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  • Ciencia de una Galaxia muy lejana: Invisibilidad

    No hay dudas a esta altura que vemos Star Wars porque tiene cosas nos gustan, nos interesan y nos apasionan. Sin embargo, en esta ocasión vamos a hablar de lo que no puede verse, de la invisibilidad que hay presente en distintos momentos de la saga.

    Al principio puede resultar llamativo, e incluso no asociar esa característica al Universo de Star Wars, pero, a decir verdad, aparecen diversas situaciones en las que de una u otra forma está presente. Y es que antes de comenzar a ver algunos ejemplos, necesitamos aclarar ciertos conceptos científicos.

    Cuando hablamos de “invisibilidad” nos referimos a una cualidad que posee un objeto que le permite interferir de algún modo con la luz de manera de que no resulte visible para un observador. Y en general, gracias al cine y la literatura, con obras como El Hombre Invisible o Harry Potter, el concepto solemos tenerlo en claro. En el ámbito del séptimo arte, también podemos hablar de los casos en que las películas son “in-visibles”, es decir, aquellas que son imposibles de ver por lo malas o aburridas, aunque no se traten de seres que no pueden ser vistos (no es justo hacer menciones porque el gusto de los espectadores es muy variado, pero hay bastante consenso en que un ejemplo de estos sería el Holiday Special de 1978).

    Pero hay algo más que debemos considerar de antemano: el espectro electromagnético. Cuando hablamos cotidianamente de “luz”, generalmente se está haciendo referencia a un rango muy pequeño de frecuencias del espectro electromagnético, el cual es capaz de ser percibido por el ojo humano. Eso quiere decir que hay otras frecuencias que no podemos percibir con nuestra vista, como los rayos X, el ultravioleta, el infrarrojo, las microondas y las ondas de radio.

    Y es que muchas veces puede evitarse la detección de algunas frecuencias no-visibles de ese espectro, resultando estas “invisibles” para los detectores capaces de recibirlas, aunque en término correcto sería “indetectables”, como suele suceder con los aviones-caza furtivos (stealth) que resultan indetectables para un radar, pero podrían verse a simple vista. Aclarado ese caso, veamos algunas situaciones de invisibilidad o furtividad que podemos hallar en la saga…

    En primer lugar, tenemos varias situaciones publicadas en diversos medios en las que la invisibilidad surge naturalmente por una cuestión biológica, que podríamos asemejar al mimetismo que tienen aquí en la Tierra algunos animales como el camaleón, o algunos pulpos. Sería el caso de las Lagartijas invisibles de Tatooine que aparecen en algunos niveles del juego Super Star Wars: Return of the Jedi de 1994.

    Por el lado del reino vegetal tenemos la planta de raíz de sombra (shadowroot) de la Luna-Bosque de Endor, a partir de cuya raíz se produce un jabón que tiene la particularidad de hacer invisible todo los que cubre con su espuma. Todo esto se relata en el episodio The Haunted Village (Ep 1×02) de la serie animada Ewoks, que además fue adaptado como cuento infantil con el mismo nombre en 1987.

    Siguiendo esta línea biológica, podemos suponer que los benditos midiclorianos también son capaces de promover la invisibildad a través de la Fuerza, visto que en varias situaciones algunos usuarios de la Fuerza han logrado ocultarse mediante este tipo de técnicas. Básicamente hay dos mecanismos diferentes para lograrlo: por un lado, tenemos el “Camuflaje de la Fuerza”, según en cual el usuario altera la luz y las ondas sonoras que lo rodean, logrando que los demás no puedan verlo; es el caso de la Jedi Juhani en el juego Caballeros de la Antigua República.

    Por otra parte, la otra técnica Jedi no modifica la luz, sino que consiste en sacar de la mente de los demás todo vestigio de su presencia, por lo que entraría en la categoría “truco mental”.  Esta situación no es la más utilizada, pues implica un gran gasto de energía para el usuario, y al no lograr modificar la luz puede seguir siendo detectado por droides u otros sensores. Una muestra de esta técnica es la que usa Lomi Plo en la novela Dark Nest II: The Unseen Queen de Troy Denning.

    En general, todas las situaciones de invisibilidad planteadas aparecen en distintos medios en historias correspondientes al antiguo Universo Expandido (actual Leyendas), quedando en el actual canon ciertas situaciones que están sujetas a discusión, como el supuesto uso de la técnica por parte de Darth Vader antes de la mítica pelea con Luke en Bespin al final de El Imperio Contraataca, o también el caso de Ahsoka durante el combate con los guardias en el bosque en el capítulo The Jedi de la segunda temporada de The Mandalorian.

    Diferente es la situación en lo que respecta a la tecnología furtiva para hacer invisible un vehículo o locación frente a un detector de cierta frecuencia del espectro electromagnético, pues aparece en diferentes situaciones y tecnologías, tanto en Leyendas como en el nuevo canon.

    En general esta tecnología se basa en el efecto de ciertos minerales capaces de evitar la detección, como por ejemplo las sales de estigio (en inglés stygium), un mineral tan raro que solo se conoce su presencia en dos mundos de toda la galaxia: Aeten II y Maramere. El primero de ellos en la fuente de la tecnología de cazas invisibles Phantom TIE que aparece en otro videojuego: Rebel Asault 2, mientras que el segundo tiene su veta en la llamada Isla Invisible, llamada así por resultar indetectable para los escáneres precisamente por la presencia de los cristales de estigio, según se relata en el comic Starfighter: Crossbones #2 y #3. Ejemplos que aprovechan la tecnología de estigio son la Punta Carroña (Carrion Spike), la nave personal de Moff Tarkin en Tarkin de James Luceno, o el Infiltrador Sith de Darth Maul en La Amenaza Fantasma.

    Para la época de la Trilogía original de Thrawn (Heredero del Imperio, El Resurgir de la Fuerza Oscura y La Ultima Orden) de Timothy Zahn, presumiblemente a causa de la escasez del mineral, se utilizaban en diversos vehículos unos dispositivos híbridos que aprovechaban una tecnología más pobre, desarrollada en el Monte Tantiss, la cual impedía ver hacia fuera a quienes estaban en el interior del manto de ocultación. El mismo autor volvió a utilizarlo en un Destructor Estelar en Specter of the Past.

    Por otro lado, tenemos un material diferente: el reflec. Se trata de un polímero artificial que tiene la propiedad de interferir en las señales electromagnéticas, impidiendo de esta forma ser detectado en diferente tipo de sensores. Es el material con el que están recubiertas las armaduras de los Deathtroopers que aparecen en Rogue One y varias otras historias, como por ejemplo el número 8 del comic de Poe Dameron.

    Y para finalizar con la saga, tenemos los escudos de invisibilidad, que aprovechan generadores cuyo campo electromagnético es capaz de desviar la luz para impedir que se vea lo que hay del otro lado, como los que utilizan las fuerzas opositoras del planeta Pijal en Maestro de Aprendiz de Claudia Gray.

    Ahora que vimos lo que puede lograr la tecnología y las artes Jedi en la saga, vale preguntarnos ¿Es posible hacer algo invisible en nuestra realidad?

    En primer lugar, existen algunos trucos con espejos, cámaras o efectos prácticos que simulan hacer “desaparecer” a una persona o un objeto pero que son propios del ilusionismo, pues no lo hacen desaparecen realmente, sino que solo nos genera la sensación de que el efecto ocurre en la realidad. Un caso similar es el efecto del mimetismo, en el que una persona u objeto se confunde tanto con el ambiente o se oculta de modo que deja de reconocerse, aunque tampoco desaparece de la vista.

    Pero en el campo estrictamente científico de la verdadera invisibilidad, en la actualidad se está comenzando a trabajar con algunos materiales que, al recubrir un objeto, permiten que la luz los atraviese, de manera que pueda percibirse lo que hay debajo de éstos. El resultado efectivo es que el objeto en sí mismo no se ve. Se han realizado experimentos con éxito en 2006 en la Universidad de Duke, California, utilizando estos metamateriales (sí, así es como se los llama), solo que a escalas de dimensiones muy pequeñas (tan pequeñas que no pueden percibirse a simple vista, por lo que para nosotros que lo vemos desde el llano no eran visibles desde el principio).

    Sin embargo, la perseverancia de ese grupo de investigación permitió que en 2012 construyera a partir de esos materiales un “manto” con forma romboide que permite desviar la luz alrededor de un cilindro de 1 centímetro de alto y 7,5 cm de ancho sin que hubiera reflexiones. ¡Todo un éxito!

    Estos metamateriales poseen características ópticas poco usuales en la naturaleza. Su diseño se basa en la inserción en una substancia de implantes que crucen que las ondas que componen la luz visible se curve de formas poco usuales. En general están fabricados con plásticos que contienen elementos como cobre, plata, u otros metales organizados en forma de patrones que se repiten como en una serie de baldosas.  Otra forma de crear este tipo de tecnologías es mediante una técnica llamada fotolitografía, que aprovecha la nanotecnología de materiales.

    Uno de los usos que podría darse a este tipo de invisibilidad son los mantos de inhibición sísmica que permiten proteger edificios de los terremotos, al estar construidos con materiales capaces de desviar las ondas sísmicas y así evitar que afecten a los inmuebles.

    Por otro lado, un grupo de investigadores del Instituto Nacional de la Investigación Científica (INRS) de Montreal, Canadá aprovecha la interacción entre distintas frecuencias de luz para lograr que un objeto refleje solo la luz verde.  Si se modifican, se logran cambian temporalmente las frecuencias del verde al azul y nuevamente al verde, utilizando unos filtros especiales y el resultado es que el ojo humano deja de ver al objeto. Esto podría tener aplicación para las empresas de telecomunicaciones, las cuales podrían utilizar ciertas frecuencias en las redes de fibra óptica de manera de lograr hacer invisibles los datos, logrando una seguridad muy superior.

    Otro ejemplo lo tiene la empresa canadiense Hyperstealth Biotechnology, que desarrolló un material llamado “quantum stealth” que oculta el espectro de luz visible y también parte del ultravioleta e infrarrojo, de tal modo que también bloquea el espectro térmico. Esta tecnología tiene un futuro enorme en el campo militar. Algo similar se está desarrollando en la Universidad de Zhejiang (China), donde se está trabajando en un dispositivo que evita que los objetos sean detectados por los sensores de calor y detectores de metales (básicamente han inventado el reflec).

    También en la Universidad de Manchester (Reino Unido), los científicos ha desarrollado un camuflaje térmico a base de grafeno, nylon y oro, capaz de hacer invisible a las cámaras de visión nocturna a la persona que lo lleva.

    En lo que respecta a las tecnologías furtivas, también llamadas “muy baja detectabilidad” se trata de una serie de diferentes estrategias, generalmente usadas en aviones y barcos, que permiten hacerles menos visibles al radar. De esta forma, el diseño de algunos factores como la forma de los aviones, el uso de materiales no metálicos para el casco, las pinturas radar-absorbentes y las tecnologías para reducir otros patrones de emisiones como la infrarroja o ruido, han permitdo la creación de aeronaves como el F-117 Nighthawk, el F-22 Raptor, el YF-23 Black Widow II o el bombardero B-2 Spirit. En fin, lo más cercano que tenemos a un Ala-X hasta el momento.

    Algunos especialistas estiman que no falta demasiado tiempo para lograr fabricar una fibra capaz de desviar la luz visible alrededor de una persona. A fin de cuentas, resulta que la realidad y la ciencia están cada vez más cerca del mágico manto de Harry Potter…

    Finalmente comparto una imagen del encuentro científico entre el autor de esta nota y un experto en invisibilidad en las Cataratas del Iguazú…

  • Ciencia de una Galaxia muy lejana: La explosiva química del Baradio

    Por Diego Manuel Ruiz

    Cuando uno piensa en el uso de explosivos, suele acotar sus ideas en los aspectos bélicos o aquellos típicos del cine de acción. Pero en realidad, una sustancia explosiva puede usarse en otros ámbitos como la minería o la ingeniería (demoliciones, apertura de caminos en zonas rocosas, sellado de fugas de combustible). Y en el caso de la Galaxia de Star Wars las cosas no son muy diferentes, y en esos casos hay varios explosivos, pero ninguno como el baradio.

    Se trata de un compuesto un tanto inestable, capaz de liberar una inmensa cantidad de calor y partículas en una fracción de segundo. En general se lo suele describir como una sustancia de origen sintético, aunque al parecer en ciertas condiciones también puede generase de manera natural; Muestra de ello es su presencia en ciertos lodos naturales descubiertos en los planetas Anobis y Duro en los tiempos posteriores a la Guerra Yuuzhan Vong, según relata el autor Troy Denning en Legacy of the Force: Tempest (leyendas). También miles de años antes en Chelloa, durtante la época de la visita de la Jedi Kerra Hold, los habitantes descubren que la superficie del lugar estaba llena de baradio, como puede verse en el comic de leyendas Caballero Andante #1.

    Como explosivo en el desarrollo minero se lo suele trabajar en la forma de bisulfato de baradio, como fuera ampliamente utilizado durante mucho tiempo para la extracción de thorilidio en el planeta Gorse y su luna. Uno de los encargados de transportarlo era Kanan Jarrus, según puede leerse en la novela (canon) Un Nuevo Despertar de John Jackson Miller (para más información sobre el thorilido y sus particularidades, lo hemos desarrollado en otra nota). Otros cargamentos de baradio (aunque no se aclara en qué forma) se describen en Maul Lockdown de Joe Schreiber, una historia del universo de leyendas, al igual que en Star Wars Republic Commando: Order 66 de Karen Traviss, en donde se menciona la capacidad de dicho material para reducir un pico a escombros, o hacer un agujero lo suficientemente grande como para que se lo trague.

    Sin embargo, su uso como armamento resulta mucho más amplio, e incluso famoso. En el comic (canon) Cazarecompensas #6, Cadeliah, la protegida de Valance menciona que los detonadores térmicos poseen un núcleo de baradio. Y es que gracias a ese uso probablemente se trate del explosivo más utilizado en la saga. Solo contabilizando el uso de detonadores térmicos, hay una inmensidad de situaciones en las que aparecen, comenzando por la icónica escena de Boushh/Leia en el palacio de Jabba durante El Retorno del Jedi. Por otro lado, también utilizan baradio los explosivos usados por Val en Solo – Una Historia de Star Wars durante el robo en Vandor.

    El mecanismo de detonación del baradio involucra una liberación instantánea de energía en la que, debido a una reacción se produce una esfera incandescente en la que el calor producido que vaporiza instantáneamente todo los que se encuentre en su interior. Esto se debe a la formación de un campo exterior de partículas, que encierra esa energía dentro de los límites la esfera, evitando que la explosión se descontrole. El radio depende del tipo de carga; los detonadores térmicos usados por las tropas imperiales tienen una radio de explosión promedio de 5 metros, mientras que los usados por los cazarrecompensas suelen tener un radio mayor, de unos 20 metros, según se nos describe en Star Wars Galaxies: The Ruins of Dantooine de Haden Blackman. Muchas veces también han sido llamados “granadas”, posiblemente por la similitud de su diseño y su mecanismo de activación. Es el caso de la novela (leyendas) El Cortejo de la Princesa Leia, de Dave Wolverton, donde se las utiliza como arma terrorista. También existen detonadores térmicos más potentes, capaces de producir un radio de destrucción mucho mayor, como sucede con los cimientos del enorme Palacio de Xizor en Coruscant en Sombras del Imperio de Steve Perry (leyendas).

    A través de la saga han aparecido otros dispositivos explosivos diferentes que de igual forma utilizan baradio. En Punto de Ruptura de Matthew Stover, se mencionan las “bombas de baradio”, cuando Depa Billaba le reprocha a Mace Windu no haber arrojado una en la arena de Geonosis para evitar el inicio de las Guerras Clon. En la misma época de la historia, las tropas de la República también lo utilizaban en la forma de “cinta térmica detonadora” en Triple Zero otra de las novelas de la saga de leyendas Republic Commando de Karen Traviss.

    Otro de los usos famosos del baradio, aunque en este caso combinado con otra sustancia llamada colapsio son las cargas sísmicas, como la que vemos en El Ataque de los Clones durante el enfrentamiento de Obi-Wan y Jango Fett en el espacio. La combinación de sustancias, junto al diseño de las cargas, logra una onda de destrucción a lo largo de un solo plano que arrasa con todo lo que se encuentra a su paso.

    En cuanto al futuro de las historias de leyendas, el uso de baradio tiene una escalada en lo que respecta al nivel destrucción, apareciendo artefactos con ese material que resultan tan destructivos que se ubican a la par de los efectos de una Estrella de la Muerte. En las últimas grandes sagas literarias de este universo entran en escena los “misiles de baradio”.  Al parecer el autor Troy Denning se ha convertido un experto de poner planetas en peligro con este tipo de armamento, pues aparece en varias de sus novelas como Estrella a Estrella, Legacy of the Force: Invincible, Fate of the Jedi: Abyss y Fate of the Jedi: Vortex.

    Antes de continuar subiendo en el nivel de destrucción, resulta indispensable aclarar algunos conceptos desde el punto de vista científico. En general, los explosivos químicos son sustancias que sufren una transformación química, es decir tiene lugar una reacción, durante una fracción de tiempo muy breve, liberando energía en el proceso, principalmente en la forma de calor y trabajo mecánico de expansión debido a la generación de una inmensa cantidad de gases. La clave en dicho proceso no es la energía en sí, sino el tiempo breve… muy breve.

    La explosión de un kilogramo de un explosivo convencional como la pólvora libera aproximadamente la misma energía que libera un litro de gasolina en un motor de combustión. Eso significa que la energía que produce no es el parámetro más importante para un explosivo, sino la potencia, que se define como la energía puesta en juego por unidad de tiempo. Volviendo al ejemplo pólvora vs. gasolina, ambos generan una energía similar, pero el explosivo lo hace en una fracción de segundo, mientras que un motor lo quema en varios minutos; Como resultado el explosivo es mucho más potente que un combustible.

    ¿A qué se debe la diferencia? Principalmente a la participación del oxígeno en esas transformaciones. Un combustible necesita del oxígeno del aire para reaccionar y generar esa energía. Pero en un explosivo, el oxígeno ya forma parte de la composición interna del material; en la pólvora negra está como nitrato de potasio, y en explosivos altos como nitroglicerina, trinitrotolueno y ciclonita se lo encuentra como parte de los grupos “nitro” dentro de las propias moléculas orgánicas. De esa forma la transformación es virtualmente instantánea, pues no necesitan de la llegada de aire o algún otro comburente.

    En cualquiera de esos casos estamos hablando de explosivos convencionales, o sea aquellos que operan en base a transformaciones químicas, es decir a partir de intercambio o compartición de electrones. Pero también existen los explosivos nucleares, en los cuales no hay una reacción química, sino que la energía que se libera lo hace gracias a transformaciones en los núcleos de los átomos del material. Hoy en día se conocen dos tipos de reacciones nucleares: la fisión (la que aprovechan las bombas A y los reactores nucleares) y la fusión (la que usan las bombas H o termonucleares), y en ambos casos la cantidad de energía (y potencia) que se genera es enormemente superior, lo suficiente como para volar una ciudad o una región en un santiamén.

    Regresando a nuestra galaxia favorita, en algunas de las historias se hace referencia a que esos misiles de baradio tan destructivos, operan a partir de alguna reacción nuclear. Halcón Milenario de James Luceno menciona que se trata de dispositivos de fisión de baradio, e incluso se habla de una fallida misión suicida de la Rebelión para destruir el área de astilleros de Bilbringi. En Dark Nest – The Swarm War (¡nuevamente Troy Denning intentando vendernos baradio!) se habla específicamente de una “ojiva destructora de planetas”, por lo que esa terrible capacidad también sugiere un mecanismo del tipo nuclear para la explosión. Una tercera prueba en este sentido la aporta Tatooine Ghost de un tal Troy “baradio” Denning (!) en la que se habla específicamente que el núcleo de un reactor nuclear se inició con una carga de baradio, y eso solo podría suceder si se trata de una transformación de tipo nuclear.

    Finalmente podemos hacer un análisis del baradio desde el punto de vista de su composición química, aunque en realidad la tarea trae algunos dolores de cabeza. Para comenzar, si bien se mencionó que existe alguna ocurrencia natural del baradio, hay un consenso bastante general de que se trata de una sustancia de origen mayoritariamente sintético (la ocurrencia natural se daría en situaciones particulares). Lo explicitan algunas historias juveniles como Episode 1 Adventures: The Fury of Darth Maul de Ryder Windham, o The Last of the Jedi: Death on Naboo de Jude Watson, en las que algunos personajes mencionan que se trata de un explosivo de origen sintético.

    Por otra parte, algunas fuentes nombran al baradio de una manera que sugiere que forma parte de una sal. La mencionada Un Nuevo Despertar presenta el “bisulfato de baradio”, mientras que la novela Knight Errant de John Jackson Miller (previa al comic ya mencionado) hace lo mismo con el “nitrito de baradio” y la novela infantil Rey’s Survival Guide de Jason Fry habla del “nitrato de baradio”. Eso significa que, tanto en el universo del canon como en el de leyendas, se trata de la contraparte de un anión (una especie con carga eléctrica negativa) y por ende el baradio debe presentar una carga positiva (es decir, un catión). En nuestro mundo existen explosivos que poseen especies salinas (con aniones y cationes en su composición), como la ciclonita (o RDX), el principal componente del explosivo plástico C4, por lo que esa propiedad le daría crédito al baradio galáctico desde el punto de vista de la química.

    Sin embargo, también existen otras fuentes que contradicen un poco la evidencia anterior, sugiriendo un comportamiento más parecido al de los elementos utilizados para las reacciones de fisión nuclear, como el uranio o el plutonio. En el canon, la misma historia de Un Nuevo Despertar habla de la existencia de otra forma, el baradio-357, descrito como si se tratase de un isótopo particular de un elemento. En ese sentido, el baradio no sería un compuesto, sino un elemento en sí mismo, el cual, por el valor de numero másico que presenta, se podría ubicar más allá de los elementos conocidos; sería un elemento superperactínido que, en base a dichas características, podría formar parte del mismo grupo de la Tabla Periódica que el vibranio del universo de Marvel (como puede verse en el siguiente hilo del autor de este artículo). Por otro lado, la mención del uso de “baradio empobrecido” en Estrella a Estrella también sugiere el aprovechamiento de ciertos isótopos. De ser así, estaríamos hablando de un material que operaría mediante una reacción nuclear y no un explosivo químico convencional; de todas formas, la polémica entre los químicos del Imperio continúa. A modo de conclusión, la comunidad científica concuerda en que Troy Denning debería aclararlo en una futura novela.

  • Ciencia de una Galaxia muy lejana: El gas tibanna

    En el Universo de Star Wars existen muchas sustancias que aparecen dentro de las historias que tanto disfrutamos. Sea como un recurso narrativo necesario para hacer fluir una trama, o como un elemento secundario que aporta a la construcción de una escena, una situación, o una locación, siempre hay materiales y tecnología que contribuyen a dicha labor.

    Sin embargo, hay algunos materiales que se destacan por tener una relevancia mayor, dándole un mayor peso específico a los relatos y que tienen fama propia, como la carbonita, el beskar o los cristales kyber; pero también hay otros, igual de importantes, y que merecen un renombre similar, como es el caso del tibanna.

    Este material se suele usar en estado gaseoso, aunque para su transporte suele licuarse, de modo de poder transportar cantidades muy grandes en un volumen relativamente pequeño. La enorme relevancia que tiene el tibanna es su variada cantidad de aplicaciones asociadas al aprovechamiento de la energía; de esta forma se lo usa tanto en blásters como armas de mayor porte, aunque también forma parte del sistema refrigerante de los hiperimpulsores. Por lo tanto, su presencia en cualquier saga de la galaxia es indispensable, aunque no siempre se lo mencione. También existe otra variante para transportarlo: en lugar de licuarlo, se lo suspende dentro de un bloque de carbonita para procesarlo de manera más segura y así llevarlo a otros planetas.

    La tecnología bláster se basa en dos piezas clave: una carga de gas (contenida en un cartucho) y una fuente de energía. El cartucho de gas puede contener una variedad de gases de gran capacidad energética entre los que se destaca el tibanna. En la novela (Leyendas) Survivor’s Quest  de Timothy Zahn se detalla como el barón Soontir Fel recarga los cartuchos de este gas en su arma. Cuando el arma se dispara, una fracción del gas resulta excitada por la energía de la batería y se volatiliza hacia el módulo donde finalmente se convierte en un haz de partículas.

    Si bien el tibanna suele aprovecharse en muchos mundos como combustible para calefacción (simplemente quemándolo), su mayor utilidad viene de la propiedad de cuadruplicar su capacidad energética cuando se lo incide con un haz de luz coherente. Esto condujo a una tecnología conocida como tibanna de spin sellado, que se encuentra compactado a un nivel atómico, en la que se aprovecha esa energía extra. De esta forma es este tipo de tibanna el que se usa en armamento y resulta mucho más potente (y peligroso si no se lo controla con seguridad), mientras que el tibanna tradicional es el que puede quemarse o usarse como refrigerante en distintos tipos de hiperimpulsor. Sobre este último punto hay cierta controversia, pues algunas novelas de Leyendas como El Poder de la Fuerza de Sean Williams o Los Jóvenes Jedi – Los Perdidos de Kevin J. Anderson y Rebecca Moesta mencionan el uso del material tratado con luz coherente en hiperimpulsores varios, incluido el de la mismísima Estrella de la Muerte.

    Lo más interesante de este gas, es que no tiene un origen inorgánico, sino que es un subproducto del metabolismo de unos seres vivos llamados beldon, unas criaturas enormes (pueden llegar a medir hasta 10 kilómetros), llenas de gases, que pueden encontrarse en planetas gaseosos con entornos atmosféricos que tengan la densidad suficiente como para flotar en su atmósfera, aunque también pueden existir en el espacio (beldon espaciales), sobreviviendo en burbujas de gases. El mismísimo Han Solo se topa con una de estas criaturas en Bespin, en la novela (Leyendas) Amanecer Rebelde de A.C. Crispin.

    Existen varios planetas gigantes gaseosos de cuyas atmósferas de extrae gas tibanna (a menudo se habla de una capa llamada tibbanósfera). Seguramente el más reconocido de todos sea Bespin, presentado en El Imperio Contraataca, en la Ciudad de las Nubes, lugar cuya principal finalidad es la recolección y tratamiento de este gas. Pero también está presente en otros mundos como Kril’Dor, Genarius, Kaer, Ord Ibanna, Yorn Skoy y Taloraan; Sin embargo Bespin es el único lugar en donde el tibana de spin sellado se produce de manera natural, por lo que se evita el costo de dicho tratamiento. Incluso la química del gas se describe un poco en Antes de la Tormenta de Michael P. Kube-McDowell (Leyendas), en donde se menciona que el color cobrizo de los cielos de Bespin se debe al óxido de tibanna. Incluso en el comic Clásico Star Wars #57 (Leyendas) de Marvel, Lando cae a través de la atmósfera hasta llegar a un islote en la superficie llamado Ugnorgrad, rodeado de una especie de pantano de tibanna líquido.

    En la literatura de Star Wars, se nos muestran varios momentos en los que el tibanna está presente, en épocas diversas. Uno de los casos más notorios es la participación en el Gran Desastre que se relata Luz de los Jedi de Charles Soule (canon), de uno de los fragmentos del Ruta Legado que contiene un tanque de tibanna líquido superenfriado que pone en riesgo todo el sistema Hetzal y que a su vez moviliza una de las acciones más épicas que se han visto de los Jedi en su conjunto.

    Pero si hay un autor que utiliza tibanna en sus historias, sin duda es el ya mencionado Timothy Zahn. En sus novelas de Leyendas, más allá de la mencionada Survivor’s Quest, aparece como insumo para armamento en Decisiones, y además en Specter of the Past donde forma parte de un dispositivo rudimentario para disparar a distancia a acusar a un inocente. Pero Zahn también utilizó varios contenedores de tibanna en el canon, como parte del gran plan del entonces Teniente Thrawn para ascender en las filas del Imperio en Thrawn.

    Además de las mencionadas, existen algunas variantes del gas, que hacen su aparición en otras historias; La novela juvenil (canon) El Arma de un Jedi de Jason Fry hace referencia a gas tibanna interestelar, que podría tratarse de aquel que producen los beldon espaciales. Por otra parte, en algunos relatos del Universo de Leyendas posteriores a la invasión Yuuzhan Vong como la Trilogía de Dark Nest o en Legacy of the Force – Tempest (ambas de Troy Denning) se utiliza en las naves InvisiblesX de los Jedi una tecnología más avanzada, a partir de un isótopo particular de gas llamado tibanna X que evita que las emisiones del vehículo sean detectadas.

    Para finalizar podemos comparar todo lo mencionado con lo que sucede en lo que podemos definir como UL, el “Universo del Lector”, o sea el nuestro. Hasta donde se conoce, no existe ningún material que tenga todas las propiedades que muestra el tibanna en los dos Universos de Star Wars (canon o leyendas).

    Pero sí podemos encontrar distintos gases que se le asemejan en algunas propiedades: Por ejemplo para disparar algunas armas se aprovecha a veces el aire comprimido. Obviamente no se disparan haces de partículas sino proyectiles livianos (balines).

    También podemos hacer cierta analogía entre el tibanna y el metano. Se trata de un gas producido por diferentes clases de seres vivos (desde microorganimos hasta mamíferos grandes) y que tiene una importante capacidad para liberar su energía cuando entra en combustión. Es el principal componente del gas natural y además puede generarse a partir de desechos y residuos en una mezcla gaseosos rica en metano llamada Biogas.  En ese sentido la novela Imperial Commando 501st de Karen Traviss menciona algo similar: un biogas que se produce a partir de los desechos digestivos que producen los nerfs y los bantas en el planeta Celen.

    Algunos especialistas especulan que un gas que podría llegar a extraerse de la atmósfera de planetas gaseosos y que sería de gran utilidad en reactores de fusión es el helio-3, un isótopo particular del elemento helio, presente en el Sol y en planetas como Júpiter y Saturno (Podríamos imaginar una Ciudad de las Nubes en alguna de esos planetas).

    Otro gas, que actualmente se está estudiando para poder utilizarse a gran escala es el hidrógeno. Tiene la gran ventaja de ser elemento más abundante del universo, y que el producto de su combustión es simplemente agua, por lo que sería un combustible con mucho menor impacto en el ambiente. Además, su uso más práctico sería en la forma de celdas de combustible. Por otra parte, la enorme desventaja es que es muy peligroso y sensible (al igual que el tibanna) y es bastante difícil de almacenar, pues al tratarse de la molécula más pequeña que existe, puede fugarse de muchos materiales. De todas formas, tenemos nuestra carbonita, aunque de carbono no tenga nada: el paladio, un metal capaz de adsorber enormes cantidades de hidrógeno (puede retener con hidrógeno hasta 900 veces su propio volumen).

    También es importante destacar que el hidrógeno es el elemento por el que se inician las fusiones nucleares en las estrellas, y gracias a la cual nos llega energía a la Tierra como para que se haya desarrollado vida, durante mucho tiempo, el suficiente como para que muchas personas se pusieran a idear, filmar y escribir sobre lo que pasa en una ficticia y queridísima galaxia muy, muy lejana.

    Referencias:

    Hollyweird Science – Kevin R. Grazier y Stephan Cass

    Star wars Encyclopedia – Stephen J. Sansweet.

    Star Wars – The Essential Guide of Weapons and Technology – Bill Smith, David Nakabayashi y Troy Vigil.