Segundo extracto de Star Wars Queen’s Peril de E.K. Johnston

Acaba de salir el segundo extracto de la novela Star Wars Queen’s Peril escrita por E.K. Johnston, autora también de la novela Star Wars Queen’s Shadow.

Esta nueva novela nos acerca a Padme en la época cuando se convierte en la Reina Amidala de Naboo y forma su equipo de sombras. La novela sirve a modo de precuela de la anterior novela, Queen’s Shadow, y también del Episodio I ya que conoceremos como se llega a la situación de bloqueo en su planeta de Naboo.

Estaban reunidas las cinco, incluyendo a Tsabin, quien se encontraba de pie detrás del trono. Panaka las presentó a la Reina con la más mínima formalidad al final de la segunda semana de su reinado. Todas hicieron una educada reverencia al acercarse, y Amidala les correspondió con una inclinación de cabeza. Su cara estaba totalmente maquillada para la corte, y su elaborado tocado se extendía a ambos lados de su cabeza. Estaba vestida de manera voluminosa en un color verde, la cual la hacía impersonal y misteriosa. Panaka estaba muy seguro de que no se había movido en varias horas, pero no daba indicaciones de que estuviera perdiendo concentración.

Había sido un largo día con los representantes regionales, había un pronóstico de falta de personal para la temporada de cosecha, y el debate estaba dividido entre traer extranjeros para ayudar con el trabajo, o simplemente comprar comida de otros planetas y dejar que el grano se convirtiera en fertilizante para la próxima estación, todos habían estado ansiosos de terminar las discusiones. Aun así, Amidala estaba sentada con la espalda recta en el trono y miró a cada una de las chicas con detenimiento mientras Panaka las presentaba.

“Rabene Tonsort, talentosa artista y actriz.” La expresión plácida de Rabene indicaba que Panaka había omitido muchas cosas de su biografía. “Eirtama Ballory, científica e ingeniera; Suyan Higin, costurera y fabricante; y Sasha Adoya…”

Panaka titubeó al tiempo que Sasha hacía una reverencia, puesto que era incapaz de calcular exáctamente porqué creía que la muchacha de doce años estaba cualificada para esto, incluso aunque en su mente no cabía duda que lo estaba. Amidala notó su pausa y arriesgó a esbozar una sonrisa, lo cual denotaba más emociones de las que usualmente mostraba en público.

“Gracias, Capitán,” dijo, como si las presentaciones se hubieran completado sin incidentes. “Ha hecho un trabajo encomiable en tan corto tiempo para encontrar a estas excelentes candidatas.”

“Es un privilegio,” dijo Panaka, haciendo una reverencia.

“Nos trasladaremos a la suite para continuar la conversación,” dijo Amidala, hablando directamente a las muchachas. “Hay algunas cosas que debemos discutir.”

Panaka apretó los dientes. Amidala había sido excepcionalmente firme en su negativa a permitir guardias en la suite sin una buena razón, y tenía el presentimiento de que estaba siendo deliberadamente expulsado de la siguiente conversación.

La Reina se levantó y guió al grupo hacia las escaleras. Las muchachas la siguieron hacia las habitaciones, Tsabin cerró la puerta, haciendo su mejor esfuerzo en no reírse ante la expresión de Panaka. En la sala de espera, Amidala les indicó que tomaran asiento, y entonces se encaramó en una silla cerca de la chimenea y se quitó el tocado. Tsabin ya estaba parada a su lado antes de que se terminara de quitar todas las horquillas, y aceptó el tocado sin protestar.

“Sólo déjalo sobre la mesa por ahora,” dijo Amidala. Tsabin así lo hizo y volvió a tomar asiento. Padmé tomó un momento para mover su cabello y miró a las muchachas que Panaka había escogido. Todas eran físicamente similares a ella, excepto Eirtama, quien era rubia, y todas mostraban interés de manera cortés. Ni siquiera Sashah estaba intimidada por la estancia. Padmé estaba impresionada.

“Mi nombre es Padmé,” dijo, como forma de presentación. Quería que la entendieran. “Imagino que el Capitán Panaka les explicó los aspectos peligrosos de este puesto, pero estoy deseando tener algo más en adición que guardaespaldas.”

“No es una adición,” dijo Sashah. Tenía una voz ensoñadora. “Es una expansión.”

“De hecho,” dijo Padmé. “Pero también es una colaboración. Panaka las seleccionó porque tienen talentos que yo no poseo. Quiero usar eso como base para convertirnos en algo más fuerte.”

“No solo seis partes,” dijo Suyan. “Quiere que todas tengamos las habilidades de las demás.”

“Me contrató para enseñarle a mentir,” dijo Rabene. Hablaba con tanta franqueza que Padmé sospechaba que estaba ocultando algo. Eso estaría bien por el momento. Padmé tenía muchos secretos por su parte. “Aparentemente no cree que usted sea suficientemente engañosa, pero comienzo a creer que la ha subestimado.”

Padmé sonrío con modestia. Esto iba mejor de lo que esperaba. Dejarle la elección a Panaka había tenido el riesgo de que escogiera muchachas que fueran talentosas y leales, pero que no fueran compatibles con su estilo y metas particulares. De alguna manera, tanto el capitán como la Reina habían obtenido lo que deseaban: un grupo de doncellas que podían, pensó de forma optimista, evolucionar en una unidad con la que habría que tener cuidado. Asumiendo, por supuesto, que sus personalidades fueran cohesivas. Había una diferencia entre tener ambición y tener compromiso, entre querer servir y formar parte de un todo.

“Padmé y yo hemos comenzado a entrenar juntas en combate,” dijo Tsabin. “Le he enseñado ejercicios de respiración, que le ayudarán a controlar sus reacciones físicas.”

Eirtama se inclinó hacia adelante y levantó el tocado. Aparentemente ella era del tipo de persona que no podía estar con las manos quietas.

“¿Son todos como éste?” preguntó, volteando el tocado para examinar la parte que entraba en contacto con la cabeza de Padmé.

“¿Así de grandes?” replicó Padmé.

“Así de rígidos y desgarbados,” aclaró. “¿Es este un original o una réplica de una pieza histórica? Debe ser tremendamente incómodo.”

“Lo es,” dijo Padmé. “Quiero decir, es original y también incómodo.”

“Puedo diseñar un tocado que se vea idéntico pero que pese solo la mitad,” dijo Eirtama. “Nadie sabrá la diferencia excepto nosotras.”

“Déjame verlo,” dijo Suyan, extendiendo sus manos. Eirtama le pasó el tocado sin pestañear. “Oh, si, podemos mejorarlo. Creo que fue hecho antes de que la seda Karlini fuera importada en masa, no hay motivo para no poder duplicarlo en un estilo más manejable. Este original podría ir a parar a un museo o algo así.”

“También revisaremos sus vestidos,” dijo Eirtama mientras examinaba con ojo crítico la prenda verde que vestía Padme. Suyan asintió. “Esto al menos parece estar hecho con materiales modernos, pero veremos si podemos hacer modificaciones para aumentar el confort y la funcionalidad.”

Tsabin volteó con expectación hacia Sashah, quien aún no había dicho nada que indicara porqué Panaka la había escogido. Padmé tambíen la miró con curiosidad.

“El capitán piensa que trabajamos para él,” dijo Sashah. “Cree que somos una extensión de las Fuerzas Reales de Seguridad. No entiende qué es lo que usted quiere de nosotras. Y creo que sabe algo sobre Rabene que piensa que lo ayudará a controlarla.”

Eso no era un secreto. Rabene se encogió de hombros.

“Cuando dijo que yo era ‘artista y actriz’, se refería a que hago imitaciones de piezas de arte clásico y convenzo a los extranjeros que las compren como si fueran originales,” dijo Rabene tratando de contener la risa. “Dejó fuera la parte en la que soy una hábil intérprete de música. Tenía que escoger algo en la escuela, antes de que me expulsasen, así que escogí…”

“¿El crimen?” rió abiertamente Tsabin. Suyan parecía ligeramente escandalizada, pero incluso ella estaba sonriendo.

“Escogí música porque nunca la usé de manera convencional,” dijo Rabene intencionalmente.

“Por supuesto,” dijo Tsabin.

“¿Te amenazó?” preguntó Padmé. No apoyaría eso.

“No con esas palabras,” dijo Rabene. No sonaba como si Panaka fuera una preocupación para ella. “La escuela no levantó cargos después de que me atraparan, y ninguno de los extranjeros se dio cuenta. Solamente dejó claro que podía hacerme la vida más difícil si decía que no.”

“Le diré que eso fue inapropiado,” prometió Padmé.

“No creo que deba hacerlo,” dijo Rabene. “Al menos, todavía no.”

Las seis permanecieron sentadas, tratando de entender qué quería decir.

“¿Por qué dice que esto es peligroso?” preguntó Suyan. “No ha habido un ataque, directo o indirecto, contra un monarca de Naboo en décadas. Usted es brillante, pero también lo era Sanandrassa, a su manera. También lo han, sido todas las que han sido reinas. ¿Qué cree él que pueda pasar?”

“Honestamente, creo que solo está paranoico,” dijo Padmé. “Era un oficinista en la legislatura cuando era joven, y entonces se convirtió en guardia de seguridad en vez de artista. Se que tiene una relación con el Senador Palpatine, así que probablemente sabe más de política exterior que la mayoría de los otros guardias. Creo que es más bien una corazonada.”

“¿Y ahora?” preguntó Eirtama

“No estoy segura,” titubeó Padmé. “Estamos frente a una escasez de mano de obra para la cosecha, lo cual no es nada nuevo. El debate generalmente va de un lado a otro con respecto a la solución a tomar, pero esta vez la facción que pide traer mano de obra de fuera del planeta es la más fuerte, probablemente porque Sanandrassa estuvo a favor del aislamiento durante su reinado y yo apenas he tenido dos semanas para cambiar las cosas. El Senado Galactico está tratando de cambiar las leyes de impuestos y Naboo se verá definitivamente afectado si se aprueban esas leyes. Pero aún no hay manera de saberlo.”

“Así que la paranoia es una buena dirección” dijo Rabene.

“No quiero que las cosas se salgan de control,” dijo Padmé. “Quiero estar lista para cualquier cosa, por supuesto, pero no quiero tener tanto miedo de mi propia sombra que deje a un lado las partes mías que quieren ser idealistas y optimistas. Es por eso que quería ser reina, en realidad. Para mostrar que Naboo puede tener tradiciones fuertes y ser parte de la comunidad galáctica.”

“Nosotras seremos su sombra,” dijo Sashah.

Padmé las miró una a una. Como había sucedido con Tsabin, ya había decidido que confiaría en ellas. Habían sido honestas con ella, y habían accedido a los términos originales de Panaka, que incluían una promesa de confidencialidad significativa. Todas habían ganado algo y perdido algo para llegar aquí, en este cuarto en el palacio, donde podían planear el futuro de millones, así que eso era un punto en común para formar algo. Cuando Padmé miró a Tsabin a los ojos, la doncella asintió.

“En ese caso, creo que hay algunas precauciones que debemos tomar,” dijo Rabene. “Creo que deberíamos tomar nuevos nombres. Todas ocultaremos secretos a nuestras familias, y a todos en el planeta, y yo soy particularmente notable, después de todo.”

“¿Tienes alguna sugerencia?” preguntó Padmé.

“Usted tuvo que dejar atrás el nombre de Padmé,” dijo Tsabin. “¿Que tal si todas escogemos nombres que suenen similares?”

“Eso sería perfecto,” dijo Rabene. “Les garantizo que cuando mucha gente escuche tantos seguidas nunca serán capaces de recordar cuántas somos, mucho menos saber quién es quién.”

Eirtama claramente tenía objeciones sobre dejar atrás su nombre pero no dijo nada. Padmé se inclinó hacia el frente.

“Ustedes pueden estar en desacuerdo conmigo, mientras estemos en privado,” dijo. “Especialmente cuando estamos teniendo tormentas de ideas.”

“Me gusta mi nombre,” dijo Eirtama después de un corto silencio. “Quiero hacerme famosa algún día, ¿sabe? Construyendo cosas o al menos arreglándolas. No quisiera dejarlo.”

“Tiene que ser todas o ninguna, o esto no va a funcionar,” dijo Rabene. “Y puedes hacer que tu nombre sea famoso después, si realmente lo deseas.”

“Yo…” Eirtama dudó una vez más.

“Es muy extraño, escuchar que alguien te llame por un nuevo nombre,” dijo Padmé. “Me tomó algo de tiempo acostumbrarme. Yo no tuve elección, así que no eligiré por ustedes.”

“El punto es ser invisibles,” dijo Sashah. “Si quieren ser famosas, este no es el trabajos para ustedes.”

Eirtama se enderezó al escuchar la crítica, como si la hubieran desafiado directamente.

“Puedo hacer ambas,” insistió. Se dejó caer en su asiento aceptando, pero no derrotada. “Pero tienes razón acerca de aceptar. No seré la más joven en hacer las cosas, supongo, pero aún puedo ser la mejor.”

Era claro que Eirtama no estaba emocinada, pero el primer obstáculo había sido superado.

“Cuando está maquillada, siempre la llamaremos Su Alteza,” sugiró Suyan, aclarando su garganta para cambiar el tema. Sashah la miró y rápidamente alejó su mirada. “Eso ayudará a establecer límites y nos dejará saber cuando podremos discutir cosas. Incluso si estamos solas.”

“Todas usaremos el maquillaje en algún punto, creo,” dijo Tsabin. “Incluso si es solo como prática.”

“Quien use el maquillaje recibirá el título,” dijo Eirtama. Estaba determinada a ayudar a tomar decisiones, incluso si era solo para asegurarse que eran con las que estaba de acuerdo. Era mejor que nada. “Y practicaremos no estar sorprendidas si algun paje del palacio nos habla.”

“Hablando de pajes,” dijo Sasha. “Creo que yo debería ser una. Necesitará alguien que haga tareas sin levantar sospechas porque la gente está acostumbrada a verla a cada momento. Soy la más pequeña y la que tiene menos posibilidades de ser la Reina. Soy la mejor opción.”

Padmé repasó todas las sugerencias en su mente. Estaban progresando juntas mejor de lo que hubiera esperado, y apenas estaban comenzando.

“Creo que Padmé debería ser una paje, también,” dijo Rabene.

“¿Cómo funcionaría eso?” preguntó Tsabin.

“Si aparece otra muchacha como por arte de magia al lado de la Reina, alguien podría darse cuenta,” dijo Rabene. “La gente debería acostumbrarse a verla. Nadie le pone atención a los pajes.”

“Creo que es contradictorio,” dijo Tsabin. “Pero también creo que tienes razón.”

Panaka nunca lo permitiría. La idea de que Padmé pudiera deambular sola por Theed sería presionar mucho al capitán. Estaba segura de ello. Pero tal vez entendería porqué ese papel sería algo razonable que ella podría interpretar dentro del palacio. Él era una persona razonable y lo que dijo Rabene tenía lógica.

“Le iremos acostumbando,” dijo Sashah, comprendiendo el problema. “Y yo seré la paje principal, de cualquier manera, eso nos ayudará.”

Todas sonreían abiertamente ahora, deleitadas por el ardid que estaban tejiendo, los secretos que guardarían juntas.

“Rabé”, dijo Rabene. “Seré su dama de vestuario, creo.”

Eso le daría acceso a los artículos más personales que protegían a la Reina, sus ropas, joyería y otros accesorios, y le darían una buena razón por la cual estaría siempre cerca. Era perfecto para una oficial de inteligencia.

“Yané,” dijo Suyan. “Estaré a cargo de las relaciones con el personal de palacio y los droides.”

Eso le permitiría estar con las manos metidas en todo lo que sucedía dentro de las murallas. Nadie sospecharía nada fuera de lo normal si de repente se aparecía en la cocina o los jardines para hablar con alguien más acerca de las necesidades de la Reina.

“Eirtaé,” dijo Eirtama. “A cargo de comunicaciones.”

Todos la verían usando todo tipo de tecnología en la mano. No le prestarían atención a lo que estuviera haciendo.

“Saché. La humilde paje.”

Pasaría desapercibida para todos.

Cada muchacha había escogido algo que las haría parecer completamente inofensivas, pero que les permitiría tener funciones adicionales sin que nadie lo notara. Sus habilidades podrían utilizarse sin que nadie se diera la vuelta para verlas.

Padmé sonrió y miró a Tsabin. Su primera doncella. En las dos semanas desde su elección, habían pasado casi cada momento juntas, aunque la mayoría de la gente ni siquiera se había fijado en la presencia de Tsabin. Había ofrecido su opinión sobre varios asuntos, y Padmé estaba comenzando a confiar en el sentido común de Tsabin para mitigar su propio idealismo. Eran amigas, o estaban camino a serlo. Y habían aprendido a navegar el desequilibrio de poder entre ellas. No era perfecto (Sabé parecía evitar a Yané de manera deliberada), pero era un comienzo.

“Yo seré la asistente de todas,” dijo Tsabin. “De esa manera la gente se acostumbrará a que yo cumpla diversos papeles, y que no se preocupen si estoy ausente.”

“¿Y?” preguntó Padmé. Tsabin siempre seguiría las preferencias de otras personas. Lo menos que podían hacer era darle una opción.

Tsabin sonrió.

“Sabé.”

Enlace original del extracto en la página de Polygon.

Publicado por Gorka Salgado

Fan de Star Wars y coleccionista de sus libros, cómics y revistas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: