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  • Ciencia de una Galaxia muy lejana: Invisibilidad

    No hay dudas a esta altura que vemos Star Wars porque tiene cosas nos gustan, nos interesan y nos apasionan. Sin embargo, en esta ocasión vamos a hablar de lo que no puede verse, de la invisibilidad que hay presente en distintos momentos de la saga.

    Al principio puede resultar llamativo, e incluso no asociar esa característica al Universo de Star Wars, pero, a decir verdad, aparecen diversas situaciones en las que de una u otra forma está presente. Y es que antes de comenzar a ver algunos ejemplos, necesitamos aclarar ciertos conceptos científicos.

    Cuando hablamos de “invisibilidad” nos referimos a una cualidad que posee un objeto que le permite interferir de algún modo con la luz de manera de que no resulte visible para un observador. Y en general, gracias al cine y la literatura, con obras como El Hombre Invisible o Harry Potter, el concepto solemos tenerlo en claro. En el ámbito del séptimo arte, también podemos hablar de los casos en que las películas son “in-visibles”, es decir, aquellas que son imposibles de ver por lo malas o aburridas, aunque no se traten de seres que no pueden ser vistos (no es justo hacer menciones porque el gusto de los espectadores es muy variado, pero hay bastante consenso en que un ejemplo de estos sería el Holiday Special de 1978).

    Pero hay algo más que debemos considerar de antemano: el espectro electromagnético. Cuando hablamos cotidianamente de “luz”, generalmente se está haciendo referencia a un rango muy pequeño de frecuencias del espectro electromagnético, el cual es capaz de ser percibido por el ojo humano. Eso quiere decir que hay otras frecuencias que no podemos percibir con nuestra vista, como los rayos X, el ultravioleta, el infrarrojo, las microondas y las ondas de radio.

    Y es que muchas veces puede evitarse la detección de algunas frecuencias no-visibles de ese espectro, resultando estas “invisibles” para los detectores capaces de recibirlas, aunque en término correcto sería “indetectables”, como suele suceder con los aviones-caza furtivos (stealth) que resultan indetectables para un radar, pero podrían verse a simple vista. Aclarado ese caso, veamos algunas situaciones de invisibilidad o furtividad que podemos hallar en la saga…

    En primer lugar, tenemos varias situaciones publicadas en diversos medios en las que la invisibilidad surge naturalmente por una cuestión biológica, que podríamos asemejar al mimetismo que tienen aquí en la Tierra algunos animales como el camaleón, o algunos pulpos. Sería el caso de las Lagartijas invisibles de Tatooine que aparecen en algunos niveles del juego Super Star Wars: Return of the Jedi de 1994.

    Por el lado del reino vegetal tenemos la planta de raíz de sombra (shadowroot) de la Luna-Bosque de Endor, a partir de cuya raíz se produce un jabón que tiene la particularidad de hacer invisible todo los que cubre con su espuma. Todo esto se relata en el episodio The Haunted Village (Ep 1×02) de la serie animada Ewoks, que además fue adaptado como cuento infantil con el mismo nombre en 1987.

    Siguiendo esta línea biológica, podemos suponer que los benditos midiclorianos también son capaces de promover la invisibildad a través de la Fuerza, visto que en varias situaciones algunos usuarios de la Fuerza han logrado ocultarse mediante este tipo de técnicas. Básicamente hay dos mecanismos diferentes para lograrlo: por un lado, tenemos el “Camuflaje de la Fuerza”, según en cual el usuario altera la luz y las ondas sonoras que lo rodean, logrando que los demás no puedan verlo; es el caso de la Jedi Juhani en el juego Caballeros de la Antigua República.

    Por otra parte, la otra técnica Jedi no modifica la luz, sino que consiste en sacar de la mente de los demás todo vestigio de su presencia, por lo que entraría en la categoría “truco mental”.  Esta situación no es la más utilizada, pues implica un gran gasto de energía para el usuario, y al no lograr modificar la luz puede seguir siendo detectado por droides u otros sensores. Una muestra de esta técnica es la que usa Lomi Plo en la novela Dark Nest II: The Unseen Queen de Troy Denning.

    En general, todas las situaciones de invisibilidad planteadas aparecen en distintos medios en historias correspondientes al antiguo Universo Expandido (actual Leyendas), quedando en el actual canon ciertas situaciones que están sujetas a discusión, como el supuesto uso de la técnica por parte de Darth Vader antes de la mítica pelea con Luke en Bespin al final de El Imperio Contraataca, o también el caso de Ahsoka durante el combate con los guardias en el bosque en el capítulo The Jedi de la segunda temporada de The Mandalorian.

    Diferente es la situación en lo que respecta a la tecnología furtiva para hacer invisible un vehículo o locación frente a un detector de cierta frecuencia del espectro electromagnético, pues aparece en diferentes situaciones y tecnologías, tanto en Leyendas como en el nuevo canon.

    En general esta tecnología se basa en el efecto de ciertos minerales capaces de evitar la detección, como por ejemplo las sales de estigio (en inglés stygium), un mineral tan raro que solo se conoce su presencia en dos mundos de toda la galaxia: Aeten II y Maramere. El primero de ellos en la fuente de la tecnología de cazas invisibles Phantom TIE que aparece en otro videojuego: Rebel Asault 2, mientras que el segundo tiene su veta en la llamada Isla Invisible, llamada así por resultar indetectable para los escáneres precisamente por la presencia de los cristales de estigio, según se relata en el comic Starfighter: Crossbones #2 y #3. Ejemplos que aprovechan la tecnología de estigio son la Punta Carroña (Carrion Spike), la nave personal de Moff Tarkin en Tarkin de James Luceno, o el Infiltrador Sith de Darth Maul en La Amenaza Fantasma.

    Para la época de la Trilogía original de Thrawn (Heredero del Imperio, El Resurgir de la Fuerza Oscura y La Ultima Orden) de Timothy Zahn, presumiblemente a causa de la escasez del mineral, se utilizaban en diversos vehículos unos dispositivos híbridos que aprovechaban una tecnología más pobre, desarrollada en el Monte Tantiss, la cual impedía ver hacia fuera a quienes estaban en el interior del manto de ocultación. El mismo autor volvió a utilizarlo en un Destructor Estelar en Specter of the Past.

    Por otro lado, tenemos un material diferente: el reflec. Se trata de un polímero artificial que tiene la propiedad de interferir en las señales electromagnéticas, impidiendo de esta forma ser detectado en diferente tipo de sensores. Es el material con el que están recubiertas las armaduras de los Deathtroopers que aparecen en Rogue One y varias otras historias, como por ejemplo el número 8 del comic de Poe Dameron.

    Y para finalizar con la saga, tenemos los escudos de invisibilidad, que aprovechan generadores cuyo campo electromagnético es capaz de desviar la luz para impedir que se vea lo que hay del otro lado, como los que utilizan las fuerzas opositoras del planeta Pijal en Maestro de Aprendiz de Claudia Gray.

    Ahora que vimos lo que puede lograr la tecnología y las artes Jedi en la saga, vale preguntarnos ¿Es posible hacer algo invisible en nuestra realidad?

    En primer lugar, existen algunos trucos con espejos, cámaras o efectos prácticos que simulan hacer “desaparecer” a una persona o un objeto pero que son propios del ilusionismo, pues no lo hacen desaparecen realmente, sino que solo nos genera la sensación de que el efecto ocurre en la realidad. Un caso similar es el efecto del mimetismo, en el que una persona u objeto se confunde tanto con el ambiente o se oculta de modo que deja de reconocerse, aunque tampoco desaparece de la vista.

    Pero en el campo estrictamente científico de la verdadera invisibilidad, en la actualidad se está comenzando a trabajar con algunos materiales que, al recubrir un objeto, permiten que la luz los atraviese, de manera que pueda percibirse lo que hay debajo de éstos. El resultado efectivo es que el objeto en sí mismo no se ve. Se han realizado experimentos con éxito en 2006 en la Universidad de Duke, California, utilizando estos metamateriales (sí, así es como se los llama), solo que a escalas de dimensiones muy pequeñas (tan pequeñas que no pueden percibirse a simple vista, por lo que para nosotros que lo vemos desde el llano no eran visibles desde el principio).

    Sin embargo, la perseverancia de ese grupo de investigación permitió que en 2012 construyera a partir de esos materiales un “manto” con forma romboide que permite desviar la luz alrededor de un cilindro de 1 centímetro de alto y 7,5 cm de ancho sin que hubiera reflexiones. ¡Todo un éxito!

    Estos metamateriales poseen características ópticas poco usuales en la naturaleza. Su diseño se basa en la inserción en una substancia de implantes que crucen que las ondas que componen la luz visible se curve de formas poco usuales. En general están fabricados con plásticos que contienen elementos como cobre, plata, u otros metales organizados en forma de patrones que se repiten como en una serie de baldosas.  Otra forma de crear este tipo de tecnologías es mediante una técnica llamada fotolitografía, que aprovecha la nanotecnología de materiales.

    Uno de los usos que podría darse a este tipo de invisibilidad son los mantos de inhibición sísmica que permiten proteger edificios de los terremotos, al estar construidos con materiales capaces de desviar las ondas sísmicas y así evitar que afecten a los inmuebles.

    Por otro lado, un grupo de investigadores del Instituto Nacional de la Investigación Científica (INRS) de Montreal, Canadá aprovecha la interacción entre distintas frecuencias de luz para lograr que un objeto refleje solo la luz verde.  Si se modifican, se logran cambian temporalmente las frecuencias del verde al azul y nuevamente al verde, utilizando unos filtros especiales y el resultado es que el ojo humano deja de ver al objeto. Esto podría tener aplicación para las empresas de telecomunicaciones, las cuales podrían utilizar ciertas frecuencias en las redes de fibra óptica de manera de lograr hacer invisibles los datos, logrando una seguridad muy superior.

    Otro ejemplo lo tiene la empresa canadiense Hyperstealth Biotechnology, que desarrolló un material llamado “quantum stealth” que oculta el espectro de luz visible y también parte del ultravioleta e infrarrojo, de tal modo que también bloquea el espectro térmico. Esta tecnología tiene un futuro enorme en el campo militar. Algo similar se está desarrollando en la Universidad de Zhejiang (China), donde se está trabajando en un dispositivo que evita que los objetos sean detectados por los sensores de calor y detectores de metales (básicamente han inventado el reflec).

    También en la Universidad de Manchester (Reino Unido), los científicos ha desarrollado un camuflaje térmico a base de grafeno, nylon y oro, capaz de hacer invisible a las cámaras de visión nocturna a la persona que lo lleva.

    En lo que respecta a las tecnologías furtivas, también llamadas “muy baja detectabilidad” se trata de una serie de diferentes estrategias, generalmente usadas en aviones y barcos, que permiten hacerles menos visibles al radar. De esta forma, el diseño de algunos factores como la forma de los aviones, el uso de materiales no metálicos para el casco, las pinturas radar-absorbentes y las tecnologías para reducir otros patrones de emisiones como la infrarroja o ruido, han permitdo la creación de aeronaves como el F-117 Nighthawk, el F-22 Raptor, el YF-23 Black Widow II o el bombardero B-2 Spirit. En fin, lo más cercano que tenemos a un Ala-X hasta el momento.

    Algunos especialistas estiman que no falta demasiado tiempo para lograr fabricar una fibra capaz de desviar la luz visible alrededor de una persona. A fin de cuentas, resulta que la realidad y la ciencia están cada vez más cerca del mágico manto de Harry Potter…

    Finalmente comparto una imagen del encuentro científico entre el autor de esta nota y un experto en invisibilidad en las Cataratas del Iguazú…

  • Ciencia de una galaxia muy lejana: El oro y el aurodio, riqueza y metalurgia galáctica

    Por Diego Manuel Ruiz

    Cuando hablamos de elementos de valor, tanto en la vida cotidiana como en la economía global, uno de los elementos a los que nos remitimos con total seguridad es el oro. Ya sea por su uso monetario u ornamental, este metal tiene un costo elevado y es sinónimo de valor, ostentación o riqueza.

    Las razones por las cuales este elemento resulta tan valioso son varias, pero ciertamente se debe a una combinación de cuatro: la poca abundancia del metal en nuestro mundo, la dificultad para extraerlo, la gran estabilidad del material (no se oxida ni corroe fácilmente), y el particular color dorado que posee.

    Entre las propiedades más particulares del oro se conoce que se trata de un metal ampliamente usado en aleaciones, que es altamente dúctil y maleable (puede aplastarse hasta un espesor de 0,00013 centímetros) y que es un excelente conductor térmico y eléctrico (mucho mejor incluso que el cobre). Químicamente se lo considera un metal noble, pues no reacciona prácticamente con nada: ni el aire, la sal, el agua u otros agentes abrasivos; de hecho, para poder disolverlo se necesita una mezcla de los ácidos nítrico y clorhídrico que se llama “agua regia” justamente por esa capacidad.

    Pero además de ciencia aquí estamos para hablar de Star Wars y en la saga también tiene gran presencia este metal. Desde lo cinematográfico tenemos un par de situaciones muy importantes en las que el oro tiene su presencia: por un lado, vemos los dados de Han Solo, que obtiene en Han Solo: Una Historia de Star Wars, y que luego lleva el Halcón Milenario en Una Nueva Esperanza y en la trilogía de secuelas. Por el otro tenemos a C-3PO, el droide de protocolo dorado, que más de una vez fue llamado “barra de oro”, más allá del debate que se genera en relación al material. Algunos libros como la novelización juvenil de Una Nueva Esperanza de Ryder Wyndham mencionan específicamente que el droide estaba enchapado en oro; pero también otros libros con especificaciones técnicas, como por ejemplo Rebels: La Guía Visual de Adam Bray, señalan que el material con el que está recubierto es el cromo, lo que no explicaría el color dorado pues, al menos en la Tierra, el cromo no otorga esos tonos, sino plateados muy brillantes, como ya se exploró en otra nota.

    En general, los usos que se le dan al oro en las historias de la galaxia, tanto para las de leyendas, como las del nuevo canon, son similares a los que les damos nosotros, por lo que aparece con un uso ornamental en lo arquitectónico en la forma de puertas bañadas en oro (Knight Errant de John Jackson Miller), tarimas para los Hutt (Maestro y Aprendiz de Claudia Gray), fuentes de mármol veteado con el metal (Republic Commando – Triple Zero de Karen Traviss), enormes lámparas de araña (Aventuras en el Espacio Salvaje – El Nido de Tom Huddleston) y hasta la lujosa cama de madera con incrustaciones de líneas delgadas y curvas de oro y plata puros que usaba Leia en su adolescencia (Leia, Princesa de Alderaan de Claudia Gray).

    También coincide el uso del oro galáctico en bijouterie y decoración personal, como el típico uso de anillos (Qordis ostenta varios en Darth Bane: Camino de Destrucción de Drew Karpyshyn, y un personaje usa anillos en los tentáculos de su barba en Escuadrón Alfabeto de Alexander Freed), o los aros (como se menciona en Hijos de los Jedi de Barbara Hambly o Aventuras en el Espacio Salvaje – El Robo de Cavan Scott) o incluso piercings (o como se diga en básico) en El Más Buscado de Rae Carson o las hebillas/pasadores para el pelo del mismo material (Legacy of the Force: Revelation de Karen Traviss); tampoco faltan las típicas cadenas de oro (Legacy of the Force: Sacrifice, también de Traviss), o los colgantes como el medallón de oro pálido haysiano que tienen las hermanas Paige en Los Últimos Jedi. En este apartado también tenemos varias medallas de oro muy represantivas en la saga, como la que reciben Luke, Han y Chewbacca en Yavin al final del Episodio 4, según se menciona en La Huida del Contrabandista de Greg Rucka, o el medallón que usa Mon Mothma en El Retorno del Jedi (según se aclara en la novelización juvenil de Ryder Wyndham).

    También se lo ha usado en vestimentas ostentosas, generalmente en la forma de hilo o pequeños ornamentos. Tenemos como ejemplo el uso por parte de los miembros del Clan Bancario intergaláctico de vestidos de oro y de plastiacero plateado en Boba Fett – Maze of Deception, de Elizabeth Hand, mientras que en Linaje / Lineas de Sangre de Claudia Gray se hace referencia a una persona cuyo vestido de oro combinaba con su trono.

    En lo que respecta al uso tecnológico de este metal, en general se basa en la destacada conductividad eléctrica, lo que permite un mayor rendimiento como conductor en diferentes circuitos. En Thrawn: Alianzas de Timothy Zahn, el protagonista junto a Anakin Skywalker mencionan que el oro con el que se encuentran está destinado a la fabricación de droides, y que el material se destina (gracias a la ductilidad y maleabilidad que ya mencionamos) para elaborar alambre o partes de módulos de circuitos de alto desempeño. También en Los Hijos de los Jedi, Han y Chewie mencionan que los droides APD utilizaban conductores de oro. Ni hablar del uso como conductor del collar de oro pálido haysiano que hace DJ en el Episodio 8. Otro uso tecnológico, aunque en este caso es más un lujo, es el enchapado con oro, como el que se percibe el un limospeeder de oro en la lujosa Cantónica en el cuento “Hear Nothing, See Nothing, Say Nothing” de Rae Carson en la antología Canto Bight.

    También podemos notar que el oro se utiliza en la saga galáctica como elemento de respaldo de dinero (en este caso de créditos de la República) Existen varias referencias a lo valioso que se considera este metal: 

    • “Necesitarían estar chapados en oro para que valga la pena” (Republic Commando – True Colors de Karen Traviss).
    • “Si los bancos eran tan ricos ¿se darían cuenta si desaparecían algunas barras de oro?” (Boba Fett – Maze of Deception de Elizabeth Hand).
    • “No estaba chapada en oro, pero estaba esperando ver algunas pruebas de falta de austeridad” (Legacy of the Force: Sacrifice de Karen Traviss).

    “Créditos,  oro, tesoro…” (The Clone Wars: Historias de Luz y Oscuridad, en el cuento “La Hermana de la Noche Perdida” de Zoraida Córdova)

    Incluso en algunos mundos sigue usándose como moneda de cambio, como puede leerse en Star Wars Galaxy’s Edge – Un Golpe del Destino de Zoraida Cordova, donde la protagonista se topa con las típicas monedas circulares de oro)

    Incluso existen unidades específicas en la galaxia para indicar la cantidad de oro. Más allá de que se use en forma de lingotes (que no tienen un peso exacto definido), en este caso existe el peggat, una especie de moneda huttés fabricada en oro que se utilizó en los territorios del Borde Exterior durante las últimas décadas de la República; se lo menciona en varias historias tanto del nuevo canon como de leyendas como Battlefront – Compañía Crepúsculo de Alexander Freed, o Tatooine Ghost de Troy Denning. La wookiepedia estima el valor de un peggat en 10 créditos por gramo, por lo que si comparamos con el valor actual del metal aquí en la Tierra (cerca de 50 Euros el gramo), logramos obtener una conversión entre la moneda de cambio galáctico con la nuestra, resultando que 1 crédito equivale a 5 euros, siempre teniendo en cuenta que la abundancia y disponibilidad del oro en la galaxia sea la misma que aquí (y que no exista devaluación en una galaxia muy, muy lejana).

    Y ya que mencionamos el acceso al oro, no se mencionan demasiados yacimientos de ese metal; de hecho, la única mención ocurre en la novelización juvenil de Los Últimos Jedi de Michael Kogge, en donde Rose menciona que ella y su hermana crecieron en una mina muy pobre porque la Primera Orden robó todo el oro para financiar su ejército.

    Pero eso no es todo en la galaxia, porque también en muchas historias aparece otro metal dorado llamado aurodio (o aurodium en inglés) que tiene las mismas propiedades e incluso se le hace la misma valoración en cuanto a que se trata de un metal noble y ostentoso, por lo que surge el interrogante sobre si el aurodio y el oro son el mismo metal o no.

    En primer lugar podría pensarse que, como sucedió con la denominación de algunos materiales, el cambio de denominación ocurrió cuando se reinició la línea de tiempo en el nuevo canon; pero como ya vimos, ese canon está plagado de menciones al oro, además del aurodio; por otra parte, la primera aparición del aurodio tuvo lugar en El Planeta Misterioso de Greg Bear, una novela que data de 1999 y por lo tanto perteneciente al actual universo de leyendas.

    Como eso no ayuda a aclararlo, podemos analizar los diferentes usos que se le dan al aurodio para ver si muestra alguna propiedad particular que nos permita diferenciarlo del oro: En cuanto al uso arquitectónico aparece un par de puertas de aurodio cinceladas en Legacy of the Force: Inferno de Troy Denning, o también el podio de la Rotonda del Senado que se menciona en Halcón Milenario de James Luceno, donde se menciona que «está hecho de aurodio, oricalco y coruscantio«.

    Desde un punto de vista ornamental, el aurodio se ha usado en el diseño de algunos sables de luz, como el de Cal Kestis en el juego Jedi: Fallen Order, o el del mismísimo Darth Sidious, el que, según la novela Darth Plagueis de James Luceno y el libro Sables de Luz de Daniel Wallace, tiene una empuñadura de una aleación de phrik y aurodio.

    Desde el punto de vista decorativo tenemos el trofeo de aurodio de Kaz en la serie Resistencia,  y en varios elementos personales que se muestran en el cine como los aros de Leia que se mencionan en Star Wars: The Last Jedi: The Visual Dictionary, o incluso anillos como los de Lando (Star Wars: The Rise of Skywalker: The Visual Dictionary) o Dryden Vos (Solo: A Star Wars Story: Expanded Edition de Mur Lafferty); incluso en Fate of the Jedi: Vortex, de Troy Denning, se menciona una corona de aurodio.

    Al igual que el oro, también aparecen menciones a la vestimenta conteniendo aurodio, como la vestimenta de Snoke en la novelización juvenil de Los Ultimos Jedi, o las botas de aurodio que usaría una persona rica para ostentar según The Last of the Jedi: A Tangled Web de Jude Watson.

    Lógicamente, al tratarse de un metal muy costoso, el aurodio también sirve como elemento de valor, de modo que se ha visto su uso como moneda de cambio en varias novelas como Darth Vader: El Señor Oscuro y Darth Plagueis, ambas de de James Luceno, e incluso aparece en la forma de cabujones en The Last Jedi de Michael Reaves y Maya Kaathryn Bohnhoff.

    Sin embargo, la forma más habitual en el que se nos presentan las riquezas acumuladas de aurodio es en la forma de lingote. Hay unas cuantas novelas donde los lingotes hacen presencia, entre las que podemos destacar Velo de Traiciones de James Luceno, Shadow Games de Michael Reaves y Maya Kaathryn Bohnhoff, Los Caminos del Destino de Walter Jon Williams, e incluso el cuento “El Corsario Carmesí y el Tesoro Perdido del Conde Dooku” de la antología Aliens: Historias de una Galaxia muy Lejana de Landry O. Walker.

    En cuanto al valor del aurodio, la única referencia de la wookiepedia, señala que diez lingotes grandes tienen un valor de tres mil millones de créditos; obviamente, al no conocer el peso de los lingotes no se nos permite establecer un valor comparativo con el oro, pero ciertamente el aurodio parece ser mucho más valioso.

    Bien… hasta aquí hemos expuesto los hechos y al parecer, tanto el oro como el aurodio tienen prácticamente los mismos usos, con una diferencia importante en el valor (a favor del aurodio), y sin mencionarse el uso de este último en tecnología. Pero también existen referencias literarias en las que se mencionan ambos y en algunos casos se los compara. En la ya mencionada Republic Commando – True Colors se mencionan ambos por separado, mientras que en la novela juvenil Jedi Quest: the Way of the Apprentice, de Jude Watson, se menciona que Anakin vio peggats de oro y lingotes de aurodio juntos, lo que demuestra que son reconocibles de alguna forma.

    Por otro lado, algunas veces se utiliza el aurodio en frases hechas en las que habitualmente se aplican el oro, como se habla de estar “entregando la galaxia a Jacen en una bandeja de aurodium” en Legacy of the Force: Inferno, lo que puede llevarnos a pensar que efectivamente se trata del mismo metal.

    Y para aportar a la confusión tenemos una nueva polémica, pues en la novelización Solo: A Star Wars Story: Expanded Edition se menciona claramente que los dados de Han Solo están hechos de aurodio, cuando otras fuentes, como ya vimos, indicaban lo contrario al asegurar que eran de oro. Y si faltaba alguna evidencia, tenemos a la no tan querida serie Resistencia, en la que se dice que el aurodio es un metal más raro que el oro, algo que sigue alimentando la polémica.

    Una posibilidad que podríamos analizar, ya que son muy similares pero varían en su valor o rareza, es que el aurodio se trate de algo artificial o muy costoso, como por ejemplo alguna aleación obtenida a partir del oro, cuyo costo se deba al enorme trabajo que implicase trabajarla y lograrla. Pero de nuevo las historias nos contradicen, pues se habla en ciertos relatos que el aurodio se extrae de yacimientos totalmente naturales; en la novela Halcón Milenario de Luceno los protagonistas hallan un registro que menciona una mina de aurodio y, además, en Luz de los Jedi de Charles Soule se menciona que en Elphrona se habían descubierto minerales raros como aurodio y platino, lo que confirma su origen mineral.

    ¿Y entonces? ¿estamos hablando de un mismo material o dos diferentes que tienen propiedades prácticamente indénticas pero distinto valor? ¿Hay algún saber galáctico, ya sea Jedi o Sith que permita ilustrarnos? Lamentablemente no, pero sí hay una herramienta en nuestro propio universo tan poderosa como la mismísima Fuerza y tan temida como el propio Lado oscuro: la química.

    Primero podríamos preguntarnos si existen otros metales dorados, similares en apariencia al oro. La respuesta es compleja, pues existen materiales dorados, pero no son elementos puros, sino aleaciones; básicamente hay dos: el bronce (mezcla de cobre y estaño) y el latón (mezcla de cobre y zinc), pero ninguna es tan costosa, ni contienen oro, aunque si una destacada presencia en la construcción de la saga. El latón fue uno de los materiales que se utilizaron para algunas partes de traje que usó Anthony Daniels para caracterizar a C-3PO en la trilogía original, según se relata en Star Wars – Vestuario: La Trilogía Original de Brandon Alinger. Por el lado del bronce, se trata del principal material que se utiliza, entre cientas de otras aplicaciones, para construir los instrumentos de viento (no casualmente referidos como “los bronces” en una sinfónica). Esta aleación también es muy importante para la saga justamente por la impactante presencia de esos instrumentos en la música de las películas, gracias al talento de John Williams, un compositor tan valioso como el aurodio. Entre la bibliografía más destacada podemos mencionar Star Wars: A Musical Journey, una colección de partituras de temas la saga compilada por el propio Williams, o Star Wars: La Música de Andrés Valverde.

    Pero el broce o el latón tampoco son la solución a nuestro problema; la posibilidad que permitiría resolverlo es que ambos materiales contengan el mismo elemento: oro, cuyo nombre en latín, aurum, es el que le da su símbolo (Au) y el que seguramente inspiró el del auronio.  Y la respuesta estaría en que se trata de dos clases de oro con diferente pureza.

    El oro puro es un metal muy blando, por lo que para lograr que sea más duro (y útil) suele alearse con otros metales como por ejemplo la plata o el cobre. En nuestro mundo el grado de pureza de cualquier metal se indica mediante los kilates que contiene.

    Se define como kilate (kt) a la veinticuatroava (1/24) parte de la masa total de la aleación. Eso quiere decir que un metal absolutamente puro tendrá 24 kt y no más que eso porque sería el máximo posible (el 100%). El oro de 24 kt es el de mayor pureza posible, pero, como dijimos, resulta demasiado blando y no tiene demasiada aplicación; por eso, en joyería suele utilizarse el oro de 18 kt, lo que implica 18 partes de oro y 6 de otro metal (eso significa que tiene un 75% de oro), aunque también existe el de 14 kt (con un 58% de oro) y el de 10 kt (con casi un 42%).

    Teniendo esto en cuenta, podríamos suponer que el aurodio es oro de 24 kilates, y por lo tanto es más costoso, mientras que cuando en la saga se habla de oro a secas, se está hablando de una mezcla de menos kilates (quizás de 18 kt).

    Otro dato curioso que aporta en este sentido es el medallón que usa las Hermanas Rose y Paige Tico, que como se mencionó es de “oro pálido haysiano” en el Episodio 8 y la novela juvenil Cobalt Squadron de Elizabeth Wein. El uso del término “pálido” puede sugerir que se trata de una aleación que varía el color o el tono del oro, como sucede con varias clases de oro de 18 kilates en nuestro planeta: como el oro blanco (que posee plata y paladio), el amarillo (con partes iguales de plata y cobre), el oro rosa (que contiene 4 veces más cobre que plata), el rojo (aleado exclusivamente con cobre), el gris (con níquel y cobre), el azul (con hierro) y hasta incluso el oro verde (que resulta de mezclarlo con plata).

    Esto resolvería todas esas similitudes y diferencias, salvo por una situación: en Resistencia (¿otra vez?) Kaz usa su trofeo de aurodio para trabar una puerta de cierre mecánico, y si como suponemos, el aurodio fuera oro de 24 kt, es decir oro puro, debería ser muy blando como para soportar esa fuerza y trabar la puerta. Pero en fin, también podría ser que Kazuda haya sido engañado, o que el trofeo fuera de oro de menor calidad; de todas formas lo más importante es que le salvó el pellejo.

    También existe otra posibilidad, basada principalmente en el nombre, ya que Au-rodio podría interpretarse químicamente como una aleación de oro con rodio, otro metal que es muchísimo más raro y por ende más costoso.

    El rodio no se encuentra libre en forma metálica en la naturaleza y solo puede obtenerse como un subproducto de la industria del platino. Este metal se emplea en aplicaciones para contactos eléctricos y catalizadores en algunos procesos industriales y tuvo escasas apariciones en la saga en juegos como Star Wars Galaxies y Clone Wars Adventures, e inclusive alguna mención en el material de rol Scavenger Hunt de Brad Freeman, lo que verifica que al menos existe en el universo Star Wars y contribuye a nuestra teoría sobre el aurodio.

    El rodio es tan raro que se lo considera el metal más caro del mundo: en la actualidad 1 gramo tiene un valor de 253 Euros, es decir unas 5 veces más costoso que el oro puro. A modo de ejemplo, y volviendo a la música, para terminar el artículo a toda la fanfarria, en 1979 Paul McCartney recibió el único disco de rodio que existe por parte del Libro Guinness de los Récords Mundiales por tratarse el músico y compositor de mayor éxito comercial de la música contemporánea. Ciertamente en otra galaxia habría sido ascendido al rango de Maestro.

  • Star Wars en el Festival Celsius 232: Claudia Gray y Gema Bonnín

    Star Wars en el Festival Celsius 232: Claudia Gray y Gema Bonnín

    Escrito por Gorka Salgado

    El festival Celsius 232, nombre puesto en homenaje a la novela distópica Farenheit 451 de Ray Bradbury, en alusión a la temperatura a la que arde un libro, nace para traer a la ciudad de Avilés en España, lo más destacado de la narrativa tanto internacional como nacional, con una clara inclinación hacia la literatura de fantasía, ciencia ficción y terror, sin dejar por ello de reservar un pequeño espacio a otras disciplinas y ocasionalmente a otros géneros.

    Entre las docenas de invitados que han ido anunciando para éste 2021, muchos de renombre internacional, descubrimos que tendremos el lujo de contar con la escritora Claudia Gray, autora de varias de las novelas más queridas y exitosas de la saga galáctica y una de las arquitectas del nuevo canon de Star Wars.

    Claudia Gray tiene en su haber varios relatos cortos de la saga y novelas como “Estrellas Perdidas“, “Linaje“, “Leia Princesa de Alderaan” o “Maestro y Aprendiz“, que nos han hecho conocer una historia de amor que se desarrollo a la par que transcurren los eventos más importantes de la trilogía original de George Lucas; los eventos políticos que dieron lugar a la creación de la Primera Orden y de la Resistencia, que luego veríamos aparecer en el despertar de la fuerza; hemos podido conocer a Leia cuando aún empezaba a dar sus primeros pasos políticos y el descubrimiento del inicio de la Rebelión contra el Imperio; o la relación entre el maestro Qui-Gon Jinn y su padawan Obi-Wan antes de verlos en la pantalla en el Episodio I.

    Actualmente conocemos que en febrero del 2021 sacará su nuevo trabajo, una novela perteneciente al nuevo proyecto editorial de Star Wars en el que participarán prácticamente todas las editoriales que trabajan con Lucasfilms/Disney como Del Rey Books, Marvel, IDW Publishing, DK Books, Titan Magazines y Abrams Books entre otras muchas, para crear una saga enmarcada 200 años antes de los eventos vistos en la trilogía de Precuelas, una época conocida como La Alta República. Dicha novela llevará el título de “Star Wars The High Republic: Into the dark“.

    Claudia Gray se dio a conocer en 2008 con la primera entrega de la saga Medianoche, de enorme éxito que llegó a las listas de superventas del New York Times y además continúa en otros cuatro volúmenes: Adicción, Despedida, Renacer y Baltazhar. Es autora de las series Firebird y Constellation y de la tetralogía Spellcaster, inédita en nuestro país.

    El evento contará también con muchos otros autores, e incluso en los próximos días seguirán anunciando más sorpresas. Podéis conocer el listado aquí.

    Además, los fans de Star Wars españoles tendremos también la suerte de contar con Gema Bonnín, autora nacional que ha sido la traductora de varias de las novelas y libros de la saga galáctica publicados en nuestro país por la editorial Planeta Cómic, como “Ahsoka” o “Maestro y Aprendiz“, de la misma Claudia Gray.

    Gema es una gran escritora que comenzó a la temprana edad de 15 años con su primera novela y que desde entonces no ha parado de hacerlo. Cuenta en su haber con más de media docena de novelas exitosas que os recomendamos sin duda como “La Dama y el Dragón“, “Lo que el Bosque esconde“, “Arena Roja” y “Arena Negra” entre otras. Podéis seguirla a través de su Twitter.

    El festival Celsius 232 se construye sobre un encuentro literario de primerísimo nivel mundial, que compagina actividades más “académicas” como charlas con los autores o presentaciones de libros, con actividades “de calle” que nos acerquen a la ciudad, como el cine en la calle, las demostraciones de juegos de estrategia, etc.

    Os mostramos los carteles de otros años:

    Sin duda un evento que ningún fan de la saga galáctica o de la literatura se debería perder, y cuyo plantel de invitados aún no está cerrado. De hecho, creemos que no serán los únicos invitados del universo Star Wars que veremos por allí éste año…

    Celsius 232, Festival de terror, fantasía y ciencia ficción se celebra del 13 al 17 de julio de 2021 en Avilés (España). Podéis visitar su web para más información.

  • El Podcast de La Biblioteca del Templo Jedi 4×02

    El Podcast de La Biblioteca del Templo Jedi 4×02

    El Podcast de La Biblioteca Jedi 4×02

    Nuevo episodio que os traemos calentito para que paséis estos curiosos días que nos están tocando vivir en la galaxia…

    Como siempre os traemos las novedades editoriales del mes, nuestras recomendaciones Starwaseras, damos nuestra opinión sobre el estreno de la última temporada de la serie de animación The Clone Wars que acaba de comenzar y charlamos sobre el recientemente anunciado Proyecto Luminous que estará situado en La Alta República, y de los libros y cómics que ya conocemos que van a salir.

    Por si esto fuera poco, como es habitual, analizamos dos obras, el cómic de Leyendas «Jedi: El lado oscuro», y la novela canon de Claudia Gray «Maestro y Aprendiz».

    Que la lectura os acompañe.

  • Star Wars Maestro y Aprendiz

    Star Wars Maestro y Aprendiz

    • Autora: Claudia Gray
    • Editorial: Planeta Cómic
    • Fecha: Enero 2020
    • Traductora: Gema Bonnín
    • Páginas: 432 pags.
    • Precio: 20 euros

    Cuando el Jedi Rael Averross, otro ex alumno de Dooku, solicita su ayuda con una disputa política, Jinn y Kenobi viajan a la corte real de Pijal para lo que podría ser su misión final juntos. Lo que debería ser una simple tarea se nubla rápidamente por el engaño y por visiones de desastres violentos que se apoderan de la mente de Qui-Gon.

    A medida que crece la fe de Qui-Gon en la profecía, se pone a prueba la fe de Obi-Wan en él, así como surge una amenaza que exigirá que el Maestro y el aprendiz se unan como nunca antes, o se dividan para siempre.

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