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  • Ciencia de una Galaxia muy lejana: La explosiva química del Baradio

    Por Diego Manuel Ruiz

    Cuando uno piensa en el uso de explosivos, suele acotar sus ideas en los aspectos bélicos o aquellos típicos del cine de acción. Pero en realidad, una sustancia explosiva puede usarse en otros ámbitos como la minería o la ingeniería (demoliciones, apertura de caminos en zonas rocosas, sellado de fugas de combustible). Y en el caso de la Galaxia de Star Wars las cosas no son muy diferentes, y en esos casos hay varios explosivos, pero ninguno como el baradio.

    Se trata de un compuesto un tanto inestable, capaz de liberar una inmensa cantidad de calor y partículas en una fracción de segundo. En general se lo suele describir como una sustancia de origen sintético, aunque al parecer en ciertas condiciones también puede generase de manera natural; Muestra de ello es su presencia en ciertos lodos naturales descubiertos en los planetas Anobis y Duro en los tiempos posteriores a la Guerra Yuuzhan Vong, según relata el autor Troy Denning en Legacy of the Force: Tempest (leyendas). También miles de años antes en Chelloa, durtante la época de la visita de la Jedi Kerra Hold, los habitantes descubren que la superficie del lugar estaba llena de baradio, como puede verse en el comic de leyendas Caballero Andante #1.

    Como explosivo en el desarrollo minero se lo suele trabajar en la forma de bisulfato de baradio, como fuera ampliamente utilizado durante mucho tiempo para la extracción de thorilidio en el planeta Gorse y su luna. Uno de los encargados de transportarlo era Kanan Jarrus, según puede leerse en la novela (canon) Un Nuevo Despertar de John Jackson Miller (para más información sobre el thorilido y sus particularidades, lo hemos desarrollado en otra nota). Otros cargamentos de baradio (aunque no se aclara en qué forma) se describen en Maul Lockdown de Joe Schreiber, una historia del universo de leyendas, al igual que en Star Wars Republic Commando: Order 66 de Karen Traviss, en donde se menciona la capacidad de dicho material para reducir un pico a escombros, o hacer un agujero lo suficientemente grande como para que se lo trague.

    Sin embargo, su uso como armamento resulta mucho más amplio, e incluso famoso. En el comic (canon) Cazarecompensas #6, Cadeliah, la protegida de Valance menciona que los detonadores térmicos poseen un núcleo de baradio. Y es que gracias a ese uso probablemente se trate del explosivo más utilizado en la saga. Solo contabilizando el uso de detonadores térmicos, hay una inmensidad de situaciones en las que aparecen, comenzando por la icónica escena de Boushh/Leia en el palacio de Jabba durante El Retorno del Jedi. Por otro lado, también utilizan baradio los explosivos usados por Val en Solo – Una Historia de Star Wars durante el robo en Vandor.

    El mecanismo de detonación del baradio involucra una liberación instantánea de energía en la que, debido a una reacción se produce una esfera incandescente en la que el calor producido que vaporiza instantáneamente todo los que se encuentre en su interior. Esto se debe a la formación de un campo exterior de partículas, que encierra esa energía dentro de los límites la esfera, evitando que la explosión se descontrole. El radio depende del tipo de carga; los detonadores térmicos usados por las tropas imperiales tienen una radio de explosión promedio de 5 metros, mientras que los usados por los cazarrecompensas suelen tener un radio mayor, de unos 20 metros, según se nos describe en Star Wars Galaxies: The Ruins of Dantooine de Haden Blackman. Muchas veces también han sido llamados “granadas”, posiblemente por la similitud de su diseño y su mecanismo de activación. Es el caso de la novela (leyendas) El Cortejo de la Princesa Leia, de Dave Wolverton, donde se las utiliza como arma terrorista. También existen detonadores térmicos más potentes, capaces de producir un radio de destrucción mucho mayor, como sucede con los cimientos del enorme Palacio de Xizor en Coruscant en Sombras del Imperio de Steve Perry (leyendas).

    A través de la saga han aparecido otros dispositivos explosivos diferentes que de igual forma utilizan baradio. En Punto de Ruptura de Matthew Stover, se mencionan las “bombas de baradio”, cuando Depa Billaba le reprocha a Mace Windu no haber arrojado una en la arena de Geonosis para evitar el inicio de las Guerras Clon. En la misma época de la historia, las tropas de la República también lo utilizaban en la forma de “cinta térmica detonadora” en Triple Zero otra de las novelas de la saga de leyendas Republic Commando de Karen Traviss.

    Otro de los usos famosos del baradio, aunque en este caso combinado con otra sustancia llamada colapsio son las cargas sísmicas, como la que vemos en El Ataque de los Clones durante el enfrentamiento de Obi-Wan y Jango Fett en el espacio. La combinación de sustancias, junto al diseño de las cargas, logra una onda de destrucción a lo largo de un solo plano que arrasa con todo lo que se encuentra a su paso.

    En cuanto al futuro de las historias de leyendas, el uso de baradio tiene una escalada en lo que respecta al nivel destrucción, apareciendo artefactos con ese material que resultan tan destructivos que se ubican a la par de los efectos de una Estrella de la Muerte. En las últimas grandes sagas literarias de este universo entran en escena los “misiles de baradio”.  Al parecer el autor Troy Denning se ha convertido un experto de poner planetas en peligro con este tipo de armamento, pues aparece en varias de sus novelas como Estrella a Estrella, Legacy of the Force: Invincible, Fate of the Jedi: Abyss y Fate of the Jedi: Vortex.

    Antes de continuar subiendo en el nivel de destrucción, resulta indispensable aclarar algunos conceptos desde el punto de vista científico. En general, los explosivos químicos son sustancias que sufren una transformación química, es decir tiene lugar una reacción, durante una fracción de tiempo muy breve, liberando energía en el proceso, principalmente en la forma de calor y trabajo mecánico de expansión debido a la generación de una inmensa cantidad de gases. La clave en dicho proceso no es la energía en sí, sino el tiempo breve… muy breve.

    La explosión de un kilogramo de un explosivo convencional como la pólvora libera aproximadamente la misma energía que libera un litro de gasolina en un motor de combustión. Eso significa que la energía que produce no es el parámetro más importante para un explosivo, sino la potencia, que se define como la energía puesta en juego por unidad de tiempo. Volviendo al ejemplo pólvora vs. gasolina, ambos generan una energía similar, pero el explosivo lo hace en una fracción de segundo, mientras que un motor lo quema en varios minutos; Como resultado el explosivo es mucho más potente que un combustible.

    ¿A qué se debe la diferencia? Principalmente a la participación del oxígeno en esas transformaciones. Un combustible necesita del oxígeno del aire para reaccionar y generar esa energía. Pero en un explosivo, el oxígeno ya forma parte de la composición interna del material; en la pólvora negra está como nitrato de potasio, y en explosivos altos como nitroglicerina, trinitrotolueno y ciclonita se lo encuentra como parte de los grupos “nitro” dentro de las propias moléculas orgánicas. De esa forma la transformación es virtualmente instantánea, pues no necesitan de la llegada de aire o algún otro comburente.

    En cualquiera de esos casos estamos hablando de explosivos convencionales, o sea aquellos que operan en base a transformaciones químicas, es decir a partir de intercambio o compartición de electrones. Pero también existen los explosivos nucleares, en los cuales no hay una reacción química, sino que la energía que se libera lo hace gracias a transformaciones en los núcleos de los átomos del material. Hoy en día se conocen dos tipos de reacciones nucleares: la fisión (la que aprovechan las bombas A y los reactores nucleares) y la fusión (la que usan las bombas H o termonucleares), y en ambos casos la cantidad de energía (y potencia) que se genera es enormemente superior, lo suficiente como para volar una ciudad o una región en un santiamén.

    Regresando a nuestra galaxia favorita, en algunas de las historias se hace referencia a que esos misiles de baradio tan destructivos, operan a partir de alguna reacción nuclear. Halcón Milenario de James Luceno menciona que se trata de dispositivos de fisión de baradio, e incluso se habla de una fallida misión suicida de la Rebelión para destruir el área de astilleros de Bilbringi. En Dark Nest – The Swarm War (¡nuevamente Troy Denning intentando vendernos baradio!) se habla específicamente de una “ojiva destructora de planetas”, por lo que esa terrible capacidad también sugiere un mecanismo del tipo nuclear para la explosión. Una tercera prueba en este sentido la aporta Tatooine Ghost de un tal Troy “baradio” Denning (!) en la que se habla específicamente que el núcleo de un reactor nuclear se inició con una carga de baradio, y eso solo podría suceder si se trata de una transformación de tipo nuclear.

    Finalmente podemos hacer un análisis del baradio desde el punto de vista de su composición química, aunque en realidad la tarea trae algunos dolores de cabeza. Para comenzar, si bien se mencionó que existe alguna ocurrencia natural del baradio, hay un consenso bastante general de que se trata de una sustancia de origen mayoritariamente sintético (la ocurrencia natural se daría en situaciones particulares). Lo explicitan algunas historias juveniles como Episode 1 Adventures: The Fury of Darth Maul de Ryder Windham, o The Last of the Jedi: Death on Naboo de Jude Watson, en las que algunos personajes mencionan que se trata de un explosivo de origen sintético.

    Por otra parte, algunas fuentes nombran al baradio de una manera que sugiere que forma parte de una sal. La mencionada Un Nuevo Despertar presenta el “bisulfato de baradio”, mientras que la novela Knight Errant de John Jackson Miller (previa al comic ya mencionado) hace lo mismo con el “nitrito de baradio” y la novela infantil Rey’s Survival Guide de Jason Fry habla del “nitrato de baradio”. Eso significa que, tanto en el universo del canon como en el de leyendas, se trata de la contraparte de un anión (una especie con carga eléctrica negativa) y por ende el baradio debe presentar una carga positiva (es decir, un catión). En nuestro mundo existen explosivos que poseen especies salinas (con aniones y cationes en su composición), como la ciclonita (o RDX), el principal componente del explosivo plástico C4, por lo que esa propiedad le daría crédito al baradio galáctico desde el punto de vista de la química.

    Sin embargo, también existen otras fuentes que contradicen un poco la evidencia anterior, sugiriendo un comportamiento más parecido al de los elementos utilizados para las reacciones de fisión nuclear, como el uranio o el plutonio. En el canon, la misma historia de Un Nuevo Despertar habla de la existencia de otra forma, el baradio-357, descrito como si se tratase de un isótopo particular de un elemento. En ese sentido, el baradio no sería un compuesto, sino un elemento en sí mismo, el cual, por el valor de numero másico que presenta, se podría ubicar más allá de los elementos conocidos; sería un elemento superperactínido que, en base a dichas características, podría formar parte del mismo grupo de la Tabla Periódica que el vibranio del universo de Marvel (como puede verse en el siguiente hilo del autor de este artículo). Por otro lado, la mención del uso de “baradio empobrecido” en Estrella a Estrella también sugiere el aprovechamiento de ciertos isótopos. De ser así, estaríamos hablando de un material que operaría mediante una reacción nuclear y no un explosivo químico convencional; de todas formas, la polémica entre los químicos del Imperio continúa. A modo de conclusión, la comunidad científica concuerda en que Troy Denning debería aclararlo en una futura novela.

  • Ciencia de una galaxia muy Lejana: La Estrella de la Muerte

    Por Diego Manuel Ruiz

    No hay una buena aventura, sin un buen vilano. Y no hay un buen villano sin un artilugio que ponga a muchos en peligro. Y en nuestra saga espacial preferida no podía faltar, no uno, sino muchos y variados. Pero comencemos por el primero, el arma más secreta y famosa del Imperio. Como seguramente sabrán o supondrán, hay mucha ciencia detrás de una estación de combate conocida como la Estrella de la Muerte.

    Se trata de una Estación de Combate Orbital grande… muy grande… enorme, de forma esférica, cuya principal finalidad es infundir miedo a la población. Ya sea por los impresionante de sus dimensiones, por la incontable cantidad de tropas, oficiales y vehículos que es capaz de transportar, o por la superarma que contiene, capaz de destruir un planeta en su totalidad.

    El material principal con el que está construida es el duracero y el quadanio, dos aleaciones más resistentes que el acero común, capaces de proteger del daño debido a movimientos bruscos (daño cinético), por lo que su uso principal es como revestimiento defensivo en diferentes locaciones de tipo militar. Está dividida en dos hemisferios, siendo el hemisferio norte destinado casi en su totalidad a una sola función: el superlaser. La zona ecuatorial contiene dos enormes motores sublumínicos, además del hiperimpulsor, que le permite desplazarse rápidamente por la galaxia.

    La historia de la estación difiere según el universo desde el que se la plantee. En Leyendas, hubo varias versiones: por un lado, está la idea original que Raith Sienar expuso a Tarkin, pero el diseño y desarrollo correspondió a un equipo de científicos con nombres como Bevel Lemelisk, Qwi Xux y Tol Sivron, y muchísimos otros especialistas reclutados (voluntariamente o por la fuerza) por el Imperio para desarrollar un prototipo en las instalaciones de Las Fauces. De todo esto dan cuenta dos de las novelas de la Trilogía de la Academia Jedi: La Búsqueda de Jedi y Campeones de la Fuerza, ambas de Kevin J. Anderson.

    En principio esa idea parecía contradecirse con lo que se muestra al final de El Ataque de los Clones y La Venganza de los Sith, pero todo fue resuelto por Michael Reaves y Steve Perry en su obra Death Star, en donde se nos aclara que los diseños originales fueron mejorados por el Separatista Poggle el Menor y que fueron desarrollados por el Imperio en otra parte, a partir del prototipo de Las Fauces. El que vemos al final del Episodio III es finalmente el que conoceremos como Estrella de la Muerte en el Episodio IV.

    En el nuevo canon, la historia está más simplificada; en este universo el diseño original, conocido como Estación de Combate Orbital EM-1, es de los geonosianos, y luego de la derrota de los Separatistas, pasó a control del Imperio (es decir, no hay un prototipo en otra parte de la galaxia). La novela Catalizador de James Luceno transcurre durante este período, en el que Orson Krennic se hace cargo de tamaña empresa.

    El aspecto principal de dicha novela es el avance en el desarrollo del superlaser por parte de Galen Erso, un experto en cristales kyber. El concepto del arma es sencillo: 8 haces láser independientes que se concentran en un mismo punto para formar un único rayo tremendamente potente. Las primeras pruebas de la misma (con un potencia mucho menor) fue sobre la ciudad de Jedha, que puede verse en Rogue One, y luego de eso Tarkin realizó una simulación para poner a prueba la lealtad de los técnicos que la operaban, previo a la destrucción de Alderaan, como se muestra en el comic Era de Rebelión – Villanos.

    Otro aspecto que llegó a genera polémica son las dimensiones de la estación espacial, porque según la fuente que se consulte se obtienen valores diferentes que oscilan entre un diámetro de 120 kilómetros (según la información del juego de rol de West End Games de los noventas), hasta una aproximación de 216 kilómetros (en base a la estimación de uno de los constructores de la maqueta para la película). En ese rango, el valor aceptado a partir de la información del material Star Wars: Vistas en Seccción de Vehículos y Naves y las dimensiones vistas en la película es de 160 kilómetros.

    Como podrán imaginar una estación del tamaño de una luna pequeña requerirá de muchísimos materiales. Tantos que al Imperio le llevó casi dos décadas para finalizarla, dejando sin recursos a un montón de mundos. Varias de esas operaciones fueron apareciendo en diversas novelas, como Thrawn de Timothy Zahn o Un Nuevo Despertar de John Jackson Miller, en general ocultando la finalidad de las cargas a partir del carácter ultrasecreto de la operación (haciéndonos un guiño a los lectores cuando se habla de “cierto proyecto ultrasecreto”).

    Otra gran necesidad para la construcción de tamaño emprendimiento fue la mano de obra. Inicialmente se realizó por parte de los geonosianos. Pero a medida que el totalitarismo imperial fue avanzando en la galaxia, también comenzó a esclavizar a muchas otras especies para trabajar en la construcción. Entre ellos, los más famosos fueron los wookies, un hecho que se ilustra tanto en novelas de leyendas como en las del canon. Un ejemplo de cada una es la invasión de Kashyyk en Darth Vader – El Señor Oscuro de James Luceno, y el rescate de los wookies esclavizados y encarcelados en Consecuencias – Deuda de Vida, de Chuck Wendig).

    Finalmente tenemos el destino final de la Estrella de la Muerte, a manos del joven piloto Luke Skywalker quien logró destruirla de un solo disparo de su Ala-X contra una exclusa de ventilación del sistema del superláser, gracias a que los rebeldes consiguieron con mucho esfuerzo los planos de la estación.  Siempre se criticó y broméo sobre la debilidad que permitió su destrucción, por tratarse de algo simple de solucionar desde su diseño. En ese sentido Rogue One (y su novelización) lo muestra como una falla introducida a propósito por Galen Erso para que su destrucción fuese posible, “una falla tan pequeña y poderosa que jamás la encontrarán”.

    En cuanto al robo de los planos tenemos diferentes versiones según en universo que analicemos. La versión canon es la que nos relata Rogue One, que vendría a ser la biblia en lo que a Estrella de la Muerte se refiere. Por el lado de Leyendas, la versión más aceptada es la de la novela Dark Forces – Soldier for the Empire de William C. Dietz en donde es Kyle Katarn quien robó los planos de un laboratorio en Danuta.

    Pero también existe otra posibilidad, que la destrucción no haya sido a causa del disparo de Luke, sino de una falla en el mecanismo del superláser que tuvo lugar precisamente en ese momento. Según el libro de relatos Historias de una galaxia muy lejana, Aliens, fue Bobbajo, uno de los alien que aparece en Jakku en el Despertar de la Fuerza, quien dice haber atascado el superlaser junto a sus criaturas mascota, al inhabilitar los circuitos de control. El relato “Todas las criaturas grandes y pequeñas” de Landry Q. Walker, da cuenta del suceso.

    Pero eso no es todo, pues si hablamos de relatos alternativos, nada mejor que el comic Infinitos – Una Nueva Esperanza (entiendo que en este caso hablar de Leyendas o canon no tiene sentido) para mostrarnos como, a consecuencia del fallido disparo de Luke contra la Estrella de la Muerte, tiene lugar toda una serie de eventos alternos en la que la estación sobrevive, el Imperio aleja la rebelión y, varios años después la estación, rebautizada “La Estrella de la Justicia” es secuestrada por Yoda, quien la estrella contra Coruscant, acabando con Palpatine y su Imperio.

    Bueno, y ahora recapitulemos y volvamos a nuestra realidad. ¿Es posible y factible una estación espacial de las dimensiones de la Estrella de la Muerte?  Hay tres aspectos para analizar: En primer lugar, los materiales; según las estimaciones se necesitaría casi un millón de años para juntar la cantidad de acero suficiente. Si otras civilizaciones nos ayudaran, y ponen sus recursos a disposición, el tiempo se reduciría a miles de años. En ese sentido punto para el Imperio: lo logró en menos de 20 años con gran parte de toda una galaxia a su disposición.

    Otro aspecto es el transporte de todo ese material hacia el punto del espacio donde se construiría. Brian Muirhead, el Ingeniero jefe del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA sugiere que sería mucho más económico usar como base para la construcción un planeta o un asteroide.

    El tercer aspecto es el económico. En nuestro planeta, la construcción de la Estación Espacial Internacional (ISS), el segundo proyecto más costoso de la historia de la humanidad, insumió 150 billones de dólares, tiene un poco más de 20 años y la máxima tripulación que tuvo es 11 personas. La estimación solamente para el transporte del material de una estrella de la muerte al espacio se estima que insumiría alrededor de 20 trillones de dólares. Según el libro de referencia Star Wars: Absolutamente Todo Lo Que Necesitas Saber de Adam Bray, Kerrie Dougherty, Cole Horton y Michael Kogge la construcción de la Estrella de la Muerte insumió cerca de 1 trillón de créditos galácticos.

    Otro problema que se nos presenta es la masa de la estación. Al tener el tamaño de una Luna, probablemente se vería atraída por los grandes cuerpos celestes (planetas, lunas o estrellas) a los que se acerque, debido a que la fuerza de atracción gravitatoria depende de la cantidad de materia que contienen los cuerpos que se atraen y la distancia entre ellos. 

    Para finalizar queda el “asunto” del superlaser capaz de destruir un planeta. El término láser es un acrónimo: Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation (Luz amplificada por emisión de radiación estimulada), en el cual gracias a un efecto de la mecánica cuántica se genera un haz de luz coherente (con un campo eléctrico uniforme) a partir un medio especial que será el que transmita el haz. Ese medio usualmente es un gas o un cristal, por lo que la propuesta de usar cristales kyber es acertada. En la actualidad, un láser de estado sólido de neodimio es capaz de lograr temperaturas de cientos de millones de grados (en la escala que se les ocurra), es decir las condiciones que existen en el interior de una estrella. De hecho, mediante espejos se concentran varios haces en un único punto, donde se vaporiza una sustancia que tiene isótopos del hidrógeno (como deuterio o tritio) que, al colapsar, libera grandes cantidades de energía, pero ni se acerca a las magnitudes necesarias para lograr lo mismo que la superarma imperial.

    Otro detalle imposible es que varios haces laser converjan formando uno solo. La luz viaja siempre en línea recta, y los rayos no pueden cambiar su dirección y unificarse (prueben hacerlo con una linterna o un puntero). Lo que sí es posible, como se vio en el ejemplo anterior, es que todos los haces se dirijan a un mismo punto.

    Y finalmente entra en discusión un hecho importante: un rayo láser, por más potente que sea, no va a lograr explotar un planeta desde el interior, como sucede con Alderaan; para eso sería más efectivo colocar miles de bombas termonucleares en el interior del planeta (algo que con la tecnología actual es imposible de lograr).

    El físico y divulgador Michio Kaku, en su libro Física de los Imposible en el que, entre otras, aborda la problemática de construir una Estrella de la Muerte, aporta otra opción a partir de una idea del científico Edward Teller: sería un láser de Rayos X, que utiliza un arma nuclear para liberar los rayos, los cuales se concentran en varillas de cobre, que son el medio que genera el haz del laser, el cual podría usarse para activar una bomba termonuclear. De hecho, en 1983 se hizo un ensayo en Estados Unidos, cuyos resultados dudosos fueron suficientes para que el Presidente Reagan propusiera la creación de un escudo defensivo de estos dispositivos: ¿el nombre del proyecto? “Star Wars”.

  • Ciencia de una Galaxia muy lejana: El Thorilidio

    Hay muchos minerales que son indispensables y tienen aplicaciones muy variadas, por lo que su uso y su extracción son siempre continuos. Pero hay otros que pasan a ser necesarios para fines específicos, en tiempos particulares, como lo son los tiempos de guerra. En esas situaciones la explotación de ese tipo materiales pasa a tener una demanda enorme. Es el caso del thorilidio.

    El thorilidio, también llamado thorilide en algunas traducciones, es un material sólido que, si bien originalmente se encuentra en una forma cristalina bastante pura, suele ser mucho más útil en forma procesada.

    El uso principal de este material se debe a su enorme capacidad de absorción de golpes y vibraciones. Se trata de una cualidad que aparece cuando se encuentra en forma granulada, lo que permite que la enorme cantidad de partículas independientes absorba y reduzca todo tipo de fuerzas. Eso condujo a que su uso principal sea como material amortiguador de los cañones turboláser, en particular en embarcaciones de gran tamaño.

    Originalmente se lo extrajo exclusivamente de ciertos cometas ricos en tholidio. Precisamente se nos muestra una operación minera de este tipo en una época antigua de guerra galáctica en el comic Caballeros de la Antigua República #43 (Leyendas), donde el joven Zayne Carrick se infiltra en una organización dedicada a usar esclavos para extraer este mineral en una inestable región de cometas.

    Para la época del ascenso del Imperio de Palpatine, este tipo de cometas ya eran algo muy raro, por lo que los pocos mundos en los que se hallaba el material pasaron a ser explotados casi sin reparos, dada la enorme demanda de armas de gran calibre para sus bases, destructores estelares y… cierto proyecto supersecreto del tamaño de una luna. 

    El sistema más conocido por su riqueza en thorilidio es el planeta Gorse, que junto con su satélite Cynda, poseen una enorme extensión de cavernas cristalinas constituidas por este mineral; de hecho, sus reservas se estimaron como para unos 2000 años de explotación. Este contexto de explotación minera de ambos mundos es el que se nos presenta en la primera novela editada en el nuevo canon, Un Nuevo Despertar, de John Jackson Miller, en la que Kanan Jarrus se desempeña como transportista de thorilidio y en donde la relevancia estratégica de este material contribuye a su primer encuentro (histórico, por cierto) con la rebelde Hera Syndulla.

    La importancia del thorilidio para el Imperio también aparece retratada en otras dos novelas del canon actual: En Battlefront – Compañía Crepúsculo de Alexander Freed se hace mención a la importancia del material como recurso indispensable, en este caso bajo la responsabilidad del General Veers en el Sistema Rimma. Pero hay otro alto oficial, el Gran Almirante Thrawn, que descubre el robo de amortiguadores de thorilidio en Thrawn – Traición, la tercera parte de la primera trilogía canon de Timothy Zahn.

    La extracción de thorilidio, como suele suceder con cualquier tipo de explotación minera a gran escala (sea en una galaxia lejana, o en nuestro planeta) tiene un enorme impacto ambiental. La explotación por parte del Imperio llegó a diezmar a muchos de los planetas con vetas minerales, como el mundo de los Squamatan. Aunque también en algunos planetas las especies nativas lograron disuadir al Imperio de su explotación, como es el caso de Spalex. Todo esto se nos relata en los números #7, #17 y #18 de la serie de comics (canon) de Poe Dameron, en donde ahora es la Primera Orden quien emprende la búsqueda y explotación de los recursos de thorilidio.

    Para proceder a la extracción del mineral es necesario usar explosivos, siendo el más habitual en estos casos el bisulfato de baradio (esta operación debe realizarse con cuidado, evitando que los cristales se fragmenten en partículas demasiado pequeñas, pues se perdería su efecto útil). Luego de su extracción, el material debe ser procesado en refinerías para lograr la forma granulada que le otorga su propiedad anti-shock. Para eso, la forma cristalina del thorilidio es sumergida en grandes estanques de ácido xenobórico para obtener la calidad adecuada.

    Ahora vayamos a la ciencia en el mundo real asociada a estos conceptos. Se llama amortiguación a la capacidad que tiene cualquier sistema (cualquiera: puede ser mecánico, biológico, etc.) de disipar la energía de movimiento (energía cinética), transformándola en otra forma de energía. Generalmente la suelen disipar en forma de calor o en energía interna de las moléculas del material, atenuando de esa forma el impacto.

    Básicamente se trata de que la fuerza que recibe, gracias a la presencia del amortiguador, vaya disminuyendo lo mejor posible. La forma de lograrlo depende de cuál sea el mecanismo para lograr esa atenuación; hay tres mecanismos posibles:

    • Utilizando un fluído (por ejemplo, los amortiguadores hidráulicos).
    • Mediante la fricción con otra superficie.
    • Aprovechando la tensión interna de organización de las moléculas del material.

    El uso del thorilidio sería un ejemplo de esta última situación, con el agregado de que en este caso la absorción de fuerzas se potencia debido a que se trata de un material granulado. Entonces a las fuerzas de la organización molecular, podemos sumar la interacción entre los gránulos y los pequeños huecos entre ellos, que permiten acomodarse y reacomodarse cada vez que reciben un impacto. Si bien no es algo que hayan pensado mucho los Jedi, el uso de thorilidio es, a fin de cuentas, otra forma de lograr que las fuerzas nos acompañen.