo ha sido tratado el personaje de Cobb Vanth en ambos medios, interpretado por Timothy Olyphant en la serie.
La serie de The Mandalorian está de regreso, algo que llevamos esperando durante todo este largo año, y lo hace acompañado como ya lo hiciera en su primera temporada, con un final en el que se nos presenta algunas obras del arte conceptual creado para el mismo, para gozo de todos los fans. Aquí los tenéis todos recopilados. This is the way.