Escrito por Gorka Salgado
Hoy os traigo la reseña del segundo número de la magnífica serie de cómic de Star Wars The High Republic, la Alta República. ¿Que peligros les esperan a los Jedi en la frontera desconocida?

Escrito por Gorka Salgado
Hoy os traigo la reseña del segundo número de la magnífica serie de cómic de Star Wars The High Republic, la Alta República. ¿Que peligros les esperan a los Jedi en la frontera desconocida?

Traducido por Mariana Paola Gutiérrez Escatena
Corregido por Mario Tormo Tavira
Segunda parte del relato canon exclusivo de la revista Star Wars Insider, que nos trae la conclusión de la historia de Joss y Pikka que no vimos en la novela The High Republic: Luz de los Jedi. Escrito también por Charles Soule este relato en dos partes es un complemento perfecto al superventas de la nueva era de la saga. Si os perdisteis la primera parte, podéis leer la traducción que os ofrecimos en exclusiva aquí.
Previamente:
Habiendo conseguido detener un problema catastrófico, que amenazaba con destruir la Baliza Starlight antes de que pudiera comenzar su esperanzadora misión, los ingenieros Joss y Pikka Adren acabaron luchando salvando vidas frente a una nueva y mortal amenaza para la paz en la República. Los Nihil.
Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana….
Pikka Adren observó la habitación, sintiendo la reconfortante presencia de su marido justo detrás de ella. Joss, por una vez, estaba callado, lo cual era bueno, teniendo en cuenta quienes esperaban en la mesa. No tenían pinta de ser el tipo de personas con las que charlar un tato.
Ella y Joss ya habían estado en esta estación antes. La Baliza Starlight, la enorme instalación construida en el Borde Exterior como una de las Grandes Obras de la Canciller Lina Soh, emblema de la República Galáctica. Pero desde la última vez que estuvieron aquí, el camino que ella y su marido habían tomado les había llevado a lugares increíbles, y habían hecho cosas que ella aún no podía creer que hubieran logrado, o incluso sobrevivido. Como resultado, ahora se encontraban en una elegante sala de conferencias, convocados a una especie de reunión informativa con una buena parte de los más altos dirigentes de la República. La propia Canciller Soh estaba sentada a la cabeza de la mesa, acompañada a su derecha por una mujer rubia vestida con túnicas blancas y doradas: la Maestra Jedi Avar Kriss, el miembro de más alto rango de su Orden destinado a Starlight.
Pikka conocía a la maestra Kriss de una batalla espacial en la que ambas habían participado recientemente. ¡Una batalla espacial! ¿Qué terribles pecados había cometido en una vida anterior para encontrarse luchando en una batalla espacial? Ella y Joss eran básicamente trabajadores de la construcción de alto nivel. Habían ayudado a completar la Baliza Starlight, de hecho.
En realidad, no tenía a nadie a quien culpar mas que a sí misma. Ella y Joss se habían ofrecido como voluntarios para luchar en la batalla de Kur. Al recordar la sensación de aquella batalla (el caos, la intensidad, el miedo), Pikka sintió temblores y se obligó a recuperar la calma. Sea cual sea la razón por la que ella y su marido habían sido convocados, ella y Joss habían querido ayudar. Eso era todo.
A la izquierda de la canciller, un oficial de alto rango de la Coalición de Defensa de la República llamado Almirante Pevel Kronara, de pelo plateado y uniforme gris y azul, y a quien Pikka también conocía un poco. Un buen soldado de carrera, sencillo y enormemente competente.
El resto de los asientos estaban ocupados por una combinación de oficiales del gobierno y de la coalición; conocía al senador Izzet Noor, pero los demás eran nuevos para ella. Sin embargo, había un montón de esos uniformes grises y azules de la CDR. Pikka frunció un poco el ceño. Demasiados guerreros para una galaxia supuestamente en paz.
«Bienvenidos», dijo la Canciller Soh. «Por favor, siéntense. Queremos terminar con los informes lo antes posible».
Joss y Pikka entraron, sacaron dos sillas y se sentaron. El mensaje que habían recibido, de uno de los ayudantes de Kronara, era vago, y sólo indicaba que se solicitaba su presencia para ayudar a elaborar un informe posterior a la batalla de Kur. Aunque Pikka no tenía mucho interés en revivir aquellos momentos, comprendía la importancia de transmitir sus impresiones sobre el combate.
Pero ella y su marido se habían imaginado una entrevista rápida con un funcionario de la CDR, no una audiencia con algunas de las personas más importantes de la galaxia. Esto parecía una especie de interrogatorio, ¡o un juicio! Ella estaba agotada y Joss también. Ninguno de los dos había dormido bien desde Kur, y quizá se habían excedido en la ceremonia de inauguración de la Baliza Starlight la noche anterior. Se sentía como una sombra, apenas presente, su insustancialidad subrayada por el brillo de todos los demás en la sala.
—Pues… buenos días —dijo Joss—. Si hubiera sabido que esta sería una ocasión formal, me habría lavado los dientes. ¿De qué se trata exactamente?
Pikka hizo una mueca.
Avar Kriss sonrió.
—Lo entiendo —dijo—. Yo también estuve despierta hasta tarde anoche. Menuda fiesta. Sé que esto no es lo que ninguno de nosotros quiere hacer esta mañana, pero no tardaremos mucho. Los dos fuisteis fundamentales para ayudar a derrotar a los Nihil en Kur. Tenemos algunas preguntas sobre cómo lo hicisteis.
Pikka intercambió una mirada con su marido, luego volvió a mirar a la Jedi y se encogió de hombros.
—Sólo intentamos mantenernos vivos —dijo—. No hay mucho más que añadir.
—No estoy de acuerdo —dijo el almirante Kronara—. Pilotasteis uno de nuestros Vigalargas, como parte de la flota de la Coalición de Defensa de la República, reunida para enfrentarse a un grupo de merodeadores del Borde Exterior llamados Nihil.
—Ayudasteis a hacer justicia por las miles de millones de vidas inocentes cercenadas por sus salvajes ataques —añadió la canciller Soh de forma sombría, aunque con cierto todo de aprobación, sobre lo adecuado de las consecuencias.
—Así es —aceptó Kronara.
Pulsó un botón en la mesa y un droide de comunicaciones flotante proyectó una imagen bidimensional. Era un poco tosca, más gráfica que realista, pero Pikka reconoció inmediatamente lo que mostraba.
A su lado, Joss gruñó. Él también lo había reconocido.
La Nebulosa de Kur. Y en una zona no muy lejana a su centro, un vasto conjunto de naves de guerra representadas con símbolos de colores brillantes. Las fuerzas de la República en verde: varios cruceros de la CDR, incluida la nave insignia del almirante Kronara, el elegante Tercer Horizonte de clase Emisario, junto con una amplia dotación de naves de ataque más pequeñas, los Longbeam de tamaño medio y los cazas Incom Z-28 Alacielos de un solo piloto. El crucero Jedi Ataraxia, y su propio despliegue de los pequeños y ágiles Vectores, cada uno con un piloto Jedi al timón, todos en azul. Y los Nihil, en rojo, con sus feas naves cubiertas de pinchos, cada una de ellas con tres relámpagos brillantes en el casco. Las naves Nihil eran como dientes rotos en una mandíbula enferma.
Ella y Joss también estaban en alguna parte de ese batiburrillo. Uno de esos Vigalargas era el suyo, el Aurora III, con Pikka navegando y manejando los sistemas de armas y Joss en el asiento del piloto. Volando, luchando, intentando desesperadamente mantenerse con vida.
Pikka apretó su mano temblorosa. Podía sentir los controles de las armas bajo sus dedos, ver los objetivos Nihil en su pantalla. Su cabina inundada por la luz verde de la nebulosa, sin saber si estarían vivos diez segundos después. Podía oír a Joss, gritando…
***
—Por la luz… ¿qué están haciendo? —gritó Joss.
Mirando desde la cabina del Vigalarga pudo ver una de las naves Nihil, una cosa grande y voluminosa. Pensó que tal vez fuera un carguero de residuos reconvertido, y esa sospecha se vio reforzada cuando la nave abrió su compartimento de carga y liberó un horrible mar de lodo a su paso.
Otro Vigalarga y dos Alacielos iban tras una nave Nihil, todos moviéndose a tal velocidad que no tuvieron oportunidad de esquivarlo. Volaron directamente hacia la nube de asquerosa suciedad marrón grisácea, que se incendió a causa de los motores, y las tres naves de la República se convirtieron en bolas de fuego.
Qué manera tan horrible, repugnante y deshonrosa de morir. Y esa tampoco era la peor táctica que los Nihil estaban usando.
Los Nihil luchaban como bestias, como animales acorralados, intentando todo lo que podían para destruir, para matar. Utilizaban cañones láser, misiles y torpedos, pero eso era sólo el principio. Algunas de sus naves expulsaban gas radiactivo de sus reactores, envenenando a los pilotos que tenían la mala suerte de atravesarlo.
Otras, fuertemente blindadas, intentaban embestir de manera activa y deliberada a las naves de la República.
Joss recibió comunicaciones de otros pilotos de la flota llenos de pánico. Ninguno de ellos era un cobarde, ni mucho menos, pero nadie había luchado nunca contra algo así.
Un torpedo de protones salió del arsenal del Vigalarga y un pequeño y feo caza Nihil desapareció.
—¡Buen tiro, Pikka! —gritó Joss.
Su mujer no contestó. Se mantuvo concentrada en la tarea que tenía entre manos. Eso era bueno. Ambos necesitaban hacerlo. Él volaba, ella elegía los objetivos. Y estaba funcionando. Mientras Joss miraba su pantalla táctica, tenía la sensación de que los Nihil estaban perdiendo, lenta aunque innegablemente. La disciplina y el entrenamiento de la CDR estaban superando la voluntad de los Nihil de luchar sucio.
Algo sucedió.
Los iconos rojos que representaban a las fuerzas Nihil comenzaron a parpadear, desapareciendo y reapareciendo. Joss golpeó el puño contra la consola, pensando que tal vez había un cortocircuito (nada como un buen golpe para arreglar un cable mal asentado), pero nada cambió, excepto que ahora las naves de la República y de los Jedi comenzaron a desaparecer de la pantalla.
No era tan dramático cuando eran pequeños iconos en una pantalla, pero… Joss miró hacia arriba. Pudo ver lo que estaba sucediendo con sus propios ojos, y fue horroroso. Increíble. Las naves Nihil realizaban lo que parecían micro-saltos a través del hiperespacio, pequeños saltos que las hacían imposibles de apuntar, desapareciendo y reapareciendo a cortas distancias. Y, a su alrededor, las explosiones que estallaban en la negrura del espacio, mientras gente buena moría tratando de hacer lo correcto.
***
Pikka miró la proyección que había sobre la mesa de conferencias, recordando el horror de aquel momento, al darse cuenta de que su enemigo era capaz de algo que ellos no, y no tenían forma de combatirlo.
—Todavía no sabemos cómo lo hicieron los Nihil —dijo el almirante Kronara—, pero sabemos que la táctica fue devastadora en el lugar de batalla. Sólo los Jedi parecían capaces de luchar eficazmente contra ellos, a través de sus reflejos y velocidad mejorados.
—A través de la Fuerza —dijo Avar.
Kronara asintió con fuerza en señal de reconocimiento, y luego se volvió hacia Pikka y Joss.
—Me he expresado mal —dijo el almirante.
—Los Jedi no eran los únicos pilotos que parecían capaces de contrarrestar los micro-saltos de los Nihil.
Señaló hacia el final de la mesa, directamente a ellos.
—Vosotros también lo lograsteis. Vuestro Vigalarga fue capaz de reaccionar y maniobrar con una precisión y velocidad superiores a las del resto de nuestra flota. Donde otros perecieron, vosotros dos sobrevivisteis. Necesitamos saber cómo lo hicisteis.
Pikka tragó saliva. Miró a su marido.
—¿Pueden creer que simplemente somos así de buenos? —dijo Joss.
—Probablemente no —dijo Kronara.
—Tal vez usamos la Fuerza —dijo.
—En cierto modo, todos los seres vivos utilizan la Fuerza —dijo Avar—. Pero no. No la usasteis.
La canciller Soh habló, las primeras palabras que dijo desde que les dio la bienvenida.
—Joss, Pikka. Necesitamos saber qué habéis hecho. ¿Fue suerte, o algo que podamos replicar? Algo que podría salvar otras vidas en posibles combates futuros.
—Pero los Nihil han desaparecido. Todas sus naves fueron destruidas en la batalla.
—Sí —dijo la canciller—. Lo sé. Aún así. Complacednos.
Pikka miró a Joss. Se encogió de hombros.
—Díselo —dijo.
***
Joss miró las caras tensas, serias y con el ceño fruncido que estaban sentadas alrededor de la mesa. Los únicos que parecían relajados eran la canciller y la maga del espacio, lo cual tenía sentido: eran los más poderosos de la sala. Suspiró. Estaban atrapados.
—Hemos hackeado los sistemas de seguridad del código operativo del Vigalarga —dijo—. Bueno, en realidad…
Señaló con el pulgar a Pikka.
—… ella lo hizo.
—Muchas gracias —murmuró su esposa.
—Hackear equipos militares de la República conlleva duras penas —dijo uno de los oficiales de la CDR.
–¿Más elevadas que la muerte? —respondió Joss acalorado—. Pikka y yo somos expertos. Así nos ganamos la vida. Desciframos sistemas y pensamos en formas de mejorarlos. Tanto si se trata de una estación espacial como de una nave estelar, a los dos nos gusta saber cómo funcionan las cosas. No íbamos a llevar uno de vuestros Vigalarga a una batalla si no sabíamos lo que podía hacer.
Miró a Pikka, asintió con la cabeza para que continuara.
—Así que, sí. Hackeé el código de operaciones. Eso es todo. No cambié nada.
—Bueno… —dijo Joss.
Pikka lo fulminó con la mirada y luego respiró profundamente. Miró la pantalla de batalla, recordando.
***
—¡Desacopla los propulsores! —le gritó Joss.
—¿Qué? —Pikka frunció el ceño.
—¡Eso que encontraste en el código! —dijo mientras la nave se sacudía bruscamente, probablemente evitando, por poco, una ardiente y agonizante muerte.
Entendió lo que quería decir. Cuando accedió al código del Vigalarga en el Tercer Horizonte, antes de que lo sacaran, había visto que todos sus propulsores estaban controlados por ordenador, conectados entre sí para asegurar una maniobra suave. Pero era posible, con varios elegantes atajos, desvincularlos. De modo que cada propulsor pudiera funcionar de forma independiente, bajo control manual.
Pikka introdujo los comandos, y de repente el control de la nave resultó… más sencillo. Más maniobrable.
—Muy bien —oyó decir a Joss.
—Esto funciona. Veamos que es lo que puede hacer realmente este trasto.
El Longbeam se movió de nuevo, esquivando, zigzagueando por el espacio. Se notaba distinto, vivo, de una manera distinta que antes.
Joss gruñó en señal de aprobación, y luego voló, y Pikka luchó, y a su alrededor, las naves Nihil explotaban, y de alguna manera, increiblemente, sobrevivieron.
***
—¡Esos sistemas están conectados para evitar el sobreesfuerzo de la estructura del Vigalarga! Podría haberse partido —dijo otro oficial de la CDR.
Joss puso los ojos en blanco. Abrió la boca para contestar, pero Pikka se adelantó.
—No con Joss al timón —dijo sencillamente, escueta y segura.
—Tengo bastante idea de lo que puede soportar una nave —dijo Joss.
Se hizo el silencio en la mesa mientras los asistentes reflexionaban.
—Porque… —decía el Almirante Kronara—, hackeasteis nuestra nave para salvar nuestra nave.
Joss asintió.
—Supongo que sí.
El almirante miró a la canciller.
—Gracias a los dos —dijo la mujer más poderosa de la galaxia—. Pueden marcharse.
***
—Pueden marcharse —dijo Joss, imitando perfectamente el tono de la canciller mientras deambulaba por su habitación temporal—. ¿Qué demonios fue eso? ¡Les estábamos haciendo un favor luchando en esa batalla! No somos soldados. Simplemente estábamos tratando de ayudar. Desde el desastre del Ruta Legado hasta Kur, todo lo que hemos hecho es intentar ayudar. ¡Y ahora nos tratan como criminales!
—No pasa nada —dijo Pikka—. No importa. Se acabó, y no parece que vayan a hacernos nada por hackear el Vigalarga.
—Pffff —dijo Joss—. No puedo creer que nos hayamos levantado temprano para esto. De hecho, nos hemos saltado el desayuno…
Se levantó.
—Vamos a comer. Me muero de hambre, y ya sabes lo buena que es la comida en Starlight. Vayamos a una cantina, y luego buscamos un transporte de vuelta a Coruscant para hacer ese pequeño viaje que tenemos planeado, ¿te parece?
Pikka se desperezó y se frotó los ojos, tratando de encontrar un poco de energía.
—Vale Joss —dijo—. Me vendría bien una taza de café.
Sonó el timbre de su puerta, y ambos miraron en esa dirección. Frunciendo el ceño, Joss pulsó el mando de control. La puerta se abrió y apareció el almirante Kronara.
—¿Puedo entrar? —dijo—. No tardaré mucho.
—¿Nos va a meter en el calabozo? —dijo Joss—. Una advertencia, no me va bien en las jaulas.
—Estoy seguro de que eso es cierto —dijo el almirante—. No. Tengo una oferta para vosotros.
—Déjalo entrar, Joss —dijo Pikka, y su marido se hizo a un lado.
La puerta se cerró detrás de Kronara, y comenzó a hablar.
—Voy a hacerlo sencillo —dijo—. No estamos seguros de que los Nihil que destruimos en Kur representen la totalidad de su organización. Tenemos que estar seguros. La Canciller Soh ha autorizado a la CDR a poner en marcha un grupo de trabajo especial para dar caza a cualquier Nihil que pueda estar por ahí. Encontrar su base de operaciones, aprender más de ellos, erradicarlos si podemos.
—Vale… —dijo Pikka.
—Me gustaría que vosotros dos formarais parte de ese grupo de trabajo.
Joss resopló, incrédulo.
—Somos contratistas —dijo—. Chapuzas mecánicos. ¿A qué se refiere?
—Sois innovadores y brillantes. Los dos improvisasteis estrategias para salvar vidas durante el desastre del Ruta Legado, y luego encontrasteis una forma, sobre la marcha, de sobrevivir a tácticas enemigas completamente nuevas durante la batalla de Kur. Si estáis dispuestos, contamos con los dos. Parecéis el tipo de personas a las que les gusta ayudar, y esto es lo que os ofrezco. La República os necesita. ¿Estáis dispuestos?
Pikka respondió, sin dudarlo.
—No.
Tanto Joss como el almirante la miraron, sorprendidos.
—Mi marido y yo teníamos planeadas unas vacaciones para cuando termináramos nuestro trabajo de construcción en esta estación, y luego nos vimos envueltos en todo este asunto de los Nihil, y desde entonces no hemos parado. Nos merecemos un descanso —se cruzó de brazos.
—Así que queremos nuestras dos semanas en Amfar. Sol, arena y nada de peleas, Pero después de eso, creo que podemos hacer lo que nos pide.
—¿Podemos? —dijo Joss.
—¿No crees? —dijo Pikka, mirándolo.
Joss se lo pensó.
—Sí —dijo—. Supongo que sí.
El almirante Kronara asintió, y se dirigió a la puerta.
—Nos vemos en dos semanas —dijo—. Hay mucho que hacer.
La puerta se cerró tras el almirante y Joss se volvió hacia Pikka.
—¿Qué crees que significa eso? —dijo mostrándose un poco sorprendido—. ¿En qué nos has metido?
Ella se le acercó a y lo rodeó con sus brazos. Sus manos apenas se tocaban en la parte baja de su espalda.
—No lo sé Joss —dijo Pikka, mirándole—. Pero dondequiera que vayamos —sonrió—, iremos juntos.
En el próximo número de Star Wars Insider, el 201, habrá otro relato exclusivo de The High Republic. La primera parte de First Duty (Primera Obligación), escrito por Cavan Scott. Lo tendréis, como siempre, traducido al Castellano, a los pocos días de ser publicado en La Biblioteca del Templo Jedi.

Escrito por Mariana Paola Gutiérrez
Después de que StarWars.com nos sorprendiera ayer con una imagen impactante de Boba Fett. Hoy nos dio a conocer que tendremos un crossover épico denominado War of the Bounty Hunter. Pero si estas sorprendido con ello espera a ver las portadas que nos ha compartido Star Wars Splash Page. Aquí estan para ti.
El 5 de mayo podremos disfrutar de War of the Bounty Hunters Alpha # 1 de Charles Soule, Steve McNiven y Laura Martin, junto a The High Republic # 5.
12 de mayo Star Wars #13. Portada por Carlo Pagulayan.
El 19 de mayo es Bounty Hunters # 12. Portada de Mattia De Iulis
26 de mayo trae Darth Vader # 12 Portada de Aaron Kuder. y Doctor Aphra # 12 Portada de Sway Art
Son portadas asombrosas, seguro las historias lo serán… ¿Tenéis ganas de que llegue mayo? Que la lectura os acompañe.

Escrito por Mariana Paola Gutiérrez
La editorial Planeta Cómic acaba de anunciar las novedades Star Wars que llegarán a España el próximo mes de mayo, algunas de ellas muy esperadas por los fans.




Aquí podéis ver el video avance que han lanzado desde la editorial:
El tomo de leyendas de Vader recopila las siguientes historias:





Traducción
«El apego está prohibido. La posesión está prohibida. La compasión, que yo definiría como amor incondicional, es esencial para la vida de un Jedi. Así que podría decirse que se nos anima a amar.» Esto le dice Anakin Skywalker a Padmé Amidala en una de sus muchas incursiones insoportablemente torpes en los juegos preliminares en Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones. La necesidad de mantener su eventual romance en secreto ante las fuerzas dogmáticas de la Orden Jedi acaba por hundir a toda la República.
Pero ahora que nos encontramos con esa República en su punto álgido en la nueva iniciativa editorial de Disney sobre Star Wars, y con una Orden Jedi en la aparente cúspide de su luminosidad, ha llegado el momento de reconsiderar quizá esa regla. ¿Es el apego realmente algo tan malo para una Orden Jedi que debería ser más abierta y experimental, más considerada y compasiva, que nunca antes para sentirse realmente en su cúspide?
El concepto de apego aparece varias veces a lo largo de las historias de la Alta República que hemos tenido hasta ahora, incluyendo el lanzamiento esta semana de la novela Into the Dark de Claudia Gray. Se toca de forma explícita e implícita: hay Jedi en estas historias que, por ejemplo, cuestionan sus vínculos con sus maestros a medida que sus relaciones evolucionan de maestro/aprendiz a colegas, o tocan la restricción de la doctrina Jedi en ciertos aspectos fundamentales. Pero también están los reconocimientos que tocan directamente las reglas de la Orden sobre el apego.
En La luz de los Jedi, por ejemplo, los Jedi del puesto de avanzada de Elphrona adoptan a una sabuesa local llamada, de forma poco creativa por el cuarteto, Ember. Reconociendo que, si bien los Jedi tienen normas sobre los vínculos personales, su presencia como compañera y amiga de los que están destinados en el lejano planeta es una bendición bienvenida, incluso necesaria. También es una relación que finalmente lleva a Ember a salvar a uno de sus amigos Jedi durante una emboscada de los Nihil. Y eso es antes de llegar a algo aún más explícito: Jedi que aman, que forjan relaciones románticas, ya sea dentro de la Orden o fuera de ella.


En general, el concepto de amor entre Jedi no es algo desconocido, aparentemente. Al principio de la novela, un trabajador de la República comenta la afición de su colega por las novelas románticas Jedi, un género de amor caballeresco y deseos no correspondidos que era, al menos, lo suficientemente común y popular como para que ni los Jedi ni sus aliados de la República renegaran de la venta de este tipo de ficción. Y más que la imagen de los Jedi románticos en la frontera del espacio en la literatura, había al menos algunos Jedi reales que mantenían relaciones románticas. Dos de los personajes más destacados de Light of the Jedi son Elzar Mann y Avar Kriss. Esta última un ejemplar símbolo del poder y la paz de la Orden, lo más parecido a una imagen perfecta de los Jedi que se puede conseguir. El primero, un audaz e inventivo experimentalista admirado y amonestado a partes iguales por sus compañeros por su deseo de explorar los usos esotéricos de la Fuerza.
A pesar de lo diferentes que puedan parecer en un principio, Avar y Elzar se presentan como amigos muy cercanos en la novela, habiendo crecido como compañeros jóvenes, padawans, caballeros y, en conclusión, al final del libro, maestros de la Orden. Van juntos a todas partes, a las misiones o a los ratos libres. Es evidente que se compadecen entre sí. Su conexión con los demás les permite, como Jedi, hacer cosas espectaculares con la Fuerza en múltiples ocasiones en la novela, basándose en la capacidad única de Avar de conectar a sus compañeros Jedi a través de la Fuerza en poderosos actos de sensibilidad. Una de las últimas escenas de Light of the Jedi entre ambos confirma algo que resultaba muy obvio al observar su relación a lo largo de toda la novela: en un momento dado, cuando eran Jedi jóvenes, Avar y Elzar estuvieron unidos sentimentalmente, antes de elegir separarse amistosamente para centrarse en sus estudios como aprendices de la Fuerza.

Dos Jedi. Dos Jedi que se amaban. Que todavía lo hacen. Que no sólo son buenos amigos, sino que tienen una profunda intimidad entre ellos que va más allá de la amistad. Dos Jedi que están, según cualquier definición de la palabra, emocionalmente unidos el uno al otro. Y sin embargo, ¿ha implosionado la Orden? ¿Estos herejes que se atrevieron a desafiar la doctrina han caído en el Lado Oscuro como si se hubiera encendido un interruptor? No. Todo está bien. Todo está más que bien, todo es genial. Esta es una Orden Jedi, se nos recuerda constantemente tanto textualmente dentro de estos cuentos como metatextualmente por los creativos detrás de ella, que está en el punto más brillante en miles de años de historia para ellos. Nunca han sido tan respetados, nunca han estado tan conectados a la Fuerza, nunca han sido tan ligeros.
Todo esto, si no lo aborda directamente, al menos pinta una imagen de que la Orden Jedi de la época tiene suficiente confianza en sí misma y en sus miembros como para que el concepto de amor y apego no sea el tabú autodestructivo que es para cuando llegamos a la iteración más conservadora de los Jedi que se ve en las precuelas de Star Wars. ¿Existen las mismas reglas? Sí, hay enseñanzas similares sobre el apego, con 200 años de diferencia, pero la forma en que se aplican es totalmente diferente. Lo que fue blandido como un garrote por el Consejo de las precuelas, la mecha de la chispa que prendió el abrazo del lado oscuro de Anakin, ya sea por su apego a su madre o su apego a Padmé, se presenta en The High Republic como algo que se siente radicalmente diferente.
Es un recordatorio, para los Jedi que conocemos en estas historias, que las relaciones no son el todo y el fin de la conexión, sino simplemente un aspecto de muchos conjuntos que representan su relación con la Fuerza. Aspectos que coexisten en todos ellos, que no son secretos que deban ser avergonzados y ocultados, y si no necesariamente celebrados (la implicación es que el romance de Elzar y Avar era privado, pero su cercanía desde entonces es lo suficientemente abierta como para que varias personas lo comenten), al menos apreciados. Y más allá de eso, se entiende. Estos Jedi no habrían superado las tensiones a las que se han enfrentado en estas historias hasta ahora sin apoyarse en la amistad, en la conexión, y en la confianza y la fuerza que proporcionan esos lazos tan estrechos entre las personas en tiempos de crisis.
Es algo que esperamos sinceramente que La Alta República siga explorando. Sin embargo, no es necesario vincular esta libertad con las doctrinas de la Orden a su eventual e inevitable caída: estos Jedi están destinados a dar el paso al dogmatismo de los Jedi que conocemos en La amenaza fantasma, después de todo, un mundo en el que alguien como Qui-Gon es condenado al ostracismo y despreciado incluso por adentrarse en las enseñanzas más esotéricas de la Fuerza, por no hablar del trato que recibe Anakin a manos del Consejo. Eso supondría un terrible retroceso y, afortunadamente, lo que hemos visto de La Alta República hasta ahora no parece insinuar que se haga tal paralelismo. Pero estaría bien ver más allá de las insinuaciones y miradas que tenemos.
No estoy diciendo que necesitemos una novela romántica Jedi propia, o que nuestros Maestros y Caballeros se pongan cachondos las 24 horas del día. Pero gran parte de lo que hemos visto en La Alta República gira en torno a la idea de la conexión. Ya sea la de los Jedi con la gente a la que protegen, el propio mantra de la República de «Todos somos la República«, o incluso la relación simbiótica entre Marchion Ro y los Nihil. Por lo que ver a Jedi que puedan entender ese romance y ese apego es tan vital para comprender su lugar dentro de la Fuerza como la meditación o las escrituras.
Es lo único que les haría contrastar con los Jedi que conocemos en las películas, y sentirse realmente más poderosos y más unidos a sí mismos y a la Fuerza que cualquier dominio del sable láser o la capacidad de mover rocas con la mente.
Fuente: IO9 Gizmodo

Escrito por Mariana Paola Gutiérrez
El legendario artista de Star Wars Mike Mayhew acaba de mostrar esta espectacular portada para el próximo cómic Star Wars The High Republic #3 donde vemos la primera aparición de Marchion Ro.
Saldrá a la venta el próximo miércoles en los Estados Unidos.

SPOILERS: Marchion Ro ostenta el título de «El Ojo de los Nihil» y se enfrentó a los Jedi en su apogeo durante la era de Star Wars: La Alta República. Heredó su papel de líder de su padre, que fue asesinado. El ojo de los Nihils controla los «Caminos» que permiten los viajes intergalácticos e hiperespaciales a gran velocidad. Es seguro que este nuevo gran villano será una parte importante de la historia de La Alta República.
Fuente: MBC

Escrito por Mariana Paola Gutiérrez Escatena
Hoy os traemos la reseña del cómic Star Wars: The High Republic Adventures #1 de la editorial IDW escrito por Daniel José Older, dibujo de Harvey Tolibao y colores de Rebecca Nalty.

Lula Talisola se enfrenta a su primera misión y la afronta con todos sus miedos y deseos de estar a la altura de una situación real. Mientras la pequeña Zeen Mrala tendrá que revelar sus habilidades ocultas para ayudar a sus salvadores, a pesar de que eso signifique ganarse la desconfianza de su mejor amiga y su pueblo, su hogar.
Contexto:
La Galaxia se encuentra en paz, gobernada por la gloriosa República que tiene como canciller a Lina Soh y protegida por los nobles y sabios Jedi. La República está apunto de iluminar hasta el último rincón de la galaxia y como símbolo de su futura omnipresencia se lanza la estación Starlight. Sin embargo, está paz será desafiada por nuevos y poderosos enemigos que están dispuestos a poner a prueba el orden actual.

La historia:
En el sistema Trymant la armonía se ve interrumpida por una enorme catástrofe que requiere la ayuda de un grupo de maestros y aprendices.
«Inicien el procedimiento de evacuación»… «Alerten al Starlight»..?

El deber convoca otra vez. Los Jedi se han comprometido a ayudar a cada ser de la galaxia y cuando el maestro Yoda y sus padawans, entre ellos nuestra protagonista Lula Talisola, reciben un llamado de auxilio asumen con responsabilidad su función de guardianes. Un tranquilo viaje en el crucero de entrenamiento para padawans, Star Hopper, puede convertirse en una aventura peligrosa.
TENGO UN SECRETO.
Para Lula Talisola está misión es un momento de reflexión, ella se ha entrenado para ser la mejor de todos, mejor en meditación, en lucha con sable, en pilotaje, aún así siente que no puede concentrarse en la fuerza como la habían entrenado. Esta será su primera batalla real y los miedos afloran, sintiendo que todo irá mal.

Mientras tanto en la ciudad de Bralanak, una pequeña Mikkiana llamada Zeen Mrala, debe luchar contra los prejuicios de su sociedad, la cual piensa que ningún ser vivo debe sentir o usar la fuerza y deja de lado su sensibilidad (ese enorme y salvaje poder como un océano, que la inunda) para ser parte de una colectividad que no ve con buena cara a estos magos espaciales. Para ella todo está a punto de cambiar cuando las consecuencias del gran desastre en Hetzal lleguen a su planeta en trozos y ponga todo en jaque.
En tanto el caos se asoma y corren con temor hacia la reunión convocada por sus venerados ancianos, Mrala reflexiona; ella también tiene un secreto «sé que soy poderosa y ese poder me aterroriza. así que lo mantendré encerrado para siempre, y nadie lo sabrá nunca, nunca.». Incluso si la vida la llevó a generar un lazo profundo con su amigo Krix, ella no podía decirle a nadie lo que sentía, lo que ese poder interior provocaba en ella, debía ocultarlo. Incluso para lograr desvanecerlo había ido de un lado a otro y cuando por fin creyó encontrar un hogar y con ello la calma, todo se había convertido en tempestad y un océano furioso. Pero al final… ¿Podrá cumplir con su promesa?…

MIENTRAS TANTO….
En el Star Hopper, el maestro Yoda y sus padawans recopilan información para crear estrategias que puedan resolver el problema que se avecina. Los aprendices averiguan que cientos de escombros se dirigen para colisionar contra Bralanak, la cuidad más poblada del sistema.
Los maestros tiene un plan, se encargaran de los trozos grandes, mientras ellos, los que aún estaban aprendiendo los caminos de la fuerza, deberán estar en tierra para poner a salvo a todos y ocuparse de los fragmentos más pequeños. Entre tanto, Lula sigue introspectiva y siente que su tranquilidad es una máscara, deseando así poder algún día ser como sus maestros, conservar una tranquilidad real que en ese momento estaba en plena ausencia cuando más la necesitaba.
«Padawans»…»Que la fuerza os acompañe»…
Era hora de la verdad.
En Bralanak, Zeen y su amiga Krix se enfrentan cara a cara con el peligro cuando piensan que están ante la salvación.
Ya en tierra los Jedi Lula, Farzala, Qort y Bibs deben confrontar una lluvia de fuego que intenta golpear y acabar con todo lo que se atraviese en su camino. Pueden abatir gran parte, pero el peligro no cesa. Ahora deben encontrar una nave enorme para llevar a la mayor cantidad de sobrevivientes a salvo.
Por esa razón, Lula se acerca a quienes pensaban que serían tan amables de ayudar. Pero ellos no venían para apoyar la causa, sino sólo por un encargo, el anciano Tromak. Los temibles Nihil no venían a evacuar a nadie ni pretendían hacerlo. Dispararon sus blaster en respuesta y los padawans finalmente tuvieron que poner a prueba sus destrezas.

Maravillada con tal demostración Zeen, se dió cuenta de que ellos usaban la fuerza para el bien y quiso ser como ellos, por primera vez, sin importar todo aquello que antes pensaba de la fuerza o de sus portadores.
… ¡PODRÍA SER COMO ELLOS!…

Y lo intentó con todas su fuerza, colaboró con Lula «sosteniendo» en sus manos el destino de todos. Juntas a la par se concentraron. Lula perdió aunque sea un instante esa desconfianza e incertidumbre que la acompañaba desde que supo de la misión y Zeen el miedo a ser quien era, una sensible a la fuerza. Pero ¿podrán con la amenaza numerosa que los rodea? ¿podrán escapar de la muerte cuando ordenaron poner fin a sus vidas?
Tres PERSONAJES principales

Lula Talisola: Mujer humana sensible a la fuerza, la cual se unió a temprana edad a la orden Jedi, era la mejor de su clase, en pilotaje, meditación y lucha con sables de luz. Parte del Star Hopper, un crucero de entrenamiento padawan, que contestó la llamada para ayudar al sistema de Trymant y confrontar a los Nihil. Fue entrenada por Yoda. Siente la fuerza como una montaña. Es leal, compasiva y siempre busca ayudar a sus dos mejores amigos, Farzala y Qort, especialmente cuando están haciendo travesuras.

Yoda: Bueno, creo que no necesita presentación, el mejor maestro JEDI de todos los tiempos, miembro de la orden, maestro de Luke Skywalker. En La Alta República, tiene un rol importante en la orden, no tanto en el consejo, sino más bien como Maestro de una nueva generación de padawans. Él se encuentraba a cargo del Star Hopper con otro maestro Torban Buck. Decide la estrategia a seguir para auxiliar a los seres que habitan el sistema Trymant. También apareció en The High Republic #1 para informarle a la maestra Jedi Avar Kriss su designación como encargada del faro de Starlight.

Zeen Mrala: niña Mikkiana sensible a la fuerza, tuvo que viajar de planeta en planeta por miedo a lo que estaba experimentando y una sensación de persecución continua. Oculta su don para no perder sus lazos sociales y a su mejor amiga Krix. Habitaba en el sistema Trymant, específicamente en la ciudad de Bralanak, al momento de una nueva catástrofe. Ayudo a Lula Talisola para detener un fragmento consecuencia del gran desastre, tendrá que unir fuerza para derrotar a los Nihil y defender su hogar.
Curiosidades:
Les presento las curiosidaded que he encontrado con ayuda de mi compañero Mario Pinchudo:




She shifted her gaze to look at his masked face, at the swirling storm carved into it./Desvió la mirada para observar su rostro enmascarado, la tormenta arremolinada grabada en él.
The High Republic, Ligth of Jedi. Lourna Dee se reúne con Marchion Ro y devela su juego. Cap 41. Pág 389


Otro punto a favor es esté twitt «¿Qué tal ese final?, !Necesito saber más sobre Marchion¡»… Al que el autor responde, «Un lugar para aprender más sobre Nihil y Marchion Ro será mi serie #StarWarsTheHighRepublic Adventures en curso…».
OPINIÓN:
La historia te atrapa, a través de los pensamientos de estas dos protagonistas conocemos sus miedos, certezas y su capacidad para salir a flote. También podemos ver una continuidad en la historia, sin que sea un recurso repetitivo. Tenemos una aventura totalmente distinta con protagonistas similares y con una problemática correlativa. Sin embargo, definitivamente es un punto a favor para este gran autor y su capacidad para atraparnos.
Por otro lado, cada página está repleta de detalles y colores que realmente suman a la historia y atraen al lector a notar cada pequeño detalle. Incluso las viñetas nos trasladan por una gama de sentimientos y sensación que van experimentando las protagonistas.
Debo decir que fue un absoluto placer leer cada página. No sólo por la historia de Daniel José Older, sino también por el arte de Harvey Tolibao y colores de Rebecca Nalty. Ya quiero ver cómo sigue esta historia.
Espero que hayan disfrutado del artículo de hoy. Que la lectura os acompañe! Hasta la próxima.

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