Etiqueta: Malastare

  • Las piezas de War of the Bounty Hunters empiezan a colocarse… Reseña de Bounty Hunters #11

    Las piezas de War of the Bounty Hunters empiezan a colocarse… Reseña de Bounty Hunters #11

    Por Mario Tormo

    Comienza la Cacería de Malastare con Bossk como presa… Pero este número esconde mucho más que una situación novedosa para uno de los cazarrecompensas más sanguinarios que conocemos. Vamos a descubrir todas las claves que trae este número de cara al crossover del año: War of the Bounty Hunters.

    • Guión: Ethan Sacks, Dibujo: Paolo Villanelli, Color: Arif Prianto
    • Editado: 14 Abril 2021
    • Idioma: Inglés
    • Editorial: Marvel
    • Páginas: 32
    • Precio: 3.99 $

    Historia (con spoilers)

    Valance y Dengar consiguen poner a un lado sus diferencias para perseguir a un objetivo común: Fett.

    Mientras tanto se está produciendo la Gran Cacería de Malastare y Bossk es la principal presa. Exum Jermit, miembro del Clan Bancario tiene a un equipo preparado para disfrutar de la caza. Aunque justo antes de comenzar aparece Bib Fortuna para intentar negociar un acuerdo con ellos que excluya a un misterioso competidor con el que los muun parecen haber forjado una alianza. Jermit declina la oferta y sale a la búsqueda de su presa.

    Pero el trandoshano se las arreglar para derrotar a todos sus cazadores y acaba asesinando al muun, trabajo para el que realmente había sido contratado por el twi’lek como descubriremos mas tarde.

    Opinión

    Ethan Sacks firma uno de los mejores números de la colección. El retrato que hace de Bossk es espeluznante, un auténtico cazador sin escrúpulos, que no duda en usar todos los recursos a su alcance para lograr su objetivo. Y Bib Fortuna se convierte de repente en un jugador increíblemente interesante, astuto y despiadado. Brutal el diálogo entre el twi’lek y el muun antes de que el representante del clan bancario sea asesinado por el trandoshano.

    En este número además de ver uno de los mejores guiones de Sacks también disfrutamos de una de las mejores compenetraciones entre Paolo y Arif, quienes hacen que el resultado final del dibujo sea muy impactante, dinámico y entretenido. Viñetas increíbles y colores variados que hacen que nos sumerjamos por completo en la historia.

    Curiosidades

    El episodio al cual se refiere Valance, en el que Dengar traicionó al cyborg vendiéndolo a Vader se puede leer en la serie, inédita en España, Target Vader.

    Imagen de Target Vader

    Grummgar hace su primera aparición cronológicamente hablando, unos 30 años antes de que lo viésemos por primera vez en El Despertar de la Fuerza.

    Bib Fortuna empieza a colarse también en esta serie, después de hacer aparición en el #10 de Star Wars. Su aparición también en el final de The Mandalorian nos hacen pensar que han diseñado una ruta para este personaje que veremos en distintos productos.

    En esta ocasión Valance hace referencia a las dos veces que Fett se escapó y que vimos contadas en el número #5 de la serie. La primera en el trabajo que realizaron para Nakano Lash y la segunda cuando la encontró de nuevo para ajustar cuentas, pero se escapó de nuevo cuando las cosas se pusieron demasiado feas.

    Conclusión

    Un número redondo que redefine a dos antiguos personajes y que nos deja un punto de partida interesantísimo de cara lo que está por venir, War of the Bounty Hunters, el crossover de las series regulares de Marvel que promete ser el evento del año. El próximo número se anuncia como una previa a la anunciada guerra, pero este número sin duda es también un adelanto para la misma. Veremos a ver quién es ese misterioso competidor al que se refiere Bib, y si nos llevamos la sorpresa de que como se rumorea pueda ser Xizor…

    Reseñas de los números anteriores

  • Valance como última esperanza de los Rebeldes en Bounty Hunters #10. Reseña

    Valance como última esperanza de los Rebeldes en Bounty Hunters #10. Reseña

    Por Mario Tormo

    Por fin tenemos la conclusión del arco El desafío del Terminus (The Terminus Gauntlet). En el número anterior descubrimos que aunque la Banda de Ohnaka conseguieron abordar la nave rebelde, Valance se guardaba un as en la manga. Veremos si es capaz de solucionar la situación él solo y cómo será ese enfrentamiento con Dengar que promete la portada.

    • Guión: Ethan Sacks, Dibujo: Paolo Villanelli, Color: Arif Prianto
    • Editado: 17 Marzo 2021
    • Idioma: Inglés
    • Editorial: Marvel
    • Páginas: 32
    • Precio: 3.99 $

    Historia (con spoilers)

    Empezamos con un flashback a los tiempos de la Academia Imperial Carida, tras la batalla de Qhulosk donde Beilert casi pierde la vida, si no hubiese sido rescatado por Han. Valance es informado de que su rango no alcanza para que el Imperio costee las operaciones necesarias para que se recupere, y además le advierten de que no podrá volver a pilotar un caza.

    De vuelta a la Espíritu de Jedha vemos como el medio cyborg va deshaciéndose de los piratas que se encuentra a su paso mientras que la soldado Sproull intenta también zafarse de sus captores. Cuando convergen sus caminos unen sus fuerzas para recuperar la nave.

    Mientras tanto hemos se han mostrado dos puntos temporales distintos que suceden a la vez. Por un lado en Ruusan vemos como T’Onga tiene una motivación, para la cual requerirá tanto la ayuda de su querida Losha como del Nexu. Así mismo vemos en otro punto del espacio, donde ha aparecido el caza que mandó al hiperespacio Balance, que Zuckuss y 4-LOM lo han encontrado y que está emitiendo unas coordenadas que los pueden llevar hasta el cazarrecompensas.

    En la nave rebelde todo el plan pirata se desmorona. Dengar y el comandante rebelde Hill Purpura se alían contra Skragg mientras que el Valance llega hasta donde se encuentran. Él y Sproull consiguen recuperar finalmente el control de la nave, y la transmisión del primero permite que la Flota Rebelde evacuada de Lowick llegue hasta donde se encuentran para salvar lo que queda del Espíritu de Jedha. Aunque la nueva jefa del Clan Ohnaka consigue escapar, Dengar queda al custodio de Beilert, que parece tiene una nueva misión…

    Opinión

    Por fin descubrimos de qué iba todo lo relacionado con Han Solo. Ethan ha sabido orientar muy bien el punto de vista y la ironía de la situación actual dado el punto de partida tanto de Valance, que quería a toda costa luchar por el Imperio (y ahora se encuentra luchando por los Rebeldes), como de un Han Solo que no creía en nada (y que ahora se encuentra luchando en el mismo lado que Valance de nuevo). Ahora podemos esperar un futuro encuentro entre los antiguos compañeros luchando codo con codo (aunque no en este momento temporal claro).

    Sacks remata bastante bien este arco del Desafío del Terminus esbozando una posible nueva compañera romántica para Beilert (no pasa desapercibido ese brazo biónico de la soldado Sproull) y definiendo las motivaciones de todos los actores de la trama.

    En el apartado artístico seguimos con altibajos, mientras que hay momentos en los que el color ayuda a que la escena sea mucho mas dinámica como vemos en la viñeta del puño a Dengar, seguimos teniendo otras en las que tanto por la oscuridad del dibujo original de Villanelli como por el color de Prianto la gama tonal se queda muy escasa y nos produce cansancio visual. Es una pena porque hay muy buenas escenas y páginas que invitan a detenernos más y admirar el gran trabajo de ambos artistas.

    Mención especial a la portada del joven italiano Mattia De Iulis, que es la segunda que hace para Star Wars, y que como vemos seguirá haciendo un trabajo tanto de dibujo como de color espectacular al menos en el siguiente número también. Nos alegra ver nuevos artistas llegar a la franquicia que además son fans de la saga y aportan frescura a la misma.

    Curiosidades

    Las Carreras de Swoops mencionadas por Hill Purpura en las que participaban en Corelia él y Dengar se vieron por primera vez en el videojuego Knights Of the Old Republic.

    Se menciona por fin a Hondo y a su anterior liderazgo del clan que lleva su nombre.

    Conclusión y próximo número

    Parece que el protagonista del siguiente número, La gran cacería de Malastare (The great hunt of Malastare), será un Bossk que esta vez se convierte en la presa en el bosque de Malastare, con un misterioso cazador yendo tras él.

    Reseñas de los números anteriores

  • ¡SORPRESA! Gratis para leer los 8 primeros capítulos de The High Republic: Light of the Jedi

    Por Mario Tormo.

    Hace unos minutos la editorial Del Rey ha soltado la bomba. Desde hoy y hasta el domingo 15 van a ir publicando 2 capítulos por día, de manera completamente gratuita, de la primera novela de La Alta República.

    A través de este enlace, donde ya están disponibles los dos primeros capítulos, podréis ir leyendo dos capítulos diarios que se irán publicando sucesivamente hasta el domingo 15. De todas maneras no tenéis por qué leerlos deprisa y corriendo, porque permanecerán ahí. Además os recordamos que ya os ofrecimos una tracción exclusiva del primer capítulo, que fue liberado el pasado mes de Junio. Os dejamos el calendario de publicación:

    • Jueves 12 de Noviembre – Capítulos 1 y 2
    • Viernes 13 de Noviembre – Capítulos 3 y 4
    • Sábado 14 de Noviembre – Capítulos 5 y 6
    • Domingo 15 de Noviembre – Capítulos 7 y 8

    La novela escrita por Charles Soule es el punto de partida de la nueva era de Star Wars situada unos doscientos años antes de La Amenaza Fantasma. Su salida está prevista en Estados Unidos para el 5 de Enero de 2021. Si queréis leer la sinopsis completa y conocer algunos detalles extra podéis pinchar aquí. Además tenemos también una entrevista a Charles Soule hablando sobre la novela y toda la Alta República.

    A continuación os dejamos con el primer capítulo traducido en exclusiva al Castellano

    La Fuerza está con la galaxia.

    Son los tiempos de La Alta República: una pacífica unión de mundos con ideas afines donde todas las voces son escuchadas, y la gobernanza se alcanza mediante el consenso, no bajo coacción o miedo. Es un tiempo de ambiciones, de cultura, de inclusión, de Grandes Obras. La visionaria Canciller Lina Soh lidera la República desde la elegante ecumenópolis de Coruscant, situada cerca del luminoso centro del Núcleo Galáctico.

    Pero mas allá del Núcleo y sus muchas Colonias pacíficas, está el Borde – Interior. Medio,y finalmente, en el filo de lo conocido: El Borde Exterior. Estos mundos está llenos de oportunidades para aquellos lo suficientemente valientes para viajar a través de las pocas rutas bien cartografiadas que llevan hasta el mismo, junto con los peligros que ello implica. El Borde Exterior es el cielo de aquellos que buscan escapar de las leyes de la República, y está repleto de depredadores de todo tipo.

    La Canciller Soh ha alcanzado el compromiso de traer a los mundos del Borde Exterior bajo el manto de la República a través de ambiciosos programas de ayuda tales como la Estación Faro Starlight. El orden y la justicia con mantenidos en la frontera galáctica por los Caballeros Jedi, guardianes de la paz que han alcanzado el dominio de habilidades increíbles provinientes de un misterioso campo de energía conocido como la Fuerza. Los Jedi trabajan estrechamente con la República, y han aceptado establecer asentamientos en el Borde Exterior para auxiliar a cualquiera que necesite ayuda.

    Los Jedi de los puestos fronterizos pueden ser el único recurso para personas que no tienen a dónde ir. Aunque los asentamientos operan de manera independiente y sin ninguna ayuda directa del gran templo Jedi de Coruscant, actúan como un disuasivo para aquellos que buscan usar la oscuridad para hacer el mal.

    Pocos pueden oponerse los Caballeros de la Orden Jedi.

    Pero siempre existen aquellos que lo intentan…

    Estación Faro Starlight por Gonzalo Kenny

    CAPÍTULO 1

    HIPERESPACIO. EL CORREDOR LEGADO.

    3 HORAS PARA EL IMPACTO

    Todo está bien.

    La Capitana Hedda Casset revisió las lecturas y pantallas integradas en el sillón de mando por segunda vez. Siempre revisaba al menos dos veces. Tenía más de cuatro décadas de vuelo a sus espaldas, y creía que el doble chequeo era en gran parte la razón por la que seguía volando. El segundo análisis confirmaba todo lo que había visto la primera vez.

    “Todo está bien,” dijo, en voz alta esta vez, anunciándolo al personal del puente. “Tiempo para una de mis rondas. Teniente Bowman, tome el puente.”

    “Recibido, capitana,” respondió su primer oficial, levantándose de su asiento preparándose para ocupar el de ella hasta que volviese de su paseo vespertino.

    No todos los capitanes de cargueros pesados manejaban su nave como un vehículo militar. Hedda había visto naves estelares con suelos sucios, tuberías con fugas y grietas en las ventanas de la cabina, fallos que le rompían el alma. Pero Hedda Casset comenzó su trayectoria profesional como piloto de combate en las fuerzas de trabajo conjunto Malastare-Sullust, manteniendo el orden en su pequeño sector del Borde Medio. Empezó pilotando un Incom Z-24, caza monoplaza que todo el mundo llamaba simplemente Zumbador (Bugbuzz). Principalmente misiones policiacas, atrapando piratas y todo eso. Finalmente, sinembargo, ascendió hasta capitanear un crucero pesado, una de las naves más grandes de la flota. Una buena trayectoria, haciendo un buen trabajo.

    Abandonó las Mallust JTF (acrónimo para designar las Fuerzas de Trabajo Conjunto de Malastare-Sullust) con honores, trasladándosé a un puesto de trabajo capitaneando veleros mercantes para el Gremio Byrne – su propia versión de un relajado retiro. Pero los más de treinta años en el cuerpo militar significaban que el orden y la disciplina estaban no solo en su sangre, si no que eran su sangre. De manera que, cada nave en la que volaba era llevada como si fuese a librar una batalla definitiva contra la Armada Hutt, incluso cuando sólo transportaba una carga de pieles de ogrut del mundo A al mundo B. Esta nave, el Corredor Legado (Legacy Run), no era una excepción.

    Hedda se puso de pie, aceptando y devolviendo el saludo entrecortado del Teniente Jary Bowman. Se estiró, sintiendo los huesos de su columna crujir. Demasiados años de patrulla en cabinas minúsculas, demasiadas maniobras de Fuerza G – a veces en combate, otras simplemente porque le hacían sentir viva.

    El verdadero problema, sin embargo, pensaba, apartando un mechón de cabello gris tras su oreja, es que eran demasiados años.

    Dejó el puente, abandonando la precisa máquina de su cubierta de mando y caminando por un apretado pasillo hacia el espacioso y mas caótico mundo del Corredor Legado. La nave era un Transporte de Carga Modular de Clase-A de Kaniff Yards, tan viejo como ella. Eso situaba al navío un poco mas allá de su tiempo de vida operativo ideal, pero dentro de los parámetros de seguridad si se mantenía adecuadamente y era atendido regularmente – cosa que así sucedía. Su capitana se encargaba de ello.

    El Corredor era una nave de uso mixto, clasificada tanto para carga como pasajeros – de ahí lo “modular” en su designación. Estaba compuesta por un enorme compartimento central, con forma de prisma triangular alargado, con la ingeniería en la popa y el resto del espacio asignado a la carga. El puente conectaba con el casco central a través de largos y atronadores túneles, uno de los cuales atravesaba en ese momento. A la sección central se le pueden añadir módulos adicionales más pequeños, hasta ciento cuarenta y cuatro, acoplados o desacoplados en el patio dependiendo las necesidades del viaje.

    A Hedda le gustaban las propiedades modulares de la nave, porque significaba que nunca sabías de antemano lo que ibas a obtener, qué extraños desafíos tendrías que afrontar de un trabajo a otro. Una vez había volado la nave cuando la mitad de la carga asignada había sido reconfigurada como un enorme tanque de agua, para poder transportar un gigantesco pez espada de los tormentosos mares de Spira al acuario privado de una condesa en Abregado. Hedda y su tripulación habían conseguido cargar la bestia de una manera segura – lo cual no fue una tarea sencilla. Pero mas complicado fue traer de vuelta a la criatura tres ciclos más tarde, cuando el maldito bicho enfermó, ya que la gente de la condesa no tenía ni idea de como cuidarlo. Tuvo que reconocer sin embargo que la mujer pago el porte completo para devolver al pez espada a su hogar. La mayoría de la gente, nobles sobre todo, simplemente lo habrían dejado morir.

    Este viaje concreto, en comparación, era tan simple como se presentó. Las secciones de carga del Corredor Legado estaban ocupadas al ochenta por ciento por colonos que se dirigían al Borde Exterior desde el superpoblado Núcleo y los mundos Colonias, en busca de una nueva vida, nuevas oportunidades, nuevos cielos. Podía identificarse con eso. Hedda Casset había estado toda la vida en tensión. Tenía la sensación de que también moriría así, mirando por un ventanal, esperando que sus ojos divisasen algo que no había visto nunca.

    Debido a que era un viaje de transporte, la mayor parte de los módulos eran configuraciones básicas de pasajero, con sillones cama de uso libre, en teoría, suficientemente cómodos como para dormir en ellos. Instalaciones de aseo, almacenaje, pequeñas galerías y ya está. Para aquellos colonos dispuestos a pagar por un confort extra y comodidades, algunos módulos tenían cantinas atendidas por droides y compartimentos privados para dormir, aunque no muchos. Estas personas eran austeras. Si tuvieran el dinero con el que comenzar, seguramente no se estarían dirigiendo al Borde Exterior para intentar labrarse un futuro. El oscuro límite de la galaxia era un lugar de desafíos tan emocionantes como mortíferos. En realidad, mas mortíferos que emocionantes.

    Incluso el camino para llegar aquí fuera es intricado, pensó Hedda, con la mirada puesta en el torbellino de hiperespacio a través de la escotilla por la que pasaba. Apartó los ojos, sabiendo que podría tirarse ahí veinte minutos embobada si quería. No podías confiar en el viaje hiperespacial. Era útil, por supuesto, te llevaba de un punto a otro, era la clave de la expansión de la República mas allá del Núcleo, pero algo que nadie realmente entendía del todo. Si tu navidroide calculaba erróneamente las coordenadas, aunque fuese ligeramente, podías salirte de la ruta establecida, la vía principal para cualquiera que fuese el viaje hiperespacial, y entonces estarías en un camino oscuro que llevaría a quién sabe dónde o a quién. Había ocurrido incluso en las transitadas hiperrutas cercanas al centro galáctico, y aquí fuera, donde los cartógrafos prácticamente no han trazado ninguna ruta…bueno, era algo de lo que había que estar pendiente.

    Apartó todo eso de su cabeza y continuó su camino. Lo cierto es que, el Corredor Legado, estaba ahora mismo surcando las más transitadas y conocidas rutas hacia los mundos del Borde. Era un viaje rutinario. Las naves usaban esta hiperruta constantemente, en ambas direcciones. Nada por lo que preocuparse.

    Pero mas de nueve mil almas a bordo de la nave dependían de la Capitana Hedda Casset para que las llevase a su destino. Esto le preocupaba.

    Hadda salió del corredor y entró en el casco principal, llegando a un gran espacio circular, un lugar abierto necesario que, debido a la estructura de la nave, se había convertido en una especie de área común oficiosa. Un grupo de niños estaban dando patadas a un balón mientras que los adultos permanecían en pie charlando o simplemente estirando los músculos en una zona distinta a aquella en la que amanecían cada mañana. El lugar no era lujoso, tan sólo un punto de encuentro donde confluían varios pasillos – pero estaba limpio. La nave empleaba – por empeño de la capitana – un equipo automatizado de mantenimiento que mantenía sus interiores limpios y ordenados. Uno de los droides custodio se deslizaba en ese momento por la pared, realizando una de las interminables tareas que una nave del tamaño de la Carrera requerían.

    Se tomó un momento para hacer balance de este grupo – unas veinte personas, de todas las edades, de varios mundos. Humanos, por supuesto, pero también algunos Trandoshanos de piel escamada, una familia de Bith y hasta un Ortolan, de piel azul y hocico largo, con sus largas y pesadas aletas saliendo de los laterales de la cabeza – no suelen verse muchos de ellos. Aunque no importaba su planeta de procedencia, tan solo eran gente común, esperando para poder comenzar una nueva vida.

    Uno de los chicos alzó la vista.

    “¡Capitana Casset!” dijo el chaval, un humano pelirrojo de piel aceitunada. Lo conocía.

    “Hola, Serj,” dijo Hedda. “¿Alguna novedad? ¿Todo bien por aquí?”

    El resto de los chicos dejaron de jugar y se arremolinaron a su alrededor.

    “Nos vendrían bien nuevos holos,” dijo Serj. “Hemos visto todos los que hay en el sistema.”

    “Lo que tenemos es lo que hay,” respondió Hedda. “Y deja de intentar colarte en el archivo para ver los títulos con restricción de edad. ¿Crees que no me entero? Esta es mi nave. Me entero de todo lo que sucede en el Corredor Legado.

    Se inclinó hacia delante.

    “Todo.”

    Serj se sonrojó y miró a sus amigos, quienes también, de repente, habían encontrado cosas muy interesantes que observar en los muy poco interesantes suelo, techo y paredes de la sala.

    “No os preocupeis,” dijo irguiéndose. “Lo entiendo. Es un viaje muy aburrido. No me creeréis, pero en poco tiempo, cuando vuestros padres os tengan arando campos, construyendo vayas o luchando contra rancors estaréis soñando con el tiempo que pasasteis en este barco. Relajaros y disfrutad.”

    Serj puso los ojos en blanco y volvió a lo que fuese el juego de pelota improvisado que él y el resto de chicos habían inventado.

    Hedda sonrió y atravesó la sala, asintiendo y charlando mientras avanzaba. Gente. Probablemente algunos eran buenas personas, otras malas, pero durante los próximos días, su gente. Le encantaban estos viajes. No importaba lo que finalmente pasase en las vidas de estas personas, se dirigían hacia el Borde para cumplir sus sueños. Ella era parte de ello, y le hacía sentir bien.

    La República de la Canciller Soh no era perfecta -ningún gobierno lo era o iba a serlo- pero era un sistema que daba a la gente la posibilidad de soñar. No, aún mejor. Alentaba los sueños, tanto grandes como pequeños. La República tenía sus defectos, pero teniéndolo todo en cuenta, podría ser muchísimo peor.

    Las rondas de Hedda le llevaron cerca de una hora -se abrió paso a través de los compartimentos de pasajeros, pero también revisó un envío de tibanna líquido súper refrigerado para asegurarse de que los elementos volátiles estaban correctamente sujetos (lo estaban), inspeccionó todos los motores (todo bien), se puso al tanto del estado de las reparaciones de los sistemas de recirculación ambiental de la nave (en progreso y avanzando correctamente) y se aseguró de que las reservas de combustible seguían manteniéndose más que adecuadamente para el resto del viaje con un amplio margen (lo eran).

    El Corredor Legado era exactamente como ella quería que fuese. Un pequeño mundo adecuadamente mantenido en medio del desierto, una cálida burbuja de seguridad que mantiene a raya el vacío. No podía responder sobre lo que les esperaba a estos colonos una vez que se dispersaran por por el Borde Exterior, pero se aseguraría de que llegasen allí sanos y salvos para averiguarlo.

    Hedda volvió al puente, donde el Teniente se puso de pie prácticamente de un salto en cuanto la vio entrar.

    “Capitana en el puente,” dijo, y el resto de oficiales se irguieron en sus asientos.

    “Gracias, Jary,” dijo Hedda, mientras su segundo se hacía a un lado y regresaba a su puesto.

    Hedda se sentó en su sillón de mando, comprobando todas las pantallas automáticamente, en búsqueda de algo fuera de lo normal.

    Todo correcto, pensó.

    KTANG. KTANG. KTANG. KTANG.

    Una alarma, atronadora e insistente. La iluminación del puente cambió a su configuración de emergencia -bañándolo todo de rojo. A través del puerto frontal se veían los torbellinos hiperespaciales, en cierta manera. Quizá era la iluminación de emergencia, pero tenían un…tinte rojizo. Parecían…enfermizos.

    Hedda notó como se le aceleraba el pulso. Su cabeza se puso en modo de combate sin pensarlo.

    “¡Informe!” vociferó mientras sus ojos escrutaban su conjunto de monitores en busca del origen de la alarma.

    “Alarma generada por el navicomputador, capitana,” inquirió su navegante, el Cadete Kalwar, un joven Quermian. “Hay algo en la hiperruta. Justo delante. Grande. Impacto en diez segundos.”

    La voz del cadete se mantuvo firme, Hedda se sentía orgullosa de él. Probablemente no era mucho mayor que Serj.

    Sabía que esta situación era imposible. Las rutas eran seleccionadas porque estaban libres de potenciales escombros, que estuvieran despejadas se calculaba hasta a un metro de resolución. Cualquier partícula que se escapase era detectada y evitada por los navidroides de abordo haciendo ajustes a lo largo del vector. Colisiones a velocidad luz durante rutas establecidas era matemáticamente imposible.

    También sabía que aunque fuese absurdo, estaba sucediendo, y esos diez segundos no eran tiempo en absoluto para la velocidad a la que el Corredor Legado estaba viajando.

    No puedes confiar en los viajes hiperespaciales, pensó,

    Hedda Casset pulsó dos botones en su consola de mando.

    “Prepárense,” dijo, con voz calmada. “Estoy tomando el control.”

    Se tomó un instante para tomar aire y justo después comenzó a volar.

    El Corredor Legado no era un Zumbador Incom Z-24, ni siquiera uno de los nuevos Longbeams de la República. Era un carguero sexagenario al final -mas allá incluso- de su vida útil, cargado, con motores diseñados para una aceleración y deceleración lenta y gradual, para aterrizajes en puertos espaciales e instalaciones con carga orbital. Maniobraba como una luna.

    El Corredor Legado no era una nave de guerra. Ni si quiera se acercaba. Pero Hedda la pilotaba como si lo fuera.

    Vio el obstáculo en su camino gracias a su vista de piloto de caza e instinto, lo vio avanzando a una velocidad increíble, lo suficientemente grande para que tanto su nave como fuera lo que fuese eso acabasen desintegrados en átomos, polvo eternamente a la deriva a través de las rutas hiperespaciales. No había tiempo para evitarlo. La nave no podía esquivarlo. No había espacio ni tiempo.

    Pero la Capitana Hedda Casset llevaba el timón, y no le fallaría a su nave.

    Un ligero toque en la palanca de control izquierdo y un giro más grande en la derecha, y el Corredor Legado se movió. Mas de lo que hubiese querido, pero no menos de lo que ella creía que era capaz, y el enorme carguero se deslizó a través del obstáculo que había en su camino, pasando el objeto tan cerca del casco que Hedda sintió como se despeinaba a pesar de las muchas capas de metal y blindaje que los separaban.

    Pero estaban a salvo. No había habido impacto. La nave había sobrevivido.

    Había turbulencias y Hedda luchaba contra ellas, abriéndose paso a pesar de traqueteos y sacudidas, sin necesidad de ver para pilotar. La nave gruñía, el casco se quejaba.

    “Puedes lograrlo, vieja amiga,” dijo en alto. “Claro que somos un par de viejas damas gruñonas, pero aún nos queda mucha vida por vivir. He cuidado rematadamente bien de ti, y lo sabes. No te voy a dejar tirada si tú no me abandonas.”

    Hedda no le falló a su nave.

    La nave le falló a ella.

    El rugido del sobreesfuerzo metálico se convirtió en un grito. Las vibraciones de la nave atravesando el espacio dieron paso a un nuevo tono que Hedda ya había escuchado antes demasiadas veces. Era el sentir de una nave que había sido llevada más allá de sus límites, ya hubiese sido por recibir demasiados daños en un tiroteo o, como en esta ocasión, por haber sido forzada a realizar una maniobra por encima de sus posibilidades.

    El Corredor Legado estaba resquebrajándose. Le quedaban unos segundos de vida, como mucho.

    Hedda abrió los ojos. Soltó las palancas de control e introdujo los comandos en su consola para activar los blindajes de las compuertas que separaban cada módulo de carga en caso de catástrofe, pensando que eso les daría alguna oportunidad las personas a bordo. Pensó en Serj y sus amigos, jugando en el área común, y en cómo las puertas de emergencia acababan de cerrarse de golpe a la entrada de cada módulo de pasajeros, atrapándolos posiblemente en una zona que estaba a punto de convertirse en vacío. Deseó que los chicos se hubiesen ido con sus familias cuando sonó la alarma.

    Pero no lo sabía.

    Simplemente no lo sabía.

    Hedda fijó los ojos en su primer oficial, que estaba observándola, sabiendo lo que estaba a punto de suceder. Saludó.

    “Capitana,” dijo el Teniente Bowman, “ha sido un-“

    El puente se resquebrajó.

    Hedda Casset murió, sin ni si quiera saber si había salvado a alguien.

  • Light of the Jedi, traducción del primer capítulo

    Light of the Jedi, traducción del primer capítulo

    Por Mario Tormo.

    La Fuerza está con la galaxia.

    Son los tiempos de La Alta República: una pacífica unión de mundos con ideas afines donde todas las voces son escuchadas, y la gobernanza se alcanza mediante el consenso, no bajo coacción o miedo. Es un tiempo de ambiciones, de cultura, de inclusión, de Grandes Obras. La visionaria Canciller Lina Soh lidera la República desde la elegante ecumenópolis de Coruscant, situada cerca del luminoso centro del Núcleo Galáctico.

    Pero mas allá del Núcleo y sus muchas Colonias pacíficas, está el Borde – Interior. Medio,y finalmente, en el filo de lo conocido: El Borde Exterior. Estos mundos está llenos de oportunidades para aquellos lo suficientemente valientes para viajar a través de las pocas rutas bien cartografiadas que llevan hasta el mismo, junto con los peligros que ello implica. El Borde Exterior es el cielo de aquellos que buscan escapar de las leyes de la República, y está repleto de depredadores de todo tipo.

    La Canciller Soh ha alcanzado el compromiso de traer a los mundos del Borde Exterior bajo el manto de la República a través de ambiciosos programas de ayuda tales como la Estación Faro Starlight. El orden y la justicia con mantenidos en la frontera galáctica por los Caballeros Jedi, guardianes de la paz que han alcanzado el dominio de habilidades increíbles provinientes de un misterioso campo de energía conocido como la Fuerza. Los Jedi trabajan estrechamente con la República, y han aceptado establecer asentamientos en el Borde Exterior para auxiliar a cualquiera que necesite ayuda.

    Los Jedi de los puestos fronterizos pueden ser el único recurso para personas que no tienen a dónde ir. Aunque los asentamientos operan de manera independiente y sin ninguna ayuda directa del gran templo Jedi de Coruscant, actúan como un disuasivo para aquellos que buscan usar la oscuridad para hacer el mal.

    Pocos pueden oponerse los Caballeros de la Orden Jedi.

    Pero siempre existen aquellos que lo intentan…

    Estación Faro Starlight por Gonzalo Kenny

    CAPÍTULO 1

    HIPERESPACIO. EL CORREDOR LEGADO.

    3 HORAS PARA EL IMPACTO

    Todo está bien.

    La Capitana Hedda Casset revisió las lecturas y pantallas integradas en el sillón de mando por segunda vez. Siempre revisaba al menos dos veces. Tenía más de cuatro décadas de vuelo a sus espaldas, y creía que el doble chequeo era en gran parte la razón por la que seguía volando. El segundo análisis confirmaba todo lo que había visto la primera vez.

    «Todo está bien,» dijo, en voz alta esta vez, anunciándolo al personal del puente. «Tiempo para una de mis rondas. Teniente Bowman, tome el puente.»

    «Recibido, capitana,» respondió su primer oficial, levantándose de su asiento preparándose para ocupar el de ella hasta que volviese de su paseo vespertino.

    No todos los capitanes de cargueros pesados manejaban su nave como un vehículo militar. Hedda había visto naves estelares con suelos sucios, tuberías con fugas y grietas en las ventanas de la cabina, fallos que le rompían el alma. Pero Hedda Casset comenzó su trayectoria profesional como piloto de combate en las fuerzas de trabajo conjunto Malastare-Sullust, manteniendo el orden en su pequeño sector del Borde Medio. Empezó pilotando un Incom Z-24, caza monoplaza que todo el mundo llamaba simplemente Zumbador (Bugbuzz). Principalmente misiones policiacas, atrapando piratas y todo eso. Finalmente, sinembargo, ascendió hasta capitanear un crucero pesado, una de las naves más grandes de la flota. Una buena trayectoria, haciendo un buen trabajo.

    Abandonó las Mallust JTF (acrónimo para designar las Fuerzas de Trabajo Conjunto de Malastare-Sullust) con honores, trasladándosé a un puesto de trabajo capitaneando veleros mercantes para el Gremio Byrne – su propia versión de un relajado retiro. Pero los más de treinta años en el cuerpo militar significaban que el orden y la disciplina estaban no solo en su sangre, si no que eran su sangre. De manera que, cada nave en la que volaba era llevada como si fuese a librar una batalla definitiva contra la Armada Hutt, incluso cuando sólo transportaba una carga de pieles de ogrut del mundo A al mundo B. Esta nave, el Corredor Legado (Legacy Run), no era una excepción.

    Hedda se puso de pie, aceptando y devolviendo el saludo entrecortado del Teniente Jary Bowman. Se estiró, sintiendo los huesos de su columna crujir. Demasiados años de patrulla en cabinas minúsculas, demasiadas maniobras de Fuerza G – a veces en combate, otras simplemente porque le hacían sentir viva.

    El verdadero problema, sin embargo, pensaba, apartando un mechón de cabello gris tras su oreja, es que eran demasiados años.

    Dejó el puente, abandonando la precisa máquina de su cubierta de mando y caminando por un apretado pasillo hacia el espacioso y mas caótico mundo del Corredor Legado. La nave era un Transporte de Carga Modular de Clase-A de Kaniff Yards, tan viejo como ella. Eso situaba al navío un poco mas allá de su tiempo de vida operativo ideal, pero dentro de los parámetros de seguridad si se mantenía adecuadamente y era atendido regularmente – cosa que así sucedía. Su capitana se encargaba de ello.

    El Corredor era una nave de uso mixto, clasificada tanto para carga como pasajeros – de ahí lo «modular» en su designación. Estaba compuesta por un enorme compartimento central, con forma de prisma triangular alargado, con la ingeniería en la popa y el resto del espacio asignado a la carga. El puente conectaba con el casco central a través de largos y atronadores túneles, uno de los cuales atravesaba en ese momento. A la sección central se le pueden añadir módulos adicionales más pequeños, hasta ciento cuarenta y cuatro, acoplados o desacoplados en el patio dependiendo las necesidades del viaje.

    A Hedda le gustaban las propiedades modulares de la nave, porque significaba que nunca sabías de antemano lo que ibas a obtener, qué extraños desafíos tendrías que afrontar de un trabajo a otro. Una vez había volado la nave cuando la mitad de la carga asignada había sido reconfigurada como un enorme tanque de agua, para poder transportar un gigantesco pez espada de los tormentosos mares de Spira al acuario privado de una condesa en Abregado. Hedda y su tripulación habían conseguido cargar la bestia de una manera segura – lo cual no fue una tarea sencilla. Pero mas complicado fue traer de vuelta a la criatura tres ciclos más tarde, cuando el maldito bicho enfermó, ya que la gente de la condesa no tenía ni idea de como cuidarlo. Tuvo que reconocer sin embargo que la mujer pago el porte completo para devolver al pez espada a su hogar. La mayoría de la gente, nobles sobre todo, simplemente lo habrían dejado morir.

    Este viaje concreto, en comparación, era tan simple como se presentó. Las secciones de carga del Corredor Legado estaban ocupadas al ochenta por ciento por colonos que se dirigían al Borde Exterior desde el superpoblado Núcleo y los mundos Colonias, en busca de una nueva vida, nuevas oportunidades, nuevos cielos. Podía identificarse con eso. Hedda Casset había estado toda la vida en tensión. Tenía la sensación de que también moriría así, mirando por un ventanal, esperando que sus ojos divisasen algo que no había visto nunca.

    Debido a que era un viaje de transporte, la mayor parte de los módulos eran configuraciones básicas de pasajero, con sillones cama de uso libre, en teoría, suficientemente cómodos como para dormir en ellos. Instalaciones de aseo, almacenaje, pequeñas galerías y ya está. Para aquellos colonos dispuestos a pagar por un confort extra y comodidades, algunos módulos tenían cantinas atendidas por droides y compartimentos privados para dormir, aunque no muchos. Estas personas eran austeras. Si tuvieran el dinero con el que comenzar, seguramente no se estarían dirigiendo al Borde Exterior para intentar labrarse un futuro. El oscuro límite de la galaxia era un lugar de desafíos tan emocionantes como mortíferos. En realidad, mas mortíferos que emocionantes.

    Incluso el camino para llegar aquí fuera es intricado, pensó Hedda, con la mirada puesta en el torbellino de hiperespacio a través de la escotilla por la que pasaba. Apartó los ojos, sabiendo que podría tirarse ahí veinte minutos embobada si quería. No podías confiar en el viaje hiperespacial. Era útil, por supuesto, te llevaba de un punto a otro, era la clave de la expansión de la República mas allá del Núcleo, pero algo que nadie realmente entendía del todo. Si tu navidroide calculaba erróneamente las coordenadas, aunque fuese ligeramente, podías salirte de la ruta establecida, la vía principal para cualquiera que fuese el viaje hiperespacial, y entonces estarías en un camino oscuro que llevaría a quién sabe dónde o a quién. Había ocurrido incluso en las transitadas hiperrutas cercanas al centro galáctico, y aquí fuera, donde los cartógrafos prácticamente no han trazado ninguna ruta…bueno, era algo de lo que había que estar pendiente.

    Apartó todo eso de su cabeza y continuó su camino. Lo cierto es que, el Corredor Legado, estaba ahora mismo surcando las más transitadas y conocidas rutas hacia los mundos del Borde. Era un viaje rutinario. Las naves usaban esta hiperruta constantemente, en ambas direcciones. Nada por lo que preocuparse.

    Pero mas de nueve mil almas a bordo de la nave dependían de la Capitana Hedda Casset para que las llevase a su destino. Esto le preocupaba.

    Hadda salió del corredor y entró en el casco principal, llegando a un gran espacio circular, un lugar abierto necesario que, debido a la estructura de la nave, se había convertido en una especie de área común oficiosa. Un grupo de niños estaban dando patadas a un balón mientras que los adultos permanecían en pie charlando o simplemente estirando los músculos en una zona distinta a aquella en la que amanecían cada mañana. El lugar no era lujoso, tan sólo un punto de encuentro donde confluían varios pasillos – pero estaba limpio. La nave empleaba – por empeño de la capitana – un equipo automatizado de mantenimiento que mantenía sus interiores limpios y ordenados. Uno de los droides custodio se deslizaba en ese momento por la pared, realizando una de las interminables tareas que una nave del tamaño de la Carrera requerían.

    Se tomó un momento para hacer balance de este grupo – unas veinte personas, de todas las edades, de varios mundos. Humanos, por supuesto, pero también algunos Trandoshanos de piel escamada, una familia de Bith y hasta un Ortolan, de piel azul y hocico largo, con sus largas y pesadas aletas saliendo de los laterales de la cabeza – no suelen verse muchos de ellos. Aunque no importaba su planeta de procedencia, tan solo eran gente común, esperando para poder comenzar una nueva vida.

    Uno de los chicos alzó la vista.

    «¡Capitana Casset!» dijo el chaval, un humano pelirrojo de piel aceitunada. Lo conocía.

    «Hola, Serj,» dijo Hedda. «¿Alguna novedad? ¿Todo bien por aquí?»

    El resto de los chicos dejaron de jugar y se arremolinaron a su alrededor.

    «Nos vendrían bien nuevos holos,» dijo Serj. «Hemos visto todos los que hay en el sistema.»

    «Lo que tenemos es lo que hay,» respondió Hedda. «Y deja de intentar colarte en el archivo para ver los títulos con restricción de edad. ¿Crees que no me entero? Esta es mi nave. Me entero de todo lo que sucede en el Corredor Legado.

    Se inclinó hacia delante.

    «Todo.»

    Serj se sonrojó y miró a sus amigos, quienes también, de repente, habían encontrado cosas muy interesantes que observar en los muy poco interesantes suelo, techo y paredes de la sala.

    «No os preocupeis,» dijo irguiéndose. «Lo entiendo. Es un viaje muy aburrido. No me creeréis, pero en poco tiempo, cuando vuestros padres os tengan arando campos, construyendo vayas o luchando contra rancors estaréis soñando con el tiempo que pasasteis en este barco. Relajaros y disfrutad.»

    Serj puso los ojos en blanco y volvió a lo que fuese el juego de pelota improvisado que él y el resto de chicos habían inventado.

    Hedda sonrió y atravesó la sala, asintiendo y charlando mientras avanzaba. Gente. Probablemente algunos eran buenas personas, otras malas, pero durante los próximos días, su gente. Le encantaban estos viajes. No importaba lo que finalmente pasase en las vidas de estas personas, se dirigían hacia el Borde para cumplir sus sueños. Ella era parte de ello, y le hacía sentir bien.

    La República de la Canciller Soh no era perfecta -ningún gobierno lo era o iba a serlo- pero era un sistema que daba a la gente la posibilidad de soñar. No, aún mejor. Alentaba los sueños, tanto grandes como pequeños. La República tenía sus defectos, pero teniéndolo todo en cuenta, podría ser muchísimo peor.

    Las rondas de Hedda le llevaron cerca de una hora -se abrió paso a través de los compartimentos de pasajeros, pero también revisó un envío de tibanna líquido súper refrigerado para asegurarse de que los elementos volátiles estaban correctamente sujetos (lo estaban), inspeccionó todos los motores (todo bien), se puso al tanto del estado de las reparaciones de los sistemas de recirculación ambiental de la nave (en progreso y avanzando correctamente) y se aseguró de que las reservas de combustible seguían manteniéndose más que adecuadamente para el resto del viaje con un amplio margen (lo eran).

    El Corredor Legado era exactamente como ella quería que fuese. Un pequeño mundo adecuadamente mantenido en medio del desierto, una cálida burbuja de seguridad que mantiene a raya el vacío. No podía responder sobre lo que les esperaba a estos colonos una vez que se dispersaran por por el Borde Exterior, pero se aseguraría de que llegasen allí sanos y salvos para averiguarlo.

    Hedda volvió al puente, donde el Teniente se puso de pie prácticamente de un salto en cuanto la vio entrar.

    «Capitana en el puente,» dijo, y el resto de oficiales se irguieron en sus asientos.

    «Gracias, Jary,» dijo Hedda, mientras su segundo se hacía a un lado y regresaba a su puesto.

    Hedda se sentó en su sillón de mando, comprobando todas las pantallas automáticamente, en búsqueda de algo fuera de lo normal.

    Todo correcto, pensó.

    KTANG. KTANG. KTANG. KTANG.

    Una alarma, atronadora e insistente. La iluminación del puente cambió a su configuración de emergencia -bañándolo todo de rojo. A través del puerto frontal se veían los torbellinos hiperespaciales, en cierta manera. Quizá era la iluminación de emergencia, pero tenían un…tinte rojizo. Parecían…enfermizos.

    Hedda notó como se le aceleraba el pulso. Su cabeza se puso en modo de combate sin pensarlo.

    «¡Informe!» vociferó mientras sus ojos escrutaban su conjunto de monitores en busca del origen de la alarma.

    «Alarma generada por el navicomputador, capitana,» inquirió su navegante, el Cadete Kalwar, un joven Quermian. «Hay algo en la hiperruta. Justo delante. Grande. Impacto en diez segundos.»

    La voz del cadete se mantuvo firme, Hedda se sentía orgullosa de él. Probablemente no era mucho mayor que Serj.

    Sabía que esta situación era imposible. Las rutas eran seleccionadas porque estaban libres de potenciales escombros, que estuvieran despejadas se calculaba hasta a un metro de resolución. Cualquier partícula que se escapase era detectada y evitada por los navidroides de abordo haciendo ajustes a lo largo del vector. Colisiones a velocidad luz durante rutas establecidas era matemáticamente imposible.

    También sabía que aunque fuese absurdo, estaba sucediendo, y esos diez segundos no eran tiempo en absoluto para la velocidad a la que el Corredor Legado estaba viajando.

    No puedes confiar en los viajes hiperespaciales, pensó,

    Hedda Casset pulsó dos botones en su consola de mando.

    «Prepárense,» dijo, con voz calmada. «Estoy tomando el control.»

    Se tomó un instante para tomar aire y justo después comenzó a volar.

    El Corredor Legado no era un Zumbador Incom Z-24, ni siquiera uno de los nuevos Longbeams de la República. Era un carguero sexagenario al final -mas allá incluso- de su vida útil, cargado, con motores diseñados para una aceleración y deceleración lenta y gradual, para aterrizajes en puertos espaciales e instalaciones con carga orbital. Maniobraba como una luna.

    El Corredor Legado no era una nave de guerra. Ni si quiera se acercaba. Pero Hedda la pilotaba como si lo fuera.

    Vio el obstáculo en su camino gracias a su vista de piloto de caza e instinto, lo vio avanzando a una velocidad increíble, lo suficientemente grande para que tanto su nave como fuera lo que fuese eso acabasen desintegrados en átomos, polvo eternamente a la deriva a través de las rutas hiperespaciales. No había tiempo para evitarlo. La nave no podía esquivarlo. No había espacio ni tiempo.

    Pero la Capitana Hedda Casset llevaba el timón, y no le fallaría a su nave.

    Un ligero toque en la palanca de control izquierdo y un giro más grande en la derecha, y el Corredor Legado se movió. Mas de lo que hubiese querido, pero no menos de lo que ella creía que era capaz, y el enorme carguero se deslizó a través del obstáculo que había en su camino, pasando el objeto tan cerca del casco que Hedda sintió como se despeinaba a pesar de las muchas capas de metal y blindaje que los separaban.

    Pero estaban a salvo. No había habido impacto. La nave había sobrevivido.

    Había turbulencias y Hedda luchaba contra ellas, abriéndose paso a pesar de traqueteos y sacudidas, sin necesidad de ver para pilotar. La nave gruñía, el casco se quejaba.

    «Puedes lograrlo, vieja amiga,» dijo en alto. «Claro que somos un par de viejas damas gruñonas, pero aún nos queda mucha vida por vivir. He cuidado rematadamente bien de ti, y lo sabes. No te voy a dejar tirada si tú no me abandonas.»

    Hedda no le falló a su nave.

    La nave le falló a ella.

    El rugido del sobreesfuerzo metálico se convirtió en un grito. Las vibraciones de la nave atravesando el espacio dieron paso a un nuevo tono que Hedda ya había escuchado antes demasiadas veces. Era el sentir de una nave que había sido llevada más allá de sus límites, ya hubiese sido por recibir demasiados daños en un tiroteo o, como en esta ocasión, por haber sido forzada a realizar una maniobra por encima de sus posibilidades.

    El Corredor Legado estaba resquebrajándose. Le quedaban unos segundos de vida, como mucho.

    Hedda abrió los ojos. Soltó las palancas de control e introdujo los comandos en su consola para activar los blindajes de las compuertas que separaban cada módulo de carga en caso de catástrofe, pensando que eso les daría alguna oportunidad las personas a bordo. Pensó en Serj y sus amigos, jugando en el área común, y en cómo las puertas de emergencia acababan de cerrarse de golpe a la entrada de cada módulo de pasajeros, atrapándolos posiblemente en una zona que estaba a punto de convertirse en vacío. Deseó que los chicos se hubiesen ido con sus familias cuando sonó la alarma.

    Pero no lo sabía.

    Simplemente no lo sabía.

    Hedda fijó los ojos en su primer oficial, que estaba observándola, sabiendo lo que estaba a punto de suceder. Saludó.

    «Capitana,» dijo el Teniente Bowman, «ha sido un-«

    El puente se resquebrajó.

    Hedda Casset murió, sin ni si quiera saber si había salvado a alguien.

    Light of the Jedi está escrito por Charles Soule y se publicará el 5 de Enero de 2021 en Estados Unidos.