Dune, ¿inspiración para Star Wars?

Por Jose Alabau Casaña

¡Hola bibliotecarios! Aprovechando el estreno de Dune, adaptación parcial de la primera novela de la saga a cargo de Denis Villeneuve, vamos a retomar un debate que se desató tras el estreno en 1977 de La guerra de las galaxias. De hecho, Frank Herbert estuvo a punto de denunciar a George Lucas por plagio, señalando irónicamente que habría que crear una asociación de todos los autores a los que el de Modesto había cogido ideas prestadas. Recientemente, Villeneuve confesó que su inspiración para rodar esta nueva versión de Dune vino de La guerra de las galaxias, por lo que es evidente que hay elementos en común que unen ambas sagas.

Antes de sumergirnos en este tema, una puntualización. Para este artículo vamos a tomar como base el texto de Frank Herbert, dejando de lado sus adaptaciones fílmicas. Va a ser inevitable hablar de partes de la trama de la novela, por lo que no se recomienda leer a partir de aquí en el caso de que no se quiera saber nada de la historia. Normalmente diríamos que con ver la película de Villeneuve es suficiente, pero no, ya que esta solo cubre dos tercios y se comentarán datos que suceden al final del libro. Por supuesto, os recomendamos la lectura de Dune, una de las mejores obras de ciencia ficción de todos los tiempos, así como el visionado de cualquiera de sus adaptaciones.

Frank Herbert y Dune

Franklin Patrick Herbert Junior, más conocido como Frank Herbert, nació en 1920 en Tacoma, Estados Unidos. Después de una infancia complicada, varios trabajos periodísticos y la Segunda Guerra Mundial, Herbert se asentó en California, donde conoció a su segunda esposa, la también escritora Beverly Ann Stuart. En la década de los 50 publicó varios relatos cortos, iniciando su carrera como novelista en 1955 con Under Pressure. En 1959, cuando investigaba para un artículo sobre las dunas de arena de Oregón, empezó a acumular información sobre este tema. Su esposa consiguió un trabajo a tiempo completo como redactora publicitaria, por lo que Herbert pudo dedicarse plenamente a la escritura. El artículo, que nunca llegó realizar, puso la base de lo que acabaría siendo Dune, novela que le costó seis años en escribir.

La primera edición de la historia apareció en la revista de ciencia ficción Analog, dividida en ocho partes agrupadas en dos grandes arcos: Dune World y Prophet of Dune. La publicación en formato novela fue rechazada por una docena de editoriales, hasta que Sterling E. Lanier, de Chilton Book Company, que principalmente se dedicaba a publicar manuales de automovilismo, le ofreció 7500 dólares por editarla en tapa dura. Herbert reescribió la mayoría del texto y, finalmente, en 1965 se publicó. Aunque inicialmente no fue un éxito de ventas, sí lo fue en cuanto a crítica, ganando los premios Hugo y Nebula de ese mismo año.

Después Dune, Herbert continuó la historia con El mesías de Dune (1969) e Hijos de Dune (1976), conformando una trilogía. Pero no se quedó ahí, ya que seguiría la saga con Dios emperador de Dune (1981), Herejes de Dune (1984) y Casa Capitular Dune (1985). Lamentablemente, Frank Herbert falleció en febrero de 1986, dejando la historia abierta, pero como ocurre en estas franquicias, siempre hay maneras de continuar la saga.

Brian Herbert, hijo del difunto autor, y Kevin J. Anderson, conocidísimo autor galáctico, retomaron Dune en 1999 con una serie de novelas que actuaban a modo de precuelas. La primera trilogía, Preludio a Dune, se publicó entre 1999 y 2001, mientras que Leyendas de Dune apareció a continuación, entre 2002 y 2004. Además, en 2006 y 2007 finalizaron la saga principal con Cazadores de Dune y Gusanos de arena de Dune, cerrando por fin la trama de Frank Herbert. Posteriormente, y casi a ritmo anual, este tándem ha continuado publicando precuelas, inéditas en nuestro país.

Pero la historia de Dune no se ha quedado únicamente en la literatura, ya que tenemos películas, miniseries, cómics y videojuegos, que con mayor o menor fortuna han adaptado la historia. Exceptuando la posible bilogía de Denis Villeneuve (la existencia de una segunda parte depende de su éxito en taquilla), tenemos la conocida adaptación de David Lynch de 1984, que pese al batacazo económico que supuso en su momento en Estados Unidos, con el tiempo ha conseguido el estatus de película de culto. Curiosamente, antes de que Lynch asumiera el cargo de director, el productor Dino de Laurentiis había contratado a Ridley Scott, que quería dividir la adaptación en dos partes, idea que no cuajó. No nos olvidamos tampoco del ecléctico intento previo del chileno Alejandro Jodorowsky, que pese a rodearse de grandes nombres, no salió adelante.

Planetas desérticos, casas nobiliarias y traumas familiares

Es en el momento de empezar cuando hay que cuidar atentamente que los equilibrios queden establecidos de la manera más exacta. Y esto lo sabe bien cada hermana Bene Gesserit. Así, para emprender este estudio acerca de la vida de Muad’Dib, primero hay que situarlo exactamente en su tiempo: nacido en el 57º año del Emperador Padishah, Shaddam IV. Y hay que situar muy especialmente a Muad’Dib en su lugar: el planeta Arrakis. Y no hay que dejarse engañar por el hecho de que nació en Caladan y vivió allí los primeros quince años de su vida. Arrakis, el planeta conocido como Dune, será siempre su lugar.

Del «Manual de Muab’Dib», por la Princesa Irulan

Dune, como todas las grandes obras de la literatura, tiene muchas capas y niveles de interpretación. Es una novela con tintes feudales sobre la ambición por controlar el recurso natural que llevará al poder absoluto, trasladado a un futuro lejano. También es una reinterpretación del viaje del héroe, la historia de cómo se forja un Mesías. Un alegato sobre la naturaleza y la explotación descarnada de esta. Incluso una adaptación de la vida de Thomas Edward Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia. Dune es todo esto y muchas cosas más.

La trama de la novela es muy sencilla y a la vez extremadamente rica y compleja. El desértico planeta Arrakis, el único lugar donde se encuentra la melange, la especia que hace posible el trazado de rutas espaciales, ha cambiado de gobernantes por orden del Emperador. Los Harkonnen, que lo regían hasta entonces, deberán ceder el planeta a los Atreides. Observando cómo se desenvuelven los acontecimientos, las Bene Gesserit, una orden mística femenina que tiene sus propios planes, así como los fremen, los nativos del planeta. Este sería el punto de partida de la historia, con nuestro protagonista, el heredero Paul Atreides, en el centro de todas las conspiraciones por el poder.

Lo primero que nos llama la atención es Arrakis, el planeta en el que situará la mayor parte de la trama. Y es que Tatooine es muy parecido: tenemos grandes desiertos inhóspitos, peligrosos nativos de los que poco se sabe, animales monstruosos que amenazan la supervivencia y un aprovechamiento de la escasa humedad. Incluso tiene dos soles normalmente visibles, muy similar a las dos lunas de Arrakis. Pero también es cierto que en la saga de Lucas, este planeta es un punto de partida, un planeta de los miles que forman la galaxia, concebido más como una muestra del entorno aislado y pobre en el que se encuentra Luke (y Anakin) que como gran protagonista de la historia.

El otro punto de partida de Dune, las casas nobiliarias y todo el entramado de duques, barones y condes, bajo el poder de un emperador, tiene también su reflejo en Star Wars. Y es que la nobleza siempre ha estado muy presente en la saga de Lucas desde sus orígenes, como podemos ver en la Princesa Leia, heredera de la Casa Real de Alderaan, el apelativo de Señor de Darth Vader, sin olvidar al Barón administrador Lando Calrissian o como veríamos en las precuelas, el Conde Dooku. Además de que también tenemos un Emperador, figura omnipresente en toda historia con tintes galácticos que se preste.

Tenemos también las relaciones familiares. En el último tercio de la novela conocemos a Alia, la hermana de Paul, de dos años de edad, con la que comparte poderes mentales. Nótese la similitud entre Alia y Leia, no solo fonéticamente. Además, en una visión del protagonista, descubriremos que el villano, el Barón Harkonnen, no es otro que su abuelo por parte de madre, en un giro de los acontecimientos similar al que vimos en El Imperio contraataca con la paternidad de Luke. Así pues, pese a la inmensidad de la galaxia, vemos que una misma familia es la que decidirá el futuro de millones de seres, como ocurre en Star Wars con los Skywalker.

La mística y los poderes

Dios creó Arrakis para probar a los fieles

De «La Sabiduría de Muab’Dib», por la Princesa Irulan

Además de estas cuestiones, más de forma que de fondo, existen puntos en común relacionados con el arquetipo del elegido, sus habilidades y cómo las han conseguido. Vamos a ver primero la presciencia o capacidad de ver el futuro. El personaje de Paul vive atormentado porque tiene unas visiones del futuro en las que solo hay muerte y destrucción. Estas no siempre se cumplen, o al menos parcialmente, ya que, como diría Yoda, «el futuro siempre en movimiento está». Este es otro punto en común con Star Wars, y que nos conduce en ambos casos a un determinismo en el que, pese haber cierto grado de libre albedrio, los personajes no pueden escapar de su destino. Paul teme que se desate una guerra santa en su nombre, la jihad, mientras que Anakin hará todo lo posible para evitar la muerte de su esposa, Padmé.

Enlazando con el punto anterior, tenemos la figura del elegido, y es que este es el arquetipo clásico por excelencia. En Dune, Paul es el mahdi, el salvador que liberará a su pueblo. En Star Wars, Anakin traerá el equilibrio a la Fuerza. Para Dune, Herbert actualizó la narrativa islámica en un formato de space opera, mezclándola, por ejemplo, con rituales cristianos del agua y terminología hebrea. De hecho, la figura del mahdi es especialmente relevante en el chiismo, considerado como el líder que vendrá a liberar la Tierra de los males que la consumen y restaurará la verdadera religión, todo esto en los prolegómenos del fin del mundo. La llegada del mahdi, pese a ser un elemento escatológico, ha sido proclamada por diversas sectas, como el bahaísmo, que necesariamente han caído en la herejía, en un caso similar a lo que supuso Jesucristo para el judaísmo y la consiguiente escisión cristiana. En nuestra saga galáctica, en cambio, Lucas optó por crear una figura mesiánica basada en una dicotomía de la lucha del bien contra el mal (lado luminoso y lado oscuro), a la que aderezó con elementos de doctrinas orientales, pero centrándose más en conceptos universales que en religiones concretas.

En ambas sagas, además, podemos ver perfactemente el viaje del héroe campbelliano en todas sus fases. En Dune, Paul y su madre, embarazada, tendrán que partir en secreto al exilio para no caer en manos de los Harkonnen. Durante su estancia con los fremen (derivado de free men, hombres libres), nuestro protagonista será sometido a varios desafíos, incluyendo una última prueba que lo coronará como el mesías elegido, la resurrección. En Star Wars tenemos también a Luke y Leia, cuyos caminos se separaron al nacer, viviendo cada uno exiliado a su manera, pero que el destino hará que se reencuentren. Curiosamente, ni Paul ni Luke nacieron en los planetas desérticos, ya que el primero es de Caladan y el segundo recordemos que nació en Polis Massa. Además, también tendremos la resurrección de Anakin, el elegido, con su regreso a la luz al final de El retorno del Jedi.

Otro elemento religioso que vemos en Dune son las Bene Gesserit. Se trata de unas iniciadas en una orden cuasi monástica que tienen, entre otras cosas, un poder conocido como la Voz que les permite someter las voluntades ajenas, muy similar a la Fuerza. Además, han sido entrenadas en el Prana-Bindu, una técnica que les otorga un control absoluto sobre cada músculo de su cuerpo. Paul también ha sido iniciado en la manera Bene Gesserit, adiestrado por su madre, Dama Jessica, que pertenece a esta orden, convirtiéndolo en una excepción, ya que las Bene Gesserit siempre son mujeres. Imaginemos por un momento a Frank Herbert en el cine viendo a Obi-Wan Kenobi explicarle a Luke qué son los caballeros Jedi, su entrenamiento, y cómo consiguen sortear la patrulla que busca los droides. Las similitudes son evidentes. Para más inri, y gracias a la exhausta documentación existente, sabemos que en los primeros borradores de Star Wars se mencionaba a los Jedi-Bendu, un cuerpo dependiente del Emperador, que además del parecido evidente entre Bindu y Bendu,  comparten con las Bene Gesserit el trabajo en paralelo con el Imperio.

Conclusión

Como hemos visto, existen muchos puntos en común entre ambas sagas. De hecho, si simplificáramos el argumento de Dune, veríamos que hay ecos que resuenan en Star Wars: el protagonista y su hermana tienen poderes especiales, tanto por nacimiento como por el entrenamiento místico que han recibido. Desarrollaran su viaje del héroe con diferentes maestros, para finalmente enfrentarse al villano, que es de su ascendencia. Normal que Herbert saliera cabreado del cine.

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