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  • LA ‘PERLA’ DE THE MANDALORIAN: Entre el cómic y el videojuego

    LA ‘PERLA’ DE THE MANDALORIAN: Entre el cómic y el videojuego

    Por Lara Franco Cobo y Alberto Izquierdo López

    ¡Muy buenas, bibliotecarios! Abandonamos por unos instantes nuestros estudios comiqueros dentro del universo Star Wars para con, entre otros lugares, La biblioteca de AlberSinLar, la sección especializada en cómics de la saga dentro de la revista Biblioteca Jedi, puesto que a nuestros oídos ha llegado la necesidad de hacer un poco de justicia, y homenaje, a la archinombrada referencia a esa misteriosa y brillante perla que, en The Marshal —o El Mariscal en la versión castellana—, el primer capítulo de la segunda temporada de la serie The Mandalorian, acaba convirtiéndose en uno de los muchos guiños a la antigua continuidad Leyendas que Jon Favreau y compañía han introducido desde el minuto uno. Y es que, por todas partes, artículos y webs han rememorado, y con mucha razón, la misión que, en el videojuego realizado por Bioware y lanzado por LucasArts al mundo en el año 2003, Caballeros de la Antigua República (KotOR para los amigos), nos tocaba realizar cuando visitábamos el planeta Tatooine en busca de unas ruinas rakata que guardaban el esquivo Mapa Estelar con la localización de la Forja Estelar. Qué tiempos aquellos.

    Llega a ser el pedazo de dragón krayt de The Mandalorian el que guarda el Mapa Estelar y se acaba el videojuego ahí.

    Efectivamente, la relación entre el guion del capítulo con la manera en que, personificando a un Revan devuelto al lado luminoso de la Fuerza tras un lavado de cerebro importante realizado por el Consejo Jedi, nos toca hacer salir, que nunca enfrentarnos directamente, al dragón krayt que custodia en su cueva el Mapa Estelar, no puede ser más evidente. Ocultar explosivos a la entrada/salida de la guarida, atraerlo con banthas, matarlo con las explosiones subsiguientes… En esencia, básicamente lo mismo. Llega Favreau a incluir las charlas interminables con tus compañeros y Komad Fortuna, el twi’lek cazador que te guía en todo momento, y prácticamente lo hubiera clavado. Aunque no es el objetivo de la misión, a posteriori, Revan, o sea, nosotros, como jugadores, nos habremos hecho, por ayudar en el, digamos, asesinato del pobre bicho, con la perla que el dragón tenía en su interior y que, según nuestra afiliación dentro del videojuego, podíamos venderla, quedárnosla para potenciar nuestra espada láser o entregársela a los tusken en señal de respeto a sus tradiciones y para convertirnos en iguales a sus ojos, ya que si algo valoraban los moradores de las arenas son estas perlas en los ritos de paso a la edad adulta de sus jóvenes. En The Mandalorian, de momento, Din Djarin solo nos dice que lo que estos buscan es el icor —término griego para los fluidos internos de las divinidades— del dragón, así que si la obtención de la perla tiene algo que ver con su origen en Leyendas, aún está por ver.

    Qué importa el medio cuando lo importante es el objetivo, ¿verdad?

    Sin entrar en detalles dentro del Universo Expandido de ambas continuidades, para lo que estamos aquí es para destacar que sí, efectivamente la referencia y relación está ahí, y eso gusta a los nostálgicos como nosotros, pero olvidarse de que Caballeros de la Antigua República bebía de proyectos antecesores dentro de la saga Star Wars, junto a elevar a día de hoy el videojuego como fuente primaria, mayestática y por antonomasia, ahí ya es pasarse un poco. El origen de todo este trasfondo es un cómic. Concretamente, un arco argumental dentro del primer volumen Star Wars que la editorial Dark Horse Comics tuvo el valor de lanzar (en memoria de la cabecera marvelita) a raíz del boom del estreno de La amenaza fantasma en 1999, solo que, ahora, ambientado en la Trilogía de Precuelas.

    Star Wars: Outlander fue el segundo arco argumental que protagonizó aquella serie titulada Star Wars, lanzada en origen en diciembre de 1998 tras su debut con la historia Preludio a la Rebelión. Como veis, en tiempos de esta trilogía ya no se lanzaba la adaptación de la película antes del estreno, sino lo que orbitaba alrededor. El caso es que, formada por seis grapas que correspondían a los números #7 al #12 dentro de la numeración USA, la historia retomaba al protagonista del primer arco, el Maestro Jedi Ki-Adi-Mundi, pero ahora viajando, por mandato directo del Consejo Jedi tras convertirse en miembro, al desértico planeta Tatooine, con el fin de localizar al misterioso cabecilla de una suerte de levantamiento tusken en el planeta que no solo está poniendo en jaque la supervivencia de los colonos del Mar de las Dunas, a los diferentes núcleos urbanos a los que estos suministran víveres o al mismísimo cartel criminal de Jabba el Hutt, sino que está conducido por el Jedi exiliado Sharad Hett.

    Los tres prestigios en que Planeta DeAgostini Cómics publicó el arco argumental siguiendo el modelo de formato que, no solo con Star Wars, ya había iniciado la editorial Norma Editorial durante los años 90. ¡Auténticos clásicos!

    Sin entrar demasiado en materia y querer reventaros la trama, Sharad Hett es, efectivamente, quien está liderando a este pueblo de las arenas hacia una inminente contienda a gran escala con el resto de pobladores del planeta. Para sorpresa de Mundi, este Maestro, aun considerándose un Jedi, ha abrazado la forma de vida y cultura del pueblo tusken, hasta el punto de estar criando a su hijo, A’Sharad Hett (quien tendrá, posteriormente, un gran recorrido en el universo comiquero), en ambas tradiciones, incluyendo el mencionado rito de iniciación de los jóvenes en el que la muerte ritual de un dragón krayt —en solitario y usando únicamente el gaderffii, la doble arma tradicional de los moradores de las arenas— es necesaria. Por supuesto, y tras ser ayudado al principio por la tribu, el muchacho fue capaz de acabar con la vida de, en este caso, la dragona krayt, sin ningún problema.

    Es el número #10 USA, que en España equivaldría al segundo prestigio publicado por Planeta DeAgostini Cómics en el lejano cambio de siglo, el que reveló, por primera vez, y de donde los guionistas del Caballeros de la Antigua República lo tomaron para el videojuego, esta parte de trasfondo del pueblo tusken en que, para alcanzar la madurez sexual y la posición de adulto dentro del grupo, era necesario realizar una prueba de valor, coraje y extremo peligro. O, al menos, eso es lo que el cómic, escrito por Timothy Truman, nos quiere decir, porque, tal y como se vería en otros ejemplos de la antigua continuidad de Leyendas, lo de matar a semejante bestia cada vez que un joven tusken tenía que ‘graduarse’ no debía ser fácil. Es que si lo fuera, capaces hubieran sido de extinguir la especie hacía ya mucho tiempo. Igualmente, y esto es algo que el actual canon ha mantenido en, por ejemplo, novelas, como Heredero de los Jedi, la posesión de semejante orbe formado en el interior del vientre del dragón resultaba de lo más tentador por su enorme valor natural, simbólico y económico, por lo que la introducción de buscadores de tesoros con destino el valle-cementerio de los dragones krayt en Tatooine o, en este caso, cazadores experimentados en el videojuego —como el amigo Komad Fortuna y los mercenarios que te encuentras por el desierto— resultaba de lo más verosímil en lo que a un trasfondo racional se refiere. En resumen, estamos hablando del huevo faberge del universo Star Wars.

    Número #10 USA y su equivalencia en la edición española de nuestra colección particular, firmados por el dibujante Rick Leonardi, durante una visita al Salón del Cómic de Madrid (Expocómic)

    Al mismo tiempo, este número, dibujado por Rick Leonardi, por suerte se alejaría de la fantasiosa interpretación que de la imagen del dragón krayt tuvo el ilustrador del número anterior, Rod Pereira —al presentarlo más como un descomunal felino draconiano que otra cosa—, según siguió el diseño clásico de reptil draconiano firmado por el mismísimo Ralph McQuarrie en tiempos de la producción del Episodio IV, aunque ya con un estilo más contemporáneo y adecuado al imaginario colectivo.

    Por si fuera poco, con el tiempo, el cómic también sería considerado la fuente para crear la denominación que esta tipología de dragón krayt acabaría teniendo y que se nombró originalmente en sus viñetas: «Canyon Krayt Dragon», o «dragón krayt del cañón», convirtiéndose así en una de las dos subespecies que conformarían esta familia evolutiva draconiana y que, al menos hasta la llegada de este primer capítulo de la segunda temporada de The Mandalorian, habían sufrido una traslación inmediata y sin cambios en la nueva continuidad gracias a su reaparición en multitud de fuentes. La existencia del descomunal ser de aspecto aparentemente serpentino que vimos en la pantalla y que, además, respondía al mismo nombre, es, de momento, una de las grandes incógnitas que la serie ha dejado para el universo Star Wars. No más que Baby Yoda, pero casi. ¿Una nueva subespecie? ¿un paso diferente dentro de la línea evolutiva? ¿un futuro proyecto de retrocontinuidad sobre la verdadera identidad de los huesos presentes en el Episodio IV a los que, a nosotros, al menos, siempre nos ha parecido raro que no le quedara ni una extremidad? No por nada en especial, sino por refrendar más el concepto. El tiempo lo dirá, pero vamos, que los tusken usan unos huesos muy serpentinos para su diorama de batalla.

    De izquierda a derecha, debut del Canyon Krayt Dragon en el juego para móviles Star Wars: Commander, del Great Krayt Dragon en un episodio de la webserie Jedi Temple Challenge, del ‘nuevo dragón’ en The Mandalorian y el ya clásico esqueleto del Episodio IV. Una gran familia.

    Con esto, finalizamos esta pequeña curiosidad comiquera dentro del mundillo de las referencias Star Wars entre títulos que, como acabáis de leer, no ha buscado en ningún momento denostar el más que evidente vínculo entre la escena del capítulo y la misión del videojuego, sino, más bien, revelar que, normalmente, todo está más que inventado, y que la relevancia de los cómics en la saga no solo sigue teniendo el mismo peso que antes, sino que os está llamando a que los recuperéis.

    ¡Que la lectura comiquera os acompañe! ¡Nos vemos en Biblioteca Jedi y todas las redes de La Biblioteca del Templo Jedi para más anécdotas y charlas!

  • Reseña del cómic Bounty Hunters #2 +retrospectiva de Beilert Valance

    Por Mario Tormo.

    Segunda entrega antes de que la pandemia interrumpiese la distribución. La carrera por encontrar a Nakano Lash, que ha reaparecido en circunstancias misteriosas, marca los próximos pasos de Valance, T’onga, Bossk y Fett.

    Historia (con spoilers)

    Valance da con Jhorstek, muerto en Eriadu, y recuerda un acontecimiento anterior en el mismo planeta, donde se encontraba en la misma cantina que Nakano, T’onga, T’ongor y Jhorstek. Tras salvar a un pobre chaval que había sido delatado al Imperio por robar unas raciones, y tras acabar con varios soldados de asalto, acaba malherido. Nakano lo salva y le encarga a Jhorstek que lo arregle.

    Conectándose al sistema de videovigilancia del local Beilert descubre que el asesino del Abednedo fue Fett, y que la información que consiguió extraerle hablaba del planeta Galmerah. Tras ello vemos como Ooris le sigue la pista de cerca. Aunque Bossk está ya en el planeta cementerio.

    Minetras tanto T’onga consigue infiltrarse en las instalaciones del Mourner’s Wail para tener una audiencia con su líder Lord Khamdek. Quiere ofrecerse como asesina de Nakano Lash para vengar a su heredero.

    Llegado a Galmerah, y a través de la tumba de los padres de Nakano, Valance desbloquea un mapa…pero en ese momento aparece Bossk y dispara contra Beilert.

    Opinión

    El trabajo de guión de Ethan Sacks es complicado, y sobre todo para el lector. Demasiadas pistas que están por conectar, demasiados personajes que no sabemos cómo van a interactuar… Es complicado de digerir sin tener el puzle completo, y más que intriga crea confusión. Por otro lado, tenemos la escena con la pelea de Valance que es espectacular. En un momento conoces todo su pasado, sus motivaciones, y mientras le suelta una somanta de tortas a varios soldados de asalto.

    En el apartado artístico nos ha llamado mucho la atención ver a un Valance rapado, lo que nos puede ayudar a situarlo seguramente tras su abandono obligatorio del Imperio. Pero el trabajo que Paolo Villanelli hace en esta página que vemos sobre estas líneas es tan increíble que se acabó convirtiendo en portada variante de la segunda edición de este número, tras agotarse la primera tirada.

    Breve historia de Beilert Valance

    La primera aparición del cazarrecompensas Beilert Valance fue en el número 16 de la serie original de Star Wars editada por Marvel en 1977. Tuvo mas apariciones en el antiguo universo expandido y fueron recopiladas en un tomo muy interesante en Enero de este 2020, que incluye además de los números 16, 27, 29 y 50 la grapa editada en 2019 correspondiente al número 108, que fue un homenaje a la serie original y un cierre al inconcluso arco del personaje creado por Archie Goodwin. El título fue Forever Crimson.

    Tenemos por tanto que Beilert Valance es un personaje recuperado de las Leyendas y reintroducido en el Canon a partir de 2018 a través de las minieseries Han Solo Imperial Cadet y Target Vader.

    Al ser identificado como uno de los compañeros reclutas de Han Solo, también se dice que su primera aparición es en la adaptación al cómic de la película Solo, cuando se cuenta parte de su paso por la academia imperial

    El que zurra a Han bien podría ser Beilert

    No nos extrañaría nada, ya que en Cadete Imperial hay un buen toma y daca por parte de ellos dos.

    Lo interesante de este cómic es que conocemos cómo empieza a recibir implantes mecánicos mientras va perdiendo su fe en el imperio.

    Pero en Target Vader es donde vamos a conocer en profundidad su historia. Tras muchas misiones para el Imperio, fallando y perdiendo cada vez más su lado humano y siendo degradado cada vez, termina fuera del ejército. Al regresar a su hogar en Chorin descubre lo que ha pasado. Nació como esclavo, pero al llegar el Imperio el planeta fue liberado, ya no seguirían siendo mineros trabajando por obligación, tendrían ganancias aunque su trabajo era ahora para el Emperador. Lo que encontró a su vuelta el Imperio había exprimido el planeta y se había ido, dejándolos a su suerte. Odiaba al Imperio y todo lo que representaba

    Es importante destacar el papel de Yura, ya que gracias a Beilert acaba protegida, ella y todo lo que queda de su pueblo, por la Rebelión. Algo que seguro tendrá consecuencias futuras en esta serie.

    Curiosidades

    El planeta Eriadu es un gran conocido en la Galaxia y sobre todo destaca por ser el lugar de nacimiento de Tarkin.

    En el planeta Galmerah podemos ver que las tumbas tienen inscripciones en Aurebesh, aunque no parecen tener sentido… La que vemos abajo a la izquierda diría HSHSG FAG…

    Conclusión

    Tendremos que seguir esperando para poder entender del todo esta historia que tiene tantos protagonistas, en tantos lugares diferentes y tantos espacios de tiempo. El número siguiente se retrasaría un mes hasta el 24 de Junio.

    Reseñas de los números anteriores

  • Top5 Novelas Star Wars de Leyendas

    Top5 Novelas Star Wars de Leyendas

    Escrito por Gorka Salgado

    Me lo habíais pedido infinidad de veces, y aquí está, mi Top5 de novelas Star Wars de Leyendas, del antiguo Universo expandido, con el que muchos nos enganchamos a la saga galáctica, y por el que en gran medida, Star Wars es lo que es hoy en día. Este es mi Top5. ¿Cual es el vuestro? Déjadmelo en los comentarios.

    Que la lectura os acompañe.

  • El retorno de la espada láser de Luke Skywalker en los años 80. Leyendas VS Canon, versión Marvel Cómics

    El retorno de la espada láser de Luke Skywalker en los años 80. Leyendas VS Canon, versión Marvel Cómics

    ¡Muy buenas, bibliotecarios! ¡Aquí Alberto y Lara desde La biblioteca de AlberSinLar!

    Una pregunta, si no es molestia. ¿Estáis disfrutando de la actual etapa de la saga Star Wars en manos, nuevamente, de Marvel Comics? ¿Le habéis echado ya un ojo al nuevo reinicio de su serie principal, Star Wars, la cual volvió a comenzar desde el número #1 en enero de este año 2020? Llevamos ya cuatro números publicados en USA, y aunque rápidamente ya todos nos hayamos habituado a que, desde 1977, y en según qué editorial, haya habido varias series tituladas Star Wars (diferenciadas entre sí como Volumen 1, 2… dentro del argot del mundillo), la verdad es que estamos ante un caso de lo más paradigmático dentro de este universo comiquero de la saga galáctica. Cierto es que el tema de los reinicios de numeración de una serie es algo tremendamente habitual dentro del frente de vanguardia comercial dentro de Marvel Comics, esto es, las líneas superheroicas, pero en el caso de Star Wars es, aunque por ahí pueda olvidarse, la primera vez que pasa. Claro está que, durante la estancia de la licencia en la editorial Dark Horse Comics, llegaron a conocerse dos volúmenes Star Wars diferentes: el primero entre 1999 y 2006 (aunque a la larga tomara el nombre de su maxiarco final, Republic, a la hora de ser catalogado por la propia editorial), y un segundo muy breve entre 2013 y 2014, guionizado en su totalidad por un Brian Wood al que prácticamente se le concedió carta blanca para rebootear a placer; pero, al final, no es una situación comparable ni de lejos. Quizás en Inglaterra… ¡Los nuevos tiempos y políticas han alcanzado finalmente a la saga!

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    Casi cuarenta y tres años de Star Wars resumidos en, solamente, cinco portadas. ¡Se dice pronto!

    La cuestión es que, como habréis estado leyendo hasta el cese de distribución de la editorial por culpa de la crisis del Covid-19 (la idea es retomar en mayo), si algo definió los primeros números de este último volumen de Star Wars por parte de Marvel es, entre otras cosas, la búsqueda de Luke Skywalker de su espada láser perdida en la Ciudad de las Nubes durante su duelo con Darth Vader en El Imperio contraataca. De momento, la línea argumental firmada por Charles Soule no se deja nada en el aire y cierra el cuarto número del pasado mes de marzo con no solo la decisión de Luke de dejar de compadecerse por la derrota y revelación, tanto física como mental, sufrida a manos de su padre, sino con la localización del noble arma en el vertedero de residuos al que todo acaba cayendo dentro de la ‘ciudad flotante’. ¿Acabará apareciendo la mano seccionada? ¿Lo recuperará en algún momento? ¿Conoceremos alguna transición entre este y el que debutara en El retorno del Jedi? ¿Pasará por más manos antes de acabar en posesión de Maz Kanata? A partir de aquí, todo se irá viendo, porque parece que Luke está más animado y entiende que su arma no le hace un mejor o peor Jedi. Un pensamiento muy del Yoda del Episodio V y de la Ahsoka Tano del segundo arco argumental de la séptima temporada de The Clone Wars.

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    Al igual que en Leyendas, un ugnaught es el responsable de localizar la espada láser. El The Last Command Sourcebook de 1994 sería el responsable de contar esta primera historia bajo el título  Clone B-2332-54. Eso sí, al pobre Groggin no le fueron bien las cosas.

    Pero claro, en febrero se lanzaron las solits de los cómics de Marvel de mayo, las cuales revelaron una portada cuanto menos llamativa al referirnos a la sexta grapa de la serie: Luke Skywalker enarbolando una nueva espada láser dotada de una hoja color amarillo. Sin entrar en teorizaciones argumentales que damos por hecho tendrán su debida explicación, lo cierto y verdad es que, a raíz de las multitudinarias reacciones de los fans a esta ilustración del portadista R.B. Silva, el mismísimo Soule entraría en acción destacando que, entre otras razones, el color de la hoja es un guiño/homenaje a la figura de Luke con espada láser de hoja amarilla retráctil del legendario Early Bird Pack de Kenner. Como ya no estamos en aquellas décadas en que lo mostrado en la portada de un cómic no tiene por qué salir en su interior, es de suponer que el joven héroe tendrá una nueva arma más pronto que tarde, quedando el destino de la anterior, antigua propiedad de su padre, en manos del futuro. Aunque estemos ante un homenaje hacia aquellos juguetes del año 77, a decir verdad, los que tenemos el noveno arte de Star Wars en las venas no pudimos sino pensar en aquella portada del Star Wars #49: The last Jedi! (El último Jedi) de abril de 1981 en la que, más multitudinariamente, veníamos a tener lo mismo que en esta de 2020. Y es que en los tiempos ahora designados como Leyendas, la cuestión de la espada láser de Luke entre los Episodios V y VI, y en lo que a la traslación de sus aventuras en las páginas del Star Wars de Marvel se refiere, resultó bastante curiosa a la par que chocante.

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    Técnicamente, de esta figura en particular hay ediciones tanto de 1977 como de 1995, e, incluso, 2019, así que desde aquí nuestra disculpa a los entendidos en la materia juguetera si veis que no está bien elegida. Ya mucho que nos hemos arriesgado [Risas].

    Si para noviembre de 1980 los lectores de la saga galáctica en cómic contemplaron el fin de la fidedigna adaptación de El Imperio contraataca, no tardarían en conocer que la historia contada en la película continuaría, como pasara en octubre de 1977 con el número #7, justo al siguiente mes con un nuevo número de la serie: el #45, de título Death Probe (Sonda mortal). Cómo sería para los lectores de la época el encontrarse, al poco de ir pasando las páginas y descubrir la implicación de Luke en la historia, que, así, de golpe y porrazo, y destacándose bien claro los ya acontecidos sucesos de la mencionada película, cómo de su cinturón de piloto rebelde colgaba ni más ni menos que una espada láser. Y no cualquiera, porque, aparte de proyectar una característica hoja color azul, viéndola más de cerca (lo cual, con Carmine Infantino a los lápices, a veces puede ser toda una odisea) resultaba idéntica a la perdida en la Ciudad de las Nubes. Mango incluido, que es donde suele estar la trampa. Nos imaginamos a los lectores recordando la película o, directamente, echando un vistazo a la adaptación al cómic (ya fuera en la recopilación de bolsillo previa al filme o en el formato grapa posterior) para decirse a sí mismos «sí, mira, aquí se ve perfectamente, dibujado por Al Williamson y Carlos Garzón… ¿Y entonces, cómo es posible?»

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    Escenificación del seccionamiento de la mano especialmente pensado para todos los públicos. Afortunadamente, Jesús Saiz no necesitó disimularlo tanto en el Star Wars #1 de 2020, lo cual es de agradecer. Ni siquiera Carmine Infantino, en el Star Wars #45, al rememorar la escena dibujada de Al Williamson, incluiría la mano.

    Comienza a partir de aquí un suceso de lo más extraño que, aún a día de hoy, de vez en cuando aparece destacado en algún foro de la red en el que, algún usuario que ha ido descubriendo estas lecturas clásicas a través de las reimpresiones posteriores, y al no acabar de entender muy bien este recurso de la espada láser reaparecida, se pregunta de dónde la ha sacado. Y es que entre prácticamente toda la trama comiquera de la serie Star Wars que va entre el Episodio V y el VI se va desarrollando esta cuestión acerca de la misteriosa obtención del susodicho arma en según va apareciendo en, concretamente, ocho números; cada uno, por supuesto, perteneciente a distintas etapas representadas por sus autores: últimas colaboraciones entre Archie Goodwin y Carmine Infantino, la apoteósica reentrada de Walter Simonson ahora como dibujante junto a un David Michelinie a los guiones, el inicio de la mítica relación entre Mary Jo Duffy y el dibujante Ron Frenz, y, por último, pero no por ello menos importante, el único trabajo completo de interior del experto entintador Klaus Janson. Todo esto verdaderamente curioso cuando, además, estamos en una parte de la serie de cómics en la que, cómo no, las prohibiciones argumentales desde Lucasfilm a la hora de aprobar el material, estaban a la orden del día: la imposibilidad de usar a Han Solo en el tiempo presente y que dio lugar al empoderamiento de la figura de Lando Calrissian, la imposibilidad de recuperar la idea de una segunda Estrella de la Muerte y que dio lugar a la creación de El Tarkin… Conceptos que fueron bien salvados ‘tangencialmente’ por sus guionistas a la hora de tratarlos pero que, para el tema de la espada láser, ¡la verdad es que se presentó un Deus Ex Machina como una catedral! ¿La respuesta a todo esto? Pues en las fuentes originales, como siempre.

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    De izquierda a dererecha y de arriba abajo: Star Wars #45, #49, #51, #71, #72, #74, #75 y Anual #3. De haber alguna diferencia, como mucho estaría en la base originalmente estriada del mango, que a veces es dibujada más o menos definida.

    El gran misterio, que técnicamente tampoco lo sería si las distintas web especializadas en Star Wars se les hubiera ocurrido recogerlo en algún momento, está en que desde la editorial veían que Luke, para los tiempos de la película, ya había demostrado tener la suficiente maestría en la Fuerza, incluso antes de iniciar su entrenamiento con Yoda en Dagobah (lo cual lo potenciaría aún más), como para sobrevivir al ataque del wampa en Hoth haciendo levitar su espada láser clavada en la fría nieve. De esta manera, dan por hecho que, en el momento en que éste se precipita voluntariamente al vacío del gigantesco conducto de ventilación (o conducto del reactor en el guión de aquel entonces), rechazando así la propuesta de su padre de unirse a él para destruir al Emperador y gobernar juntos la galaxia, hay un momento de la caída en que, usando la Fuerza, es capaz de atraerlo para sí desde donde supuestamente acabara inicialmente. Además, que en ningún momento concebían en el bullpen presentar aventuras de Luke sin la espada láser. Y ya está, sin miedo ninguno Lo cierto es que no todo resulta tan del pensamiento «porque yo lo valgo» como pudiera parecer, ya que, al fin y al cabo, la editorial admitía, de manos de su propia editora y su auxiliar de edición respectivamente, Louise Jones y Danny Fingeroth, que esta justificación era una enorme sobrada por su parte, por lo que tuvieron el detalle de aclarar que, aunque esa era su defensa, no tendrían inconveniente en tener que inventarse algo para cuando llegara a los cines lo que, para entre marzo y junio de 1981, aún se conocía como Revenge of the Jedi. O lo que es lo mismo, cuando desde Lucasfilm les dieran una voz durante la producción como en tiempos del  Episodio V. Sí, esa misma que aprobó el misterioso retorno de la espada láser en cuestión. Irónico, ¿cierto?

    Efectivamente, es lo que acabó pasando a posteriori, tal y como los lectores descubrieron en, literalmente, el primer cómic de este primer volumen Star Wars de Marvel que más relación tuvo con el ya estrenado bastantes meses antes Episodio VI: Star Wars #80: Ellie, el cual, por cierto, es uno de nuestros favoritos. Quitando que es una preciosidad de historia conceptualmente similar al posterior y también enternecedor relato comiquero Mostly Automatic (Star Wars Primeras victorias: Casi todo automático), no solo buscaba situarse literalmente antes de los acontecimientos de la película presentándonos la existencia del almirante Ackbar, de una más que presente flota rebelde, los atavíos oscuros de Luke y de lo que a las claras eran planos y esquemas del Proyecto Endor, sino que, finalmente, ¡hacía blandir a Luke su característica espada láser de hoja color verde! Si bien es cierto que el color se desteñía un poco en según la viñeta, y ya hemos dicho anteriormente que esto no era nada raro desde abril de 1977, su mango no daba lugar a dudas.

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    ¡Finalmente una buena comunicación interdepartamental! El propio Star Wars #80, ilustrado en la imagen de la derecha bajo las manos de Ron Frenz, Tom Palmer y Glynis Wein, ya mostraba un aviso al final del número -con espada láser perfectamente identificable incluida- sobre la inminente salida de la adaptación en cómic de la película.

    ¡Y así es como pasó, bibliotecarios! Definitivamente, no se puede decir que sea el mejor trabajo de continuidad Star Wars de la historia, pero bueno, ya sabéis que en aquellos tiempos la idea de un Universo Expandido codificado y jerarquizado estaba aún más que en pañales, así que dadas las simpáticas locuras que llegaron a plasmarse en las páginas de estos cómics, casi que lo salvaron relativamente bien… Aunque luego se olvidaran de ello más adelante.

    Por supuesto, la llegada de los años 90 y el boom editorial que la saga vivió de manos de Bantam Spectra y Dark Horse Comics, cada una dentro de su propio campo literario-impreso, acabarían por definir un relato totalmente distinto y oficial para el que fuera el destino final del sable láser que Luke perdiera en la Ciudad de las Nubes. De manos del escritor Timothy Zhan y la novela La última orden, su tercera entrega dentro de la posteriormente bautizada como Thrawn Trilogy (Trilogía de la Nueva República), quedó establecido que, por supuesto, aquello contado en los tiempos de Marvel Comics sería desechado para definirse cómo la espada láser, aún adherida a la mano seccionada de Luke, acabaría siendo recuperada por Darth Vader y ofrecida a regañadientes al Emperador para ser ambas guardadas en su almacén personal del planeta Wayland, a la larga guardado por el demente Jedi Oscuro Joruus C’Baoth. A esto hay que añadir la creación de los antiguos niveles del Canon para organizar lo mejor posible este universo de ficción, en el que el primer volumen de Star Wars acabó en el nivel S o Secundary (secundario), es decir, material antiguo a usar o desechar a gusto del autor de turno.

    El resto, como se suele decir, es historia.

    Eso es todo por hoy, bibliotecarios. ¡Un saludo a todos y todas! ¡Nos vemos en La Biblioteca del Templo Jedi y en su revista, Biblioteca Jedi, para más curiosidades y detalles de esta etapa tan interesante de la saga en formato cómic!