Tercer y último extracto de la novela Star Wars Queen’s Peril de E.K Johnston

A falta de pocos días de su salida a la venta en USA, tenemos el tercer y último extracto de la esperada novela de Star Wars Queen’s Peril escrita por E. K. Johnston y que sirve de precuela de la exitosa Queen’s Shadow. En ella veremos a Padmé Amidala como Reina de Naboo y la llegada de los conflictos que darían como resultado el bloqueo de la Federación de Comercio en el Episodio I. La novela sale a la venta el 2 de junio.

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Ésta no era la manera tradicional de recibir los resultados de los exámenes. El Conservatorio de Theed atraía estudiantes de todo el planeta, a pesar de no ser la única escuela de música en Naboo. Ni siquiera era, en opinión del público, la mejor. Establecida en un viejo edificio, lejos de las áreas principales de entretenimiento de la ciudad, el conservatorio era conocido por sus tradiciones. Eran el motivo por el que las familias enviaban a sus hijos ahí. Un músico enseñado ahí era consistente. Estable. Confiable. Listo para pasar las tradiciones a una nueva generación de estudiantes, lo quisieran o no.

Tsabin había odiado cada momento allí.

No había dudas de porqué la habían enviado. No había habido preguntas sobre qué instrumento tocaría. Sus hermanos habían abierto el camino por delante de ella, y todo lo que tenía que hacer era seguirlo. Nunca hubo la menor duda de que hiciera algo tan atrevido como ser la líder. Ella simplemente no tenía el talento. Era suficientemente buena, y en otros planetas tal vez podría vivir como una solista en algún lugar que no supiesen tanto, pero Tsabin había sabido durante toda su vida que nunca estaría en la fila frontal de ninguna orquesta.

Ahora esperaba en un pequeño cuarto, mirando una silla vacía frente a una mesa sin grscia. El droide procurador la había envíado ahí, sin apenas darle importancia a la habitación, esperando saber cómo le había ido en sus exámenes finales. En vez de ello, se encontraba en un cuarto oscuro pasando una espera al parecer interminable.

Tsabin había llegado tan lejos solo porque había ocultado sus sentimientos frente a todos, y no se iba a dar por vencida ahora, ni siquiera frente a una burocracia obsoleta.

La puerta finalmente se abrió, realmente sobre sus bisagras, porque ese era el estilo del Conservatorio de Theed… Tsabin se enderezó hacia la puerta. Incluso si era solo un droide, era importante estar lista. Los droides del conservatorio podían monitorear la postura y conducta de los estudiantes, llevando un registro de quién se comportaba mejor como un músico, o realizando tareas mundanas. Pero la persona en la entrada no era un droide. Tsabin respiró hondo sin aparentarlo, otro beneficio de la educación en un conservatorio.

Era más alto que ella, lo cual no significaba mucho. Pero era algo por donde comenzar. Usaba el uniforme azul y marrón de las Fuerzas Reales de Seguridad de Naboo, con su sombrero bajo el brazo, ya que estaba en interiores. Tenía el cabello corto y la piel café oscuro, sus ojos eran casi cálidos, excepto que había algo raro que le impedía esa relajación. Se sentó en la silla sin presentarse, y puso el sombrero sobre la mesa que había entre ellos.

Si el oficial de seguridad quería ponerla nerviosa, había escogido el peor día. Los exámenes habían terminado, y Tsabin había dormido una noche completa por primera vez en varias semanas. Su familia se había puesto en contacto con ella esa mañana. Sus hermanos le habían asegurado que todo iría bien, y sus papás le habían dicho que podía contactarlos en cuanto tuviera los resultados. Sabía que no había hecho nada para merecer esta situación, así que debía ser solo algo rutinario. Algo querían de ella. Así que Tsabin lo miró con calma, usando cada pared que se había construido para escudarse de él.

Después de varios minutos, el esbozo de una sonrisa apareció en sus labios y extendió la mano sobre la mesa en dirección a ella, con la palma hacia arriba.

“Quarsh Panaka,” dijo. “De las Fuerzas Reales de Seguridad. Pero me imagino que ya te diste cuenta de eso.

“Tsabin,” contestó ella, estrechando la mano con amabilidad. “Si.”

El soltó su mano y ella devolvió las manos a su regazo. El las cruzó sobre la mesa y la miró.

“¿Cómo te sientes con respecto a la elección,” le preguntó.

Tsabin arqueó una ceja muy a su pesar. No había esperado esa pregunta.

“No necesito contestar eso,” replicó.

“Es cierto,” dijo, casi soltando una carcajada. “Pero al menos podrías decirme si conoces a los candidatos.”

“Por supuesto,” dijo ella. “Ésta será mi primera votación.”

“Tienes trece años,” dijo. Se reclinó en su silla sin dejar de mostrar que permanecía en guardia.

“Tendré catorce años cuando suceda,” le dijo. “Debía de haber consultado mi fecha de nacimiento antes de entrar aquí.”

“Lo hice,” dijo él. Tamborileó con sus dedos en la mesa.

Tsabin comenzaba a impacientarse. Si, era el primer día del resto de su vida, al menos en teoría, dado que su educación formal había terminado, y aunque aún no tenía planes, no quería desperdiciar el día en la habitación con este hombre.

“Tus maestros dicen que eres diligente,” dijo Panaka. “Nunca llegas tarde. Eres escrupulosa cuando se trata de realizar tu parte y tu conducta es casi perfecta todo el tiempo.

Tsabin esperó a que dejara caer la sorpresa, como siempre sucedía.

“Y aun así, siempre eres la segunda mejor,” continuó Panaka. “En todo lo que has intentado alguna vez.”

Casi catorce años de auto control fluyeron por el cuerpo de Tsabin. No le daría la satisfacción de mostrarle lo mucho que le dolía. Nunca le daría esa satisfacción a nadie. Su estómago se contrajo, pero no parpadeó ni apretó sus mandíbulas ante sus palabras. Aunque, después de todo, era cierto: sus hermanos eran mejores músicos que ella, sin importar lo que hiciera en el conservatorio, siempre habría alguien mejor que ella.

Panaka se levantó y tomó su sombrero.

“No puedo decir nada de manera oficial, por supuesto,” dijo. “Pero me gustaría que no aceptara ninguna oferta de trabajo o de aprendizaje hasta después de la elección. Estaré en contacto.”

Con esas palabras, abandonó la habitación. Tsabin podía irse. Pero en lugar de ello, metió la mano en su bolsillo y buscó en su pantalla la lista de candidatas a Reina de Naboo. Había leído sus nombres y sus propuestas con anterioridad, pero esta vez, realmente se fijó en ellas. No, en ella.

Amidala, se hacía llamar. Podrían ser gemelas, casi. Dos chicas con la misma cara. Y un oficial de seguridad había venido a visitar a una muchacha que era siempre el segundo lugar.

Tsabin permaneció en la habitación hasta que el droide vino por ella, su mente abierta a todas las posibilidades.

Extracto original en la página Syfy

Publicado por Gorka Salgado

Fan de Star Wars y coleccionista de sus libros, cómics y revistas

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