Star Wars La chispa de la esperanza

Relato Fanfic de Star Wars obra de Álvaro González

El ruidoso día a día de Coruscant despertó a Kai´Trix de su inquieto sueño. Había tenido pesadillas de nuevo, pesadillas relacionadas con aquel fatídico día en el que un usuario del Lado Oscuro de la Fuerza entró en el templo, acompañado de sus antiguos aliados clones, y asesinó a sangre fría a sus compañeros Jedi.


Se levantó de su pequeña cama y se miró en el espejo. Frente a él se veía el rostro de un humano joven de piel clara, con unos grandes ojos oscuros y un pelo corto y rubio. Se pasó el dedo por la pequeña cicatriz que le recorría la mejilla izquierda. Recordó el disparo de bláster que se la había ocasionado. Afortunadamente, había podido desviar el haz de luz de su cuerpo con la ayuda de su sable laser, pero no lo suficiente para evitarlo del todo. Podría haber ido a alguno de los famosos locales de estética de la ciudad, las reglas Jedi no decían nada en contra de ello, pero prefería conservarla y recordar siempre lo fácil que habría sido haber muerto en aquella situación.
Se vistió con ropa simple, nada comparado con la estridente moda que se había adueñado de los habitantes de aquel poblado planeta. Cuando estaba a punto de salir a la calle, una mujer twi´lek entró en la pequeña vivienda.


—Hola Trixie —saludo la mujer, quien llevaba dos frutos en las manos—. Traigo el desayuno.
Entregó uno a Kai y ella misma comenzó a comerse uno.
—¿Novedades? —preguntó el chico mientras se llevaba el fruto a la boca.
—No, el plan sigue en marcha. En tres horas el Emperador dará un discurso en el Senado. Tú y yo nos ocuparemos de los guardias interiores, Bake nos esperará con el vehículo de escape y Krill hará el disparo.
—Perfecto, Neluba. Llevo esperando este día tanto tiempo…
Dolorosos recuerdos acudieron a su mente. Hacía dos años de la proclamación del Imperio Galáctico y la caída de la Orden Jedi. Dos años desde que los clones, los supuestos aliados de la antigua fuerza de la paz, les traicionaran y asesinaran. En aquel momento, Kai solo era un padawan, aunque si nada de aquello hubiese sucedido, tenía planeado haberse presentado a las pruebas una semana después. Recordó como aquel maldito día, su sentido de supervivencia se había adueñado de él, y se había ocultado en uno de los numerosos pasadizos del templo, abandonando a su suerte a sus compañeros. Debería sentirse culpable, debería odiarse a sí mismo, pero no lo hacía. Al fin y al cabo, como los maestros decían, el odio conduce al Lado Oscuro.


Miró a su amiga, contemplando los lekkus azules que salían de su cabeza, los bonitos ojos verdes que miraban distraídos la fruta, la pequeña arruga que se había formado en el lado izquierdo de su boca como resultado de su continua mueca de media sonrisa. No aguantó más y la besó, amaba a aquella twi´lek. Ella le devolvió el beso, con ganas. Sus labios se separaron ligeramente, lo justo para que ella pudiese decir unas pocas palabras.


—¿Tenemos tiempo?
Como respuesta, Kai solo volvió a unir sus labios. Volvieron a la cama y se dejaron llevar. Las relaciones sentimentales estaban prohibidas por los Jedi, pero la Orden ya no existía, y por tanto, sus normas tampoco.
Cuando volvieron a levantarse, se encontraban relajados. Y era algo que necesitaban. La tranquilidad les ayudaría a completar mejor su misión. Una de las cosas que

Kai´Trix había aprendido de sus antiguos maestros era que bajo tensión se trabaja peor. Era de las pocas enseñanzas Jedi que tenían un mínimo de sentido para el muchacho.
Se acercó a un armario y abrió un cajón. Allí estaba, su sable láser. Lo cogió con cuidado y apretó el botón que hacía que el haz de luz azul se proyectara en la parte superior. Hizo un par de florituras con el arma para entrar en calor. Hacía mucho tiempo que no lo usaba, pero se dio cuenta de que recordaba perfectamente cada movimiento que había aprendido. Cada posición, cada estoque, cada finta. Kai sonrió. Iba a ser un día divertido. Y por fin, iba a poder usar la Fuerza de nuevo.


Desde la caída de la Orden no se había atrevido a usar su poder por miedo a que el misterioso lord Sith que cumplía la función de mano derecha del Emperador pudiera sentirlo y le encontrara. Pero aquello acabaría esa noche, ese iba a ser el día en el que el opresivo Imperio Galáctico cayera.


Salieron de casa y cogieron el vehículo rojo que Neluba había robado unos meses atrás a un gánster que chantajeaba a los pobres habitantes de los niveles inferiores del planeta. Aunque si le preguntaban a ella, solo lo había cogido prestado… después de atravesar con un disparo de bláster a aquella escoria.
Se dirigieron al punto de encuentro, una cantina donde nunca patrullaban los soldados imperiales. Al entrar se dirigieron a una sombría mesa situada en una esquina, lejos de ojos y oídos indiscretos. Allí se encontraban dos individuos: un duro y un humano.


—Llegáis tarde —dijo el duro mientras les miraba con sus ojos rojos. Vestía con una armadura mandaloriana blanca y roja, desgastada por el tiempo. Una armadura seguramente robada, a un vivo o a un muerto, aunque probablemente fuera lo segundo.
Era Komma Krill, un cazarrecompensas del Borde Exterior, famoso por su puntería.
—¿Desde cuándo te importa el tiempo, Krill? —contestó Neluba con un tono burlesco mientras se sentaba al lado del humano.
—Déjalos, seguro que se estaban demostrando su amor —dijo el humano.
Era un corelliano de piel oscura y gran afición al juego, pero un gran piloto.
—Das asco, Bake —le insultó la twi´lek—. Pero sí —continuó con una sonrisa.
Kai´Trix se sentó junto al duro a la vez que cogía un vaso con una bebida alcohólica dentro y lo vaciaba en el suelo.
—¿Qué diantres haces, niñato? —protestó Krill, con una voz amenazadora.
—Nada de beber, necesitamos todos tus sentidos hoy —contestó Kai sin dejarse amedrentar por su compañero.
—Llevo haciendo esto más tiempo del que tú llevas respirando. Si vuelves a hacer algo por el estilo, te juro que el siguiente después del Emperador serás tú. ¿Entendido? —dijo el cazarrecompensas mientras acariciaba ligeramente con la mano derecha el bláster que llevaba guardado en el cinturón.


Kai´Trix asintió. No quería continuar la discusión, se necesitaban mutuamente y no les convenía tener rencillas entre ellos. Desafortunadamente, Neluba no pensaba así. Con un rápido movimiento, desenfundó su pistola bláster y orientó el cañón hacia la cabeza del duro.


—Como vuelvas a amenazar a Trixie, tendrás un agujero en la cabeza más rápido de lo que tarda un rancor en destrozar a una rata de Tatooine.
Krill la miró a los ojos, desafiante, mientras que bajo la mesa su mano liberaba lentamente su arma de su lugar, facilitándole el acceso para un disparo rápido.

—Quietos muchachos, no hagáis nada de lo que podáis arrepentiros. Somos un equipo, ¿recordáis? —intervino Bake, poniendo sus manos delante de ellos, separándolos.
Poco a poco, Neluba bajó su bláster, a la vez que Krill volvía a soltar su pistola.
—Eso está mejor. Repetid el plan y así nos calmamos —siguió diciendo el piloto.
—Vamos al Senado por la parte de atrás un poco después de que empiece el acto, cuando todos estén dentro. Nosotros tres nos abrimos paso hasta un lugar alto donde Krill tenga un buen punto de disparo para matar a Palpatine. Neluba y yo le cubrimos, mientras él dispara. Cuando el viejo tenga un agujero en la cabeza, nos largamos por el conducto de ventilación. Bake, tú te asegurarás de que no lleguen posibles refuerzos interponiéndote en su paso, pero evita tener que usar las armas. Después nos esperarás en el punto de encuentro, iremos al hangar, cogemos la nave y nos largamos al Borde Exterior —explicó Kai, conociendo el plan a la perfección—.

¿Alguna pregunta?
Sus compañeros negaron con la cabeza. Kai les miró, no había rastro de duda en sus miradas, estaban dispuestos a hacer lo necesario para devolver la democracia a la galaxia.
Se disponían a irse cuando el chico notó algo. Un individuo oculto tras una túnica negra se levantó de una mesa próxima, donde había estado sentado durante la conversación. Kai´Trix miró su asiento, no había ningún vaso en la mesa, no había consumido nada.
—¡Tú, espera! —gritó Kai al desconocido, quien echó a correr al sentirse descubierto.
El antiguo padawan se dispuso a correr tras él, pero Krill se le adelantó. Desenfundó su bláster y tras un rápido disparo, el individuo cayó al suelo, muerto.
La gente se giró para ver la fuente del ruido, pero enseguida volvieron a sus asuntos, aquello no era raro en lugares como aquel.
—¿Era un espía? —preguntó Bake.
—¿Quién sabe? A lo mejor —contestó el duro, volviendo a guardar su arma.


Kai le miró. No confiaba del todo en aquel cazarrecompensas, pero tenía que reconocer que era bueno en su trabajo. Le gustaba tenerle en su equipo, daba cierta seguridad. Volvió a pensar en su época en el Templo Jedi. Si alguien le hubiese dicho que iba a formar equipo con ese tipo de gente, primero se habría echado a reír y después habría buscado un droide médico para que le hiciera un análisis mental al que se lo hubiera dicho para comprobar si había ingerido alguna sustancia alucinógena. Pero allí estaba, a punto de liberar a la galaxia de la tiranía.


Antes de salir de la cantina, Krill dio unos créditos al dueño “por las molestias”. Montaron en el vehículo y media hora después de que el evento empezara, el equipo llegó al Senado. Antes de bajar, se miraron.


—Que la Fuerza os acompañe —dijo Kai´Trix, instintivamente. Hacía tiempo que no decía esas palabras.
Krill solo asintió, bajando de un salto con su bláster de francotirador sujeto a la espalda y las dos pequeñas pistolas preparadas para desenfundar. Bake se rio y estuvo a punto de soltar algún comentario, pero Kai le lanzó una mirada para que no lo hiciera. Neluba solo marcó su típica media sonrisa y le besó, susurrándole al oído:
—Que la Fuerza nos acompañe.
Cuando todos se bajaron del vehículo, Bake se marchó a su posición. Los tres restantes entraron por la puerta de atrás, la puerta del servicio. Custodiándola, había dos soldados de asalto, con sus armaduras blancas y sus blasters E-11; a Kai le recordaba a los uniformes de los soldados clon junto a los que había combatido en la guerra.


Sin inmutarse, Krill los mató de dos disparos. Entraron en el edificio cuidadosamente, y anduvieron por el pasillo repleto de columnas blancas, fijándose en cada recoveco, manteniéndose en guardia. Kai llevaba su sable de luz en la mano, apretando tanto el puño que se hacía daño.


No tardaron en ver más soldados de asaltos haciendo guardia. Kai los contó rápidamente: eran seis. Se escondieron tras una columna. El chico activó su espada y cogió aire. Entonces asintió a sus compañeros y salió corriendo de su escondite, ampliando su velocidad con la ayuda de la Fuerza.


Sintió un subidón increíble al usarla de nuevo. Llegó a los guardias antes de que les diera tiempo a reaccionar, atravesando al primero por el pecho y cortándole la cabeza a otro. Sus dos acompañantes salieron del escondite disparando, matando a otros tres en el acto. Kai acercó al último usando la Fuerza para atravesarle con su sable. Se sentía liberado ahora que podía aprovechar su sensibilidad a la Fuerza. Tanto tiempo conteniendo su poder por miedo a que Lord Vader supiera de su existencia había sido como un lastre para él, como si no hubiera podido usar uno de sus brazos durante los dos últimos años. Pero no lo volvería a ocultar jamás.
Escondió los cuerpos tras las columnas usando la Fuerza antes de continuar su camino. Solo se encontraron un grupo más de enemigos antes de llegar al punto de acción, y acabaron cayendo tan fácilmente como el resto.


Krill guardó sus pistolas y colocó su arma de francotirador. Kai oía la voz del Emperador a través del sistema de altavoces de las instalaciones, aunque no se detuvo a escuchar sus palabras, no le interesaban.
Se asomó a la sala y allí le vio, de pie en una plataforma repulsora, con su larga túnica tapándole el cuerpo por completo. Junto a él estaban el Gran Visir chagriano, Mas Amedda, que sujetaba su vara ceremonial, y Lord Vader, con su armadura negra. La respiración de aquel Sith se oía bajo la voz de Palpatine. Tras ellos se encontraban dos guardias imperiales, vestidos de rojo.
Los políticos representantes de los planetas que formaban la antigua República escuchaban con atención las palabras de su líder, ovacionándole cada vez que acababa algún párrafo del discurso que estaba recitando.


—Nos vemos… —empezó a decir el cazarrecompensas mientras preparaba el disparo —… en la próxima vida… —apuntó a la cabeza de su objetivo—… hijo de… —Y disparó, pero no llegó a acabar su frase. En cambio exclamó—. Diablos, hay que salir de aquí. ¡YA!
Kai volvió a asomarse a la sala y vio como Lord Vader, con la mano alzada, mantenía el haz de luz rojo del disparo bláster unos metros delante del Emperador con la única ayuda de la Fuerza.
Un gran revuelo se armó entre los políticos, incapaces de comprender lo que sucedía. Entonces, Vader devolvió el disparó en la misma dirección por donde había llegado. Afortunadamente, Krill escondió la cabeza a tiempo para esquivarlo. Los tres compañeros volvieron sobre sus pasos, buscando la rendija de ventilación para escapar. Al encontrarla, se disponían a subir cuando varios soldados de asalto llegaron disparando. No tuvieron más remedio que retroceder y esconderse tras las columnas. Krill estaba detrás de una mientras que Neluba y Kai´Trix se resguardaban tras otra. Las ráfagas de disparos de los soldados no paraban. Krill y Neluba disparaban como podían, pero por suerte tenían buena puntería. Mientras, de fondo, el Emperador seguía con su discurso, como si nada hubiera sucedido, ignorando lo que ocurría en aquel mismo edificio.
Entonces se dieron cuenta de que no podían seguir así mucho tiempo, así que Krill les miró, sonrió y salió de su refugio, disparando a diestro y siniestro, intentando dar una vía de escape a sus compañeros. Pero Kai no le iba a dejar hacer aquello, así que se colocó delante de él, desviando los disparos que le llegaban con su sable laser.


Kai´Trix no sabía cómo, pero aquello estaba funcionando. El duro estaba disparando sus armas tras él, resguardado por Kai y su sable de luz. Entonces Neluba salió y se unió a ellos, colocándose junto a Krill, tras Kai.
Estuvieron un tiempo así y parecía que estaban ganando. Los soldados de asalto caían mientras que ninguno de sus disparos conseguía traspasar la defensa de Kai, pero poco a poco, el antiguo padawan iba agotando todas sus fuerzas, no podría aguantar mucho más así. No paraban de llegar soldados de asalto, sustituyendo a los caídos.


Kai ya no podía más e hizo una señal a sus compañeros para que volvieran tras las columnas.
—Esto es el fin —gritó Krill por encima de los sonidos de los disparos.
Los otros dos no contestaron, pero sabían que era cierto, iban a morir allí. De nuevo, volvieron a la situación del principio, disparando ocultos, mientras que los cuerpos blancos de los soldados se acumulaban en el suelo.
—A la mierda, ha sido un buen intento —dijo Krill, mirándoles—. Un placer haberos conocido.
Entonces se lanzó fuera de su refugio, disparando como un loco y matando a unos cuantos soldados antes de caer al suelo, muerto.
—¡NO! —gritó Kai.
Miró a su amiga y la contempló mientras disparaba.
—Te amo —dijo mientras la besaba.
—Te amo —contestó ella. Entonces se separaron—. Hagamos algo grande.
Kai´Trix asintió, sonriendo. Salieron de su escondite, directos a la muerte, intentando llevarse tantos enemigos como fuera posible. Los disparos no tardaron en alcanzarles, tirándoles al suelo. Con su último aliento, se arrastraron por el suelo, acercándose el uno al otro hasta unir sus manos. Solo entonces, murieron.

Una horas después, una figura imponente con armadura negra se dirigía hacia el lugar donde un hombre le esperaba. Respiraba ruidosamente.


—S… Señor… —le saludó tartamudeando un humano de piel oscura, a la vez que bajaba de un vehículo rojo.
—¿Es usted Nate Bake? —preguntó el Sith con una voz distorsionada, muy distinta a la voz que en su día había tenido Anakin Skywalker.
—Sí, señor —respondió Bake mirando el suelo, incapaz de mirar directamente a los ojos de aquel ser.
—Ha prestado un gran servicio al Imperio. El Emperador en persona le da las gracias por prevenirle. Le debe su vida —dijo Vader en un diálogo meramente protocolario —Aquí tiene su recompensa —dijo entregándole los créditos acordados por delatar a sus compañeros.
—Gracias —respondió el corelliano, extendiendo la mano para recogerlos, pero entonces Vader retiró la suya.
—Desafortunadamente, en el Imperio no queremos traidores —dijo a la vez que activaba su sable de luz y atravesaba con su filo carmesí el cuerpo de Bake.


Tras esto, arrojó el cuerpo a la calle, dejándole caer en los niveles inferiores. Después volvió a su sitio, junto al Emperador.

Publicado por Gorka Salgado

Fan de Star Wars y coleccionista de sus libros, cómics y revistas

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