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  • Ciencia de una Galaxia muy lejana: Escudos

    Por Diego Manuel Ruiz

    El concepto de campo de fuerza no es algo novedoso en la ficción, ya sea la de Star Wars en particular como en ciencia ficción en general. Desde el punto de vista de la física, el concepto de “campo” fue creado para explicar la acción a distancia de diferentes fuerzas, siendo las más perceptibles la gravedad, y las electromagnéticas. En general se lo suele definir como una distribución en el espacio de una magnitud física, y se lo suele representar como una superficie o una distribución líneal (imaginaria) sobre la cual actúan esas magnitudes. 

    En una nota anterior sobre los rayos tractores ya habíamos hablado sobre los campos gravitatorios y su acción dependiendo de la masa y la distancia; en esta ocasión hablaremos de los campos electromagnéticos. Se trata de un campo que tiene dos componentes que interactúan entre sí: un campo eléctrico y un campo magnético. En ambos casos depende de la presencia de cargas eléctricas, de la magnitud de estas y, como en el caso de la gravedad, de la distancia.

    El concepto de campo de fuerza en la ciencia ficción es el de una barrera de energía (a veces es invisible y a veces es simplemente translúcida pero opaca), capaz de bloquear la materia y/o la energía. En el caso de la saga, los campos de fuerza toman la forma y el nombre de “escudos deflectores” y los hay con distintas funciones: los que repelen partículas, los que repelen rayos y los escudos de concusión, que repelen objetos más grandes. En una de las primeras historias en comic publicadas por Marvel en 1978, ¡The Kingdom of Ice! en la revista Pizzaz, a estos dispositivos se lo llamó curiosamente “escudo de fuerza”, término que ciertamente debe haber resultado confuso.

    En todos los casos, para repeler ya sea materia como energía se necesita contar con muchísima energía, y para ello es necesario un generador para que alimente energéticamente al escudo. Esos generadores, dependiendo de la magnitud y la extensión del campo que producen, puede ubicarse en un planeta, una luna, una estación espacial, un edificio, un vehículo, un droide, una persona o lo que se les ocurra. A lo largo de la trilogía original los escudos tuvieron varias apariciones: Mientras el Halcón Milenario demuestra la capacidad de sus escudos deflectores en Una Nueva Esperanza, en El Imperio Contraataca los villanos logran su victoria en Hoth gracias a que sus AT-ATs logran destruir los generadores de escudos de la base rebelde, y en El Retorno del Jedi la gran victoria de la Alianza Rebelde se debe a que un grupo liderado por Han Solo logra destruir el generador del escudo que protegía a la Segunda Estrella de la Muerte.

    En la literatura también aparece gran cantidad de generadores de escudo como componente esencial de la historia. Una de ellas es el relato de los esfuerzos (infructuosos, por cierto) en la defensa de los generadores de escudo de la base de Hoth en Battlefront – Compañía Crepúsculo de Alexander Freed. También tenemos el generador de escudo de la República que toma Thrawn en la fábrica de droides de Mokivj, según se nos relata en Thrawn: Alianzas de Timothy Zahn; un escudo que luego será usado en la Batalla de Primea en Thrawn Ascendecia: El Caos Crece.

    Este tipo de escudos de uso protector y/o defensivo no debe concebirse como una espécie de “muro invisible”, que toma relevancia por su espesor o su densidad, sino que en realidad se trata de una capa de unas pocas moléculas de espesor, según nos cuenta el propio Lando en Lando Calrissian and the Flamewind of Oseon de L. Neil Smith. Esto tiene sentido, es particular cuando lo que se desea proteger es una nave pequeña o una persona, visto que no debería agregarle mucho peso al vehículo. A pesar de ello, en algunas situaciones se ha tomado la polémica decisión de no proveer de escudos deflectores a las naves; es el caso de los cazas TIE del Imperio, sobre los cuales se nos menciona tanto en leyendas (Sombras de Imperio de Steve Perry) o en el canon actual (Battlefront II – Escuadrón Inferno de Christie Golden).

    Otra de las grandes apariciones son los escudos que conforman una cúpula que protege una gran extensión en la superficie; puede tratarse de una ciudad, o un puesto de combate, como el escudo que podemos ver en la película The Clone Wars, que protege al ejército droide de los Separatistas en Christophsis y que debrán sortear y vencer Anakin y su nueva Padawan, una tal Ahsoka. Otro caso es la cúpula espacial invisible bajo la que reúnen cientos de Nihil, y que los protege del vacío espacial, según nos relata Luz de los Jedi de Charles Soule.

    Incluso algunos escudos llegan a ser energéticamente muy resistentes, como el que protege la estación espacial abandonada con la que se topan los protagonistas de En la Oscuridad de Claudia Gray durante la época de la Alta República, que posee un escudo capaz de resistir las inclemencias de la inestable estrella del sistema estelar en el que se encuentra.

    La fuerza que es capaz de resistir un escudo depende de varios factores: la distancia entre el proyector y el escudo, la eficiencia que posee, la potencia que necesita para funcionar (dada por el generador), y la extensión de la superficie que cubre. Suele ser necesario calibrarlo mediante la exposición a ondas sónicas, calor y emisiones electrónicas y de ese modo ajustarlo mediante un paquete de sofware, según se dice en Kinght Errant de John Jackson Miller. Esto significa que, dependiendo del tipo, magnitud, potencia y extensión del escudo, podría resultar vulnerado; por ejemplo, la mayoría de las naves de porte mediano o pequeño poseen escudos deflectores capaces de resistir gran cantidad de energía, pero si se logra concentrarla en un punto específico el escudo cederá, como menciona el propio Luke en primera persona en Heredero de los Jedi de Kevin Hearne. Más aún, en caso de ataques con armas tan potentes como las de la Estrella de la Muerte, los escudos (o cualquier otro tipo de defensa) resultan prácticamente inútiles según la novelización de Rogue One de Alexander Freed.

    Al igual que en las películas, los campos de fuerza actuales podemos diferenciarlos entre dos conceptos: aquellos que bloquean el paso de materia y dejan pasar la energía, y los que bloquean la energía, pero permiten pasar los objetos.

    En la novela infantil Aventuras en el Espacio Salvaje: El Frío de Cavan Scott, la nave Ave Susurro se encuentra sumergida bajo el agua y es gracias a que el escudo no deja pasar el agua que nuestros héroes logran salvarse. También Han y Lando tripulando el Chevalier, chocan contra un escudo que describen como una superficie invisible que se elevaba por el cielo en Ultima Oportunidad de Daniel José Older.

    Por el lado de los escudos que evitan el paso de la energía, tenemos aquel que tiene Mas Amedda en la sede del trono en Consecuencias: Deuda de Vida de Chuck Wendig, que menciona claramente que ese escudo solo bloquea los disparos de energía. No va a bloquear un objeto físico como su cuerpo”. El primer libro de la misma trilogía, Consecuencias, el mismo autor menciona que no se lograban obtener ningún tipo de lecturas de un yate (calor emitido, velocidad y trayectoria, escaneo de firmas biológicas) debido a los escudos del vehículo. Otro ejemplo lo vemos en La Amenaza Fantasma, donde los escudos Gungan repelen los disparos láser, pero no evitan el paso de los droides de combate de la Federación durante la Batalla de Naboo.

    También existen en la Galaxia escudos que no permiten el paso ni de la materia, ni de algunas formas de energía. El escudo que envuelve Scariff en Rogue One, por ejemplo, no permite ser atravesado por vehículos, pero tampoco deja salir las comunicaciones desde la superficie del planeta.

    Todas las características y particularidades hacen que los escudos no tengan solamente una función protectora, sino que en muchas ocasiones se les ha dado un uso táctico/estratégico para obtener ventaja en combate.

    Y si hablamos de estrategia, quien primero que nos viene a la mente es Thrawn. El Chiss no solo los utilizó preventivamente como hace en Decisiones de Timothy Zahn, en donde envía a quemar cien kilómetros de bosque alrededor del perímetro del generador y colocar una pequeña fuerza mecanizada de AT-AT y vehículos de asalto pesados bajo el escudo-paraguas. Incluso usó su ingenio en La Última Orden (del mismo autor) para engañar a toda la galaxia para hacerles creer que lograba atravesar los escudos planetarios mediante una estratagema ingeniosa (haciendo coincidir el momento en que un laser incide el escudo, con el disparo de un artefacto en el interior que lanzaba el rayo desde el punto interior de la cúpula, simulando de esta forma que el haz del rayo continuaba y atravesaba el escudo.

    Otro de los grandes estrategas de la saga, Han Solo, se aprovechó de la energía residual de la descarga de los escudos de una torre generadora, para lograr una sobrecarga y hacer volar toda la torre, en Han Solo: Mas Allá de las Estrellas de Brian Daley; también nuestro bandido/genreal preferido logró atravesar los escudos de la Base Starkiller en El Despertar de la Fuerza aprovechando la hipervelocidad para lograr evitar el barrido de frecuencia de los mismos. Por otra parte, a los escudos pequeños se les ha dado otro uso ingenioso: en lugar de usarlo para proteger a quien esté en el interior, también puede servir para evitar que los que estén dentro no puedan salir, lográndose así una celda de energía. Es lo que hacen las tropas de Grievous con Obi-Wan Kenobi, Anakin Skywalker y el Canciller Supremo Palpatine dentro de la nave separatista en La Venganza de los Sith.

    Por otro lado, también existen los escudos portátiles personales, que utilizan generadores mucho más compactos que proyectan un escudo de poca extensión, capaz de proteger a uno o pocos individuos. Los casos más representativos en el cine son los que tienen los droidekas o los que utiliza el ejército Gungan en Episodio 1; Pero también aparecen en algunas novelas como El Más Buscado de Rae Carson (en el canon actual) o Fate of the Jedi: Ascension de Christie Golden (Leyendas).

    En nuestro planeta en la actualidad, dentro del campo de desarrollo de tecnología militar se están haciendo los primeros avances en ambos tipos de escudos protectores. El Laboratorio de Ciencia y Tecnología para la Defensa del Reino Unido está desarrollado un concepto llamado “armadura eléctrica”, un sistema que utiliza supercapacitores que acumulan carga eléctrica en tal cantidad que cuando se acerca un vehículo o un misil sean capaces de rodearlo externamente con electricidad y repeler ese objeto cargado

    Por otro lado, la idea para repeler la energía es producir un campo de plasma. El plasma es un estado de la materia, que podría describirse como un gas en el cual existen cargas eléctricas presentes (es el estado más habitual en las estrellas).

    La idea de este tipo de defensa es generar una capa de plasma, cuya carga puede manipularse mediante imanes, y así repeler cierto tipo de radiación electromagnética. El mayor problema radica en la incapacidad para repeler los láser, pues al tratarse de luz visible, cualquier tecnología capaz de bloquearla, hará lo mismo con cualquier tipo de haz de luz visible, por lo que, si bien el campo podría repeler un láser, nos dejaría completamente a ciegas. En la novela de leyendas Riptide de Paul S. Kemp se menciona que al activarse el escudo “se extendían líneas de plasma rojo” alrededor de la nave, lo que sería un indicio de que vamos por buen camino.

    El concepto es una adaptación del efecto que ocurre en una de las capas superiores de la atmósfera (la termósfera o ionósfera) en donde la radiación solar produce iones, es decir, partículas cargadas eléctricamente, y éstos son capaces de bloquear las ondas de radio de baja frecuencia. Incluso este tipo de fenómeno atmosférico tuvo incidencia en la saga, pues en la novelización de El Ascenso de Skywalker de Rae Carson, donde se menciona que un Destructor Estelar no podía activar sus escudos mientras se encontrase dentro de la atmósfera eléctricamente cargada del planeta Exegol.

    Para finalizar tenemos también casos en los que a los escudos se les da un uso diferente, como en el caso de la minería. En el emprendimiento de extracción que Lando nos muestra en La Prueba de Troy Denning, se aprovechan los escudos para recubrir los cráteres producidos por la captura de astrolitos, para que el mineral no se desplace del interior y así no perder parte del producto.

    También a lo largo de las diferentes historias de la literatura galáctica han aparecido escudos más específicos, en los que intervienen algún tipo de fuerzas en particular, u otros que tienen la finalidad de proteger de ciertas formas de energía específica.

    En Thrawn Ascendencia: El Caos Crece, se menciona que en las Regiones Desconocidas se utiliza otro tipo de escudos similares, las “barreras electrostáticas”, que cumplen la misma función, pero resultan más débiles. Por otra parte, en Blanco Móvil – Aventura de la Princesa Leia de Cecil Castellucci y Jason Fry se utiliza un “escudo magnético”. En la mencionada Luz de los Jedi se nos cuenta que el crucero Nihil de Lourna Dee estaba equipado con deflectores de calor (Resulta curioso cómo le gustaban los escudos a los Nihil), algo que también vimos en Mustafar en La Venganza de los Sith. Y por el lado de las leyendas, en la antología Tales of the Mos Eisley Cantina editada por Kevin J. Anderson, uno de los relatos, «Nightlily: The Lovers’ Tale» de Barbara Hambly menciona el uso de deflectores solares para paliar el calor de Tatooine. También dentro del material de rol se menciona el uso de un escudo contra las tormentas de radiación ionizante en la ciudad flotante de Ipsus, en el planeta Genarus, cuya característica es que contiene cromo dentro de su composición para lograr una mayor protección.

    En fin, hay muchas historias y muchas variantes y usos para los escudos. Lo importante es estar siempre protegidos, ya sea por la lectura o por el conocimiento.

  • Ciencia de una Galaxia muy lejana: El rayo tractor

    Por Diego Manuel Ruiz

    En una civilización galáctica capaz de diseñar y construir naves espaciales tan enormes como un planeta, no debe haber resultado tan complejo el desarrollo de todo tipo de artefactos capaces de generar distintos tipos de campos de fuerza. Y entre las cuatro fuerzas existentes en el Universo, la primera y más fácil de percibir es la gravitatoria.

    Se trata de una fuerza de atracción que ocurre entre cualquier conjunto de cuerpos por el simple hecho de poseer masa, es decir la cantidad de materia. Y cuanta más materia tenga un cuerpo, mayor atracción gravitatoria tendrá hacia los demás cuerpos.

    Los manuales técnicos y las enciclopedias de Star Wars nos cuentan que un rayo tractor es “un campo de fuerza que proyecta fuerzas gravitatorias para empujar o atraer objetos”, aunque en casi todos los casos en los que se nos muestra su uso fue para atraer; a fin de cuentas, el término “tractor” significa precisamente eso.

    La primera vez que nos topamos con este artilugio es en el Episodio 4, en la propia Estrella de la Muerte, usada para atraer, capturar y retener al Halcón Milenario y su preciada tripulación. Se trata del uso más general, para atraer, aparcar y deslizar naves en puertos o en naves de gran porte. De ahí su uso en Destructores Estelares y vehículos de mayor porte en diversas historias de la saga.

    Esto nos lleva a lo más interesante de la saga: las ocasiones y las estrategias con las que se ha logrado vencer a un rayo tractor.

    La táctica más simple y sencilla de comprender consiste en desconectar el generador. Obviamente, la sencillez no se comparte al momento de ejecutarlo, pues es probable que se encuentre rodeado de mucha seguridad. Si lo sabrá Obi-Wan Kenobi, quien se aventuró a desconectar el rayo tractor dentro de la mismísima Estrella de la Muerte, sabiendo que la misma poseía 768 generadores. La inteligencia y el conocimiento técnico del Jedi lo llevó a deshabilitar uno de los siete módulos de enlace del rayo, sabiendo (probablemente gracias a la información provista por R2) que, al fallar un enlace, todos los demás dejarían de funcionar (En mi opinión: otra falla grosera de los ingenieros que diseñaron la estación de combate).

    La característica principal de la fuerza de atracción gravitatoria es que disminuye al alejarse de una manera drástica con la distancia (matemáticamente lo hace a razón del cuadrado de ésta); eso significa que es más efectiva cuanto más cerca estén los cuerpos entre sí. Es por eso que la efectividad de un rayo tractor para capturar una nave más pequeña en movimiento no solo depende de la potencia del mismo, sino también de la habilidad del operador o de la computadora que maneja el rayo.

    En Specter from the Past de Timothy Zahn se menciona que el éxito frente a un vehículo pequeño depende precisamente de la habilidad del operador del haz del rayo. Además, la importancia del tamaño (en realidad la masa) del vehículo que se atrae se menciona en la novela Ajuste de Cuentas: Centralia, de Roger McBride-Allen, en donde Mara Jade comenta a Leia que no pueden escapar del rayo tractor porque la nave que las atrae era casi tan grande como la de ellas y acabarían arrastrándose mutuamente; en ese caso, no dependería tanto de la pericia de quien comande el rayo.

    Todo esto significa que, en caso de tenerse una nave más pequeña que la que lanza el rayo tractor, se tienen más chances de escapar. Y al respecto hay varios ejemplos, la mayoría de los cuales recurren a una técnica conocida como “El velo”. Si bien esta táctica fue bautizada por Timothy Zahn en su novela Lealtad, en realidad se trata de una técnica usada varias veces en otras historias del autor, incluso anteriores.

    Básicamente consiste en interponer objetos, en lo posible partículas metálicas pequeñas y reflectantes, que hagan divergir el rayo hacia sí, evitando que la nave-objetivo quede atrapada por el mismo y resulte capturada. Dos de las obras más clásicas de la literatura galáctica (ambas de Zahn) la muestran en acción: La técnica fue usada por Luke Skywalker en Heredero del Imperio con la ayuda de un torpedo de protones, o haciendo estallar en una nube de fragmentos metálicos el frente de un carguero en cuyo interior se ocultaba con su X-Wing en La Ultima Orden. La misma técnica del torpedo también la usó Lando para escapar en el Lady Luck en la mencionada Specter from the Past.

    Otro gran experto en huir de rayos tractores es Han Solo. En el caso de nuestro contrabandista favorito, ha tenido éxito con técnicas más asociadas a su capacidad de pilotear que al uso del velo. Han Solo: Venganza, de Brian Daley nos cuenta que el Halcón Milenario logró escapar por poco de un rayo tractor gracias a que Han utilizó toda la potencia de la nave.  En La Trampa del Paraíso de A.C. Crispin, Solo logra escapar gracias a que una nave mayor se interpone en el trayecto del rayo. Podríamos suponer que, en ambos casos, nuestro héroe tuvo mayores reflejos que el operador del rayo.

    Sin embargo, su mayor proeza para librarse de estos haces de arrastre probablemente sea la que se relata en la novela juvenil del nuevo canon La Huida del Contrabandista de Greg Rucka; allí se vale de las leyes de Newton, lanzándose en picada hacia la superficie del planeta Cyrkon mientras está siendo capturado por un rayo tractor de Imperio: la aceleración del vehículo, sumada a la atracción gravitatoria del planeta logran en su conjunto una fuerza superior a la que realiza el rayo tractor; el resultado: Han sigue libre. También es justo agregar que oportunamente el Halcón también fue equipado con su propio rayo tractor; tal es así que, en otra vela juvenil (en este caso de leyendas) como Herederos de la Fuerza de Kevin J. Anderson y Rebecca Moesta, es capaz de capturar un TIE Fighter.

    Inclusive en Vision of the Future (¡nuevamente Zahn y su fanatismo por la atracción vehicular!) se aprovecha estos rayos para lograr la maniobra de frenar al Halcón por parte de un crucero que desea ayudar a detenerlo. Y más aún, en Decisiones Pellaeon propone usarlo para resquebrajar el casco de una nave asaltante.

    Pero no todo es transportar, capturar, frenar o romper naves espaciales, ni tampoco todo es Timothy Zahn. También se han visto otros usos dentro de la saga literaria. En minería espacial, por ejemplo, se ha usado esta tecnología para desviar y capturar asteroides para su explotación. Podemos leerlo en Laberinto del Mal de James Luceno, donde antes de las Guerras Clon el Gremio de Comercio de Escarte capturaba pequeños asteroides y los atraía directamente hasta las instalaciones, en lugar de tener que utilizar remolcadores o realizar el trabajo in situ. También en La Prueba de Troy Denning, Lando los aprovecha en una de sus tantas operaciones extractivas, capturando meteoros cuando entran en la atmósfera, ralentizándolos con rayos repulsores y guiándolos con rayos tractores.

    La misma tecnología también tiene otros usos más específicos, como su aplicación dentro del complejo sistema de eliminación de la basura diaria de Coruscant que se describe el El Planeta Misterioso de Greg Bear, o el uso de rayos tractores en miniatura en la forma de grilletes de fuerza por parte de Lando (por lo visto otro fanático de los tractores) en Lando Calrissian and the Flamewind of Oseon de L. Neil Smith. También puede usarse para algo tan sencillo como transportar una unidad R2 como se muestra en Yoda: Encuentro Oscuro de Sean Stewart.

    Luego de leer todo esto, es lógico que nos lleve a una pregunta: ¿es posible crear un rayo de este tipo? Ya sabemos que un objeto va atraer gravitatoriamente a otro por el simple hecho de tener masa y estar a una distancia lo suficientemente cercana. Pero no existen rayos capaces de potenciar esa gravedad, ni mucho menos de dirigirla. Un caso extremo sería crear un agujero negro, un objeto tan masivo que, si se encuentra lo suficientemente cerca, ni siquiera la luz puede escapar a su influencia (y muchos menos el Halcón Milenario o cualquier nave, por mucho que la amemos). Esa distancia límite es el llamado horizonte de eventos.

    Pero sí pueden aprovecharse campos de otro tipo de fuerzas; la primera que viene a nuestras mentes probablemente sea el magnetismo. Pero tampoco existen imanes lo suficientemente potentes como para retener una nave que contengan metales magnetizables (como el hierro).

    Sin embargo, la solución vino por otro lado: el sonido. Científicos de las Universidades británicas de Bristol y Sussex desarrollaron el primer rayo tractor sónico utilizando 64 parlantes en miniatura que generan ondas de sonido de intensidad elevada. Dichas ondas crean algo así como un “holograma acústico” que hace las veces de un campo de fuerza capaz de manipular objetos pequeños en el aire. No será el Halcón Milenario, pero algo es algo.