Autor: Lara y Alberto

  • RECORDANDO THE MANDALORIAN: La importancia de la Espada Oscura en la serie

    RECORDANDO THE MANDALORIAN: La importancia de la Espada Oscura en la serie

    Por Lara Franco Cobo y Alberto Izquierdo López.

    «Ahora es tuya. La espada oscura. Te pertenece […] Ella no puede cogerla. Debe ganársela en batalla. Para poder volver a empuñar la espada oscura, debe derrotarte en combate […] No funciona así. La espada oscura no tiene poder alguno, el relato sí. Sin esa espada, ella no tiene derecho alguno al trono». Moff Gideon, esposado en el puente de mando de su, aparentemente, nave insignia: un crucero Arquitens.

    ¡Muy buenas, bibliotecarios! Os suena este diálogo, ¿verdad? Como para no hacerlo, sin duda, porque el revuelo que se formó en la red ese mismo fin de semana de hace dos semanas fue de aúpa. Y es que si algo en El rescate, el último capítulo de la segunda temporada de The Mandalorian, pudo, quizás, superar el regreso de un Luke Skywalker con rostro CGI o ver vivito y coleando —al menos durante un tiempo— a un orondo Bib Fortuna, fue la escena en la que Din Djarin entrega al Moff Gideon a Cara Dune, Marshall de la Nueva República, e intenta hacer lo mismo con la espada oscura a Bo-Katan, líder mandaloriana de los Búhos Nocturnos. Salvo que con esto último pareció haber algún problema, ¿no? La realidad es que, sorprendentemente, aún a día de hoy se sigue discutiendo este tema, así que, si os parece bien, intentemos dirimir la cuestión por si hubiera algún bibliotecario necesitado de una respuesta. ¿Nos acompañáis?

    Pudiera parecer algo nuevo que la actriz Katee Sackhoff interpretara a una Bo-Katan reluctante a aceptar la espada oscura en The Mandalorian, pero lo cierto y verdad es que ya la rechazó durante el primer encuentro entre su personaje y Sabine Wren (Tiya Sircar) en el arco de Mandalore visto en la tercera temporada de Star Wars Rebels.

    Por lo general, nosotros no solemos meternos demasiado en cuestiones de trasfondo y tendemos a quedarnos a gustito y al calorcito de La Biblioteca de AlberSinLar, la sección comiquero-especializada de la revista Biblioteca Jedi, pero como, al final, en Star Wars una cosa siempre va con la otra, nos acabó tocando ‘la patata caliente’, como solemos decir por aquí. Así que a la pregunta de si, en Star Wars, la espada oscura es un objeto cuyo derecho de ser portado solo se puede conseguir mediante el éxito en combate singular, la respuesta, de momento, es un «» rotundo, tal y como la madre de Sabine Wren, la condesa Ursa Wren, del clan mandaloriano Wren, nos contó en la tercera temporada de la serie Star Wars Rebels —¡por primera vez en toda la saga!— durante una acalorada charla con su hija, en el planeta Krownest.

    «—¿Cómo la conseguiste? —De Maul. —¿La ganaste en combate? —No exactamente. Yo… verás… —Entonces no tienes derecho a ella. —Pues yo la tengo. Diría que eso la hace mía. —Cualquiera puede tener la espada oscura. Lo difícil es mantenerla en tus manos sin que te corten el pescuezo».

    Hasta ahí pareciera que las declaraciones de Ursa indican que, en la tradición mandaloriana, la espada oscura es un objeto que no solo puede ser únicamente portado si ha sido ganado en combate, sino que goza de un importante poder simbólico para aquel que lo maneja. Hasta ahí, las palabras del Moff Gideon mantienen estrictamente la continuidad mostrada en Rebels y, por otro lado, lo vinculan con lo poquísimo que de esta tema conocimos en tiempos de su debut en la segunda temporada de The Clone Wars, hace ya mucho tiempo, en los alocados últimos años de la continuidad Leyendas, cuando los escritores daban vueltas a cómo aunar los cambios y nuevos detalles que la susodicha serie estaba introduciendo en el universo Star Wars. Hagamos, por un momento, un repaso a lo que del sable oscuro decían sus portadores en aquellas temporadas para, así, entrar en contexto.

    «Este sable láser fue sustraído de tu Templo Jedi por mis ancestros durante la caída de la Antigua República. Desde entonces, muchos Jedi han muerto bajo su filo. Prepárate para unírteles». Pre Vizsla, del clan Vizsla, líder de la Guardia de la Muerte, durante su duelo con Obi-Wan Kenobi en la luna de Concordia, en órbita alrededor del planeta Mandalore, por la vida de la duquesa Satine Kryze.

    «Reclamo esta espada y mi legítimo lugar como líder de la Guardia de la Muerte». Darth Maul, líder del Colectivo de las Sombras, tras derrotar a Pre Vizsla en duelo singular por el mando de la Guardia de la Muerte, en la sala del trono de Sundari, la capital del planeta Mandalore, y, por extensión, por la recientemente obtenida soberanía del planeta y los mandalorianos.

    Resulta paradójico cómo es esa última escena de la quinta temporada de The Clone Wars la que, en lo que al trasfondo y simbología de la espada oscura se refiere, tiene la auténtica capacidad de aunar la posesión del arma en sí y el gobierno de los mandalorianos, ¿verdad? Casi podría ser la solución definitiva. Pero, en realidad, o al menos para aquel momento, aquello solo supuso la coincidencia de dos hechos en el tiempo, ya que, si recordáis aquel capítulo, Maul venía de liberar a Almec, el antiguo primer ministro de Mandalore en tiempos del gobierno de la duquesa Satine, líder de los Nuevos Mandalorianos, de los calabozos de Sundari, con quien, antes de ello, charló sobre la idea de retar al mismo Vizsla en un duelo singular por el mando. Ello vino acompañado de la siguiente cita: «Si le derrotas, según las antiguas leyes de Mandalore sus soldados estarán obligados por su honor a seguirte». De esta manera, la conexión de ambas facetas se torna circunstancial, lo cual vendría apoyado en ese mismo año 2013 por la publicación, en otoño, de la obra in-universe El código del cazador de recompensas. En sus páginas, y en un intento de, como decíamos antes, aunar todo lo que The Clone Wars introducía al antiguo trasfondo Star Wars, se explicaba que la espada oscura, aún de origen desconocido, solo era un arma y, por tanto, una posesión simbólica, que refrendaba únicamente el control sobre la Guardia de la Muerte. Un sistema que Tor Vizsla introdujo al crear este grupo con el fin de enfrentar al del mand’alor (gobernante) de los mandalorianos de aquel entonces, Jaster Meerel, en la subsiguiente Guerra Civil Mandaloriana que se iba a producir y cuyo debut comiquero encontraréis en la reseña de Jango Fett – Temporada de caza, en la revista Biblioteca Jedi #5.

    Pero hace ya unos cuantos años que estamos en una continuidad nueva, por lo que ello requiere de explicaciones nuevas. Así que, ¿cómo respondemos a la segunda pregunta? ¿Es la espada oscura un requisito inalterable para sentarse en el trono de Mandalore, tal y como declaró el Moff Gideon y, aparentemente, fue refutado por la actuación de Bo-Katan? La respuesta vuelve a estar en Rebels. En este caso, en las palabras de Fenn Rau, el antiguo líder de los Protectores Mandalorianos convertido en agente rebelde, durante una charla mantenida con Kanan Jarrus en la base rebelde del planeta Atollon.

    «Es la espada oscura, el símbolo del líder de la Casa Vizsla, y luego, el grupo conocido como la Guardia de la Muerte […] Las leyendas dicen que fue creada hace más de mil años por Tarre Vizsla, el primer mandaloriano que se unió a la Orden Jedi. Tras su muerte, los Jedi guardaron la espada en su templo. Hasta que miembros de la Casa Vizsla se infiltraron y la robaron. Utilizaron la espada para unificar al pueblo y acabar con todos los que se opusieran a ellos. En una época, llegaron a gobernar todo Mandalore con esa espada. Es un símbolo importante para esa casa y respetado por los otros clanes»

    De momento, ya tenemos el hecho de que la espada oscura no solo representa el liderazgo del clan y Casa Vizsla —vinculando así la información anteriormente referida de los tiempos de The Clone Wars con la línea argumental mandaloriana del canon—, sino que viene refrendado por una historia de índole legendario más que perfecta para apoyar tus acciones. Pero esperad, que aún podemos refrendarlo del todo.

    «Solo eras un bebé, por lo que no podías venir, pero Padre me trajo aquí para ver la estatua de Tarre Vizsla, el antiguo gobernante de Mandalore». Sabine Wren, durante una escaramuza contra las tropas de ocupación imperiales en el mismo planeta Mandalore junto a su hermano, Tristan Wren.

    Esta declaración, escuchada en la segunda temporada de la webserie Star Wars: Forces of Destiny, vendría a ser, directamente, la conjunción del cliffhanger que nos dejó a todos el final de la segunda temporada de The Mandalorian acerca de la cuestión de a quién pertenece la espada oscura. No solo Tarre Vizsla fue el primer Jedi mandaloriano, sino que gobernó su planeta como mand’alor en algún momento indeterminado, haciendo su espada oscura un elemento fundamental para la iconografía del título. Por supuesto, sabemos que no es necesario poseer este objeto para gobernar el planeta y a su gente, pero si esa gente son clanes guerreros, la historia del actual canon de Star Wars nos dice que sería lo ideal para asegurarte su apoyo, por lo que la respuesta a esa última pregunta es, de nuevo, «», pero con algunos matices.

    En conclusión, técnicamente no habría mayor necesidad de continuar con el debate sobre este tema leído todo lo anterior, ¿verdad? El guion interpretado por Giancarlo Esposito es bastante sólido en lo que a materia de continuidad Star Wars se refiere. Realmente, la única cuestión que sigue presente en el fondo del debate es la decisión que Bo-Katan toma en el momento de no aceptar la espada oscura que le ofrece Din Djarin prácticamente de la misma manera que Sabine Kryze —quien prefería continuar la lucha contra Palpatine junto a sus compañeros de la Alianza Rebelde— lo hiciera, por segunda vez, en el especial de la cuarta temporada de Rebels tras la derrota de Tiber Saxon, hermano de Gar Saxon, el antiguo comandante de Darth Maul convertido en gobernador de Mandalore en alianza con el Imperio Galáctico. ¿Querrá quedar bien delante de su versado enemigo? ¿Querrá hacer las cosas bien esta vez? ¿No era suficiente aceptarla en su momento en nombre de la memoria de su hermana y el pueblo de Mandalore, tal y como ella misma alega ante todos? ¿Tendrá alguna historia pasada con Gideon que relacione la caída de Mandalore con la pérdida del sable oscuro y convierta su recuperación en algo personal? Solo el tiempo, y la explicación de qué pasó con la causa mandaloriana tras los eventos de Rebels, presumiblemente lo dirá.

    No, no es que la volviera a rechazar por segunda vez en Star Wars Rebels y pusiera una expresión parecida a la vista en The Mandalorian, es que Bo-Katan es una mujer seria la mayor parte del tiempo. Sonríe lo justito y necesario.

    Pero sí, definitivamente, es algo extraño y contradictorio a priori. ¡Si todos los clanes presentes tras la destrucción de la superarma ‘La Duquesa’ la aceptaron como su líder! ¡Y ni siquiera fue ella la ejecutora de Tiber Saxon! ¿Con solo Sasha Banks y Pedro Pascal a bordo no le valía? En fin, no seremos nosotros los que opinemos.

    ¡Que la lectura os acompañe! ¡Nos vemos por aquí y por Biblioteca Jedi!

  • LA ‘PERLA’ DE THE MANDALORIAN: Entre el cómic y el videojuego

    LA ‘PERLA’ DE THE MANDALORIAN: Entre el cómic y el videojuego

    Por Lara Franco Cobo y Alberto Izquierdo López

    ¡Muy buenas, bibliotecarios! Abandonamos por unos instantes nuestros estudios comiqueros dentro del universo Star Wars para con, entre otros lugares, La biblioteca de AlberSinLar, la sección especializada en cómics de la saga dentro de la revista Biblioteca Jedi, puesto que a nuestros oídos ha llegado la necesidad de hacer un poco de justicia, y homenaje, a la archinombrada referencia a esa misteriosa y brillante perla que, en The Marshal —o El Mariscal en la versión castellana—, el primer capítulo de la segunda temporada de la serie The Mandalorian, acaba convirtiéndose en uno de los muchos guiños a la antigua continuidad Leyendas que Jon Favreau y compañía han introducido desde el minuto uno. Y es que, por todas partes, artículos y webs han rememorado, y con mucha razón, la misión que, en el videojuego realizado por Bioware y lanzado por LucasArts al mundo en el año 2003, Caballeros de la Antigua República (KotOR para los amigos), nos tocaba realizar cuando visitábamos el planeta Tatooine en busca de unas ruinas rakata que guardaban el esquivo Mapa Estelar con la localización de la Forja Estelar. Qué tiempos aquellos.

    Llega a ser el pedazo de dragón krayt de The Mandalorian el que guarda el Mapa Estelar y se acaba el videojuego ahí.

    Efectivamente, la relación entre el guion del capítulo con la manera en que, personificando a un Revan devuelto al lado luminoso de la Fuerza tras un lavado de cerebro importante realizado por el Consejo Jedi, nos toca hacer salir, que nunca enfrentarnos directamente, al dragón krayt que custodia en su cueva el Mapa Estelar, no puede ser más evidente. Ocultar explosivos a la entrada/salida de la guarida, atraerlo con banthas, matarlo con las explosiones subsiguientes… En esencia, básicamente lo mismo. Llega Favreau a incluir las charlas interminables con tus compañeros y Komad Fortuna, el twi’lek cazador que te guía en todo momento, y prácticamente lo hubiera clavado. Aunque no es el objetivo de la misión, a posteriori, Revan, o sea, nosotros, como jugadores, nos habremos hecho, por ayudar en el, digamos, asesinato del pobre bicho, con la perla que el dragón tenía en su interior y que, según nuestra afiliación dentro del videojuego, podíamos venderla, quedárnosla para potenciar nuestra espada láser o entregársela a los tusken en señal de respeto a sus tradiciones y para convertirnos en iguales a sus ojos, ya que si algo valoraban los moradores de las arenas son estas perlas en los ritos de paso a la edad adulta de sus jóvenes. En The Mandalorian, de momento, Din Djarin solo nos dice que lo que estos buscan es el icor —término griego para los fluidos internos de las divinidades— del dragón, así que si la obtención de la perla tiene algo que ver con su origen en Leyendas, aún está por ver.

    Qué importa el medio cuando lo importante es el objetivo, ¿verdad?

    Sin entrar en detalles dentro del Universo Expandido de ambas continuidades, para lo que estamos aquí es para destacar que sí, efectivamente la referencia y relación está ahí, y eso gusta a los nostálgicos como nosotros, pero olvidarse de que Caballeros de la Antigua República bebía de proyectos antecesores dentro de la saga Star Wars, junto a elevar a día de hoy el videojuego como fuente primaria, mayestática y por antonomasia, ahí ya es pasarse un poco. El origen de todo este trasfondo es un cómic. Concretamente, un arco argumental dentro del primer volumen Star Wars que la editorial Dark Horse Comics tuvo el valor de lanzar (en memoria de la cabecera marvelita) a raíz del boom del estreno de La amenaza fantasma en 1999, solo que, ahora, ambientado en la Trilogía de Precuelas.

    Star Wars: Outlander fue el segundo arco argumental que protagonizó aquella serie titulada Star Wars, lanzada en origen en diciembre de 1998 tras su debut con la historia Preludio a la Rebelión. Como veis, en tiempos de esta trilogía ya no se lanzaba la adaptación de la película antes del estreno, sino lo que orbitaba alrededor. El caso es que, formada por seis grapas que correspondían a los números #7 al #12 dentro de la numeración USA, la historia retomaba al protagonista del primer arco, el Maestro Jedi Ki-Adi-Mundi, pero ahora viajando, por mandato directo del Consejo Jedi tras convertirse en miembro, al desértico planeta Tatooine, con el fin de localizar al misterioso cabecilla de una suerte de levantamiento tusken en el planeta que no solo está poniendo en jaque la supervivencia de los colonos del Mar de las Dunas, a los diferentes núcleos urbanos a los que estos suministran víveres o al mismísimo cartel criminal de Jabba el Hutt, sino que está conducido por el Jedi exiliado Sharad Hett.

    Los tres prestigios en que Planeta DeAgostini Cómics publicó el arco argumental siguiendo el modelo de formato que, no solo con Star Wars, ya había iniciado la editorial Norma Editorial durante los años 90. ¡Auténticos clásicos!

    Sin entrar demasiado en materia y querer reventaros la trama, Sharad Hett es, efectivamente, quien está liderando a este pueblo de las arenas hacia una inminente contienda a gran escala con el resto de pobladores del planeta. Para sorpresa de Mundi, este Maestro, aun considerándose un Jedi, ha abrazado la forma de vida y cultura del pueblo tusken, hasta el punto de estar criando a su hijo, A’Sharad Hett (quien tendrá, posteriormente, un gran recorrido en el universo comiquero), en ambas tradiciones, incluyendo el mencionado rito de iniciación de los jóvenes en el que la muerte ritual de un dragón krayt —en solitario y usando únicamente el gaderffii, la doble arma tradicional de los moradores de las arenas— es necesaria. Por supuesto, y tras ser ayudado al principio por la tribu, el muchacho fue capaz de acabar con la vida de, en este caso, la dragona krayt, sin ningún problema.

    Es el número #10 USA, que en España equivaldría al segundo prestigio publicado por Planeta DeAgostini Cómics en el lejano cambio de siglo, el que reveló, por primera vez, y de donde los guionistas del Caballeros de la Antigua República lo tomaron para el videojuego, esta parte de trasfondo del pueblo tusken en que, para alcanzar la madurez sexual y la posición de adulto dentro del grupo, era necesario realizar una prueba de valor, coraje y extremo peligro. O, al menos, eso es lo que el cómic, escrito por Timothy Truman, nos quiere decir, porque, tal y como se vería en otros ejemplos de la antigua continuidad de Leyendas, lo de matar a semejante bestia cada vez que un joven tusken tenía que ‘graduarse’ no debía ser fácil. Es que si lo fuera, capaces hubieran sido de extinguir la especie hacía ya mucho tiempo. Igualmente, y esto es algo que el actual canon ha mantenido en, por ejemplo, novelas, como Heredero de los Jedi, la posesión de semejante orbe formado en el interior del vientre del dragón resultaba de lo más tentador por su enorme valor natural, simbólico y económico, por lo que la introducción de buscadores de tesoros con destino el valle-cementerio de los dragones krayt en Tatooine o, en este caso, cazadores experimentados en el videojuego —como el amigo Komad Fortuna y los mercenarios que te encuentras por el desierto— resultaba de lo más verosímil en lo que a un trasfondo racional se refiere. En resumen, estamos hablando del huevo faberge del universo Star Wars.

    Número #10 USA y su equivalencia en la edición española de nuestra colección particular, firmados por el dibujante Rick Leonardi, durante una visita al Salón del Cómic de Madrid (Expocómic)

    Al mismo tiempo, este número, dibujado por Rick Leonardi, por suerte se alejaría de la fantasiosa interpretación que de la imagen del dragón krayt tuvo el ilustrador del número anterior, Rod Pereira —al presentarlo más como un descomunal felino draconiano que otra cosa—, según siguió el diseño clásico de reptil draconiano firmado por el mismísimo Ralph McQuarrie en tiempos de la producción del Episodio IV, aunque ya con un estilo más contemporáneo y adecuado al imaginario colectivo.

    Por si fuera poco, con el tiempo, el cómic también sería considerado la fuente para crear la denominación que esta tipología de dragón krayt acabaría teniendo y que se nombró originalmente en sus viñetas: «Canyon Krayt Dragon», o «dragón krayt del cañón», convirtiéndose así en una de las dos subespecies que conformarían esta familia evolutiva draconiana y que, al menos hasta la llegada de este primer capítulo de la segunda temporada de The Mandalorian, habían sufrido una traslación inmediata y sin cambios en la nueva continuidad gracias a su reaparición en multitud de fuentes. La existencia del descomunal ser de aspecto aparentemente serpentino que vimos en la pantalla y que, además, respondía al mismo nombre, es, de momento, una de las grandes incógnitas que la serie ha dejado para el universo Star Wars. No más que Baby Yoda, pero casi. ¿Una nueva subespecie? ¿un paso diferente dentro de la línea evolutiva? ¿un futuro proyecto de retrocontinuidad sobre la verdadera identidad de los huesos presentes en el Episodio IV a los que, a nosotros, al menos, siempre nos ha parecido raro que no le quedara ni una extremidad? No por nada en especial, sino por refrendar más el concepto. El tiempo lo dirá, pero vamos, que los tusken usan unos huesos muy serpentinos para su diorama de batalla.

    De izquierda a derecha, debut del Canyon Krayt Dragon en el juego para móviles Star Wars: Commander, del Great Krayt Dragon en un episodio de la webserie Jedi Temple Challenge, del ‘nuevo dragón’ en The Mandalorian y el ya clásico esqueleto del Episodio IV. Una gran familia.

    Con esto, finalizamos esta pequeña curiosidad comiquera dentro del mundillo de las referencias Star Wars entre títulos que, como acabáis de leer, no ha buscado en ningún momento denostar el más que evidente vínculo entre la escena del capítulo y la misión del videojuego, sino, más bien, revelar que, normalmente, todo está más que inventado, y que la relevancia de los cómics en la saga no solo sigue teniendo el mismo peso que antes, sino que os está llamando a que los recuperéis.

    ¡Que la lectura comiquera os acompañe! ¡Nos vemos en Biblioteca Jedi y todas las redes de La Biblioteca del Templo Jedi para más anécdotas y charlas!

  • El retorno de la espada láser de Luke Skywalker en los años 80. Leyendas VS Canon, versión Marvel Cómics

    El retorno de la espada láser de Luke Skywalker en los años 80. Leyendas VS Canon, versión Marvel Cómics

    ¡Muy buenas, bibliotecarios! ¡Aquí Alberto y Lara desde La biblioteca de AlberSinLar!

    Una pregunta, si no es molestia. ¿Estáis disfrutando de la actual etapa de la saga Star Wars en manos, nuevamente, de Marvel Comics? ¿Le habéis echado ya un ojo al nuevo reinicio de su serie principal, Star Wars, la cual volvió a comenzar desde el número #1 en enero de este año 2020? Llevamos ya cuatro números publicados en USA, y aunque rápidamente ya todos nos hayamos habituado a que, desde 1977, y en según qué editorial, haya habido varias series tituladas Star Wars (diferenciadas entre sí como Volumen 1, 2… dentro del argot del mundillo), la verdad es que estamos ante un caso de lo más paradigmático dentro de este universo comiquero de la saga galáctica. Cierto es que el tema de los reinicios de numeración de una serie es algo tremendamente habitual dentro del frente de vanguardia comercial dentro de Marvel Comics, esto es, las líneas superheroicas, pero en el caso de Star Wars es, aunque por ahí pueda olvidarse, la primera vez que pasa. Claro está que, durante la estancia de la licencia en la editorial Dark Horse Comics, llegaron a conocerse dos volúmenes Star Wars diferentes: el primero entre 1999 y 2006 (aunque a la larga tomara el nombre de su maxiarco final, Republic, a la hora de ser catalogado por la propia editorial), y un segundo muy breve entre 2013 y 2014, guionizado en su totalidad por un Brian Wood al que prácticamente se le concedió carta blanca para rebootear a placer; pero, al final, no es una situación comparable ni de lejos. Quizás en Inglaterra… ¡Los nuevos tiempos y políticas han alcanzado finalmente a la saga!

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    Casi cuarenta y tres años de Star Wars resumidos en, solamente, cinco portadas. ¡Se dice pronto!

    La cuestión es que, como habréis estado leyendo hasta el cese de distribución de la editorial por culpa de la crisis del Covid-19 (la idea es retomar en mayo), si algo definió los primeros números de este último volumen de Star Wars por parte de Marvel es, entre otras cosas, la búsqueda de Luke Skywalker de su espada láser perdida en la Ciudad de las Nubes durante su duelo con Darth Vader en El Imperio contraataca. De momento, la línea argumental firmada por Charles Soule no se deja nada en el aire y cierra el cuarto número del pasado mes de marzo con no solo la decisión de Luke de dejar de compadecerse por la derrota y revelación, tanto física como mental, sufrida a manos de su padre, sino con la localización del noble arma en el vertedero de residuos al que todo acaba cayendo dentro de la ‘ciudad flotante’. ¿Acabará apareciendo la mano seccionada? ¿Lo recuperará en algún momento? ¿Conoceremos alguna transición entre este y el que debutara en El retorno del Jedi? ¿Pasará por más manos antes de acabar en posesión de Maz Kanata? A partir de aquí, todo se irá viendo, porque parece que Luke está más animado y entiende que su arma no le hace un mejor o peor Jedi. Un pensamiento muy del Yoda del Episodio V y de la Ahsoka Tano del segundo arco argumental de la séptima temporada de The Clone Wars.

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    Al igual que en Leyendas, un ugnaught es el responsable de localizar la espada láser. El The Last Command Sourcebook de 1994 sería el responsable de contar esta primera historia bajo el título  Clone B-2332-54. Eso sí, al pobre Groggin no le fueron bien las cosas.

    Pero claro, en febrero se lanzaron las solits de los cómics de Marvel de mayo, las cuales revelaron una portada cuanto menos llamativa al referirnos a la sexta grapa de la serie: Luke Skywalker enarbolando una nueva espada láser dotada de una hoja color amarillo. Sin entrar en teorizaciones argumentales que damos por hecho tendrán su debida explicación, lo cierto y verdad es que, a raíz de las multitudinarias reacciones de los fans a esta ilustración del portadista R.B. Silva, el mismísimo Soule entraría en acción destacando que, entre otras razones, el color de la hoja es un guiño/homenaje a la figura de Luke con espada láser de hoja amarilla retráctil del legendario Early Bird Pack de Kenner. Como ya no estamos en aquellas décadas en que lo mostrado en la portada de un cómic no tiene por qué salir en su interior, es de suponer que el joven héroe tendrá una nueva arma más pronto que tarde, quedando el destino de la anterior, antigua propiedad de su padre, en manos del futuro. Aunque estemos ante un homenaje hacia aquellos juguetes del año 77, a decir verdad, los que tenemos el noveno arte de Star Wars en las venas no pudimos sino pensar en aquella portada del Star Wars #49: The last Jedi! (El último Jedi) de abril de 1981 en la que, más multitudinariamente, veníamos a tener lo mismo que en esta de 2020. Y es que en los tiempos ahora designados como Leyendas, la cuestión de la espada láser de Luke entre los Episodios V y VI, y en lo que a la traslación de sus aventuras en las páginas del Star Wars de Marvel se refiere, resultó bastante curiosa a la par que chocante.

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    Técnicamente, de esta figura en particular hay ediciones tanto de 1977 como de 1995, e, incluso, 2019, así que desde aquí nuestra disculpa a los entendidos en la materia juguetera si veis que no está bien elegida. Ya mucho que nos hemos arriesgado [Risas].

    Si para noviembre de 1980 los lectores de la saga galáctica en cómic contemplaron el fin de la fidedigna adaptación de El Imperio contraataca, no tardarían en conocer que la historia contada en la película continuaría, como pasara en octubre de 1977 con el número #7, justo al siguiente mes con un nuevo número de la serie: el #45, de título Death Probe (Sonda mortal). Cómo sería para los lectores de la época el encontrarse, al poco de ir pasando las páginas y descubrir la implicación de Luke en la historia, que, así, de golpe y porrazo, y destacándose bien claro los ya acontecidos sucesos de la mencionada película, cómo de su cinturón de piloto rebelde colgaba ni más ni menos que una espada láser. Y no cualquiera, porque, aparte de proyectar una característica hoja color azul, viéndola más de cerca (lo cual, con Carmine Infantino a los lápices, a veces puede ser toda una odisea) resultaba idéntica a la perdida en la Ciudad de las Nubes. Mango incluido, que es donde suele estar la trampa. Nos imaginamos a los lectores recordando la película o, directamente, echando un vistazo a la adaptación al cómic (ya fuera en la recopilación de bolsillo previa al filme o en el formato grapa posterior) para decirse a sí mismos «sí, mira, aquí se ve perfectamente, dibujado por Al Williamson y Carlos Garzón… ¿Y entonces, cómo es posible?»

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    Escenificación del seccionamiento de la mano especialmente pensado para todos los públicos. Afortunadamente, Jesús Saiz no necesitó disimularlo tanto en el Star Wars #1 de 2020, lo cual es de agradecer. Ni siquiera Carmine Infantino, en el Star Wars #45, al rememorar la escena dibujada de Al Williamson, incluiría la mano.

    Comienza a partir de aquí un suceso de lo más extraño que, aún a día de hoy, de vez en cuando aparece destacado en algún foro de la red en el que, algún usuario que ha ido descubriendo estas lecturas clásicas a través de las reimpresiones posteriores, y al no acabar de entender muy bien este recurso de la espada láser reaparecida, se pregunta de dónde la ha sacado. Y es que entre prácticamente toda la trama comiquera de la serie Star Wars que va entre el Episodio V y el VI se va desarrollando esta cuestión acerca de la misteriosa obtención del susodicho arma en según va apareciendo en, concretamente, ocho números; cada uno, por supuesto, perteneciente a distintas etapas representadas por sus autores: últimas colaboraciones entre Archie Goodwin y Carmine Infantino, la apoteósica reentrada de Walter Simonson ahora como dibujante junto a un David Michelinie a los guiones, el inicio de la mítica relación entre Mary Jo Duffy y el dibujante Ron Frenz, y, por último, pero no por ello menos importante, el único trabajo completo de interior del experto entintador Klaus Janson. Todo esto verdaderamente curioso cuando, además, estamos en una parte de la serie de cómics en la que, cómo no, las prohibiciones argumentales desde Lucasfilm a la hora de aprobar el material, estaban a la orden del día: la imposibilidad de usar a Han Solo en el tiempo presente y que dio lugar al empoderamiento de la figura de Lando Calrissian, la imposibilidad de recuperar la idea de una segunda Estrella de la Muerte y que dio lugar a la creación de El Tarkin… Conceptos que fueron bien salvados ‘tangencialmente’ por sus guionistas a la hora de tratarlos pero que, para el tema de la espada láser, ¡la verdad es que se presentó un Deus Ex Machina como una catedral! ¿La respuesta a todo esto? Pues en las fuentes originales, como siempre.

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    De izquierda a dererecha y de arriba abajo: Star Wars #45, #49, #51, #71, #72, #74, #75 y Anual #3. De haber alguna diferencia, como mucho estaría en la base originalmente estriada del mango, que a veces es dibujada más o menos definida.

    El gran misterio, que técnicamente tampoco lo sería si las distintas web especializadas en Star Wars se les hubiera ocurrido recogerlo en algún momento, está en que desde la editorial veían que Luke, para los tiempos de la película, ya había demostrado tener la suficiente maestría en la Fuerza, incluso antes de iniciar su entrenamiento con Yoda en Dagobah (lo cual lo potenciaría aún más), como para sobrevivir al ataque del wampa en Hoth haciendo levitar su espada láser clavada en la fría nieve. De esta manera, dan por hecho que, en el momento en que éste se precipita voluntariamente al vacío del gigantesco conducto de ventilación (o conducto del reactor en el guión de aquel entonces), rechazando así la propuesta de su padre de unirse a él para destruir al Emperador y gobernar juntos la galaxia, hay un momento de la caída en que, usando la Fuerza, es capaz de atraerlo para sí desde donde supuestamente acabara inicialmente. Además, que en ningún momento concebían en el bullpen presentar aventuras de Luke sin la espada láser. Y ya está, sin miedo ninguno Lo cierto es que no todo resulta tan del pensamiento «porque yo lo valgo» como pudiera parecer, ya que, al fin y al cabo, la editorial admitía, de manos de su propia editora y su auxiliar de edición respectivamente, Louise Jones y Danny Fingeroth, que esta justificación era una enorme sobrada por su parte, por lo que tuvieron el detalle de aclarar que, aunque esa era su defensa, no tendrían inconveniente en tener que inventarse algo para cuando llegara a los cines lo que, para entre marzo y junio de 1981, aún se conocía como Revenge of the Jedi. O lo que es lo mismo, cuando desde Lucasfilm les dieran una voz durante la producción como en tiempos del  Episodio V. Sí, esa misma que aprobó el misterioso retorno de la espada láser en cuestión. Irónico, ¿cierto?

    Efectivamente, es lo que acabó pasando a posteriori, tal y como los lectores descubrieron en, literalmente, el primer cómic de este primer volumen Star Wars de Marvel que más relación tuvo con el ya estrenado bastantes meses antes Episodio VI: Star Wars #80: Ellie, el cual, por cierto, es uno de nuestros favoritos. Quitando que es una preciosidad de historia conceptualmente similar al posterior y también enternecedor relato comiquero Mostly Automatic (Star Wars Primeras victorias: Casi todo automático), no solo buscaba situarse literalmente antes de los acontecimientos de la película presentándonos la existencia del almirante Ackbar, de una más que presente flota rebelde, los atavíos oscuros de Luke y de lo que a las claras eran planos y esquemas del Proyecto Endor, sino que, finalmente, ¡hacía blandir a Luke su característica espada láser de hoja color verde! Si bien es cierto que el color se desteñía un poco en según la viñeta, y ya hemos dicho anteriormente que esto no era nada raro desde abril de 1977, su mango no daba lugar a dudas.

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    ¡Finalmente una buena comunicación interdepartamental! El propio Star Wars #80, ilustrado en la imagen de la derecha bajo las manos de Ron Frenz, Tom Palmer y Glynis Wein, ya mostraba un aviso al final del número -con espada láser perfectamente identificable incluida- sobre la inminente salida de la adaptación en cómic de la película.

    ¡Y así es como pasó, bibliotecarios! Definitivamente, no se puede decir que sea el mejor trabajo de continuidad Star Wars de la historia, pero bueno, ya sabéis que en aquellos tiempos la idea de un Universo Expandido codificado y jerarquizado estaba aún más que en pañales, así que dadas las simpáticas locuras que llegaron a plasmarse en las páginas de estos cómics, casi que lo salvaron relativamente bien… Aunque luego se olvidaran de ello más adelante.

    Por supuesto, la llegada de los años 90 y el boom editorial que la saga vivió de manos de Bantam Spectra y Dark Horse Comics, cada una dentro de su propio campo literario-impreso, acabarían por definir un relato totalmente distinto y oficial para el que fuera el destino final del sable láser que Luke perdiera en la Ciudad de las Nubes. De manos del escritor Timothy Zhan y la novela La última orden, su tercera entrega dentro de la posteriormente bautizada como Thrawn Trilogy (Trilogía de la Nueva República), quedó establecido que, por supuesto, aquello contado en los tiempos de Marvel Comics sería desechado para definirse cómo la espada láser, aún adherida a la mano seccionada de Luke, acabaría siendo recuperada por Darth Vader y ofrecida a regañadientes al Emperador para ser ambas guardadas en su almacén personal del planeta Wayland, a la larga guardado por el demente Jedi Oscuro Joruus C’Baoth. A esto hay que añadir la creación de los antiguos niveles del Canon para organizar lo mejor posible este universo de ficción, en el que el primer volumen de Star Wars acabó en el nivel S o Secundary (secundario), es decir, material antiguo a usar o desechar a gusto del autor de turno.

    El resto, como se suele decir, es historia.

    Eso es todo por hoy, bibliotecarios. ¡Un saludo a todos y todas! ¡Nos vemos en La Biblioteca del Templo Jedi y en su revista, Biblioteca Jedi, para más curiosidades y detalles de esta etapa tan interesante de la saga en formato cómic!