Un Padre como Han Solo

Escrito por Mariana Paola Gutiérrez

Este es un pequeño homenaje para todos los padres en la celebración de su día, pero como no podía ser de otra manera, haciendo referencia a nuestra querida saga. He elegido a un personaje que siempre adoré, ya sea en sus épocas de caradura o en sus momentos como esposo y padre. Han Solo.

En el universo expandido o leyendas, como quieran llamarlo, Han Solo tuvo momentos únicos desde que se unió a Leia y conformaron una familia. De ese vínculo, como la mayoría debe saber, surgieron Jaina, Jacen y el pequeño Anakin. Aquí les describiré dos de mis momentos favoritos de Han Solo, el padre.

En primer lugar, les contaré una breve historia producto de la novela, “La Búsqueda del Jedi”, del autor Kevin J. Anderson. Y finalmente del mismo autor, pero del libro “Los Jóvenes Jedi”, provendrá la segunda historia.

En las minas de Kessel, Han Solo se encontraba secuestrado y puesto como esclavo por Doole (quien tenía cuentas pendientes), cuando fue de intermediario o una especie de embajador de la Nueva República, para generar contactos con ese territorio, por su experiencia como contrabandista, después de la caída del Imperio de Palpatine. Han y Leia estaban casados y tenían sus tres hijos. Los Gemelos, ya habían cumplido dos años y podían regresar con sus padres a vivir en Coruscant, ahora que “no” corrían peligro (según Luke Skywalker) de ser mayormente influenciados por el lado oscuro. Mientras tanto, el pequeño Anakin era sólo un tierno bebé, por ende debía permanecer en el escondite y lugar de protección asignado por Luke, con su querida nana Winter.

Los niños iban a volver esa semana a casa, Han quería y debía estar allí para recibirlos junto a Leia. Ambos habían hecho un doloroso sacrificio al alejarse de la crianza de sus hijos, por recomendaciones del único maestro Jedi, en ese entonce, Luke Skywalker, que creía en el método de aislarlos durante dos años, para que no fueran influenciados por el lado oscuro (los que ya conocen las historias, saben como todo eso terminó, pero es tema para otra ocasión). Sin embargo, estaba en las Minas de Kessel, sin poder salir, lamentándose por no estar con su familia, por no poder encontrarse con ellos en un día tan importante como ese. Se le rompió el corazón y también los nervios lo hacían estar enojado, impaciente, triste, armar revueltas infructuosas.

En síntesis, la impotencia de no tener la posibilidad de compartir ese momento con su familia, parecía insoportable.  Aún así no desespero, porque este nuevo Han, el esposo, el padre, le importaba sus hijos, tanto como para preferir extrañarlos, que perderlos y quería estar otra vez con ellos. Lo logró, pudo escapar, para regresar a su hogar.

Esto es significativo hoy más que nunca, cuando no podemos estar con algunas personas que amamos, poder abrazarlas y decirles cuanto les queremos. Muchos padres, seguramente están con sus hijos, pero no con sus padres; aún así no hay que perder la fe en el encuentro o en la familia. Y si no lo tienes, ya que es uno con la fuerza, siempre estará ahí en los recuerdos, en las enseñanzas.

Volvamos a la próxima historia, también de Anderson y su libro “Los jóvenes Jedi”, en donde podremos ver a un Han atento, detallista y conocedor de sus dos hijos mayores, el padre. Desde el simple hecho de recordar la comida favorita de la lagartija de los troncos de su muchacho Jacen... “¡Oh, papá, te has acordado! —exclamó Jacen emocionado, y corrió hacia su padre—. Es la comida favorita de mi lagartija de los troncos. Se las daré ahora mismo —añadió, cogiendo el montón de flores y plantas con el rostro lleno de gratitud—. Te veré luego, papá. Después echó a correr hacia el Gran Templo.“. Han no precisó un gesto costoso, él simplemente supo lo que necesitaba su hijo, con eso lo hizo feliz.

Por otro lado, Jaina, quien Leia aseguraba era una especie de Han Solo en versión mujer, por su amor por las naves y volar, entre otras cosas, fue sorprendida por su padre cuando le trajo un regalo. “Lo has envuelto muy bien, papá —dijo sonriendo.”…”¡Una unidad hiperimpulsora! —exclamó. No funciona, claro —dijo Han—. Y es bastante vieja. La saqué de una vieja lanzadera imperial de la Clase Delta que estaban desmantelando en Coruscant. Jaina recordaba con cariño las veces que había ayudado a su padre a hurgar en los subsistemas del Halcón Milenario para mantenerlo en unas condiciones de funcionamiento óptimo…, o todo lo cerca que pudieran llegar de ellas. — ¡Oh, papá, no podrías haber escogido un regalo mejor! “ . Han la conocía, escogió un regalo que sabía le gustaría, a demás después, juntos fueron a buscar más repuestos, para trabajar. Él lo hizo con el objetivo de pasar un tiempo con ella, encontró una actividad que ambos disfrutaban hacer y tomó su sabiduría como punto de conexión y vínculo. Disfrutaban los momentos de mecánica, donde la conexión estaba sellada con el aprendizaje, respeto mutuo y el acto de compartir algo que los dos amaban hacer. Las cosas simples suelen ser las más bellas para atesorar.

Bueno, esos son mis dos pequeños relatos, espero que os guste y desde la Biblioteca les deseamos a todos los padres un feliz día. Que la fuerza y la lectura os acompañen.

Arte de Stevenjaliv. DeviantArt

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