Star Wars Somnolencia

Relato corto Fanfic de Star Wars de Alberto López Calvo

Mi nombre es Galtraan. Pertenezco a la raza de los jailianos, una especie poco extendida por la galaxia que se caracteriza por ser propensa a quedarse dormida en cualquier momento. Precisamente por eso no solemos abandonar nuestro planeta: podríamos caer presa de la somnolencia en pleno vuelo interplanetario. Yo soy uno de los pocos que se han atrevido a hacerlo y siguen vivos para contarlo, aunque a punto estuve de entrar en el sueño eterno, que es como los de mi especie solemos denominar a la muerte.

Lo que hice fue desconectar el generador gravitacional de mi nave de modo que cuando salí al espacio, todo lo que no estaba debidamente atado flotaba por el aire. Fue lo que se me ocurrió para permanecer despierto, pues así me obligaba a mantenerme muy activo. Debía agarrarme al asiento con las piernas mientras manejaba los controles de navegación. Tenía que esquivar multitud de objetos y el equipaje cada vez que me desplazaba por la nave. Y si en un momento dado me quedaba dormido a pesar de todo, siempre podía despertarme por un golpe propiciado por una maleta o cualquier otro elemento.

Así sucedió en una ocasión. Activé la hiperpropulsión y me quedé dormido. El fallo que cometí fue abrocharme el cinturón —algo inevitable, por otra parte, si quería evitar la potente sacudida de la hipervelocidad—. De esta forma, como no tenía que estar sujetándome al asiento con las piernas, me relajé lo bastante como para dejarme vencer por la somnolencia. Afortunadamente, no pasaron muchos minutos antes de que una caja me golpeara la cabeza con la suficiente fuerza como para hacerme despertar.

Y así llegué al planeta al que siempre había querido ir: Coruscant, el centro de la galaxia; la ciudad más grande del universo; el lugar de las mil y una oportunidades. Esperaba encontrar allí un trabajo acorde con mi peculiar traba genética. Uno que me mantuviera agobiado constantemente, siempre con tareas por hacer. Pensé que lo mejor sería una fábrica, en concreto una que tuviera una cadena de montaje, y así no me exigirían ninguna clase de conocimientos previos. Tendría que limitarme a ejecutar una serie de operaciones repetitivas que me mantendrían con las manos ocupadas prácticamente durante todo el tiempo.

Aunque me alegré mucho cuando me contrataron en la primera empresa a la que acudí, pronto me di cuenta de que el gerente no me había prestado atención en absoluto, porque el puesto consistía en alertar de posibles errores en el proceso de fabricación. Me había convertido en el vigilante de una cadena de montaje en la que no había operarios: solo máquinas que construían máquinas. Ahora me daba cuenta de lo retrasado que estaba mi planeta en cuanto a tecnología industrial.

El caso es que me vi andando sobre una pasarela situada en lo alto de la nave, mirando hacia la multitud de mecanismos y brazos robóticos que había bajo ella. La somnolencia no tardó en hacer acto de presencia. Me costaba mantener la cabeza erguida. Los párpados se entrecerraban a intervalos cada vez menores. Paulatinamente, las piernas me respondían con mayor lentitud. La caída al suelo era algo tan inevitable como la hibernación otoñal lo era para los nuagos de mi planeta.

Pero justo en aquel momento, mi letargo se vio interrumpido por algo que atravesó el techo y cayó en picado contra la parte central del edificio. Tras quedar destruida toda una sección de la cadena de montaje, se produjo una enorme explosión seguida de otras más pequeñas procedentes de diversos dispositivos. Las chispas eléctricas se entremezclaban con las de las llamaradas. El humo invadió el lugar hasta convertirlo en una sauna asfixiante de atmósfera opaca. Sin pensarlo dos veces, eché a correr hacia la salida de emergencia más próxima, que daba a unas escaleras situadas en uno de los laterales de la nave. Fue entonces cuando, al alzar la vista al cielo, me quedé atónito al observar que se estaba produciendo una batalla aérea de grandes proporciones. Cazas, cruceros y fragatas de diversos tamaños se repartían fogonazos láser mientras volaban de un lado a otro, conformando lo que bien podría haber sido un espectáculo visual de gran belleza.

Pero la realidad era bien diferente. Las explosiones y la consiguiente lluvia de metal dejaban claro que aquello era algo muy serio. La República se enfrentaba una vez más a los separatistas en la lucha por la dominación de la galaxia. Jedi y clones contra droides. Me preguntaba quién iría ganando en aquella ocasión. Tanto que decidí ir a una cantina para enterarme. Fue entonces cuando cometí otro de los errores que jamás debería cometer: ponerme a ver la holotelevisión. Por muy interesante que fuera la información que se estuviera retransmitiendo referente al conflicto, nunca era suficiente para combatir la somnolencia. Así que cuando todos oyeron que un gran crucero separatista, concretamente el perteneciente al General Grievous, se preparaba para realizar un aterrizaje de emergencia sobre la pista próxima al barrio en el que nos encontrábamos, abandonaron el local lo más deprisa que pudieron, olvidándose de mí por completo. Y luego hablan de la hospitalidad de los habitantes de Coruscant…

Por una vez, me sentí afortunado de ser somnoliento, pues gracias a ello salvé la vida. Al despertarme pocos minutos después, vi que un caza droide se había estrellado en la calle, arrollando durante un extenso recorrido a más de una docena de transeúntes, entre los que reconocí al barman y a varios clientes de la cantina. Lo que son las cosas.

Y entonces volví a quedarme dormido mientras contemplaba la trágica escena. Como era de esperar, una ciudadana se acercó a mí pensando que había resultado malherido e inconsciente. De nuevo, el destino estuvo de mi parte por medio de la somnolencia: ¡la ciudadana era también una jailiana! Pero eso no es todo. Por si fuera poco, nos enamoramos y al poco tiempo nos casamos. El amor de mi vida no surgió de uno de mis numerosos sueños sino al despertar en medio de una pesadilla.

Publicado por Gorka Salgado

Fan de Star Wars y coleccionista de sus libros, cómics y revistas

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