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  • Ciencia de una Galaxia muy lejana: Invisibilidad

    No hay dudas a esta altura que vemos Star Wars porque tiene cosas nos gustan, nos interesan y nos apasionan. Sin embargo, en esta ocasión vamos a hablar de lo que no puede verse, de la invisibilidad que hay presente en distintos momentos de la saga.

    Al principio puede resultar llamativo, e incluso no asociar esa característica al Universo de Star Wars, pero, a decir verdad, aparecen diversas situaciones en las que de una u otra forma está presente. Y es que antes de comenzar a ver algunos ejemplos, necesitamos aclarar ciertos conceptos científicos.

    Cuando hablamos de “invisibilidad” nos referimos a una cualidad que posee un objeto que le permite interferir de algún modo con la luz de manera de que no resulte visible para un observador. Y en general, gracias al cine y la literatura, con obras como El Hombre Invisible o Harry Potter, el concepto solemos tenerlo en claro. En el ámbito del séptimo arte, también podemos hablar de los casos en que las películas son “in-visibles”, es decir, aquellas que son imposibles de ver por lo malas o aburridas, aunque no se traten de seres que no pueden ser vistos (no es justo hacer menciones porque el gusto de los espectadores es muy variado, pero hay bastante consenso en que un ejemplo de estos sería el Holiday Special de 1978).

    Pero hay algo más que debemos considerar de antemano: el espectro electromagnético. Cuando hablamos cotidianamente de “luz”, generalmente se está haciendo referencia a un rango muy pequeño de frecuencias del espectro electromagnético, el cual es capaz de ser percibido por el ojo humano. Eso quiere decir que hay otras frecuencias que no podemos percibir con nuestra vista, como los rayos X, el ultravioleta, el infrarrojo, las microondas y las ondas de radio.

    Y es que muchas veces puede evitarse la detección de algunas frecuencias no-visibles de ese espectro, resultando estas “invisibles” para los detectores capaces de recibirlas, aunque en término correcto sería “indetectables”, como suele suceder con los aviones-caza furtivos (stealth) que resultan indetectables para un radar, pero podrían verse a simple vista. Aclarado ese caso, veamos algunas situaciones de invisibilidad o furtividad que podemos hallar en la saga…

    En primer lugar, tenemos varias situaciones publicadas en diversos medios en las que la invisibilidad surge naturalmente por una cuestión biológica, que podríamos asemejar al mimetismo que tienen aquí en la Tierra algunos animales como el camaleón, o algunos pulpos. Sería el caso de las Lagartijas invisibles de Tatooine que aparecen en algunos niveles del juego Super Star Wars: Return of the Jedi de 1994.

    Por el lado del reino vegetal tenemos la planta de raíz de sombra (shadowroot) de la Luna-Bosque de Endor, a partir de cuya raíz se produce un jabón que tiene la particularidad de hacer invisible todo los que cubre con su espuma. Todo esto se relata en el episodio The Haunted Village (Ep 1×02) de la serie animada Ewoks, que además fue adaptado como cuento infantil con el mismo nombre en 1987.

    Siguiendo esta línea biológica, podemos suponer que los benditos midiclorianos también son capaces de promover la invisibildad a través de la Fuerza, visto que en varias situaciones algunos usuarios de la Fuerza han logrado ocultarse mediante este tipo de técnicas. Básicamente hay dos mecanismos diferentes para lograrlo: por un lado, tenemos el “Camuflaje de la Fuerza”, según en cual el usuario altera la luz y las ondas sonoras que lo rodean, logrando que los demás no puedan verlo; es el caso de la Jedi Juhani en el juego Caballeros de la Antigua República.

    Por otra parte, la otra técnica Jedi no modifica la luz, sino que consiste en sacar de la mente de los demás todo vestigio de su presencia, por lo que entraría en la categoría “truco mental”.  Esta situación no es la más utilizada, pues implica un gran gasto de energía para el usuario, y al no lograr modificar la luz puede seguir siendo detectado por droides u otros sensores. Una muestra de esta técnica es la que usa Lomi Plo en la novela Dark Nest II: The Unseen Queen de Troy Denning.

    En general, todas las situaciones de invisibilidad planteadas aparecen en distintos medios en historias correspondientes al antiguo Universo Expandido (actual Leyendas), quedando en el actual canon ciertas situaciones que están sujetas a discusión, como el supuesto uso de la técnica por parte de Darth Vader antes de la mítica pelea con Luke en Bespin al final de El Imperio Contraataca, o también el caso de Ahsoka durante el combate con los guardias en el bosque en el capítulo The Jedi de la segunda temporada de The Mandalorian.

    Diferente es la situación en lo que respecta a la tecnología furtiva para hacer invisible un vehículo o locación frente a un detector de cierta frecuencia del espectro electromagnético, pues aparece en diferentes situaciones y tecnologías, tanto en Leyendas como en el nuevo canon.

    En general esta tecnología se basa en el efecto de ciertos minerales capaces de evitar la detección, como por ejemplo las sales de estigio (en inglés stygium), un mineral tan raro que solo se conoce su presencia en dos mundos de toda la galaxia: Aeten II y Maramere. El primero de ellos en la fuente de la tecnología de cazas invisibles Phantom TIE que aparece en otro videojuego: Rebel Asault 2, mientras que el segundo tiene su veta en la llamada Isla Invisible, llamada así por resultar indetectable para los escáneres precisamente por la presencia de los cristales de estigio, según se relata en el comic Starfighter: Crossbones #2 y #3. Ejemplos que aprovechan la tecnología de estigio son la Punta Carroña (Carrion Spike), la nave personal de Moff Tarkin en Tarkin de James Luceno, o el Infiltrador Sith de Darth Maul en La Amenaza Fantasma.

    Para la época de la Trilogía original de Thrawn (Heredero del Imperio, El Resurgir de la Fuerza Oscura y La Ultima Orden) de Timothy Zahn, presumiblemente a causa de la escasez del mineral, se utilizaban en diversos vehículos unos dispositivos híbridos que aprovechaban una tecnología más pobre, desarrollada en el Monte Tantiss, la cual impedía ver hacia fuera a quienes estaban en el interior del manto de ocultación. El mismo autor volvió a utilizarlo en un Destructor Estelar en Specter of the Past.

    Por otro lado, tenemos un material diferente: el reflec. Se trata de un polímero artificial que tiene la propiedad de interferir en las señales electromagnéticas, impidiendo de esta forma ser detectado en diferente tipo de sensores. Es el material con el que están recubiertas las armaduras de los Deathtroopers que aparecen en Rogue One y varias otras historias, como por ejemplo el número 8 del comic de Poe Dameron.

    Y para finalizar con la saga, tenemos los escudos de invisibilidad, que aprovechan generadores cuyo campo electromagnético es capaz de desviar la luz para impedir que se vea lo que hay del otro lado, como los que utilizan las fuerzas opositoras del planeta Pijal en Maestro de Aprendiz de Claudia Gray.

    Ahora que vimos lo que puede lograr la tecnología y las artes Jedi en la saga, vale preguntarnos ¿Es posible hacer algo invisible en nuestra realidad?

    En primer lugar, existen algunos trucos con espejos, cámaras o efectos prácticos que simulan hacer “desaparecer” a una persona o un objeto pero que son propios del ilusionismo, pues no lo hacen desaparecen realmente, sino que solo nos genera la sensación de que el efecto ocurre en la realidad. Un caso similar es el efecto del mimetismo, en el que una persona u objeto se confunde tanto con el ambiente o se oculta de modo que deja de reconocerse, aunque tampoco desaparece de la vista.

    Pero en el campo estrictamente científico de la verdadera invisibilidad, en la actualidad se está comenzando a trabajar con algunos materiales que, al recubrir un objeto, permiten que la luz los atraviese, de manera que pueda percibirse lo que hay debajo de éstos. El resultado efectivo es que el objeto en sí mismo no se ve. Se han realizado experimentos con éxito en 2006 en la Universidad de Duke, California, utilizando estos metamateriales (sí, así es como se los llama), solo que a escalas de dimensiones muy pequeñas (tan pequeñas que no pueden percibirse a simple vista, por lo que para nosotros que lo vemos desde el llano no eran visibles desde el principio).

    Sin embargo, la perseverancia de ese grupo de investigación permitió que en 2012 construyera a partir de esos materiales un “manto” con forma romboide que permite desviar la luz alrededor de un cilindro de 1 centímetro de alto y 7,5 cm de ancho sin que hubiera reflexiones. ¡Todo un éxito!

    Estos metamateriales poseen características ópticas poco usuales en la naturaleza. Su diseño se basa en la inserción en una substancia de implantes que crucen que las ondas que componen la luz visible se curve de formas poco usuales. En general están fabricados con plásticos que contienen elementos como cobre, plata, u otros metales organizados en forma de patrones que se repiten como en una serie de baldosas.  Otra forma de crear este tipo de tecnologías es mediante una técnica llamada fotolitografía, que aprovecha la nanotecnología de materiales.

    Uno de los usos que podría darse a este tipo de invisibilidad son los mantos de inhibición sísmica que permiten proteger edificios de los terremotos, al estar construidos con materiales capaces de desviar las ondas sísmicas y así evitar que afecten a los inmuebles.

    Por otro lado, un grupo de investigadores del Instituto Nacional de la Investigación Científica (INRS) de Montreal, Canadá aprovecha la interacción entre distintas frecuencias de luz para lograr que un objeto refleje solo la luz verde.  Si se modifican, se logran cambian temporalmente las frecuencias del verde al azul y nuevamente al verde, utilizando unos filtros especiales y el resultado es que el ojo humano deja de ver al objeto. Esto podría tener aplicación para las empresas de telecomunicaciones, las cuales podrían utilizar ciertas frecuencias en las redes de fibra óptica de manera de lograr hacer invisibles los datos, logrando una seguridad muy superior.

    Otro ejemplo lo tiene la empresa canadiense Hyperstealth Biotechnology, que desarrolló un material llamado “quantum stealth” que oculta el espectro de luz visible y también parte del ultravioleta e infrarrojo, de tal modo que también bloquea el espectro térmico. Esta tecnología tiene un futuro enorme en el campo militar. Algo similar se está desarrollando en la Universidad de Zhejiang (China), donde se está trabajando en un dispositivo que evita que los objetos sean detectados por los sensores de calor y detectores de metales (básicamente han inventado el reflec).

    También en la Universidad de Manchester (Reino Unido), los científicos ha desarrollado un camuflaje térmico a base de grafeno, nylon y oro, capaz de hacer invisible a las cámaras de visión nocturna a la persona que lo lleva.

    En lo que respecta a las tecnologías furtivas, también llamadas “muy baja detectabilidad” se trata de una serie de diferentes estrategias, generalmente usadas en aviones y barcos, que permiten hacerles menos visibles al radar. De esta forma, el diseño de algunos factores como la forma de los aviones, el uso de materiales no metálicos para el casco, las pinturas radar-absorbentes y las tecnologías para reducir otros patrones de emisiones como la infrarroja o ruido, han permitdo la creación de aeronaves como el F-117 Nighthawk, el F-22 Raptor, el YF-23 Black Widow II o el bombardero B-2 Spirit. En fin, lo más cercano que tenemos a un Ala-X hasta el momento.

    Algunos especialistas estiman que no falta demasiado tiempo para lograr fabricar una fibra capaz de desviar la luz visible alrededor de una persona. A fin de cuentas, resulta que la realidad y la ciencia están cada vez más cerca del mágico manto de Harry Potter…

    Finalmente comparto una imagen del encuentro científico entre el autor de esta nota y un experto en invisibilidad en las Cataratas del Iguazú…

  • Ciencia de una galaxia muy Lejana: La Estrella de la Muerte

    Por Diego Manuel Ruiz

    No hay una buena aventura, sin un buen vilano. Y no hay un buen villano sin un artilugio que ponga a muchos en peligro. Y en nuestra saga espacial preferida no podía faltar, no uno, sino muchos y variados. Pero comencemos por el primero, el arma más secreta y famosa del Imperio. Como seguramente sabrán o supondrán, hay mucha ciencia detrás de una estación de combate conocida como la Estrella de la Muerte.

    Se trata de una Estación de Combate Orbital grande… muy grande… enorme, de forma esférica, cuya principal finalidad es infundir miedo a la población. Ya sea por los impresionante de sus dimensiones, por la incontable cantidad de tropas, oficiales y vehículos que es capaz de transportar, o por la superarma que contiene, capaz de destruir un planeta en su totalidad.

    El material principal con el que está construida es el duracero y el quadanio, dos aleaciones más resistentes que el acero común, capaces de proteger del daño debido a movimientos bruscos (daño cinético), por lo que su uso principal es como revestimiento defensivo en diferentes locaciones de tipo militar. Está dividida en dos hemisferios, siendo el hemisferio norte destinado casi en su totalidad a una sola función: el superlaser. La zona ecuatorial contiene dos enormes motores sublumínicos, además del hiperimpulsor, que le permite desplazarse rápidamente por la galaxia.

    La historia de la estación difiere según el universo desde el que se la plantee. En Leyendas, hubo varias versiones: por un lado, está la idea original que Raith Sienar expuso a Tarkin, pero el diseño y desarrollo correspondió a un equipo de científicos con nombres como Bevel Lemelisk, Qwi Xux y Tol Sivron, y muchísimos otros especialistas reclutados (voluntariamente o por la fuerza) por el Imperio para desarrollar un prototipo en las instalaciones de Las Fauces. De todo esto dan cuenta dos de las novelas de la Trilogía de la Academia Jedi: La Búsqueda de Jedi y Campeones de la Fuerza, ambas de Kevin J. Anderson.

    En principio esa idea parecía contradecirse con lo que se muestra al final de El Ataque de los Clones y La Venganza de los Sith, pero todo fue resuelto por Michael Reaves y Steve Perry en su obra Death Star, en donde se nos aclara que los diseños originales fueron mejorados por el Separatista Poggle el Menor y que fueron desarrollados por el Imperio en otra parte, a partir del prototipo de Las Fauces. El que vemos al final del Episodio III es finalmente el que conoceremos como Estrella de la Muerte en el Episodio IV.

    En el nuevo canon, la historia está más simplificada; en este universo el diseño original, conocido como Estación de Combate Orbital EM-1, es de los geonosianos, y luego de la derrota de los Separatistas, pasó a control del Imperio (es decir, no hay un prototipo en otra parte de la galaxia). La novela Catalizador de James Luceno transcurre durante este período, en el que Orson Krennic se hace cargo de tamaña empresa.

    El aspecto principal de dicha novela es el avance en el desarrollo del superlaser por parte de Galen Erso, un experto en cristales kyber. El concepto del arma es sencillo: 8 haces láser independientes que se concentran en un mismo punto para formar un único rayo tremendamente potente. Las primeras pruebas de la misma (con un potencia mucho menor) fue sobre la ciudad de Jedha, que puede verse en Rogue One, y luego de eso Tarkin realizó una simulación para poner a prueba la lealtad de los técnicos que la operaban, previo a la destrucción de Alderaan, como se muestra en el comic Era de Rebelión – Villanos.

    Otro aspecto que llegó a genera polémica son las dimensiones de la estación espacial, porque según la fuente que se consulte se obtienen valores diferentes que oscilan entre un diámetro de 120 kilómetros (según la información del juego de rol de West End Games de los noventas), hasta una aproximación de 216 kilómetros (en base a la estimación de uno de los constructores de la maqueta para la película). En ese rango, el valor aceptado a partir de la información del material Star Wars: Vistas en Seccción de Vehículos y Naves y las dimensiones vistas en la película es de 160 kilómetros.

    Como podrán imaginar una estación del tamaño de una luna pequeña requerirá de muchísimos materiales. Tantos que al Imperio le llevó casi dos décadas para finalizarla, dejando sin recursos a un montón de mundos. Varias de esas operaciones fueron apareciendo en diversas novelas, como Thrawn de Timothy Zahn o Un Nuevo Despertar de John Jackson Miller, en general ocultando la finalidad de las cargas a partir del carácter ultrasecreto de la operación (haciéndonos un guiño a los lectores cuando se habla de “cierto proyecto ultrasecreto”).

    Otra gran necesidad para la construcción de tamaño emprendimiento fue la mano de obra. Inicialmente se realizó por parte de los geonosianos. Pero a medida que el totalitarismo imperial fue avanzando en la galaxia, también comenzó a esclavizar a muchas otras especies para trabajar en la construcción. Entre ellos, los más famosos fueron los wookies, un hecho que se ilustra tanto en novelas de leyendas como en las del canon. Un ejemplo de cada una es la invasión de Kashyyk en Darth Vader – El Señor Oscuro de James Luceno, y el rescate de los wookies esclavizados y encarcelados en Consecuencias – Deuda de Vida, de Chuck Wendig).

    Finalmente tenemos el destino final de la Estrella de la Muerte, a manos del joven piloto Luke Skywalker quien logró destruirla de un solo disparo de su Ala-X contra una exclusa de ventilación del sistema del superláser, gracias a que los rebeldes consiguieron con mucho esfuerzo los planos de la estación.  Siempre se criticó y broméo sobre la debilidad que permitió su destrucción, por tratarse de algo simple de solucionar desde su diseño. En ese sentido Rogue One (y su novelización) lo muestra como una falla introducida a propósito por Galen Erso para que su destrucción fuese posible, “una falla tan pequeña y poderosa que jamás la encontrarán”.

    En cuanto al robo de los planos tenemos diferentes versiones según en universo que analicemos. La versión canon es la que nos relata Rogue One, que vendría a ser la biblia en lo que a Estrella de la Muerte se refiere. Por el lado de Leyendas, la versión más aceptada es la de la novela Dark Forces – Soldier for the Empire de William C. Dietz en donde es Kyle Katarn quien robó los planos de un laboratorio en Danuta.

    Pero también existe otra posibilidad, que la destrucción no haya sido a causa del disparo de Luke, sino de una falla en el mecanismo del superláser que tuvo lugar precisamente en ese momento. Según el libro de relatos Historias de una galaxia muy lejana, Aliens, fue Bobbajo, uno de los alien que aparece en Jakku en el Despertar de la Fuerza, quien dice haber atascado el superlaser junto a sus criaturas mascota, al inhabilitar los circuitos de control. El relato “Todas las criaturas grandes y pequeñas” de Landry Q. Walker, da cuenta del suceso.

    Pero eso no es todo, pues si hablamos de relatos alternativos, nada mejor que el comic Infinitos – Una Nueva Esperanza (entiendo que en este caso hablar de Leyendas o canon no tiene sentido) para mostrarnos como, a consecuencia del fallido disparo de Luke contra la Estrella de la Muerte, tiene lugar toda una serie de eventos alternos en la que la estación sobrevive, el Imperio aleja la rebelión y, varios años después la estación, rebautizada “La Estrella de la Justicia” es secuestrada por Yoda, quien la estrella contra Coruscant, acabando con Palpatine y su Imperio.

    Bueno, y ahora recapitulemos y volvamos a nuestra realidad. ¿Es posible y factible una estación espacial de las dimensiones de la Estrella de la Muerte?  Hay tres aspectos para analizar: En primer lugar, los materiales; según las estimaciones se necesitaría casi un millón de años para juntar la cantidad de acero suficiente. Si otras civilizaciones nos ayudaran, y ponen sus recursos a disposición, el tiempo se reduciría a miles de años. En ese sentido punto para el Imperio: lo logró en menos de 20 años con gran parte de toda una galaxia a su disposición.

    Otro aspecto es el transporte de todo ese material hacia el punto del espacio donde se construiría. Brian Muirhead, el Ingeniero jefe del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA sugiere que sería mucho más económico usar como base para la construcción un planeta o un asteroide.

    El tercer aspecto es el económico. En nuestro planeta, la construcción de la Estación Espacial Internacional (ISS), el segundo proyecto más costoso de la historia de la humanidad, insumió 150 billones de dólares, tiene un poco más de 20 años y la máxima tripulación que tuvo es 11 personas. La estimación solamente para el transporte del material de una estrella de la muerte al espacio se estima que insumiría alrededor de 20 trillones de dólares. Según el libro de referencia Star Wars: Absolutamente Todo Lo Que Necesitas Saber de Adam Bray, Kerrie Dougherty, Cole Horton y Michael Kogge la construcción de la Estrella de la Muerte insumió cerca de 1 trillón de créditos galácticos.

    Otro problema que se nos presenta es la masa de la estación. Al tener el tamaño de una Luna, probablemente se vería atraída por los grandes cuerpos celestes (planetas, lunas o estrellas) a los que se acerque, debido a que la fuerza de atracción gravitatoria depende de la cantidad de materia que contienen los cuerpos que se atraen y la distancia entre ellos. 

    Para finalizar queda el “asunto” del superlaser capaz de destruir un planeta. El término láser es un acrónimo: Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation (Luz amplificada por emisión de radiación estimulada), en el cual gracias a un efecto de la mecánica cuántica se genera un haz de luz coherente (con un campo eléctrico uniforme) a partir un medio especial que será el que transmita el haz. Ese medio usualmente es un gas o un cristal, por lo que la propuesta de usar cristales kyber es acertada. En la actualidad, un láser de estado sólido de neodimio es capaz de lograr temperaturas de cientos de millones de grados (en la escala que se les ocurra), es decir las condiciones que existen en el interior de una estrella. De hecho, mediante espejos se concentran varios haces en un único punto, donde se vaporiza una sustancia que tiene isótopos del hidrógeno (como deuterio o tritio) que, al colapsar, libera grandes cantidades de energía, pero ni se acerca a las magnitudes necesarias para lograr lo mismo que la superarma imperial.

    Otro detalle imposible es que varios haces laser converjan formando uno solo. La luz viaja siempre en línea recta, y los rayos no pueden cambiar su dirección y unificarse (prueben hacerlo con una linterna o un puntero). Lo que sí es posible, como se vio en el ejemplo anterior, es que todos los haces se dirijan a un mismo punto.

    Y finalmente entra en discusión un hecho importante: un rayo láser, por más potente que sea, no va a lograr explotar un planeta desde el interior, como sucede con Alderaan; para eso sería más efectivo colocar miles de bombas termonucleares en el interior del planeta (algo que con la tecnología actual es imposible de lograr).

    El físico y divulgador Michio Kaku, en su libro Física de los Imposible en el que, entre otras, aborda la problemática de construir una Estrella de la Muerte, aporta otra opción a partir de una idea del científico Edward Teller: sería un láser de Rayos X, que utiliza un arma nuclear para liberar los rayos, los cuales se concentran en varillas de cobre, que son el medio que genera el haz del laser, el cual podría usarse para activar una bomba termonuclear. De hecho, en 1983 se hizo un ensayo en Estados Unidos, cuyos resultados dudosos fueron suficientes para que el Presidente Reagan propusiera la creación de un escudo defensivo de estos dispositivos: ¿el nombre del proyecto? “Star Wars”.

  • Ciencia de una Galaxia muy lejana: El Thorilidio

    Hay muchos minerales que son indispensables y tienen aplicaciones muy variadas, por lo que su uso y su extracción son siempre continuos. Pero hay otros que pasan a ser necesarios para fines específicos, en tiempos particulares, como lo son los tiempos de guerra. En esas situaciones la explotación de ese tipo materiales pasa a tener una demanda enorme. Es el caso del thorilidio.

    El thorilidio, también llamado thorilide en algunas traducciones, es un material sólido que, si bien originalmente se encuentra en una forma cristalina bastante pura, suele ser mucho más útil en forma procesada.

    El uso principal de este material se debe a su enorme capacidad de absorción de golpes y vibraciones. Se trata de una cualidad que aparece cuando se encuentra en forma granulada, lo que permite que la enorme cantidad de partículas independientes absorba y reduzca todo tipo de fuerzas. Eso condujo a que su uso principal sea como material amortiguador de los cañones turboláser, en particular en embarcaciones de gran tamaño.

    Originalmente se lo extrajo exclusivamente de ciertos cometas ricos en tholidio. Precisamente se nos muestra una operación minera de este tipo en una época antigua de guerra galáctica en el comic Caballeros de la Antigua República #43 (Leyendas), donde el joven Zayne Carrick se infiltra en una organización dedicada a usar esclavos para extraer este mineral en una inestable región de cometas.

    Para la época del ascenso del Imperio de Palpatine, este tipo de cometas ya eran algo muy raro, por lo que los pocos mundos en los que se hallaba el material pasaron a ser explotados casi sin reparos, dada la enorme demanda de armas de gran calibre para sus bases, destructores estelares y… cierto proyecto supersecreto del tamaño de una luna. 

    El sistema más conocido por su riqueza en thorilidio es el planeta Gorse, que junto con su satélite Cynda, poseen una enorme extensión de cavernas cristalinas constituidas por este mineral; de hecho, sus reservas se estimaron como para unos 2000 años de explotación. Este contexto de explotación minera de ambos mundos es el que se nos presenta en la primera novela editada en el nuevo canon, Un Nuevo Despertar, de John Jackson Miller, en la que Kanan Jarrus se desempeña como transportista de thorilidio y en donde la relevancia estratégica de este material contribuye a su primer encuentro (histórico, por cierto) con la rebelde Hera Syndulla.

    La importancia del thorilidio para el Imperio también aparece retratada en otras dos novelas del canon actual: En Battlefront – Compañía Crepúsculo de Alexander Freed se hace mención a la importancia del material como recurso indispensable, en este caso bajo la responsabilidad del General Veers en el Sistema Rimma. Pero hay otro alto oficial, el Gran Almirante Thrawn, que descubre el robo de amortiguadores de thorilidio en Thrawn – Traición, la tercera parte de la primera trilogía canon de Timothy Zahn.

    La extracción de thorilidio, como suele suceder con cualquier tipo de explotación minera a gran escala (sea en una galaxia lejana, o en nuestro planeta) tiene un enorme impacto ambiental. La explotación por parte del Imperio llegó a diezmar a muchos de los planetas con vetas minerales, como el mundo de los Squamatan. Aunque también en algunos planetas las especies nativas lograron disuadir al Imperio de su explotación, como es el caso de Spalex. Todo esto se nos relata en los números #7, #17 y #18 de la serie de comics (canon) de Poe Dameron, en donde ahora es la Primera Orden quien emprende la búsqueda y explotación de los recursos de thorilidio.

    Para proceder a la extracción del mineral es necesario usar explosivos, siendo el más habitual en estos casos el bisulfato de baradio (esta operación debe realizarse con cuidado, evitando que los cristales se fragmenten en partículas demasiado pequeñas, pues se perdería su efecto útil). Luego de su extracción, el material debe ser procesado en refinerías para lograr la forma granulada que le otorga su propiedad anti-shock. Para eso, la forma cristalina del thorilidio es sumergida en grandes estanques de ácido xenobórico para obtener la calidad adecuada.

    Ahora vayamos a la ciencia en el mundo real asociada a estos conceptos. Se llama amortiguación a la capacidad que tiene cualquier sistema (cualquiera: puede ser mecánico, biológico, etc.) de disipar la energía de movimiento (energía cinética), transformándola en otra forma de energía. Generalmente la suelen disipar en forma de calor o en energía interna de las moléculas del material, atenuando de esa forma el impacto.

    Básicamente se trata de que la fuerza que recibe, gracias a la presencia del amortiguador, vaya disminuyendo lo mejor posible. La forma de lograrlo depende de cuál sea el mecanismo para lograr esa atenuación; hay tres mecanismos posibles:

    • Utilizando un fluído (por ejemplo, los amortiguadores hidráulicos).
    • Mediante la fricción con otra superficie.
    • Aprovechando la tensión interna de organización de las moléculas del material.

    El uso del thorilidio sería un ejemplo de esta última situación, con el agregado de que en este caso la absorción de fuerzas se potencia debido a que se trata de un material granulado. Entonces a las fuerzas de la organización molecular, podemos sumar la interacción entre los gránulos y los pequeños huecos entre ellos, que permiten acomodarse y reacomodarse cada vez que reciben un impacto. Si bien no es algo que hayan pensado mucho los Jedi, el uso de thorilidio es, a fin de cuentas, otra forma de lograr que las fuerzas nos acompañen.