En nuestra saga galáctica preferida aparecen varias criaturas que pueden relacionarse con animales de la vida real, como los gatos de Lothal que vimos en Rebels, o los sabuesos Corellianos que aparecen en Solo: Una Historia de Star Wars.
Pero lo que no muchos notaron es que también se mencionan, a lo largo del universo expandido, perros y gatos como los que tenemos en nuestra familias. En los textos de las primeras épocas de publicaciones de Star Wars, en tiempos en los que la unificación de relatos y los Story Groups eran solo una idea, la redacción era algo independiente y quedaba signada a la creatividad y las ideas de cada autor. Y en ese contexto, el uso de términos comparativos o el recuerdo de mascotas felinas y caninas no dejó de utilizarse en algunas de las novelas.
En primer lugar, tenemos el uso de frases alusivas a esos animales. El Ojo de la Mente de Alan Dean Foster, la primera secuela literaria de Star Wars, hace referencia al “juego del gato y el ratón” en alusión a la persecución que Vader hace de nuestros héroes rebeldes. También lo hizo el mismo autor en La Guerra de las Galaxias (la novelización original del Episodio 4) aunque en este caso bajo la figura de escritor fantasma, pues quien está acreditado como autor es el mismísimo George Lucas, en donde hay varias alusiones:
“Se oyó un débil roce, como el de un gato que llama a una puerta”
“Produjo un escalofriante chasquido y estallido de huesos, como un perro que quiebra el plástico”
Incluso se utiliza el clásico término “ponerle un cascabel al gato”.
Pero eso no es todo, pues esa misma novelización nos presenta relaciones más directas con algunos de los personajes. Al describir a los Jawas, por ejemplo, se refiere a sus pupilas rojo-amarillentas diciendo que “brillaban como las de un gato desde el fondo de sus capuchas”. Incluso los perros hacen su aparición en Tatooine al describir la comunidad agrícola de Anchorhead.
“En ese momento, las calles polvorientas y sin pavimentar estaban tranquilas, desiertas. Los jejenes zumbaban perezosamente en los aleros agrietados de los edificios de canteras vertedoras. Un perro ladró a lo lejos: era la única señal de vida hasta que apareció una anciana solitaria que comenzó a cruzar la calle.”
Más extraño que la mención de los jejenes sería la presencia, en un planeta desértico, de esos insectos que necesitan agua para reproducirse y desarrollarse. Pero eso quedará para alguna nota sobre los mosquitos de Star Wars.
Sin embargo, la mención más destacada es la que refiere a la mascota del mismísimo Luke Skywalker. Ya en el Halcón Milenario, habiendo dejado atrás a su hogar en situaciones trágicas, el joven lo recuerda:
“Extrañamente, Luke pensaba en un perro que había tenido en el instante en que algo enormemente poderoso agitó con violencia el casco de la nave con la fuerza de un ángel caído”
Esto demuestra que en la galaxia el concepto religioso de “ángel caído”, también era vigente en esos primeros tiempos literarios de la saga. Debería haberse explotado en caso de que usaran la Fuerza.
Pero eso no es todo, dos de las novelas de Las Aventuras de Lando Calrissian de L. Neil Smith también nos presentan menciones a perros y gatos respectivamente. Lando Calrissian and the Starcave of ThonBoka es la que refiere a los gatos:
“Respecto a Lando Calrissian… El breve periplo del oswaft en territorio humano aún no le había instruido acerca de los gatos; sin embargo, había ciertos aspectos de la psicología de ese animal con los que podría haberse identificado.”
También en ese libro se hace referencia a eso de “ponerle el cascabel al gato”.
La otra novela de esa saga, Lando Calrissian and the Flamewind of Oseon nos cuenta que el recuerdo que tiene el propio Lando del trágico destino de su mascota canina:
“Lando sintió una lágrima avanzar mejilla abajo, y por primera vez, en largo, largo tiempo, se acordó de un perro que tuvo una vez. Había sido atropellado por un aerodeslizador.”
Posteriormente un par de novelas juveniles incorporaron nuevamente a estos animales de la misma forma tangencial. La segunda de las historias de la extraña saga del Príncipe Jedi, Lost City of the Jedi de Hollace y Paul Davies, nos cuenta en un par de oportunidades que Ken, uno de los protagonistas, “nunca había visto un gato o un perro… excepto en las imágenes de la Biblioteca Jedi”.
Finalmente tenemos a Arf, el extraño perro droide K-9 que aparece en el libro de multiaventuras The Lost Jedi Adventure Game Book de Paul Cockburn, publicado en el Reino Unido en 1995.
Incluso en tiempos bastante posteriores el uso de “perro” como término despectivo siguió apareciendo en pantalla, siendo la recordada escena de El Ataque de los Clones en la que C-3PO, con su cabeza unida al cuerpo de un droide de combate grita “Mueran Perros Jedi” mientras dispara en plena Batalla de Geonosis. Material clásico para memes.
En fin, quizás pueda resultarnos un poco extraña la mención a animales de nuestra vida real, pero a decir verdad no nos extraña la presencia de humanos en la galaxia lejana, ni el hecho de que el idioma básico que hablan sea muy parecido al inglés. Al momento no hubo ladridos o rabos sacudiéndose de alegría en las películas y mucho menos alguna con un perro protagonista… aún. Solo queda esperar el Episodio X – El Regreso del Perro Skywalker. ¿Qué opinarían los haters de las secuelas?
Cuando uno piensa en el uso de explosivos, suele acotar sus ideas en los aspectos bélicos o aquellos típicos del cine de acción. Pero en realidad, una sustancia explosiva puede usarse en otros ámbitos como la minería o la ingeniería (demoliciones, apertura de caminos en zonas rocosas, sellado de fugas de combustible). Y en el caso de la Galaxia de Star Wars las cosas no son muy diferentes, y en esos casos hay varios explosivos, pero ninguno como el baradio.
Se trata de un compuesto un tanto inestable, capaz de liberar una inmensa cantidad de calor y partículas en una fracción de segundo. En general se lo suele describir como una sustancia de origen sintético, aunque al parecer en ciertas condiciones también puede generase de manera natural; Muestra de ello es su presencia en ciertos lodos naturales descubiertos en los planetas Anobis y Duro en los tiempos posteriores a la Guerra Yuuzhan Vong, según relata el autor Troy Denning en Legacy of the Force: Tempest (leyendas). También miles de años antes en Chelloa, durtante la época de la visita de la Jedi Kerra Hold, los habitantes descubren que la superficie del lugar estaba llena de baradio, como puede verse en el comic de leyendas Caballero Andante #1.
Como explosivo en el desarrollo minero se lo suele trabajar en la forma de bisulfato de baradio, como fuera ampliamente utilizado durante mucho tiempo para la extracción de thorilidio en el planeta Gorse y su luna. Uno de los encargados de transportarlo era Kanan Jarrus, según puede leerse en la novela (canon) Un Nuevo Despertar de John Jackson Miller (para más información sobre el thorilido y sus particularidades, lo hemos desarrollado en otra nota). Otros cargamentos de baradio (aunque no se aclara en qué forma) se describen en Maul Lockdown de Joe Schreiber, una historia del universo de leyendas, al igual que en Star Wars Republic Commando: Order 66 de Karen Traviss, en donde se menciona la capacidad de dicho material para reducir un pico a escombros, o hacer un agujero lo suficientemente grande como para que se lo trague.
Sin embargo, su uso como armamento resulta mucho más amplio, e incluso famoso. En el comic (canon) Cazarecompensas #6, Cadeliah, la protegida de Valance menciona que los detonadores térmicos poseen un núcleo de baradio. Y es que gracias a ese uso probablemente se trate del explosivo más utilizado en la saga. Solo contabilizando el uso de detonadores térmicos, hay una inmensidad de situaciones en las que aparecen, comenzando por la icónica escena de Boushh/Leia en el palacio de Jabba durante El Retorno del Jedi. Por otro lado, también utilizan baradio los explosivos usados por Val en Solo – Una Historia de Star Wars durante el robo en Vandor.
El mecanismo de detonación del baradio involucra una liberación instantánea de energía en la que, debido a una reacción se produce una esfera incandescente en la que el calor producido que vaporiza instantáneamente todo los que se encuentre en su interior. Esto se debe a la formación de un campo exterior de partículas, que encierra esa energía dentro de los límites la esfera, evitando que la explosión se descontrole. El radio depende del tipo de carga; los detonadores térmicos usados por las tropas imperiales tienen una radio de explosión promedio de 5 metros, mientras que los usados por los cazarrecompensas suelen tener un radio mayor, de unos 20 metros, según se nos describe en Star Wars Galaxies: The Ruins of Dantooine de Haden Blackman. Muchas veces también han sido llamados “granadas”, posiblemente por la similitud de su diseño y su mecanismo de activación. Es el caso de la novela (leyendas) El Cortejo de la Princesa Leia, de Dave Wolverton, donde se las utiliza como arma terrorista. También existen detonadores térmicos más potentes, capaces de producir un radio de destrucción mucho mayor, como sucede con los cimientos del enorme Palacio de Xizor en Coruscant en Sombras del Imperio de Steve Perry (leyendas).
A través de la saga han aparecido otros dispositivos explosivos diferentes que de igual forma utilizan baradio. En Punto de Ruptura de Matthew Stover, se mencionan las “bombas de baradio”, cuando Depa Billaba le reprocha a Mace Windu no haber arrojado una en la arena de Geonosis para evitar el inicio de las Guerras Clon. En la misma época de la historia, las tropas de la República también lo utilizaban en la forma de “cinta térmica detonadora” en Triple Zero otra de las novelas de la saga de leyendas Republic Commando de Karen Traviss.
Otro de los usos famosos del baradio, aunque en este caso combinado con otra sustancia llamada colapsio son las cargas sísmicas, como la que vemos en El Ataque de los Clones durante el enfrentamiento de Obi-Wan y Jango Fett en el espacio. La combinación de sustancias, junto al diseño de las cargas, logra una onda de destrucción a lo largo de un solo plano que arrasa con todo lo que se encuentra a su paso.
En cuanto al futuro de las historias de leyendas, el uso de baradio tiene una escalada en lo que respecta al nivel destrucción, apareciendo artefactos con ese material que resultan tan destructivos que se ubican a la par de los efectos de una Estrella de la Muerte. En las últimas grandes sagas literarias de este universo entran en escena los “misiles de baradio”. Al parecer el autor Troy Denning se ha convertido un experto de poner planetas en peligro con este tipo de armamento, pues aparece en varias de sus novelas como Estrella a Estrella, Legacy of the Force: Invincible, Fate of the Jedi: Abyss y Fate of the Jedi: Vortex.
Antes de continuar subiendo en el nivel de destrucción, resulta indispensable aclarar algunos conceptos desde el punto de vista científico. En general, los explosivos químicos son sustancias que sufren una transformación química, es decir tiene lugar una reacción, durante una fracción de tiempo muy breve, liberando energía en el proceso, principalmente en la forma de calor y trabajo mecánico de expansión debido a la generación de una inmensa cantidad de gases. La clave en dicho proceso no es la energía en sí, sino el tiempo breve… muy breve.
La explosión de un kilogramo de un explosivo convencional como la pólvora libera aproximadamente la misma energía que libera un litro de gasolina en un motor de combustión. Eso significa que la energía que produce no es el parámetro más importante para un explosivo, sino la potencia, que se define como la energía puesta en juego por unidad de tiempo. Volviendo al ejemplo pólvora vs. gasolina, ambos generan una energía similar, pero el explosivo lo hace en una fracción de segundo, mientras que un motor lo quema en varios minutos; Como resultado el explosivo es mucho más potente que un combustible.
¿A qué se debe la diferencia? Principalmente a la participación del oxígeno en esas transformaciones. Un combustible necesita del oxígeno del aire para reaccionar y generar esa energía. Pero en un explosivo, el oxígeno ya forma parte de la composición interna del material; en la pólvora negra está como nitrato de potasio, y en explosivos altos como nitroglicerina, trinitrotolueno y ciclonita se lo encuentra como parte de los grupos “nitro” dentro de las propias moléculas orgánicas. De esa forma la transformación es virtualmente instantánea, pues no necesitan de la llegada de aire o algún otro comburente.
En cualquiera de esos casos estamos hablando de explosivos convencionales, o sea aquellos que operan en base a transformaciones químicas, es decir a partir de intercambio o compartición de electrones. Pero también existen los explosivos nucleares, en los cuales no hay una reacción química, sino que la energía que se libera lo hace gracias a transformaciones en los núcleos de los átomos del material. Hoy en día se conocen dos tipos de reacciones nucleares: la fisión (la que aprovechan las bombas A y los reactores nucleares) y la fusión (la que usan las bombas H o termonucleares), y en ambos casos la cantidad de energía (y potencia) que se genera es enormemente superior, lo suficiente como para volar una ciudad o una región en un santiamén.
Regresando a nuestra galaxia favorita, en algunas de las historias se hace referencia a que esos misiles de baradio tan destructivos, operan a partir de alguna reacción nuclear. Halcón Milenario de James Luceno menciona que se trata de dispositivos de fisión de baradio, e incluso se habla de una fallida misión suicida de la Rebelión para destruir el área de astilleros de Bilbringi. En Dark Nest – The Swarm War (¡nuevamente Troy Denning intentando vendernos baradio!) se habla específicamente de una “ojiva destructora de planetas”, por lo que esa terrible capacidad también sugiere un mecanismo del tipo nuclear para la explosión. Una tercera prueba en este sentido la aporta Tatooine Ghost de un tal Troy “baradio” Denning (!) en la que se habla específicamente que el núcleo de un reactor nuclear se inició con una carga de baradio, y eso solo podría suceder si se trata de una transformación de tipo nuclear.
Finalmente podemos hacer un análisis del baradio desde el punto de vista de su composición química, aunque en realidad la tarea trae algunos dolores de cabeza. Para comenzar, si bien se mencionó que existe alguna ocurrencia natural del baradio, hay un consenso bastante general de que se trata de una sustancia de origen mayoritariamente sintético (la ocurrencia natural se daría en situaciones particulares). Lo explicitan algunas historias juveniles como Episode 1 Adventures: The Fury of Darth Maul de Ryder Windham, o The Last of the Jedi: Death on Naboo de Jude Watson, en las que algunos personajes mencionan que se trata de un explosivo de origen sintético.
Por otra parte, algunas fuentes nombran al baradio de una manera que sugiere que forma parte de una sal. La mencionada Un Nuevo Despertar presenta el “bisulfato de baradio”, mientras que la novela Knight Errant de John Jackson Miller (previa al comic ya mencionado) hace lo mismo con el “nitrito de baradio” y la novela infantil Rey’s Survival Guide de Jason Fry habla del “nitrato de baradio”. Eso significa que, tanto en el universo del canon como en el de leyendas, se trata de la contraparte de un anión (una especie con carga eléctrica negativa) y por ende el baradio debe presentar una carga positiva (es decir, un catión). En nuestro mundo existen explosivos que poseen especies salinas (con aniones y cationes en su composición), como la ciclonita (o RDX), el principal componente del explosivo plástico C4, por lo que esa propiedad le daría crédito al baradio galáctico desde el punto de vista de la química.
Sin embargo, también existen otras fuentes que contradicen un poco la evidencia anterior, sugiriendo un comportamiento más parecido al de los elementos utilizados para las reacciones de fisión nuclear, como el uranio o el plutonio. En el canon, la misma historia de Un Nuevo Despertar habla de la existencia de otra forma, el baradio-357, descrito como si se tratase de un isótopo particular de un elemento. En ese sentido, el baradio no sería un compuesto, sino un elemento en sí mismo, el cual, por el valor de numero másico que presenta, se podría ubicar más allá de los elementos conocidos; sería un elemento superperactínido que, en base a dichas características, podría formar parte del mismo grupo de la Tabla Periódica que el vibranio del universo de Marvel (como puede verse en el siguiente hilo del autor de este artículo). Por otro lado, la mención del uso de “baradio empobrecido” en Estrella a Estrella también sugiere el aprovechamiento de ciertos isótopos. De ser así, estaríamos hablando de un material que operaría mediante una reacción nuclear y no un explosivo químico convencional; de todas formas, la polémica entre los químicos del Imperio continúa. A modo de conclusión, la comunidad científica concuerda en que Troy Denning debería aclararlo en una futura novela.
No hay una buena aventura, sin un buen vilano. Y no hay un buen villano sin un artilugio que ponga a muchos en peligro. Y en nuestra saga espacial preferida no podía faltar, no uno, sino muchos y variados. Pero comencemos por el primero, el arma más secreta y famosa del Imperio. Como seguramente sabrán o supondrán, hay mucha ciencia detrás de una estación de combate conocida como la Estrella de la Muerte.
Se trata de una Estación de Combate Orbital grande… muy grande… enorme, de forma esférica, cuya principal finalidad es infundir miedo a la población. Ya sea por los impresionante de sus dimensiones, por la incontable cantidad de tropas, oficiales y vehículos que es capaz de transportar, o por la superarma que contiene, capaz de destruir un planeta en su totalidad.
El material principal con el que está construida es el duracero y el quadanio, dos aleaciones más resistentes que el acero común, capaces de proteger del daño debido a movimientos bruscos (daño cinético), por lo que su uso principal es como revestimiento defensivo en diferentes locaciones de tipo militar. Está dividida en dos hemisferios, siendo el hemisferio norte destinado casi en su totalidad a una sola función: el superlaser. La zona ecuatorial contiene dos enormes motores sublumínicos, además del hiperimpulsor, que le permite desplazarse rápidamente por la galaxia.
La historia de la estación difiere según el universo desde el que se la plantee. En Leyendas, hubo varias versiones: por un lado, está la idea original que Raith Sienar expuso a Tarkin, pero el diseño y desarrollo correspondió a un equipo de científicos con nombres como Bevel Lemelisk, Qwi Xux y Tol Sivron, y muchísimos otros especialistas reclutados (voluntariamente o por la fuerza) por el Imperio para desarrollar un prototipo en las instalaciones de Las Fauces. De todo esto dan cuenta dos de las novelas de la Trilogía de la Academia Jedi: La Búsqueda de Jedi y Campeones de la Fuerza, ambas de Kevin J. Anderson.
En principio esa idea parecía contradecirse con lo que se muestra al final de El Ataque de los Clones y La Venganza de los Sith, pero todo fue resuelto por Michael Reaves y Steve Perry en su obra Death Star, en donde se nos aclara que los diseños originales fueron mejorados por el Separatista Poggle el Menor y que fueron desarrollados por el Imperio en otra parte, a partir del prototipo de Las Fauces. El que vemos al final del Episodio III es finalmente el que conoceremos como Estrella de la Muerte en el Episodio IV.
En el nuevo canon, la historia está más simplificada; en este universo el diseño original, conocido como Estación de Combate Orbital EM-1, es de los geonosianos, y luego de la derrota de los Separatistas, pasó a control del Imperio (es decir, no hay un prototipo en otra parte de la galaxia). La novela Catalizador de James Luceno transcurre durante este período, en el que Orson Krennic se hace cargo de tamaña empresa.
El aspecto principal de dicha novela es el avance en el desarrollo del superlaser por parte de Galen Erso, un experto en cristales kyber. El concepto del arma es sencillo: 8 haces láser independientes que se concentran en un mismo punto para formar un único rayo tremendamente potente. Las primeras pruebas de la misma (con un potencia mucho menor) fue sobre la ciudad de Jedha, que puede verse en Rogue One, y luego de eso Tarkin realizó una simulación para poner a prueba la lealtad de los técnicos que la operaban, previo a la destrucción de Alderaan, como se muestra en el comic Era de Rebelión – Villanos.
Otro aspecto que llegó a genera polémica son las dimensiones de la estación espacial, porque según la fuente que se consulte se obtienen valores diferentes que oscilan entre un diámetro de 120 kilómetros (según la información del juego de rol de West End Games de los noventas), hasta una aproximación de 216 kilómetros (en base a la estimación de uno de los constructores de la maqueta para la película). En ese rango, el valor aceptado a partir de la información del material Star Wars: Vistas en Seccción de Vehículos y Naves y las dimensiones vistas en la película es de 160 kilómetros.
Como podrán imaginar una estación del tamaño de una luna pequeña requerirá de muchísimos materiales. Tantos que al Imperio le llevó casi dos décadas para finalizarla, dejando sin recursos a un montón de mundos. Varias de esas operaciones fueron apareciendo en diversas novelas, como Thrawn de Timothy Zahn o Un Nuevo Despertar de John Jackson Miller, en general ocultando la finalidad de las cargas a partir del carácter ultrasecreto de la operación (haciéndonos un guiño a los lectores cuando se habla de “cierto proyecto ultrasecreto”).
Otra gran necesidad para la construcción de tamaño emprendimiento fue la mano de obra. Inicialmente se realizó por parte de los geonosianos. Pero a medida que el totalitarismo imperial fue avanzando en la galaxia, también comenzó a esclavizar a muchas otras especies para trabajar en la construcción. Entre ellos, los más famosos fueron los wookies, un hecho que se ilustra tanto en novelas de leyendas como en las del canon. Un ejemplo de cada una es la invasión de Kashyyk en Darth Vader – El Señor Oscuro de James Luceno, y el rescate de los wookies esclavizados y encarcelados en Consecuencias – Deuda de Vida, de Chuck Wendig).
Finalmente tenemos el destino final de la Estrella de la Muerte, a manos del joven piloto Luke Skywalker quien logró destruirla de un solo disparo de su Ala-X contra una exclusa de ventilación del sistema del superláser, gracias a que los rebeldes consiguieron con mucho esfuerzo los planos de la estación. Siempre se criticó y broméo sobre la debilidad que permitió su destrucción, por tratarse de algo simple de solucionar desde su diseño. En ese sentido Rogue One (y su novelización) lo muestra como una falla introducida a propósito por Galen Erso para que su destrucción fuese posible, “una falla tan pequeña y poderosa que jamás la encontrarán”.
En cuanto al robo de los planos tenemos diferentes versiones según en universo que analicemos. La versión canon es la que nos relata Rogue One, que vendría a ser la biblia en lo que a Estrella de la Muerte se refiere. Por el lado de Leyendas, la versión más aceptada es la de la novela Dark Forces – Soldier for the Empire de William C. Dietz en donde es Kyle Katarn quien robó los planos de un laboratorio en Danuta.
Pero también existe otra posibilidad, que la destrucción no haya sido a causa del disparo de Luke, sino de una falla en el mecanismo del superláser que tuvo lugar precisamente en ese momento. Según el libro de relatos Historias de una galaxia muy lejana, Aliens, fue Bobbajo, uno de los alien que aparece en Jakku en el Despertar de la Fuerza, quien dice haber atascado el superlaser junto a sus criaturas mascota, al inhabilitar los circuitos de control. El relato “Todas las criaturas grandes y pequeñas” de Landry Q. Walker, da cuenta del suceso.
Pero eso no es todo, pues si hablamos de relatos alternativos, nada mejor que el comic Infinitos – Una Nueva Esperanza (entiendo que en este caso hablar de Leyendas o canon no tiene sentido) para mostrarnos como, a consecuencia del fallido disparo de Luke contra la Estrella de la Muerte, tiene lugar toda una serie de eventos alternos en la que la estación sobrevive, el Imperio aleja la rebelión y, varios años después la estación, rebautizada “La Estrella de la Justicia” es secuestrada por Yoda, quien la estrella contra Coruscant, acabando con Palpatine y su Imperio.
Bueno, y ahora recapitulemos y volvamos a nuestra realidad. ¿Es posible y factible una estación espacial de las dimensiones de la Estrella de la Muerte? Hay tres aspectos para analizar: En primer lugar, los materiales; según las estimaciones se necesitaría casi un millón de años para juntar la cantidad de acero suficiente. Si otras civilizaciones nos ayudaran, y ponen sus recursos a disposición, el tiempo se reduciría a miles de años. En ese sentido punto para el Imperio: lo logró en menos de 20 años con gran parte de toda una galaxia a su disposición.
Otro aspecto es el transporte de todo ese material hacia el punto del espacio donde se construiría. Brian Muirhead, el Ingeniero jefe del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA sugiere que sería mucho más económico usar como base para la construcción un planeta o un asteroide.
El tercer aspecto es el económico. En nuestro planeta, la construcción de la Estación Espacial Internacional (ISS), el segundo proyecto más costoso de la historia de la humanidad, insumió 150 billones de dólares, tiene un poco más de 20 años y la máxima tripulación que tuvo es 11 personas. La estimación solamente para el transporte del material de una estrella de la muerte al espacio se estima que insumiría alrededor de 20 trillones de dólares. Según el libro de referencia Star Wars: Absolutamente Todo Lo Que Necesitas Saber de Adam Bray, Kerrie Dougherty, Cole Horton y Michael Kogge la construcción de la Estrella de la Muerte insumió cerca de 1 trillón de créditos galácticos.
Otro problema que se nos presenta es la masa de la estación. Al tener el tamaño de una Luna, probablemente se vería atraída por los grandes cuerpos celestes (planetas, lunas o estrellas) a los que se acerque, debido a que la fuerza de atracción gravitatoria depende de la cantidad de materia que contienen los cuerpos que se atraen y la distancia entre ellos.
Para finalizar queda el “asunto” del superlaser capaz de destruir un planeta. El término láser es un acrónimo: Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation (Luz amplificada por emisión de radiación estimulada), en el cual gracias a un efecto de la mecánica cuántica se genera un haz de luz coherente (con un campo eléctrico uniforme) a partir un medio especial que será el que transmita el haz. Ese medio usualmente es un gas o un cristal, por lo que la propuesta de usar cristales kyber es acertada. En la actualidad, un láser de estado sólido de neodimio es capaz de lograr temperaturas de cientos de millones de grados (en la escala que se les ocurra), es decir las condiciones que existen en el interior de una estrella. De hecho, mediante espejos se concentran varios haces en un único punto, donde se vaporiza una sustancia que tiene isótopos del hidrógeno (como deuterio o tritio) que, al colapsar, libera grandes cantidades de energía, pero ni se acerca a las magnitudes necesarias para lograr lo mismo que la superarma imperial.
Otro detalle imposible es que varios haces laser converjan formando uno solo. La luz viaja siempre en línea recta, y los rayos no pueden cambiar su dirección y unificarse (prueben hacerlo con una linterna o un puntero). Lo que sí es posible, como se vio en el ejemplo anterior, es que todos los haces se dirijan a un mismo punto.
Y finalmente entra en discusión un hecho importante: un rayo láser, por más potente que sea, no va a lograr explotar un planeta desde el interior, como sucede con Alderaan; para eso sería más efectivo colocar miles de bombas termonucleares en el interior del planeta (algo que con la tecnología actual es imposible de lograr).
El físico y divulgador Michio Kaku, en su libro Física de los Imposible en el que, entre otras, aborda la problemática de construir una Estrella de la Muerte, aporta otra opción a partir de una idea del científico Edward Teller: sería un láser de Rayos X, que utiliza un arma nuclear para liberar los rayos, los cuales se concentran en varillas de cobre, que son el medio que genera el haz del laser, el cual podría usarse para activar una bomba termonuclear. De hecho, en 1983 se hizo un ensayo en Estados Unidos, cuyos resultados dudosos fueron suficientes para que el Presidente Reagan propusiera la creación de un escudo defensivo de estos dispositivos: ¿el nombre del proyecto? “Star Wars”.
Hay muchos minerales que son indispensables y tienen aplicaciones muy variadas, por lo que su uso y su extracción son siempre continuos. Pero hay otros que pasan a ser necesarios para fines específicos, en tiempos particulares, como lo son los tiempos de guerra. En esas situaciones la explotación de ese tipo materiales pasa a tener una demanda enorme. Es el caso del thorilidio.
El thorilidio, también llamado thorilide en algunas traducciones, es un material sólido que, si bien originalmente se encuentra en una forma cristalina bastante pura, suele ser mucho más útil en forma procesada.
El uso principal de este material se debe a su enorme capacidad de absorción de golpes y vibraciones. Se trata de una cualidad que aparece cuando se encuentra en forma granulada, lo que permite que la enorme cantidad de partículas independientes absorba y reduzca todo tipo de fuerzas. Eso condujo a que su uso principal sea como material amortiguador de los cañones turboláser, en particular en embarcaciones de gran tamaño.
Originalmente se lo extrajo exclusivamente de ciertos cometas ricos en tholidio. Precisamente se nos muestra una operación minera de este tipo en una época antigua de guerra galáctica en el comic Caballeros de la Antigua República #43 (Leyendas), donde el joven Zayne Carrick se infiltra en una organización dedicada a usar esclavos para extraer este mineral en una inestable región de cometas.
Para la época del ascenso del Imperio de Palpatine, este tipo de cometas ya eran algo muy raro, por lo que los pocos mundos en los que se hallaba el material pasaron a ser explotados casi sin reparos, dada la enorme demanda de armas de gran calibre para sus bases, destructores estelares y… cierto proyecto supersecreto del tamaño de una luna.
El sistema más conocido por su riqueza en thorilidio es el planeta Gorse, que junto con su satélite Cynda, poseen una enorme extensión de cavernas cristalinas constituidas por este mineral; de hecho, sus reservas se estimaron como para unos 2000 años de explotación. Este contexto de explotación minera de ambos mundos es el que se nos presenta en la primera novela editada en el nuevo canon, Un Nuevo Despertar, de John Jackson Miller, en la que Kanan Jarrus se desempeña como transportista de thorilidio y en donde la relevancia estratégica de este material contribuye a su primer encuentro (histórico, por cierto) con la rebelde Hera Syndulla.
La importancia del thorilidio para el Imperio también aparece retratada en otras dos novelas del canon actual: En Battlefront – Compañía Crepúsculo de Alexander Freed se hace mención a la importancia del material como recurso indispensable, en este caso bajo la responsabilidad del General Veers en el Sistema Rimma. Pero hay otro alto oficial, el Gran Almirante Thrawn, que descubre el robo de amortiguadores de thorilidio en Thrawn – Traición, la tercera parte de la primera trilogía canon de Timothy Zahn.
La extracción de thorilidio, como suele suceder con cualquier tipo de explotación minera a gran escala (sea en una galaxia lejana, o en nuestro planeta) tiene un enorme impacto ambiental. La explotación por parte del Imperio llegó a diezmar a muchos de los planetas con vetas minerales, como el mundo de los Squamatan. Aunque también en algunos planetas las especies nativas lograron disuadir al Imperio de su explotación, como es el caso de Spalex. Todo esto se nos relata en los números #7, #17 y #18 de la serie de comics (canon) de Poe Dameron, en donde ahora es la Primera Orden quien emprende la búsqueda y explotación de los recursos de thorilidio.
Para proceder a la extracción del mineral es necesario usar explosivos, siendo el más habitual en estos casos el bisulfato de baradio (esta operación debe realizarse con cuidado, evitando que los cristales se fragmenten en partículas demasiado pequeñas, pues se perdería su efecto útil). Luego de su extracción, el material debe ser procesado en refinerías para lograr la forma granulada que le otorga su propiedad anti-shock. Para eso, la forma cristalina del thorilidio es sumergida en grandes estanques de ácido xenobórico para obtener la calidad adecuada.
Ahora vayamos a la ciencia en el mundo real asociada a estos conceptos. Se llama amortiguación a la capacidad que tiene cualquier sistema (cualquiera: puede ser mecánico, biológico, etc.) de disipar la energía de movimiento (energía cinética), transformándola en otra forma de energía. Generalmente la suelen disipar en forma de calor o en energía interna de las moléculas del material, atenuando de esa forma el impacto.
Básicamente se trata de que la fuerza que recibe, gracias a la presencia del amortiguador, vaya disminuyendo lo mejor posible. La forma de lograrlo depende de cuál sea el mecanismo para lograr esa atenuación; hay tres mecanismos posibles:
Utilizando un fluído (por ejemplo, los amortiguadores hidráulicos).
Mediante la fricción con otra superficie.
Aprovechando la tensión interna de organización de las moléculas del material.
El uso del thorilidio sería un ejemplo de esta última situación, con el agregado de que en este caso la absorción de fuerzas se potencia debido a que se trata de un material granulado. Entonces a las fuerzas de la organización molecular, podemos sumar la interacción entre los gránulos y los pequeños huecos entre ellos, que permiten acomodarse y reacomodarse cada vez que reciben un impacto. Si bien no es algo que hayan pensado mucho los Jedi, el uso de thorilidio es, a fin de cuentas, otra forma de lograr que las fuerzas nos acompañen.
En el Universo de Star Wars existen muchas sustancias que aparecen dentro de las historias que tanto disfrutamos. Sea como un recurso narrativo necesario para hacer fluir una trama, o como un elemento secundario que aporta a la construcción de una escena, una situación, o una locación, siempre hay materiales y tecnología que contribuyen a dicha labor.
Sin embargo, hay algunos materiales que se destacan por tener una relevancia mayor, dándole un mayor peso específico a los relatos y que tienen fama propia, como la carbonita, el beskar o los cristales kyber; pero también hay otros, igual de importantes, y que merecen un renombre similar, como es el caso del tibanna.
Este material se suele usar en estado gaseoso, aunque para su transporte suele licuarse, de modo de poder transportar cantidades muy grandes en un volumen relativamente pequeño. La enorme relevancia que tiene el tibanna es su variada cantidad de aplicaciones asociadas al aprovechamiento de la energía; de esta forma se lo usa tanto en blásters como armas de mayor porte, aunque también forma parte del sistema refrigerante de los hiperimpulsores. Por lo tanto, su presencia en cualquier saga de la galaxia es indispensable, aunque no siempre se lo mencione. También existe otra variante para transportarlo: en lugar de licuarlo, se lo suspende dentro de un bloque de carbonita para procesarlo de manera más segura y así llevarlo a otros planetas.
La tecnología bláster se basa en dos piezas clave: una carga de gas (contenida en un cartucho) y una fuente de energía. El cartucho de gas puede contener una variedad de gases de gran capacidad energética entre los que se destaca el tibanna. En la novela (Leyendas) Survivor’s Quest de Timothy Zahn se detalla como el barón Soontir Fel recarga los cartuchos de este gas en su arma. Cuando el arma se dispara, una fracción del gas resulta excitada por la energía de la batería y se volatiliza hacia el módulo donde finalmente se convierte en un haz de partículas.
Si bien el tibanna suele aprovecharse en muchos mundos como combustible para calefacción (simplemente quemándolo), su mayor utilidad viene de la propiedad de cuadruplicar su capacidad energética cuando se lo incide con un haz de luz coherente. Esto condujo a una tecnología conocida como tibanna de spin sellado, que se encuentra compactado a un nivel atómico, en la que se aprovecha esa energía extra. De esta forma es este tipo de tibanna el que se usa en armamento y resulta mucho más potente (y peligroso si no se lo controla con seguridad), mientras que el tibanna tradicional es el que puede quemarse o usarse como refrigerante en distintos tipos de hiperimpulsor. Sobre este último punto hay cierta controversia, pues algunas novelas de Leyendas como El Poder de la Fuerza de Sean Williams o Los Jóvenes Jedi – Los Perdidos de Kevin J. Anderson y Rebecca Moesta mencionan el uso del material tratado con luz coherente en hiperimpulsores varios, incluido el de la mismísima Estrella de la Muerte.
Lo más interesante de este gas, es que no tiene un origen inorgánico, sino que es un subproducto del metabolismo de unos seres vivos llamados beldon, unas criaturas enormes (pueden llegar a medir hasta 10 kilómetros), llenas de gases, que pueden encontrarse en planetas gaseosos con entornos atmosféricos que tengan la densidad suficiente como para flotar en su atmósfera, aunque también pueden existir en el espacio (beldon espaciales), sobreviviendo en burbujas de gases. El mismísimo Han Solo se topa con una de estas criaturas en Bespin, en la novela (Leyendas) Amanecer Rebelde de A.C. Crispin.
Existen varios planetas gigantes gaseosos de cuyas atmósferas de extrae gas tibanna (a menudo se habla de una capa llamada tibbanósfera). Seguramente el más reconocido de todos sea Bespin, presentado en El Imperio Contraataca, en la Ciudad de las Nubes, lugar cuya principal finalidad es la recolección y tratamiento de este gas. Pero también está presente en otros mundos como Kril’Dor, Genarius, Kaer, Ord Ibanna, Yorn Skoy y Taloraan; Sin embargo Bespin es el único lugar en donde el tibana de spin sellado se produce de manera natural, por lo que se evita el costo de dicho tratamiento. Incluso la química del gas se describe un poco en Antes de la Tormenta de Michael P. Kube-McDowell (Leyendas), en donde se menciona que el color cobrizo de los cielos de Bespin se debe al óxido de tibanna. Incluso en el comic Clásico Star Wars #57 (Leyendas) de Marvel, Lando cae a través de la atmósfera hasta llegar a un islote en la superficie llamado Ugnorgrad, rodeado de una especie de pantano de tibanna líquido.
En la literatura de Star Wars, se nos muestran varios momentos en los que el tibanna está presente, en épocas diversas. Uno de los casos más notorios es la participación en el Gran Desastre que se relata Luz de los Jedi de Charles Soule (canon), de uno de los fragmentos del Ruta Legado que contiene un tanque de tibanna líquido superenfriado que pone en riesgo todo el sistema Hetzal y que a su vez moviliza una de las acciones más épicas que se han visto de los Jedi en su conjunto.
Pero si hay un autor que utiliza tibanna en sus historias, sin duda es el ya mencionado Timothy Zahn. En sus novelas de Leyendas, más allá de la mencionada Survivor’s Quest, aparece como insumo para armamento en Decisiones, y además en Specter of the Past donde forma parte de un dispositivo rudimentario para disparar a distancia a acusar a un inocente. Pero Zahn también utilizó varios contenedores de tibanna en el canon, como parte del gran plan del entonces Teniente Thrawn para ascender en las filas del Imperio en Thrawn.
Además de las mencionadas, existen algunas variantes del gas, que hacen su aparición en otras historias; La novela juvenil (canon) El Arma de un Jedi de Jason Fry hace referencia a gas tibanna interestelar, que podría tratarse de aquel que producen los beldon espaciales. Por otra parte, en algunos relatos del Universo de Leyendas posteriores a la invasión Yuuzhan Vong como la Trilogía de Dark Nest o en Legacy of the Force – Tempest (ambas de Troy Denning) se utiliza en las naves InvisiblesX de los Jedi una tecnología más avanzada, a partir de un isótopo particular de gas llamado tibanna X que evita que las emisiones del vehículo sean detectadas.
Para finalizar podemos comparar todo lo mencionado con lo que sucede en lo que podemos definir como UL, el “Universo del Lector”, o sea el nuestro. Hasta donde se conoce, no existe ningún material que tenga todas las propiedades que muestra el tibanna en los dos Universos de Star Wars (canon o leyendas).
Pero sí podemos encontrar distintos gases que se le asemejan en algunas propiedades: Por ejemplo para disparar algunas armas se aprovecha a veces el aire comprimido. Obviamente no se disparan haces de partículas sino proyectiles livianos (balines).
También podemos hacer cierta analogía entre el tibanna y el metano. Se trata de un gas producido por diferentes clases de seres vivos (desde microorganimos hasta mamíferos grandes) y que tiene una importante capacidad para liberar su energía cuando entra en combustión. Es el principal componente del gas natural y además puede generarse a partir de desechos y residuos en una mezcla gaseosos rica en metano llamada Biogas. En ese sentido la novela Imperial Commando 501st de Karen Traviss menciona algo similar: un biogas que se produce a partir de los desechos digestivos que producen los nerfs y los bantas en el planeta Celen.
Algunos especialistas especulan que un gas que podría llegar a extraerse de la atmósfera de planetas gaseosos y que sería de gran utilidad en reactores de fusión es el helio-3, un isótopo particular del elemento helio, presente en el Sol y en planetas como Júpiter y Saturno (Podríamos imaginar una Ciudad de las Nubes en alguna de esos planetas).
Otro gas, que actualmente se está estudiando para poder utilizarse a gran escala es el hidrógeno. Tiene la gran ventaja de ser elemento más abundante del universo, y que el producto de su combustión es simplemente agua, por lo que sería un combustible con mucho menor impacto en el ambiente. Además, su uso más práctico sería en la forma de celdas de combustible. Por otra parte, la enorme desventaja es que es muy peligroso y sensible (al igual que el tibanna) y es bastante difícil de almacenar, pues al tratarse de la molécula más pequeña que existe, puede fugarse de muchos materiales. De todas formas, tenemos nuestra carbonita, aunque de carbono no tenga nada: el paladio, un metal capaz de adsorber enormes cantidades de hidrógeno (puede retener con hidrógeno hasta 900 veces su propio volumen).
También es importante destacar que el hidrógeno es el elemento por el que se inician las fusiones nucleares en las estrellas, y gracias a la cual nos llega energía a la Tierra como para que se haya desarrollado vida, durante mucho tiempo, el suficiente como para que muchas personas se pusieran a idear, filmar y escribir sobre lo que pasa en una ficticia y queridísima galaxia muy, muy lejana.
Referencias:
Hollyweird Science – Kevin R. Grazier y Stephan Cass
Star wars Encyclopedia – Stephen J. Sansweet.
Star Wars – The Essential Guide of Weapons and Technology – Bill Smith, David Nakabayashi y Troy Vigil.