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  • Religiones de la Fuerza

    Religiones de la Fuerza

    Traducido por Némesis

    Star Wars Inside Intel es una característica de StarWars.com en la que Emily Shkoukani, miembro de Lucasfilm Story Group, tiene el trabajo de saber todo lo posible sobre nuestra querida Galaxia muy, muy lejana. En ella, explora hechos oscuros sobre la historia y la continuidad de Star Wars. En esta entrega, Emily explora las diversas religiones de la Fuerza…

    Cuando se estrenó Star Wars: Una Nueva Esperanza allá por el año 1977, el público conocía de antemano el tema de las naves estelares y el género de la fantasía. Pero el concepto que introdujeron nuevo y que pilló de imprevisto fue «La Fuerza«. Durante la película, el viejo Ben Kenobi nos explicó mejor este nuevo concepto, lo definió como: «Un campo de energía creado por todos los seres vivos. Nos rodea, penetra en nosotros y une a la galaxia». Sin embargo, lo que no se explica a menudo es que después de todas estas décadas de historias, hay religiones de la Fuerza.

    Las diversas religiones de la Fuerza están comúnmente (pero no exclusivamente) relacionadas con el «lado» del cual esté alineado una persona. La Fuerza tiene un lado luminoso (a veces llamado Ashla), que representa el bien; un lado oscuro (a veces llamado Bogan), que representa el mal; y un lado medio (Bendu) que representa el equilibrio. A pesar de todos estos términos, estas no fueron las únicas palabras que describieron a la Fuerza y sus facetas. A medida que se formaron las religiones dedicadas a la Fuerza, se formaron varias lingüísticas con ella.

    Las Religiones de la Fuerza son dogmas devotos de la Fuerza. Los ejemplos más comunes de religiones de la Fuerza son los Jedi y los Sith, donde los Jedi siguen el lado luminoso de la Fuerza y los Sith siguen el lado oscuro. Los dos son contrarios, de ahí su larga enemistad. Sin embargo, es esencial comprender que solo porque alguien esté alineado con la Luz no significa automáticamente que sea un Jedi, y solo porque alguien esté alineado con la Oscuridad no significa que sea un Sith. Hay una gran cantidad de religiones de la Fuerza en la galaxia de Star Wars, tanto para usuarios de la Fuerza como para quienes no la usan, y algunas incluso son irreligiosas.

    Como se dijo anteriormente, las religiones a menudo vienen con su propia lingüística con respecto a «la Fuerza». Las Hermanas de la Noche de Dathomir se refirieron a la Fuerza como «magia» y la usaron para producir hechizos y encantamientos que les permitían resucitar a los muertos, terraformar a su alrededor y ocultarse. Se bastaron del lado oscuro para lograr tales habilidades. Los Zeffo llamaron a la Fuerza el «Viento de la vida» y dejaron que su voluntad los guiara mientras construían extravagantes templos y tumbas con gran cantidad de acertijos para guardar sus preciados secretos y reliquias. Originalmente, los Zeffo se basaron en el lado de la luz mientras prosperaban en la galaxia, pero finalmente sucumbieron a las tentaciones del lado oscuro, lo que provocó su extinción.

    Y luego están los usuarios irreligiosos de la Fuerza que no siguieron ningún dogma. El viaje de Ahsoka Tano como usuaria de la Fuerza es el mejor ejemplo de esto. Aunque fue criada en la Orden Jedi y mantuvo sus creencias durante gran parte de su vida, perdió la fe en la religión después de que la Orden la acusara injustamente de un crimen que no cometió. Aunque el error se corrigió más tarde, Ahsoka tomó la decisión de abandonar la Orden. Pero, esto no la hacía menos usuaria de la Fuerza; eso era algo que ella llevaba de forma innata. En cambio, ahora dependía de ella hacer con la Fuerza lo mejor que le pareciera, forjando su propio camino en lugar de seguir el código de la Orden Jedi (aunque debido a que fue criada como Jedi, sus prácticas todavía la influenciaban mucho).

    Mientras que Ahsoka estaba alineada con el lado luminoso de la Fuerza pero iba por libre, Kylo Ren estaba alineado con el lado oscuro y tampoco seguía ninguna religión. El viaje de Kylo comenzó de manera similar al de Ahsoka, fue criado como un Jedi hasta que fue manipulado para que se volviera hacia el lado oscuro. Kylo también forjó su propio camino con la Fuerza, sin estar influenciado por la «Regla de Dos» de Darth Bane y otros decretos dogmáticos.

    Sin embargo, la devoción a la Fuerza no era exclusiva de los usuarios de la Fuerza. Había religiones compuestas por personas incapaces de utilizar dicha energía mística que unía a la galaxia, pero aún así creían y predicaban su poder. Tanto los Guardianes de los Whills como los Discípulos de los Whills fueron ejemplos de este tipo de religiones. Los Guardianes de los Whills eran personas que creían en la Fuerza e intentaban sentir su voluntad, a pesar de que no necesariamente podían usarla (como los Jedi). Chirrut Îmwe era un Guardián de los Whills que se dedicó a proteger lugares sagrados como el Templo del Kyber de Jedha a través de la Fuerza que lo rodeaba. Si bien Chirrut era devoto de la Fuerza, era incapaz de usarla, que era lo que lo separaba de los usuarios de la Fuerza. A diferencia de los Guardianes, los Discípulos de los Whills simplemente escucharon lo que creían que era la voluntad de la Fuerza, pero no actuaron en consecuencia.

    Las religiones de la Fuerza son muy diversas y la naturaleza de la Fuerza podría interpretarse de muchas formas diferentes. Incluso las Hermanas de la Noche y los Sith, que usaban el lado oscuro de la Fuerza, tenían usos muy diferentes. Los Zeffo se vieron obligados a construir bóvedas y los Jedi se vieron obligados a mantener la paz. Existe una gran cantidad de ideologías para este campo de energía mística.

    Como dirían los Jedi, «Que la Fuerza te acompañe».

    ¡Gracias por leer!

    Fuente: Star Wars Inside Intel: Religions of the Force

  • Segundo extracto traducido de The Rising Storm, la nueva novela de The High Republic de Cavan Scott

    Segundo extracto traducido de The Rising Storm, la nueva novela de The High Republic de Cavan Scott

    Traducción Mariana Paola Gutiérrez Escatena
    Corrección por Mario Tormo

    Estimados bibliotecarios os dejamos aquí esta traducción exclusiva del nuevo extracto de The Rising Strom de Cavan Scott que saldrá a la luz el 29 de junio de este año. Esperamos que lo disfruteis, la verdad es que es un pequeño adelanto muy revelador. Podéis leer el anterior extracto aquí.

    Elzar Mann es un hombre consumido por una visión que no puede comprender del todo. El dolor y el sufrimiento, los rostros de sus amigos más queridos y de personas que aún no conoce, se arremolinan a su alrededor. Pero, ¿qué significa esto?

    Los gritos nunca habían abandonado a Elzar Mann. Habían pasado muchos meses desde la ceremonia de inauguración del Faro Starligth, desde que estuvo junto a sus compañeros Jedi. Desde que estuvo junto a Avar Kriss.

    Los ojos de la galaxia estaban puestos en ellos, con sus galas de templo, y el maldito cuello de la camisa que le picaba mientras escuchaba los discursos y frases trilladas, primero de la canciller Lina Soh, líder de la República Galáctica, y luego de Avar. Su Avar. La heroína de Hetzal.

    El Faro era su compromiso con la galaxia, había dicho Avar. Era su pacto. Todavía podía escuchar sus palabras.

    Siempre que os sintáis solos… siempre que la oscuridad aceche… sabed que la Fuerza estará con vosotros. Sabed que estamos con vosotros… Por la luz y la vida.

    Por la luz y la vida.

    Pero eso no impidió que la oscuridad se cerniese más tarde ese mismo día. Una ola de dolor y sufrimiento, una visión del futuro demasiado terrible como para comprenderla. Se había tambaleado, agarrado a una barandilla, y la nariz le había empezado a sangrar, mientras la presión en su cabeza amenazaba con partirle el cráneo en dos.

    Lo que había visto lo había perseguido desde entonces. Le había consumido.

    Jedi muriendo uno por uno, atrapados por una retorcida e impenetrable nube. Stellan. Avar. Todos los que había conocido en el pasado y todos los que conocería en los días venideros. Rostros, tanto familiares como extraños, desgarrados.

    Y los gritos.

    Los gritos eran lo peor.

    Había pasado el resto de la velada aturdido, dejándose llevar, no del todo presente, con el eco de lo que había visto… lo que había oído… grabado a fuego en su mente. Había habido errores, unas cuantas copas de más de Kattadan rosado en la recepción, Avar reclamando ese baile que había mencionado, Elzar acercándose con demasiada impaciencia, demasiado públicamente.

    Todavía podía sentir la mano de ella en su pecho, empujándolo hacia atrás.

    «El ¿Qué estás haciendo?»

    Habían discutido, en privado, con su cabeza todavía dando vueltas.

    «Ya no somos padawans».

    Habían pasado meses desde que la volvió a ver, y cuando lo hizo, el ambiente era tan frío como un amanecer en Vandor. Avar había cambiado con él. Estaba más distante. Preocupada por sus nuevos deberes como mariscal del Faro Starlight.

    O quizás era él quien estaba preocupado. Elzar había meditado sobre la visión día y noche desde la inauguración. Debería haber ido a ver a Avar, para disculparse y pedirle consejo, o si no a ella, a Stellan Gios, su amigo más antiguo, pero Stellan tenía sus propias obligaciones. Ahora era miembro del Consejo, responsable de guiar a la Orden en su conjunto. No tendría tiempo. Además, pedir ayuda no era el estilo de Elzar. Elzar Mann era del tipo que resuelve los problemas, no del que los plantea. Él encontraba soluciones. Respuestas. Nuevas formas de conseguir hacer un trabajo. Así que Elzar hizo lo que siempre había hecho: Tratar de resolver el problema solo.

    Primero había consultado los Archivos del Gran Templo, estudiando detenidamente los innumerables archivos de texto y holocrones de la colección, llegando incluso a intentar descifrar los misterios del Códice Ga’Garen, el antiguo grimorio cuyo texto había confundido a los lingüistas durante miles de años.

    Incluso entonces, sentado en los Archivos, bajo la atenta mirada de las estatuas de los Perdidos, Elzar había oído los gritos en las profundidades de su mente, había visto los rostros de los asesinados en cada reflejo o padawan que pasaba.

    El Códice lo había traído aquí, a Ashla, la luna principal de Tython. Los antiguos habían llamado a esta franja de tierra la Isla del Retiro, que era exactamente lo que necesitaba si quería comprender plenamente lo que había visto. Necesitaba soledad, concentración. La gota que colmó el vaso fue recibir un mensaje del antiguo Maestro de Stellan, la estimada Rana Kant, felicitándolo por su ascenso a Maestro Jedi. Además, el Consejo tenía un destino para él; iba a ser mariscal del puesto de avanzada Jedi en Valo, en el límite del sector Rseik.

    ¿Él? ¿Un mariscal? ¿Cómo podían estar tan ciegos? ¿No podían ver que no estaba preparado? ¿No podían ver lo preocupado que estaba?

    Elzar caminó hacia el océano, sintiendo la cálida arena bajo sus pies, despojándose de su túnica exterior a medida que se acercaba al agua. Sí, esto era mejor. Aquí era donde finalmente vería la verdad. Donde finalmente entendería. No se detuvo en la orilla, sino que se adentró con decisión entre las olas. Hasta las rodillas. Hasta la cintura. Pronto estuvo nadando hacia el mar, deteniéndose sólo cuando ya no podía ver tierra. Giró lentamente, flotando en el agua, rodeado sólo por el mar y la propia Fuerza.

    Era el momento.

    Elzar respiró hondo y se impulsó bajo las olas, con los ojos cerrados, con el agua entrando en sus oídos y bloqueando cualquier otro sonido.

    Muéstrame.

    Guíame.

    Dame las respuestas que busco.

    No hubo nada. Ninguna revelación. Ninguna respuesta.

    Se impulsó con los pies hacia arriba, llenando de aire sus pulmones antes de volver a sumergirse.

    Estoy aquí.

    Quiero aprender.

    Necesito entender.

    Nada cambió.

    ¿Dónde estaban las respuestas que se le habían prometido? ¿Dónde estaba el conocimiento?

    Repitió el ritual, tomando aire, volviendo a sumergirse, dejando que el océano lo tragara entero. Una y otra vez, y…

    Fue como dar con una bolsa de aire. De repente no se hundía, estaba corriendo, con sus compañeros Jedi a su lado mientras las pesadillas les pisaban los talones. No estaban en el agua, sino en la niebla. Espesa. Ácida. Impenetrable. Nada tenía sentido. Ni el caos, ni el pánico.

    Ni el miedo.

    Abrió la boca para gritar y le cayó agua de un mar lejano, de un mundo diferente, de un tiempo diferente.

    ¿Qué es esto?

    ¿Dónde está esto?

    ¡Háblame!

    Y la Fuerza habló con tal fortaleza que Elzar acabó en un remolino, con sus ojos escociéndole por el destello de imágenes pasando por delante de ellos como un rayo púrpura.

    Avar.

    Stellan.

    Un tholothiano… ¿Indeera Stokes? No, faltaba uno de sus zarcillos, una cara desconocida desfigurada por la rabia.

    Huesos astillados.

    Piel resquebrajándose.

    Ojos nublados, sin poder ver.

    Y los gritos. Los gritos eran más fuertes que nunca. Más duros que nunca. Y su grito fue el más fuerte de todos.

    ¿Dónde?

    ¿Dónde?

    ¿DÓNDE?

    Los hombros de Elzar se agitaron mientras sus pulmones escupían el agua de mar. Estaba de vuelta en la orilla de Ashla, con la sal secándose en su piel, calcinada por el sol abrasador. Miró a su alrededor, con los ojos todavía borrosos, tratando de enfocar y ver la dorada arena que se extendía a ambos lados de él, Y wingmaws volando en círculos sobre el cielo, listos para arrancarle la carne de los huesos. Pero aún no estaba muerto. Ninguno de ellos lo estaba.

    Se incorporó y se tambaleó hacia su Vector, recogiendo su túnica mientras avanzaba. Necesitaba alejarse de Ashla. Necesitaba dejar el Núcleo. La Fuerza había hablado. Ya había respondido a su pregunta, sólo tenía que haber escuchado.

    Un nombre, un planeta, donde por fin podría arreglar las cosas.

    Valo.


    Star Wars: The High Republic: The Rising Storm está escrita por Cavan Scott y se publica el 29 de Junio en Estados Unidos. Si queréis conocer más detalles de esta novela podéis consultar los siguientes enlaces: