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  • Ciencia de una galaxia muy lejana: El oro y el aurodio, riqueza y metalurgia galáctica

    Por Diego Manuel Ruiz

    Cuando hablamos de elementos de valor, tanto en la vida cotidiana como en la economía global, uno de los elementos a los que nos remitimos con total seguridad es el oro. Ya sea por su uso monetario u ornamental, este metal tiene un costo elevado y es sinónimo de valor, ostentación o riqueza.

    Las razones por las cuales este elemento resulta tan valioso son varias, pero ciertamente se debe a una combinación de cuatro: la poca abundancia del metal en nuestro mundo, la dificultad para extraerlo, la gran estabilidad del material (no se oxida ni corroe fácilmente), y el particular color dorado que posee.

    Entre las propiedades más particulares del oro se conoce que se trata de un metal ampliamente usado en aleaciones, que es altamente dúctil y maleable (puede aplastarse hasta un espesor de 0,00013 centímetros) y que es un excelente conductor térmico y eléctrico (mucho mejor incluso que el cobre). Químicamente se lo considera un metal noble, pues no reacciona prácticamente con nada: ni el aire, la sal, el agua u otros agentes abrasivos; de hecho, para poder disolverlo se necesita una mezcla de los ácidos nítrico y clorhídrico que se llama “agua regia” justamente por esa capacidad.

    Pero además de ciencia aquí estamos para hablar de Star Wars y en la saga también tiene gran presencia este metal. Desde lo cinematográfico tenemos un par de situaciones muy importantes en las que el oro tiene su presencia: por un lado, vemos los dados de Han Solo, que obtiene en Han Solo: Una Historia de Star Wars, y que luego lleva el Halcón Milenario en Una Nueva Esperanza y en la trilogía de secuelas. Por el otro tenemos a C-3PO, el droide de protocolo dorado, que más de una vez fue llamado “barra de oro”, más allá del debate que se genera en relación al material. Algunos libros como la novelización juvenil de Una Nueva Esperanza de Ryder Wyndham mencionan específicamente que el droide estaba enchapado en oro; pero también otros libros con especificaciones técnicas, como por ejemplo Rebels: La Guía Visual de Adam Bray, señalan que el material con el que está recubierto es el cromo, lo que no explicaría el color dorado pues, al menos en la Tierra, el cromo no otorga esos tonos, sino plateados muy brillantes, como ya se exploró en otra nota.

    En general, los usos que se le dan al oro en las historias de la galaxia, tanto para las de leyendas, como las del nuevo canon, son similares a los que les damos nosotros, por lo que aparece con un uso ornamental en lo arquitectónico en la forma de puertas bañadas en oro (Knight Errant de John Jackson Miller), tarimas para los Hutt (Maestro y Aprendiz de Claudia Gray), fuentes de mármol veteado con el metal (Republic Commando – Triple Zero de Karen Traviss), enormes lámparas de araña (Aventuras en el Espacio Salvaje – El Nido de Tom Huddleston) y hasta la lujosa cama de madera con incrustaciones de líneas delgadas y curvas de oro y plata puros que usaba Leia en su adolescencia (Leia, Princesa de Alderaan de Claudia Gray).

    También coincide el uso del oro galáctico en bijouterie y decoración personal, como el típico uso de anillos (Qordis ostenta varios en Darth Bane: Camino de Destrucción de Drew Karpyshyn, y un personaje usa anillos en los tentáculos de su barba en Escuadrón Alfabeto de Alexander Freed), o los aros (como se menciona en Hijos de los Jedi de Barbara Hambly o Aventuras en el Espacio Salvaje – El Robo de Cavan Scott) o incluso piercings (o como se diga en básico) en El Más Buscado de Rae Carson o las hebillas/pasadores para el pelo del mismo material (Legacy of the Force: Revelation de Karen Traviss); tampoco faltan las típicas cadenas de oro (Legacy of the Force: Sacrifice, también de Traviss), o los colgantes como el medallón de oro pálido haysiano que tienen las hermanas Paige en Los Últimos Jedi. En este apartado también tenemos varias medallas de oro muy represantivas en la saga, como la que reciben Luke, Han y Chewbacca en Yavin al final del Episodio 4, según se menciona en La Huida del Contrabandista de Greg Rucka, o el medallón que usa Mon Mothma en El Retorno del Jedi (según se aclara en la novelización juvenil de Ryder Wyndham).

    También se lo ha usado en vestimentas ostentosas, generalmente en la forma de hilo o pequeños ornamentos. Tenemos como ejemplo el uso por parte de los miembros del Clan Bancario intergaláctico de vestidos de oro y de plastiacero plateado en Boba Fett – Maze of Deception, de Elizabeth Hand, mientras que en Linaje / Lineas de Sangre de Claudia Gray se hace referencia a una persona cuyo vestido de oro combinaba con su trono.

    En lo que respecta al uso tecnológico de este metal, en general se basa en la destacada conductividad eléctrica, lo que permite un mayor rendimiento como conductor en diferentes circuitos. En Thrawn: Alianzas de Timothy Zahn, el protagonista junto a Anakin Skywalker mencionan que el oro con el que se encuentran está destinado a la fabricación de droides, y que el material se destina (gracias a la ductilidad y maleabilidad que ya mencionamos) para elaborar alambre o partes de módulos de circuitos de alto desempeño. También en Los Hijos de los Jedi, Han y Chewie mencionan que los droides APD utilizaban conductores de oro. Ni hablar del uso como conductor del collar de oro pálido haysiano que hace DJ en el Episodio 8. Otro uso tecnológico, aunque en este caso es más un lujo, es el enchapado con oro, como el que se percibe el un limospeeder de oro en la lujosa Cantónica en el cuento “Hear Nothing, See Nothing, Say Nothing” de Rae Carson en la antología Canto Bight.

    También podemos notar que el oro se utiliza en la saga galáctica como elemento de respaldo de dinero (en este caso de créditos de la República) Existen varias referencias a lo valioso que se considera este metal: 

    • “Necesitarían estar chapados en oro para que valga la pena” (Republic Commando – True Colors de Karen Traviss).
    • “Si los bancos eran tan ricos ¿se darían cuenta si desaparecían algunas barras de oro?” (Boba Fett – Maze of Deception de Elizabeth Hand).
    • “No estaba chapada en oro, pero estaba esperando ver algunas pruebas de falta de austeridad” (Legacy of the Force: Sacrifice de Karen Traviss).

    “Créditos,  oro, tesoro…” (The Clone Wars: Historias de Luz y Oscuridad, en el cuento “La Hermana de la Noche Perdida” de Zoraida Córdova)

    Incluso en algunos mundos sigue usándose como moneda de cambio, como puede leerse en Star Wars Galaxy’s Edge – Un Golpe del Destino de Zoraida Cordova, donde la protagonista se topa con las típicas monedas circulares de oro)

    Incluso existen unidades específicas en la galaxia para indicar la cantidad de oro. Más allá de que se use en forma de lingotes (que no tienen un peso exacto definido), en este caso existe el peggat, una especie de moneda huttés fabricada en oro que se utilizó en los territorios del Borde Exterior durante las últimas décadas de la República; se lo menciona en varias historias tanto del nuevo canon como de leyendas como Battlefront – Compañía Crepúsculo de Alexander Freed, o Tatooine Ghost de Troy Denning. La wookiepedia estima el valor de un peggat en 10 créditos por gramo, por lo que si comparamos con el valor actual del metal aquí en la Tierra (cerca de 50 Euros el gramo), logramos obtener una conversión entre la moneda de cambio galáctico con la nuestra, resultando que 1 crédito equivale a 5 euros, siempre teniendo en cuenta que la abundancia y disponibilidad del oro en la galaxia sea la misma que aquí (y que no exista devaluación en una galaxia muy, muy lejana).

    Y ya que mencionamos el acceso al oro, no se mencionan demasiados yacimientos de ese metal; de hecho, la única mención ocurre en la novelización juvenil de Los Últimos Jedi de Michael Kogge, en donde Rose menciona que ella y su hermana crecieron en una mina muy pobre porque la Primera Orden robó todo el oro para financiar su ejército.

    Pero eso no es todo en la galaxia, porque también en muchas historias aparece otro metal dorado llamado aurodio (o aurodium en inglés) que tiene las mismas propiedades e incluso se le hace la misma valoración en cuanto a que se trata de un metal noble y ostentoso, por lo que surge el interrogante sobre si el aurodio y el oro son el mismo metal o no.

    En primer lugar podría pensarse que, como sucedió con la denominación de algunos materiales, el cambio de denominación ocurrió cuando se reinició la línea de tiempo en el nuevo canon; pero como ya vimos, ese canon está plagado de menciones al oro, además del aurodio; por otra parte, la primera aparición del aurodio tuvo lugar en El Planeta Misterioso de Greg Bear, una novela que data de 1999 y por lo tanto perteneciente al actual universo de leyendas.

    Como eso no ayuda a aclararlo, podemos analizar los diferentes usos que se le dan al aurodio para ver si muestra alguna propiedad particular que nos permita diferenciarlo del oro: En cuanto al uso arquitectónico aparece un par de puertas de aurodio cinceladas en Legacy of the Force: Inferno de Troy Denning, o también el podio de la Rotonda del Senado que se menciona en Halcón Milenario de James Luceno, donde se menciona que «está hecho de aurodio, oricalco y coruscantio«.

    Desde un punto de vista ornamental, el aurodio se ha usado en el diseño de algunos sables de luz, como el de Cal Kestis en el juego Jedi: Fallen Order, o el del mismísimo Darth Sidious, el que, según la novela Darth Plagueis de James Luceno y el libro Sables de Luz de Daniel Wallace, tiene una empuñadura de una aleación de phrik y aurodio.

    Desde el punto de vista decorativo tenemos el trofeo de aurodio de Kaz en la serie Resistencia,  y en varios elementos personales que se muestran en el cine como los aros de Leia que se mencionan en Star Wars: The Last Jedi: The Visual Dictionary, o incluso anillos como los de Lando (Star Wars: The Rise of Skywalker: The Visual Dictionary) o Dryden Vos (Solo: A Star Wars Story: Expanded Edition de Mur Lafferty); incluso en Fate of the Jedi: Vortex, de Troy Denning, se menciona una corona de aurodio.

    Al igual que el oro, también aparecen menciones a la vestimenta conteniendo aurodio, como la vestimenta de Snoke en la novelización juvenil de Los Ultimos Jedi, o las botas de aurodio que usaría una persona rica para ostentar según The Last of the Jedi: A Tangled Web de Jude Watson.

    Lógicamente, al tratarse de un metal muy costoso, el aurodio también sirve como elemento de valor, de modo que se ha visto su uso como moneda de cambio en varias novelas como Darth Vader: El Señor Oscuro y Darth Plagueis, ambas de de James Luceno, e incluso aparece en la forma de cabujones en The Last Jedi de Michael Reaves y Maya Kaathryn Bohnhoff.

    Sin embargo, la forma más habitual en el que se nos presentan las riquezas acumuladas de aurodio es en la forma de lingote. Hay unas cuantas novelas donde los lingotes hacen presencia, entre las que podemos destacar Velo de Traiciones de James Luceno, Shadow Games de Michael Reaves y Maya Kaathryn Bohnhoff, Los Caminos del Destino de Walter Jon Williams, e incluso el cuento “El Corsario Carmesí y el Tesoro Perdido del Conde Dooku” de la antología Aliens: Historias de una Galaxia muy Lejana de Landry O. Walker.

    En cuanto al valor del aurodio, la única referencia de la wookiepedia, señala que diez lingotes grandes tienen un valor de tres mil millones de créditos; obviamente, al no conocer el peso de los lingotes no se nos permite establecer un valor comparativo con el oro, pero ciertamente el aurodio parece ser mucho más valioso.

    Bien… hasta aquí hemos expuesto los hechos y al parecer, tanto el oro como el aurodio tienen prácticamente los mismos usos, con una diferencia importante en el valor (a favor del aurodio), y sin mencionarse el uso de este último en tecnología. Pero también existen referencias literarias en las que se mencionan ambos y en algunos casos se los compara. En la ya mencionada Republic Commando – True Colors se mencionan ambos por separado, mientras que en la novela juvenil Jedi Quest: the Way of the Apprentice, de Jude Watson, se menciona que Anakin vio peggats de oro y lingotes de aurodio juntos, lo que demuestra que son reconocibles de alguna forma.

    Por otro lado, algunas veces se utiliza el aurodio en frases hechas en las que habitualmente se aplican el oro, como se habla de estar “entregando la galaxia a Jacen en una bandeja de aurodium” en Legacy of the Force: Inferno, lo que puede llevarnos a pensar que efectivamente se trata del mismo metal.

    Y para aportar a la confusión tenemos una nueva polémica, pues en la novelización Solo: A Star Wars Story: Expanded Edition se menciona claramente que los dados de Han Solo están hechos de aurodio, cuando otras fuentes, como ya vimos, indicaban lo contrario al asegurar que eran de oro. Y si faltaba alguna evidencia, tenemos a la no tan querida serie Resistencia, en la que se dice que el aurodio es un metal más raro que el oro, algo que sigue alimentando la polémica.

    Una posibilidad que podríamos analizar, ya que son muy similares pero varían en su valor o rareza, es que el aurodio se trate de algo artificial o muy costoso, como por ejemplo alguna aleación obtenida a partir del oro, cuyo costo se deba al enorme trabajo que implicase trabajarla y lograrla. Pero de nuevo las historias nos contradicen, pues se habla en ciertos relatos que el aurodio se extrae de yacimientos totalmente naturales; en la novela Halcón Milenario de Luceno los protagonistas hallan un registro que menciona una mina de aurodio y, además, en Luz de los Jedi de Charles Soule se menciona que en Elphrona se habían descubierto minerales raros como aurodio y platino, lo que confirma su origen mineral.

    ¿Y entonces? ¿estamos hablando de un mismo material o dos diferentes que tienen propiedades prácticamente indénticas pero distinto valor? ¿Hay algún saber galáctico, ya sea Jedi o Sith que permita ilustrarnos? Lamentablemente no, pero sí hay una herramienta en nuestro propio universo tan poderosa como la mismísima Fuerza y tan temida como el propio Lado oscuro: la química.

    Primero podríamos preguntarnos si existen otros metales dorados, similares en apariencia al oro. La respuesta es compleja, pues existen materiales dorados, pero no son elementos puros, sino aleaciones; básicamente hay dos: el bronce (mezcla de cobre y estaño) y el latón (mezcla de cobre y zinc), pero ninguna es tan costosa, ni contienen oro, aunque si una destacada presencia en la construcción de la saga. El latón fue uno de los materiales que se utilizaron para algunas partes de traje que usó Anthony Daniels para caracterizar a C-3PO en la trilogía original, según se relata en Star Wars – Vestuario: La Trilogía Original de Brandon Alinger. Por el lado del bronce, se trata del principal material que se utiliza, entre cientas de otras aplicaciones, para construir los instrumentos de viento (no casualmente referidos como “los bronces” en una sinfónica). Esta aleación también es muy importante para la saga justamente por la impactante presencia de esos instrumentos en la música de las películas, gracias al talento de John Williams, un compositor tan valioso como el aurodio. Entre la bibliografía más destacada podemos mencionar Star Wars: A Musical Journey, una colección de partituras de temas la saga compilada por el propio Williams, o Star Wars: La Música de Andrés Valverde.

    Pero el broce o el latón tampoco son la solución a nuestro problema; la posibilidad que permitiría resolverlo es que ambos materiales contengan el mismo elemento: oro, cuyo nombre en latín, aurum, es el que le da su símbolo (Au) y el que seguramente inspiró el del auronio.  Y la respuesta estaría en que se trata de dos clases de oro con diferente pureza.

    El oro puro es un metal muy blando, por lo que para lograr que sea más duro (y útil) suele alearse con otros metales como por ejemplo la plata o el cobre. En nuestro mundo el grado de pureza de cualquier metal se indica mediante los kilates que contiene.

    Se define como kilate (kt) a la veinticuatroava (1/24) parte de la masa total de la aleación. Eso quiere decir que un metal absolutamente puro tendrá 24 kt y no más que eso porque sería el máximo posible (el 100%). El oro de 24 kt es el de mayor pureza posible, pero, como dijimos, resulta demasiado blando y no tiene demasiada aplicación; por eso, en joyería suele utilizarse el oro de 18 kt, lo que implica 18 partes de oro y 6 de otro metal (eso significa que tiene un 75% de oro), aunque también existe el de 14 kt (con un 58% de oro) y el de 10 kt (con casi un 42%).

    Teniendo esto en cuenta, podríamos suponer que el aurodio es oro de 24 kilates, y por lo tanto es más costoso, mientras que cuando en la saga se habla de oro a secas, se está hablando de una mezcla de menos kilates (quizás de 18 kt).

    Otro dato curioso que aporta en este sentido es el medallón que usa las Hermanas Rose y Paige Tico, que como se mencionó es de “oro pálido haysiano” en el Episodio 8 y la novela juvenil Cobalt Squadron de Elizabeth Wein. El uso del término “pálido” puede sugerir que se trata de una aleación que varía el color o el tono del oro, como sucede con varias clases de oro de 18 kilates en nuestro planeta: como el oro blanco (que posee plata y paladio), el amarillo (con partes iguales de plata y cobre), el oro rosa (que contiene 4 veces más cobre que plata), el rojo (aleado exclusivamente con cobre), el gris (con níquel y cobre), el azul (con hierro) y hasta incluso el oro verde (que resulta de mezclarlo con plata).

    Esto resolvería todas esas similitudes y diferencias, salvo por una situación: en Resistencia (¿otra vez?) Kaz usa su trofeo de aurodio para trabar una puerta de cierre mecánico, y si como suponemos, el aurodio fuera oro de 24 kt, es decir oro puro, debería ser muy blando como para soportar esa fuerza y trabar la puerta. Pero en fin, también podría ser que Kazuda haya sido engañado, o que el trofeo fuera de oro de menor calidad; de todas formas lo más importante es que le salvó el pellejo.

    También existe otra posibilidad, basada principalmente en el nombre, ya que Au-rodio podría interpretarse químicamente como una aleación de oro con rodio, otro metal que es muchísimo más raro y por ende más costoso.

    El rodio no se encuentra libre en forma metálica en la naturaleza y solo puede obtenerse como un subproducto de la industria del platino. Este metal se emplea en aplicaciones para contactos eléctricos y catalizadores en algunos procesos industriales y tuvo escasas apariciones en la saga en juegos como Star Wars Galaxies y Clone Wars Adventures, e inclusive alguna mención en el material de rol Scavenger Hunt de Brad Freeman, lo que verifica que al menos existe en el universo Star Wars y contribuye a nuestra teoría sobre el aurodio.

    El rodio es tan raro que se lo considera el metal más caro del mundo: en la actualidad 1 gramo tiene un valor de 253 Euros, es decir unas 5 veces más costoso que el oro puro. A modo de ejemplo, y volviendo a la música, para terminar el artículo a toda la fanfarria, en 1979 Paul McCartney recibió el único disco de rodio que existe por parte del Libro Guinness de los Récords Mundiales por tratarse el músico y compositor de mayor éxito comercial de la música contemporánea. Ciertamente en otra galaxia habría sido ascendido al rango de Maestro.

  • Ciencia de una Galaxia muy lejana: Escudos

    Por Diego Manuel Ruiz

    El concepto de campo de fuerza no es algo novedoso en la ficción, ya sea la de Star Wars en particular como en ciencia ficción en general. Desde el punto de vista de la física, el concepto de “campo” fue creado para explicar la acción a distancia de diferentes fuerzas, siendo las más perceptibles la gravedad, y las electromagnéticas. En general se lo suele definir como una distribución en el espacio de una magnitud física, y se lo suele representar como una superficie o una distribución líneal (imaginaria) sobre la cual actúan esas magnitudes. 

    En una nota anterior sobre los rayos tractores ya habíamos hablado sobre los campos gravitatorios y su acción dependiendo de la masa y la distancia; en esta ocasión hablaremos de los campos electromagnéticos. Se trata de un campo que tiene dos componentes que interactúan entre sí: un campo eléctrico y un campo magnético. En ambos casos depende de la presencia de cargas eléctricas, de la magnitud de estas y, como en el caso de la gravedad, de la distancia.

    El concepto de campo de fuerza en la ciencia ficción es el de una barrera de energía (a veces es invisible y a veces es simplemente translúcida pero opaca), capaz de bloquear la materia y/o la energía. En el caso de la saga, los campos de fuerza toman la forma y el nombre de “escudos deflectores” y los hay con distintas funciones: los que repelen partículas, los que repelen rayos y los escudos de concusión, que repelen objetos más grandes. En una de las primeras historias en comic publicadas por Marvel en 1978, ¡The Kingdom of Ice! en la revista Pizzaz, a estos dispositivos se lo llamó curiosamente “escudo de fuerza”, término que ciertamente debe haber resultado confuso.

    En todos los casos, para repeler ya sea materia como energía se necesita contar con muchísima energía, y para ello es necesario un generador para que alimente energéticamente al escudo. Esos generadores, dependiendo de la magnitud y la extensión del campo que producen, puede ubicarse en un planeta, una luna, una estación espacial, un edificio, un vehículo, un droide, una persona o lo que se les ocurra. A lo largo de la trilogía original los escudos tuvieron varias apariciones: Mientras el Halcón Milenario demuestra la capacidad de sus escudos deflectores en Una Nueva Esperanza, en El Imperio Contraataca los villanos logran su victoria en Hoth gracias a que sus AT-ATs logran destruir los generadores de escudos de la base rebelde, y en El Retorno del Jedi la gran victoria de la Alianza Rebelde se debe a que un grupo liderado por Han Solo logra destruir el generador del escudo que protegía a la Segunda Estrella de la Muerte.

    En la literatura también aparece gran cantidad de generadores de escudo como componente esencial de la historia. Una de ellas es el relato de los esfuerzos (infructuosos, por cierto) en la defensa de los generadores de escudo de la base de Hoth en Battlefront – Compañía Crepúsculo de Alexander Freed. También tenemos el generador de escudo de la República que toma Thrawn en la fábrica de droides de Mokivj, según se nos relata en Thrawn: Alianzas de Timothy Zahn; un escudo que luego será usado en la Batalla de Primea en Thrawn Ascendecia: El Caos Crece.

    Este tipo de escudos de uso protector y/o defensivo no debe concebirse como una espécie de “muro invisible”, que toma relevancia por su espesor o su densidad, sino que en realidad se trata de una capa de unas pocas moléculas de espesor, según nos cuenta el propio Lando en Lando Calrissian and the Flamewind of Oseon de L. Neil Smith. Esto tiene sentido, es particular cuando lo que se desea proteger es una nave pequeña o una persona, visto que no debería agregarle mucho peso al vehículo. A pesar de ello, en algunas situaciones se ha tomado la polémica decisión de no proveer de escudos deflectores a las naves; es el caso de los cazas TIE del Imperio, sobre los cuales se nos menciona tanto en leyendas (Sombras de Imperio de Steve Perry) o en el canon actual (Battlefront II – Escuadrón Inferno de Christie Golden).

    Otra de las grandes apariciones son los escudos que conforman una cúpula que protege una gran extensión en la superficie; puede tratarse de una ciudad, o un puesto de combate, como el escudo que podemos ver en la película The Clone Wars, que protege al ejército droide de los Separatistas en Christophsis y que debrán sortear y vencer Anakin y su nueva Padawan, una tal Ahsoka. Otro caso es la cúpula espacial invisible bajo la que reúnen cientos de Nihil, y que los protege del vacío espacial, según nos relata Luz de los Jedi de Charles Soule.

    Incluso algunos escudos llegan a ser energéticamente muy resistentes, como el que protege la estación espacial abandonada con la que se topan los protagonistas de En la Oscuridad de Claudia Gray durante la época de la Alta República, que posee un escudo capaz de resistir las inclemencias de la inestable estrella del sistema estelar en el que se encuentra.

    La fuerza que es capaz de resistir un escudo depende de varios factores: la distancia entre el proyector y el escudo, la eficiencia que posee, la potencia que necesita para funcionar (dada por el generador), y la extensión de la superficie que cubre. Suele ser necesario calibrarlo mediante la exposición a ondas sónicas, calor y emisiones electrónicas y de ese modo ajustarlo mediante un paquete de sofware, según se dice en Kinght Errant de John Jackson Miller. Esto significa que, dependiendo del tipo, magnitud, potencia y extensión del escudo, podría resultar vulnerado; por ejemplo, la mayoría de las naves de porte mediano o pequeño poseen escudos deflectores capaces de resistir gran cantidad de energía, pero si se logra concentrarla en un punto específico el escudo cederá, como menciona el propio Luke en primera persona en Heredero de los Jedi de Kevin Hearne. Más aún, en caso de ataques con armas tan potentes como las de la Estrella de la Muerte, los escudos (o cualquier otro tipo de defensa) resultan prácticamente inútiles según la novelización de Rogue One de Alexander Freed.

    Al igual que en las películas, los campos de fuerza actuales podemos diferenciarlos entre dos conceptos: aquellos que bloquean el paso de materia y dejan pasar la energía, y los que bloquean la energía, pero permiten pasar los objetos.

    En la novela infantil Aventuras en el Espacio Salvaje: El Frío de Cavan Scott, la nave Ave Susurro se encuentra sumergida bajo el agua y es gracias a que el escudo no deja pasar el agua que nuestros héroes logran salvarse. También Han y Lando tripulando el Chevalier, chocan contra un escudo que describen como una superficie invisible que se elevaba por el cielo en Ultima Oportunidad de Daniel José Older.

    Por el lado de los escudos que evitan el paso de la energía, tenemos aquel que tiene Mas Amedda en la sede del trono en Consecuencias: Deuda de Vida de Chuck Wendig, que menciona claramente que ese escudo solo bloquea los disparos de energía. No va a bloquear un objeto físico como su cuerpo”. El primer libro de la misma trilogía, Consecuencias, el mismo autor menciona que no se lograban obtener ningún tipo de lecturas de un yate (calor emitido, velocidad y trayectoria, escaneo de firmas biológicas) debido a los escudos del vehículo. Otro ejemplo lo vemos en La Amenaza Fantasma, donde los escudos Gungan repelen los disparos láser, pero no evitan el paso de los droides de combate de la Federación durante la Batalla de Naboo.

    También existen en la Galaxia escudos que no permiten el paso ni de la materia, ni de algunas formas de energía. El escudo que envuelve Scariff en Rogue One, por ejemplo, no permite ser atravesado por vehículos, pero tampoco deja salir las comunicaciones desde la superficie del planeta.

    Todas las características y particularidades hacen que los escudos no tengan solamente una función protectora, sino que en muchas ocasiones se les ha dado un uso táctico/estratégico para obtener ventaja en combate.

    Y si hablamos de estrategia, quien primero que nos viene a la mente es Thrawn. El Chiss no solo los utilizó preventivamente como hace en Decisiones de Timothy Zahn, en donde envía a quemar cien kilómetros de bosque alrededor del perímetro del generador y colocar una pequeña fuerza mecanizada de AT-AT y vehículos de asalto pesados bajo el escudo-paraguas. Incluso usó su ingenio en La Última Orden (del mismo autor) para engañar a toda la galaxia para hacerles creer que lograba atravesar los escudos planetarios mediante una estratagema ingeniosa (haciendo coincidir el momento en que un laser incide el escudo, con el disparo de un artefacto en el interior que lanzaba el rayo desde el punto interior de la cúpula, simulando de esta forma que el haz del rayo continuaba y atravesaba el escudo.

    Otro de los grandes estrategas de la saga, Han Solo, se aprovechó de la energía residual de la descarga de los escudos de una torre generadora, para lograr una sobrecarga y hacer volar toda la torre, en Han Solo: Mas Allá de las Estrellas de Brian Daley; también nuestro bandido/genreal preferido logró atravesar los escudos de la Base Starkiller en El Despertar de la Fuerza aprovechando la hipervelocidad para lograr evitar el barrido de frecuencia de los mismos. Por otra parte, a los escudos pequeños se les ha dado otro uso ingenioso: en lugar de usarlo para proteger a quien esté en el interior, también puede servir para evitar que los que estén dentro no puedan salir, lográndose así una celda de energía. Es lo que hacen las tropas de Grievous con Obi-Wan Kenobi, Anakin Skywalker y el Canciller Supremo Palpatine dentro de la nave separatista en La Venganza de los Sith.

    Por otro lado, también existen los escudos portátiles personales, que utilizan generadores mucho más compactos que proyectan un escudo de poca extensión, capaz de proteger a uno o pocos individuos. Los casos más representativos en el cine son los que tienen los droidekas o los que utiliza el ejército Gungan en Episodio 1; Pero también aparecen en algunas novelas como El Más Buscado de Rae Carson (en el canon actual) o Fate of the Jedi: Ascension de Christie Golden (Leyendas).

    En nuestro planeta en la actualidad, dentro del campo de desarrollo de tecnología militar se están haciendo los primeros avances en ambos tipos de escudos protectores. El Laboratorio de Ciencia y Tecnología para la Defensa del Reino Unido está desarrollado un concepto llamado “armadura eléctrica”, un sistema que utiliza supercapacitores que acumulan carga eléctrica en tal cantidad que cuando se acerca un vehículo o un misil sean capaces de rodearlo externamente con electricidad y repeler ese objeto cargado

    Por otro lado, la idea para repeler la energía es producir un campo de plasma. El plasma es un estado de la materia, que podría describirse como un gas en el cual existen cargas eléctricas presentes (es el estado más habitual en las estrellas).

    La idea de este tipo de defensa es generar una capa de plasma, cuya carga puede manipularse mediante imanes, y así repeler cierto tipo de radiación electromagnética. El mayor problema radica en la incapacidad para repeler los láser, pues al tratarse de luz visible, cualquier tecnología capaz de bloquearla, hará lo mismo con cualquier tipo de haz de luz visible, por lo que, si bien el campo podría repeler un láser, nos dejaría completamente a ciegas. En la novela de leyendas Riptide de Paul S. Kemp se menciona que al activarse el escudo “se extendían líneas de plasma rojo” alrededor de la nave, lo que sería un indicio de que vamos por buen camino.

    El concepto es una adaptación del efecto que ocurre en una de las capas superiores de la atmósfera (la termósfera o ionósfera) en donde la radiación solar produce iones, es decir, partículas cargadas eléctricamente, y éstos son capaces de bloquear las ondas de radio de baja frecuencia. Incluso este tipo de fenómeno atmosférico tuvo incidencia en la saga, pues en la novelización de El Ascenso de Skywalker de Rae Carson, donde se menciona que un Destructor Estelar no podía activar sus escudos mientras se encontrase dentro de la atmósfera eléctricamente cargada del planeta Exegol.

    Para finalizar tenemos también casos en los que a los escudos se les da un uso diferente, como en el caso de la minería. En el emprendimiento de extracción que Lando nos muestra en La Prueba de Troy Denning, se aprovechan los escudos para recubrir los cráteres producidos por la captura de astrolitos, para que el mineral no se desplace del interior y así no perder parte del producto.

    También a lo largo de las diferentes historias de la literatura galáctica han aparecido escudos más específicos, en los que intervienen algún tipo de fuerzas en particular, u otros que tienen la finalidad de proteger de ciertas formas de energía específica.

    En Thrawn Ascendencia: El Caos Crece, se menciona que en las Regiones Desconocidas se utiliza otro tipo de escudos similares, las “barreras electrostáticas”, que cumplen la misma función, pero resultan más débiles. Por otra parte, en Blanco Móvil – Aventura de la Princesa Leia de Cecil Castellucci y Jason Fry se utiliza un “escudo magnético”. En la mencionada Luz de los Jedi se nos cuenta que el crucero Nihil de Lourna Dee estaba equipado con deflectores de calor (Resulta curioso cómo le gustaban los escudos a los Nihil), algo que también vimos en Mustafar en La Venganza de los Sith. Y por el lado de las leyendas, en la antología Tales of the Mos Eisley Cantina editada por Kevin J. Anderson, uno de los relatos, «Nightlily: The Lovers’ Tale» de Barbara Hambly menciona el uso de deflectores solares para paliar el calor de Tatooine. También dentro del material de rol se menciona el uso de un escudo contra las tormentas de radiación ionizante en la ciudad flotante de Ipsus, en el planeta Genarus, cuya característica es que contiene cromo dentro de su composición para lograr una mayor protección.

    En fin, hay muchas historias y muchas variantes y usos para los escudos. Lo importante es estar siempre protegidos, ya sea por la lectura o por el conocimiento.