Ciencia de una galaxia muy lejana: La Segunda Estrella de la Muerte

Por Diego Manuel Ruiz

Construir una estación de combate inmensa como la Estrella de la Muerte es algo costoso, tanto en créditos como en energía y materiales. Pero construir otra Estrella de la Muerte, muchísimo más grande, es algo que solo puede lograr un Señor Oscuro de los Sith que gobierna toda una galaxia.

En otra nota ya hablamos de las características, la construcción y hasta la destrucción de la enorme estación en Yavin. Pero eso no parece haber amedrentado al Imperio. Porque si de eficiencia se trata, la tarea que inicialmente demoró alrededor de 20 años en construirse, ahora, con la experiencia en el desarrollo de dicha tecnología, pudo casi completarse en 4 años, con un superláser funcional ¡y con un tamaño casi 6 veces mayor! (Tanto que, si se la hubiese mostrado en la comparación con la Base Starkiller en El Despertar de la Fuerza, la diferencia no habría sido tan impactante)

Quizás en las imágenes del Episodio VI no se haya percibido, pero en comparación con su predecesora, la Estrella de la Muerte MK.2, a pesar de tener un casco incompleto, es mucho más grande. Si bien parte del primer material de rol menciona un diámetro de 160 kilómetros (que sería igual al aceptado para la primera Estrella de la Muerte) para Star Wars: Vistas en Seccción de Vehículos y Naves es del orden de 450 kilómetros.

Pero la cosa no se queda ahí, porque podría ser mayor áun. Las evidencias para determinarlo se basan en las imágenes de la propia película. En base al momento en el que muestra el Almirante Ackbar muestra el holograma de la estación junto a la luna de Endor, puede determinarse que el diámetro de la luna es 11,5 veces mayor que el de la estación de combate. Es así que, conociendo el diámetro de la luna, podremos calcular que el diámetro de la segunda Estrella de la Muerte de unos 900 kilómetros.

También hay otra evidencia, un tanto más indirecta, pues se basa en un boceto realizado para la película en el que un Destructor Imperial proyecta su sombra sobre la superficie, cerca de la trinchera ecuatorial, publicado en The Art of Star Wars. Conociendo las dimensiones del Destructor, proyectando trigonométricamente la sombra en relación al ancho de la trinchera, y estimando además (a partir de otras escenas del film) que el diámetro de esta nueva Estrella de la Muerte es unas 380 veces el ancho de la trinchera, puede estimarse un valor cercano a 910 kilómetros de diámetro. Y después dicen que las matemáticas no sirven…

En julio de 1983 el supervisor de FX Richard Edlund dio una entrevista a la revista CINEFEX en la que confirma esas dimensiones. El libro Inside the Worlds of the Star Wars Trilogy es el que verifica esta información, y el que suele tomarse como la referencia definitiva.

En el universo de Leyendas el diseño también fue de Bevel Lemelisk, el diseñador de la original, aunque con un leve detalle: Debido al error de diseño que permitió la destrucción, fue ejecutado, por lo que el encargado de esta segunda fue un clon suyo al que el Emperador le transfirió su consciencia, según se muestra en La Espada Oscura de Kevin J. Anderson. Esta especie de Lemelisk II evitó colocar salidas de ventilación sustituyéndolas por miles de conductos de diámetro pequeño que se distribuyeron por toda la superficie de la estación.

Se decidió construirla y ubicarla en la Luna Santuario de Endor, en una órbita geoestacionaria que le permitió estar protegida por un escudo deflector que se emitía desde la superficie de dicha luna. Pero lo que probablemente no hayan considerado los científicos imperiales es el efecto gravitatorio de un objeto de acero de 900 kilómetros de diámetro. Una de las consecuencias de la fuerza de atracción gravitatoria es el efecto de mareas: los materiales de la superficie más cercana se ven atraídos entre sí. El terreno de la superficie de la luna se elevará unos pocos metros atraído por la estación, y de igual forma, la superficie de la Estrella de la Muerte se elevará un poco en la cara que da hacia la luna, gracias a la atracción que esta ejerce. Dicho efecto es mucho más marcado si la superficie es líquida. Gracias a la capacidad que tienen de fluir, esa elevación en la superficie será mas marcada en los cuerpos líquidos, como mares y océanos. Nuestro planeta tiene mucha más agua que la Luna santuario de Endor, y a causa de girar sobre su eje cada 24 horas frente a una Luna (que la atrae), la masa líquida de los mares y océanos aumenta y disminuye su nivel cada 6 horas (variando en promedio un metro en el nivel del mar). Como se dijo, la atracción lunar afecta a toda la masa del planeta, pero en el caso de las grandes masas sólidas esa deformación causada por la Luna es mucho menor (unos 30 centímetros). Pero como dice la ley, nuestro planeta debe atraer a la Luna con la misma fuerza, aunque al no haber líquidos, se percibe mucho menos, pues lo que tiende a acercarse a la Tierra es su terreno sólido. Las mediciones de la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA, indican que la cara luminosa de la Luna se eleva unos 51 centímetros a causa de la atracción terrestre.

Varios operativos secretos rodearon a la nueva estación. Por un lado estaba el proyecto “Percutor” (Hammertong) que involucraba el traslado por partes separadas del superlaser. El relato Hammertong: The Tale of the «Tonnika Sisters» de Timothy Zahn nos muestra cómo las Hermanas Tonnika, presentes en la clásica escena de la cantina de Una Nueva Esperanza, son en realidad Shada D’ukal y Karoly D’ulin, un par de mercenarias de la Guardia de Mistryl que, sin saberlo, transportan una parte del arma de la segunda Estrella. El relato es parte de la antología de leyendas Tales of the Mos Eisley Cantina, compilada por Kevin J. Anderson. Por otro lado tenemos el proyecto imperial de filtración a los rebeldes de la ubicación y el diseño de esta nueva Estrella de la Muerte, de modo de tenderles una trampa y acabar con la rebelión. En una trama relatada en la novela (Leyendas) Sombras del Imperio, de Steve Perry, que involucra al Príncipe Xizor, líder de la organización criminal Sol Negro, y el sacrificio de varios espías bothan, la Alianza obtuvo de Borsk Fey’lya, el único bothan sobreviviente, la información que los condujo a intentar destruir la nueva amenaza.

Al momento de su destrucción, si bien queda claro el Episodio VI que Lando Calrissian y Wedge Antilles logran destruir el reactor de antimateria de la estación, luego ingresar al interior de la estructura, según las leyendas hubo otro factor importante que contribuyó a la catástrofe: El droide cazarrecompensas IG-88. Según la antología Tales of the Bounty Hunters, compilada nuevamente por Kevin J. Anderson, fue IG-88A quien emboscó el traslado de la computadora central de esta Estrella de la Muerte y posteriormente descargó su sistema operativo en dicha central, con el objetivo de tomar el control de la estación y así iniciar una revolución droide, llegando incluso a cerrarle algunas puertas para molestar al Emperador. Su plan estuvo a punto de concretarse, de no haberse frustrado por la destrucción de la estación, como muestra el relato «Therefore I Am: The Tale of IG-88» del propio Anderson.

Y continuando con la literatura galáctica, también se nos muestra a dónde fueron a parar una parte importante de los restos de la Segunda Estrella de la Muerte. El nuevo canon nos muestra claramente en El Ascenso de Skywalker que una parte importante de los fragmentos cayó en otra de las lunas de Endor, un cuerpo mayoritariamente oceánico llamado Kef Bir. Por otra parte, en una nueva colección de relatos, en este caso llamada Canto Bight, una historia de Rae Carson titulada “Hear Nothing, See Nothing, Say Nothing” nos muestra cómo Lexo Sooger (un exasesino devenido en masajista en el planeta-casino) se topa durante la búsqueda de su hija con una pieza certificada de la Segunda Estrella de la Muerte.

En el universo de leyendas, la guía Star Wars Galactic Phrase Book & Travel Guide, de Ben Burtt y Sergio Aragonés menciona que, si bien la flota de la Alianza evitó que los restos más voluminosos cayeran sobre la luna santuario, no pudo evitar que lo hagan millones de restos más pequeños. Eso la convirtió posteriormente en un lugar de visita para muchos turistas históricos y buscadores de recuerdos.

Otra saga que se considera dentro de las leyendas, aunque su continuidad siempre está en duda y a veces podría considerarse que forma parte de otro Universo alternativo a los anteriores, es la del Príncipe Jedi. El primero de los libros, The Glove of Darth Vader, de Paul y Hollace Davids, nos cuenta que debido a la explosión del núcleo del generador se creó un agujero de gusano pequeño y parte de los restos los atravesó, terminado en Mon Calamari (aunque aquí lo llaman Dac). Uno de los restos que fue a parar hasta allí, fue el guante de Darth Vader, que es lo que dispara la trama.

En fin, ya sea por sus dimensiones enormes, o a gran fuerza de mareas que puede generar, la Segunda Estrella de la Muerte no pasa desapercibida, así como tampoco las lecturas que pueden hacerse alrededor de la misma. Y por más lejana que esté la galaxia, siempre hay algo de ciencia para contar y aprender. Que la fuerza gravitatoria los acompañe…

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