LA ‘PERLA’ DE THE MANDALORIAN: Entre el cómic y el videojuego

Por Lara Franco Cobo y Alberto Izquierdo López

¡Muy buenas, bibliotecarios! Abandonamos por unos instantes nuestros estudios comiqueros dentro del universo Star Wars para con, entre otros lugares, La biblioteca de AlberSinLar, la sección especializada en cómics de la saga dentro de la revista Biblioteca Jedi, puesto que a nuestros oídos ha llegado la necesidad de hacer un poco de justicia, y homenaje, a la archinombrada referencia a esa misteriosa y brillante perla que, en The Marshal —o El Mariscal en la versión castellana—, el primer capítulo de la segunda temporada de la serie The Mandalorian, acaba convirtiéndose en uno de los muchos guiños a la antigua continuidad Leyendas que Jon Favreau y compañía han introducido desde el minuto uno. Y es que, por todas partes, artículos y webs han rememorado, y con mucha razón, la misión que, en el videojuego realizado por Bioware y lanzado por LucasArts al mundo en el año 2003, Caballeros de la Antigua República (KotOR para los amigos), nos tocaba realizar cuando visitábamos el planeta Tatooine en busca de unas ruinas rakata que guardaban el esquivo Mapa Estelar con la localización de la Forja Estelar. Qué tiempos aquellos.

Llega a ser el pedazo de dragón krayt de The Mandalorian el que guarda el Mapa Estelar y se acaba el videojuego ahí.

Efectivamente, la relación entre el guion del capítulo con la manera en que, personificando a un Revan devuelto al lado luminoso de la Fuerza tras un lavado de cerebro importante realizado por el Consejo Jedi, nos toca hacer salir, que nunca enfrentarnos directamente, al dragón krayt que custodia en su cueva el Mapa Estelar, no puede ser más evidente. Ocultar explosivos a la entrada/salida de la guarida, atraerlo con banthas, matarlo con las explosiones subsiguientes… En esencia, básicamente lo mismo. Llega Favreau a incluir las charlas interminables con tus compañeros y Komad Fortuna, el twi’lek cazador que te guía en todo momento, y prácticamente lo hubiera clavado. Aunque no es el objetivo de la misión, a posteriori, Revan, o sea, nosotros, como jugadores, nos habremos hecho, por ayudar en el, digamos, asesinato del pobre bicho, con la perla que el dragón tenía en su interior y que, según nuestra afiliación dentro del videojuego, podíamos venderla, quedárnosla para potenciar nuestra espada láser o entregársela a los tusken en señal de respeto a sus tradiciones y para convertirnos en iguales a sus ojos, ya que si algo valoraban los moradores de las arenas son estas perlas en los ritos de paso a la edad adulta de sus jóvenes. En The Mandalorian, de momento, Din Djarin solo nos dice que lo que estos buscan es el icor —término griego para los fluidos internos de las divinidades— del dragón, así que si la obtención de la perla tiene algo que ver con su origen en Leyendas, aún está por ver.

Qué importa el medio cuando lo importante es el objetivo, ¿verdad?

Sin entrar en detalles dentro del Universo Expandido de ambas continuidades, para lo que estamos aquí es para destacar que sí, efectivamente la referencia y relación está ahí, y eso gusta a los nostálgicos como nosotros, pero olvidarse de que Caballeros de la Antigua República bebía de proyectos antecesores dentro de la saga Star Wars, junto a elevar a día de hoy el videojuego como fuente primaria, mayestática y por antonomasia, ahí ya es pasarse un poco. El origen de todo este trasfondo es un cómic. Concretamente, un arco argumental dentro del primer volumen Star Wars que la editorial Dark Horse Comics tuvo el valor de lanzar (en memoria de la cabecera marvelita) a raíz del boom del estreno de La amenaza fantasma en 1999, solo que, ahora, ambientado en la Trilogía de Precuelas.

Star Wars: Outlander fue el segundo arco argumental que protagonizó aquella serie titulada Star Wars, lanzada en origen en diciembre de 1998 tras su debut con la historia Preludio a la Rebelión. Como veis, en tiempos de esta trilogía ya no se lanzaba la adaptación de la película antes del estreno, sino lo que orbitaba alrededor. El caso es que, formada por seis grapas que correspondían a los números #7 al #12 dentro de la numeración USA, la historia retomaba al protagonista del primer arco, el Maestro Jedi Ki-Adi-Mundi, pero ahora viajando, por mandato directo del Consejo Jedi tras convertirse en miembro, al desértico planeta Tatooine, con el fin de localizar al misterioso cabecilla de una suerte de levantamiento tusken en el planeta que no solo está poniendo en jaque la supervivencia de los colonos del Mar de las Dunas, a los diferentes núcleos urbanos a los que estos suministran víveres o al mismísimo cartel criminal de Jabba el Hutt, sino que está conducido por el Jedi exiliado Sharad Hett.

Los tres prestigios en que Planeta DeAgostini Cómics publicó el arco argumental siguiendo el modelo de formato que, no solo con Star Wars, ya había iniciado la editorial Norma Editorial durante los años 90. ¡Auténticos clásicos!

Sin entrar demasiado en materia y querer reventaros la trama, Sharad Hett es, efectivamente, quien está liderando a este pueblo de las arenas hacia una inminente contienda a gran escala con el resto de pobladores del planeta. Para sorpresa de Mundi, este Maestro, aun considerándose un Jedi, ha abrazado la forma de vida y cultura del pueblo tusken, hasta el punto de estar criando a su hijo, A’Sharad Hett (quien tendrá, posteriormente, un gran recorrido en el universo comiquero), en ambas tradiciones, incluyendo el mencionado rito de iniciación de los jóvenes en el que la muerte ritual de un dragón krayt —en solitario y usando únicamente el gaderffii, la doble arma tradicional de los moradores de las arenas— es necesaria. Por supuesto, y tras ser ayudado al principio por la tribu, el muchacho fue capaz de acabar con la vida de, en este caso, la dragona krayt, sin ningún problema.

Es el número #10 USA, que en España equivaldría al segundo prestigio publicado por Planeta DeAgostini Cómics en el lejano cambio de siglo, el que reveló, por primera vez, y de donde los guionistas del Caballeros de la Antigua República lo tomaron para el videojuego, esta parte de trasfondo del pueblo tusken en que, para alcanzar la madurez sexual y la posición de adulto dentro del grupo, era necesario realizar una prueba de valor, coraje y extremo peligro. O, al menos, eso es lo que el cómic, escrito por Timothy Truman, nos quiere decir, porque, tal y como se vería en otros ejemplos de la antigua continuidad de Leyendas, lo de matar a semejante bestia cada vez que un joven tusken tenía que ‘graduarse’ no debía ser fácil. Es que si lo fuera, capaces hubieran sido de extinguir la especie hacía ya mucho tiempo. Igualmente, y esto es algo que el actual canon ha mantenido en, por ejemplo, novelas, como Heredero de los Jedi, la posesión de semejante orbe formado en el interior del vientre del dragón resultaba de lo más tentador por su enorme valor natural, simbólico y económico, por lo que la introducción de buscadores de tesoros con destino el valle-cementerio de los dragones krayt en Tatooine o, en este caso, cazadores experimentados en el videojuego —como el amigo Komad Fortuna y los mercenarios que te encuentras por el desierto— resultaba de lo más verosímil en lo que a un trasfondo racional se refiere. En resumen, estamos hablando del huevo faberge del universo Star Wars.

Número #10 USA y su equivalencia en la edición española de nuestra colección particular, firmados por el dibujante Rick Leonardi, durante una visita al Salón del Cómic de Madrid (Expocómic)

Al mismo tiempo, este número, dibujado por Rick Leonardi, por suerte se alejaría de la fantasiosa interpretación que de la imagen del dragón krayt tuvo el ilustrador del número anterior, Rod Pereira —al presentarlo más como un descomunal felino draconiano que otra cosa—, según siguió el diseño clásico de reptil draconiano firmado por el mismísimo Ralph McQuarrie en tiempos de la producción del Episodio IV, aunque ya con un estilo más contemporáneo y adecuado al imaginario colectivo.

Por si fuera poco, con el tiempo, el cómic también sería considerado la fuente para crear la denominación que esta tipología de dragón krayt acabaría teniendo y que se nombró originalmente en sus viñetas: «Canyon Krayt Dragon», o «dragón krayt del cañón», convirtiéndose así en una de las dos subespecies que conformarían esta familia evolutiva draconiana y que, al menos hasta la llegada de este primer capítulo de la segunda temporada de The Mandalorian, habían sufrido una traslación inmediata y sin cambios en la nueva continuidad gracias a su reaparición en multitud de fuentes. La existencia del descomunal ser de aspecto aparentemente serpentino que vimos en la pantalla y que, además, respondía al mismo nombre, es, de momento, una de las grandes incógnitas que la serie ha dejado para el universo Star Wars. No más que Baby Yoda, pero casi. ¿Una nueva subespecie? ¿un paso diferente dentro de la línea evolutiva? ¿un futuro proyecto de retrocontinuidad sobre la verdadera identidad de los huesos presentes en el Episodio IV a los que, a nosotros, al menos, siempre nos ha parecido raro que no le quedara ni una extremidad? No por nada en especial, sino por refrendar más el concepto. El tiempo lo dirá, pero vamos, que los tusken usan unos huesos muy serpentinos para su diorama de batalla.

De izquierda a derecha, debut del Canyon Krayt Dragon en el juego para móviles Star Wars: Commander, del Great Krayt Dragon en un episodio de la webserie Jedi Temple Challenge, del ‘nuevo dragón’ en The Mandalorian y el ya clásico esqueleto del Episodio IV. Una gran familia.

Con esto, finalizamos esta pequeña curiosidad comiquera dentro del mundillo de las referencias Star Wars entre títulos que, como acabáis de leer, no ha buscado en ningún momento denostar el más que evidente vínculo entre la escena del capítulo y la misión del videojuego, sino, más bien, revelar que, normalmente, todo está más que inventado, y que la relevancia de los cómics en la saga no solo sigue teniendo el mismo peso que antes, sino que os está llamando a que los recuperéis.

¡Que la lectura comiquera os acompañe! ¡Nos vemos en Biblioteca Jedi y todas las redes de La Biblioteca del Templo Jedi para más anécdotas y charlas!

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