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  • Ciencia de una Galaxia muy lejana: Invisibilidad

    No hay dudas a esta altura que vemos Star Wars porque tiene cosas nos gustan, nos interesan y nos apasionan. Sin embargo, en esta ocasión vamos a hablar de lo que no puede verse, de la invisibilidad que hay presente en distintos momentos de la saga.

    Al principio puede resultar llamativo, e incluso no asociar esa característica al Universo de Star Wars, pero, a decir verdad, aparecen diversas situaciones en las que de una u otra forma está presente. Y es que antes de comenzar a ver algunos ejemplos, necesitamos aclarar ciertos conceptos científicos.

    Cuando hablamos de “invisibilidad” nos referimos a una cualidad que posee un objeto que le permite interferir de algún modo con la luz de manera de que no resulte visible para un observador. Y en general, gracias al cine y la literatura, con obras como El Hombre Invisible o Harry Potter, el concepto solemos tenerlo en claro. En el ámbito del séptimo arte, también podemos hablar de los casos en que las películas son “in-visibles”, es decir, aquellas que son imposibles de ver por lo malas o aburridas, aunque no se traten de seres que no pueden ser vistos (no es justo hacer menciones porque el gusto de los espectadores es muy variado, pero hay bastante consenso en que un ejemplo de estos sería el Holiday Special de 1978).

    Pero hay algo más que debemos considerar de antemano: el espectro electromagnético. Cuando hablamos cotidianamente de “luz”, generalmente se está haciendo referencia a un rango muy pequeño de frecuencias del espectro electromagnético, el cual es capaz de ser percibido por el ojo humano. Eso quiere decir que hay otras frecuencias que no podemos percibir con nuestra vista, como los rayos X, el ultravioleta, el infrarrojo, las microondas y las ondas de radio.

    Y es que muchas veces puede evitarse la detección de algunas frecuencias no-visibles de ese espectro, resultando estas “invisibles” para los detectores capaces de recibirlas, aunque en término correcto sería “indetectables”, como suele suceder con los aviones-caza furtivos (stealth) que resultan indetectables para un radar, pero podrían verse a simple vista. Aclarado ese caso, veamos algunas situaciones de invisibilidad o furtividad que podemos hallar en la saga…

    En primer lugar, tenemos varias situaciones publicadas en diversos medios en las que la invisibilidad surge naturalmente por una cuestión biológica, que podríamos asemejar al mimetismo que tienen aquí en la Tierra algunos animales como el camaleón, o algunos pulpos. Sería el caso de las Lagartijas invisibles de Tatooine que aparecen en algunos niveles del juego Super Star Wars: Return of the Jedi de 1994.

    Por el lado del reino vegetal tenemos la planta de raíz de sombra (shadowroot) de la Luna-Bosque de Endor, a partir de cuya raíz se produce un jabón que tiene la particularidad de hacer invisible todo los que cubre con su espuma. Todo esto se relata en el episodio The Haunted Village (Ep 1×02) de la serie animada Ewoks, que además fue adaptado como cuento infantil con el mismo nombre en 1987.

    Siguiendo esta línea biológica, podemos suponer que los benditos midiclorianos también son capaces de promover la invisibildad a través de la Fuerza, visto que en varias situaciones algunos usuarios de la Fuerza han logrado ocultarse mediante este tipo de técnicas. Básicamente hay dos mecanismos diferentes para lograrlo: por un lado, tenemos el “Camuflaje de la Fuerza”, según en cual el usuario altera la luz y las ondas sonoras que lo rodean, logrando que los demás no puedan verlo; es el caso de la Jedi Juhani en el juego Caballeros de la Antigua República.

    Por otra parte, la otra técnica Jedi no modifica la luz, sino que consiste en sacar de la mente de los demás todo vestigio de su presencia, por lo que entraría en la categoría “truco mental”.  Esta situación no es la más utilizada, pues implica un gran gasto de energía para el usuario, y al no lograr modificar la luz puede seguir siendo detectado por droides u otros sensores. Una muestra de esta técnica es la que usa Lomi Plo en la novela Dark Nest II: The Unseen Queen de Troy Denning.

    En general, todas las situaciones de invisibilidad planteadas aparecen en distintos medios en historias correspondientes al antiguo Universo Expandido (actual Leyendas), quedando en el actual canon ciertas situaciones que están sujetas a discusión, como el supuesto uso de la técnica por parte de Darth Vader antes de la mítica pelea con Luke en Bespin al final de El Imperio Contraataca, o también el caso de Ahsoka durante el combate con los guardias en el bosque en el capítulo The Jedi de la segunda temporada de The Mandalorian.

    Diferente es la situación en lo que respecta a la tecnología furtiva para hacer invisible un vehículo o locación frente a un detector de cierta frecuencia del espectro electromagnético, pues aparece en diferentes situaciones y tecnologías, tanto en Leyendas como en el nuevo canon.

    En general esta tecnología se basa en el efecto de ciertos minerales capaces de evitar la detección, como por ejemplo las sales de estigio (en inglés stygium), un mineral tan raro que solo se conoce su presencia en dos mundos de toda la galaxia: Aeten II y Maramere. El primero de ellos en la fuente de la tecnología de cazas invisibles Phantom TIE que aparece en otro videojuego: Rebel Asault 2, mientras que el segundo tiene su veta en la llamada Isla Invisible, llamada así por resultar indetectable para los escáneres precisamente por la presencia de los cristales de estigio, según se relata en el comic Starfighter: Crossbones #2 y #3. Ejemplos que aprovechan la tecnología de estigio son la Punta Carroña (Carrion Spike), la nave personal de Moff Tarkin en Tarkin de James Luceno, o el Infiltrador Sith de Darth Maul en La Amenaza Fantasma.

    Para la época de la Trilogía original de Thrawn (Heredero del Imperio, El Resurgir de la Fuerza Oscura y La Ultima Orden) de Timothy Zahn, presumiblemente a causa de la escasez del mineral, se utilizaban en diversos vehículos unos dispositivos híbridos que aprovechaban una tecnología más pobre, desarrollada en el Monte Tantiss, la cual impedía ver hacia fuera a quienes estaban en el interior del manto de ocultación. El mismo autor volvió a utilizarlo en un Destructor Estelar en Specter of the Past.

    Por otro lado, tenemos un material diferente: el reflec. Se trata de un polímero artificial que tiene la propiedad de interferir en las señales electromagnéticas, impidiendo de esta forma ser detectado en diferente tipo de sensores. Es el material con el que están recubiertas las armaduras de los Deathtroopers que aparecen en Rogue One y varias otras historias, como por ejemplo el número 8 del comic de Poe Dameron.

    Y para finalizar con la saga, tenemos los escudos de invisibilidad, que aprovechan generadores cuyo campo electromagnético es capaz de desviar la luz para impedir que se vea lo que hay del otro lado, como los que utilizan las fuerzas opositoras del planeta Pijal en Maestro de Aprendiz de Claudia Gray.

    Ahora que vimos lo que puede lograr la tecnología y las artes Jedi en la saga, vale preguntarnos ¿Es posible hacer algo invisible en nuestra realidad?

    En primer lugar, existen algunos trucos con espejos, cámaras o efectos prácticos que simulan hacer “desaparecer” a una persona o un objeto pero que son propios del ilusionismo, pues no lo hacen desaparecen realmente, sino que solo nos genera la sensación de que el efecto ocurre en la realidad. Un caso similar es el efecto del mimetismo, en el que una persona u objeto se confunde tanto con el ambiente o se oculta de modo que deja de reconocerse, aunque tampoco desaparece de la vista.

    Pero en el campo estrictamente científico de la verdadera invisibilidad, en la actualidad se está comenzando a trabajar con algunos materiales que, al recubrir un objeto, permiten que la luz los atraviese, de manera que pueda percibirse lo que hay debajo de éstos. El resultado efectivo es que el objeto en sí mismo no se ve. Se han realizado experimentos con éxito en 2006 en la Universidad de Duke, California, utilizando estos metamateriales (sí, así es como se los llama), solo que a escalas de dimensiones muy pequeñas (tan pequeñas que no pueden percibirse a simple vista, por lo que para nosotros que lo vemos desde el llano no eran visibles desde el principio).

    Sin embargo, la perseverancia de ese grupo de investigación permitió que en 2012 construyera a partir de esos materiales un “manto” con forma romboide que permite desviar la luz alrededor de un cilindro de 1 centímetro de alto y 7,5 cm de ancho sin que hubiera reflexiones. ¡Todo un éxito!

    Estos metamateriales poseen características ópticas poco usuales en la naturaleza. Su diseño se basa en la inserción en una substancia de implantes que crucen que las ondas que componen la luz visible se curve de formas poco usuales. En general están fabricados con plásticos que contienen elementos como cobre, plata, u otros metales organizados en forma de patrones que se repiten como en una serie de baldosas.  Otra forma de crear este tipo de tecnologías es mediante una técnica llamada fotolitografía, que aprovecha la nanotecnología de materiales.

    Uno de los usos que podría darse a este tipo de invisibilidad son los mantos de inhibición sísmica que permiten proteger edificios de los terremotos, al estar construidos con materiales capaces de desviar las ondas sísmicas y así evitar que afecten a los inmuebles.

    Por otro lado, un grupo de investigadores del Instituto Nacional de la Investigación Científica (INRS) de Montreal, Canadá aprovecha la interacción entre distintas frecuencias de luz para lograr que un objeto refleje solo la luz verde.  Si se modifican, se logran cambian temporalmente las frecuencias del verde al azul y nuevamente al verde, utilizando unos filtros especiales y el resultado es que el ojo humano deja de ver al objeto. Esto podría tener aplicación para las empresas de telecomunicaciones, las cuales podrían utilizar ciertas frecuencias en las redes de fibra óptica de manera de lograr hacer invisibles los datos, logrando una seguridad muy superior.

    Otro ejemplo lo tiene la empresa canadiense Hyperstealth Biotechnology, que desarrolló un material llamado “quantum stealth” que oculta el espectro de luz visible y también parte del ultravioleta e infrarrojo, de tal modo que también bloquea el espectro térmico. Esta tecnología tiene un futuro enorme en el campo militar. Algo similar se está desarrollando en la Universidad de Zhejiang (China), donde se está trabajando en un dispositivo que evita que los objetos sean detectados por los sensores de calor y detectores de metales (básicamente han inventado el reflec).

    También en la Universidad de Manchester (Reino Unido), los científicos ha desarrollado un camuflaje térmico a base de grafeno, nylon y oro, capaz de hacer invisible a las cámaras de visión nocturna a la persona que lo lleva.

    En lo que respecta a las tecnologías furtivas, también llamadas “muy baja detectabilidad” se trata de una serie de diferentes estrategias, generalmente usadas en aviones y barcos, que permiten hacerles menos visibles al radar. De esta forma, el diseño de algunos factores como la forma de los aviones, el uso de materiales no metálicos para el casco, las pinturas radar-absorbentes y las tecnologías para reducir otros patrones de emisiones como la infrarroja o ruido, han permitdo la creación de aeronaves como el F-117 Nighthawk, el F-22 Raptor, el YF-23 Black Widow II o el bombardero B-2 Spirit. En fin, lo más cercano que tenemos a un Ala-X hasta el momento.

    Algunos especialistas estiman que no falta demasiado tiempo para lograr fabricar una fibra capaz de desviar la luz visible alrededor de una persona. A fin de cuentas, resulta que la realidad y la ciencia están cada vez más cerca del mágico manto de Harry Potter…

    Finalmente comparto una imagen del encuentro científico entre el autor de esta nota y un experto en invisibilidad en las Cataratas del Iguazú…

  • Ciencia de una Galaxia muy lejana: El rayo tractor

    Por Diego Manuel Ruiz

    En una civilización galáctica capaz de diseñar y construir naves espaciales tan enormes como un planeta, no debe haber resultado tan complejo el desarrollo de todo tipo de artefactos capaces de generar distintos tipos de campos de fuerza. Y entre las cuatro fuerzas existentes en el Universo, la primera y más fácil de percibir es la gravitatoria.

    Se trata de una fuerza de atracción que ocurre entre cualquier conjunto de cuerpos por el simple hecho de poseer masa, es decir la cantidad de materia. Y cuanta más materia tenga un cuerpo, mayor atracción gravitatoria tendrá hacia los demás cuerpos.

    Los manuales técnicos y las enciclopedias de Star Wars nos cuentan que un rayo tractor es “un campo de fuerza que proyecta fuerzas gravitatorias para empujar o atraer objetos”, aunque en casi todos los casos en los que se nos muestra su uso fue para atraer; a fin de cuentas, el término “tractor” significa precisamente eso.

    La primera vez que nos topamos con este artilugio es en el Episodio 4, en la propia Estrella de la Muerte, usada para atraer, capturar y retener al Halcón Milenario y su preciada tripulación. Se trata del uso más general, para atraer, aparcar y deslizar naves en puertos o en naves de gran porte. De ahí su uso en Destructores Estelares y vehículos de mayor porte en diversas historias de la saga.

    Esto nos lleva a lo más interesante de la saga: las ocasiones y las estrategias con las que se ha logrado vencer a un rayo tractor.

    La táctica más simple y sencilla de comprender consiste en desconectar el generador. Obviamente, la sencillez no se comparte al momento de ejecutarlo, pues es probable que se encuentre rodeado de mucha seguridad. Si lo sabrá Obi-Wan Kenobi, quien se aventuró a desconectar el rayo tractor dentro de la mismísima Estrella de la Muerte, sabiendo que la misma poseía 768 generadores. La inteligencia y el conocimiento técnico del Jedi lo llevó a deshabilitar uno de los siete módulos de enlace del rayo, sabiendo (probablemente gracias a la información provista por R2) que, al fallar un enlace, todos los demás dejarían de funcionar (En mi opinión: otra falla grosera de los ingenieros que diseñaron la estación de combate).

    La característica principal de la fuerza de atracción gravitatoria es que disminuye al alejarse de una manera drástica con la distancia (matemáticamente lo hace a razón del cuadrado de ésta); eso significa que es más efectiva cuanto más cerca estén los cuerpos entre sí. Es por eso que la efectividad de un rayo tractor para capturar una nave más pequeña en movimiento no solo depende de la potencia del mismo, sino también de la habilidad del operador o de la computadora que maneja el rayo.

    En Specter from the Past de Timothy Zahn se menciona que el éxito frente a un vehículo pequeño depende precisamente de la habilidad del operador del haz del rayo. Además, la importancia del tamaño (en realidad la masa) del vehículo que se atrae se menciona en la novela Ajuste de Cuentas: Centralia, de Roger McBride-Allen, en donde Mara Jade comenta a Leia que no pueden escapar del rayo tractor porque la nave que las atrae era casi tan grande como la de ellas y acabarían arrastrándose mutuamente; en ese caso, no dependería tanto de la pericia de quien comande el rayo.

    Todo esto significa que, en caso de tenerse una nave más pequeña que la que lanza el rayo tractor, se tienen más chances de escapar. Y al respecto hay varios ejemplos, la mayoría de los cuales recurren a una técnica conocida como “El velo”. Si bien esta táctica fue bautizada por Timothy Zahn en su novela Lealtad, en realidad se trata de una técnica usada varias veces en otras historias del autor, incluso anteriores.

    Básicamente consiste en interponer objetos, en lo posible partículas metálicas pequeñas y reflectantes, que hagan divergir el rayo hacia sí, evitando que la nave-objetivo quede atrapada por el mismo y resulte capturada. Dos de las obras más clásicas de la literatura galáctica (ambas de Zahn) la muestran en acción: La técnica fue usada por Luke Skywalker en Heredero del Imperio con la ayuda de un torpedo de protones, o haciendo estallar en una nube de fragmentos metálicos el frente de un carguero en cuyo interior se ocultaba con su X-Wing en La Ultima Orden. La misma técnica del torpedo también la usó Lando para escapar en el Lady Luck en la mencionada Specter from the Past.

    Otro gran experto en huir de rayos tractores es Han Solo. En el caso de nuestro contrabandista favorito, ha tenido éxito con técnicas más asociadas a su capacidad de pilotear que al uso del velo. Han Solo: Venganza, de Brian Daley nos cuenta que el Halcón Milenario logró escapar por poco de un rayo tractor gracias a que Han utilizó toda la potencia de la nave.  En La Trampa del Paraíso de A.C. Crispin, Solo logra escapar gracias a que una nave mayor se interpone en el trayecto del rayo. Podríamos suponer que, en ambos casos, nuestro héroe tuvo mayores reflejos que el operador del rayo.

    Sin embargo, su mayor proeza para librarse de estos haces de arrastre probablemente sea la que se relata en la novela juvenil del nuevo canon La Huida del Contrabandista de Greg Rucka; allí se vale de las leyes de Newton, lanzándose en picada hacia la superficie del planeta Cyrkon mientras está siendo capturado por un rayo tractor de Imperio: la aceleración del vehículo, sumada a la atracción gravitatoria del planeta logran en su conjunto una fuerza superior a la que realiza el rayo tractor; el resultado: Han sigue libre. También es justo agregar que oportunamente el Halcón también fue equipado con su propio rayo tractor; tal es así que, en otra vela juvenil (en este caso de leyendas) como Herederos de la Fuerza de Kevin J. Anderson y Rebecca Moesta, es capaz de capturar un TIE Fighter.

    Inclusive en Vision of the Future (¡nuevamente Zahn y su fanatismo por la atracción vehicular!) se aprovecha estos rayos para lograr la maniobra de frenar al Halcón por parte de un crucero que desea ayudar a detenerlo. Y más aún, en Decisiones Pellaeon propone usarlo para resquebrajar el casco de una nave asaltante.

    Pero no todo es transportar, capturar, frenar o romper naves espaciales, ni tampoco todo es Timothy Zahn. También se han visto otros usos dentro de la saga literaria. En minería espacial, por ejemplo, se ha usado esta tecnología para desviar y capturar asteroides para su explotación. Podemos leerlo en Laberinto del Mal de James Luceno, donde antes de las Guerras Clon el Gremio de Comercio de Escarte capturaba pequeños asteroides y los atraía directamente hasta las instalaciones, en lugar de tener que utilizar remolcadores o realizar el trabajo in situ. También en La Prueba de Troy Denning, Lando los aprovecha en una de sus tantas operaciones extractivas, capturando meteoros cuando entran en la atmósfera, ralentizándolos con rayos repulsores y guiándolos con rayos tractores.

    La misma tecnología también tiene otros usos más específicos, como su aplicación dentro del complejo sistema de eliminación de la basura diaria de Coruscant que se describe el El Planeta Misterioso de Greg Bear, o el uso de rayos tractores en miniatura en la forma de grilletes de fuerza por parte de Lando (por lo visto otro fanático de los tractores) en Lando Calrissian and the Flamewind of Oseon de L. Neil Smith. También puede usarse para algo tan sencillo como transportar una unidad R2 como se muestra en Yoda: Encuentro Oscuro de Sean Stewart.

    Luego de leer todo esto, es lógico que nos lleve a una pregunta: ¿es posible crear un rayo de este tipo? Ya sabemos que un objeto va atraer gravitatoriamente a otro por el simple hecho de tener masa y estar a una distancia lo suficientemente cercana. Pero no existen rayos capaces de potenciar esa gravedad, ni mucho menos de dirigirla. Un caso extremo sería crear un agujero negro, un objeto tan masivo que, si se encuentra lo suficientemente cerca, ni siquiera la luz puede escapar a su influencia (y muchos menos el Halcón Milenario o cualquier nave, por mucho que la amemos). Esa distancia límite es el llamado horizonte de eventos.

    Pero sí pueden aprovecharse campos de otro tipo de fuerzas; la primera que viene a nuestras mentes probablemente sea el magnetismo. Pero tampoco existen imanes lo suficientemente potentes como para retener una nave que contengan metales magnetizables (como el hierro).

    Sin embargo, la solución vino por otro lado: el sonido. Científicos de las Universidades británicas de Bristol y Sussex desarrollaron el primer rayo tractor sónico utilizando 64 parlantes en miniatura que generan ondas de sonido de intensidad elevada. Dichas ondas crean algo así como un “holograma acústico” que hace las veces de un campo de fuerza capaz de manipular objetos pequeños en el aire. No será el Halcón Milenario, pero algo es algo.

  • Ciencia de una Galaxia muy lejana: El gas tibanna

    En el Universo de Star Wars existen muchas sustancias que aparecen dentro de las historias que tanto disfrutamos. Sea como un recurso narrativo necesario para hacer fluir una trama, o como un elemento secundario que aporta a la construcción de una escena, una situación, o una locación, siempre hay materiales y tecnología que contribuyen a dicha labor.

    Sin embargo, hay algunos materiales que se destacan por tener una relevancia mayor, dándole un mayor peso específico a los relatos y que tienen fama propia, como la carbonita, el beskar o los cristales kyber; pero también hay otros, igual de importantes, y que merecen un renombre similar, como es el caso del tibanna.

    Este material se suele usar en estado gaseoso, aunque para su transporte suele licuarse, de modo de poder transportar cantidades muy grandes en un volumen relativamente pequeño. La enorme relevancia que tiene el tibanna es su variada cantidad de aplicaciones asociadas al aprovechamiento de la energía; de esta forma se lo usa tanto en blásters como armas de mayor porte, aunque también forma parte del sistema refrigerante de los hiperimpulsores. Por lo tanto, su presencia en cualquier saga de la galaxia es indispensable, aunque no siempre se lo mencione. También existe otra variante para transportarlo: en lugar de licuarlo, se lo suspende dentro de un bloque de carbonita para procesarlo de manera más segura y así llevarlo a otros planetas.

    La tecnología bláster se basa en dos piezas clave: una carga de gas (contenida en un cartucho) y una fuente de energía. El cartucho de gas puede contener una variedad de gases de gran capacidad energética entre los que se destaca el tibanna. En la novela (Leyendas) Survivor’s Quest  de Timothy Zahn se detalla como el barón Soontir Fel recarga los cartuchos de este gas en su arma. Cuando el arma se dispara, una fracción del gas resulta excitada por la energía de la batería y se volatiliza hacia el módulo donde finalmente se convierte en un haz de partículas.

    Si bien el tibanna suele aprovecharse en muchos mundos como combustible para calefacción (simplemente quemándolo), su mayor utilidad viene de la propiedad de cuadruplicar su capacidad energética cuando se lo incide con un haz de luz coherente. Esto condujo a una tecnología conocida como tibanna de spin sellado, que se encuentra compactado a un nivel atómico, en la que se aprovecha esa energía extra. De esta forma es este tipo de tibanna el que se usa en armamento y resulta mucho más potente (y peligroso si no se lo controla con seguridad), mientras que el tibanna tradicional es el que puede quemarse o usarse como refrigerante en distintos tipos de hiperimpulsor. Sobre este último punto hay cierta controversia, pues algunas novelas de Leyendas como El Poder de la Fuerza de Sean Williams o Los Jóvenes Jedi – Los Perdidos de Kevin J. Anderson y Rebecca Moesta mencionan el uso del material tratado con luz coherente en hiperimpulsores varios, incluido el de la mismísima Estrella de la Muerte.

    Lo más interesante de este gas, es que no tiene un origen inorgánico, sino que es un subproducto del metabolismo de unos seres vivos llamados beldon, unas criaturas enormes (pueden llegar a medir hasta 10 kilómetros), llenas de gases, que pueden encontrarse en planetas gaseosos con entornos atmosféricos que tengan la densidad suficiente como para flotar en su atmósfera, aunque también pueden existir en el espacio (beldon espaciales), sobreviviendo en burbujas de gases. El mismísimo Han Solo se topa con una de estas criaturas en Bespin, en la novela (Leyendas) Amanecer Rebelde de A.C. Crispin.

    Existen varios planetas gigantes gaseosos de cuyas atmósferas de extrae gas tibanna (a menudo se habla de una capa llamada tibbanósfera). Seguramente el más reconocido de todos sea Bespin, presentado en El Imperio Contraataca, en la Ciudad de las Nubes, lugar cuya principal finalidad es la recolección y tratamiento de este gas. Pero también está presente en otros mundos como Kril’Dor, Genarius, Kaer, Ord Ibanna, Yorn Skoy y Taloraan; Sin embargo Bespin es el único lugar en donde el tibana de spin sellado se produce de manera natural, por lo que se evita el costo de dicho tratamiento. Incluso la química del gas se describe un poco en Antes de la Tormenta de Michael P. Kube-McDowell (Leyendas), en donde se menciona que el color cobrizo de los cielos de Bespin se debe al óxido de tibanna. Incluso en el comic Clásico Star Wars #57 (Leyendas) de Marvel, Lando cae a través de la atmósfera hasta llegar a un islote en la superficie llamado Ugnorgrad, rodeado de una especie de pantano de tibanna líquido.

    En la literatura de Star Wars, se nos muestran varios momentos en los que el tibanna está presente, en épocas diversas. Uno de los casos más notorios es la participación en el Gran Desastre que se relata Luz de los Jedi de Charles Soule (canon), de uno de los fragmentos del Ruta Legado que contiene un tanque de tibanna líquido superenfriado que pone en riesgo todo el sistema Hetzal y que a su vez moviliza una de las acciones más épicas que se han visto de los Jedi en su conjunto.

    Pero si hay un autor que utiliza tibanna en sus historias, sin duda es el ya mencionado Timothy Zahn. En sus novelas de Leyendas, más allá de la mencionada Survivor’s Quest, aparece como insumo para armamento en Decisiones, y además en Specter of the Past donde forma parte de un dispositivo rudimentario para disparar a distancia a acusar a un inocente. Pero Zahn también utilizó varios contenedores de tibanna en el canon, como parte del gran plan del entonces Teniente Thrawn para ascender en las filas del Imperio en Thrawn.

    Además de las mencionadas, existen algunas variantes del gas, que hacen su aparición en otras historias; La novela juvenil (canon) El Arma de un Jedi de Jason Fry hace referencia a gas tibanna interestelar, que podría tratarse de aquel que producen los beldon espaciales. Por otra parte, en algunos relatos del Universo de Leyendas posteriores a la invasión Yuuzhan Vong como la Trilogía de Dark Nest o en Legacy of the Force – Tempest (ambas de Troy Denning) se utiliza en las naves InvisiblesX de los Jedi una tecnología más avanzada, a partir de un isótopo particular de gas llamado tibanna X que evita que las emisiones del vehículo sean detectadas.

    Para finalizar podemos comparar todo lo mencionado con lo que sucede en lo que podemos definir como UL, el “Universo del Lector”, o sea el nuestro. Hasta donde se conoce, no existe ningún material que tenga todas las propiedades que muestra el tibanna en los dos Universos de Star Wars (canon o leyendas).

    Pero sí podemos encontrar distintos gases que se le asemejan en algunas propiedades: Por ejemplo para disparar algunas armas se aprovecha a veces el aire comprimido. Obviamente no se disparan haces de partículas sino proyectiles livianos (balines).

    También podemos hacer cierta analogía entre el tibanna y el metano. Se trata de un gas producido por diferentes clases de seres vivos (desde microorganimos hasta mamíferos grandes) y que tiene una importante capacidad para liberar su energía cuando entra en combustión. Es el principal componente del gas natural y además puede generarse a partir de desechos y residuos en una mezcla gaseosos rica en metano llamada Biogas.  En ese sentido la novela Imperial Commando 501st de Karen Traviss menciona algo similar: un biogas que se produce a partir de los desechos digestivos que producen los nerfs y los bantas en el planeta Celen.

    Algunos especialistas especulan que un gas que podría llegar a extraerse de la atmósfera de planetas gaseosos y que sería de gran utilidad en reactores de fusión es el helio-3, un isótopo particular del elemento helio, presente en el Sol y en planetas como Júpiter y Saturno (Podríamos imaginar una Ciudad de las Nubes en alguna de esos planetas).

    Otro gas, que actualmente se está estudiando para poder utilizarse a gran escala es el hidrógeno. Tiene la gran ventaja de ser elemento más abundante del universo, y que el producto de su combustión es simplemente agua, por lo que sería un combustible con mucho menor impacto en el ambiente. Además, su uso más práctico sería en la forma de celdas de combustible. Por otra parte, la enorme desventaja es que es muy peligroso y sensible (al igual que el tibanna) y es bastante difícil de almacenar, pues al tratarse de la molécula más pequeña que existe, puede fugarse de muchos materiales. De todas formas, tenemos nuestra carbonita, aunque de carbono no tenga nada: el paladio, un metal capaz de adsorber enormes cantidades de hidrógeno (puede retener con hidrógeno hasta 900 veces su propio volumen).

    También es importante destacar que el hidrógeno es el elemento por el que se inician las fusiones nucleares en las estrellas, y gracias a la cual nos llega energía a la Tierra como para que se haya desarrollado vida, durante mucho tiempo, el suficiente como para que muchas personas se pusieran a idear, filmar y escribir sobre lo que pasa en una ficticia y queridísima galaxia muy, muy lejana.

    Referencias:

    Hollyweird Science – Kevin R. Grazier y Stephan Cass

    Star wars Encyclopedia – Stephen J. Sansweet.

    Star Wars – The Essential Guide of Weapons and Technology – Bill Smith, David Nakabayashi y Troy Vigil.